Padres


Aguarda… ¿mi cumpleaños?

Pestañé un par de veces antes de limpiarme los ojos; algo andaba mal. Después de tantas pesadillas, cómo era posible que él estuviera ahí conmigo, yo estuviera así con él y que además, fuese mi cumpleaños. Era evidente que seguía en un sueño, que estaba adormecida y recostada en el sillón de la sala y que alguien tendría que despertarme tarde o temprano.

Entonces, me desesperé.

¿Por qué eso tenía que ser un sueño? ¡Diablos, no! Yo quería que fuera real, quería poder tenerle a pocos centímetros de mi rostro. Quería poder saber que esa mañana me había despertado con su boca, que lo primero que mis ojos habían visualizado era su perfecto rostro varonil marcado por facciones aniñadas. ¿Qué tenía de malo ser feliz al menos una sola vez en mi maldita vida?

—¿Qué te pasa? — inquirió él sonriente — ¿No querías verme?

¿Eh? ¿Pero qué nivel de estupidez tenía esa pregunta? Ladeé la cabeza como pude cerrando herméticamente los ojos, algo molesta por cierto. Si era cierto que eso que estábamos viviendo eran los primeros minutos de mi día de cumpleaños, yo no podría estar más feliz. Solo era que me aterraba la idea de pensar que aquello tan hermoso, que ese calor suave a través de mi piel, que su sonrisa —blanca, reluciente y bellísima —, desapareciera al yo abrir los ojos.

Me mordí el labio inferior y me tapé los ojos como si fuera una niña asustada en Hallowen.

—No seas tonto —susurré —. Estoy mal porque esto es un estúpido sueño.

Escuché unas risitas bajas y como el calor de su aliento chocaba contra la piel de mis manos. Deseé poder tener la valentía suficiente para poder quitar las manos de enzima de mis ojos y centrar mi campo de visión en su rostro. Se me aceleró el corazón cuando sentí sus palmas calientes amoldadas sobre mis caderas y la leve presión de ellas alrededor de mi piel. Rayos, qué placer.

—La tonta eres tú. Quítate las manos, Lucy. Si no te gusta mi cara, puedo operármela.

Saqué las manos de enzima de mis ojos y le fulminé con la mirada.

—Llegas a tocarte un solo centímetro del rostro y te castro, Seth Clearwater. No te hagas el vivo conmigo, ¿entendido?

—¡Uy, qué miedo! —bromeó acercando su cara a la mía —Lucy Uley se puso agresiva.

Puse los ojos en blanco.

—Puedo serlo, si quiero.

—Muéstramelo.

Fruncí el ceño y abrí la boca algo sorprendida por su reacción. Sin embargo, no le di mucho tiempo para pensar y aproveché que sus ojos estaban distraídos contemplándome las piernas desnudas, y le di la vuelta, dejándole debajo de mí y dándome el control absoluto.

—Astuta —señaló.

Tiré la cabeza hacia atrás y dejé escapar una rizota. Apoyé los brazos sobre su pecho y acerqué peligrosamente la boca hacia la suya. Respiré su aliento caliente y agradable mientras sentía sus manos acomodándose en mis caderas. Juraría que él hacía esfuerzos incontrolables por no deslizarlas y si no fuera porque el corazón me latía a mil, ya le hubiera dado la orden de que me acariciara las piernas. Solo por curiosidad…

Mis cabellos cayeron a ambos lados de mi rostro, formando una especie de cortina a cada lateral de nosotros. Apoyé la frente contra la suya y presioné una sola vez mis labios contra su irresistible boca, la cual me llamaba a gritos exigiéndome un beso en ese mismo momento.

—Si yo bajara las manos, ¿a ti te importaría? —quiso saber con sincera duda.

Hice una pequeña mueca, pero dejé los ojos cerrados. Sabía que él los tendría espiándome, para estar seguro de mi reacción. Por eso pensé que si me tardaba mucho, luego él no iba a confiar en mi respuesta.

—Teóricamente, soy tu propiedad.

—Cierto. Pero sigues sin contestarme…

—No seas rebuscado —puse los ojos en blanco —. Y la verdad es que no me molestaría, Seth —agregué con un hilo de voz tras una corta pausa.

Llevé las manos a su rostro y con temor, dejé que mis yemas tocaran su piel, suave, sencilla y cálida. Murmuró algo en quileutte y sonrió sin medida.

—Una última cosita —murmuró. Abrí los ojos con lentitud y los fijé en él —Te amo, Lu —dijo expresándome con la mirada la veracidad de sus palabras.

Me reí en silencio y volví a estrechar mis labios contra los suyos.

—También te amo, Seth. Es el mejor cumpleaños que he tenido en toda mi vida.

—Y aún no has visto mi obsequio —dijo unos segundos después.

—¿Tu qué? ¡Oh, Seth! No te tendrías que haber molestado…

Puso los ojos en blanco mientras su sonría se ensanchaba. Delicadamente, se incorporó sentándose sobre mi cama. Me puse enfrentada a él a la espera de la sorpresa. Me miró fijamente a los ojos antes de atravesar la corta distancia con su enorme cuerpo, y tras tomarme por el cuello, y con cuidado me empujó hacia atrás con su cuerpo. Tomé su rostro con ambas manos, mientras cerraba lentamente los ojos e hice lo que él quería. Sentí la suavidad del colchón poco después, y sus labios acariciándome la boca con amor.

Dudé si profundizar el beso o no, mas estaba ocupada con las millones de corrientes eléctricas que me recorrían el cuerpo, especialmente, en el vientre. Tomé con fuerza su cabello, disfrutando de la suavidad de este. Luego, me percaté de que su aliento me estaba inflando el pecho de vida.

En serio que este era el mejor cumpleaños de mi vida.

—Me encantan las sorpresas —murmuré cuando se desprendió de mi por falta de aire —. Deberías dármelas más seguido —estaba convencida de que ese hermoso beso era la sorpresa. Y bastante agradecida ese precioso regalo.

—Tontita —susurró riendo, haciendo que su cálido aliento me hiciera reír también —, esa no era la sorpresa. Te besé porque tenía ganas.

—Me tenías ganas —le corregí deslizando las manos por su espalda. Pedía sentir la superficie de su fibroso cuerpo bajo mis palmas, con cada endurecido músculo contrayéndose y relajándose en cada mínimo movimiento.

—Te tengo ganas —replicó sonriendo antes de volver a buscar a tientas mi boca.

Esta vez, me aseguré de que no pudiera írseme tan fácilmente. Enredé los dedos en su cabellera, la cual estaba bastante larga por cierto, y besé con frenesí su boca, como si temiera que me alejaran de él. Dejé que mi otra mano, tocara sin límites su pedazo de lomo caliente, cualidad que me volvía loca. Seth no se quedó atrás y aferró una de sus manos mi muslo derecho —si es que aún tenía suficiente cordura en la cabeza como para diferenciar la izquierda de la derecha —, produciendo de esa manera, una especie de caricia electrizada que me recorrió todo el cuerpo, desembocando en mis manos, cuyas uñas se clavaron sin piedad en su piel.

¡Ay, mierda, este chico sabía excitarme!

Seth debió de sentir mis uñas como una suave caricia, y en respuesta, empleó su mano para provocarme más de estas malditas sensaciones placenteras. Tras tocarme el muslo, su mano viajó a través del resto de éste sin detenerse a pedir permiso hasta que llegó a mi trasero, donde permaneció unos minutos. Mi atención se desenfocó de mi culo cuando no sentí más sus labios contra los míos, motivo por el cual, abrí los ojos molesta.

—¿Qué? —inquirí al verle mirándome con entusiasmo.

—Lo siento, ¿te podía tocar el culo, no? —preguntó con tono de burla.

Me mordí el labio con fuerza.

—¿Acaso hiciste un curso para cortar los besos en la mejor parte?

—Si no te molesta… —dijo luciendo una preciosa sonrisa, antes de volverse a conectar conmigo mediante nuestras bocas.

No tuve tiempo de pensar en esta estúpida interrupción ni un segundo más ya que su mano calentaba mi trasero a gran velocidad. Luego de unos placenteros segundos, ella se subió hasta alcanzar mi espalda. Sentí que Seth separaba con lentitud su boca de la mía, desenredando ambas lenguas con cuidado.

—No, no —protesté —. Lucy quiere más —agregué con voz de niña.

—Si ya sé. A Seth también le gusta, pero si seguimos así, no podré darte mi regalo —hizo una cortita pausa para darme un corto beso en la comisura de mis labios —. Además, sería egoísta quedarme contigo hoy, cuando hay muchas personas que quieren saludarte por tu cumpleaños.

—Que me manden un correo.

—Lucy…

—¿Qué?

Rodó los ojos y lentamente se separó de mí. Su enorme cuerpo me había estado bloqueando la luz, o al menos, yo no había reparado en ella cuando había despertado. Por una pequeña ventana, los rayos solares calentaban e iluminaban la pequeña habitación en la cual nos encontrábamos. Me llamó la atención la poca similitud que tenía este nuevo lugar con la sala de Emily. Si mal no recordaba, yo me había dormido en el sillón y no en una cama. Me senté sobre el colchón y contemplé sorprendida el cuarto revestido en madera. ¡Cielos, qué belleza!

Esa debería ser la habitación en la cual Emily había estado trabajando desde mi mudanza. Estaba espectacular, había que reconocerlo y la verdad, no encontraba las palabras necesarias para describir tanta belleza. No pude evitar ponerme de pie y girar sobre mi eje para admirar completamente a la habitación.

Escuche, de repente, un sonido llevador, gracioso y feliz que retumbo en las cuatro paredes de madera haciéndome reír. Entonces, un par de brazos ardientes como brazas de fuego me abrazaron por la espalda y una melodiosa voz me dijo en susurros:

—Adoro cuando te ríes.

Acompañando esa simple frase, unos fueguinos labios besaron mi yugular, mimándome caprichosamente. Le sonreí mientras ladeaba la cabeza para tenerle de frente. Bueno, cabe aclarar que la ladeé y la incliné hacia arriba; Seth era enorme. Me sacaba, para colmo, una cabeza.

No me había dado cuenta, pero después de tanta vuelta, habíamos quedado parados delante del espejo colgado en la puerta del armario. Nuestro reflejo llegaba a mis ojos endulzándome la vista y haciéndome sentir muy contenta y orgullosa. Seth me abrazaba con cariño y amor por la espalda, con ademán protector. Parecía querer cubrir mi diminuto cuerpo en comparación con el suyo, por temor a que algo me sucediera. Quizás, el mayor peligro que yo corría era estar a su lado; la conexión que había entre nosotros era cada vez más grande y eso, podría ser nuestro punto débil.

Evité pensar en cosas malas en su presencia y simplemente, me limité a sonreírle al espejo. La chica que se mecía entre los brazos del hermoso de Seth sonrió también, imitándome. Tal vez, su sonrisa no hacía juego con el maravilloso brillo blanco de su acompañante, pero al menos, era una agradable sonrisa. Cerre los ojos y tarareé cualquier canción para distraerme, mientras sentía como el cuerpo de Seth se mecía conmigo. De un lado, a otro, y así sucesivamente.

De pronto, sentí que Seth tomaba mis manos entre una de sus palmas y las extendía hacia delante. Todavía estaba con los ojos cerrados cuando sentí que con la mano, buscaba algo en algún bolsillo. Esperé y reprimí una larga sonrisa. Quería que el momento fuera perfecto.

—Abre los ojos, Lu —me susurró al oído.

Le obedecí de inmediato, con confianza ciega y segura de mi misma. Era la única voz a la cual le hacía caso, la única que por excelencia tenía derecho sobre mí.

Lentamente, los abrí y quedé maravillada con lo que él había depositado sobre ambas palmas de mi mano. Era una pequeña caja, forrada con terciopelo negro y que tenía gravado mi nombre en dorado. Mis ojos se debieron de abrir sorprendidos al recibir ese detalle y esta vez, la sonrisa floreció en mi rostro sin poder ser frenada.

—¡Oh, Seth! Es realmente preciosa, grac…

—Lucy —dijo rodando los ojos —, tu regalo está dentro.

Me sentí una completa estúpida. Seguramente, mis mejillas estarían forradas al rojo vivo en aquellos segundos, mas evité mirarme en el espejo, y abrí la cajita. Dentro, un precioso collar yacía sobre un pequeño almohadón blanco. Lo primero que captó mi atención, fue el perfecto corazón de madera. Era obvio que había sido tallado a mano, e increíble que aquellas manos hubieran obrado con tanta precisión. Cada detalle estaba cubierto, haciéndole parecer un corazón de molde.

—¿Seth, lo hiciste tú?

—Ujum —respondió con timidez.

Mi boca formó una perfecta O mientras admiraba el detalle que bordeaba al pendiente. Era una fina línea de metal dorado, que le daba una finura magnífica. Y para completar y hacer más precioso el regalo, su nombre grabado en el centro del corazón. Jugué con el pendiente un poco, tocándolo con cuidado. No sé porque, pero lo di vuelta, mirando la otra cara del corazón. Y entonces, asombrada leí:

Lucy: mi corazón siempre será tuyo.

Te amaré por siempre y para siempre jamás,

Seth Clearwater.

—Lo de grabar el nombre fue idea de Nessie, ya sabes —puso los ojos en blanco —, le pedí que me ayudara para que el regalo fuera perfecto.

—Lo es, Seth. Apuesto a que es el mejor regalo que he recibido en toda mi vida —dije muy sinceramente poniéndome de frente a él —. Gracias, mi amor.

Su sonrisa fue una contestación simple y divina a la vez. Le devolví el gesto y volteé al espejo. Con cuidado, saqué al collar de su sitio y lo sostuve entre mis dedos. Maravillada, le sonreí.

—¿Me lo colocas?

Lo tomó con una mano y con la otra me corrió el cabello que me caía por los hombros. Cuando acabó de colocarlo, tomé entre el dedo índice y el dedo gordo el pequeño corazón tallado. Ojala pudiera tener una mayor sonrisa, para transmitir al exterior lo muy feliz que me encontraba.

—Mi corazón siempre será tuyo, Seth. Y no debo aclarar cuánto te amo, ni cuánto tiempo lo haré, porque la palabra infinito no me alcanza —repuse al dar una pequeña media vuelta.

Nos sonreímos mutuamente antes de quedar fusionados en un beso. Enrollé los brazos detrás de su cuello y me puse de puntitas para llegar con más facilidad a su boca. No podía dejar de sonreír, por lo que media boca se dedicaba a besar la suya y otra media sonreía sin poder evitarlo.

Sentí el calor de sus manos poco después, acariciándome el trasero. Le dejé hacerlo porque era de histérica decirle a mi novio que no lo hiciera. Todo chico desea tocar el culo de su chica, ¿por qué?, no tengo ni idea, y no me apetecía preguntárselo. Seguro que le iba a poner en una situación incómoda a tal punto, de hacerle sonrojar.

No tengo idea de cómo diablos acabamos de nuevo en mi cama, yo sobre su regazo y él haciéndome su presa.

—Disfrutas tenerme bajo tu control —murmuré intercalando las palabras con cortos besos.

—Tú misma lo dijiste, eres técnicamente mía.

—No te lo tomes tan al pie de la letra, muchachito.

—Qué bueno que te haya gustado el regalo, Lu —me dijo acariciándome el rostro.

—¿Gustarme? ¡Ja! —tiré la cabeza hacia atrás —¡Seth, me ha encantado! Bueno, en realidad me encanta. ¿Y sabes que es lo que lo hace más especial y único todavía? —negó lentamente con la cabeza y a causa de su sonrisa, pequeños hoyuelos se le formaron a cada lado de su sonrisa —. Que me lo has hecho tú.

Lució su sonrisa en contraste con su piel cobriza, la cual me ponía los pelos de punta por su alta temperatura. Le besé de nuevo, lenta y pausadamente. Cuando nos separamos, Seth elevó el rostro y examinó el pequeño cuarto. Algo me decía que era la primera vez que ponía atención en dónde se encontraba, desde que había ingresado.

—¡Guau!

Me incorporé y me puse a deambular dentro de la pequeña habitación hecha en su mayoría con madera, igual que el resto de la casa. Examinaba fascinada cada pequeño espacio que mis ojos captaban y solía tomar entre las manos las decoraciones que Emily me había seleccionado; flores de tela, pequeños cuadros con dibujos bellísimos, y hasta unas pequeñas pelotitas colgadas de un cable que cruzaba toda mi pieza. La luz artificial aquella era preciosa. Parecía un lugar encantado, algo medio raro para mi forma de ser. Sin embargo, me agradó muchísimo. Vivir en el medio de bosque hacía más verídico eso de vivir en un mundo fantástico y maravilloso. Rodé los ojos divertida cuando encontré arriba mi cama, pegados sobre la pared, cuatro trozos de madera pintados de color lila, cada uno imitando una letra de mi nombre. Me llamó la atención lo que Emily había situado sobre mi mesita de luz: bueno, la lámpara antigua que habría rescatado de una vieja venta de garaje me encantaba, pero me había obsequiado cuatro portarretratos vacíos seguramente para dejarme elegir qué fotos poner.

Literalmente, se me prendió el foco.

Busqué debajo de la cama, las enormes cajas donde estaban todas mis pertenencias que me había traído de Seattle la semana pasada. Me di cuenta de que tenía millones de cosas para tirar y otras cuantas a las cuales tenía que encontrarle un pequeño espacio en mi nuevo submundo. Tras varios minutos de búsqueda, encontré lo que deseaba.

Me quedé arrodillada delante de la caja marrón, contemplando una foto bastante reciente de Chanel. Estaba ella sentada en un bar cuando había cumplido sus treinta y un años, el año pasado. No había ninguna diferencia entre la Chanel de la foto y la que yo había visto el día que un vampiro casi me aniquiló, sin embargo, estaba convencida de que estas dos Chanels no iban a tener nada que ver con aquella que algún día se me iba a aparecer en mi camino con dos ojazos rojos y sedientos y una impenetrable piel de granito, tan fría como un tímpano de hielo.

Suspiré.

Sobre mis caderas sentí el cálido tacto de las manos de Seth. Luego, él apoyó delicadamente su cabeza sobre mi hombro y besó mi cuello con cariño.

—¿Esa es Chanel?

—Ajam…

—Mmm…

Roté un poco el rostro para poder ver su expresión. Al contrario de lo que yo esperaba, él parecía pensativo. Luego clavó los ojos en la fotografía, buscando quien sabe que cosa. Con un susurro, me la pidió prestada y se la acercó a los ojos.

—No te ofendas pero, de no ser por el pelo y los ojos, no tienes nada de tu madre.

Esto me pilló desprevenida. ¿A qué diablos se refería?

—¿Perdón?

Seth se quedó en silencio unos cuantos segundos más antes de reír despreocupadamente entre dientes y depositar la foto sobre mis manos de nuevo. Me entregó un corto beso sobre la mejilla y se puso de pie. Le miré vagar por el pequeño espacio con las manos dentro de los bolsillos del vaquero, permitiéndome admirar su perfecta figura. La camisa escocesa con colores claros contrastaba muy bien con su oscura tez. Al ser una camisa de mangas corta, los brazos fibrosos marcaban cada contorno muscular con mucha precisión. Dejé que mi vista viajara a través de su anatomía encontrando pequeños lugares donde otros músculos se marcaban.

—Lucy, cierra la boca que se va a inundar la habitación —murmuró Seth bajito.

Cuando caí en la cuenta de quién había dicho eso, de qué había dicho y que estaba viendo lo que yo estaba haciendo bajé la cabeza y me la tapé con las manos. Un rojo fuego me quemó el rostro, como si de repente, unas llamas mágicas y ardientes me estuvieran asando viva.

Sentí el mismo calor, nada más que proveniente de una textura algo más suave y delicada.

—Oye, entiendo que yo sea irresistible, pero tampoco para tanto.

Le fruncí el ceño en un intento de disimular mi vergüenza.

—Me las pagarás, tarde o temprano —balbuceé molesta.

—Estamos a mano —me dijo sonriente —¿Qué crees que pasó dentro de mi cuando te vi con las piernas al aire?

Entrecerré los ojos con rencor, segura de que esto sumaba puntos a su ego. El hecho que yo —una débil humana babosa que no sabía cómo mierda controlar sus hormonas —hubiera demostrado la gran debilidad que sentía por ese cuerpo, era increíblemente relevante para su persona. ¿Qué harían si tuvieran un novio hombre lobo que podía compartir sus pensamientos con sus amigos? Me imaginé la cara de Quil o la de Embry al verme a mi encantada con el cuerpo de Seth. ¡Argh! Eso me ponía mala; tres adolescentes —a falta de uno —burlándose de mí. Pero estaba segura de que si a Embry se le ocurría meterse con mis hormonas, yo no iba a dudar ni un pelo en burlarme de su no-novia y bueno, el caso de Quil…Daba pena el sólo pensar que su "novia" era una niña de nueve años que adoraba a Hannah Montana, esa rubia estúpida que solía cantar huevadas y que era un poco peor que la droga, porque podías consumirla de lunes a viernes a las seis de la tarde por Disney Chanel.

Rodé los ojos.

Me paré y tras sacarle la lengua a Seth busqué algo de ropa en mi armario. Me detuve bruscamente en el cajón de ropa interior… Y cuando di con unas prendas que hacía tiempo que no veía, sonreí maquiavélicamente. Tomé con cuidado las pequeñas cajitas de cartón que tenían en su interior las armas mortales que Nessie me había obsequiado hacía un par de días…

—¡Mira, Seth! —exclamé con falsa alegría — ¿No te parecen lindos estos juegos de ropa interior?

Los acomodé uno por uno sobre la cama, con perfecto cuidado y sin descuidarlos ni ocasionarle arrugas. Era la primera vez que los veía fuera del maniquí o fuera del cuerpo de la modelo de la revista. Era realmente impactante…Procuré no entrar en shock cuando vi el diminuto tamaño de la bombacha y traté de no imaginarme dentro de él, o si no, el rojo volvería a ocupar el 99.9% de mi rostro.

—¿Qué diablos es eso? —inquirió con un hilo de voz.

Interiormente sonreí. Me aclaré la garganta y conteste:

—Ropa interior para mujeres. ¿Qué más iba a ser?

Seth contempló callado los pares de lencería hasta que en un momento me miró a mí y al segundo a las prendas, y así sucesivamente. Llegué a pensar que le iba a agarrar un paro cardíaco por la expresión que afloró en su rostro, mas aguanté a duras penas la tentativa de estallar en risas.

—¿Seth? —pregunté — ¡Tierra a Seth, Tierra a Seth!

Lentamente su rostro, cuyas arrugas comenzaron a preocuparme seriamente, se volvió a mí con cautela. Daba miedo la expresión que había alcanzado.

¿Celos?

—¿Esto lo vas a usar tú?

Asentí como única respuesta. Si abría la boca, iba a morirme de la risa. Escuché como sonaban sus huesos al ser apretujados para calmar los temblores que comenzaron a extenderse por todo su cuerpo.

—¡Ay, Seth! —me quejé —, no tienes de qué preocuparte, cielo —me acerqué a él y rodeé sus cachetes con mis manos —. Sabes que tú serás el único que me vea en ellos, no tienes porqué sentirte celoso.

Suspiró aliviado y consideré que ese era el momento justo para soltar la bomba…o mejor dicho, mi venganza…

—Me pregunto si a Embry le gustara este sostén rojo con encaje, porque, ya sabes, como ustedes comparten pensamientos…

Ambos nos miramos fijamente; él con la cara descompuesta y yo soportando la necesidad de tirarme al suelo y reírme como Dios manda. Tenía que soportar, tenía que poder "vengarme".

Sin previo aviso, tomé uno de los conjuntos en mis manos —el rojo, por cierto —y tras tomar unos vaqueros grises y una chomba, me encaminé al baño. Era bueno pegarme una rápida ducha ya que hoy era mi día, y no podía presentarme a los invitados— cuyas narices (en su gran mayoría) eran unas cuántas veces más potente que la mía— con semejante olor.

—¡Oye! ¿A dónde vas? —Seth me había tomado con fuerza la mano y me miraba con el ceño fruncido.

—Me voy a duchar. ¿Quieres venir conmigo?

Él puso cara de pocos amigos y giró la cabeza en dirección a la ventana, evitando el contacto directo con mis ojos. ¿Vendría conmigo o no? ¿Sería capaz de "renunciar", por así decirlo, al verme completamente desnuda solo para evitar que sus amigos no lo hicieran también? Yo no veía motivo alguno por el cual despertar interés en Embry, además había una serie de cosas que se sobreponían a la idea de ser "algo" de él: la primera era que yo tenía novio y no me daban ganas —ni quería tenerlas—, de cambiarlo y la segunda, pero no por eso menos importante, que él a mi no me gustaba —bueno, tenía que admitir que tenía un buen físico y un sentido del humor excepcional —, y que yo a él tampoco.

De manera repentina, me invadió la culpa.

—Ay, Seth. ¡Lo lamento! No quería que te pusieras tan celoso…

Me acerqué a él y rodeé su cuello con mis brazos.

—No es eso —murmuró haciendo lo mismo con los suyos, nada más que alrededor de mi cintura —. Bueno, sí. Me entraron unos celitos chiquititos, pero confío en ti, ¿sabes?

—¿Te entraron "celitos"?

Me reí por lo bajo; no había nada más tierno que escuchar a Seth diciendo "me entraron unos celitos", además, había que sumarle a la inocencia de su frase, el rostro de niño desconsolado que usó y ese pequeño pucherito que lo formaba hoyuelos a cada costado de su boca.

Seth reprimió una sonrisa y continuó cabizbajo mirándome de reojo. Lentamente, sus manos me acercaron cada vez más a su cuerpo. Sentí cuando su abdomen tocó mi vientre porque al tener una remera finita y por enzima del ombligo como único pijama —bueno, si es que no contábamos el culote negro que hacía las veces de short —, los tres pares de ravioles duros e increíblemente grandes de Seth que rozaron mi pancita diminuta y plana, no podían no pasar desapercibidos. Un cosquilleó gracioso me recorrió el cuerpo y cerré los ojos para reírme como tonta enamorada.

—Sí, celitos.

—Tonto, tonto, tonto.

Ambos nos sonreímos mutuamente. Me lo traje contra la puerta porque 1) la cama estaba muy lejos, 2) su enorme y exagerada estatura se me era incómoda y 3) quería que Seth me hiciera upa. Un mero capricho de cumpleaños, nada más.

Para provocarle aún más incentivo, pegué mis labios a los suyos y arrojé a quién sabe dónde las prendas que llevaba en las manos. Tomé una de las manos de Seth y la puse sobre mi cadera. Que él se encargase del resto…

—¿Seth, Lucy? —preguntó una dulce y suave voz del otro lado de la puerta —¿Seth, ha despertado Lucy?

Nos separamos sobresaltados y miramos aterrados a la puerta. Me sentí una traidora de la ley, una prófuga, y me eché a reír. Era curioso, pero me sentía tan feliz, que me escondí en el pecho de Seth para amortiguar las carcajadas.

¡Sí, eso era! Me sentía completamente feliz siendo mi día perfecto.

—Sí Emily, estoy despierta —contesté —Bajo en unos minutos, ¿de acuerdo?

—Eh, sí…bueno, de acuerdo.

—¿Sucede algo, Emily? —preguntó Seth.

Le miré el rostro y varias arrugas marcaban su frente, sumándole un par de años más.

Desde la planta baja, me llegaron voces. Una la identifiqué enseguida; profunda y solemne, la voz de Sam parecía estar discutiendo con otra. Era otro hombre quien estaba allá abajo.

El cuerpo de Seth se tensó a la vez que reconocía al dueño de la otra voz. Le vi nervioso, intranquilo, mientras a las apuradas, tomaba las ropas que yo había arrojado.

—Escúchame con atención, Lucy —me dijo mirándome fijamente —, ¿tú quieres conocerle?

—¿A quién? —quise saber.

Su inquietud se me fue contagiada, y ahora a mí me latía el corazón. Sentía adrenalina y un poco de miedo por su preocupación. Las arrugas poblaron mi frente y mis ojos intentaban de manera desesperada encontrarle sentido a todo esto.

—Tu padre está allá abajo…Puedo despacharlo si no quieres verle.

¡¡¡¡¡¡!!!!!

¿Joshua Uley, mi padre, estaba allá abajo? ¿Después de 17 años, a él se le ocurría conocerme? ¿Estaría preparada para verle la cara a mi otro creador? Me inundó el pánico mientras pensaba en estas absurdas preguntas e inevitablemente, me aferré a Seth.

—Descuida, me encargaré de él.

—¡No! —chillé —Yo quiero conocerle, Seth. Él frunció los labios y me miró de hito a hito.

—Lucy, no creo que… —sin embargo, no acabó la frase. Seguro que mi rostro era una súplica lastimosa que le impedía continuar. Suspiró y agregó —. Tienes que prometerme ahora que ni bien te sientas incómoda, tú me avisas, y al diablo todo.

—¿Por qué dices eso? —mi pregunta salió de mis labios con un poco dificultad a causa de un estúpido nudo que se me había formado en el medio de la garganta. Sentía como si mis cuerdas vocales se hubieran enredado entre sí para complicarme la vida —. ¿Tú crees que él…?

Su rostro endurecido y serio me estudió detalladamente. Bajó la mirada y tragó una gran bocanada de aire.

—Te espero afuera —murmuró y se retiró después de besarme la frente.

Sola en la habitación, me sentí abrumada. Mi felicidad había tenido una corta duración de minutos y eso me sacaba la cabeza. Traté de pensar con optimismo; quizás el primer encuentro con mi padre no iba a ser tan malo como lo que temía. Es decir, no tenía por qué serlo…¿o no?

Me apresuré a meterme lo primero que encontré, y salí casi atropelladamente al pasillo. En efecto, Seth me aguardaba perdido en sus pensamientos, apoyado en la pared opuesta a la puerta. Me acerqué a él y tomé sus manos para que mis labios pudieran besarlas.

—Todo estará bien —dije en susurros, acariciando sus manos. No sabía porque, pero sentía que él estaba más nervioso que yo. Y eso era estúpido, porque él siempre estaba despreocupado, seguro de que lo que el destino nos iba a poner adelante iba a ser fácil de superar.

—Sí, como digas.

—¿Vamos?

Asintió y comenzó a caminar. Bajamos con cautela y cuando arribamos, lo primero que vi fue a un hombre mucho más bajito que Sam, pero con muy pocos rasgos similares a él. Mediría unos centímetros más que yo, ojos pequeños y negros y una brillante y ancestral piel cobriza. El cabello debió de ser negro alguna vez, pero ahora variaba más entre una confusa escala de grises a causa de las canas. Le di un poco más de cuarenta años, sin embargo, distinguí mis facciones.

Tragué saliva.

—¿Lucy? —preguntó mientras me rendía un examen visual.

Okey, ¿¡qué mierda tenía que contestarle yo?! ¿Joshua? ¿Papá?

—¿Si?

¡Na, na, na! ¡PERO QUÉ ESTÚPIDA!

—¿Te importaría si hablamos en…privado? —sus ojos miraban precavidos al cuerpo del hombre lobo a mis espaldas.

—Sí, seguro.

—Sí, seguro —repitió Seth con ironía —. Yo me quedo.

—Seth —me giré de frente a él y apoyé ambas manos contra su pecho. Él apoyó las suyas y me miró con dulzura —, déjanos solos. Cualquier cosa…

Seth se lo pensó y segundos después asintió con la cabeza. Emily tomó en brazos a Lucian y salió antes que Sam, quien miró fijamente a Seth para que saliera también.

—Estaremos en la playa, Lu.

—De acuerdo.

Seth miró a Joshua antes de retirarse, claramente se traducía la violencia de sus ojos con un mensaje no muy difícil de deducir: "ten cuidado". Él no pareció entender de una el mensaje, pero podía imaginarme lo nervioso que debería estar…

—No puedo creer que en serio existas, Lucy. Es realmente increíble —me dijo con una expresión sorpresiva que me pareció ridícula.

Yo sí era real, él sí había tenido una hija con una amante… ¿Y qué? ¿Había algo malo con eso? ¿Acaso yo era la única humana en el planeta que había nacido con padre ausente y madre inexperta? ¡Por Dios! Es que en el siglo XXI esto era algo lo suficientemente común como para andar haciéndonos los "delicados" diciendo "oh, esa chica no tiene padre". Estúpidos.

—Eh…Bueno…—comenzó a decir él.

Divisé varios gestos míos en él; tales así como el fruncido de nariz cuando estaba en una situación incómoda, el juguetear con las manos por temor a no saber cómo romper el hielo, y ese incesante movimiento de la pierna derecha o izquierda cada que nos agarraba un ataque incontrolable de nervios.

Rodé los ojos. Yo tenía que sacar tema porque era obvio que él estaba sin palabras.

—Me llamo Lucy —me presenté —.Hoy cumplo diecisiete años. Nací en Seattle en el 96, mi color favorito es el lila y el animal más hermoso es el lobo. ¿Hay algo más que quieras saber de mi?

Diablos, creo que había ido demasiado rápido. Joshua me examinó con la mirada y noté que movía la pierna con un poco más de velocidad. Perfecto, estaba más nervioso. Contuve el impulso de poner los ojos en blanco. ¿Era muy necesario tener que pasar por esto; tener que fingir que estábamos contentos de vernos?

Joshua Uley me parecía un hombre lejano, distante, que nada que ver tenía conmigo. Alguien con el cual no podía compartir mucho porque el tiempo no daba. Habían sido diecisiete años de ausencia los cuales había tenido que vivir, y sinceramente, la posibilidad de entablar una sana relación de padre-hija me parecía ridícula…

…aunque no perdía nada con intentarlo.

—Definitivamente, eres mía —declaró meneando la cabeza, como decepcionado —. Por lo que recuerdo de Chanel, casi no tienes nada de ella.

Entrecerré los ojos. Algo me decía que mi plan de "llevarnos bien" se iba a ir a la mierda en cualquier momento…

—Apuesto a que saqué de ti esa desubicación para los comentarios —murmuré tomando asiento yo también —. ¿A qué has venido, Joshua? No veo ningún regalo en tus manos, así que, no has venido para desearme un feliz cumpleaños.

—La verdad, no.

—Podrías haberte limitado a eso.

—La verdad, no —repitió.

Bueno, ya iban dos cosas similares: ese carácter de mierda y esas contestaciones que eran dignas de ser pagadas con un tortazo o, como yo diría, una patada voladora direccionada a la cabeza.

—Bueno, ¿entonces qué quieres? —inquirí tras suspirar pesadamente.

¿Justo e día de mi cumpleaños se le daba por aparecer, hacerse el héroe, tratar de hacerme creer que él tenía interés en mí? Masoquismo era otra cosa presente en ambos, por cierto.

—Eres mi hija, Lucy. Me enteré del accidente de tu madre, y quería ofrecerte mi apoyo…

Aguarda, ¿esto es una broma?, pensé con ironía. Dejé que el continuara porque algo me decía que lo que seguía iba a sonar muy cursi.

—…quiero ayudarte, compensarte de alguna manera.

—¿Te refieres a fingir que, junto con Sam, somos una feliz familia unos diecisiete años más, simplemente para tratar de recuperar estos diecisiete años perdidos? —pregunté sarcásticamente —. Ni tú, ni él, ni yo podríamos con eso. Sam tiene su propia familia, bastante que me mantiene a mí también. Y en lo que refiere a nosotros dos… —suspiré pesadamente mientras meneaba la cabeza —.

Él asintió lentamente. Leí en sus ojos, una pequeña decepción, algo de sorpresa y un poco de maravilla. Extraña combinación, por cierto, pero me agradaba. El complicado juego de emociones se vio reflejado en su rostro y por ese motivo, dejé que solo el sonido del tic-tac del reloj, fuera lo que interrumpiera el perfecto silencio.

Lógicamente, maldecía una y otra vez mi mala fortuna. De lo único que tenía ganas era de quedarme dormida entre los brazos de Seth, para que de esa manera, se me pasara el frío. Ni siquiera me había podido duchar y además de que me sentía sucia —el recuerdo de las pesadillas se me hacía presente porque siempre me transpiraba a lo loco —, tenía muchas ganas de "limpiarme" al ciento por ciento. Ducharse para mí no era solo un momento de aseo, sino que también me ayudaba para desconectarme unos minutos de este mundo complicado y difícil. Algunos lo llamarían "tiempo de meditación" mas a mi me gustaba más el nombre de "desenchufarme de mis quilombos".

Dejé que los segundos se transformaran en minutos, hasta que me harté. Rodé los ojos antes de aclararme la garganta y cuando iba a pedirle a Joshua que se retirara, el teléfono me aturdió los oídos. Típico: las famosas llamadas en el día de tu cumpleaños. ¿A cuántas personas Nessie les habría avisado sobre mi aniversario?

Me paré y levanté el teléfono. Evité por completo la mirada escrutadora de Joshua y saludé con un simple:

—Hola.

Del otro lado de la línea no se escuchaba absolutamente nada. Desbaraté la posibilidad de que fuera algún retrasadito mental queriéndome hacer una joda telefónica enseguida, porque no estaba segura de que mucha gente tuviera el teléfono de los Uley. Entonces, presté más atención y me asusté al no oír ninguna respiración.

Fruncí el ceño, confusa y pregunté quién era. Dos veces más tuve que inquirir con un "¿Hola?" y otras dos con un "¿Hay alguien ahí?". A la octava pregunta, Joshua tomó se puso de pie y camino hasta donde yo estaba. Le siseé y le detuve en el lugar con un simple y discreto movimiento de la mano. Tenía diecisiete años, que no me jodiera.

—¿Lucy?

La voz que me entró por los oídos fue extremadamente hermosa; parecía formar parte del coro de los Cielos, ya que no podía ser posible que una voz tan armoniosa y melodiosa como aquella, sonara en este mundo. Estaba fuera de lo normal.

Como acto reflejo, se me vino la imagen de una de mis pesadillas, haciéndome estremecer. Por suerte, él no lo notó, pero había pasado desapercibida delante de sus ojos por una suerte de milagro. Me aclaré la garganta y apoyé la mano sobre la mesa, para sostenerme. No entendía por qué, pero las piernas comenzaron a temblarme y las manos y la nuca sudaron. Maldije una y otra vez al Santo que me "protegía"…

—¿Qu-quién hab-bla? —pregunté.

¡Ay, pero qué estúpida por Dios! La respuesta no podía ser más obvia, superaba al dos más dos de una cuenta del primario, pero tenía que asegurarme que mis oídos no estaban de broma y que ella…era ella.

—Hija, soy yo —contestó aquella cautivadora voz cantarina del otro la línea.

Supuse que el "hija soy yo" era una respuesta suficiente. Tragué la bola de saliva que se me había formado, y me pasé la mano por la frente. Noté que también estaba transpirando por ahí y eso me convirtió en un manojo de nervios.

Sentía como si me hubiera metido solita en un laberinto bien jodido, solo para complicarme la vida. Un capricho estúpido, el cual iba a pagar bien caro. Además, no tenía idea de dónde podía llegar a estar yo parada y no contaba con la ayuda de una brújula, un mapa o un GPS.

Maldije de nuevo.

—¡Ah! —fue lo único que dije. Espié a Joshua, cuyos ojos miraban absorto unas fotos de Lucian que estaban sobre la repisa de la chimenea. — ¿En serio eres tú? —inquirí más bajito.

Ella no debería de tener problemas con escucharme, si es que estaba en su nueva naturaleza. Aguardé unos interminables segundos hasta que la respuesta sonó en mi cerebro, como si mil violines tocaran una de las sinfonías de Beethoven.

—¿Me creías muerta, verdad?

—Es medio obvio—contesté con un hilo de voz.

Ella suspiró.

—Seguro que ahora estás muy ocupada, con ellos...

Eso me pilló desprevenida. ¿Qué sabía ella sobre mi vida actual?

—¿Disculpa?

—Vamos, nena, sé perfectamente con quién vives. ¿Cuánto tiempo crees que me tomaría saber que estás en casa de los Uley, y que actualmente eres novia de Seth Clearwater?

La voz cantarina tomó un timbre tenebroso, amenazante, oscuro. Temí que ella saliera del teléfono y comenzara a regañarme por ningún motivo lógico. En esos momentos, me sentí sola. Miré a Joshua, el humano que había contribuido a mi creación y le vi incapaz de defenderme de una vampiresa joven. Pensé en Seth y me aterró la idea de verle luchar con alguien tan molesto. Pensé en Sam, e imaginarme a Lucian huérfano se me hizo horrible.

—¿Qué carajo te pasa? —pregunté sacando valentía de quién sabe qué sitio — ¿Acaso comes mierda que te vienes a hacer la "ofendida" conmigo? Podrías, al menos, haber esperado hasta mañana para regañarme, no sé si recuerdas qué día es hoy…

—No te hagas la pendeja, Lucy. Te quiero lejos de eso monstruos.

—Tengo diecisiete, estoy mayorcita.

—Sigues siendo menor de edad.

—Tú estás muerta.

—¿Y qué?

—No tienes autoridad sobre mí, ¡entiéndelo!

Casi grité, casi. Mis ojos buscaron la figura del hombre que examinaba viejas fotografías a escasos metros de mi posición. Él, me estudió con la mirada y me encontró no solo nerviosa y tensa, sino que también, preocupada.

Chanel lo sabía, ¡lo sabía todo! El vampirismo inundaba su organismo, llenándola de veneno. Comprendí que odiaba a mis protectores, que los detestaba. ¿Y cómo no? Entre ellos estaba el hijo del hombre que la tenía enamorada y entre ellos estaba el dueño de mi corazón. Había que sumar también que ella y ellos eran enemigos naturales, y la posibilidad de que se llevaran correctamente era inhóspita, vacía, como los desiertos de África.

Me mordí la lengua y me giré de frente a la cocina para no tener que mirar a Joshua a los ojos. Temía ponerme a llorar como una idiota y a la última persona que quería frente mío, era él. Era mi padre, lo sabía, pero no estaba segura de que él supiera consolarme.

Quería que Seth estuviera a mi lado, abrazándome, contagiándome de ese calor y esa ternura suya tan feliz. Que con su sonrisa despreocupada me dijera que todo estaba bien, que no había problemas por los cuales hacerse mala sangre. Que cualquier cosa que sucediera, él iba a cuidarme de todo.

Me tapé la boca porque si no iba a gritar como loca. Me mordí con tanta fuerza que sentí un poco de sangre brotando de mis labios… ¡Argh, maldición!

—Déjanos en paz —balbuceé con un poco de dificultad. Tenía ganas de ponerme a llorar como una niña porque sentía que algo malo se avecinada. Me daba pavor creer en ello, pero estaba convencida de que una posible reunión entre miembros de diferentes especies iba a ser catastrófico —. Tú estás muerta para mí.

—Hija: sabes que no puedo dejarte en manos de esa manga de perros asquerosos. ¿Crees que puedo quedarme tranquila si estás entre animales mutantes? Lucy, tu lugar es conmigo, la inmortalidad de quedará genial. Congelar tus diecisiete para siempre, no tener arrugar jamás. ¡Piénsalo, pequeña, aprovecha que estás en la mejor edad par…!

No podía…no quería escuchar más. Colgué el teléfono y ese divino canto arrullador cesó repentinamente. Me contraje sobre mi misma conteniendo las lágrimas y con el impulso de querer encerrarme en el baño y llorar desconsoladamente.

Yo la conocía tan bien como ella a mí, ninguna cedería. Para ello, Chanel era capaz de cualquier cosa, aunque no entendía porque le había garrado esa enfermedad por mí. ¿Por qué no podía aceptar que cada una debía seguir caminos diferentes, que cada una tenía diferentes opciones de vida? Yo no podría adaptarme a esa asquerosa vida chupasangre ni ella podría soportar vivir sin sangre.

Yo le causaría deseo, esa era una realidad.

—¿Lucy está todo bien? ¿Quién era en del teléfono?

La voz de Joshua, mi padre, revotó en mis oídos y acabó por quebrarme. Esa lástima verdadera que reflejaron sus palabras me dieron en lo más profundo, rompiendo con mi fortaleza. Me di la vuelta y le busqué a tientas. Rodeé su cuello con mis brazos y tras posar la frente contra su hombro, lloré.

¡Y mierda cómo lloraba!

A pesar de no tener él el calor suave de Seth, sus brazos me rodearon y me consolaron en silencio casi tan bien como mi novio. Cada tanto me susurraba un "todo está bien", solo para intentar cortar con el llanto. Moqueé un rato después de cortar con las cataratas y él me acompañó hasta el baño.

Cielos, eso fue grandioso. El momento padre-hija se me hizo maravillosamente extraño y todo lo que pensaba acerca Joshua cambió rotundamente. Su sonrisa —mi sonrisa —brillaba y contrastaba con la tez cobriza, y sus manos —un poco más pequeñas que las de Seth —, solían tomar mis cachetes para secarme las lágrimas. Me reí de unas cuántas bromas que me gastó y encontré agradable su compañía.

—Yo no quiero que finjamos ser una familia, solo me gustaría corregir de alguna manera mis errores, Lucy. Sam ya me ha perdonado, cuando creía que él iba a ser el hueso duro de roer.

—Sam tiene un gran corazón, era obvio que él iba a darte otra chance.

Ambos rodamos los ojos y nos reímos por lo bajo.

—Sin embargo, mi hija adolescente va a ser un poco más complicada.

—¡Ya sabes cómo somos nosotros los rebeldes!

—¡Oh, si! He de imaginarme lo complicada que eres, teniendo algo de Chanel en tus venas debes ser bien complicada. ¿Se la hiciste muy difícil a Seth?

—¿De qué hablas? —pregunté sonriendo.

—Ya sabes, el conquistarte.

—Vaya. Nunca lo he pensado, honestamente.

—De cualquier forma, elegiste bien —me guiñó el ojo y se me quedó mirando un largo rato —. ¿Lucy, podría pedirte un favor? Bueno, más bien un canje.

Fruncí el ceño, desconfiada. Nuestros canjes tenían siempre una trampa de por medio, así que quería averiguar que se traía entre manos. Él se arrodilló delante de mí y me entregó una cajita forrada con terciopelo negro. Me hizo acordar mucho a la cajita que Seth me había dado, nada más que la que Joshua me había entregado no tenía mi nombre grabado…Dentro, una preciosa pulsera con una pequeña placa con mi nombre gravado en letra cursiva…

Lucy Uley

—Vaya…es realmente hermoso —dije atónita —Muchas gracias, pa.

Caí en cuenta de cómo le había llamado varios segundos después. Maldije una y otra vez el tener la lengua más larga del mundo. Sentí un calor incómodo colmando cada espacio de mis mejillas y por intuición cerré los ojos. Me sentí una tonta por lo que volví a abrirlos con timidez.

Él me observaba con ojos inexpresivos, pensativos. Unos segundos después se encogió de hombros y dijo:

—Sí, eso supongo —elevó su muñeca hasta la altura de su clavícula y miró el reloj que llevaba prendido a ella —. Mm, se hace tarde. Tu fiesta de cumpleaños en la playa empezará en cualquier momento. Debería irme, así te arreglas.

—¿No iras? —inquirí poniéndome de pie.

Dudó antes de contestar.

—No creo que deba estar ahí…No todos me ven con tus ojos, Lucy —frunció los labios y sus labios formaron una sonrisa torcida —. Hasta pronto, hija.

Y dicho eso, me besó lentamente la frente y lo último que supe de Joshua Uley, fueron sus pasos hasta llegar a la puerta, y el ronco sonido de esta al cerrarse.

De nuevo estaba sola. Sentí pánico, terror, temor, miedo. Entendí que si seguía paveando con mis pensamientos, todos se aburrirían de esperarme y que si más me atrasaba, menos tiempo iba a estar con Seth. Aunque, pensándolo a la inversa sonaba mejor: si me apuraba, iba a poder disfrutar más de su compañía.

Traté de evitar en todo momento el revivir la conversación con la vampiresa. Punto clave: la que me había llamado ya no era mi madre, era una completa desconocida que estaba muerta de sed y muerta del embole. No entendía porque no me dejaba en paz cuando ya había obtenido su propósito: sacarme de enzima. Por una vez, ella era libre de ir de aquí para allá por el mundo y ahora se le ocurría hacerse la sobreprotectora conmigo. Si había algo que odiaba rotundamente, era que estuvieran constantemente pendientes de mí. Me jodía bastante eso. No pedía mucho, solo mi propio espacio y privacidad.

Me vestí con algo elegante por tratarse de una ocasión que solo sucedía una vez cada trescientos sesenta y cuatro días y porque no consideraba educado aparecerme con unos jeans cualquiera en el día de mi cumpleaños. Todos estarían pendientes de mí…

Argh, maldita sea. Bueno, tampoco era que me incomodara tanto, es decir, amaba mi cumpleaños. Me gustaba el compartir una fecha tan especial con gente querida, pero ahora lo único que tenía en mente era estar en brazos de Seth y quedarme profundamente dormida en ellos.

Busqué y revolví dentro del ropero y hallé milagrosamente, un precioso jean negro bastante fino. Seguí buscando y hallé una remera manga tres cuarto y con el cuello similar al de una camisa. Controlé que el negro de los vaqueros y el azul marino de la remera pegaran a tono y me quedé bastante satisfecha al encontrar unos aretes y una pulsera que no solo le daban un toque Lucy a mi atuendo, sino que también, quedaba muy bien con el obsequio de Seth.

Me enfrenté al espejo del armario y el reflejo me agradó muchísimo: una adolescente bien vestida me sonreía con alegría, sin embargo, el chocolate de sus ojos parecía opacado por una molesta preocupación y algo de temor. Las pestañas largas y negras, naturales, decoraban a cada ojo de manera misteriosa y el leve brillo en los labios dejaba en claro que esa chica se llevaba muy mal con el maquillaje. Me pasé la mano por el pelo y el reflejo me imitó. Las ondas negras bailaron un poco, y en su caída libre a través de la espalda, formaron tirabuzones.

Volví a sonreír y tras acariciar con extremo cuidado el pendiente, me tiré perfume y me encaminé hacía La Push.

El coro entono la típica cancioncita del "feliz cumpleaños", errándole a la parte de decir mi nombre. Como siempre, algunos decían Lucy, otros Luce, y otros Lu. ¿No podían ponerse de acuerdo? Me encogí de hombros y cuando estaba a punto de soplar las velitas, Nessie gritó:

—¡Los tres deseos, Lucy!

¡Cómo si fueran tan importantes!, pensé, mas le sonreí a la pelirroja que me miraba con apasionado cariño, envuelta entre los brazos de un enorme muchacho de tez cobriza, cabello corto, y sonrisa pícara.

Me lo pensé en varios segundos hasta arribar a la siguiente conclusión: no necesitaba nada. Miré una sola vez a todos lo presentes y se me encendieron las mejillas al dar con él, la razón de que yo estuviera viva. Como si de un déjà vu se tratase, reviví rápidamente nuestro primer encuentro. Bueno, ambos, en el bosque y en la casa de los Cullen.

Si tenía solo tres deseos cada trescientos sesenta y cuatro días, no tenía que desperdiciarlos en nada inútil. Por lo tanto iba a dedicarles dos deseos a aquellas personas que siempre me habían ayudado:

Deseo una protección eterna en torno a Seth…después, me gustaría que toda mi familia esté siempre a salvo…Y por último, que Chanel no les haga daño, no importa el precio que deba yo pagar.

Listo.

Soplé las velas y todos aplaudieron efusivos. Todos me saludaron individualmente una vez más y cuando Kim y Rachel hubieron repartido porciones del enorme pastel que Emily había preparado, todos nos sentamos alrededor de una enorme hoguera que habían preparado. Escuché con atención las leyendas de Billy, el padre de Jake, y me perdí en sus palabras. El tono solemne y sabio que él usaba me dejaba sin palabras. Cada vez que acababa con una, yo quería oír otra, y otra, y otra. Casi me estaba quedando dormida en la leyenda sobre la tercera esposa, cuando Seth me sacudió delicadamente y me susurró al oído si yo no me quería volver.

Casi le mato cuando me dijo eso.

—Me parece que necesitas descansar —me insistió en una pausa que Billy realizó para comer y beber algo —. Yo no tengo problema en acompañarte a tu casa.

—Sí, ya lo sabemos, Seth —chilló Embry desde el otro lado de la fogata.

—Suerte que estás a tanta distancia, Em. Te juro que ni tu madre te reconocería si te llego a agarrar…

Él rodó los ojos y se rió a carcajada limpia. Yo me acurruqué contra el pecho de Seth y bostecé una sola vez. Al lado nuestro, la pequeña Claire se había quedado profundamente dormida a upa de Quil, y él por más que la niña ya estaba en sueños, la seguía meciendo. Si mi oído no fallaba, él la había estado arrullando durante toda la fiesta.

Me sentí muy alegre y feliz al pasar los ojos por la enorme ronda. Todos estaban conversando con seres queridos, reunidos alrededor del fuego y escuchando antiguas leyendas. Era maravilloso ver tanto amor en las diferentes parejas, y la forma que cada dupla tenía para demostrarlo.

Sentí como los brazos de Seth se cerraban alrededor mío y besé su clavícula. Su boca se acercó a mi oído y como un cantito arrullador, me dijo:

—¿No vas a contarme tus deseos?

—Si lo hiciera, no se cumplirían.

—Buen punto —me besó el cachete y prosiguió —¿Qué tal la charla con tu padre? ¿Te dijo o hizo algo que te molestara?

—No te tendrías que preocupar de él. Se comportó muy bien, mejor de lo que yo esperaba —rememoré el momento en el baño y sonreí.

—¿Ah, sí? ¿Entonces de qué me tendría que preocupar?

La alegría desapareció de mi rostro y sentí como si me hubieran tirado un peso pesado sobre el pecho. Me costaba respirar al pensar en la conversación que había manenido con mi madre. ¿Tenía que decírselo?

—Seth —comencé a decir —. Mi madre me ha telefoneado.

—¿En serio? Vaya, ¿y qué te dijo?

Tragué saliva antes de contestar:

—Nada bueno


uuuuuuuuuuu

ya se ya se, feisimo lo mio. pero bueno, la puta escuela no me deja en paz! asíque me hice un ratito (? ajajaj para escribirles este cap

dejenme un lindo review y les voy adelantando que se acerca el final de la primera parte. pasa que si subo en capitulos las ideas que tengo, me va a quedar muy largo:S.

asíque, bueno, disfruten

espero con ansias sus reviews :D

las quiere

mica