Capítulo 21: El muchacho de los ojos tristes.
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El brillo rojizo de aquellas letras cambio de inmediato, 3:33 la hora de las brujas, inocente en su cama aquella mujer se movía suavemente entre sueños moviendo sin querer a su gordo gato quien estirándose se levantó ante la presencia extraña de la habitación.
Un ser jadeante asechaba desde las penumbras de la habitación.
Un paso adelante y el fiel felino gruño en su dirección previendo el peligro latente.
Un segundo paso más cerca y ahora el animal lanzó un zarpazo en una clara advertencia que fue ignorado por el extraño allí asecho al igual que la inocente mujer que seguía dormida.
Un tercer paso de aquel ser cuya boca se abrió jadeante con hambre una dolorosa hambre que gritaba por ser apagada, el aro volvió a gruñir atacando el aire para advertir más esta vez el hombre gruñó de regreso buscando el dominio en aquella peluda bestia.
El viejo y gordo gato no se amedrentó por esto si no con renovada valentía se dispuso a saltar enzima de su atacante para salvar a su dueña en un acto suicida.
Un salto que quedó congelado en el aire, al igual que el tiempo, los mosquitos dejaron de zumbar y la mujer durmiente dejo de moverse, el reloj se mantuvo inmóvil.
El hambriento ser se percató de esto, noto al extraño gato congelado dispuesto a enfrascarse en una terrible lucha flotando en los aires y más allá, aún costado de la cama de su presa, estaba ella la muerte de cabellos chocolates y piel tan pálida como la luna negando con la cabeza, pero él tenía hambre y avanzó otros pasos estirándose para alcanzar a la mujer dormida.
La muerte volvió a negar dejando sus pies congelados en una clara advertencia.
"No"
Pero el hambre era demasiada, necesitaba saciar aquel intenso deseo que afligía su ser, la muerte piadosa notando aquello del favorito de sus hijos extendió los brazos como una madre haciendo que este corriera dejándose envolver por su manto.
Y ahí en el frío y vacío regazo de la muerte no hubo más hambre, no hubo dolor, no más desesperación, solo la infinita nada, Miguel finalmente obtuvo algo de paz.
En un instante Mochi, el viejo gato familiar cayó al suelo confundido al verse en una habitación habitada únicamente por su ama, la mujer se levantó al sentir el peso de su gato sobre sus piernas, gruñendo entre sueños.
El reloj marcando las 3:34.
"Ni una simple sonrisa, ni un poco de luz
En sus ojos profundos
Ni siquiera reflejo de algún pensamiento
Que alegre su mundo"
Comenzó como una inocente apuesta, Miguel aburrido y tal vez un poco nostálgico se encontró con Leo en ese pequeño pueblo, el centro del universo lo llamaban en broma, él fue a recoger una deudor y Miguel quiso quedarse para la fiesta, de mala gana Leo acepto y pronto la noche se ilumino con el puentes de flores dejando entrar a los muertos, entonces una idea cruzo la mente del charro mientras veía a unos niños juguetear y una apuesta quedo dicha, quien se quedaría con la chica, ¿cuál de los dos niños ganaría su favor?, Miguel eligió al músico y el aguerrido muchacho fue el campeón de Leo, luego sellaron su apuesta, el otro tendría que acceder al pedido sin pensarlo dos veces y así ambos se marcharon, pero leo se quedó cuido y guio los pasos de su campeón y cuando Miguel lo supo se molestó, pero no era trampa solo un vacío legal en su apuesta, entonces la chica volvió y la balanza se inclinó a Miguel por lo que Leo dispuesto a todo para ganar intervino, la chica murió y en su dolor el joven intercambio su alma por la de ella, su campeón era más noble de lo que pensó y prefirió las llamas del infierno a perder su amor.
Miguel lo vio todo, ablandado por ese acto tan desinteresado cedió su victoria, solo si solo le devolvía el alma al pobre chico, leo ni siquiera dudo y cuando llego el momento de cobrar la apuesta Miguel fue obligado a llevarlo por el puente.
-Ayúdame a entrar a la tierra de los muertos - dijo leo mirando a su amigo fijamente - ese es mi único pedido para ti.
-Pero - dijo inseguro mordiéndose el labio - no sé si sea una buena idea.
-Perdiste la apuesta Rivera - le miro enojado - cumple tu parte del trajo - Miguel aun así estaba dudoso había una razón por la que los demonios como Leo no podían entrar ahí - por favor - dijo entonces él con suavidad - solo quiero verlos, a mi familia, no los eh visto desde – hizo una pausa - Desde hace tanto tiempo - Miguel lo miro entonces al estoico charro negro quien jamás mostraba otro sentimiento que no fuera burlar a los demás y extrañamente se sintió conectado, Porque de igual manera no podría ver a la suya.
-Está bien - asintió con suavidad, Leo se animó ante esto sonriendo tan felizmente que Miguel lo hizo también, extendió su mano entonces para guiarlo en el camino pero leo negó, no solo bastaría con eso, no él sabía bien como entrar como ocultarse en el vacío en su interior y pasar desapercibido, el demonio se acercó entonces sosteniendo su rostro entre sus manos y mirándole fijamente para dar una última sonrisa antes de pegar sus frentes juntas, dolió, Miguel sintió el cuerpo de Leo volverse tan caliente como lava liquida, hierro fundido que le atravesó el pecho hasta desaparecer y fusionarse en uno solo ser, cayó al suelo jadeando, llorando de dolor por el proceso, sintiendo la otra presencia en su interior.
Se levantó entonces sin perder tiempo alguno para cruzar, no fue difícil, las pequeñas calaveras, aquellos que empezaban a acostumbrarse a su presencia le dejaron solo nadie quería meterse con una parca, Miguel paso sudando, soltando un suspiro de alivio al verse a salvo y sin más camino a un callejón cercano a aquella panadería, fue el destino o la casualidad tal vez, cuando se dio cuenta estaba vomitando bilis negra, aquella que le quemaba la garganta.
El extraño líquido negro fue creciendo, saliendo con rapidez de su cuerpo no solo de la boca, por la nariz e incluso por los ojos como una grotesca película de horror tomando poco a poco la forma del inconfundible charro negro, Miguel apenas si lo miro dolido por la extraña transición.
-Gracias mi amigo - dijo el hombre dándole una suave palmadita en la espalda creo que puedo desde aquí - y así le paso de largo saliendo de entre el callejón para caminar hasta la panadería, sus pesadas botas tintinearon al entrar por la puerta, una pareja atendía a otras calaveras despachando el pan y otro hombre de cabellos grises levanto la mirada al recién llegado quedando sin aliento - ¿Qué, te comió la lengua el gato? - Se burló el hombre sonriendo
-Le... ¿leo?- dijo sin poder creerlo.
-Mira nada mas ahora el tartamudo es otro – sonrió, Miguel entró entonces por la puerta esperando una bella reconciliación, solo que el hombre no parecía feliz de verlo, nadie lo hacía de hecho - ¿que no saludas a tu hermano Nando?- abrió los brazos como esperando un abrazo pero la calaca retrocedió.
-Tú no puedes estar - aquí dijo inseguro - tu no...
-No - negó con suavidad caminado un par de pasos - tu eres quien no merece estar aquí - y diciendo eso agitó su látigo llenando el aire con olor a azufre para atraparlo en este y empezar a estrujarlos - tu maldito cobarde - gruño resentido- me abandonaste, ¡mira en lo que me convertí! - grito con fuerza sus ojos centelleantes en fuego - pues que crees que cabrón de esta no te salvas - el hombre grito y con horror Miguel vio como la calaca explotó convirtiéndose en polvo fino y una hermosa luz blanca, Leo la tomo entonces devorándola al instante.
-¿Leo?- dijo inseguro Miguel porque esto realmente no era lo que esperaba - ¿qué haces?
-Cobrado una deuda - murmuro - gracias por dejarme entrar tu si eres un gran amigo - sonrió - por eso no te matare - y diciendo eso lo lanzo contra las puertas sacándole del local, adentro más gritos se escucharon, chillidos de las personas que fueron devoradas por el demonio.
-¡Basta!- dijo entonces una parca acercándose ante la mirada impotente de Miguel que no podía hacer nada para detenerlo no a leo, el demonio era muy poderoso - no sé cómo entraste y no me importa pero esto se termina - la parca se lanzó contra el usando su roja guadaña, mas Leo sonrió simplemente, agito su látigo para golpearlo, él era poderoso, no por algo tenia uno de los rangos más altos del inframundo pero tras alimentarse con almas puras, tras absorber aquellas inocentes fuentes de luz pudo ganar sin problema contra una parca, no duró mucho en un segundo Leo la tenían contra una pared, su mano en su pecho rasgando su esencia y bebiéndola como su alimento.
Las parcas no tenían almas, estas pertenecían a la muerte misma y sin embargo su esencia, aquello que los mantenía ahí podía ser destruido, el charro negro absorbió esta existencia al devorarle sintiéndose más poderoso que nunca, empezó reír, el poder de esta nueva víctima corriendo por sus venas haciéndole más y más poderoso.
-¡Basta! - Grito ahora Miguel jadeando al verlo convertirse en una enorme bestia de fuego, al verlo atrapar almas y devorarlas sin contemplaciones, Leo lo miro entonces sus ojos centellantes en fuego lanzado una manotazo para alejarlo, solo que el golpe jamás llego, frente a Miguel apareció ella, la muerte misma deteniendo con su simple presencia tan gran ataque, Leo gruño entonces apretó un puño listo para golpearla cuando ella levantó su mano, solo su palma, una lluvia de pétalos naranjas lo envolvió entonces y el charro negro fue despojado de ese mundo de vuelto a sus dominios.
Solo quedó la destrucción, Miguel miro a su alrededor, las casa caídas ninguna calaca cercana, todas las almas fueron devoradas, todas menos una, de entre los escombros de la panadería, era muy vieja ya, de largos cabellos grises ondulados llorosa llamaba a su familia, Miguel no lo sabía pero esta era la abuela de Leo, aquella que fue merecedora de su compasión.
La muerte lo miro entonces, estaba enojada furiosa los destrozos fueron enormes.
Fue castigado entonces, regañado por la única calaca que ahí supo la verdad don chava diciéndole el número de reglas que rompo, el tratado que existía entre los reinos, entre las demás deidades y como puso en peligro todo eso llevando al charro negro ahí, trató de excusarse de explicar todo pero la muerte solo negó y le mostró la verdad del engaño de su amigo, a la chica muerta y los jóvenes destrozados a su músico suicidarse para estar con su amor y al campeón de leo con la manchas en su alma.
Leo lo había engañado, le había utilizado todo ese tiempo, todo fue una mentira, se sintió estúpido por creerle, después de eso fue enviado a Alemania y aún que leo intento arreglar las cosas diez años después no le dejo, lo llamo mentiroso, le grito y amenazo, Miguel lo repudio, el único amigo que le quedaba a Leo le maldijo con sus palabras lastimándole igual que la primera vez.
Leo apareció en la habitación principal de su hacienda botellas llenas de tequila ya destilado a su al rededor, Teodora llorando mientras abrazaba una botella aquella con el nombre de su hermano.
-Deberías agradecerme - siseo Leo - ahora nunca te abandonara otra vez.
-Eres un bastardo - dijo ella enojada, porque si le dolió mucho el abandono de Nando verlo feliz con alguien más pero esto jamás le hubiera deseado algo así, negarle la oportunidad de reencarnar era lo peor de todo - no tenías que hacerlo.
-¡Callaté!- grito el furioso - ¡estoy harto de ti!- la empujo con fuerza levantando una mano lista para golpearla por primera vez en todos esos años juntos pero detuvo sus crueles palabras y actos al escuchar el replicar de la chimenea, el fuero empezó a arder con fuerza anunciando lo peor- vete - le dijo a la chica en el suelo - ¡largo!- grito con insistencia al ver que no se movía y está ya conociendo la razón de aquello tomo la botella de su amado y salió corriendo a su habitación.
Teodora apenas si llego a su habitación cuando los gritos comenzaron, cayó sobre su cama abrazando la botella contra su pecho ahogando los jadeos ante tal horrorosos gritos, ella nunca lo había escuchado, en todo el tiempo junto a Leo jamás escucho algo tan aterrador los gritos resonantes de dolor y agonía de leo inundaron la hacienda un castigo cruel por romper las reglas y entrar al reino de la muerte.
Diez años duro la agonía, diez largos años en donde México no supo del charro negro, donde Teodora tuvo que escuchar el sufrimiento de su mejor amigo, no fue hasta que los gritos cesaron, que la hacienda se sumió en paz absoluta que salió de su habitación, flotar en la hacienda era algo que hacía muy poco, Leo lo odiaba y sin embargo ninguno de sus poderes fueron restringidos para ella, incluso tenia señal para su teléfono.
Así que camino con suavidad con delicados pasos hasta la habitación principal, ahí estaba el en un charco de sangre seca y fresca, con los pantalones negros como su única prenda y botas brillantes, su camisa había desaparecido y marcas de latigazos frescos en su carne podían verse, Teodora se horrorizó, sabía bien que cualquier daño a él se curaría al instante por lo que Leo debió sangran sin parar, curar su carne solo para ser desgarrada una y otra vez en un ciclo sin fin esos diez años, camino hasta el chico inconsciente aquel que se había convertido en su propietario en esos años y suspiro tomo su cabeza entre sus manos y lo abrazo.
Cuando leo despertó estaba en su habitación entre las sabanas negras de su cama y con Teodora a su lado revisando su teléfono
-¿Qué haces aquí?- dijo con desdén levantándose, sintiendo su carne arder.
-Pues obvio cuidándote idiota - rodó los ojos la chica- pero que conste que no soy enfermera así que no te acostumbres - dijo con su inconfundible tono de voz, Leo frunció su nariz molesta más soltó un suspiro en su lugar.
-No - negó con suavidad - lo que quiero decir es que... Te quedaste - soltó finalmente la chica dejo de lado su teléfono y miro al joven, a su amigo más preciado, por quien arriesgo tanto con quien vivió tantas aventuras y constantemente se salvaron la vida, vio al joven que llego a considerar su familia aquel que vio crecer y convertirse en alguien irreconocible, vio a Leo san Juan y no al charro negro.
-Siempre voy a quedarme - respondió con sinceridad poniendo su mano sobre la de el - o sea obvio quien va a evitar que hagas estupideces chisguete - termino burlista rompiendo con el bello momento, Leo frunció la nariz ante ese apodo, aquel que odiaba pero lo permito, lo merecía solo por esa vez.
La próxima vez que el mundo volvió a ver al charro negro este era mucho más cruel y sanguinario que antes, sus tratos no eran nada justos y el plazo de estos se redujeron considerablemente, los latigazos en su espalda nunca cicatrizaron y aun hoy en día podía sentir la carne viva ardiendo debajo de su ropa.
El castigo por su insubordinación.
La próxima vez que Miguel lo vio, no fue en México, apareció en España siguiéndole tal vez, él le recrimino por engañarle, por hacer trampa en su apuesta y Leo solo se burló de él.
-Mi dulce e inocente Miguel - dijo burlista - realmente crees que yo tuve algo que ver con eso- negó - no mijo yo solo quería entrar al mundo de los muertos sus almas no me interesaban, deberías pensar quien puede cambiar el destino sin consecuencias - Miguel lo miro confundido para luego fruncir la nariz indignado ante lo que implicaba.
Ella no haría algo así tratas de engañarme.
-A ti jamás mi buen amigo - sonrió - tu y yo somos iguales Miguel, ambos nacimos especiales y por eso mismo fuimos elegidos nuestro destino fue decidido por alguien más, aquellos a los que servimos, la diferencia es que tu aun no lo vez crees que ella es buena, que es justa y generosa no mi amigo, ella es egoísta y créeme cuando te digo - sonrió mostrando sus afilados dientes - vas a terminar igual que yo - sus ojos centellaron en fuego - mírame bien Miguel Rivera - Leo ardió en llamas entonces para cuando estas se apagaron su propia cara le recibió, solo que no era el, sus ojos estaban fríos completamente negros, sus dientes eran afilados y en su mano había una vela aquella que se convirtió en polvo en un santiamén, Miguel se estremeció cuando Leo en su rostro soltó una risa macabra que le heló la sangre para después desaparecer.
Se dijo que era una tontería que Leo solo quería asustarlo, molestarle y engañarlo, no fue hasta años después, cuando la muerte le ofreció aquel trato que se dio cuenta que Leo tenía razón y estaba equivocado, porque él no era como el charro negro, no, se rehusó a seguir el camino impuesto para él.
Cuando la muerte le ofreció un trato, él diría "No"
"Hay tristeza en sus ojos hablando y callando
Y bailando conmigo
Una pena lejana que llega a mi alma
Y se hace cariño"
Fue una casualidad, Miguel había abandonado los escenarios hace un año y sin embargo, su representante llego con una propuesta, no tenía que presentarse en vivo solo grabar otro nuevo álbum y el morbo de saber de ese ídolo seria toda la publicidad necesaria, no quería, desde la muerte de María odiaba cantar y sin embargo le recordó todo lo que había ganado, la estúpida hacienda en la que ahora vivía con su familia, el lugar donde se había retirado luego de perder a su mejor amiga y las comodidades que sus padres ahora gozaban.
Tenía dinero, como la espuma de un buen chocolate su fama creció e irónicamente luego de la muerte de María se disparó a un mas no había nada que amara más el pueblo mexicano que la melancolía por perder a un ser amado y la música de Miguel tenía ese tinte, el dolor mezclado con la culpa y desesperanza hicieron de su música algo inaudito, toda persona con el corazón herido se sintió identificado, todos querían más de Miguel.
El nuevo disco de termino de grabar una tarde nublada, ese mismo día Miguel ensillo su caballo y salió por la hacienda a dar un paseo, quería estar solo llorando y tal vez hablar con la mujer que desde su falta no dejaba de seguirle, al principio se rehusó a aceptar su presencia pero esta solo sonreía al ver cómo le negaba, el siguiente año que el puente se abrió y corrió a ver a María fue detenido y aquella calaca tan peculiar le explico su nueva condición o maldición más bien, Miguel se burló al principio escapo y corrió a ver a su familia a disculparse con María y esperar morir al amanecer y sin embargo no paso, su piel no se volvió huesos y el puente que se debió desvanecer se abrió solo para que el pudiera cruzarlo, así cada noche el puente se abría tan solo de pensarlo.
La mujer nunca había hablado con él, solo le miro desde lejos con una calma que le estremecía hasta los huesos entonces su caballo lo tumbo y una roca partió su cráneo, cuando despertó la noche estaba oscura, la sangre en su cabeza estaba seca y le buscaban por todas partes, pero no hubo herida y cuando se concentró bien pudo recordarse nuevamente en el mundo de los muerto y la misma explicación que don chava le venía dando, "eres una parca ahora, no puedes morir pero deberías cuidarte más".
Un año más había estado viviendo así, su pastel de cumpleaños de hace unos meses tenían 19 velas, su familia lo felicitaron y sin embargo no fue consciente de su nueva inmortalidad hasta que se reencontró con Alejandro, un compañero de la escuela de su época de estudiante, lo saludo alegre y agradeció por el trabajo en su hacienda, Miguel lo miro confundido pues no entendía nada solo entrego las riendas de su caballo y dispuso a ahogarse en alcohol para olvidar la presencia de esa mujer que lo vigilaba, entonces Alejandro hablo de su esposa, de su pequeña niña en camino y como ya tenían uno más chico.
Miguel se dio cuenta que el mundo seguía avanzando, que su pequeña hermana iba a crecer, su prima estaba a un paso de la universidad, su primo Abel estaba comprometido y sus pequeños primos ya estaban en secundaria, todos absolutamente todos avanzaban en sus vidas, menos el, Miguel estaba estancado, su cuerpo jamás crecería, su cabello no se volvería canoso como el de su padre, sus manos no se arrugarían y el jamás morirá, no podría formar una familia, fue en ese momento que se dio cuenta que no había lugar para él.
Tres días después tomo una decisión se aseguró de que nadie lo siguiera, que no notaran su ausencia ni fuera interrumpido, tomo una soga y camino hasta el cementerio, saludo a una viejecita en el camino y beso la lapidas de sus antepasados pidiendo perdón entonces se ahorco en la rama de un árbol y aun que sabía que no iba a morir le suplico a la muerte ayudarle en esto.
Escuchar a tus padres llorar tu muerte es el peor sentimiento del mundo, ser declarado muerto para luego preparado para el velorio fue una tortura, sintió como era desgarrado y ultrajado para prepararlo y aun que no sangro pudo sentir cada parte, entonces fue enterrado escuchando lamentos y rezos que le helaron la sangre para después arrastrarse entre tierra bajo la lluvia creciente, se permitió llorar, sacar todo su dolor mientras la muerte lo consolaba, mientras sus ropas era cambiadas y secadas a su atuendo usual, mientras era conducido al otro mundo y le mostraban sus nuevas responsabilidades, mientras evitaba mirar el dolor que dejo en su familia.
Miguel no había pensado en nada de eso hasta ahora.
Hasta Hiro.
Se negó a escapar nuevamente.
"El muchacho de los ojos tristes
Vive solo y necesita amor
Como el aire, necesita verme
Como a él solo, necesito yo"
-¿Miguel puedes ayudarlo? – pregunto María mirándole con sus enormes ojos chocolate, la joven parca solo negó con la cabeza mirando el desastre en el que se había convertido Ernesto de la cruz.
-No podemos hacer nada mija – murmuro la vieja calaca, aquella que se había vuelto amiga de Miguel que le ayudo en su aprendizaje de ese mundo, don Chava suspiro negando con la cabeza – esa maldición se la puso a sí mismo, la muerte solo dejo que continuara.
Cuando Ernesto de cruz estaba vivo al igual que muchos de nosotros toma decisiones, algunas pueden guiarte a un agradable futuro donde al final es recompensado con el más allá, otras te condenan al sufrimiento eterno de las llamas del infierno si es que tienes suerte y no quedas atrapado con él, pero algunas otras son mucho más cueles, cuando Ernesto vacío el veneno en la copa de su amigo y le invito a brindar, cuando robo su guitarra, sus canciones y abandono su cuerpo sin identificar para ser dejado en una fosa común se maldijo eternamente, una maldición que le siguió hasta después de morir.
La muerte había visto esa maldición en su alma y contrario a lo que muchos esperaban que fuera enviado al infierno ella le dejo entrar, porque la fama en el más allá solo era una parte más de su maldición, por que poco a poco Ernesto se fue debilitando, tras descubrirse el engaño su ser completo empezó a decaer y el gran hombre solo fue una sombra de su pasado, los muertos no sienten dolor, no lo sienten a menos que vayan a desaparecer, la llaman la última muerte, cuando realmente deberían llamarle la reencarnación, pues es ahí donde su alma se purifica para volver al mundo de los vivos en una nueva oportunidad, donde pueden buscar aquello que tanto deseaban, o aquel a quien siempre anhelaron.
De la cruz no podía reencarnar, porque asesinar a su único amigo, a aquel que considero como su verdadera familia le puso una marca que lo impedía y ahora, tras tantos años había sentido el dolor intenso de no poder desvanecerse, pues su alma quería reencarnar, pero la marca lo condenaba a seguir ahí, mantenerse en ese mundo hasta encontrar el perdón.
-Solo el perdón lo salvara – había dicho don chava alguna vez y aun que Miguel quiso ayudarle nunca pudo, porque no lo deseaba de corazón, porque Miguel se regocijaba o al menos una pequeña parte de él lo hacía con el dolor de ese ser.
Durante mucho tiempo María vio a su bisabuelo sufrir de la agonía de aquella muerte que nunca llegaba, solitario en una casa en ruinas María era la única que realmente le importaba aquel hombre y quien pasaba su tiempo con él.
Miguel sintió su dolor, la tristeza de aquella pequeña alma y sin poder evitarlo llego a esta ella, para intentar consolarle se sorprendió mucho al verles ahí, su familia, papá Héctor y Mamá Imelda frente al pobre hombre que agonizaba.
-No luces nada bien mi viejo amigo – negó Héctor acercándose al hombre – lo que no se te cobro en vida, la muerte te lo quito y con intereses – bromeo con una media sonrisa el pobre hombre lo miro suplicante esperando una burla, lo peor, no lo culparía por su desprecio.
-Tu – dijo débilmente – tu… mi a..amigo por el… contrario – apretó los dientes – jamás luciste mejor – bromeo – lo siento.
-Lo sé – Héctor se acercó entonces tomo su mano con suavidad – lo sé.
-No… no debí – trato de hablar pero la vieja calaca solo negó.
-Está bien Ernesto – sonrió – ya lo pagaste todo y al final me ayudaste un poco, mira nada más luces peor que esa vez en la Guanajuato – bromeo sonriendo aún más, el otro hombre intento reír pero solo tosió más estremeciéndose ante otra oleada de dolor.
-Héctor yo realmente….
-Shhhhhhh está bien – dijo la calaca – ya todo está bien viejo amigo – y diciendo eso se inclinó para chocar sus frentes y darle la bendición con sus huesudos dedos – ve en paz mi amigo, yo te perdono – murmuro viendo como el alivio del otro se dibujó en su rostro.
Y Miguel quedo sorprendido por aquello porque de estar mintiendo Ernesto nunca hubiera sido libre y sin embargo ahí estaba desvaneciéndose en el aire listo para reencarnar nuevamente.
-Y ojala ahora encuentres a la familia que tanto anhelas – dijo al aire Héctor despidiéndose del su amigo, de aquel que siempre tuvo envidia de la felicidad del otro, que sintió traición al ver como Héctor la única familia que conocía le abandono por su mujer y su hija, por Ernesto de la cruz solo fue un hombre solitario que ansiaba tanto el amor que se dedicó a buscarlo en extraños.
Quetzalcóatl caminaba felizmente en su propio mundo cuando una pequeña esfera de energía llego a él la toco y de inmediato supo quién era, toda su vida, toda sus pecados, todo su esencia, también noto todo el dolor que había sufrido por su maldición e intento cambiar las cosas tal vez darle algo nuevo, quizás en España, en Francia, o en Normandía, no negó con la cabeza esa pequeña alma no parecía tener afinidad con ninguna y aun que podía consultar el oráculo para preguntar decidió otro pequeño giro.
El alma fue lavada y sus dones respaldados y tras buscar encontró a quien sería su futura madre, una joven madre soltera, seria duro, esta nueva alma tendría mucho que esforzarse pero tenía confianza, pues le dio la fortaleza que necesitaba pero sobre todo mucho amor, esa misma noche con un aguacero cayendo afuera un pequeño bebé nació.
Su madre lo llamo Marco de la cruz.
"El muchacho de los ojos tristes
Ha encontrado al fin una razón
Para hacer que su mirada ría
Con mis besos y mi gran amor"
Abrió los ojos confundido, todo a su alrededor parecían oscuridad que poco a poco fue aclarándose, miro entonces que vestía una fina yukata blanca y había pétalos de cempasúchil a su alrededor, de ahí debía venir el aroma dulzón entonces, levanto la vista para ver que estaba de hecho en un pequeño barco, el agua de aquél rio estaba oscura, negra, como brea y sin embargo algo brillaba debajo de esta, curioso quiso sumergir sus dedos pero antes más un fuerte "no" le detuvo, giro entonces notando como al otro lado de la barca estaba Miguel parado sosteniendo un enorme remo con el que parecía impulsar el bote, sus ropas eran completamente negras y cuando quiso hablarle nada salió de sus labios, frunció la nariz ante esto pero Miguel no lucia alarmado entonces unos gritos llamaron su atención en la orilla gritando y llamando su nombre estaban sus amigos parecían insistir en que volviera y Hiro solo saludo suavemente, al otro lado había más personas, seres con ropas negras y capuchas que no podían verse y junto a ellos estaba Tadashi, pálido y completamente asustado, él estaba llorando y negando con la cabeza, Hiro confundido por ver a su hermano así se giró a mirar a Miguel quien seguía guiándole apenas si mirándole "Casi estamos ahí" dijo Miguel entonces y Hiro confundido vio como empezaban a caer flores en su cabeza, pequeños botones rosas de aquellos árboles que aparecieron aun lado del rio, entonces paso, Hiro bajo su mano para acomodarse sintieron otra piel completamente helada, empezó a entonces quitar los pétalos rosas y naranjas que cubrían el fondo para revelar un cuerpo, miro asustado lo que estaba ahí, su rostro rodeado de pétalos completamente inerte, tan pálido como el funeral de Tadashi, vestido en un traje negro Hiro Hamada miro su propio cadáver en ese bote.
Hiro
Alguien estaba llamándole.
Hiro
Quería llamar a Miguel, preguntarle ¿Qué estaba pasando? Pero sus ojos no dejaban de ver al otro él.
Hiro
El cielo cambio de color entonces volviéndose más sombrío y el mar se volvió rojo sangre, pero Miguel seguía vigilante a su labor, gritos se escucharon a lo lejos y Hiro finalmente pudo despegar su vista de su propio rostro, pero fue aún peor, en la orilla los hermosos arboles de cerezos estaban machados en la sangre de sus amigos, quienes yacían muertos con sus trajes de batalla y su sangre teñía el rio donde viajaban.
Hiro
Quiso gritar pero no salía nada de su garganta, una fría mano atrapo su brazo entonces y mientras gritaba sin voz el Hiro en el bote abrió sus ojos, cuencas vacías llenos de oscuridad le miraron junto a un sonrisa sarcástica, entonces una sola palabra salió de sus labios.
Hiro
Despertó agitado y jadeante tras esa pesadilla, el sudor frio recorría su cuerpo y la soledad de su habitación no hizo nada para ayudar, una pesadilla definitivamente, casi empieza a hiperventilar pero no podía ir corriendo a la habitación de su tía como un bebé en su lugar se aferró a su manta y se quedó despierto el resto de la noche, preguntándose ¿si acaso esto era mejor a soñar con Abigail?
"Ni su nombre conozco
Y ya quiero volver a encontrármelo a solas
Y en sus ojos de otoño, dormir poco a poco
Olvidando las horas"
La buena noticia era que sus pesadillas recurrentes con Abigail había desaparecido, ¡Hurra!, la mala noticia es que ahora tenía pesadillas que si bien no tratan sobre la mujer que intento matarles ahora tenía que ver mucho con su muerte y la de sus amigos también, estaba la del rio interminable, también donde despertaba en un cajón enterrado vivo y su favorita, sarcasmo no lo es, donde todos sus amigos están muertos sobre el techo de un rascacielos con miles de luces navideñas adornándolo de fondo, todos con una constante obviamente, Miguel.
Así que Hiro se despertaba en las noches gritando y aterrado por sus pesadillas, ni siquiera dormir con Miguel lo salvaba, una noche despertó tan asustado que cuando lo vio le dio un puñetazo asustado al confundirlo con otro sueño fue un momento gracioso cuando Miguel lo conto aunque traumático para él, así que para el final de aquella semana tras otro largo día Hiro se encontraba en una mesa del café con su computadora y un par de papeles investigando, había pasado de "¿cómo combatir el insomnio?" pasando por "¿Cómo controlar tus sueños?" y terminando en " ¿cómo saber si mi novio el cual es una parca viviente podría volverse malvado asesinando a mis enemigos y luego matarme en cualquier segundo?" tal vez lo último fue un poco exagerado, pero bueno no había dormido bien en semanas.
-Estamos cerrados – murmuro Hiro sin levantar la mirada cuando la campanilla de la puerta sonó.
-¿Te gusta el ocultismo eh? – pregunto Ryan detrás de su hombro asustándole, Hiro de inmediato cerro su computadora y le miro enojado, odiaba que la gente husmeara en lo que hacía ¿Por qué estaba aquí y no en su habitación? O cierto tenia cierto miedo de estar solo en su habitación y sin Miguel por ningún lado Fred prometió pasar un rato aunque ya se había demorado.
-Mi tía bajara en un minuto – gruño de mal humor aun no contento con la idea de que saliera con este tipo tan raro - ¿No acaban de salir ayer?
-¿Qué hay de malo en salir también hoy? – respondió mirando una de las hojas que hablaba sobre rituales paganos, Hiro se la arrebató de inmediato molesto por su intromisión.
-Luce desesperado - respondió tratando de hacerlo sentir mal.
-Tal vez solo quiero aprovechar el momento, nunca saber cuándo se terminará, en la tradición Korowai se cree que la vida es entregada a uno como premio por los dioses, un regalo que debe aprovecharse al máximo pues de no ser así tal regalo debe darse a alguien más – dijo totalmente serio - aunque también son polígamos – murmuro meditando más para sí mismo que para el adolecente.
-¿La qué? – confundido Hiro le prestó atención.
-Una tribu, son un pueblo aborigen del sureste de Nueva Guinea Occidental– explico emocionado de compartir su sabiduría – es de las pocas que aún mantienen su sociedad hermética para los extraños.
-¿Cómo es que lo sabes entonces?
-Soy un domador de criaturas exóticas y salvajes nato – le pokeo la nariz – y me gustan los retos – sonrió socarrón, Hiro solo rodo los ojos – entonces planeas invocar un demonio.
-A la muerte más bien – murmuró tras un suspiro.
-¿quieres hablar con los muertos eh? – dijo totalmente serio mirando los papeles impresos de internet – los Korowai tienen un ritual para hablar con sus ancestros, creen que pueden otorgarles sabiduría, aconsejarles sobre el porvenir, quien no conoce de su pasado está condenado a repetirlo Hiro – mientras hablaba el hombre empezó a garabatear todo detrás de una de sus hojas totalmente descortésmente.
-Estoy lista perdona la espera – justo cuando Hiro iba a gritarle por tocar sus cosas la tía Cass bajo por las escales con un muy bonito vestido, Hiro se sintió entonces como aquella vez cuando Krei invito a salir a esta, al menos Ryan no tenía flores.
-Luces hermosa mi bella musa – dijo el hombre dejando lo que estaba haciendo para correr con la mujer – te traje esto es un escarabeo – dijo el hombre entregando un pequeño escarabajo de cerámica del tamaño de su mano de vistoso colores – es un amuleto egipcio te protegerá contra el mal de lo visible e invisible – sonrió y Hiro echo un pequeño vistazo, bueno al menos no habían sido flores extremadamente caras.
-Oh – la mujer lo tomo entre sus manos con curiosidad – es lindo, muchas gracias Ryan.
-Lo que sea por mantener a mi amor a salvo – dijo con galantería y Hiro recordó porque lo consideraba un idiota – nos vamos – estiro su brazo, la mujer le paso el escarabajo a Hiro era demasiado grande para cargarlo por ahí y tomo su brazo para salir - adiós Hiro, trata de no ser poseído – le grito Ryan y este casi deja caer el regalo al verse en evidencia.
-¿Poseído? – pregunto la tía Cass confusa.
-¿No van a perder su reservación? – pregunto Hiro inocente para desviar la atención, Cass asintió recordando y jalo al hombre para irse de ahí, en la mesa, en medo del solitario café, Hiro miro la hoja donde Ryan había ilustrado aquel ritual y solo suspiro, debía estar demasiado desesperado para considerarlo.
"Yo pretendo saber por qué extraña razón
Hoy sus ojos no ríen
Yo pretendo lograr con ternura y amor
Ver sus ojos felices"
Encontrar un lugar donde hubiera algún resto de aquellos percances, Hiro se negaba a llamarlos asesinatos, porque de ser así eso convertiría a Miguel en un asesino y nunca lo haría, aunque dentro de sí sabía que así era, el punto es que era difícil, dado que no había ningún resto más que cenizas en urnas, fue pegajoso o más bien el lugar donde el dichoso invento con restos mocosos había aparecido que Hiro pudo hacer algo, las cosas necesarias le fueron conseguidas por Fred quien hizo muchas preguntas y estaba al tanto de la situación, aunque todos querían estar ahí, Hiro necesitaba hacer esto solo, darse cuenta, descubrir la verdad.
Cuando la luna estaba en lo más alto, cuando el ritual parecía que no funcionaría y Hiro se levantaría para irse de ahí, sucedió, apenas estaba quitándose la pintura del cuerpo cuando el aro de ceniza negra ardió en llamas consumiendo toda la ofrenda, entre los humos de las llamantes flamas un rostro de dolor empezó a formarse y Hiro puede jurar que lo escucho quejarse, solo tenía una oportunidad, solo una pregunta lo supo "¿Quién?" preguntó Hiro a quien creyó debía ser pegajoso, las llamas se consumieron entonces y todo quedo en completa paz, decepcionado se levantó listo para irse, el viento soplo entonces llevando consigo parte de las cenizas y trayendo el aroma dulzón que tan bien conocía, negó entonces con la cabeza, sus ojos se cerraron ante lo que vio ahí, entre las cenizas quemadas completamente en buen estado había una flor, un cempasúchil naranja le confirmo lo que ya conocía.
Miguel se había convertido en una amenaza.
-¿Estás seguro de esto? – pregunto Honey apretando su hombro con suavidad, Hiro solo negó la cabeza confundido e inseguro.
-No – respondió con sinceridad – pero tengo que asegurarme.
De alguna forma se sentía diferente Miguel llego al trabajo al día siguiente mucho mejor que la noche anterior del irritado joven no había rastro alguno y Miguel estaba nuevamente tarareando música, eso fue lo que vio Hiro al irse a su clase en la tarde vio a Miguel bailar junto a su tía quien solo reía por las ocurrencias de este, ella se giró entonces golpeando un estante lugar donde el amuleto de protección de Ryan había sido colocado, Miguel lo atrapo justo para evitar que se quebrara el solo miro a la mujer sonriendo se lo devolvió en sus manos y susurro algo en su oído para ir a la cocina, Cass volvió a colocar el amuleto en su lugar sin notar que una de las inscripciones había sido quebrada, más tarde Hiro convenció a Miguel de acompañarlo a un lugar secreto.
-¿Hiro? – pregunto la parca mirando extrañado a su novio en la habitación solitaria este le había pedido ir, regresar a una de las bodegas de Krei por otro suceso paranormal pero no había dado muchos detalles - ¿Qué está pasando? – el chico se negó a mirarlo a los ojos y solo retrocedió entonces haciéndole notar que salía de su lado – ¿qué rayos? – gruño caminando pero fue detenido por algo invisible miro el suelo confundido y luego al techo notando la trampa dibujada en este - ¿Qué estás haciendo Hiro? – grito golpeando la pared invisible con fuerza, Hiro jadeo al verlo hacer eso, se suponía que no funcionaria, que Miguel saldría de ahí, que sus dudas serian derribadas, porque su novio no era un monstruo.
-Lo siento Miguel – muro el alejándose más pasos – creí que… deberías poder salir de eso – dijo entre confundido y traicionado.
-Me has atrapado - gruño furioso, sus ojos se volvieron negro entonces, vacíos y con furia araño el aire – sácame de aquí Hiro – exigió con voz profunda de ultra tumba, pero su novio no parecía ceder – Hiro – volvió a decir pero su voz era diferente y cuando Hiro volvió a mirarle el dolor le invadió, porque ese ahí dentro, la figura que suplicaba no era Miguel, era Tadashi – por favor Hiro déjame salir – suplico la parca con la voz de su fallecido hermano, Gogo apretó las mano impotente de aquella treta agradecida que Honey no estuviera ahí, Fred miraba todo confundido pero al mismo tiempo intrigado y Hiro, Hiro solo sintió un gran dolor en su corazón, porque Miguel estaba usando su más grande debilidad en su contra – por favor Hiro sácame de aquí – suplico nuevamente Tadashi.
-Lo siento Miguel – negó con firmeza aguantando las enormes ganas de llorar y la parca supo que su truco no iba a funcionar, golpeo la pared furioso, un Tadashi enojado parecía luchar contra su invisible prisión con gruñidos y maldiciones - Miguel basta.
-Vas a pagar muy caro por esto – gruño Tadashi, su voz volviéndose cada vez más grutal – cuando salga de aquí voy a destruirle – amenazo y el rostro de Tadashi empezó a deformarse cicatrices de quemaduras se corrieron por su piel dejándole horroroso, Hiro desvió la mirada incapaz de ver eso - ¡Hiro! – grito nuevamente golpeando con ira la pared invisible y nuevamente era Miguel furioso.
-No – negó el con firmeza volviendo a mirarle– no hasta que descubra que está pasando – titubeo un poco – no hasta que dejes de ser un peligro para los demás – y diciendo esto miro a sus amigos quienes asintieron y salió de la habitación.
-¡Hirooo! – grito con fuerza rompiéndole el corazón, pero el joven se negó a mirar atrás.
"El muchacho de los ojos tristes
Vive solo y necesita amor
Como el aire, necesita verme
Como a él solo, necesito yo"
-Les daré una oportunidad – dijo Miguel mirando a Fred y Gogo quienes tenían que cuidarle al parecer – si me dejan salir ahora no voy a matarles – dijo.
-No – dijo Fred frunciendo la nariz – esto es por tu bien – su voz era tranquila incluso algo preocupada.
-Si no me dejan salir juro que arrastrare sus patéticas almas al infierno – amenazo con ira.
-No creo – respondió Gogo soplando una bomba de chicle – no iras a ningún lado en un tiempo – se burló dado que estaba realmente atrapado.
-¿Oh eso crees? – dijo Miguel con una sonrisa en su rostro alejándose un paso, ladridos se escucharon entonces de perros feroces, Fred grito y Gogo se levantó de su silla mirando a la puerta, esta estallo entonces rompiéndose hasta el otro lado de la habitación, pisadas de perros se escucharon por la habitación y en un momento algo jalo la pata del traje de Fred mordiéndolo, jalándole mentiras Gogo lo sostenía del brazo, una chica entro entonces por la puerta, rubia, pequeña de apariencia frágil, Mandy la reconocieron, ella sonrió agitando su guadaña en el aire – te tardaste – gruño Miguel molesto.
-Tienes suerte de que viniera – dijo ella rodando los ojos mirando el octágono en el techo – atrapado no me sorprende – se burló ella.
-Sácame de aquí – gruño el entre dientes totalmente furioso, la chica negó con la cabeza pero finalmente asintió silbo y lo qué sea que estuviera atacando a Fred dejo de hacerlo pues en un instante los ladridos se escucharon en lado de la pared invisible lanzándose con fuerza, algo inútil por lo que ella agito su guadaña en el aire una ráfaga de viento se estrelló contra el techo quebrándole lo suficiente para romper el sello que lo mantenía atrapado, cuando el circulo se rompió, Miguel dio un paso lentamente fuera.
-¿Qué hacemos con ellos? – pregunto Mandy mirando de reojo a los dos chicos que estaban listo para pelear contra dos parcas, Miguel trono su cuello sacudió sus manos y les miro sonriente, sus ropas se fueron tornando negras en cuestión de minutos, levantó su capucha entonces sobre su cabeza con dramatismo a lo que al chica junto a el rodo los ojos aburrida, Miguel estiro su mano derecha entonces quitándose la guitarra en su espalda y esta se fue desvaneciendo transformándose en una guadaña larga y plateada y con una sonrisa dijo.
-Dejar un mensaje – miro a los jóvenes con sus ojos vacíos y muertos – pero no los mates – le dijo a la niña que frunció la nariz aburrida - aun – sonrió burlista y desapareció sin necesidad de portal, solo así en una lluvia de pétalos amarillos, dejándolos a merced de la pequeña parca y sus mascotas infernales.
"El muchacho de los ojos tristes
Ha encontrado al fin una razón
Para hacer que su mirada ría
Con mis besos y mi gran amor"
-Miguel no es un monstruo – le había defendido Hiro cuando mostro a sus amigos la hermosa flor luego del ritual, cuando todas las pruebas apuntaban a la joven parca como el causante de las muertes de cada villano que lastimaba a Hiro.
-No sabes eso – dijo Wasabi - ¿Qué más prueba quieres?
-Él no lo haría – siguió negándose.
-Hiro, tienes que ver la verdad – Honey trato de abrazarlo pero este solo rehuyó a su tacto – Miguel es peligroso.
-Ustedes no lo conoces – negó con la cabeza – el jamás, jamás me lastimaría – insistió – él es… es…
-Pruébalo – dijo Gogo deteniendo su lucha de emociones internas – hay que probar que Miguel es confiable.
-Hiro jamás se arrepintió tanto como aquella vez que asintió y explico a todos como capturar a una parca.
-Hiro Hamada – llamo el joven rubio en un traje de tres piezas sentado ahí un cliente del café, Hiro lo miro extraño depositando el café frente a él nunca había visto a este tipo aquí antes y sin embargo su instinto le hacía sospechar justo de la misma manera en la que comenzó con Miguel, el joven inclino la cabeza tras levantar la taza de café y acercarla a sus labios, sus ojos grisáceos parecían atravesarle el alma hasta que se desviaron, Hiro siguió esa mirada hacia la máquina de café – es una pena que Miguel no esté aquí – murmuro y los ojos de este se abrieron entonces, se giró para cuestionar al extraño pero la silla ya estaba vacía en la mesa la solitaria taza de café parecía intacta, Hiro se quedó mirando el lugar sintiéndose extraño, un inusual aroma a uvas había inundado el lugar y cuando estaba punto de marcharse Karmi apareció.
-Gracias por el café – dijo este tomando la taza en la mesa y probándola – iuugh – dijo está haciendo una mueca – este es el peor café que eh probado hasta ahora no tiene nada de sabor y esta helado – Hiro tomo la taza confundido la acerco a su nariz y noto que tampoco tenía aroma.
Notas:
Así que note que algunos trataban de hacer teorías de por qué Miguel estaba seduciendo a Karmi y Cass lamento decepcionarles pero me dan mucho crédito, por lo regular no pienso tanto las cosas y después resulta que inconscientemente les di un sentido pero aquí no es el caso, Miguel las seduce por el hambre, sin embargo la muerte esta vez lo detuvo de matar a tía Cass.
La pregunta es ¿por qué?
Así que sé que había dicho que María era el equivalente de Marco de la cruz, pero simplemente tenía que involucrarlo aquí, así que ahí lo tienen Marco es la reencarnación de Ernesto.
Los Hellhounds son los sabuesos encargados de traer las almas al infierno que hicieron un pacto demoniaco, los pactos por lo regular duran 10 años en los que obtienes lo que quieres pero obviamente te llevan al infierno.
El poder especial de Mandy es domar bestias ya sean humanas, o de ende demoniaco.
Hiro y sus sueños todos fumados, la advertencia que nunca escucho.
Me invente los rituales porque pues, desconozco si tienen alguno solo busque tribus en Wikipedia pa darle más realismo :v
Miguel antes no hubiera podido quedar atrapado en una porque no era una parca completa ahora, es más parca que humano.
En la tradición mexicana los muertos se llevan el aroma y sabor de las ofrendas en día de muertos, explico esto porque tal vez no puedan relacionar esto con el último párrafo del fic.
Ultima nota lo prometo, no sé si han notado pero cada canción que pongo aca tiene que ver al menos con un personaje del capítulo, ya sea para inspirar una escena a veces son dos sin embargo aquí trata de cuatro personajes obvio saben quiénes son el muchacho de los ojos tristes.
Preguntas?
Teorías?
Gomitas?
