Capítulo XXI
Al Doctor
Llegamos al hospital y ya me sentía absolutamente volada de fiebre. Casi no sentía el cuerpo. Edward en ningún instante me dejó sola, me llevó en brazos tal como se acarrean los niños, hasta que finalmente ubicó a su padre, Carlisle.
–¡Carlisle, la fiebre no le baja desde anoche! Intenté con paracetamol inicialmente, pero no baja, y antes de venir la fiebre pasaba los 40º C. Tiene la boca partida y está media deshidratada. No sé que más hacer, no me atrevo a "experimentar" con Bella. Es mejor que le hagan exámenes. Tú sabes que yo sólo tengo la teoría –su voz tenía tono de angustia.
–Está bien hijo, cálmate, la veré enseguida –el doctor-estrella de cine intentó calmar a Edward.
–¿Me puedo quedar cierto?
Carlisle asintió mientras me examinaba. Su piel era tan suave y fría como la de Edward. Lo que alcancé a notar en medio de la sensación de sólo expectante que te da la fiebre alta, fue que eran muy parecidos, incluso podrían haber sido parientes con Edward de verdad, perfectamente. El doctor Cullen era muy seguro y dio orden a la enfermera de desvestirme para aliviar la fiebre. En la camilla del lado había otro paciente, un hombre. Fue cuando Edward le dijo a su padre.
–¿Es necesario desvestirla aquí? –indicó la camilla que estaba a un costado mío.
Noté que Carlisle esbozó una sonrisa y tiernamente le dijo.
–Edward, dudo mucho que la mire, el paciente viene realmente enfermo – volvió a sonreír y continuó.
–Así que ella es Bella ¡Es muy linda Edward!
Mientras yo sentía que estaba en otra dimensión de fiebre, pero alcanzaba a escuchar lo que Edward le decía a Carlisle.
–Además se quejaba que le dolían "los ovarios" ¿Puede ser? –su voz era de confusión.
Carlisle volvió a sonreír.
–Bueno, ese no es un término clínico, pero las mujeres lo usan mucho y como doctor lo vas a oír innumerables veces.
–¿A qué se refiere?
–Ahora veremos, pero lo más probable es que sea por su período.
–¡Uf! Estás cosas de mujeres son algo complejas –parecía confundido.
–Es costumbre … –contestó pausado Carlisle.
Carlisle terminó de examinarme y dio su veredicto.
–No es necesario exámenes hijo. Tiene laringitis. Debe tomar antibióticos y tener reposo de no menos de cuatro días.
–¡Es sólo eso! –Edward parecía impresionado.
–Sí.
–Entonces ¿Cómo no lo pude detectar?
–Porque cuando atendemos a gente cercana perdemos la objetividad –Carlisle fue muy paternal.
–¡Uf! Lo había escuchado, pero nunca pensé que sería para tanto. Y ¿El dolor de los "ovarios"? –puso una cara extraña cuando lo dijo.
Entonces Carlisle se acercó a mí.
–Bella ¿Tomas pastillas anticonceptivas?
–No –en realidad no las tomaba desde que había terminado con Ethan, pero no era momento de entrar en esos detalles.
–¿Nunca has tomado o las dejaste hace poco?
–Mmmm, las dejé de tomar hace cuatro meses más o menos –no estaba segura, la fiebre me confundía la memoria. Noté que Carlisle le dirigió una mirada, que no supe interpretar, a Edward.
–Pero ¿Tus reglas son regulares?
Asentí.
–Y ¿Sabes si se aproxima la fecha?
–Sí, creo que en dos días más o menos.
–Bueno, el dolor es por la llegada de tu período y antes probablemente no sufrías de molestias porque tomabas pastillas –aclaró todo el asunto.
Edward, ayudó a la enfermera a vestirme y luego intentó tomarme en brazos, pero lo detuve.
–No Edward, estoy mejor, gracias –fui muy cortante, no quería que me sacara en andas si me sentía bien.
Cuando íbamos saliendo, fuimos al mesón de la salida a terminar unos trámites y encima, había una ficha. Miré mientras Edward terminaba de conversar con la enfermera y decía.
Nombre: Ethan Campbell
Edad: 22 años
Diagnóstico: Laringitis.
¡Oh, oh! Parece que estaba en problemas. Miré hacia la pared para distraer a Edward, pero él era muy hábil.
Camino a la facultad, Edward me miró fijamente y preguntó.
–¿Te sientes mejor Bella? –había algo extraño en su voz.
–Sí, creo que me bajó la fiebre.
–Quizás… ¿Cómo te contagiaste Bella? –parecía irónico.
No ya estaba frita ¡Lo había visto! Y cómo lo explicaría: no Edward es una coincidencia, era ridículo, Edward no tenía un pelo de tonto, por el contrario, lo más probable es que se hubiese dado cuenta enseguida.
–No sé, tanto bichito dando vueltas –me hice la desentendida, pero el continuó.
–Sí, porque para habértelo pegado, deberías haber tenido contacto directo con la saliva de alguien. No creo que estés compartiendo los vasos con la gente ¿O sí? –ya su ironía le salía por los poros.
–No que me acuerde –ya se estaba acercando el problemón.
–O bien, la otra opción es que te hubieses besado con alguien, y que yo sepa, yo soy inmune a las enfermedades.
–Pero quizás las transportas… –contesté a la defensiva.
–No, tampoco, absolutamente descartado.
Llegamos a la habitación. Edward ordenó mi cama. Me puse pijama y me acosté. Ya me sentía mucho mejor.
–Y Bella ¿Tienes algo que contarme? –sonrió fingido, porque su mandíbula estaba muy apretada.
Reaccioné, sus indirectas ya eran demasiado evidentes.
–¿Qué quieres saber Edward?
Tomó aire e intentó calmarse.
–¿Cuándo tuviste un "encuentro" con tu ex novio? –los celos se lo comían.
–Nunca, por qué…
–Bella, no me mientas.
No sabía como decírselo.
–Fue involuntario –me defendí.
–¿Involuntario? ¿Cómo es eso? –su voz se notaba irritada.
–Así es. No te puedo decir nada más.
–Nada más…, me dejas de ver una semana y vuelves corriendo donde Ethan –sus labios estaba apretados en una línea y la mandíbula estaba muy tensa– No Bella, las cosas así no funcionan –noté que trató de controlar su rabia.
–Edward, de verdad no es lo que estás pensando, pero no quiero discutirlo, además, nosotros tenemos una conversación pendiente ¿Te acuerdas, cierto? –fui muy sarcástica.
Inmediatamente los músculos de su cara se relajaron, pero arrugó el ceño.
–Bella ¿Qué más quieres saber de eso?
–Quiero saber por qué me dejaste…
–Es que fui un estúpido mi vida.
–Pero ¿Qué te pasó?
–Había un secreto que creo que tú no ibas a soportar…
–¿Cuál?
–El día antes de nuestro matrimonio, me enteré que…
–¿Qué te enteraste de qué? ¡Dime! –exigí.
Él estaba muy, pero muy complicado y sé que estaba tratando de buscar las palabras exactas. Sus bellos ojos me pedían perdón.
–Antes de que nuestra relación se "formalizara" te fui infiel y la mujer, quedó embarazada.
–¡¿Quéeeeeeee?! –no lo podía creer.
–Lo siento tanto, pero pensé que si te lo decía en ese momento iba a ser todo mucho peor, no quería que sufrieras con la noticia y resultó todo aún más mal, pero cuando había decidido volver y confesarte todo, porque te amaba más que a mi vida, ya te habías casado.
–Pero Edward… –nunca me hubiese imaginado una actitud así de él.
–¡Perdóname! Yo te amo…
–Todo esto es tan extraño Edward, siento como si te conociera de siempre, pero al mismo tiempo pienso que todo esto es absurdo. No sé que decirte…
Sus ojos eran suplicantes, pero de verdad ¿Qué le podía decir al respecto? Nada, pero si me surgió una duda.
–¿Volverías a hacer algo así nuevamente?
–Por supuesto que no mi amor…, mi vida no sabes cuánto me arrepiento, cada hora a cada minuto.
–Pero ya lo hiciste alguna vez ¿cierto?
–Sí –hizo un gesto de dolor.
–¿No tendrás a otra mujer embarazada por ahí?
–Bella, no puedo tener hijos –su cara era triste.
–¿Seguro? –insistí.
–Bueno, no ciento por ciento, pero es lo más probable.
–Entonces hay una posibilidad…
–No lo creo –fue cortante.
–¿Has tenido muchas mujeres a lo largo de tu vida de vampiro?
–No –no miró a los ojos.
–No te creo…
–Sólo dos, pero nada especial, porque siempre estuve esperando por ti.
–¿Ah Y mientras parece que no te aburrías.
–Bella ¿A qué viene todo esto? Parece que ya no tienes fiebre –estaba molesto.
–Mmmm… es que todo esto que me cuentas me hace dudar de ti.
–Bella, pero si ya sabes todo de mí.
–Es que a veces eres demasiado misterioso Edward, no sé…
–Bella mi amor –se arrodilló al costado de mi cama y me tomó la mano– eres lo más importante para mí, te amo y te amo de verdad, sin ti no volvería a mi infierno personal.
–Y ¿Qué hacías antes de que yo apareciera?
–Te esperaba…
–Seguro –dije bajito.
–Seguro –lo afirmó.
–Bueno y si estamos con ese tipo de preguntas… –clavo sus bellos ojos ocres en mí.
–Pregúntame no tengo nada que esconder -¡Ups! Inmediatamente me arrepentí de lo que había dicho.
–¿En serio? –enarcó una de sus bellas cejas broncíneas y torció sus labios en una sonrisa.
–Sí –ya no estaba tan segura, pero no me podía retractar.
–Entonces… ¿Con cuántos has estado tú?
Me ruboricé de rabia y vergüenza ¡Estúpido! ¡Cómo me hacía esa pregunta si sabía la respuesta! Dudé en contestar, pero finalmente lo dije.
–Dos.
–¿Dos? –hizo un ruido como si fuese risa, pero en realidad era rabia.
–Sí, tú lo sabías ¿Cierto? ¿Para qué me preguntaste entonces?
–No sé…, obviamente el "otro" es tu Ethan –fue irónico.
–Sí ¿Hay alguno problema con eso? –fui desafiante.
No me contestó de inmediato. Se sentó en la orilla de mi cama y me acercó hacia él por la cintura. Posó sus labios gélidos en mi cuello, humedeciendo mi piel, mientras su mano la pasó por debajo del pantalón de mi pijama. Me besó apasionadamente y luego me susurró al oído.
–Y esto ¿También lo hacía Ethan?
Su hálito frío me hizo estremecer y sus besos dulces e irónicamente fogosos me hicieron sucumbir a sus encantos de amante clandestino.
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