CAPITULO 21: una semana a vista de águila

DRACO:

Draco leyó la última entrada de Gorgona y le embargó la ira. Se sentía furioso e impotente por la tristeza. Se sentía conmovido por el texto que acababa de leer. Se sentía rabioso porque su misteriosa amiga estaba triste y el no podía consolarla. Se sentía enfadado consigo mismo por no encontrar ni el coraje ni las palabras para tomar su pluma y escribir con su propia sangre algo que pudiera consolarla porque sencillamente, no sabía que decirle. Respiró profunda y pesadamente intentando dejar la mente en blanco y tomo los instrumentos de escritura casi distraído, intentando que lo que quería decirle, surgiera solo.

"Mi querida Gorgona:

"Distancia no es ausencia. Silencio no es olvido. Quisiera poder decirte que todo saldrá bien, pero no puedo hacerlo: prometí serte sincero. Quisiera poder consolarte diciéndote que tu angustia acabara pasando, y que todo acabara volviendo a su cauce: pero yo me siento igual que tú.

"lo único que puedo decirte es que aquí estoy, y que aquí seguiré estando, como una atalaya intangible que siempre guardara tus secretos. Un vigía que atesora tus palabras y siempre estará a tu lado y siempre te brindara su amistad, por magra que sea dada las circunstancias.

"Lo que si te puedo prometer, mi dulce y buena amiga, es que dentro de siete días, si aun así lo deseas, en el baile de máscaras, te tomaré la mano y te daré un abrazo y te demostrare con solida presencia lo que tan torpemente te estoy diciendo ahora con palabras: que no estás sola.

"Nunca estarás sola, nunca. Aunque a veces, el único consuelo que te pueda ofrecer sea el consuelo del viento: que no se ve, pero se siente. No puedes contemplarlo, pero si notar sus efectos. Y eso, en cierto sentido, nos libera a los dos...porque por más que quieras atraparlo y encerrarlo... ¿con que jaula o reja encierras al viento?

Draco cerró el sanguine sin sentirse satisfecho. No era suficiente. Pero el día nacía y tenía que volver a la rutina. Desayuno desganado en la sala común, y se enfrentó a las clases del día sin demasiado entusiasmo, con la excepción de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Tenía que ir con cuidado con Carrow. Sabía que era un Mortífago, pero no podía precipitarse en acusarlo o desenmascararlo, y por eso, sencillamente, le dejaba claro que lo estaba observando. Draco procuraba siempre ponerse entre los alumnos a los que Carrow acosaba y el taimado profesor. Ya le había dejado claro en una ocasión que podía vapulearlo como y cuando quisiera, y el maestro había captado el mensaje. Quizás su clase de Defensa era en la que los alumnos menos sufrían a manos del sádico maestro. Y el rubio sonreía con tristeza al saber con seguridad que nadie, absolutamente nadie, apreciaba su gesto protector. Le miraban a él con más miedo que al profesor Carrow. Pero le daba igual. Draco era posesivo. Esa era su clase, sus compañeros, sus dominios...y si él no les hacia la vida imposible, ningún mortífago del tres al cuarto tenía derecho a hacerlo. No iba a permitirlo.

Cuando después de las horas de estudio volvió a la torre, se había cruzado un par de veces con la castaña, pero parecía evitarle. Y extrañado, Draco le dejó hacer. Estaba demasiado preocupado por Gorgona, por su tristeza...de un modo extraño y complejo, se sentía responsable de esa tristeza.

Esa noche, antes de dormir, solo encontró una escueta respuesta en el sanguine:

"Áspid: iré contigo al baile,...en estos momentos, no desearía ir con nadie más"

En cierto modo conmovido, Draco se fue a dormir, planeando su disfraz. Indeciblemente contento por la decisión de Gorgona, indeciblemente triste por no poder ir a su encuentro como el mismo.

HERMIONE:

Hermione lloraba. Lloró al leer la respuesta que Áspid le había dado en el sanguine. Lloró por haber hecho que su amigo se sintiera impotente de consolarla. Lloró por sentirse triste y cansada. Lloró por sentirse triste y cansada de estar triste y cansada. Y Hermione tomó una decisión...quería ir con Áspid al baile...quería darle un aspecto más sólido y material a esa presencia que compartía en sus conversaciones, sentía la necesidad de comprobar con sus propias manos que Áspid era real...quería tener algo a lo que aferrarse.

Bajó a desayunar y se enfrentó a las clases del día con estoica resignación. Se puso su mejor disfraz de sabelotodo listilla y no le permitió a nadie acercarse lo suficiente como para ver las marcas rojas que rodeaban sus ojos y delataban su llanto.

Paso más horas en la sala de estudio de las estrictamente necesarias, hasta que se vio vencida por el cansancio y tuvo que enfrentarse a lo inevitable: Draco.

Había terminado por acceder a lo evidente: El rubio le gustaba. Se sentía a gusto con el muchacho y sus rarezas y extravagancias. Con sus sonrisas desquiciantes y sus bromas subidas de tono, con sus educadas impertinencias y la cercanía y la delicadeza con la que últimamente la trataba. Pero Hermione siempre había basado sus decisiones en los hechos, y los hechos eran los siguientes:

-Ella era miembro de la orden del fénix, y él un ex-mortífago

-Ella era Griyffindor, el Slytherin

-Ella era una "sangresucia" y él un sangre pura que siempre la había despreciado

-Ella era una chica normal y corriente, y él un aristócrata de la nobleza mágica

-Ella era una mojigata indecisa, y él era famoso por haber sido un mujeriego seductor.

-Ella pensaba en casi todo lo que hacía, y el siempre lo hacía todo sin pensar

-Ella siempre se tomaba en serio todo lo que hacía, y él...él parecía que flotara por la vida en una barcaza contemplando el paisaje con una sonrisa como si sencillamente, todo tuviera que ser así.

Hermione estaba muy asustada. No quería que Draco le hiciera daño. Tenía la absoluta certeza que su cortesía, su educación, y todos los cambios que había tenido para con ella...sin duda todo eso le gustaba, la hacían sentir alagada y especial...pero en cierto sentido, seguía siendo Draco...no quería ser una más de la larga lista de las "chicas Malfoy" si los cotilleos eran ciertos. No quería caer en ese pozo sentimental del que quizás no pudiera salir. No quería que Draco Malfoy le rompiera el corazón, si él la rechazaba,...si todo era un juego para el...el orgullo de la castaña no se recuperaría nunca.

Lo que más la desesperaba era saber que ella si sentía algo por él. No sabía exactamente que, ni como había pasado...ni cuando...ni porque...pero lo sentía. Y le aterraba no saber lo que Draco sentía. Con Ron era diferente, Ron no podía esconder sus emociones, nunca pudo. Pero el rubio platinado era distinto. Si había algo que Malfoy no era, es que no era un niño. Y Hermione nunca sabia como interpretar o como leer sus sonrisas o sus miradas. La desconcertaban. Era como ver un texto en una lengua extranjera que no sabía leer, ni interpretar, ni siquiera podía reconocer la escritura. Hermione se enfrentaba a lo desconocido frente a Draco, y eso la aterraba.

Se pasó el día escabulléndose e intentando evitarlo. No se sentía capaz de afrontar esa sonrisa ignota y ladeada y esos ojos de mercurio en esos momentos.

Fue esa noche cuando tomo su decisión: no iba a esperar a Draco, no iba a hacerse esas ilusiones ni aferrarse a esas esperanzas. Iría con Áspid...y dejaría que su misterioso amigo fuera el soplo de aire fresco que tanto necesitaba. Hermione se estaba ahogando.

DRACO

El rubio pasó varios días muy confuso. Era como vivir solo. Y las pocas veces que se cruzó con Hermione o compartió un rato en el salón con ella, era como estar solo dos veces.

¿Qué diablos le pasaba? Desde que él le tomo el pelo con la ropa, después de haber dormido juntos en el cuarto de él, ella había estado ausente. Tenía la sensación de que le evitaba, y que procuraba no estar a solas con él. En un par de ocasiones intento hablar con ella, e incluso disculparse si era necesario, pues aquel día solo pretendía ruborizarla, y Draco tenía la sospecha de que la había ofendido y no podía soportar la frialdad de la ojimiel.

Quería volver a como estaban antes...aquel tira y afloja, aquellos roces accidentales que tanto le gustaban...verla ruborizarse ante sus comentarios mordaces...la carita de perpleja incertidumbre ante su mordaz picardía...

Draco se sinceró consigo mismo. En cierto sentido, estaba intentando seducir a Hermione Granger...y ella había huido. Lo estaba evitando. O eso o algo se le escapaba que no podía comprender y eso aun lo confundía más.

Y ante todo lo que sentía, Draco tomo la decisión cobarde, incapaz de afrontar la realidad tal y como se le presentaba: Dejo que el bálsamo de la vida rutinaria en la escuela adormeciera sus sentidos, y dejo que las cosas pasaran, sin hacer nada al respecto. No sabía que hacer...así que dejo que las cosas sencillamente...pasaran

HERMIONE

A dos días del baile, Hermione fue a Hogsmeade de compras. Compró un vestido para su disfraz, una máscara y unas cuantas pociones que iba a necesitar para cumplir todas las condiciones.

Allí se encontró con Ron, y cerrando bien sus compras en sus paquetes para que no viera lo que había adquirido, permitió que el pelirrojo la invitara a un chocolate en las Tres Escobas.

Ron estaba pálido y ojeroso y tuvieron una larga y fructífera conversación, en la que, al final, hicieron las paces. Ron prometió no volver a meterse de ese modo en su vida, si Hermione tenía la paciencia de darle una oportunidad para volver a ganarse su confianza. Habían pasado por demasiadas cosas juntos como para desperdiciar su amistad.

Y aun así, Hermione vio el dolor en los ojos del pelirrojo y se sintió muy culpable por ello, y acabaron dándose un abrazo y decidieron darse tiempo para sanar sus heridas.

Esa noche, la castaña escondió sus compras en el armario de su cuarto y bajo al salón a leer, y un demacrado y tembloroso Draco cruzó la sala de estar en dirección a su cuarto sin dirigirle una palabra. Y Hermione, incapaz de contenerse, volvió a llorar como no lo había hecho en días.

DRACO

A dos días del baile, Draco no podía más, y se encamino al salón de Gryffindor. Esa tarde tenían entrenamiento y lo sabían. Tuvo una charla con Potter y ante el estupor de este, Draco le pidió participar el en el entrenamiento. A lo que le contesto que sí, que claro, que faltaría mas.

Y el rubio se entregó al deporte sin miramientos y sin compasión. Dejando que sus músculos pensaran por él. Quería agotarse, quería estar rendido. No quería pensar ni sentir nada, quería jugar. Quería llegar agotado y caer en su cama esa noche sin ánimos ni fuerzas para nada más que no fuera dormir.

Y cuando dos horas después, sus brazos y pierdas chillaban doloridos, el hizo oídos sordos y siguió entrenando, exigiéndose más y más y más...ignorando los tirones y los calambres. Ignorando el entumecimiento por el frio y el sobreesfuerzo.

Harry lo miró preocupado igual que algunos de sus compañeros de equipo. Pero el entrenamiento terminó y Draco se fue dando las gracias sin escuchar nada de lo que los leones le preguntaban. Y esa noche, pasó junto a Hermione en la sala común y se dirigió a su cuarto en silencio.

Y tras una ducha de agua casi hirviendo que le relajó, se dejó caer en la cama. Más muerto que vivo de puro agotamiento. Esa noche, Draco no durmió: sería más exacto decir que cayó inconsciente en la noche.

EL DIA ANTES DEL BAILE:

"-Áspid... ¿estas ahí?"

"-por supuesto Gorgona"

"-siento no haber estado mucho contigo esta semana...no me encontraba con fuerzas de nada...quería estar sola"

"-Lo comprendo...no te preocupes por eso"

"-Áspid, ya sé de que iré disfrazada al baile"

"-Estoy impaciente por oírlo..."

"-Iré de lo que contigo soy, una Gorgona, una Medusa..."

"-Me alegra oírlo"

"-Creía que dirías alguna de tus mordaces impertinencias..."

"-Mi querida amiga...si tu semana no ha sido muy buena, la mía no ha sido mucho mejor, créeme que estoy entusiasmado por ir mañana contigo al baile...pero es que hoy no tengo ánimos ni fuerzas para demostrarlo, espero que me disculpes por ello"

"-¿Estás bien?"

"-Me siento inútil"

"-como que te sientes inútil Áspid?"

"-Estos últimos días he sido incapaz de estar ahí para ti, no te he podido consolar, ni ayudar...y las cosas con Sihaya han ido de mal en peor...y creo que la poca esperanza que tenia de una oportunidad con ella se ha ido"

"-¿Pero que ha pasado?"

"-Nada...sencillamente nada...ella era la primavera del desierto...y sencillamente dio paso al verano y al invierno"

"-¿Pero no ibas a hablar con ella?"

"-Ella no quiere hablar conmigo"

"-Lo lamento mucho Áspid...de verdad..."

"-No te preocupes Gorgona, ya sabía a lo que me arriesgaba, y no quiero pensar en ella ahora, prefiero centrarme en el baile contigo"

"- como quieras Áspid... ¿cómo quedamos para mañana?"

"- ¿Qué te parece en el jardín? ¿Al lado de la fuente?"

"-Me parece fantástico"

"-Entonces hasta mañana, Gorgona"

"-que descanses mi Áspid"

LA MAÑANA DE LA NOCHE DEL BAILE:

Draco estaba sentado en el salón de la torre de premios anuales bebiéndose un té muy cargado, cuando Hermione distraídamente se sentó junto a él mientras leía un libro, no se había dado cuenta de la presencia del muchacho.

-Vaya... ¿vas a volver a hablarme?- dijo el rubio con un tono de voz neutro

La castaña dio un respingo al saberse acompañada

-Malfoy! ¡No te había visto!

-Eso ya lo sé, si no, no estarías aquí...

-¿qué quieres decir?

-Que llevas toda la semana evitándome, Granger...

-Eso no es verdad...-mintió ella

-Granger...lo que hagas o dejes de hacer no es cosa mía...es tu vida...pero nos llevábamos bien y no sé que he hecho esta vez para merecerme tu vacio.

-No pasa nada Malfoy...en serio...es que he tenido una semana muy difícil con Ron, y mucho que estudiar y ponerme al día...-las excusas salían con apenas un titubeo de su boca, a fin de cuentas, había una pizca de verdad en lo que decía.

-¿Volviste a discutir con la comadreja?

-Hemos hecho las paces...

-No sé si darte la enhorabuena o las condolencias...-apuntó el rubio dando un sorbo de té

Ella no respondió, y se quedo callada mirándose los pies. Ese comentario le había dado ganas de contestarle alguna insolencia. Pero las palabras no salían.

-¿Vas a ir el baile de esta noche, Malfoy?- se atrevió por fin

-No.- sentenció el rubio fríamente

-Pero si siempre te han gustado esos bailes...todos estos años no te has perdido ninguno...

-Sí, pero ahora soy un maldito ex mortífago, así que tengo la ligera sospecha de que mi presencia allí no será bien recibida. No tengo disfraz, dudo que alguna chica me hiciera el honor de ser mi acompañante, no tengo ánimos de bailes y fiestas, y sinceramente...creo que le alegraré la noche a más de uno si mi presencia brilla por su ausencia.-El rubio la miró de soslayo

-Eso ha sido cruel Malfoy...nadie diría nada si tú fueras al baile, y te iría bien salir un poco de la torre y divertirte...y el disfraz es lo de menos...y muchas chicas querrían ir contigo...-su voz fue perdiendo confianza.

-En serio Granger? ¿Y me lo dices tú que me has estado evitando toda la semana sin dirigirme la palabra y ni siquiera me dices que demonios hice para molestarte esta vez?- Draco perdió los nervios y se puso de pie yendo a zancadas hacia las escaleras de su cuarto- seguro que no serias capaz ni de decirme una chica que se rebajara a ir con un marcado del Sr Tenebroso del brazo esta noche

Mientras Draco subía furioso a su dormitorio, no escucho el leve susurro, casi un sollozo, que se escapó de los labios de Hermione: "yo..."

Corregido, leído, disfrutado y editado por Loonydraconian, que todos los trabajos sean tan placenteros como éste. Y si veis algún fallo, tiradme de las orejas, que siempre me han gustado las de Dumbo ^^