-Bueno, llegamos... ¡Cuántas Ratas! -Comentó Albino.
-¡Ahí veo a Turquesa y a Rayo!
-Hablando del Lobo, ahí vienen los dos reconciliados. -Señaló el Gato poco después de las últimas palabras del Rey.
-¡Por fin! -se dijo Turquesa. -Tengo un hambre... de Lobos.
Rayo fue a hablar con Lucero y con Albino, mientras el Portavoz le ofrecía al Rey de las Ratas...
-Aquí tenéis un nuevo cetro, Majestad.
Un Bandicoot intentaba declarársele a una Gris de Tejado, usando palabras que había oído de su Monarca.
-¡Oh! ...De mi corazón habéis hecho esclavo el amor, que vuestra espada de piedra...
-¡Que empiece el banquete, en honor de nuestros invitados! -Ordenó, sonriente, Su Alteza.
"para dos Gatos de triste pasado y venturoso futuro, un buen pescado asado. -Hizo una señal con su flamante cetro y dos enormes Norways (grandes incluso para los de su Raza) llegaron empujando una bandeja donde se veía un pez de tonos plateados y dorados.
El Rey se acercó a la Loba y a Albino.
-Para dos Lobos que pudieron volver a vivir juntos... una fuente doble de pollo al spiedo. -Un segundo par de Norways trajo la bandeja destinada a los Lobos; Lucero trató de contener a Albino, que se relamía.
-¡Pero dale las graciasssssssss... Mío! -Señaló una de las apetitosas aves.
-¿Y qué habrá para Collar de Piedras?
"pues un asado de solomillo deshuesado.
Y así fue; la comida y la velada transcurrieron alegres, entre anécdotas, cuentos y conversaciones.
Terminada la cena, Rayo habló brevemente con el Rey sobre el modo de hablar que usaba éste último.
Turquesa se acercó a ellos poco después e intervino en parte de la conversación.
En eso llegó Vocero y se inclinó ante su Señor.
-¡Perdón, su Alteza! ...Un delegado pide una audiencia con Vos.
-Bien; decidle que venga.
Y el Portavoz fue a buscarlo, presto.
Cuando el delegado vio a los dos cónyuges, se los señaló tembloroso al Rey, pero el Monarca lo tranquilizó.
-Hablad; no tengáis miedo. Los Gatos que veis, son mis huéspedes.
-Bueno... Yo represento a más de dos mil Ratas que perdieron su hogar a causa de una explosión que provocó un gigantesco derrumbe. No era gran cosa, pero ahora no tenemos dónde ir, así que espero sus sabios consejos o su justa decisión...
Tras meditar unos minutos, el gobernante encontró la solución.
-Conozco un lugar: un terreno silvestre que corre todo a lo largo del río, al este de la Ciudad. Os lo enseñaré hoy, y luego podréis estableceros allí.
El delegado se despidió en medio de numerosas genuflexiones.
-¡Muchas gracias, su Majestad... Sabía que no nos defraudaría!
Lucero y Albino ya se habían ido, pero permanecían cerca del barrio de las Ratas. Collar los encontró y, después de conversar con ellos, siguió su camino hacia el Bosque. Turquesa y Rayo continuaron hablando con el Rey.
-Nosotros -dijo la Gata- también le estamos agradecidos. En nuestro caso, por la excelente recepción y por la cena.
"ahora, quisiera decirle algo personalmente a toda su gente.
El alto personaje ordenó al Portavoz.
-Convocad a todo mi Pueblo.
...Y casi inmediatamente, alrededor de los Gatos y del Monarca, un círculo bullicioso cubrió la Plaza hasta los bordes y aún más allá: las Ratesas, del lado de Rayo, que miraba en todas direcciones viendo lo que para él siempre había sido comida, y las Ratas, del lado de Turquesa.
-Aquí, nuestra encantadora Siamesa tiene algo para deciros.
Ella apoyó la mano en el hombro del Gato.
-Se acerca el amanecer, y en un rato nos volvemos al Bosque.
Todas las vocecitas protestaron.
-¡Nooooo! ¡Rayo!
-¡Turquesa! ¡Noooo!
-De todos modos, quería decirles esto: en atención al Rey, y a la ayuda que nos prestaron en la búsqueda de la Loba, ni mis hijos, ni los hijos de mis hijos pondrán mano sobre ustedes.
-¡Bieeeeeeen! ¡Sííííííííí! -Corearon ahora las voces. La Siamesa le dio un golpecito al Gato con el codo.
-Y vos tampoco, ¿No, Rayito?
-¡Gulp! -se atragantó él; pero finalmente aceptó. -Bueeeno, creo que tendré que mejorar en mis prácticas de pesca.
Unas y otros se abalanzaron sobre Rayo y Turquesa respectivamente, para agradecerle a cada uno con entusiasmo. El Gato le tendía las manos a todas aquellas que pugnaban por abrazarlo; algunas suspiraban por él. Ellos vitoreaban a la Gata, y la mayoría los llenaba de besos a ambos.
-¿Volvemos ahora? -Preguntó ella.
-¡Adiós! ¡Regresen pronto! -Gritaron todas. Ante lo inevitable, incluso el Rey dejó escapar algunas lágrimas.
-Vamos a extrañarlos...
Después de esto, subieron por la barranca; al otro lado de la Plaza, que dominaba la pendiente, encontraron a Lucero y a Albino, que hablaban cerca del monumento rodeado de faroles encendidos a pleno.
-¿Qué tal? -saludó el Lobo. -Los vimos mientras subían. ¿Qué los trae por acá?
-Acaba de volver al Bosque -respondió la Loba. -Antes de irse nos habló de todo lo que hicieron ustedes tres, luego de aquella conversación sobre las Corrientes Espirituales.
"ahora todos le debemos muchas cosas a la Anaconda, a Albino, a tu esposo... Y a vos, Turquesa. Gracias a que me sacaste de ese hotel, recuperé a mi Lobito blanco.
-Y gracias a que trabajamos de acuerdo con las Corrientes Espirituales, se arreglaron nuestros problemas; en especial el tuyo, Rayo.
"aunque hay algo que no veo muy claro: tu encuentro con Turquesa tiene cierta relación con mi viaje a la Ciudad en busca del Perro... Pero hasta hoy no pude encontrarla, por más que lo intenté.
Al oír esto, Turquesa se adelantó un paso, y lo que contó llegó como una revelación.
-Pues... Era yo la que te preguntaba respecto de él cuando estabas semi-inconsciente a causa de tu pelea con el Perro. Y en realidad, quería ganármelo desde la vez que lo vi entrando al Callejón con el Gato viejo y con Clarita.
Albino, en su entusiasmo, por poco no le aullaba a Turquesa una canción de amor olvidando a Lucero. La Loba se quedó mirándola sin poder creer que fuera verdad todo lo que había oído... Y el Amarillo-Anaranjado casi se desmaya.
-¿¡Y por qué no me avis...! Perdón, ¡No sé qué decir! -Confesó, contento, enojado y emocionado. Todo al mismo tiempo.
-No fue nada, en verdad. -Respondió el Lobo.
"nosotros nos vamos -agregó poco después- a algún lugar del Bosque donde podamos festejar nuestra reconciliación.
-Bueno, pues nosotros nos retiramos a descansar. -Declaró la Siamesa.
Y los cuatro se despidieron.
Luego, casi al final del Pre-Bosque del Sur, Rayo vio que ella tenía sueño.
-Si querés, podés quedarte por aquí para dormir. Yo no estoy cansado, ahora. Y tengo que hablar con Collar.
-No, te acompañooo... -Dijo ella en un bostezo.
Siguieron caminando en silencio. En cierto lugar del Bosque Abierto, la Gata decidió quedarse a echar una siestita. Allí se despidieron, y el Gato fue en busca de la Anaconda.
