(Castiel)

He recibido órdenes superiores. Debo contactar a los Winchester otra vez. El mundo sigue en peligro. A pesar de haber vencido a Lucifer y de haber acabado con el Apocalipsis, los demonios no son seres que se den por vencidos fácilmente. Así que he sabido los planes de Beelzebú, el príncipe de las Tinieblas, el segundo después de Lucifer, el que no podrá reinar jamás por sí mismo por órdenes expresas de Dios. Pero este rastrero ser ha hallado la forma de volver al ruedo y asegurarse un reinado a través de un testaferro humano. Sí. Sam Winchester es esa persona. Luego de su regreso del Infierno, ha quedado afectado en su humanidad, y se podría decir que está más cerca de ser un demonio que de continuar siendo humano. Ha sido afectada su naturaleza intrínseca a causa de la gran cantidad de sangre demoníaca que ha ingerido para soportar ser el envase de Lucifer. Y hasta donde sé el proceso es irreversible. No hay vuelta atrás. Mis órdenes son hallarlo y destruirlo antes de que lo hallen Beelzebú o sus secuaces o peor aún, que él mismo acepte su nueva naturaleza y se transforme en el sustituto de Lucifer en el hoyo. Y mis órdenes deben ser cumplidas con estrictez. Ni siquiera Dean Winchester podrá impedir que lo que deba hacerse sea hecho. Así está escrito. Y nadie puede cambiar lo que está escrito en el libro del Destino. Imagino que hallar a los Winchester será tarea bastante fácil, conociéndolos como los conozco. Y aunque había desarrollado un cierto sentimiento de amistad hacia esos dos humanos, mi naturaleza angelical nueva y mejorada me indica que los designios del Creador deben ser obedecidos sin cuestionamientos. Sam Winchester debe desaparecer de la faz de la tierra y si su hermano intenta interponerse –como imagino que lo hará- seguirá su destino.

(Sam)

Missouri y Janet han llegado ayer a la casa de Bobby. Missouri tuvo una fuerte visión y han venido a advertirme. Aunque creo que es tarde para todos nosotros, aún para ellas, el gesto no ha dejado de conmoverme. La visión de Missouri fue bastante alarmante, según sus propias palabras, ya que me ha dicho que los ángeles –un ángel en especial- me busca para acabar con mi vida. Imagino que no se necesita mucha imaginación para darse cuenta que ese ángel es Castiel. Pero él es nuestro amigo, no comprendo porqué querría acabar con nosotros o conmigo. A menos que crea que voy a entregarme a Beelzebú y tema un nuevo reinado de los demonios. De todos modos, he estado pensando y para mantener el equilibrio cósmico que se ha alterado desde que Lucifer está encarcelado, es necesario que haya otro líder de los demonios. Y Beelzebú no puede serlo. Jamás lo será. ¿Si yo asumiera ese puesto sería posible que adquiriera la capacidad de curar el virus demoníaco que afecta a mi hermano y a Bobby? Si es así, no puedo dudarlo un instante más. Tengo que aceptar lo que me propone Beelzebú y debo hacerlo antes de que me encuentre Castiel o cualquier otro ángel que me busque. Voy a invocar una vez más a los demonios. Tal vez de ello dependa la vida de los seres que amo y la de media humanidad.

07:00 hs.

Anoche cuando me dirigía al desarmadero de Bobby, Janet me interceptó y con gesto aterrorizado, me ha indicado que necesitaba hablar conmigo. Lo que me dijo vino a completar un poco el panorama que se presentaba ante mis ojos. Yo en realidad ya sabía de esto por la lectura del diario de Dean, pero la verdad es que cuando lo leí, no lo creí del todo, y lo atribuí a la mente afiebrada de mi hermano, que en su afán de volverme a ver o de hallarme veía y oía cosas de nuestro pasado. Pero parece que es cierto. Janet misma me lo ha confirmado. Y ella no me mentiría. La visión de Missouri no ha sido tal y como ella me ha referido. En realidad quien la ha advertido acerca de mí, de los ángeles y de lo que debe hacerse es mi padre, John Winchester. Al parecer el espíritu de nuestro padre intentó primero comunicarse con Dean al hacerle oír en esa carretera lejana y solitaria su voz, indicándole que si no me podía salvar debía matarme. Lo mismo que le dijo aquella vez, unos instantes antes de su muerte física. La terrible frase que casi acabó con la vida y con la cordura de mi hermano. En ese momento Dean no lo comprendió porque en teoría yo ya estaba muerto. Pero el espíritu de mi padre sabía la verdad: sabía que yo había regresado y por eso se acercó a Dean para advertirle. Y ahora le ha advertido a Missouri exactamente lo mismo, que debe acabar con mi vida, debe ayudar a los ángeles en su misión, porque soy peligroso para la humanidad. Vaya novedad. Parece que siempre soy el malo de la película. La noticia me dejó bastante molesto, ya que sobre que debo soportar la inminente pérdida de mi hermano y la de Bobby, también debo ver cómo mis amigos, las personas en quienes confío me traicionan en aras del bien de la humanidad, cuando en realidad lo hacen por temor o por obediencia ciega. Janet me sugirió que huyamos, dejando atrás todo esto, pero la verdad es que no soy capaz de abandonar a Dean y a Bobby. Me quedaré y los enfrentaré a todos y si el entregarme a los demonios me da el don de curar el virus demoníaco, lo haré sin dudarlo y nadie va a impedírmelo.

En el frío del desarmadero no pude seguir el ritual de invocación que había preparado ya que Janet se acercó a mí, tratando de llegar a mis labios, tal vez para así demostrarme lo que mi mirada estaba provocando en su interior y los pensamientos que aparecían en su mente. Pero no llegó a hacerlo, porque al sentir su mano alrededor de mi cuello, sin tan siquiera hacer la más mínima presión, sólo deslizándose por mi garganta y su boca, susurrando en mi oído, de forma prácticamente inaudible, me obligaron a dejarme caer al suelo absolutamente rendido ante ella.

Ella parecía conocer cada rincón, cada pequeño detalle de mi, por lo que sabía a la perfección que botones tocar en mí, como hacerme sentir sensaciones, un sin fin de emociones, que nunca antes había conocido con otra persona.

Por eso cuando una de sus manos descendió hasta mi estómago y se deslizó bajo mi ropa, una corriente eléctrica atravesó todo mi cuerpo. Levanté mi rostro y miré a Janet que tenía los ojos cerrados.

"Sam..." Escuchar mi nombre, en un susurro, casi un espasmo, saliendo de los labios de ella, tan cerca de mi oído, me hizo sentir como nunca hubiera llegado a pensar que nadie pudiera hacerme sentir.

Ni siquiera era importante contestar y yo sabía que no lo iba a hacer. Janet simplemente sonrió y se dejó llevar por el momento, por mi respiración cada vez más agitada y sus manos que, algo temblorosas, pero seguras de lo que hacían, me habían quitado el cinturón de mi pantalón. Luego unió su boca a la mía y cerró los ojos, mientras las primeras luces del amanecer, nos fundieron en un solo cuerpo.

Recordé lo buena que era la vida y en silencio rogué que ese momento no terminara nunca. Pero ha amanecido un nuevo día y aunque Janet duerme a mi lado, sé que la paz no durará mucho más.