¡Saludos a todos!... ya extrañaba estar por acá, pero finalmente tengo una semana libre y eso significa tiempo libre para escribir y para publicarles, sé que los he tenido medio abandonados, pero tanta cosa por hacer me quitar demasiado tiempo y apenas y llegó a casa a descansar… Sé que lo comprenden, pero de todos modos, siento los retrasos.

Decidí dejar el capitulo el día de hoy, porque me iré a descansar los próximos días, aprovechando que es Semana Santa y tengo los días de descanso y de igual manera porque es mi cumpleaños (Jajajaja) y quiero dejarles el capítulo como un regalo de mí para ustedes!

Bien… Ahora si no les escribo mas cháchara y pasamos a temas más agradables, les dejo el capitulo numero 19… Espero lo disfruten!

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Cáp. 19: Cara a Cara

- Aparentemente fue un asalto como cualquiera…

Inuyasha frunció el ceño airado, como era posible que el idiota que estaba de pie frente a ellos con una libreta en la mano, fuera lo único que tuviera para decir.

- Eso ya lo sabemos – dijo tratando de calmar su voz – Todas las personas que lo vieron dicen que fue un asalto

- Cálmate Inuyasha… - intervino el elegante caballero sentado a su derecha - ¿Entonces nadie vio nada que no indique lo que buscamos?

- No su excelencia – aseguró el hombre – Si fue Dumais quien asaltó a la esposa del duque, aún no lo sabemos

- Bien, puedes retirarte… - dijo el hombre con calma, una vez quedaron solos habló – Debes de guardar la calma, tu mejor que nadie lo sabe, además él tiene razón, era un espacio publico, el revuelo no permitió mayor cosa

- ¿Por qué no me permite que intervenga?, yo podría descubrir donde esta Dumais

- Aún no sabemos si es Dumais…

- Mi esposa aseguró que era un francés, no le vio el rostro, pero de todos modos no lo conoce… Y qué a mi esposa, la "asalte" un francés y no le roben nada… Es demasiada coincidencia Wellington – le dijo – Permítame que lo busque…

- Ya no eres un agente Lancaster, no se te está permitido intervenir, es mas si sabes del asunto es porque estás de una u otra manera ligado a Dumais

- Está bien Wellington, pero si algo más sucede, actuaré por mi cuenta…

- Lo sé… - musitó el duque

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- Inuyasha se enfadará si sabe que salimos sin protección…

- Por Dios Sango, estamos en una librería, han pasado dos semanas y nada ha ocurrido…

- Eso no quiere decir que no vaya a pasar ahora…

- Estás paranoica – le dijo mientras seguía mirando entre los estantes, algo que atrajera su atención.

- Y tú por el contrario, no lo estás – dijo caminando tras ella – Creo que mejor vamos a casa y volvemos con alguien…

- Está el cochero y un lacayo afuera, ¿qué más personas necesitas?

- Inuyasha se va enfadar, Kagome…

- ¡Lo encontré!... busqué este libro por horas en la biblioteca de la casa, al parecer se quedó en Knighton Hall, ya nos podemos ir… - dijo sonriente mientras caminaba a la caja.

- Gracias a Dios… - una vez Kagome hizo el pago del libro, Sango la tomó del brazo y la llevó con ella casi corriendo al carruaje – A la mansión Lancaster por favor – informó al cochero quien se puso en marcha.

- ¿Ves?, ya estamos en casa y nada sucedió

Ambas mujeres estaban en el jardín de la mansión disfrutando de limonada y pastelillos.

- Afortunadamente, pero Dumais no es un chiste Kagome, en serio es peligroso – dijo en un suave susurro.

- ¿Sabes mucho de ese hombre?

- No en realidad, creo que debes saber más que yo, sé lo que Miroku sabe e Inuyasha tuvo mayor contacto con él, lo que sí sé es que Dumais es perverso.

- De eso no me cabe la menor duda – musitó, ella conocía por boca de Inuyasha las cosas que Dumais había hecho, es mas había visto las marcas en la espalda de su esposo, una persona buena no lastimaría a nadie así.

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- Aún no me cabe en la cabe razones para decir que Dumais pueda estar acá…

El duque estaba parado frente a la ventana de su estudio, desde allí podía observar los jardines de la mansión y a su bella esposa tomando las onces.

- ¿Venganza tal vez? – Intervino Miroku – Dumais tiene una mente muy compleja, es espía, todos tienen la cabeza enredada, sin ofender…

- No lo haces… - le tranquilizó – Me parece un tanto ilógico que venga por venganza, espero a que saliera del país y atravesara el Atlántico para atraparme… Además no sería tan tonto como para venir solo

- Bueno, entonces me apoyas en la hipótesis de que alguien lo trajo, con algún propósito

- Es lo mas probable, Dumais no vendría a Inglaterra a menos de que una buena suma estuviera de por medio… - dijo el duque – Además muchas personas que traicionaron a la corona inglesa durante la guerra, nunca fueron descubiertos, uno de ellos debió traerlo…

- ¿Pero para qué?... ¿Rebelión?

- No, si hubiera una rebelión tocando nuestra narices ya lo sabríamos, debe haber algo más, un motivo ambicioso detrás de todo esto…

- ¿Y para eso contratan a Dumais?... Bueno, debo decir que la persona que haya traído a Dumais debe estar aún más chiflada que el francés mismo.

- Aún debemos descubrir quién puede ser, de lo que si está claro es que es alguien con el suficiente dinero como para atraer a Naraku

- ¿Un noble?

- No necesariamente, hay personas sin título bastante acaudaladas…

- Hay americanos con el suficiente dinero que han estado asentándose en suelo inglés

- No, es un inglés, eso no lo puedo poner en duda

- Entonces haré mis averiguaciones y te comentaré… - le dijo Miroku.

Inuyasha asintió, sin dejar de contemplar a las mujeres quienes al parecer volvían a temas más afables que los de hace unos momentos. Observó a Kagome sonreír y de igual manera sonrió, era increíble la manera en que habían resultado las cosas hasta ahora, estaba casado y aunque siempre le huyó a ese tipo de compromiso, ahora se encontraba feliz con la situación. Kagome llenaba su ser de paz.

- ¿Qué es eso? – interrumpió sus románticos pensamientos.

- ¿Qué? – miró hacía donde su amigo observaba.

La verja de la casa que daba hacia las calles, estaba rodeada por un enredadera que alejaba las miradas intrusas, pero lo que Miroku veía y ahora el mismo observaba, era la sombra de un rostro concentrado en las figuras femeninas en el jardín. El cuerpo de Inuyasha se tensionó al instante, pero sin embargo no se movió, siguió observando hasta encontrar algo que le advirtiera de la presencia del individuo; finalmente, segundos después el brillo de una hoja metálica alertó a ambos caballeros.

En poco tiempo, Miroku abrió el ventanal e Inuyasha se lanzó los dos metros que lo separaban del suelo, la figura no advirtió la presencia de Inuyasha hasta que este estaba a menos de cinco metros.

- Pero qué… ¡Inuyasha! – gritó Kagome en cuanto lo vio trepar la verja y saltar al exterior.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Sango a su esposo, cuando este estuvo a su lado.

Cuando Inuyasha tocó el pavimento bajo sus pies, se lanzó tras el individuo de capa negra, quien le llevaba varios pasos de ventaja.

- No te vas a escapar… - musitó para el mismo, cuando vio que comenzaba a ganarle espacio.

La figura alta y delgada, vestía una capa negra que le dificultaba el correr, pero aún así estaba logrando sacarle ventaja al duque. Miró un par de veces atrás y luego decidió meterse por un callejón, cuando miró la tercera vez a sus espaldas, ya no había nadie siguiéndolo.

Más calmado, redujo la velocidad de su paso y siguió caminando por entre los callejones, ya había salido de la elegante Mayfair, hacía un par de cuadras. Cuando giró en una esquina, para atravesar a otra calle, tan solo el impacto contra el duro y frío pavimento le indicó que la persecución no había terminado y había sido atrapado.

- Te tengo amigo… - escuchó la voz del duque a sus espaldas, un pie presionaba su cuerpo contra el asfalto – Sabes que odio que espíen a mi esposa…

Inuyasha había decidido que correr tras de él no era inteligente y conociendo como conocía las calles de Londres, le tomó ventaja por entre los callejones y espero a que el individuo fuera hacia él.

- Y más que se acerquen a ella portando una daga…

De un puntapié hizo que el hombre se girara gimiendo de dolor. Se puso en cuclillas y retiró la capa que cubría su rostro, se encontró con el rostro de un joven de no más de veinte años, no sabía quién era, pero lo averiguaría.

- ¿Y bien? ¿Qué hacías espiando fuera de mi casa amigo? – le dijo con voz suave y calmada, como si viejos amigos se trataran - ¿Ibas a robar?

- No, no señor – dijo con voz temblorosa, al parecer ya no se sentía tan valiente.

- Tienes una bonita daga – sin previo aviso la sacó del cinto del pantalón del joven - ¿Para que la ibas a usar?

- Me pidieron asustar a la mujer de cabellos negros, nada más, solo asustarla, no la iba a matar ni nada por el estilo…

- ¿Y quién te lo pidió? – Con suavidad pasó la punta de la daga por el cuello del joven - ¿Y bien, no puedes hablar?, aún no te he cortado la lengua…

- Por… por favor, no lo haga – dijo el jovencito casi sollozando.

- Necesito un nombre amigo… - lo tomó de los cabellos y presionó la daga con más fuerza en su cuello – Habla fuerte y claro…

- No sé quién era, anoche en una taberna junto al puerto, alguien me pagó y me dio las indicaciones, no me dijo su nombre…

- ¿Cómo era?

- Estaba muy oscuro, fue en el callejón tras el sitio y…

- No me estás entiendo o haces que tu cabeza recuerde algo o ya no la necesitarás pegada a tu tronco…

- Era alto, cabellos oscuros, delgado… podría tener los ojos negros, no alcancé a verlo, lo juro, había bebido…

- Debe haber algo más, vamos a recordarlo juntos… ¿Su voz?

- Era francés… - dijo sin titubear – Y… Tenía, tenía una quemadura en su rostro, alcancé a ver algo de ella cuando se marchaba y la luz lo iluminó…

- ¿Ves?... Fue sencillo, ahora vamos, vas a repetir esto mismo a alguien más…

- ¿Me va a matar?...

- No, pero vuelve a acercarte a mi esposa con tu daga y te cortaré la cabeza y la usaré de estandarte en un barco… ¿Estamos?

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- Entonces es Dumais… - sentenció el duque de Wellington mientras se levantaba de su asiento no muy alegre – Enviaré a un par de mis hombres a ese sitio...

- Yo iré – dijo Inuyasha de inmediato.

- Y yo con él…

- Ustedes ya están retirados, ambos formaron parte de este grupo cuando no tenían el titulo en sus cabezas… - les dijo – Ambos fueron de mis mejores hombres, jamás encontraré a nadie como ustedes chicos, pero ahora tienen responsabilidades, Miroku, tú eres padre ahora y tienes el condado en tus manos… Tú igual Inuyasha, eres el duque de una de las familias más importantes de Inglaterra, no pueden arriesgar sus vidas…

- Wellington, nuestras vidas están en riesgo, las de nuestras familias lo están – dijo Miroku – No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras vemos pasar el tiempo…

- Usted sabe que podemos dar con Naraku si permite que trabajemos en esto… - le dijo Inuyasha – Deje que Miroku y yo intervengamos

- Aunque diga no, van a hacerlo por su cuenta, ¿verdad?

Ambos amigos se miraron y asintieron.

- Bien, Lancaster, Aberdeen… Lo han conseguido, están dentro… Pero, me mantendrán informado de todo y si considero que debo integrar a alguien más… Lo haré…

- Claro que sí… - sonrió Inuyasha.

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- Por Dios hijo, no es nada seguro que vayas allá… Debiste dejar esto en manos del duque de Wellington – dijo Izayoi.

- Madre, esto se está comenzando a pasar de la raya, Miroku y yo nos encargaremos…

- Cuídate mucho… - dijo Sango a Miroku a un costado de la habitación – Ambos sabemos que estas oxidado en este tema…

- No me alientes tanto cariño… - se burló Miroku – Voy a estar bien, descansa…

- Ve a dormir cariño, tardaré un poco…

- ¿En serio crees que dormiré? – Le regañó Kagome – No hagas nada tonto, como tirarte al mar tras Dumais…

- Claro que no – se rió - ¿Tú me entiendes verdad?

- Me parece que alguien más podría hacer el trabajo, pero sé que tú lo harás más rápido, sólo cuídate, ¿sí?

- Claro que sí – dijo recibiendo el abrazo y beso que esta le diera.

- Ojala y todo salga bien – dijo Kagome una vez se quedó sola con Sango, la madre de Inuyasha había preferido tomar un té y esperar en su cuarto.

- Les irá bien, Inuyasha es muy bueno en lo que hace y mi querido Miroku también

- ¿Cuándo te enteraste de lo que hacía Miroku?

- Me lo contó mientras me cortejaba, le pareció muy heroico de su parte… Pero el trabajo de Miroku se basó principal me en codificación, en planear estrategias, casi nunca salía de Londres… Inuyasha por su lado…

- ¿También sabias de Inuyasha?

- Eran grandes amigos desde que estaban en Eton, fue cuestión de tiempo adivinar que ambos estaban juntos en todo el asunto… - explicó Sango – Pero Inuyasha era más alocado y decidió hacerse espía y fue uno muy bueno, muchos complots se detuvieron gracias a él… Ambos hacen un gran equipo van hacerlo bien

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- Y volvemos a los viejos tiempos… - dijo Miroku mientras tomaba asiento en una mesa de la taberna a la que recién llegaran.

- Se siente un tanto bien, ¿no crees? – sonrió.

- ¿Le falta emoción a tu vida cariño? – bromeó el conde mientras miraba a su alrededor.

- Idiota… mejor concéntrate…

- Buenas noches guapos… -

Una mujer de grandes pechos y usando un chillón vestido rojo se sentó en las piernas de Inuyasha y le acarició el pecho en un acto que debió verse seductor.

- ¿Quieren beber algo, o buscan mejores placeres?

- Dos cervezas estarán bien… - dijo levantando a la mujer de su regazo y enviándola a la barra por las bebidas.

- Ella nos puede dar información, ¿sabes? – le dijo Miroku – Deja que me encargue, siempre me fue mejor con las mujeres.

- Cerveza para los dos guapetones… Y dime cariño – cuando la mujer se trató de sentar en las piernas de Inuyasha, Miroku la tomó de la cintura y la sentó en las suyas.

- Él no busca atención preciosa

- ¿Y tú? – sonrió la mujer apegándose al cuerpo del conde.

- Yo… aunque me siento halagado por tu belleza y sensualidad – dijo galantemente – Me temo que hay algo por lo que te pagaría mejor – susurró en su oído a la vez que metía un pequeño saco de monedas en su escote.

- ¿Qué es?... – preguntó sin poder dejar de mirar a Miroku a los ojos.

- ¿Cómo es tu nombre cariño?

- Fleur…

- Hermoso… Tan solo tu nombre es un poema… - Dijo sonriéndole – Fleur, busco a un viejo amigo, un francés, creo que estuvo por acá hace un par de noches… El es alto, cabellos oscuros, ojos negros, delgado, no tan guapo como yo – la mujer sonrió ante la broma y él la imitó – Y tiene una peculiar quemadura en su rostro… se la hizo un verano, cuando trabajábamos en la fundidora, es un gran amigo y necesita mi ayuda, solo que está reacio a recibirla… Soy de los que cree que hay que ayudar a los amigos…

- Que noble eres… ¿Cómo te llamas? – preguntó la mujer acomodándose sobre su regazo y pegando su rostro al de él.

- Bill… su humilde siervo – le dijo con una sonrisa.

- Bill… - sonrió entre suspiros – He visto a tu amigo, no me sé su nombre, pero un hombre con esas características viene acá a menudo…

- ¿Hoy ha venido?

- No, pero siempre viene pasada la medianoche…

- Bien, entonces lo esperaremos, si lo ves no le digas que estoy acá… Se pondrá reacio y le perderé el rastro…

- Claro que no… eres un hombre…

- Fleur… ven a trabajar… - se escuchó el grito de otra mujer al fondo de la taberna.

- Ya vuelvo no te vayas…

- Aquí estaré dulce Fleur… - se despidió Miroku.

- No sé si felicitarte o vomitar… ¿de dónde salieron tantas tonterías?... humilde siervo, tu nombre es un poema, trabajando en una fundidora… Ni sabes que es eso…

- Claro que sé, invertí en una hace poco – se burló – Pero mira, mi método sutil y nada agresivo funciona a la perfección

- No creo que funcione con nuestro hombre…

- Si pongo empeño lo lograría – bromeó.

- Pobre Sango...

Para después de la media noche, el ambiente en la taberna era infernal, todo el mundo hablaba y cantaba a la vez, el humo del tabaco no dejaba entrever casi nada, los olores a licor, sudor y sexo inundaba el sitio volviéndolo sofocante.

- ¿Crees que vendrá esta noche? – preguntó Inuyasha mientras fingía beber de su cerveza, ya había comprado varias y todas paraban bajo la mesa.

- La chica asegura que sí… Apenas y ha pasado medianoche… quedemos un rato más… - dijo Miroku – Si no viene nos marchamos… aunque sería una noche perdida…

- Bill… - Cuando escuchó su falso nombre se giró para mirar a la chica – Tu amigo llegó está en la barra – le dijo con discreción, mientras les cambiaba las jarras de cerveza.

- Gracias cariño – le guiñó un ojo y la joven se marchó sonriente.

- Eso es cruel… - le dijo Inuyasha.

- Ya la recompensaré ahora enfoquémonos en nuestro amigo… - le dijo mirando por encima de la jarra de cerveza a la barra - ¿Lo ves?

- Sí, está charlando con una camarera… - Inuyasha estaba recostado contra la pared, un sombrero raído de, le cubría lo justo de su rostro, quien lo viera pensaría que tendría un tranca de seis días.

- ¿Esperamos?

- Puede que espere a alguien…

- O tal vez solo quiere compañía femenina… - musitó Miroku por su lado.

- No lo sé, tampoco me interesa demasiado…

- ¿Se está yendo…? - musitó Miroku al ver como este se paraba de la barra dejando un par de monedas.

Inuyasha observó a Naraku, quien efectivamente se estaba marchando de la taberna. Por tan solo unos instantes y con su mirada escondida debajo del ala del sombrero, Inuyasha vio el momento en que Naraku, dirigió su mirada fijamente hacia la de él.

- Nos ha descubierto – dijo Inuyasha con suavidad a su amigo.

- ¿Qué?

- Sabe que estamos acá, alguien le tuvo que decir.

Cuando Naraku se aproximaba a la puerta, ambos hombres dejaron de fingir y se levantaron de inmediato de la mesa. Para su infortunio, Naraku se acercó a una mesa y golpeó a uno de los ocupantes, aquello dio pie a una trifulca dentro del sitio.

- Maldita sea… - masculló Inuyasha mientras trataba de salir del mar de gente que se abalanzaba una sobre la otra.

- Ve por él… - le dijo Miroku mientras asestaba un puñetazo al rostro de un desconocido.

Inuyasha asintió y se movió por entre las personas, para alcanzar la salida por la cual Naraku comenzaba a escaparse.

- ¿A dónde crees que vas cara bonita? – le dijo un hombre cuando estaba por llegar a la puerta; cuando este trato de darle un golpe en su rostro, Inuyasna lo derribo de un golpe en el vientre.

Una vez afuera, la brisa marina le despejó por completo, el aire le ayudó de nuevo a ser consciente del espacio a su alrededor, el olor a sal del océano fue una maravilla de respirar. Sin embargo no tenia tiempo para todo eso, se concentró en ubicar por que sitio se había marchado Dumais.

El bar quedaba cerca al muelle, así que la única manera de huir del lugar era lanzándose al agua, algo muy tonto a esas horas de la madrugada; y lo segundo era devolverse por el camino de entrada, un callejón que desembocaba a la vía principal del muelle. Y como el duque sabia que su enemigo no era tonto, se dirigió al callejón sin dilación, pero con cautela.

El callejón era estrecho y la falta de iluminación no ayudaba demasiado, al fondo de la callejuela podía observar la luz de salida, pero a aparte de eso, se podría decir que el sitio estaba solo.

- Demonios… - masculló cuando supuso que Naraku se le había escapado.

- No maldigas Inuyasha…

O tal vez no se había escapado, lo había esperado.

- Como has estado viejo amigo, la última vez te fuiste sin despedirte – le dijo saliendo a sus espaldas en el callejón – Que falta de educación para ser un duque…

- Tenía algo de prisa, me perdonarás tal incordio – se giró con suavidad para hacerle frente a su enemigo – Y dime que te trae por Londres…

- La Temporada ofrece muchas cosas, tal vez quiera una esposa inglesa…

- No quieres nada inglés… ni siquiera la comida inglesa – le dijo y el otro sonrió – Sé honesto por una vez, tus jueguitos nos están cansando a más de uno.

- ¿Jueguitos?... Ahh te refieres a los accidentes, que desafortunado que hayan querido asaltar a tu linda esposa… - la sola mención de Kagome en la conversación hizo tensar a Inuyasha, aquello no pasó desapercibido – Vaya al parecer te molesta hablar de tu esposa, acaso no…

- Ya déjate de tonterías Naraku, di de una vez por todas que quieres

- No apresures las cosas… lo sabrás todo a su debido tiempo…

Ambos hombres guardaron silencio por varios segundos. Finalmente Naraku se dio media vuelta para marcharse, justo en el instante en que Inuyasha se lanzó por él. No lo iba dejar ir tan fácil…

Pero justo en el instante en que se acercó lo suficiente para atraparlo, un grupo de borrachos salió peleando de la cantina, metiéndose en medio de él y Naraku.

- Maldita sea… - masculló cuando uno de los hombres le dio un puñetazo de improviso, uno que él respondió dejando al hombre en el suelo.

- ¿Qué pasó? – preguntó Miroku saliendo del bar con su rostro intacto a diferencia del suyo.

- Se escapó, se metieron en mi camino… - masculló mirando para todos lados, pero el gentío que salía del bar no contribuía con la búsqueda.

- Vamos a casa…

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- ¡Demonios! Lo teníamos y lo dejé escapar – masculló Inuyasha airado mientras Kagome examinaba el cardenal de su mejilla.

- No maldigas y cálmate… Era la primera vez que salían en su búsqueda no esperaban atraparlo ¿o sí? – preguntó Kagome.

- No, pero… Pudimos hacerlo y lo dejé irse y todo por el idiota que me golpeó.

- Creo que está bien, fue solo un rasguño y el cardenal te durará un poco… - le dijo con una sonrisa – Ahora a dormir.

- No debiste esperarme despierta cariño…

- Quería hacerlo…. ¿tienes alguna objeción?

- Jamás – sonrió mientras la abrazaba y la cobijaba con sus brazos.

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- Está información no puede salir de acá… Si llega a oído de Londres, que Dumais está en suelo inglés, las cosas se pueden salir de control – advirtió el duque de Wellington mientras caminaba de un lado a otro en su biblioteca – Ahora tengo una reunión con el Parlamento, hoy en la noche los espero acá, hay cosas que debemos discutir y acciones que tenemos que planear…

- Señor, sería posible que Inuyasha y yo continuáramos investigando, hay que buscar gente que este con Naraku, todos estamos seguros de que solo no vendría – intervino Miroku.

- No tengo ningún problema, pero ya saben, quiero que sean discretos en extremo – repitió el hombre.

- Bien, tenemos información que buscar – dijo Inuyasha cuando subieron a su carruaje y se despidieran de Wellington – Alguna propuesta.

- Creo que los muelles son nuestro punto de partida, por allí entró Dumais

- Crees que haya entrado por un muelle de Londres, de seguro no fue tan tonto…

- Mmmm… tal vez eso es lo que el quiere que pensemos o talvez si lo es… - dijo Miroku – Nada perdemos yendo al sitio, vamos a cambiarnos y vamos a ver un poco…

Los muelles a pleno mediodía, eran un hervidero de personas. Todos iban de acá para allá, esperando por abordar barcos, bajando de ellos. Había mercados, tiendas y tabernas para que los bucaneros se abastecieran, de cualquier tipo de cosa que necesitaran; el bullicio y el olor salado del mar inundaban el sitio de una manera un tanto picaresca.

- Bien, por dónde empezamos – dijo muy optimista el conde.

- No sé, fue tu idea…

- Buenas tardes, ¿buscan un barco para viajar? – un pequeño de no mas de diez años se acercó a ellos – Puedo subirlos a un barco hacia cualquier destino.

- Mmmm no, estamos buscando a alguien…

- También puedo ayudarlo señor, de donde venia la persona, la ubicaré en un santiamén – aseguro el pilluelo.

- En realidad vino hace un tiempo ya, pero quisiéramos donde llegó…

- ¿De dónde venía? – preguntó el pequeño.

- Francia, puede que esté aquí hace un mes o mas…

- Hace un mes… - el niño se quitó la gorra de lana que cubría sus cabellos y se rascó la cabeza como recordando – Para ese tiempo, solo vinieron dos barcos, uno era de unos americanos y venía cargado con miles de cosas, sé que venía de Francia y el otro era de pasajeros, varios franceses, aunque la mayoría eran ingleses… Es mas, si no estoy mal el barco que zarpa hoy en la tarde es el mismo… - dijo apuntando a la gran goleta que estaba encallada a un lado del muelle.

- ¿Es broma, verdad chico?

- No esa es, la recuerdo porque el capitán me dio un par de monedas por…

- Muchas gracias hijo, toma – dijo Inuyasha pasándole una saquito con monedas – Úsalas bien….

- Que suerte… - musitó Miroku mientras se acercaba al barco.

- Su pase de abordaje… - los detuvo un hombre a la entrada del barco.

- Sólo queremos hablar con el capitán…

- Sin pase no pueden subir…

- Mire – exasperado Miroku le pasó varias monedas en una bolsa de tela y este finalmente los dejó pasar.

- ¿Y quién dijo que era el capitán? – preguntó Inuyasha cuando subieron al barco, las personas aunque no muchas, interrumpían lo que hacían.

- Es ese

Ambos se acercaron al hombre ya de edad media, quien daba instrucciones a uno de sus marineros. Cuando los vio acercarse, dejó ir a su hombre y se esperó por ellos.

- Buenas tardes caballeros.

- Capitán sería tan amable de permitirnos unas palabras – el hombre los miró a ambos y asintió señalando hacia un camarote, los tres entraron en la habitación.

- ¿En qué les puedo servir?

- Capitán, estamos buscando a alguien que creemos llegó en su barco en la última parada que usted hizo en este puente… ¿Guarda registros de sus pasajeros?

- Hacemos un recuento de los pases que vendemos, pero a nombre de quién no señor… ¿Ustedes son? – Inuyasha y Miroku se miraron, el segundo asintió.

- Somos agentes de la corona – contestó Inuyasha – El hombre al que buscamos en peligroso capitán y necesitamos saber si viajaba o no con alguien, ¿permitiría que le hiciera unas preguntas?

- Ayudaré en lo que pueda…

- Bien, el hombre que buscamos es un noble francés, alto, cabellos negros, ojos oscuros, tiene una cicatriz de quemadura bastante peculiar en su rostro…

- ¿Una araña?

- Exacto – dijo Inuyasha con una pequeña chispa en su mirada – Sabe de quién le hablo.

- No, pero conversé con el hombre, muy amable y educado, lo recuerdo por eso y su cicatriz en forma de araña… - dijo el hombre – Pero viajaba solo…

- ¿Sabe quién lo recogió en el puerto? – preguntó Miroku con cierta impaciencia.

- No, no lo sé… - dijo el hombre – Pero de seguro alguno de mis hombres pueda ayudarles, hoy en la noche debemos zarpar, así que aprovechen y hagan sus averiguaciones…

A pesar de que interrogaron a gran parte del personal del barco, nadie supo decir con quien se habría ido, todos habían visto a Naraku, pero nadie a su acompañante, a pesar de que todos habían asegurado ver un carruaje llegar por el hombre.

- Lamento que no hayan encontrado respuestas caballeros…

- Muchas gracias, capitán, que tenga un buen viaje – se despidió Miroku por ambos.

- Alguien tuvo que ver con quién iba… - masculló Inuyasha mientras detenían un coche – Ahora me intriga mas su acompañante…

- Bueno tan solo fue el primer día… - le alentó Miroku, ya podremos saber con quien ha estado nuestro querido amigo, paseándose en Londres.

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- Fue imprudente que te quedaras a charlar con Inuyasha… - le regañó como si fuera un niño pequeño, aquello estaba comenzando a irritar al otro.

- No era peligroso sabía lo que hacía – contestó, tratando de ignorar el malestar.

- Siempre sabes lo que haces ¿verdad?, pero un día de estos nos va a costar, deja de hacer tonterías Naraku…. – gritó, finalizando con un golpe en el escritorio, frente al que estaban sentados - ¿Acaso te interesa un poco lo que…

La voz de este fue acallada, cuando el abrecartas que antes estuviera junto a su mano izquierda, ahora estuviera a pocos centímetros de su cuello.

- Me estás cansando ¿sabes?, sé como hago las cosas no soy un niñato – musitó sobriamente antes de dejar el abrecartas sobre el escritorio – Y si tienes miedo de que te descubran, pues eso debiste pensarlo antes de llamarme a mí, es más, debiste de tener eso en cuenta antes de armar el retorcido que plan que tienes, para sacar a tu primo del partido y quedarte con el ducado Lancaster…

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Eso es todo por hoy, ya vimos el primer encuentro entre Inu y el maldito de Naraku, a poco no lo odian?... Ya tendrá su conveniente final! Jajaja…

Trataré de escribir esta semana, me llevaré la laptop conmigo para donde voy y si hay una buena conexión a Internet les publicaré un capitulo extra y una pequeña sorpresita en la que estuve trabajando poquito a poquito… No está terminada, pero si adelantada… Jajaja! Obvio saben a qué me refiero, verdad?

Un beso para todos, descansen y reflexionen en esta semana santa (para los que son católicos, los que no aprovechen y descansen si tienen el tiempo)… Nos leemos! Besos!