CAPÍTULO 19

PARÍS, 2029

París, 2029

Edward nunca se había sentido tan estúpido. La ciudad estaba oscura, pero no era eso lo que le preocupaba. Lo que realmente provocaba la tensión en el vampiro era el motivo por el que había acudido a la capital parisina: un mensaje en su teléfono móvil que decía que algo que él quería se encontraba en aquella ciudad.

Caminó mientras maldecía a Alice por haberlo convencido de hacer caso del mensaje. Esta sabía lo que ocurriría, pero a pesar de eso, Edward no estaba tranquilo. Últimamente, Alice adoraba pasar tiempo con Emmett, y este había inculcado su amor por las bromas en su hermana. Por lo tanto, no podía fiarse de ella.

Llegó a una hermosa casa de piedra blanca de dos pisos. Una de las ventanas del piso superior estaba abierta, y una hermosa melodía de piano se escuchaba desde ahí. Había varias luces encendidas. Edward podría fácilmente entrar en la casa por la ventana, pero prefería llamar a la puerta. Quería aparentar ser un humano normal, y saltar hasta la ventana y allanar una casa no era el mejor modo de hacerlo.

Llamó al timbre, y escuchó a alguien en el interior de la casa apagar la televisión y levantarse del sofá. La puerta se abrió segundos después, y un joven francés apareció frente a Edward. Era un chico bastante guapo, de amables ojos oscuros y cabello rubio bastante corto. Llevaba una camisa con la corbata desatada, y unos pantalones de pinzas, aunque llevaba unas graciosas zapatillas con forma de perro que lo hacían parecer un niño.

- Oui?-preguntó, extrañado.

- Je m'appelle Edward. Je cherche…

- Tu es ami de ma femme?

- Oui-respondió Edward, sin estar muy seguro de cuál era la respuesta correcta.

- Je lui appellerai. Attendez ici.

Edward asintió. Así que tenía que conocer a la esposa de aquel chico. Probablemente sería la persona que tocaba el piano. A pesar de no necesitarlo, se apoyó contra la pared, y pensó en que había sido una tontería ir ahí. Debería haberse quedado en casa, y no hacer caso de un mensaje anónimo, que bien podía ser una broma de sus hermanos.

Estuvo a punto de dar la vuelta, pero unos ligeros pasos en la escalera se lo impidieron. Habría reconocido esos pasos en cualquier lugar. Había soñado despierto con ellos durante casi treinta años. Levantó la vista, y la vio.

Estaba diferente. Llevaba un corte de pelo moderno, y maquillaje suave, que resaltaba su mirada. Iba vestida con ropa cómoda, vaqueros y una camisola, pero parecía recién salida de una película. Tenía un tono de piel mucho más saludable, como si hubiera estado una temporada en la playa, y sus mejillas estaban sonrosadas. Estaba boquiabierta después de ver al vampiro.

- Edward.

- Bella.


Bruselas, Bélgica

Dos años antes

Bella se despertó en una cama desconocida, mucho más incómoda que la mullida cama que desde hacía cinco años compartía con Apolo. Abrió los ojos, y vio que estaba en una pequeña habitación oscura, con una sola ventana que daba a una ruidosa carretera. Bella se levantó, y observó la habitación. Era una pequeña habitación con suelos de madera oscura y papel de pared hortera. Había una sola puerta en la sala, pero desde su posición la chica pudo ver que estaba cerrada. Había un pequeño baúl cerrado con un candado, y sobre él estaba la túnica blanca que Bella había estado llevando.

Entonces se dio cuenta de que alguien había cambiado su ropa, y que le había puesto un camisón que parecía salido del siglo pasado. Su pelo había sido recogido en un moño, y alguien le había quitado el maquillaje, así como las joyas. Temerosa de que le hubieran robado, la chica se levantó en silencio y, en total silencio, intentó abrir la puerta. Dada su fuerza, aquello no debería haber supuesto ningún problema, pero Bella descubrió que no podía abrirla, y, demasiado tarde, se percató de que había estado haciendo mucho ruido.

Quiso salir con la ventana, sin encontrar explicación para su reciente temor, pero esta tenía varios barrotes que eran imposibles de romper. Entonces, intentando calmarse, decidió cambiarse de ropa. Aquel camisón hacía que se sintiera incómoda, e indefensa. Pero, cuando fue a coger su túnica y la ropa interior, la puerta se abrió.

Toda la tensión desapareció al ver quien había abierto la puerta. Era un chico que ella conocía desde hacía tiempo. Su oscuro pelo y sus irónicos ojos verdes estuvieron a punto de hacerla sonreír.

- ¿Tanto miedo doy que has estado a punto de salir por una ventana por la que ni un niño cabría? La verdad, Bella, esperaba más coraje de tu parte.

- Cole-susurró la chica, mientras que el aludido sonreía y llevaba sus dos manos a su espalda.


- ¿Qué ha ocurrido?-preguntó Bella cuando ambos se hubieron sentado en la sala de aquella no muy grande casa en la que Bella había despertado. Una mujer de unos cuarenta años les había servido té, y un joven se había asegurado de que todo en la sala estaba perfectamente ordenado-. ¿Dónde estamos?

- No recuerdas nada, ¿verdad?-preguntó Cole con expresión apesadumbrada, y tomó un sorbo de su té. No le gustó, por lo que volvió a dejarlo en la mesa-. Hay problemas en el Olimpo, Bella. Una guerra civil. Por lo visto, y aunque parezca increíble, todos los dioses no odiaban a Hera, y se han revelado con Afrodita y Apolo. Zeus sigue manteniéndose neutro, pero ayudándolos en secreto.

- ¿Y Apolo me ha abandonado?-preguntó la chica, esperando sentirse decepcionada. No lo hizo, y se percató por primera vez que no estaba bajo el control de Apolo.

- No. Te está protegiendo. Vamos a vivir en París, Bella, hasta que esto termine. Vas a fingir ser una persona normal, y vas a casarte con Sebastian-explicó el chico, señalando al joven que seguía rondando por la habitación.

- ¿Que voy a qué?-exclamó Bella, levantándose y derramando accidentalmente la taza de Cole, que todavía estaba en la mesa-. ¿Y Edward?

- Los Cullen estarán a salvo mientras que tú no estés con ellos. Por favor, Bella. Sólo por un tiempo.

Bella se quedó en silencio. Realmente, eso era lo único que le importaba. Tenía que protegerlos, no sólo a Edward, sino también a sus nuevos amigos. Incluso quería salvar a Alec. Miró a Cole, y este comprendió que la chica había aceptado. Le dijo lo que habían hablado a Sebastian y a la mujer, que resultó ser la futura suegra de Bella, Sandrine. Sebastian se acercó a Bella, y ella empezó a hablar con él, intentando conocer a su "novio". Le pareció que era un muchacho agradable. Pero nada más. Ella sólo podía pensar en Edward.

"Más te vale cuidarte…" se dijo Bella, como si el vampiro pudiera escucharla.


París, 2029

- ¿Sólo te casaste con él para protegerme?-preguntó Edward, algo sorprendido. Bella se había tomado su tiempo para contarle todo a Edward, mientras que un incómodo Sebastian deambulaba por la casa, sin saber qué hacer y extremadamente atemorizado por el vampiro, que sentía una punzada de celos cada vez que Bella le sonreía-. No deberías haberte casado.

- Lo sé. Pero no podía arriesgarme. Hay dioses que te querían muerto, Edward. Muchos todavía te siguen queriendo. Pero ahora estamos seguros.

- ¿Por qué?

- Estuve hablando con Apolo hace unos días. Los dioses que se revelaron contra él y Afrodita se han dado cuenta de que los superan en número y en preparación. Se han comprometido a tratar el problema de manera diplomática. Y si Apolo les cree, yo les creo.

- Apolo habló conmigo, hace años. Me contó que te estaba enseñando mucho, y que eras capaz de hablar en rumano y en japonés, y que aprendiste a tocar el violín…

- Sí, y ahora también puedo hablar en chino, francés, alemán, español, italiano y ruso. Y puedo tocar el piano y la trompeta. No ha sido totalmente inútil, Edward. He aprendido mucho. Ese maldito dios es bueno.

- Vuelve conmigo-susurró Edward, casi esperando que ella no lo escuchara. Eso era lo único que había querido decirle desde el primer momento, en el que la había visto bajando las escaleras. Pero sentía que era un egoísta pidiéndoselo.

- Lo haré. Pero Sebastian y su madre vienen conmigo.

- ¿Por qué?-preguntó el vampiro, con la voz más cortante de lo que esperaba.

- Son mis amigos. Y ahora están en peligro. Son simples humanos, Edward, y no voy a arriesgarme a que mueran en una estúpida guerra de gente que no puede morir.

- Exijo algo-dijo Edward, y Bella supo exactamente qué era. Se giró hacia Sebastian, y con una inclinación de la cabeza, este comprendió lo que su esposa quería-. ¿A dónde va?

- A por los papeles del divorcio. Eso es lo que querías. Los tenemos preparados desde el segundo día de casados, Edward.

- Gracias.

- ¿Y a mí no vas a agradecerme? Yo fui quien la convenció de no sentenciarte a muerte-susurró una voz desde la puerta que llevaba al vestíbulo.

Ambos se giraron, y vieron a Cole. Este, para sorpresa de Bella, había madurado mucho durante sus años con Afrodita, y había conocido a la única chica que le había hecho perder la cabeza: una sierva llamada Isabelle, que Afrodita había liberado a propósito. La chica era más vieja que Cole y que Bella juntos, incluso más que Edward. Había vivido en el siglo dieciocho, y había muerto a causa de una misteriosa enfermedad. Era una mujer alta, de pelo y ojos negros como el azabache. Era muy seria, lo que había desconcertado a Bella en un principio. No comprendía como Cole había podido fijarse en ella.

- Claro que no va a agradecerte nada, idiota. ¿Le enviaste un maldito mensaje al móvil?

- No fui yo, Bella. A mí no me gustan los reencuentros. Conllevan demasiado romanticismo.

- ¿Entonces quién…-comenzó a decir Bella, y se volvió hacia su marido, que acababa de volver a la habitación-. ¿Fuiste tú?-le preguntó en inglés, y Edward los miró asombrados. Pensaba que el chico no hablaba inglés.

- Sí. No hay más peligro, Bella. Apolo se puso en contacto conmigo y me lo dijo-hablaba con un delicado acento, a pesar de no parecer del todo cómodo hablando en un idioma que no fuera el suyo.

- ¿Y por qué no me lo dijiste?

- Las sorpresas no se cuentan. Dejan de serlo.


Cuando volvieron a la nueva casa de los Cullen en Whitehorse, al norte de Canadá, los recibieron con gran alegría. Alice y Rosalie se lanzaron sobre Bella e intentaron ahogarla en un gran abrazo. Emmett y Caroline, que acababa de llegar de un largo viaje con Jordan, se acercaron a Cole, con intención de conocer a la seria y hermosa mujer que se encontraba a su lado. Los demás fueron más comedidos, pero aun así, tardaron varios minutos en haberse saludado.

Sebastian y Sandrine se quedaron en un hotel en Dawson City, un pueblo no muy lejano, hasta que Bella les encontrara una casa apropiada para ambos no muy lejos de la de los Cullen. A pesar de comprobar que era un amable chico, Edward no podía evitar que todas sus miradas hacia el ex-marido de Bella estuvieran cargadas de celos, por lo que este se había negado rotundamente a acudir a casa de los Cullen.

- ¿Y Jacob?-preguntó Bella, queriendo saber dónde se encontraba su mejor amigo.

- Se imprimó, el muy hijo de…-dijo Alec, pero interrumpió el insulto gracias a un golpe que su esposa le dio-. De mi hermana. Y ahora ambos viven en Londres. Son padres de veinte niños y tienen dos perros y un gato.

- Eso es totalmente falso-corrigió Renesmme-. Alec tiene muchos sobrinos, pero no tantos. Sólo son cinco.

- ¡¿Sólo?! Es mi hermana pequeña.

- Tiene más años que tú.

- Eso no es cierto. Yo nací antes que ella.

- Sí, pero ella tiene treinta y cinco. Y tú dieciséis. Dios mío. Estoy casada con un menor.

- También soy más mayor que tú.


- Tengo algo que contarte-dijo Bella, cuando Edward y ella llegaron al prado. Habían abandonado la casa de los Cullen mientras que Renesmee y Alec seguían discutiendo sobre quién era más mayor-. Apolo me ha dado algo. O al menos, eso dice Cole.

- ¿Qué te ha dado?

- Fertilidad.

Edward se quedó perplejo. Ni siquiera había pensado que su novia no fuera fértil en ningún momento, pero allí estaba ella, diciendo que se la habían devuelto. Aun así, no supo por qué se lo estaba contando. Él era el que no podía tener hijos.

- Sé lo que estás pensando. Pero no es cierto. Se dice que vosotros, monstruos demoníacos, no podéis procrear porque no podéis cambiar. Pero los hombres no necesitan ningún cambio anatómico para ser padres. Las vampiras no pueden procrear, pero sí los vampiros.

- ¿Y tú…-preguntó el vampiro, inseguro. No quería sonar esperanzado, pero él no era joven, y en su época, a su edad ya pensaba en casarse y formar una familia- quieres ser madre?

- No soy una niña, Edward. Tengo 41 años, dios, esos son demasiados. Y ya he pasado por un primer matrimonio infructuoso. ¿Por qué no querría ser madre?

- Porque sigues teniendo un cuerpo adolescente.

- Mi instinto maternal despertó a los dieciséis, con mis primos pequeños. Cuidarlos me hizo pensar.

- Y entonces…

- Entonces, querido futuro marido dos, a pesar de que no te me hayas declarado, más te vale que lo intentes, porque quiero ganar a Jacob y a la hermana de tu cuñado.


¿Qué os ha parecido este capítulo? Ya sólo queda uno más. ¿Creéis que Bella y Edward ganarán realmente a Jane y Jacob?

Quiero agradecer a todo el que me dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que llegan.

Espero que os haya gustado este capítulo. El siguiente se llamará: "E...". Creo que vais a tener que adivinarlo. PISTA: es un nombre de mujer.

Nos vemos =)