CAPÍTULO 021


La inspectora se revolvió nerviosa en la silla y se adelantó hasta la pantalla donde Richard había elaborado un esquema de la situación. Repasó cada uno de los detalles centrándose, exclusivamente, en los residentes de Estados Unidos.

- ¿Todo bien? - Richard recogió el peluche que Robert había lanzado contra el suelo y se lo dejó entre las manos. - Ro, espérame aquí con el peluche y no lo lances, ¿eh? - caminó hasta Kate - Oye, seguro que pronto tenemos buenas noticias.

- Es bueno que seas tan positivo pero hace una hora que han terminado y no hemos recibido ninguna noticia.

- Normal. Están teniendo precaución. Llevando a rajatabla tus indicaciones.

- Ya... - se cruzó de brazos, estudiando aquellos datos como si fuesen la única verdad posible.

- Vamos, Kate. - la abrazó por detrás - Son los mejores. Espósito y Ryan traerán a tu padre sin problemas.

- ¿Has oído la televisión? David y su empresa han perdido su baza principal para ganar el juicio. ¿Crees que no vendrán a por nosotros?

- Por eso estamos aquí.

- Sí, con mil preocupaciones.

- Oye, ¿qué ocurre? - agarró sus brazos y la guio de forma cariñosa hasta quedar frente a él.

- Nada. - se cerró en banda mirando hacia Robert.

- Kate... - alargó su mano sujetando su barbilla y la dirigió hasta su mirada.

- No entiendo.

- ¿El qué?

- Que mi padre no haya dejado de trabajar en este caso. Que nos esté arriesgando a todos. No lo puedo entender.

- ¿Lo has hablado con él?

- Tendría que haber sido su decisión.

- La mayoría de la gente no podemos leer las necesidades del prójimo, solo como apunte. - encogió de hombros cuando Kate le lanzó su mirada especial.

- No le des la razón.

- No te ciegues que nos conocemos.

- Esos rusos no se andan con tonterías.

- Está haciendo su trabajo. Igual que tú lo harías. Entiéndelo.

- Eres muy comprensible con él pero luego si yo voy a escoltarlo no lo serías tanto. ¿O me equivoco?

Richard se acarició el pelo nervioso. Comprendiendo su postura. Pero incapaz de hacer más sangre de la situación.

- ¿Dónde está el problema real? - le cortó el paso cuando ella intentó llegar hasta Robert.

- ¿El problema real? Ya te lo he dicho. - se ofuscó al verse atrapada.

- Confía en mí. - volvió a cortarle el paso.

- Te estás ganando que me enfade contigo.

- ¿Más de lo que estás?

- No tientes tu suerte.

- Dime a qué le tienes miedo y te dejo pasar.

- No negocio contigo.

- Mira que soy muy buen negociante.

- Déjame pasar.

- No.

- Rick...

- Tú tampoco me dejarías pasar.

- No vayas por ahí.

- Tendré que utilizar todas mis armas para saber qué es lo que te ocurre.

- Ya se me pasará.

- ¿No confías en mí?

- No es eso.

- Puedo tomármelo por ahí.

- Rick...

- ¿Crees que no te voy a entender?

Robert lanzó el peluche con fuerza y ante el sonido ambos dirigieron su mirada hacia el pequeño. Kate aprovechó ese despiste para alcanzar a su hijo. Richard resopló al ver que ella siempre conseguía salirse con la suya.

- No tienes miedo por tu padre. - comenzó Richard en un tono muy bajo. Ella detuvo su paso, dándole la espalda - Tienes miedo a que ese grupo de criminales la pague con Robert, con Alexis o conmigo porque sabes que ya tienen nuestros datos. Por eso mismo controlas a Alexis en el colegio sin mi permiso, por cierto. Por eso no me has dejado salir de casa en todo el día. Tu rabia con tu padre es que no haya adivinado que ahora sí tenía que detener su investigación. Porque hasta ahora y después de la muerte de tu madre y de su mujer os habéis comportado como auténticos kamikazes sin miedo a nada. - acortó las distancias y se detuvo a un milímetro de su espalda.

- ¿Ahora te crees adivino?

- No Kate. Pero te conozco. Mucho más de lo que piensas o te imaginas.

- A lo mejor no tienes razón.

- La tengo. Te consume el miedo. Y no lo puedes controlar y te enfada.

- ¡Vale señor listo! - se giró y lo golpeó con uno de sus dedos sobre su pecho - ¿Y qué si tienes razón? ¿Qué pasa si me muero de miedo porque no soportaría la idea de veros sufrir? O perderos... - apaciguó su voz al final como si esa última opción fuese algo insoportable de asumir.

- Que te hace perfecta a mis ojos. - agarró sus manos y la pegó contra su cuerpo - Mucho más perfecta de lo que ya eras para mí.

- No te burles.

- No lo haría nunca Kate. - acercó sus labios a los suyos - ¿No te das cuenta? - rozó sus labios, tentándolos - ¿Eres tan ciega que no ves que yo siento lo mismo por ti, por Robert y por Alexis? - le dio un tierno pero corto beso.

- Mi padre nos ha arriesgado a todos. - pronunció son tristeza. Se apoyó contra el torso de Richard y se abrazó a él.

- Estaremos bien Kate.

- ¿Por qué eres tan positivo?

- Porque soy muy afortunado. La vida se ha portado muy bien conmigo.

- No saldrás sin mí.

- Claro. - la estrechó más fuerte.

- Prométemelo.

- Te lo prometo Kate. - besó su cabeza - Te lo prometo.


Pero a veces resulta que las promesas que aseguramos respetar bajo cualquier ocasión o consecuencia no se pueden llevar a cabo. La mayoría de las veces porque ni siquiera somos conscientes de lo que realmente hemos llegado a prometer. En múltiples ocasiones se realiza por inercia o por apaciguar el dolor de aquella persona que nos está abrazando. Y cuando la vida nos tienta, caemos sin ser conscientes de que por cada acto hay una consecuencia. A veces buena, otras veces mala.


Espósito y Ryan llegaron junto a Jim dos horas y media después de haber abandonado el juzgado. Kate los recibió cargada de ansiedad. El nivel de preocupación disparado al máximo. Su padre lo notó y por primera vez se preguntó a sí mismo si estaría actuando de la forma adecuada. Pero la duda se disipó cuando Richard llegó a su lado y lo abrazó contento por tener un suegro capaz de defender la justicia aun estando bajo amenaza.

Media hora tuvo que pasar para que Kate se diese cuenta que Richard no estaba en casa. Comprobó cada uno de los rincones y sintió un enorme escalofrío recorrer su cuerpo.

- ¿Dónde está Richard? - entró de nuevo en el salón observando a Espósito, Ryan y Jim.

- ¿No lo encuentras? - Jim.

- No. - miró nerviosa para todos los lados con necesidad de salir corriendo.

- Beckett, sé que recibió una llamada de Alexis cuando fuimos a coger las bebidas a la nevera. - Ryan.

- ¿Alexis? ¿Qué escuchaste?

- Creo que algo similar a que no se encontraba bien y que finalmente no se quedaría en casa de su amiga. - Ryan.

- ¿Qué más? - preguntó alterada.

- He salido de la cocina con los botellines pero no ha venido. - Ryan.

- ¡Mierda! - pronunció Kate deseando que el coche de Richard estuviese en el garaje.


Salió de casa y corrió hacia la puerta de metal. El coche no estaba fuera, tal y como lo habían dejado aquella mañana. Y tampoco estaba dentro. Giró en círculos. Sintió un nudo en su estómago. Sintió que era incapaz de respirar y entró en pánico.

- Beckett, ¿qué ocurre? - Espósito apareció preocupado.

- Richard se ha ido.

- ¿A dónde?

- Imagino que a buscar a su hija.

- ¿Algún problema?

- Le dije que no saliese sin mí.

- Beckett, todo está controlado. No hay problema porque vaya solo.

- No. Os estáis confiando demasiado.

Kate cogió su teléfono al ver la imagen de Alexis en la pantalla. Espósito hizo lo mismo, alejándose varios metros, cuando recibió la llamada de un compañero.

- Alexis...

- ¿Kate? ¿Estáis de camino?

- ¿De camino? ¿No ha llegado tu padre?

- No. ¿No estás con él?

- No. Se ha ido a buscarte sin decirme nada.

- Puede que esté por llegar. Que haya pillado atasco.

- Sí, será eso. No te preocupes. Espérale y en cuanto llegue, llámame por favor.

- Claro, Kate.

La inspectora se giró en busca de Espósito y se tropezó con una de las peores caras que recordaba de su amigo.

- ¿Qué pasa?

- Beckett... - se acercó hasta ella.

- Espo, corta tu rollo paternal y dime lo que pasa.

- El equipo de vigilancia que hay rodeando el barrio del colegio de Alexis.

- Si.

- Acaban de ver pasar el coche de Richard.

- ¡Termina! - gritó histérica.

- Un coche salió de un cruce. Un coche negro. Lo ha arrollado.

- ¿Cómo? - zarandeó a Espósito nerviosa.

- Tranquila Beckett. Cogemos el coche y vamos hacia el hospital que nos indiquen.

- Alexis... - susurró caminando hasta el coche de Espósito - Robert...


Espósito acompañó a su amiga hasta el coche y después fue en busca de Ryan al que le asignó la tarea de ir a recoger a Alexis mientras Jim se quedaba a cargo de Robert.


Un metro. A un escaso metro del pasillo, que les habían indicado, Kate sintió desfallecer. Espósito agarró uno de sus brazos para sostenerla y ella solo pudo alzar la mirada cuando escuchó a varias enfermeras correr de un lado para otro asegurando que el paciente que tenían entre manos estaba en shock.