Capítulo 21

- No, no, no y no.

- ¡Pero mamá!

- ¡Ya basta Holly! Hemos hablado de esto muchas veces, y mi respuesta final es no.

Candy estuvo a punto de sufrir un colapso nervioso cuando vio a su hija salir del auto de Albert con ese cachorro negro en los brazos. Como era de esperarse, el rubio ni siquiera bajó del vehículo para dar una explicación.

¿Es que acaso no le había explicado mil veces a su hija los motivos por los cuales no podían tener mascotas?

- Será mejor que lo devuelvas.

- No puedo, mamá – Le explicó la niña con énfasis – Él no tiene un hogar a donde ir. Está solo.

- Entonces llamaremos a tu padre para que solucione el problema.

- Mamá… - Al parecer las suplicas de Holly no surtirían efecto esta vez.

- Candy, por favor – Decidió intervenir Terry – Deja que conserve el cachorro.

- Oh, no Terry. No lograran convencerme esta vez. No podemos tener un perro en estos momentos.

- ¿Por qué no? – Insistió él.

- Por muchos motivos. Por ejemplo, los perros requieren de muchos cuidados, el alimento especial, el veterinario… no puedo permitirme todos esos gastos.

- Claro que puedes.

Era cierto. En el nuevo empleo que Terry le había conseguido el sueldo era muchísimo mejor que cuando trabajaba en aquel horrible club.

- Holly ya tiene una mascota – Intentó cambiar de táctica.

- Todos los niños deben tener un perro – Replicó Terry.

- ¿Tú tuviste uno de niño?

Terry recordó su infancia. Sus padres nunca le habían permitido tener mascotas insistiendo en que no era lo suficientemente responsable para hacerse cargo de un animal, pero Terry nunca había estado de acuerdo con ello. Siempre había querido tener un perrito.

- No lo tuve – Le contestó con tristeza – Pero me hubiera gustado.

Esa mirada de Terry siempre lograba conmoverla. Le hacía recordar tanto a su hija que le resultaba imposible decirle que no a algo.

- De acuerdo – Aceptó – Puedes conservar el cachorro. Pero será la última vez que haces algo sin mi permiso.

- ¡Si, mamá! – Exclamó Holly feliz, corriendo inmediatamente a su habitación antes de que su madre pudiera cambiar de opinión.

- ¿Por qué siempre logras convencerme? – Le preguntó con frustración a Terry.

- Porque me amas – Le contestó él sonriente mientras la abrazaba por la cintura – Sabes… me alegra que Holly ese nuevamente con nosotros, pero echaré en falta estos últimos días que pasamos los dos solos – Entonces dijo las palabras que ella no había esperado oír – Te amo.

Los ojos de Candy se empañaron. Nunca nadie le había dicho algo similar en la vida. Resultaba sorprendente como algo tan simple para otras personas podía significar tanto para ella.

- También te amo, Terry – Le contestó antes de fundirse en un apasionado beso.

Esa tarde cuando Terry llegó a su apartamento tenía una idea fija en la cabeza. Quería estar con Candy y ya no tenía dudas al respecto. Su relación ya estaba afianzada, incluso sus padres la querían, y sus amigos parecían haber aceptado su decisión.

No se había puesto a pensar en el momento en que le dijo esas dos palabras, solo expresó sus sentimientos, y no podía explicar lo feliz que se había sentido cuando ella le correspondido.

Quería pasar el resto de sus días con Candy, formar un hogar con ella y con Holly, y no iba a perder el tiempo.

ooo

- ¿Y cómo vas a llamarlo?

Una vez que Candy hubo aceptado la idea de tener un cachorro en casa comenzó a hacer los cálculos de cuanto le saldría su mantenimiento. Después de todo sí podía permitírselo.

- Ozzy.

- ¿Ozzy? – Rió Candy - ¿Cómo Ozzy Osbourne?

- Creo que le queda bien ese nombre.

- Si tú lo dices…

- Debemos comprarle un collar.

- Ya lo he pensado… y también una camita de perros y comida – Al parecer Albert se había olvidado que los animales también necesitan alimentarse.

- Puede dormir en mi cama.

- Claro que no – Candy fue firme – Mañana iremos a la tienda de mascotas a comprar todo lo necesario.

- Sí, mamá.

Se oyó el timbre del teléfono y Candy salió de la habitación de su hija para contestar.

- Diga.

- ¿Candy?

- Oh… eres tú – Dijo ella con una mezcla de decepción y enfado.

- No pareces muy contenta.

- ¿Qué quieres Albert?

- Solo llamaba para ver cómo estaba mi hija – Se preocupó en hacer especial énfasis en remarcar "Mi hija", típico de Albert.

- Deberías saberlo – Le contestó ella con sequedad – Acabas de estar con ella.

- Lo sé, lo sé…

- Mira… si quieres saber si estoy enfadada por haberle comprado un perro a "Mi hija" la respuesta es sí. Sí estoy enfadada.

- Escucha, hice todo lo posible por comprarle uno de esos perritos pequeños que tienen las estrellas de Hollywood. No es mi culpa que ella haya querido quedarse con el mestizo.

- ¿Crees que estoy enfadada por eso? – Candy no podía creer lo superficial que podía llegar a ser Albert.

- ¿No es por eso? – Preguntó extrañado.

- ¡Claro que no! Deberías haberme consultado antes de permitirle a mi hija tener un perro. Después de todo, es en mi casa donde va a vivir, y seguramente seré yo quien se tenga que hacer cargo de él cuando Holly lo olvide ¿Por qué no me llamaste antes?

- ¿Acaso tu novio te pidió permiso cuando decidió regalarle a la niña un caballo? – Se burló él.

- Eso es diferente.

- ¿Por qué? Estoy seguro que mantener un caballo es mucho más caro que un simple cachorro.

- Porque el caballo no vive en mi casa. Además, es Terry quien se está haciendo cargo de todos los gastos.

- Entonces si es eso lo único que te molesta, yo me haré cargo de los gastos de cachorro – Replicó él con furia, en un tono por demás infantil.

- ¿Es qué no lo entiendes? – Insistió Candy – No es el dinero lo que me preocupa.

- No, claro que no. Ya has conseguido un hombre rico que se haga cargo de ti y tu hija – Ahora resultaba que sí era su hija – No me extraña, siempre supe que eras así. Solo era cuestión de tiempo.

- ¿Qué cosa? – Candy ya había comenzado a enfadarse - ¿Qué es lo que intentas decirme?

- Querida… ¿Recuerdas cómo nos conocimos?

- ¿Qué tiene que ver eso?

- Era evidente que estabas buscando alguien que te mantuviera.

- ¡Eso no es cierto! – Exclamó Candy perdiendo sus nervios – Había abandonado el hogar de acogida y no tenía a donde ir. Tú me ofreciste ayuda, y creí que lo hacías de corazón. ¿Cómo iba yo a imaginarme la clase de patán que eras?

- ¿Ahora vas a insultarme?

- Es lo menos que te mereces por haberme abandonado cuando más te necesitaba – Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas al recordar aquella horrible etapa de su vida – Tú no sabes lo que tuve que pasar.

- De acuerdo, de acuerdo ¿Podemos dejar eso a un lado? Creí que ya estaba perdonado.

- Jamás podré perdonarte.

- Entonces has el esfuerzo de no traerlo nunca más a colación. Recuerda que tenemos una hija.

- Bien – Dijo ella con voz dura – ¿Es todo lo que tenías que decirme?

- Hay algo más.

- ¿Qué cosa?

- La semana que viene comienzas las vacaciones de invierno, y tenía planeado hacer un viaje a México.

- ¿Y porque me lo dices a mí?

- Porque Fiona y yo queremos llevarnos Holly con nosotros.

- ¿Qué? – Exclamó Candy - ¡Claro que no!

- Solo quiero pasar las vacaciones con mi hija.

- ¡No puedes llevártela! – La sola idea le provocaba nauseas.

- ¿Por qué no le preguntas a ella? Estoy seguro que estará encantada con la idea.

- Lo dudo.

- Seamos sinceros… ¿Cuándo ha sido la última vez que has llevado a Holly de vacaciones?

Albert tenía razón, ella nunca había podido permitirse llevar a su hija de vacaciones. Pero de todos modos no podía aceptar que se fuera con un hombre al que apenas conocía.

- Sólo serán dos semanas.

- ¡No!

- Entonces consultémoslo con el juez de menores – La amenazó.

- ¿Qué dices? Pero si llegamos a un acuerdo ¿Lo recuerdas?

- Pero puede que ya no esté de acuerdo con ese acuerdo e intente luchar nuevamente por la custodia de mi hija.

- ¡No puedes hacerme eso!

- Entonces permite que Holly pase conmigo solo dos semanas. Es lo único que te pido. Sería una buena forma para conocernos mejor sin las interrupciones que provoca mi trabajo.

Candy suspiró profundamente. Una vez más, Albert la estaba dejando sin salida.

- De acuerdo – Dijo al fin – Aceptaré que Holly viaje con ustedes a México pero con una condición.

- ¿Cuál?

- No viajará si ella no quiere hacerlo.

- No te preocupes. Aceptará.

Albert tenía razón. Candy creyó que Holly se mostraría renuente a viajar con aquel hombre tan extraño para ella, pero al parecer estaba muy entusiasmada con la idea.

- ¿Y hasta allí se va en avión?

- Sí.

- Nunca me he subido a uno.

- Entiendo que pueda asustarte un poco.

- No estoy asustada – Replicó Holly – Siempre he querido subirme a un avión.

- ¿En serio? – Candy se sintió mal por su hija. Nunca se había puesto a pensar que ella también quería irse de vacaciones algún día. Es que era tan pequeña… - Bien, pues entonces supongo que tienes ganas de ir.

- Sí, mamá – Le dijo ella con entusiasmo.

No quería admitirlo, pero en esos momentos se sintió traicionada por su propia hija. Sabía que no tenía sentido, y que incluso su punto de vista podía parecer algo egoísta, pero ella había dado su vida para cuidar de su hija. Mientras las demás jóvenes de su edad estudiaban y salían a divertirse con sus amigos por las noches, Candy tuvo que salir a trabajar para darle de comer a su hija. Y ahora Albert aparecía con todo su dinero e intentaba comprarla con unas vacaciones en México.

- No puedo creer que Albert me esté haciendo esto – Le decía a Terry en sus charlas nocturnas. Siempre solían hablar por teléfono antes de irse a dormir – Desde que apareció en nuestras vidas no ha hecho más que echarme en cara todo lo que yo no puedo darle a Holly y él sí.

- Míralo por el lado bueno – Le contestó él.

- ¿Tiene un lado bueno?

- Ya lo creo… con Holly fuera de casa por dos semanas tendremos tiempo de sobra para estar juntos.

- Bien… ese definitivamente sí es un lado bueno – Dijo Candy con una gran sonrisa en el rostro.

- Estaba pensando… tal vez te gustaría conocer mi casa en la playa.

- ¿Tienes una casa en la playa?

- Hace unos años compre una propiedad en Malibu. Es un lugar agradable y solitario. Allí nadie nos molestará.

- Definitivamente me gusta ese plan.

- Me alegro.

ooo

Terry estaba acostado en su cama cuando corto la comunicación con Candy. La había notado triste cuando le contaba lo entusiasmada que Holly estaba con aquel viaje. Él sabía que Candy hubiese dado lo que fuera por ser ella quien llevara a su hija de vacaciones, pero ya habría otras oportunidades. Otros viajes que pudieran hacer juntas, con él incluido.

Abrió la pequeña cajita de terciopelo negra que tenía en las manos y observó el anilló que había comprado esa tarde al salir de la casa de Candy. Se había dirigido a una joyería y había escogido ese anillo especialmente para ella. La vendedora le había mostrado una amplia gama de anillos de compromiso con enormes diamantes, pero Terry recordó que a Candy no le gustaban las cosas ostentosas, así que escogió un delicado anillo de oro con una solitaria esmeralda en el centro. Esa piedra le hiso recordar a la mirada de la mujer que amaba, así que no dudo en comprarlo.

Era la segunda vez que iba a pedirle matrimonio a una mujer, pero eso no lo hacía sentirse más tranquilo. Temía que ella lo rechazara, y en ese caso estaba seguro que no podría soportarlo.

Estaba pensando en la mejor manera para pedirle a Candy que se case con él, y fue entonces cuando ella llamó y le contó los planes que Holly tenía para las vacaciones. Terry no dudó en invitarla a su casa en Malibu, y allí tendría tiempo de sobra para convencer a Candy de que debía casarse con él.

ooo

El lunes había llegado, y la rutina comenzaba nuevamente. Candy llegó a la empresa como todas las mañanas esperando encontrarse con Terry, pero luego recordó que él le había dicho que estaría todo el día fuera encargándose de algunos asuntos de importancia, pero que pasaría por su casa para llevarla a cenar a un bonito restaurante.

Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando Archie se presentó frente a ella.

- ¿Qué desea, señor Cornwell? – Le preguntó Candy con toda la cordialidad que pudo reunir para tratar a un hombre tan despreciable como él.

Archie esbozó una amplia sonrisa.

- Terry me ha pedido que te recoja.

- ¿A ti?

- Sí. Sé que tal vez te suene raro. Pero se ha retrasado un poco, y sabía que yo debía venir aquí a recoger unos documentos que necesito así que me pidió que te llevara con él.

- De acuerdo – Dijo ella con algo de desconfianza – Deja que tome mi bolso.

Unos minutos después, Candy estaba sentada en el auto de Archie.

- ¿Qué hacemos aquí? – Le preguntó ella al ver que Archie aparcaba frente a un edificio.

- Tengo que recoger algunas cosas – Le contestó mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.

- Bien… te espero aquí-

- No – Se apresuró a decir él – No es vecindario muy seguro, será mejor que vengas conmigo. Vamos, prometo que no tardaremos mucho.

- Bien - Candy bajó del vehículo y siguió a Archie al interior del edificio.

ooo

- Te dije que no puedo tardar demasiado – Insistía Terry – Candy me está esperando, prometí llevarla a cenar.

- Solo necesito tu opinión – Decía Archie mientras ambos se dirigían al interior de aquel edificio – Es un apartamento que estoy interesado en comprar.

- Bien, terminemos con esto.

Terry no tenía ganas de estar allí, pero no había podido negarse cuando Archie le había pedido que lo acompañara a ver ese apartamento. Lo peor de todo era que no podía comunicarse con Candy. Aún no habían solucionado el tema de su teléfono celular y en su casa no contestaba nadie.

- Es este – Dijo Archie mientras abría la puerta de uno de los apartamentos y entraban en él - ¿Qué te parece?

- Nada especial.

- ¿Por qué no hechas un vistazo a la habitación?

Terry se dirigió de mala gana al cuarto que Archie le estaba señalando. Abrió la puerta, pero inmediatamente deseo no haberlo hecho.

Al ver la expresión de horror en el rostro de Terry, Archie no puedo quedar más satisfecho. Al fin su plan había dado resultado, y ya no tendría que preocuparse por Candy nunca más.

Continuará…


Gracias por todos los reviews! =)

Lamento decir que tal vez por un par de semanitas o tal vez menos, no pueda actualizar mis fics, pero siempre prometo que los voy a terminar!

Espero que les guste este capítulo!
Besosssssss