Sé que me tardé. pero espero que valga la pena. MIL gracias por los comentarios a mi fic. El siguiente capitulo es un SongFic, espero lo disfruten.
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-Es mejor así, mi señor -respondió Ginny mirando directo a sus hermosos ojos verdes-. Por favor, confía en mí.
Y por primera vez en su vida, Harry sintió terror. Además de estar furioso. Tan cerca para rescatar a Ginny y a la vez tan lejos, no podía confiarse en la habilidad del mago. No mientras hubiera caballeros negros con arcos, no si era peligroso para ella, no mientras la lucha se libraba, no mientras el maldito abrazaba a su esposa...
Voldemort no dudó y dobló el brazo alrededor del cuello de Lady Ginny.
Después, se retiró con rapidez hacia la bruma que llenaba el patio. Colagusano le seguía.
-¡Maldigo tu alma podrida, maldito mago! -La furia se apoderó de Sir Harry en un arrebato de ira fiera e infernal.
-¡TE MATARÉ!-
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Rescatándote
El Auror escuchó con detenimiento como el sonido de los cascos de al menos dos caballos se alejaban en la niebla. El tiempo era limitado, pero como señor feudal debía imponer el orden en el castillo. Y luego matar al maldito que había secuestrado a su esposa.Pasaron talvez cinco minutos, pero ya era toda una vida ante los ojos del Auror. La niebla de las explosiones mermó considerablemente, al igual que los gritos de los hombres.
-RONALD- grito entre la multitud. -¡RON!-
A las puertas del castillo se divisó una figura conocida. Sir Ronald corrió hacia su señor. -de los ocho Mortífagos que llegaron hemos matado a tres- informó –Fabián Prewitt apresó a dos, y los otros dos- indicó con la cabeza hacia los hombres encapuchados que llegaron a él de rodillas- ya se rindieron. Los cinco del muelle están apresados en las mazmorras del castillo…
-Y el que falta es el llamado Colagusano…- terminó de indicar Cádogan.-y Voldemort-
Los ojos del Auror se fijaron en los mortífagos.
-¿Cuáles eran sus planes luego de robar el castillo?- preguntó el Auror con su voz grave y letal a los dos encapuchados que estaban de rodillas frente a él.
Los hombres lo veían aterrorizados. El canto del Fénix seguía en la mano de su amo. Sin dudarlo la acercó a la garganta de uno de ellos. Y movió su ceja acentuando la pregunta.
-solo robábamos… y nos íbamos de aquí- dijo uno.
-pero ahora que no hay un barco esperándonos en el muelle…-
-¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE VOLDEMORT?- gritó perdiendo la paciencia Sir Ronald.
-Hacia las cuevas…- intuyó el Auror.
Ellos asintieron.
-Si ella muere… ustedes también…- sentenció el Auror- ¡Ron!, quedas al mando del castillo.
Sir Ronald asintió. El canto del fénix entró segura en la funda de Harry.
-Prewett, prepara a Saeta… no pueden estar muy lejos-
-¡Esperad, mi señor! -exclamó Luna que estaba tendida junto a su hijo, Colin apenas despertaba del aturdimiento provocado por el golpe del mago.
-¿Qué sucede?. -Harry estaba demasiado ansioso por partir y rescatar a su dama.
-Debo decide algo antes de que persiga al mago –enfatizó Luna -. Ginny puso lirios dentro de la bolsa. Sir Tom pronto sufrirá un ataque de estornudos. Le empezarán a llorar los ojos y se quedará indefenso.
Harry miró a Luna. -¿Estás segura de eso?
-Sí, mi señor. Tiene una terrible alergia a los lirios… Ginny nos lo explicó hace poco, antes de que cambiara sus ropas por las de James.
Sir Harry encontró un poco de alivio en las palabras de Luna.
-¿Nos traerá a milady de vuelta, verdad?
-Claro -respondió mirando a Cádogan-. ¡Ven conmigo, lleva el arco y las flechas! Cádogan lo miró muy serio y asintió.
-El mago buscará la forma de regresar a Borgin. Envía a Hedwin con las noticias a Draco.-indicó Sir Harry a Prewett cuando trajo a Saeta y un caballo para Cádogan- Al menos espero que él lo detenga si llega y mande respuesta con mi lechuza.
Prewett colocó su mano sobre el hombro de Harry en señal de apoyo.
-La rescataremos.-le dijo Cádogan- Ella estará bien.
Se dirigieron sin perder más tiempo hacia la puerta y ordenó a uno de los hombres de armas que la abriera.
-El mago es quien no va a pasar de esta noche.- sentenció el Auror de Gryffindor antes de partir a todo galope hacia el puerto.
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Si una vez yo pudiera llegar
A erizar de frió tu piel
A quemar que se yo, tu boca
Y morirme allí después
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En cuanto estuvieron fuera de la fortaleza, Harry descubrió que un silencio sobrecogedor se había apoderado de la isla. El frío del amanecer había espesado aún más la niebla. Efecto que no había en el castillo. La bruma gris brillaba con la tenue luz de la mañana. Por desgracia, aquella luminiscencia perlada sólo servía para difuminar más aún el paisaje. Había luz, pero engañaba a la vista y oscurecía las profundidades.
Con Borgin cuidado por Draco, al mago solo le quedaba esconderse en la cueva y ser encontrado por Sir Harry y Cádogan. Que irían en busca del bote que escondió.
"No creo que haya sido tan idiota en solo confiar en los arqueros que capturamos." Pensó Sir Harry.
Los arqueros fueron sólo una distracción. Nunca tuvo intención de reunirse con ellos ni de marcharse por el puerto. Harry miró a su alrededor buscando puntos de referencia conocidos entre la niebla. Tenía que ser cuidadoso. Saeta abría el paso a través del campo cubierto de niebla guiado por el ruido de las olas del mar.
"Solo espera un poco, amor… ya llego…"
Un bote desolado se movía por la acción del mar en el último tramo del muelle de Burrow. La barca de madera debía pertenecer a alguno de los pescadores. El Auror se encargaría de recompensar a su dueño. Cádogan quitó las amarras y sin perder un instante, iniciaron su travesía hacia las cuevas.
No les podían llevar más de media hora de adelanto.
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Llevar a lady Ginny a la cueva fue toda una proeza para Voldemort y para Colagusano: la amarraron de las muñecas al subirla a los caballos para evitar que se escapara y luego le amarraron los tobillos, el dolor fue indescriptible para ella tomando en cuenta que aún su tobillo seguía lisiado. Desgraciadamente al llevar las ropas negras que caracterizaban a James, se prestó para que Tom la manoseara con regularidad durante la huída.
Lady Ginny se defendió mordiendo y empujando al ruin mago. Pero se sentía un poco débil. Maldita sea… porque ahora se sentía débil. Llena de furia y enojo, moviéndose y defendiéndose de esa serpiente. Pero débil.
-¡Dobla por aquí Colagusano!-
Aún no habían llegado siquiera al pueblo cuando Tom Riddle ordenó a su vasallo que doblaran a la izquierda por un sendero apenas marcado por los pasos de algún caballo.
Se internaron en el bosque. El camino era empinado y difícil, y la niebla hacía casi imposible transitar, pero el mago parecía conocer el camino de memoria.
-¿Asustada, niña?- la voz siseante del mago le heló la sangre. –Para ser entrenada por… ¿déjame adivinar?… el Ilustre Lupín pensé que serías más astuta-
-Como sabrás mejor que yo… mi amor… la marea matutina es la más débil, mientras no haya tormenta claro está… por eso es mejor acortar camino y llegar lo más pronto posible a las cuevas… verás… quiero completar mi propósito en tu isla antes que tu esposo llegue…-y con tono hiriente agregó- bueno, si es que llega-
Era un atajo a las cuevas.
-Éste era el camino que tomabas para llegar al convento sin ser detectado- afirmó Lady Ginny con un tono de rabia en su voz.
El sonrió malignamente.
-Casi me aprendí la biblioteca del convento de memoria, la primera vez que estuve en Burrow… ¿recuerdas amor? Pasé demasiado tiempo con esas arpías… y al final me las gané sólo con rendir tributos a "Santa Hermione"-
Lady Ginny frunció el entrecejo.
-pero ni siquiera ese tiempo desperdiciado me sirvió… lo que ocupaba- aquí aprovechó para palmear la bolsa de cuero donde estaban los libros- tu padre lo tradujo del árabe, por eso le seguí los pasos cuando le conocí… pero estaba incompleto ¿sabías amor?.
El camino pedregoso se alisó conforme bajaban a la superficie del mar, y sólo unos cuantos metros más allá estaba la primera de las cuevas. Bajaron de los caballos. Lady Ginny fingió resbalarse contra unas rocas, Colagusano, quien iba tras ella no advirtió que rasgó sus ropas negras lo suficiente para darle una pista a su marido.
-¡Estúpida pelirroja¡fíjate dónde caminas!- gritó Sir Thomas.
-¡Adelántate Colagusano!- le ordenó -¡Llévate los caballos con cuidado¡y a la pelirroja!-
Entrar en la cueva era incómodo para los pobres animales. Colagusano los empujaba por las betas dejadas por las estalactitas y estalagmitas del lugar, y con su otra mano desató los pies de Lady Ginny y la arrastraba por las muñecas. Ella renqueba del dolor lo que hacía el viaje más lento.
"al menos así le daré más tiempo a Harry". En un descuido de la rata, Ginny dejó el trozo de tela en una de las rocas y rogó a Santa Hermione que su esposo la viera.
El olor a salitre en la cueva se intensificó en el punto dónde dejaron amarrados lejos del trecho principal a los caballos. Luego el camino se abrió un poco más: habían antorchas a lo largo de éste; lo que indicaba que ya habían estado por mucho tiempo ahí.
Cansado de esperar Colagusano alzó a Ginny como si fuera un saco de papas, se la puso al hombro y casi corrió por la cueva. Llegaron a una especie de cúpula natural, iluminada por las luces de las antorchas; donde con brusquedad la tiraron al suelo de piedra.
-¡ve por comida Colagusano!- le ordenó Voldemort, sin duda había utilizado otro camino para llegar ahí. –Ya aseguré el perímetro- le explicó a su vasallo.
El hombre asintió con miedo y se escabulló nuevamente por la cueva, dejándolos solos.
-Fuiste muy útil, amor- inició Tom Riddle –me complació en cierta manera que crearas a James, sin él no hubiera podido inmiscuirme nuevamente en el convento y hubiera tenido que pasar de nuevo por la tortura de comer la odiosa comida de colores que hacen en tu isla-
-¡PORQUÉ TENÍAS QUE MATAR A PARVATI!- le espetó lady Ginny –ella no te hizo nada!-
-fue toda una molestia cargar con el cuerpo por los campos de menta del convento- admitió –y fue uno de mis errores, pero colocarla nuevamente en su celda fue muy fácil…- el tono de superioridad que usaba era suficiente para querer hacerle daño. Ya su mano no sangraba, si tenía suerte podría lanzarle piedras con ambas manos, golpearlo y poder escapar. ¡Se arrastraría si fuera necesario¡y se llevaría los libros con ella!
-y todo por nada- terminó Sir Tom –ya que los libros siempre los tuviste tú, así que en parte es tu culpa…-
-¡ERES UN MALDITO COBARDE!- el eco de sus palabras rebotó lo suficiente para aturdirlo. Talvez si gritaba más fuerte, Harry la encontraría. –Y ASÍ TRATAS A LAS MUJERES… SÓLO ME QUEDA TENER LÁSTIMA A TU ESPOSA-
Lord Voldemort esbozó una sonrisa. Luego sonrió. Y finalmente rió.
-fue hace poco más de un año cuando te lo dije… -entonces ella comprendió. Era mentira. No estaba casado.
-Sólo lo dijo para desearse de mi… no le resultaba valiosa ahora que sabía que mi padre tenía el libro con él.-
Voldemort asintió. Ella sonrió: -y de nada te valió porque nuevamente el dichoso libro se le escapó de las manos-
-Por culpa del maldito del paje Nicolás… él me ganó el tiempo y solo horas después que matara a tu padre… el libro ya estaba en camino a Burrow-
Al referirse a la muerte de su padre de una forma tan sínica, Ginny solo deseaba poder matarlo. Y acabar con toda esta locura.
-Era sólo un libro, no ves Tom…- intentó sonar tranquila –si me lo hubieras pedido… te lo hubiera dado…¡MATASTE A MI PADRE POR UN LIBRO DE RECETAS!-
-Por dos libros, Ginevra… Por dos libros-
Sin entender lo dejó que prosiguiera.
-el "Libro de recetas" de tu padre es casi más valioso que el del ilustre Lupín. Ambos unidos me dan la clave para finalmente hacer lo que siempre quise…-
-verás amor… el libro de tu padre tiene ciertas claves que "Plantas silvestres y dónde encontrarlas" del Iluste complementa… y finalmente los tengo… sólo para mi-
Con rapidez caminó hacia lo que parecía un púlpito de piedra y colocó la bolsa de cuero con los libros.
-Al fin, mi amor… al fin podré ser inmortal-
Lady Ginny se estremeció.
-La piedra filosofal es sólo una leyenda entre los alquimistas… es sólo una leyenda- exclamó Ginny con pesar en su voz. Él se había vuelto loco. Siempre pensó que era por dinero. Que buscaba la piedra filosofal por dinero y poder convertir los metales en oro… pero era la inmortalidad lo que él esperaba.
-INMORTAL- gritó con desespero.
"Abre la bolsa, maldito cobarde… sólo abre la bolsa…"
Con los dedos temblorosos Tom haló la correa de cuero que cuidaba los libros, abrió la bolsa… y aspiró profundamente…
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Y si entonces
Temblaras por mi
Lloraras al verme sufrir
Y sin dudar tu vida entera dar
Como yo la doy por ti.
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Casi llegaban a la primera de las cuevas. Sir Harry y Cádogan remaron sin para por la orilla de la costa; por suerte ese día mostraba una pequeña luz del alba y una marea tranquila solo un poco perlada por la niebla que no mermaba.
-deja el bote de lado- le indicó en un susurro al Auror a Cádogan.
Harry ingresó despacio hacia las cuevas en busca de alguna señal, algún sonido que le indicara que su esposa estuviera cerca. Entonces la encontró: el trozo de tela de las ropas de James, sin duda ella había llegado hasta ahí. Con la mano firmemente apoyada en la empuñadura de El canto del Fénix, ingresó a la cueva.
Él y Cádogan no habían dado más de veinte pasos cuando oyeron el primer estornudo. Sonó un poco más adelante, hacia arriba y a la izquierda del camino tortuoso. Luego escucharon a los caballos: Harry se acercó a ellos y los apaciguó.
Siguieron caminando en silencio. Cádogan con el arco tenso, la mirada concentrada ante cualquier movimiento.
Escucharon otro estornudo.
Cádogan miró a Harry indicándole con la mirada que había comprendido.
Harry sonrió. "Mi dulce Ginny¡qué lista eres! Le has tendido una trampa al mago. Ahora, todo lo que tengo que hacer es esperar el momento adecuado para matarle", pensó.
Tras el siguiente estornudo resonó una maldición rabiosa, el eco en la caverna les llegó.
-¡Maldita esta isla y todos tus odiosos perfumes, Ginny!
Debe de haber lirios cerca de aquí.
-¡Libérame, señor! -ordenó Ginny-. ¡Ya no me necesita!
-¡Calla, no vuelvas a hablar! Seguro que el maldito Auror Sanguinario nos sigue... -sus palabras quedaron interrumpidas a causa de un estornudo.
Harry agudizó el oído para guiarse hasta su presa. Le indicó a Cádogan que se quedara detrás de él.
Las palabras del mago quedaron nuevamente interrumpidas por un ataque de estornudas sonoros y convulsivos. Volvió a renegar con rudeza. Y luego, otro estornudo.
A continuación se oyó el ruido de pasos exagerados… sin duda se acercaban.
Caminaron solo un poco más, entonces Harry la divisó tras una estalactita, Ginny estaba en una planicie con una cúpula natural que le servía de refugio. Las antorchas iluminaban un atrio de piedra y sobre él los libros semiabiertos.
Aprovechando los estornudos, Lady Ginny tomó las fuerzas que aún tenía, se levantó y empezó a huir de Voldemort.
-¡No¡No pienso estar más tiempo aquí! -exclamó Ginny.
-¡Vuelve aquí, mujer estúpida! Te mataré con la magia si no vuelves aquí ahora mismo. -Voldemort sufrió otro ataque de estornudos-. Pero ¿qué es esto? -jadeó-. ¿Qué me has hecho¡Maldita seas, son los libros!
Se oyó caer algo pesado al suelo. Harry supo que era Voldemort en su intento de agarrar a Ginny.
-¡Has intentado envenenarme! -gritó Voldemort-. ¡Te mataré por esto¡Igual que maté a tu padre!
-¡Déjame! -gritó Ginny-. ¡Huye mientras puedas, mago! Si mi marido te encuentra, te hará pedazos…
Se oyó el ruido sordo de unos pasos sobre el suelo húmedo de la cueva. Ginny buscó entre la niebla a su marido. Entonces, lo vio.
-Escúchala bien, Mago Tenebroso, ella solo profetiza tu fin-
El Auror Harry Potter de Gryffindor salió de la oscuridad, se irguió en su estatura completa y pronunció esas palabras.
-Harry- susurró la pelirroja.
En un arrebato de ira, Voldemort agarró a Ginny por la nuca la atrajo hacia él y la besó en los labios.
Por unos segundos que parecieron eternos, Sir Harry observó la boca de su amada ser casi violada por las fauces de esa serpiente. Casi voló hasta donde ellos se encontraban.
Entonces Tom Ribble sacó una pequeña daga y apuntó al cuello de Ginny.
Una flecha salida de la oscuridad rozó la oreja de Voldemort, dándole a Ginny el tiempo suficiente para alejarse de su captor. Trató de buscar la mirada de su esposo, y…
La verdad no sabía ni como sentirse… pero necesitaba abrazar a su esposo ahora mismo.
Los ojos verdes esmeralda de Sir Harry lucían fríos e inescrutables ante Voldemort. El mago se retorcía limpiando unas gotas de sangre de su oreja y luchando por no acercarse a los libros.
Y entonces sucedió: la paciencia del Auror llego a su límite.
En un solo movimiento de su mano, sacó de su funda al Canto del Fénix el mismo sonido hermoso que antes había escuchado Lady Ginny se amplificó mágicamente por efecto del eco en la cueva; generando la sensación de estar protegida por una parvada de Fénix o mejor aún… que el Fénix más valiente, grande y poderoso estaba justo ahí, para protegerla.
Harry se acercó a ella, con la espada apuntando a Sir Tom. Ginny tenía sangre en su mano derecha, sus ropas negras estaban empapadas y rasgadas. El tobillo estaba hinchado y en un ángulo muy incómodo. Su hermoso cabello lucía hecho una maraña y su cara tenía moretes y pequeñas cortadas, sin duda propinados por el mago.
Pero fue en sus ojos lo que más se fijó el Auror… tenía lágrimas en sus ojos. Y coraje. Sus ojos reflejaban el fuego de las antorchas, se veía realmente hermosa… entonces se dio cuenta que a pesar de todo lo sucedido… ella jamás se rendiría.
Con infinita ternura le acarició la mejilla y le susurró: -¡Quédate con Cádogan!-
El caballero apareció a su lado y la cargó en brazos.
-Vé y espérame afuera… dónde los caballos, sólo tardaré un minuto…-
Ella sólo asintió.
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Con paso silencioso y ligero Cádogan caminó hacia fuera de la cueva, cargando a Lady Ginny.
-Espera- ordenó ella. –alguien nos sigue…-
Ginny agarró una de las flechas del carcaj de Cádogan.
Otra vez ese ruido de pasos.
Cádogan bajó a Lady Ginny y la apoyó a uno de los recovecos de la cueva a la par de dónde estaban los dos caballos amarrados, retrocedió en silencio con el arco tenso a la espera de alguna persona… pero no hubo respuesta.
-seguro fue algún animal… tranquila Lady G…-
Arrrrggggg
Cádogan se volteó y ante él, Colagusano estaba apunto de arremeter contra Ginny.
Fue un segundo… eso fue lo que separó a Petter Petegrew de la vida; un reflejo de lady Ginny le permitió volverse y clavarle la flecha en el corazón. Antes de que él la matara. Una flecha cruzó el aire tan cerca de ella que le rozó sus ropas.
Cádogan la había salvado de las garras de la rata.
El caballero caminó hacia el cuerpo inerte del vasallo. Apartó el cuerpo con los pies y le escupió. Si bien fue un poco rencoroso ante los ojos de Ginny… tenía toda la razón… esa rata merecía morir sola y olvidada.
Con cuidado sacó a los caballos por entre las grietas, cuidándolos de no rasparse y tratándoles con cariño. Luego se devolvió por Lady Ginevra y en brazos nuevamente la puso a salvo fuera de la cueva.
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Si supieras
La locura que llevo
Que me hiere
Y me mata por dentro
Y que mas da
Mira que al final
Lo que importa es que te quiero
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El libro estaba de par en par en el púlpito de piedra, y había flores secas esparcidas alrededor. El olor familiar de los lirios era intenso. Otro fuerte estornudo se escuchó a la izquierda. Voldemort estaba de pie en medio de la niebla gris. Llevaba la capa negra echada hacia atrás sobre los hombros.
-¿Así que crees que eres un mago más ingenioso que yo, Auror Sanguinario?
Harry no respondió. Se precipitó hacia Voldemort con ira contenida.
-¡Atrás! -Voldemort tenía la espada lista para la lucha en una mano y, con la otra, buscó entre los pliegues de su capa y sacó un objeto del tamaño de una pequeña botella-. Puedo lanzarte el contenido de este frasco antes de que me puedas alcanzar con la espada, Auror Sanguinario.
Harry estudió el frasco. Contenía una poción verdosa que no reconoció.
-¿Crees que me da miedo lo que lleves en esa ampolla?
-Pues debería -afirmó Voldemort con una sonrisa despiadada-. Es un líquido corrosivo que quema todo lo que toca, incluso la piel y los ojos. Es una mezcla que inventé cuando intentaba crear oro a partir de metales básicos. Quema como el fuego.
Voldemort sonrió con malicia.
-Hazme caso, Auror Sanguinario, o arriésgate a perder los ojos.
-¿Por qué mataste a la anacoreta?
Voldemort se encogió de hombros.
-Aquella estúpida mujer me vio y creyó que era el fantasma del hacendado Weasley… y después creyó que era James. Y, por algún motivo, creyó que tenía que demostrado. Me siguió hasta la biblioteca del convento y la maté.
Si conseguía que siguiera hablando y caminando… sería su propia ruina… los lirios le matarían.
-Querías ver si mi esposa había guardado los libros de su padre en la biblioteca, antes de molestarte en buscados en la mansión. Hubiera sido todo mucho más sencillo si se lo hubiera dado a las monjas, pero a ellas no les interesaba.
-¡Qué estúpidas! -Voldemort fijó la vista en los volumenes que yacían en el púlpito de piedra-. En los libros están los mayores secretos de los antiguos. Sir Arthur los encontró en los tratados árabes que tradujo. ¡Seré inmortal… sólo necesito conjurar los hechizos adecuados…!
Sin previo aviso Voldemort lanzó el frasco directamente a la cara de Harry.
Harry ni pensó en su reacción. Fue instantánea, una respuesta física rápida que le había salvado la vida en más de una ocasión: levantó El canto del Fénix describiendo un arco veloz y corto. El frasco se posó sobre la hoja plana de su espada.
Harry aprovechó el impulso de la oscilación para lanzar la ampolla hacia un lado. Chocó contra una roca y se hizo añicos. Se oyó como un barboteo. Y la roca se desintegró.
-Tienes la suerte del mismo diablo, Auror Sanguinario -sentenció Voldemort. -Pero no te durará para siempre… mira si hasta Ginny ha empezado a tenerme cariño… viste el beso que nos dimos.
La lucha empezó. Las espadas chocaron en el aire con tal fuerza que hizo retroceder a Tom Riddle. El Auror se mantuvo en su lugar.
-No podrás huir… No hay ningún bote esperándote, mago –dijo Sir Harry.
Con dedición avanzando hacia él y chocando sus espadas.
-¡Maldito seas, Auror Sanguinario! -Voldemort se abalanzó sobre él con la espada en alto.
Harry paró la carga fácilmente. Los aceros chocaron.
Voldemort saltó hacia atrás de nuevo, hizo un amago y volvió a la carga.
El mago era bueno, reconoció Harry mentalmente mientras ambos describían un círculo. Era rápido y astuto. Puede que hubiese despreciado las artes de la lucha frente al poder de la magia, pero era obvio que tenía talento para manejar la espada.
Voldemort inició un nuevo ataque rápido, pero Harry lo esquivó.
-y no podrás llegar siquiera a Borgin… Sir Draco te cerrará el paso… -
-¡NO MIENTAS!- gritó el mago con desespero mientras arremetía contra sir Harry- ¡HE INTERCEPTADO TODOS Y CADA UNO DE LOS CORREOS PARA BURROW… Y LOS QUE SALEN DE ÉL!- otro movimiento peligroso de espadas -¡ES IMPOSIBLE!-
Sir Harry negó silenciosamente. Una de sus mejores armas sin duda era la seguridad que poseía. El mago solo obtuvo de él una sonrisa gélida y una mirada aún más fría. Para Voldemort fue suficiente entender… no tenía escape.
El mago giró y esta vez Harry se encontró justo en la posición que había buscado. Estaba de espaldas al púlpito.
Voldemort se acercó otra vez. Su espada lanzaba leves destellos en la luz gris. Harry notó que el terreno rocoso se humedecía. La cueva empezaba a inundarse. El día casi amanecía. Y las olas sonaban muy fuertes.
Con toda su fuerza, se lanzó hacia delante inclinándose con la intención de pasar por debajo de la estocada de Voldemort.
Tom ya estaba inmerso en el golpe y tenía el rostro retorcido de ira cuando Harry se deslizó por debajo de la hoja, golpeó el suelo con el hombro y rodó.
-¡Muere, Auror Sanguinario! -Voldemort se volvió mientras Harry se levantaba-. ¡Muere, maldito!
Harry vio la posibilidad y se lanzó blandiendo la espada. Voldemort no pudo levantar su espada con la suficiente rapidez como para desviar el golpe. Además de que ahora, él era el que estaba de espaldas al púlpito. Aspirando el aroma de los lirios.
El canto del Fénix lo atravesó.
Los ojos del mago se abrieron desmesuradamente. No podía creer lo que le estaba pasando.
-¡No! -gritó-. No puede ser así. Soy mago.
Sin asco ni resentimiento alguno, Sir Harry movió sólo un poco la espada dentro del cuerpo de Voldemort para sacarla.
Calló al suelo de rodillas en lo que al Auror le pareció un minuto eterno.
Su amenaza se había esfumado. Ya no tenía que preocuparse porque el maldito llagara a Burrow en las noches y tratara de robarle a su esposa.
Voldemort se había ido, para siempre.
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Si pudiera ser tu héroe
Si pudiera ser tu dios
Que salvarte a ti mil veces
Puede ser mi salvación
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Harry se contuvo de salir corriendo junto a su esposa. En el profundo silencio que reinó después, metió nuevamente los libros en la bolsa de cuero, enfundó al Canto del Fénix, cogió una de las antorchas y salió de la cueva. Dejando sólo y en la oscuridad el cuerpo sin vida de Tom Riddle.
Unos pasos resonaron en la cueva, el sol se asomaba por los riscos y poco a poco bañaba la entrada de la misma. Cádogan tensó su arco en espera de lo peor.
El Auror de Gryffindor salió sin un solo rasguño en su lucha contra Voldemort. Tiró la antorcha a un charco y corrió prácticamente con su mujer.
-¡Harry! –Gritó Ginny y le alzó los brazos al cuello cuando él se agachó para abrazarla-. ¡Estás a salvo!
-Sí -dijo él levantando la vista por encima de su cabeza para mirar a Cádogan, que había bajado su arco para saludar a su señor como era adecuado.
-¿Falleció el mago, señor? -preguntó Cádogan.
-Sí. Después de todo, sólo era un hombre. -y luego añadió- alista los caballos… nos vamos al castillo.
-Un hombre terrible -puntualizó Ginny desde el círculo del brazo de Harry-. La peor fórmula para un marido.
-¿Estás bien, Ginny? -preguntó Harry en voz baja. Estaba temblando entre sus brazos, seguro que a causa del frío.
-Sí, estoy muy feliz. -Cerró las manos sobre las ropas de su marido como no dejándolo escapar.
-Sé que ha sido un día muy extraño –le susurró el Auror con voz dulce- pero ya todo acabó.
Ella asintió sollozando.
-¿De veras, Harry?
-Sí, Es cierto, tranquilízate -dijo Harry-. Tom Riddle no volverá, No hay muchas probabilidades de que tengamos que enfrentamos a una situación similar en un futuro próximo. El castillo está a salvo. Nuestra gente está a salvo.
-Gracias a ti.
Sus anchos hombros se encogieron mientras la seguía abrazando con todas sus fuerzas.
-El mago no era más que un ladrón con apariencia de caballero. Y sé muy bien cómo tratar a los ladrones, señora. Tengo mucha práctica, no sé si lo recuerdas.
Su despreocupación ante los tremendos acontecimientos. Ginny se abrazó más a su esposo.
-¡Santo cielo¿Cómo puedes hablar con tal despreocupación sobre esto?
Él se detuvo, obviamente sorprendido por el arranque de ira. La preocupación surcó su frente.
-Ginny¿estás bien? Debes tranquilizarte… Hoy has sufrido mucho.
-Está claro que hoy he sufrido mucho. -Ginny levantó la cara de Sir Harry para tenerla frente a ella y lo miró con el ceño fruncido-. Casi te matan, Auror.
Él la miró con expresión socarrona.
-Había muy pocas posibilidades de que eso ocurriera.
-¡Había muchas posibilidades! Fui testigo de la crueldad del mago. ¡Podrías haber muerto!. –dijo con voz quebrada por las lágrimas-
Harry se acercó y la besó tiernamente.
-Pero no fue así. –le dijo-
-No te atrevas a menospreciar este asunto. ¿Qué habría hecho yo si hubiese sido tu cuerpo…?
Entonces ella empezó a temblar más fuerte.
-Ginny…
Sus ojos se llenaron de lágrimas de angustia y furia.
-¡Maldito seas¡No hubiese podido soportado!
-Ginny, todo está bien. Te lo aseguro. Tranquilízate.
-¡No me trates como si fuera Saeta… ! -Tenía tanto miedo de perderte... -murmuró apoyada en su hombro.
Él le acarició el cabello.
-¿Cómo crees que me sentí al regresar a la mansión y verte con ropas de James peleando contra Tom Sorvolo Riddle?
Ginny contuvo un sollozo. Harry le acarició delicadamente la nuca con el pulgar y el índice.
-El truco que planeaste para el mago fue muy hábil.
-Sabía que los lirios le harían estornudar sin remedio. Pensé que su reacción me brindaría una oportunidad de escapar.
Ella temblaba como conejo asustado.
Harry cogió su rostro entre las manos.
-No discutiremos este punto. Lo hecho, hecho está. Ahora estás a salvo y eso es todo lo que importa.
Ella sonrió y dejó caer una última lágrima.
-¡Oh, Harry! -suspiró, rodeándole el cuello con los brazos y apretándolo fuerte.
Harry le dedicó una sonrisa.
-Si hubiese pasado algo, mi corazón se hubiese roto para siempre.
Harry la rodeó con sus brazos.
-Vamos, te llevo cargada a los caballos y vamos a casa…-
Pero ella seguía temblando.
-Mi dulce Ginny -Harry se abrazó a ella-. No eres la única que se ha llevado un susto de muerte hoy. No me vuelvas a hacer esto.
-No, mi señor -Ginny abrió los labios y lo besó apenas con fuerza.
-¿Ginny?-
-¿Ginny?... abre los ojos…-
Un temor se apoderó del Auror de Gryffindor. Bajo sus manos un poco más y sintió algo húmedo. Entonces el tiempo se detuvo ante sus ojos. De alguna manera Petter Petigrew se las había ingeniado para herir a Ginny.
-¿Sangre?- preguntó con temor Cádogan.
-¡RÁPIDO¡CABALGA POR EL SENDERO¡DÁ LA ALARMA Y CONSIGUE A UN SANADOR!- gritó con desespero el Auror. -¡Mi esposa está herida!
En un parpadeo el corcel se perdió en las sombras del bosque.
Sir Harry se quitó su camisa, la rasgó en tres partes; con una revisó la herida de Ginny en busca de alguna lanza, punta de flecha o arma… no sintió nada… su espalda estaba llena de sangre proveniente de una herida superficial… una gran cicatriz… para su sorpresa en forma de rayo.
-Vas a vivir… vas a estar bien mi vida….-
Limpió lo que pudo y amortiguó la herida con su camisa; con un trozo rasgado envolvió el cuerpo de Ginny e hizo un nudo. La técnica la había leído una tarde en la biblioteca de ella, en uno de los tratados árabes de medicina… eso sería suficiente para poderla trasladar.
Advirtió que su tobillo seguía en mal estado y con la funda de cuero de su daga improvisó un entablillado.
Ella suspiró fuerte cuando su marido le hizo el nudo. Eso lo alegró.
-Ya casi Ginny- le besó una mejilla –¿lista?-
Ella apenas asintió, todavía con los ojos cerrados.
Sir Harry levantó a su mujer en brazos y subió al caballo sin problemas. Se aseguró de su comodidad y emprendió viaje.
-Tranquila amor… todo saldrá bien… Cádogan dará alarma-
Casi estuvo a punto de agradecerle a Santa Hermione por el ingenio de Tom Riddle, porque después de todo el trillo que había usado le salvaría la vida a Ginny. Si se hubieran tenido que devolver por el mar… y luego llegar a puerto… solo pensar en ello… talvez ella no hubiera podido resistir el viaje.
Apretó a su esposa con más fuerza, mientras ella se acurrucaba a su pecho.
-Sólo un poco más… -
La espesura del bosque se abría a los rayos del sol que apenas tocaban sus cuerpos. Tenía que ser cuidadoso con su mujer y apurar el paso al mismo tiempo. Como el día que la bajó del muro del convento…
-Falta poco mi vida… falta poco….-
Las puertas del castillo se divisaban a pocos kilómetros. El sol ya bañaba toda la estructura… había pasado menos de una hora desde el momento en que Voldemort había muerto. Eran muchas preocupaciones para un solo hombre en tan poco tiempo… apenas 24 horas antes se habían declarado su amor…
No era tiempo suficiente… él ya contaba con tener paz y felicidad por largos días… había imaginado a sus hijos… y a su bella esposa… el destino no se la quitaría… no cuando al fin encontraba su hogar y se sentía amado.
Sir Ronald llegó a su encuentro con una carreta, pero el Auror se negó a abandonar a su esposa.
-ya trajimos al sanador… espera a Lady Ginevra en sus aposentos-
Sir Harry apuró el paso.
-Que calienten agua y las hogueras del castillo-
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Quiero ser tu héroe
Si pudiera ser tu dios
Porque salvarte a ti mil veces
Puede ser mi salvación
Puede ser mi salvación
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Las puertas del aposento principal del castillo se abrieron de par en par. El Auror entró por ella con su mujer cargada en hombros. Lucía aún más pálida y terriblemente silenciosa.
-¿Usted es el sanador?- un anciano de ojos azul profundo, una barba plateada muy larga y lentes de media luna asintió en silencio.
-mi esposa está muy herida… usted debe…- parecía no poder encontrar las palabras.
-tranquilo, Sir Harry- le dijo con voz grave y profunda el anciano –solo necesito que deposite a su esposa en la cama, sábanas limpias y agua caliente-
Con sumo cuidado el Auror se inclinó y dejó el cuerpo de Ginny sobre la cama, apartó unos mechones de cabello rebelde de su cara y se volvió hacia el anciano. En espera a que trabajara.
-Sir Harry, me temo que deberá abandonar el cuarto-
¡Ese viejo estaba loco…¡la vida de Ginny corría peligro y él se empeñaba en hacerlo salir!
-NO-
-Por favor, será mejor así, debo examinarla-
-de ninguna manera… ella está…-
-estará bien…- extrañamente sintió confianza ciega en aquel anciano. Asintió. Le dio un beso en la fría mejilla a Ginny, y salió de los aposentos.
La puerta se cerró con estrépito. Del otro lado en el pasillo Sir Ron aguardaba sentado en una banca. Lady Luna se abrazaba fuertemente a él.
-El sanador es muy bueno- dijo Ron con voz ronca. –a atendido a Colin y a Dennis con éxito, lo había mandado a llamar por ellos…-
Sir Harry sólo asintió.
-Además ella es muy fuerte- dijo Luna con una sonrisa –después de todo… es nuestra James-
-Sí, pero yo debería estar con ella… ahí dentro…- no dejaba de caminar de un lado al otro visiblemente nervioso.
-el lugar del esposo es afuera, cuando de curaciones se trata- le recordó su amigo.-vamos a dar un paseo…- Sir Ron besó la mejilla de Lady luna y susurró algo en su oído. Ella asintió.
Aparentemente, todo había vuelto a la normalidad. Habían encontrado a Seamus vivo, aunque inconsciente, en la torre de vigilancia. Se había recuperado enseguida del golpe recibido en la cabeza, pero su orgullo tardaría más en sanar.
-Parece que estamos a salvo y yo me en cargaré de que así siga siendo. Manda a dos hombres a que rescaten los cuerpos de Voldemort y Colagusano. Los enviaremos con el primer barco a Slyterin.
Sir Ron asintió.
-Después que partiera… que pasó?-
-No mucho, en realidad, apresamos a los Mortífagos y los dejamos en los calabozos del castillo. Se mandó a llamar al sanador para que atendiera a los heridos… luego llegó Cádogan con tus instrucciones… y ahora estás aquí…-
El patio lucía los estragos de la batalla. Flechas perdidas, cenizas en los muros provocados por las explosiones de la pólvora mejorada de sir Harry. Y rastros de sangre.
Sir Harry lo contempló por un minuto.
-debes comer- le ordenó su amigo.
Más por hacer algo que por obedecerle, se encaminaron a las cocinas.
-¡SIR HARRY!- gritó Muriel seguida de las sirvientas mientras lo recibían con lágrimas en los ojos. ¡ESTÁ VIVO!
Se sintió abrumado ante sus atenciones. Pero aún más cuando Hagrid se acercó a él y le palmeó la espalda. Le acercó un plato con avena color azul y éste la disfrutó como si nunca hubiera desayunado en su vida.
-Sir Harry!- Colin apareció caminando hacia él con una espada en la mano. –Es la de Lady Ginny… se le calló en el patio central… antes de que… bueno usted sabe…-
-Gracias Colin. ¿Cómo sigue tu cuello?-
-Bien milord, gracias-
Extendió su mano y tomó la espada de su esposa.
-mándalas a limpiar-
Ante la mirada de todos, se quitó el cinto donde colgaba El canto del fénix y se los entregó a Colin
-Que eliminen todo rastro de sangre…- pero lo que necesitaba en realidad, era eliminar todo recuerdo relacionado con Voldemort. Incluido el beso que Tom dio a Ginny. Eso era lo primero que debía irse.
El tiempo pasaba, era el medio día y aún no había noticias de Lady Ginny. Y a Sir Ronald se le acababan las excusas para tener al Auror lejos de sus aposentos. Por fin se había despejado la niebla que había cubierto la isla durante la noche anterior. El patio bullía de actividad. Por lo que decidió llevarlo a los talleres de Sir Arthur.
Harry se acercó a una mesa donde había desplegado una colección de objetos que le habían traído en la capa de Voldemort. Luego que sus hombres trajeran los cuerpos y se los llevara el primer barco.
-¿Ya has visto esto, Ronald?
-No. -Ron se acercó a la mesa. Observó unos diminutos trozos de metal flotando en un cuenco lleno de agua-. ¿Qué son?
-Colin me ha dicho que Voldemort los llamaba peces de hierro. Mira. -Harry introdujo un dedo en el agua e hizo girar las pequeños fragmentos de hierro. Cuando el agua dejó de moverse, también lo hicieron los peces de hierro-. Observa, todos apuntan en la dirección en la que apuntaban antes de remover el agua.
Ron estaba atónito.
-¿Y qué?
-Señalan al norte. Éste es el misterioso método que el mago utilizó para guiar a los ladrones hasta la isla en plena niebla. Y hubiera vuelto a utilizarlo para huir.
-¿Peces de hierro?- Sir Ron casi sonrió al poder lograr que su señor se distrajera un momento-
-Oí hablar de esto hace unos años -dijo Harry-. Lo leí en el libro de sir Arthur, pero es la primera vez que los veo en funcionamiento. ¿Es sorprendente, no?
(N/A: la gran magia de Voldemort era una brújula…)
-Sí. -Ron metió un dedo en el agua y removió la superficie. Comprobó, fascinado, cómo las esquirlas se realineaban-. ¡Muy interesante!
-¿Y estos otros objetos? -Ronald levantó una esfera pulida.
-Un espejo. Colin dice que Voldemort lo utilizaba a veces para hacer señales a sus hombres y enviarles mensajes. -Harry cogió un llavero con llaves de formas extrañas-. Y éstas las usaba para abrir cerraduras de todo tipo.
-De modo que así entró en el convento, la biblioteca, y en la celda de la anacoreta.
-Así es -confirmó Harry tirando las llaves sobre la mesa-.
-Es todo muy interesante, señor, y conociéndote, estoy seguro de que estarás ocupado durante días jugando con los trucos del mago.
-Pero no por el momento… Ron, sé lo que tratas de hacer… pero Ella me preocupa más…-
El silencio del pasillo fue roto por los pasos decididos de Sir Harry. Lady Luna aún seguía en la banca.
Su rostro sollozaba. Sir Harry se sentó junto a ella incapaz de moverse. Su corazón se encogió ante la posibilidad que había estado barajando desde la mañana… ¿Qué tal si ella no despertaba?... ¿y si ella fallecía…?
-¿Sir Harry?- Colin estaba junto a él-
-¿Mmm? -La voz de Harry fue poco más que un ronroneo entre las sombras.
-Hagrid quiere saber durante cuánto tiempo tendremos que alimentar a los prisioneros. Dice que habrá que comprar provisiones si vamos a retenerlos mucho más en los calabozos.
-Sólo tendrá que preocuparse por ellos uno o dos días más. Pronto ya no estarán.
Si bien es cierto que como señor feudal su responsabilidad era matar a los mortífagos, no lo haría. Perdonaría la vida de esos hombres… todo por ella. No podía imaginar ver su rostro cuando se diera cuenta que habían ahorcado a esos hombres.
- Nunca ha habido un ahorcamiento en Burrow. Sir Arthur nunca consideró necesario ahorcar a nadie y yo no tengo intención de cambiar la tradición. Serán desterrados de la isla. Buscarán otro destino lejos de aquí. Sé que jamás se atreverán a volver.
Colin lo miró con asombro. Los sirvientes del castillo murmuraban algo acerca del enorme corazón de Sir Harry y se sintieron seguros ya que sabían que los mortífagos nunca volverían ya que le temían, después de todo, el Auror había sido más poderoso que el mago.
-Y aquí le traje su espada señor... y la de Lady Ginny-. Agradeció en silencio y las colocó a un lado.
Tras un tiempo en silencio las puertas del aposento se abrieron. Y el anciano de barba larga y lentes de media luna salió de él con rostro sereno.
-Sir Harry-
Él se levantó en un instante.
-entre por favor- Su corazón latía con dolorosa rapidez.
Ginny yacía en la cama. Las ropas negras de James no habían sido removidas de ella. Varios vendajes cubrían su cuerpo y mágicamente los moteres y cortadas de su rostro habían desaparecido.
-Utilicé varios de mis inventos en lo que a curaciones se refiere-
Harry se agachó y tomó la mano de Ginny. Seguía fría.
-Ella está bien, físicamente, sin embargo… creo que está agotada… por eso no despierta…-
-Gracias-
El anciano tocó los hombros de Sir Harry.
-Sir Harry, necesito revisarlo a usted también…-
Luego de comprobar que el Auror de Gryffindor se encontraba en perfecto estado, el anciano partió hacia las cocinas.
Sir Harry no se apartó del lado de su mujer. Tomó su mano. Besó su rostro y acarició su cuerpo. Al llegar la noche Harry estaba despierto y se había levantado tres veces a tapar a Ginny.
Las sirvientas habían entrado para dejarle comida que no aceptó.
Y permaneció así, de rodillas en la cama, en posición de plegaria, rogando por que ella despertase.
Besó sus labios, eliminando el veneno de los labios de Tom Riddle sobre los de ella.
La besó con más intensidad. Como si sus besos pudieran romper el terrible hechizo en el que ella se encontraba. Purificando el mal.
-Te amo… vuelve a mi…- susurraba en sus labios con voz quebrada. –por favor… despierta…-
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Quiero ser tu héroe...
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