Personajes de Mizuki e Igarashi

―No me quiero casar…― expresó Candy con deseos de llorar

Neal se acercó a para tratar de disuadirla, comprenderla.

― Candy… Te prometo que seré paciente.

Albert al percatarse de la negativa intercedió; mirándola con ternura le dijo―Sólo piensa en tu hijo en tus hermanas deben convivir como una familia― en realidad él quería estar allí al lado de ella prometiéndole, garantizándole amor, eterno amor. Candy tomó valor, caminó hasta su prometido y mirándole contestó:

―Neal, Te tomo como mi esposo el hombre que me acompañará el resto de mis días hasta que la muerte nos separe; estaremos juntos como una familia compartiendo nuestras tristezas y alegrías.

Esas palabras le llegaron al corazón a Albert, creándole un estremecimiento que casi lo hacía decaer ante la tristeza.

―Candy White, te tomo como mi esposa, mi amiga, mi mujer y amante te garantizo que te amaré hasta el fin de mis días y cada alegría que sienta es, será, porque tu sonrisa, tu rostro, tu dulzura me trasmite el amor necesario para estar en completa paz con mi ser. Gracias por aceptarme.

― Por el poder que Dios y la iglesia me confieren los declaro: marido y mujer, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Durante la recepción los familiares se mostraron alegres ante la unión de ambos, pues a sus ojos Candy es una chica de principios. La mayoría consideró que adelantaron la boda por el infinito amor que se tienen.

Albert evitaba observar a Candy no quería tener deseos carnales, pero verla, detallar su rostro angelical y sus labios color cereza, simplemente quería besarla hacerla suya como aquella noche en que la luna y las estrellas fueron testigos de su entrega pasional, imaginarla en brazo de otro le partía, le dolía el corazón.

―Adiós Candy, ya no serás parte de mi vida, te amaré por siempre.

Annie más que Paty disfrutó de la celebración; allí se volvió a encontrar con Archie, quien bailaba con una chica de su misma clase social. Annie por amargar su vida se le acercó.

― Archie, ¡qué pequeño es el mundo! ¿Cierto?

― ¡Annie! Luisa te presento a…

― Yo, me presento: soy Annie, el interés amoroso de Archie, él me prometió que si accedía a sus peticiones sexuales se casaría conmigo. Inteligentemente le dije que no, porque no vale la pena, con permiso me retiro. Chao cariño.

Luisa quien estaba siendo cortejada por Archie al darse cuenta de la clase de hombre que era lo abofeteó y se marchó sin mediar palabras.

Candy se despidió de sus hermanas para ir a la luna de miel.

―Paty… Annie las extrañaré pórtense bien en mi ausencia; será por poco tiempo.

―Debes volver en seguida para que crean que tu embarazo se dio en la luna de miel y no antes― Annie lanzó a decir mordazmente.

Albert en su habitación intentó orar con el crucifijo en la mano; su mente lo traicionó no podía con la imaginación de ver a su amada en brazos de otro hombre, siendo acariciada, besada por otro que no es él. ―¡NO! ¡No! ¿Por qué me atormentan? ¡Déjenme en paz! ¡No puedo con estos demonios! La quiero aquí en mi cama conmigo sólo conmigo. Dios perdóname, perdóname, realmente la amo, ¿dime cómo hago para no tener estos pensamientos pecaminosos?

Mientras Candy y Neal arribaron a Florida donde pasarían su luna de miel.

―Candy deseo que te diviertas en estos días, seremos tú y yo. El saber que estaremos juntos me hace feliz―. Neal había besado la frente de su ahora esposa― te dejaré descansar iré a la otra habitación nos vemos mañana.

―Gracias

Al día siguiente Neal se comportó como un caballero, la llevó a conocer distintos lugares. Candy empezó a sentir afecto y verle como padre de su hijo aún así no deseaba estar con él en la intimidad; ese sentimiento, esa emoción está reservado para el hombre que a su parecer nunca estará con ella.

7 años después.

―¡Mami!

―Dime, mi rey hermoso

― Mamá no encuentro al señor tomate quiero llevarlo a la excursión

― Preguntaré a Dorothy; quizás le metió a bañar

―¿Mi familia, cómo está, mi esposa y mi bello hijo? ― Neal, había saludado afectuosamente

―Señora las cosas del niño ya las acomodé, aquí le traigo…

―¡Señor tomate! Gracias Dorothy amo al señor tomate.

― Sus juguetes preferidos son los que le regala Tío William

Candy no pudo evitar desviar la mirada repentinamente sintió deseos de llorar.

―¿Qué tienes, te sientes bien?

―Es un poco de temor no me gusta dejar tanto tiempo sólo a mi pequeño

―No te angusties mujer, ya tiene seis años, es impresionantemente inteligente y es el más alto de su clase

―Aún así me da temor

―Estaré junto a él casualmente este fin de semana me toca una junta cerca del campamento

―¡Niños presten muchísima atención! ¿De acuerdo?

―¡Sí! ― Gritaron los niños al unísono

Todos estaban formados en fila india cuando uno de los niños se le acercó en tono de burla a Andy ― Legan, ¿sabes que comentan nuestros padres?

― No me interesa sus comentarios

― Eso confirma lo que te hemos dicho eres hijo de otro ja, ja, ja

― Sí, hijo del jardinero― comentó otro niño― estamos seguros ja, ja, ja

―¡Cállense!

―¿Qué sucede con ustedes? De continuar con los juegos de mano los castigaremos

― Él empezó

―¡Es mentira! ― Andy se trató de defender

―Es verdad, maestra él empezó se aprovecha de su estatura para abusar de nosotros― dijo maliciosamente otra niña que usó una voz llena de inocencia para acusarlo

― ¿Por qué actúas de este modo Andy?

― Te llevaré al cuarto de la reflexión para que medites y reconsideres tu comportamiento no puedes sacar provecho de la ventaja que tienes al ser el más alto de la clase

Los niños sonrieron ante su triunfo

En otro lugar

―Alondra me gustas…

―Te amo Neal, quiero estar siempre a tu lado formar una familia, por favor divórciate

―Lo siento, la amo

―¡Pero ella a ti no te ama! ― Alondra molesta se levantó desnuda de la cama, tomó una copa de vino blanco y se la bebió en su totalidad para ahogar su molestia

―Vuelve aquí…

―Nada más me usas para calmar tus deseos sexuales, soy mujer y necesito una familia no continuaré más con el papel de segunda, ¡la amante! No lo haré no lo aceptaré

―Te quiero, te apreció son varios años de estar en tu cama, pero no eres la mujer con la que deseo pasar el resto de mi vida

―¿Cómo me dices, cómo eres capaz de decirme …? ¡Lárgate de mi casa! ¡No quiero verte nunca más! ― Le pidió antes de entrar al baño y cerrar la puerta con brusquedad

Por otra parte Albert llegó a la casa…

Continuará…