Esmeralda Ermitaña

Capítulo XXI

Era el momento. Debía entrar en la recámara de Itachi para soltarle la noticia que había intentado esconder por un rato al menos, pero tampoco podía ignorar las señales que había tenido. Sakura giró el pomo de la puerta pausadamente y sin golpear y asomó su cabeza para no encontrarse a nadie sobre la cama. Decidida a no retirarse de allí sin ver cumplido su objetivo se sentó sobre la cama esperando que el joven llegara, pero no tuvo que esperar mucho, pues a los segundos vio la puerta del baño abriéndose.

Tras un montón de vapor salió el Uchiha cubierto únicamente por la toalla atada a sus caderas y toda su anatomía se vio adornada por gotas de agua que corrían por su cuerpo. Aquella amatoria visión hizo que la resuelta kunoichi se sintiera sumamente expuesta y desvió su mirada ante los ojos de Itachi que habían hecho contacto con ella.

—No esperaba verte aquí—dijo el hombre haciéndose el ligeramente sorprendido de verla allí.

—Es que… t-tengo que hablar contigo—balbuceaba al perderse contemplando el trabajado cuerpo de su amante.

Sin prestarle mucha atención, el chico se sentó a su lado aún con la toalla puerta y secando su oscuro cabello con otra tela. Cuando tenías esa visión frente a ti, hasta costaba ponerte a ti misma atención. Itachi se dio cuenta de ello y lo usó para su beneficio.

—¿Sabes?, no es muy consecuente que te pongas así cuando me has visto con menos ropa que esta—manifestó el mozo inclinándose a la oreja de la chica y divirtiéndose con sus reacciones.

Tenía que admitirlo, se veía sumamente encantadora cuando intentaba mantener su postura de indiferente y seria a pesar de que el entorno hacía todo por provocarle un vistoso sonrojo, pero todo eso se lo dejaba para él mismo, porque como era bien sabido no era un hombre que expresara sus sentimientos a través de las palabras.

En vez de hablarle la besó apasionadamente tomando el delicado y níveo rostro de la muchacha entre sus grandes manos. Como Sakura había perdido la batalla antes de siquiera comenzarla se dejó llevar por el frenesí de ambas lenguas que le hizo olvidar el propósito de aquella visita.

El Uchiha sin previo aviso la recostó sobre la cama y comenzó a besar el cuello de la fémina mojándolo con las gotas de agua que aún no se había secado. La joven de ojos verdes le seguía el ritmo con la propia boca y se percató que la toalla que cubría a su antiguo sensei se había deslizado y ahora se encontraba desnudo sobre ella.

Se veía que el masculino estaba con prisa, porque sus manos ya rondaban por sus pechos y su ropa interior, necesitado por un contacto más íntimo. Ella gimió en su oído cuando sintió como era desnudada por Itachi de una manera sumamente intensa, dejando rastros de fuego a su paso.

Cuando ambos quedaron libres de prendas se tomaron unos minutos para acariciarse y enloquecerse de a poco con el permanente roce de sus pieles deleitándose con la idea de que no podían estar más cerca físicamente que eso además de lo único que faltaba.

—I-Itachi… onegai—pronunció suplicante por ser nuevamente suya.

—Hai…—dijo roncamente posicionándose en la entrada de la chica.

No tardaron en unirse nuevamente, pero esta vez sobre el lecho del Uchiha, en su habitación. Itachi era un amante atento que rozaba las piernas de la chica con sus manos mientras que profundizaba en su interior vigorosamente y la llevaba a la cima del gozo.

Al sentir que Itachi iba cada vez más fuerte se llenó por dentro con la codicia y quiso más de él, por no decir todo, arqueando la espalda para multiplicar la delicia que estaba disfrutando su cuerpo y corazón ante los constantes estímulos.

El frenético ritmo que llevaban acabó por terminar cuando las constantes oleadas de placer los llevaron al éxtasis. Culminó su acto con sus respiraciones irregulares y con Sakura reposando de su esfuerzo en el seguro pecho de Itachi quien acabó fuera de ella.

El varón acariciaba la desnuda espalda de su compañera que sin saber por qué le complacía mucho tocar y ella sentía los vellos de su piel erizarse porque de la misma forma le gustaban las manos del Uchiha, era algo mutuo. Un comentario de Itachi rompió con la canción que componían sus respiraciones.

—Por cierto, ¿qué tenías que decirme? —interrogó sin dejar de hacerle cariño.

Lo había olvidado por completo y ahora que lo mencionaba se acordaba. Había llegado al cuarto de Itachi sumamente concentrada en lo que tenía que contarle, pero la situación había tomado caminos no planeados. Ahora que le había preguntado tenía que decirle en ese mismo momento, pero se aterró sabiendo que había llegado el momento.

Apartó su cabeza del pecho del mayor de los Uchiha e infantilmente se escondió bajo las sábanas para no verlo a los ojos.

—Oi, ¿qué haces? —preguntó Itachi buscándola bajo las telas con su mano— No te tapes.

—No es tan fácil—explicaba ella aún oculta.

—Hn, ¿qué hiciste? —interpeló inquieto por el silencio de la muchacha— ¿algo de lo que no te enorgullezcas?

—No exactamente, es que no sé si calificarlo como "malo"

Itachi era un hombre muy paciente y sereno, pero la conducta de Sakura no estaba ayudando en nada, por lo que quitó las sábanas que la cubrían y la obligó a observarlo al rostro. De esa manera la kunoichi no pudo seguir alargando la noticia.

—Ya es suficiente, dime—exigió.

Tomando un gran respiro la chica se sentó en la cama y tocando sus manos de la ansiedad se motivó a articular palabra.

—Yo… estoy embarazada, Itachi. Tendremos un hijo.

El semblante que se presenció sobre la faz del Uchiha era impagable. Sus labios estaban entreabiertos, sus ojos fijos hacia ninguna parte y su inhalación se había detenido por completo.

—Tendremos… un hijo—repitió el muchacho sin poder asimilarlo aún.

Sakura supo que ese no era el tono correcto y comenzó a desesperarse ante la inmovilidad del shinobi, pues lo único que quería era sentirse apoyada de su parte, pero no estaba obteniendo nada. Cubrió su cara con las manos y estuvo a punto de quebrarse.

—¿Estás diciendo la verdad? —preguntaba inexpresivo el masculino.

—No necesito que me critiques ni nada, solo dime si puedo contar contigo o no—pidió la chica sin atreverse a mirarlo— Me enteré hace poco y sé que será complicado, pero quiero tenerlo, así que no me pidas que renuncie a él, ni por Akatsuki, te lo pido-

Sakura se detuvo en seco cuando vislumbró la imagen de Itachi cerrando los ojos con fuerza al escuchar el nombre de la organización. Ese gesto de disgusto hizo encender la alarma en Sakura.

—Tú sabes que el bebé que esperas es un problema por donde se le mire, ¿no es así?

Eso era todo. Ahí supo la kunoichi que estaba sola. Las líneas del rostro del padre de su hijo se habían endurecido y no mostraban señales de que fuesen a cambiar. Bajó su cabeza resignada.

—Objetivamente debería buscar la manera de acabar este asunto.

Lo que calló los temores de la chica fue el abrazo que sintió de parte de Itachi. No podía identificar el significado de aquella estrechez, por lo que no se atrevió a envolver sus brazos alrededor de él para corresponderle hasta que escuchó sus palabras.

—Pero… no es lo que pienso hacer —acabó el Uchiha.

Había estado a punto de quebrarse bajo la sensación de estar desamparada y por su cuenta, cuando una sola frase suya había cambiado todo.

—Tonta—pronunció— No te permitiría que te deshicieras de nuestro hijo.

—¿Quieres tenerlo?, es decir, ¿no te molesta?

—Hn, haces como que me conoces, pero lo cierto es que no tienes idea.

Sintió un alivio tan grande por saber que era apoyada por el padre de su bebé que se desplomó en los brazos del Uchiha comenzando a llorar silenciosamente. Había sido un episodio muy fuerte para ella el temor que significaba comunicarle que sería padre, pero por fortuna todo había resultado más sencillo de lo que había imaginado.

Ahora que tenía el apoyo de la persona más importante

—P-Pero, Akatsuki, ¿cómo-

—Sé lo que te preocupa, Sakura, pero no importa cómo, hallaremos una manera—tranquilizó Itachi.

El saber que su hijo estaba a salvo de su padre la hizo sentir nuevamente protegida por el Uchiha. En ese momento era lo único que importaba, Akatsuki por primera vez estaba en segundo lugar.

En un lugar no tan apartado se encontraba un grupo pequeño de ninjas con habilidades únicas en cada uno. Estaban intranquilos por la conducta poco usual que su líder estaba teniendo. Últimamente había estado muy apartado del grupo, no que antes haya sido extrovertido, pero jamás estaba tan apartado como ahora que se localizaba sentado sobre una roca a unos metros de su grupo que se ubicaba junto a una fogata alimentándose.

—Está raro—opinaba Suigetsu.

—Iie, tú dices eso porque no conoces a Sasuke Kun—decía la chica de lentes rechazando la idea aunque supiera que lo que decía su compañero era cierto.

—Parece que lo conoces muy bien, se nota que te preocupa—se burlaba el mozo de dientes de tiburón.

—¡No es verdad!, lo digo en un sentido únicamente profesional—se defendía moviendo su cabeza.

—Como sea, sé que no es el sujeto más sociable del mundo, pero nunca había estado así.

—No ha venido a comer—agregó Juugo con calma— ¿por qué no van a ver que le ocurre?

Se miraron entre ellos y ninguno se decidía a importunar al menor de los Uchiha porque no sabían cómo reaccionaría si lo molestaban estando tan sumido en sus pensamientos. Juugo no quería provocar su agresividad, Karin nunca quedar mal con él y pareció que el más apropiado para ir a hablarle era Suigetsu. Sus compañeros se voltearon a verlo para indicarle que fuera.

—De acuerdo, de acuerdo, no se amontonen por ir. Iré yo—habló el muchacho levantándose y dejando su comida.

Avanzó por las sombras que comenzaban a proyectar los árboles con el paso de las horas colocando sus brazos detrás de la espalda y se colocó junto a la roca en la que Sasuke estaba sentado mirando hacia el cielo como si intentase encontrar algo. ¿Cómo se suponía que debía comenzar?

—Oi, los chicos están preocupados—empezó no muy convencido de lo que decía— Así que podrías decir algo para mantenerlos más tranquilos.

No recibió respuesta por parte del Uchiha, sólo recibió un soplido de parte del viento que comenzaba a aumentar muy sutilmente. Suigetsu suspiró pesadamente al ver que estaba siendo ignorado e hizo el ademán de irse cuando escuchó hablar a Sasuke.

—Ella sabía algo—murmuró.

—¿Eh?, ¿quién? —preguntó Suigetsu recordando pronto a quién se refería— ¡Ah!, hablas de la kunoichi de los huesos.

—Hai. Suena ilógico, pero todo me decía que sabía todo lo que necesito saber para llegar a Itachi—contestó empuñando su espada con deseos de venganza.

—Sí, eso está claro, si es de Akatsuki.

—No es solo eso. Conoce más que el resto sobre lo que necesito—hablaba con seguridad.

— ¿Cómo estás tan seguro? —preguntaba el chico cuyos dientes eran afilados— La vimos, se puso nerviosa, te atacó, desapareció y eso fue todo.

—Tú eres quien lo está diciendo—dijo el Uchiha poniéndose de pie— ¿Por qué ponerse nerviosa?, ¿cómo fue que desapareció peleando conmigo?

—Aún no comprendo adónde quieres llegar.

—No estaba sola, alguien debió haberla ayudado a escapar de mí.

Suigetsu unió las piezas del rompecabezas que su líder había logrado resolver y llegó a la misma conclusión. Todo encajaba en que la joven había estado acompañada, pero no habían podido identificar de quién se trataba, ni Sasuke mismo lo sabía.

—Entonces, ¿qué planeas hacer?, ¿la buscarás?

El superviviente de los Uchiha mantuvo el silencio por unos momentos. En situaciones como esas eran cuando un líder tenía que cuidar bien sus pasos debido a que involucraba a todo el grupo. Tomó en cuenta el objetivo de su organización Hebi y ya no le cupo duda.

—No hace falta. Se darán las cosas necesarias para que nos volvamos a encontrar, es más, tengo la teoría de que podría ser ella quien termine buscándome.

El viento comenzó a soplar cada vez más fuerte moviendo el pelo de Sasuke como alimentando su fuego de venganza. Estaba tan convencido de la efectividad de sus palabras que su sharingan se activó sin su consentimiento como un fuego interno que se exteriorizaba a través de su línea de sangre.

—Itachi—llamó la kunoichi de ojos esmeralda sin recibir respuesta— ¡Itachi!

—Hn—se animó por fin el shinobi a emitir sonido.

Los dos ninjas se encontraban cerca de la boca de la guarida de Akatsuki, pero por la parte de afuera para que su conversación no hiciera eco, estaban siendo muy precavidos cuando se trataba de abordar temas tan delicados como los que estaban tratando ahora. Por eso se encontraban sentados en una roca a los pies del un árbol de cerezo bastante joven que se podía notar que era la primera primavera que se lucía en estado de florecimiento.

—No me has dicho qué opinas al respecto—le recordó la kunoichi sobre su diálogo.

—Estás apresurándote mucho al pensar en un nombre ahora mismo—habló Itachi.

—Es que no me siento bien llamándole "bebé", porque estaría llamándole como a todos los niños del planeta y no es así—explicó Sakura.

A pesar del ahínco que estaba poniendo la chica en explicar, el Uchiha no lograba captarla del todo. Era demasiado objetivo como para entender su idea, pero ella tenía paciencia porque sabía que el joven tardaría en realmente comprender lo que significaba ser padre. Sakura ya entendía ese concepto porque aún consciente de que su hijo estaba recién formándose ya lo sentía dentro de sí.

—Aún no sabemos su sexo, no tiene sentido ponerle un nombre si después lo tenemos que cambiar—dijo Itachi objetivamente.

Sería un paso que la kunoichi tendría que hacer ella misma, poniéndole un apodo o algo así. El ninja renegado volvió a hablar.

—Antes de que lo olvide—comenzó el masculino haciendo una leve pausa— No quiero que aceptes más misiones por el momento.

— ¡¿Eh? —se indignó la chica incorporándose— ¡¿De qué estás hablando? , claro que voy a seguir cumpliendo con las misiones de Akatsuki!

—No, no lo harás—se opuso tranquilamente.

— ¿Y desde cuándo eres dueño de lo que haga y lo que no?

—Desde que estás embarazada con mi hijo—dijo muy seguro de sí.

Al principio la joven se sintió invadida dentro de su propia vida, pero pronto suavizó su endurecida expresión al ver que Itachi estaba preocupado por el bienestar de su niño y quería formar parte del asunto, claramente al ver tan buena disposición no se opondría a ello.

La chica puso sus manos sobre las rodillas y se inclinó hacia el muchacho para besar con ternura sus labios, éste correspondió gustoso a su invitación aunque sin la misma ternura.

Muy a pesar de lo bello de la imagen que proyectaba con esa sintonía, no sabían que su escenario perfecto se vería estropeado prontamente por las fuerzas del azar. Estaban olvidando que su actuar se encontraba en sus manos solamente en una disminuida porción y que un Akatsuki no podía esperar mucho de la vida como lo estaban haciendo ahora.

CONTINUARÁ…