FANTASMAS DEL CREPÚSCULO
Puede escucharlo en las voces de los presentes en la sala del consejo, el miedo, la preocupación, el enojo… Siente que ha estado sentado allí, en su lugar al lado de su padre por lo que parece una eternidad.
Saben todo lo que ha sucedido, cómo uno de los suyos los ha traicionado, cómo el traidor casi muere a manos de la Marquesa de Azureia, un acto de supervivencia había alegado el Maestre de Bendis, y nadie en la sala se había atrevido a contradecirlo, porque ninguno se atrevía a pensar que fuera de otra manera, pero esa mirada llena del fuego de la ira y el dolor quedó grabada en la mente de Kuon, él lo sabía, lo había visto, no, no fue un acto de supervivencia, fue un acto de simple y atroz violencia para saciar la sed de sangre.
Trata de despejar sus pensamientos, habrá otro momento y lugar para dejar su mente divagar, su atención regresa a la mesa donde se sientan cinco de los siete miembros del Alto Consejo.
—La seguridad ha sido reforzada —habló Koketsu—, también se han enviado dos grupos a peinar las cercanías del lugar del ataque y ordenado doble guardia frente a los aposentos de la Marquesa.
—¿Estarán bien Lady Kyoko y Thomas? —preguntó Kuu, notoriamente cansado, al maestre Ogata.
—Lady Kyoko se encuentra bajo la influencia de un poderoso conjuro de sueño de Su Alteza Shotaro, no parece haber ninguna otra circunstancia afectándola, pero no sabremos con seguridad su condición hasta que despierte. En cuanto al muchacho —hizo una pausa—, es difícil de decir, hemos hecho todo lo posible, pero algunos daños son… terribles, irreversibles, pero vivirá.
—Pobre muchacho, ¿cómo pudieron usarlo de esa manera? —intervino la voz tranquila de la mujer encapuchada sentada al lado derecho del Maestre de Bendis.
—Nadie debería pasar jamás por lo que pasó Thomas —agregó Julienna con pesadumbre—, pero —dijo y su semblante se tornó serio—, el crimen sea cual sea su naturaleza debe ser castigado con severidad.
—Será castigado y condenado —confirmó Kuu—, pero no sin antes realizar una justa consideración de las circunstancias envueltas —y luego dirigiéndose a la mujer encapuchada preguntó—, ¿tienes alguna información de con quién estamos lidiando, Milady?
Kuon no puede evitar cierta desconfianza hacia la figura a la que se dirige su padre, en los pocos años que lleva haciendo parte del consejo, puede contar con un puño las veces que ha visto su encapuchada figura asistir a las sesiones.
—Así es, Su Majestad. Es un grupo que hace trabajos por encargo para aquellos que lo pueden pagar. La naturaleza de estos trabajos es, como debéis haber supuesto, criminal. No mucho he podido obtener sobre sus miembros, incluso con sus clientes suelen ser altamente reservados. Lo que sí os puedo decir es que poseen extraordinarias y temibles habilidades mágicas.
—Entonces, ¿alguien ha puesto un precio sobre la cabeza de Lady Kyoko? —preguntó Ogata confundido.
—Me temo que el caso de Lady Kyoko es diferente, según los rumores, parece que el líder de este grupo tiene algún tipo de cuenta pendiente con ella.
—Eso es imposible —dijo Lory exaltado—, ¿cómo podría Kyoko tener cuentas pendientes con esa persona?
—Su nombre —intervino Kuon por primera vez desde que la reunión había comenzado—, ¿cuál es su nombre?
—Reino, creo que antes se le conocía como Rei no otoko, y su grupo se hace llamar Vie Ghoul.
Kuon descarga el puño en la mesa y maldice antes de proceder a explicar.
—Hace cinco años, en el festival de otoño, él estaba entre los atacantes, era su hechicero, fue él quien trató de asesinarme...
—Pero Kyoko lo detuvo —interrumpió Lory.
—Así que busca venganza —comentó Julie pensativa—, pero, ¿por qué después de tantos años?
—No lo sé, pero no creo que sea tan simple.
…
Han sido horas largas e imposibles, pero finalmente camina con el maestre Ogata a la habitación donde descansa Kyoko. Sabe que no está sola, pero prefiere estar a su lado.
Los guardias que ha apostado Koketsu en la entrada, les abren el paso. Kuon no puede evitar mirar a las dos personas en la habitación, una colocando gruesos brazaletes dorados alrededor de las muñecas y tobillos de Kyoko, el otro, su primo, interpretando una dulce melodía con su cítara.
Su primo, Shotaro Fuwa, III Príncipe de Apis, I Duque de Vethgreen, tercero en la línea de sucesión al trono de Apis después de su primo Abel y de su padre. Hijo de la hermana mayor de su madre. Habían entrenado y estudiado codo a codo durante su estadía en Akali. Y desde entonces se habían encontrado en un par de ocasiones, sin embargo, no podía evitar preguntarse si su aparición era más que una simple casualidad.
Mira a Kyoko dormir tranquilamente en la cama, mientras Lady Kanae sigue colocando los brazaletes. Sho deja la cítara y se coloca del lado izquierdo de la cama. Ogata levanta una mano sobre el brazalete de la muñeca derecha y Sho al de la izquierda, los dos cierran los ojos, para realizar el conjuro, pero Kuon los interrumpe.
—¿Es esto realmente necesario? —pregunta aunque muy dentro sabe la respuesta.
La delicada voz de Ogata es la que le responde.
—Es por su seguridad y la nuestra, Alteza. No podemos estar seguros de cómo los eventos han afectado el… —Ogata volteó a mirar a Kanae y pareció dudar por un momento—, control de la magia de Lady Kyoko.
—¿Qué no me estáis diciendo? —preguntó Kuon con los puños prietos en los costados.
Ogata y Kanae guardan silencio. Es finalmente Sho, quien lo rompe.
—Jeeez, ellos no creen que sea un problema de control, están preocupados por la alta probabilidad de que su magia haya cambiado de naturaleza.
—Es suficiente, Su Alteza, no podemos decirlo con seguridad—interrumpió Ogata a su ex-aprendiz.
—Déjelo hablar, maestre —ordenó Kuon severo.
—¿No te dijeron o sí? —habló con una mueca de disgusto mirando a los otros dos en la habitación—, lo que ella usó anoche son hechizos malditos, magia de las señoras oscuras, magia maldita, perdida… Y única de las de su especie.
—¿Cómo es posible?
—Lo explicaremos con detalle más adelante, Su Alteza —respondió Ogata imponiendo su presencia—, pero ahora lo importante es asegurarnos de tomar todas las medidas posibles para hacer frente a cualquier resultado. Lo primero es activar los limitadores de su magia.
Sho respondió con un asentimiento de cabeza.
Kuon vio sin poder hacer nada cómo Sho y el maestre Ogata dibujaban runas mágicas en los brazaletes de muñecas y tobillos. Gotas de sudor se forman en la frente de Ogata y la mano derecha de Sho tiembla violentamente. Una vez terminado el ritual Sho se deja caer en un sillón cercano.
—¿Será suficiente para contenerla? —pregunta masajeándose el brazo derecho sin retirarse los guantes.
Ogata observa el cuerpo en la cama y con un gesto preocupado poco común en él responde:
—Deberá serlo.
Debes apresurarte, María.
…
Sho sale de la habitación y finalmente sabiéndose solo se recuesta contra la pared apretando con fuerza su brazo derecho mientras vocifera una maldición, tarde se da cuenta que ya no está solo en el pasillo. El suave sonido de la tela de la túnica contra el piso anuncia la presencia del maestre.
—Ven conmigo.
Sho se deja caer pesadamente en una de las butacas del pequeño salón lleno de libros, viales, cristales y reliquias mágicas.
Ogata camina hacia él con un par de cristales en las manos.
—Déjame verlo —Shotaro hace una mueca de fastidio, pero hace lo que el maestre le pide. Se remueve el guante derecho, remanga su camisa hasta la altura del codo y aparta la mirada.
—Tendrá que disculpar a Lady Kyoko, Su Alteza, su magia puede ser inestable —dice mientras trata la piel quemada—, pero nunca había visto una reacción como esta, quizás tiene que ver con…
—No me diga —respondió con sorna—. Aunque —dijo cambiando el rumbo de la conversación— no puedo evitar preguntarme cómo tía Julie y el viejo león se permiten tener a alguien tan peligroso al lado de su único heredero.
—Con todo su respeto, Alteza, usted no conoce a Lady Kyoko. Las circunstancias de vuestro primer encuentro han sido desafortunadas, pero Lady Kyoko es una señorita ejemplar.
Sho chasquea la lengua antes de hablar.
—Todos siguen diciendo lo mismo, que no la conozco, y puede que tengan razón, pero usted ha visto lo que le hizo a ese muchacho, si vive, su vida será un tormento.
—…
Sho supo que había dado en el clavo.
—Lo más noble hubiese sido dejarlo morir —dijo apartándose un mechón de su rubio cabello de la cara.
—Nunca lo sabremos.
Ogata examina el brazo y habla con preocupación.
—¿Hasta dónde han avanzado? —pregunta examinando los patrones de líneas negras que ascienden desde la mano del joven príncipe hasta perderse bajo su ropa.
—Poco más arriba del hombro.
—¿Les has dicho? —inquiere mientras trabaja en la carne ligeramente quemada alrededor de los patrones que se extienden por su brazo.
Sho chasquea la lengua.
—¿Qué se supone que diga? Madre, ves estos bonitos patrones en mi piel, cuando alcancen mi corazón, será el final. Por cierto, es gracias a ti y tu ansia de poder —Sho hizo una mueca
El silencio se apoderó de la habitación por los siguientes minutos hasta que finalmente Ogata lo rompió.
—¿Por qué estás aquí, Alteza?
—Es aburrido ser el III Príncipe de Apis —dijo con una sonrisa gatuna—, y yo solo quiero un poco de diversión antes que estas —dijo mostrando las marcas de su brazo— me maten. Además escuché que las mujeres de Aeniriam son muy apasionadas… Aunque con todo el este fiasco de la famosa Lady Kyoko no he podido tomar ni un trago.
—Debería tomarse las cosas más en serio, Alteza —menciona Ogata negando con la cabeza.
—La seriedad no está dentro de tus prioridades —dice Sho y su semblante se torna sombrío—, no cuando tienes una sentencia de muerte sobre tu cabeza.
…
—¿Te importa si me uno? —dijo Kuon tomando la jarra con el vino, mientras despachaba a los sirvientes.
—En lo absoluto, estoy seguro de que lo necesitas, aunque, no más que yo —agregó con una sonrisa socarrona—, pero sí que la necesitas, Kuon.
Kuon se dejó caer con pesadez en el sillón y tomó el contenido de la copa de un trago.
—Creo que no te he agradecido apropiadamente por lo de la otra noche, primo.
Sho levantó una ceja cuestionadora y Kuon resopló.
—Por todo lo que has hecho, ¿quieres que los enumere uno por uno?
—Eso sería muy interesante —la sonrisa taimada presente en su rostro.
—Suéñalo.
Sho mordisquea uno de los quesos que está en la bandeja junto al vino.
—Si esperas que te diga que fue un placer, o que estoy para servirte, estás seriamente equivocado, primo.
—¿Alguna vez tomas algo en serio, Sho?
—Por supuesto, tomo muy enserio a las mujeres… Y el vino, si has de saber —dijo fingiéndose herido por las palabras de su primo. Kuon no pudo evitar reír.
El sol se ponía en el horizonte cuando Kuon por fin se atrevió a compartir su miedo más profundo.
—¿Qué crees que pase con ella?
—¿Con tu novia? Como dijo el maestre, no podemos estar seguros.
—Ella no es… —Kuon respiró profundo y se enfocó en lo importante—, quiero saber tu opinión, Sho.
—Si hubiese terminado de asesinar al muchacho, la persona que dices conocer se hubiese perdido consumida por la oscuridad, esa implacable sed de sangre, esa locura —pausó y pensó en la última vez que vio algo similar, tomó un trago de su copa—. Supongo que lo sabes, la magia no es buena ni mala, su naturaleza la definen los sentimientos, las acciones.
Kuon asintió y Sho continuó.
—Ahora depende de ella, no creo que haya cambiado completamente, pero estoy seguro que habrá secuelas.
—¿Secuelas?
—Una vez has sido tocado por la oscuridad, la mancha queda.
—Necesito pedirte un favor.
—Ya te lo he dicho, no estoy a las órdenes de nadie.
—Hay un límite a lo que puedo hacer por ella cuando se trata de su magia —dijo empuñando el mango de la espada recordando lo inútil que fue esa noche—, y no sabemos lo que suceda cuando despierte.
Sho rodó los ojos.
—Quieres que me quede con ella.
—Sí —respondió sin rodeos—, Lady Kanae también estará allí.
—Te has vuelto descuidado, Kuon.
—¿Perdón?
—¿Hace cuánto tiempo no nos veíamos, primo? ¿Años?, por todo lo que sabes podría estar detrás de la cabeza de tu mujercita —Kuon apretó los dientes, pero Sho continuó—. Todo lo que sucedió esa noche puede ser una treta para ganarme tu confianza, ¿cómo puedes estar seguro de que mi intención no es jugar con la cabeza de Lady Kyoko hasta que se rinda a la oscuridad? ¿Siquiera sabes quién es realmente la marquesa? ¿Lo peligrosa que es?
—…
—No lo sabes —sentenció levantándose de su asiento—. Dejar que tus acciones sean determinadas por tus sentimientos, no te puedes permitir ese lujo, primo, te matará… Y Kuon —dijo antes de salir de la habitación—, no soy niñera de nadie.
…
Dejó escapar otra maldición cuando su tiro falló el ciervo. Era la cuarta vez en lo que iba de la mañana.
El sirviente se sobresalta cuando Sho tira el arco al suelo.
—Lleva eso de regreso al palacio —dijo antes de espolear su caballo en dirección contraria y galopar a toda velocidad.
Galopa con el viento golpeándole con fuerza la cara, haciéndolo sentir vivo, finalmente se detiene al pie de un arroyo para dar de beber a su caballo. La mirada atormentada de su primo aparece en su mente, deja escapar una maldición más. Lo que le hacía falta era una mujer, regresaría al palacio y luego iría al pueblo a encontrar alguna.
Siente su mano arder y se permite quitarse los guantes, solo y lejos de toda civilización no corre el riesgo que nadie más vea las marcas de su maldición, sus dedos trazan las cicatrices aún enrojecidas, podría jurar que las marcas parecen más delgadas, pero no es más que un estúpido anhelo de su mente. Sus pensamientos viajan a Lady Kyoko, tan parecida a aquella mujer, aprieta la mandíbula tratando de no pensar en ello, ¿qué es tan especial sobre ella que todos se rehúsan a creer que sea capaz de destruir, destrozar y matar por el simple placer de hacerlo? ¿Cómo podía ser tan poderosa?
Camina por los jardines posteriores después de dejar a Aki a cargo del chico de los establos, cuando se encuentra con el Conde de Lovery.
—Su Alteza —saluda el conde.
Sho hace un asentimiento con la cabeza.
—¿Dónde está mi primo?
—Ha sido convocado a una reunión con Su Majestad, el rey.
—Ya veo. ¿Qué hay de la chica? ¿Ha despertado?
—Todavía no.
—¿Quién está con ella ahora?
Yashiro lo examina críticamente.
—Ahora mismo está con una de sus doncellas. Su dama de compañía, Lady Kanae no debe tardar en regresar, estuvo con ella toda la noche.
—Ya veo.
—Me disponía a visitarla, para dar un informe de su estado a Su Alteza Kuon.
—Vamos.
Si al Conde de Lovery le sorprendieron las palabras del joven príncipe no dijo nada.
Caminaron el silencio hacia la torre este del castillo, donde se encontraban las habitaciones de Lady Kyoko.
—¿Asuna? —llamó Yashiro.
—Su Alteza, Ilustrísimo —respondió con una cortesía mientras un leve sonrojo teñía sus mejillas al ver al príncipe.
—¿Qué hace aquí? —preguntó Yashiro con tono severo—. Se supone que no deje el lado de Lady Kyoko.
—Sí, lo sé, su ilustrísimo, pero fui a buscar agua y paños, ella ha empezado a arder en fiebre. Ya avisé a uno de los guardias para que buscara al maestre, como me ordenaron.
—Eso es bueno, Asuna, muchas gracias —dijo Yashiro con una sonrisa amable—, pero no es bueno dejarla sola. ¿Vamos?
Shotaro supo que algo no estaba bien tan pronto como al terminar de ascender las escaleras llegaron al pasillo. Podía sentir la presión mágica.
—Algo va mal… —dijo Sho desenvainando su espada.
Yashiro imitó su acción al ver los cuerpos de los guardias que normalmente estarían apostados a la entrada de las habitaciones de Lady Kyoko desmadejados en el piso.
—Asuna —habló Yashiro calmadamente—, vuelve y asegúrate de dar la señal de alarma.
Caminaron hasta la altura de la entrada de la habitación y fue hasta entonces que notó los hilillos de humo escapando por debajo de la puerta. La presión mágica era terrible, tenía serias dudas de que se tratara de un ataque exterior, pero si la causante era ella, como suponía, habían subestimado, por mucho, su poder. La respiración trabajosa del conde lo hace voltearse.
—Tenn' máravë —recitó señalando el pecho de Yashiro—. Será mejor que no te muevas, si no quieres pasar un muy mal rato, ese hechizo solo te ayuda un poco, los humanos normales no son muy buenos resistiendo este tipo de presión mágica —dijo señalando a los guardias.
—Él… Ella —trató de hablar en balde el conde.
—Sí, sí, ya lo sé —dijo haciendo una seña con la mano como la que se le hacía a los niños para que dejaran de molestar—, tú mejor descansa. Lo que no sirve, que no estorbe.
Sujetó el pomo de la puerta y así como lo agarró lo soltó entre maldiciones.
—Así que quieres jugar rudo. Pânta Sä —recitó y la puerta estalló en pedazos.
La vista que lo recibió estaba lejos de cualquier cosa que jamás pudiese haber imaginado. Todo, absolutamente todo estaba envuelto por las llamas ardientes, calcinantes e incandescentes. Es abrazado por la imperiosa necesidad de alejarse, ha visto esto antes, ¿una memoria, un sueño quizás? No tiene tiempo para tonterías.
Sus ojos vuelven a trazar lo que debería ser la habitación y que ahora se asemeja más a una hoguera en noche de verano. No hay nadie allí, solo el cuerpo de la chica en la cama. Ella lo estaba causando. Chasquea la lengua mientras trata de encontrar una ruta para alcanzarla, tiene que detenerla o tendrán problemas más grandes que unas bonitas habitaciones reducidas a cenizas.
Lo que alguna vez fueran muebles de la habitación levitan por todo el cuarto envueltos en llamas, cual antorchas flotantes. Invoca todos los hechizos de protección de los que es capaz y da un primer paso en la habitación, el calor es sofocante, la necesidad de rendirse ante la presión de la magia abrumadora. Siente los muros de piedra temblar, los vidrios de los ventanales vibrar. Un jarrón de flores ardientes estalla a su derecha, pero sus ojos están clavados en la figura que se retuerce en agonía entre sabanas, el antiguo dosel de la cama ahora convertido en impresionantes lenguas de fuego que parecen custodiarla. Necesita acercarse a ella si espera poder hacer algo, da un paso tras otro, pero la magia de ella, aun en estado inconsciente parece empeñada en "protegerla". Los muebles se convierten en proyectiles, un trozo de vidrio incluso se incrusta en su hombro, pero no se compara con el dolor agónico en su mano y brazo, las malditas marcas queman como hierro caliente contra su piel, chamuscan la carne.
—Maldita sea —maldice en un siseo.
—No, no, no —escucha gritar entre sueños a Lady Kyoko, pero sus súplicas son seguidas por un tenebroso y repentino silencio, su cuerpo totalmente inmóvil en la cama y por un momento todo se detiene. La calma antes de la tormenta. Toda presión necesita ser liberada.
—Mierda —grita Sho antes de lanzarse al piso.
Y la habitación estalla, los vidrios de las ventanas explotan y las lenguas de fuego escapan, lamiendo más vivas los muros exteriores de la torre, toda la habitación tiembla, grandes pedazos de cristal caen aleatoriamente, el lugar cruje, amenazando con desplomarse en cualquier momento. Escucha gritos lejanos y las campanas repicar con fuerza, se levanta como puede, tratando de ignorar el dolor. Finalmente logra alcanzarla en la cama y mira hacia la puerta con la esperanza de que el maestre haya llegado, no podrá hacer esto él solo, no sin…, pero no habías señales de él, solo de la inútil mano derecha de su primo mirando desde la puerta con una expresión de pánico.
Ve el rosto de Kyoko contorsionarse, las lágrimas que escapan de sus ojos cerrados, los gemidos lastimeros y agonizantes y recuerda, recuerda su propia agonía.
Esto es estúpido, realmente estúpido, no la conoce, no le importa, no tiene nada que ver con él. Y sin embargo…
Se quita los guantes con violencia y mira una última vez hacia la puerta. Maldita sea, se iba a arrepentir de esto. Se arrodilla colocando cada pierna al costado de las caderas de la marquesa y coloca las manos a cada lado de su rostro. Su cuerpo lucha para soportar los estragos que le causa la magia sin control de ella, no había forma de describir la agonía sin final, no sabe cómo pero con un último esfuerzo, conecta su frente con la de ella. Cuánta ira, tortura, angustia y pena. Es como aquella vez, de nuevo, no, no es lo mismo. Es diferente, pero familiar.
Va a caer en cualquier momento a partir de ahora, sus ojos luchan por mantenerse abiertos cuando finalmente todo se detiene, el dolor, la agonía, el fuego, es el final y antes de ser envuelto por la oscuridad los ve, los vibrantes, fascinantes e hipnóticos sorprendidos ojos dorados.
...
NA. Y que entre su Alteza Shotaro, porque me sedujo la idea de darle competencia a Kuon y drama a la historia XD
Aclaraciones.
1. Shotaro es sobrino de Julienna, hijo de la hermana mayor de ella, casada con el hermano menor del actual rey de Apis.
2. Apis es un reino vecino de Aeniriam.
