Hola a todos!

Cómo han pasado la semana?

A mi se me ha hecho eterna... a demás que han empezado a mandarme a muuuuchos trabajos y deberes para la semana que viene... es horrible! Pero en fin!

Contaros que hemos llegado a la mitad de la historia (mas o menos... quería ponerle 30 o 35 capítulos... no se si llegaré a más). Pero no os preocupis!Tengo pensado en hacer secuela.

Ahora bien... hemos llegado a los 250 reviews! BIEEEEEN! Muchas gracias a todos vosotros! Tambien a los que me dan follows y favs a la historia. Se que la seguis con mucho ánimo.

Ahora bien... muchos de vosotros me han dicho que quieren que estos dos se reconcilien... pero es un drama! No queda mucho para que lo hagan, pero van a suceder demasiadas cosas! tener paciencia!

Y bueno... sin mas que decir... los dejo el cap!


Capítulo 21: Miradas furtivas

Año 851: Legión de reconocimiento.

Tres meses.

La enorme tripa de Eren sobresalía sobre su camiseta, la cual ahora le estaba pequeña. Su embarazo, como ya le había avisado Ángela y Hanji, no era uno normal, ya que aparentaba el doble. Suspiró con pesar.

Según Hanji, se podía saber el sexo del bebé con una serie de prácticas. Pero él no lo deseaba. Quería que fuera una sorpresa. Le daba igual si era una niña o un niño. Si era niña, probablemente se convertiría en su niña mimada, en su princesa. Y si era niño, sería dos partes de lo mismo, exceptuando que no lo trataría como una princesa. Sería su niño, su amor y su vida. Acarició su vientre con cuidado aun acostado en la cama.

La mañana se había tornado soleada, mientras la nieve seguía impregnada en el suelo, siendo derretido poco a poco por los rayos solares. Ya estábamos a finales de enero y el invierno estaba en su pleno apogeo, pero había días que les regalaban aquellos rayos solares. Tan cálidos…

Se levantó de la cama y se dirigió al baño, mientras se desnudaba en el proceso. Al entrar en el cuarto de baño (ya que su actual cuarto era uno de los pocos que tenía baño), vio su figura en el espejo. Si era cierto que tenía el estómago abultado. Su perfil casi sobresalía por el cristal del espejo, y tenía que separarse para ver la inmensidad que abultaba su hijo. Se acarició desde el estómago hasta el inicio de su bajo vientre, haciendo el contacto suave. Su bebé se movió ante el contacto.

No se sorprendió. Hace apenas unos días había comenzado a moverse con intensidad. Según Hanji era normal en un bebé de su tamaño. Estaba empezando a experimentar con sus extremidades y, por lo tanto, comenzaba a golpear su barriga con intensidad. Sonrió y volvió a pasar la mano donde sintió el pequeño golpe.

-Hola bebé… - susurró. No había comenzado a llamarle de ninguna manera. Aunque Hanji le había dicho que podía comenzar a ponerle un nombre para referirse a él, Eren prefería hablar con él denominándole bebé. No quería ponerle ningún nombre, ya que si resultaba ser del sexo contrario al nombre que le había puesto, resultaría extraño.

Procedió a meterse en la bañera, mientras se agarraba el vientre bajo para introducirse en ésta. Un buen baño le relajaría después de todo. La noche había sido larga. Cada dos por tres procedía a acariciarse el vientre. Se sentía cada vez más cercano a su bebé. Ahora podía sentirlo y sabía que, de alguna manera, podía escucharlo, aunque no entendiera lo que decía.

Se hundió en la bañera, dejando que el agua le relajara.

::

El comedor se comenzaba a llenar poco a poco. Los integrantes del norte eran ya parte de la comunidad que se había formado entre todos. Los cadetes se unían en grupos y hablaban amistosamente.

Por extraño que pareciera, Mikasa había llegado hace apenas unos días al lugar, llevando consigo el consiguiente ascenso a teniente y, por lo tanto, sería su superior – en cierta manera –. Se sentó al lado de Armin, el cual estaba hablando con Jean sobre las nuevas tácticas para llegar a controlar los rollers, mientras que Mikasa hablaba con uno de los jóvenes de la legión del norte. Ymir, cada vez que podía, le metía mano a Historia por debajo de la mesa donde estaban comiendo, mientras Connie intentaba ignorarlas. Sasha, la cual se encontraba al lado de Jean, estaba absorta del mundo mientras comía con insistencia su comida.

-Sasha, no deberías comer tanto tan temprano. Te va a sentar mal. – La regañó Jean una vez finalizó su conversación con Armin.

-No tienes por qué meterte en mi relación con la comida. – le sacó la lengua antes de dar un mordisco a la tostada de mantequilla que tenía en la mano.

-Vale… pero luego no vengas diciendo que te sientes mal por comer tanto. – apartó la mirada con el ceño fruncido.

-Me encantas que te preocupes así por mí, Jean. – sonrió, a lo que el joven se sonrojó levemente, rascándose la nuca.

-No me mires así, Sasha… - susurró.

-¿Cómo? – preguntó la joven con total inocencia.

-¡Así! – la miró, quedando demasiado cerca de su cara. Su sonrojo pasó a niveles superiores.

La chica volvió a sonreír, a lo que le dio un pequeño beso en la punta de la nariz. Jean y Sasha habían empezado una especie de relación extraña. No llegaban a ser pareja oficial, pero si tenían algo que sus compañeros pudieron adivinar con el tiempo.

-Hola chicos. – la voz de Eren les hizo girar la cabeza.

Todos respondieron con un hola conjunto, mientras cada uno volvía a lo suyo. Eren, como de costumbre esos últimos días, se sentó al lado de Mikasa, la cual insistió en ayudarle a sentarse por su estado, a lo que Eren se negó con el ceño fruncido.

Hacía poco más de dos semanas que sus compañeros sabían de su estado. Había sido una decisión difícil y llegó a creer que no le apoyarían. Pero para su sorpresa no fue así.

-¿Que estás qué? – La pregunta de Connie resonó en sus oídos.

-Lo que oís… - susurró el castaño. Para Eren había sido muy difícil contarle eso a sus compañeros, pero dado las circunstancias y a su vientre abultado, no podía esconder el secreto por más tiempo.

La reacción de Mikasa y Armin no se la esperó, al igual que la de Sasha. Ellos tres eran los únicos que lo sabían. Pero de lo que realmente tenía miedo era del rechazo de lo demás que quedaban.

-A ver si me ha quede claro. – La voz de Jean se alzó sobre las demás. – Me estás diciendo que tú, un hombre, está embarazado por que tus supuestos genes de titán son capaces de generar vida. ¿No es así?

-Así es.

-¿Y quién es el padre? – Preguntó Historia con su voz aterciopelada. Eren bajó la cabeza y se aferró a sus pantalones por un momento.

Volvió a levantar la mirada al sentir la mano de Dylan en su hombro. Él había sido el que le había hecho prometer que se lo diría sus compañeros. Tragó saliva después de haber cerrado los ojos con fuerza durante un instante.

-Es del enano. – La voz de Mikasa interrumpió la suya propia. Eren miró a la asiática por un momento, mientras las caras de sus compañeros restantes la miraban asustados.

-¿Enserio? ¿El sargento? Será una broma… - Connie parecía más asustado que sorprendido

Eren asintió con la cabeza mientras volvía a tragar con fuerza.

-No espero que lo aceptéis ahora… pero – se aclaró la garganta – al menos quería que lo supierais. Me ha costado mucho decíroslo.

Los chicos se miraron entre sí. Sabían que aquello les había pillado desprevenidos. Era una noticia fuerte y necesitaban digerirla para poder decidir. Pero el problema era que estaban hablando de Eren. El chico suicida e impulsivo que daría la vida por cada uno de ellos.

Armin se aceró a él, arrodillándose delante de él.

-Eren – El mencionado levantó la cabeza. – Soy tu mejor amigo. ¿Cómo no te voy a apoyar en esto? Ya te lo dije en su momento: "Juntos ahora y hasta el final". – Sonrió al finalizar.

-Yo también estoy contigo Eren – Mikasa se acercó a él, acariciando sus cabellos castaños. – Aun que esa criatura sea del enano, eres mi hermano y, por lo tanto, ese bebé es mi sobrino. – Sonrió con sutileza.

Eren miró a Sasha, a lo que la castaña sonrió. Sabía que ella también le apoyaba.

-Un bebé en el cuartel… - susurró la rubia. – Es fantástico. Claro que cuentas con mi apoyo Eren – La sonrisa de Historia le llegó al corazón. Esa chica era adorable.

-A mi me da igual. Pero si Historia está de acuerdo no veo por qué yo no deba de estarlo. Cuenta conmigo. – Soltó Ymir con su usual tono de pasotismo total.

-Yo no sé qué decir pero… como veo que todos estáis de acuerdo… Conmigo también, Eren. – Sonrió Connie rascándose la nuca.

Eren miró al Jean, el cual seguía sentado en la mesa enfrente de él. Su mirada era analítica. Si era sincero no esperaba una respuesta positiva del rubio. LE conocía. Ellos dos no se llevaban del todo bien. Así que no tenía por qué hacerle ese favor. Pero se sorprendió al recibir un suspiro de resignación y una afirmación por parte de Jean.

El castaño sonrió con los ojos empapados en lágrimas. Ahora no estaban solos. Tenía a sus amigos para apoyarse en ellos. Y eso era algo que le llenaba de alegría.

Su familia había aumentado de nuevo.

Miró a sus compañeros, los cuales estaban cada uno a lo suyo. Sonrió para sus adentros. Se sentía feliz y a la vez aliviado de que sus compañeros lo hubieran aceptado tan bien. Después de esa charla, los demás integrantes de la legión se enteraron. Como para no hacerlo. Eren tenía una enorme barriga que no podía con ella.

Todos eran buenas personas, por lo que prometieron no contar nada a los altos mandos del ejército. Si se llegaban a enterar de lo acontecido, lo más seguro es que encerraran a Eren hasta que naciera la criatura, le mataran y se quedaran con el bebé para hacer experimentos. Y eso era algo que nadie deseaba.

Miró por el rabillo del ojo como la puerta se abría dejando paso a la figura de Rivaille. Su porte seguía siendo la de siempre, pero su aspecto no era del todo bueno. Sus ojeras eran mucho más pronunciadas, estaba mucho más pálido y su ceño aún más fruncido de lo habitual. Incluso estaba más delgado. Eren tragó ante la vista que tenía ante él y lo miró directamente.

Ambas miradas conectaron en un instante. La mirada de Rivaille estaba apagada, no tenía vida. Su semblante serio y a la vez abatido le hicieron sentir pequeño. Hasta que ambas miradas cortaron el contacto.

Desde su discusión con Rivaille, no habían vuelto a dirigirse la palabra. Ni siquiera se cruzaban por los pasillos de las habitaciones o los del resto del castillo. Ya ni siquiera le veía entrenar a los cadetes.

Corrían rumores de que Rivaille se metía en su despacho y no salía salvo para comer – y a veces ni eso –. Según decían, cuando bajaba alguna vez a supervisar el entrenamiento, era mucho más duro de lo que anteriormente lo era. Incluso a veces parecía que no le importaba nada lo que tenía que hacer allí. Eso era extraño… Y la curiosidad le carcomía por dentro.

Giró su cabeza en el mismo momento que pudo oler el desayuno delante de su persona. Dylan había sido el encargado de traerle la comida. Desde su discusión con Rivaille, él se había hecho cargo de él. Durante las dos semanas siguientes de la pelea, Eren había caído en una depresión de la cual solo Dylan pudo sacarle. Estuvo encerrado en su cuarto sin comer, ni siquiera a respirar aire o a sentir el sol en su piel.

Dylan era su soporte, su salvavidas. Y se había convertido en su pareja. Si, así era. Dylan había cuidado de él, le había colmado de mimos y caprichos. Y Eren se lo agradeció dándole la oportunidad de entrar en su vida. De eso ya hace un mes y medio. El mismo tiempo en el que Eren y Rivaille no se dirigían la palabra.

-Tiene buena pinta. Gracias. – Eren sonrió, a lo que el moreno correspondió con un beso en la mejilla. Eren se sonrojó al instante ante la atenta mirada de sus compañeros.

Que ellos dos estuvieran juntos era un secreto a voces. Todos en el cuartel lo sabían y, aunque no tuvieran muchas muestras de afecto en público, se veía que ellos dos tenían algo.

Armin miró con el ceño fruncido como Dylan comenzaba a hacer pequeñas carantoñas a Eren detrás del cuello. Sabía de palabras del castaño que ellos estaban juntos y, aunque no le diera muy buena espina, debía de aceptarlo. Suspiró con pesar.

-Creo que me estoy enamorándome de él, Armin. – las palabras de Eren sorprendieron al rubio.

-¿Estás seguro de ello, Eren? – preguntó con cierto toque de interrogatorio barato.

-No se… me siento bien a su lado y, cada vez que estoy con él, una paz me recorre el cuerpo.

-Eso puede ser simple afecto, Eren… - susurró. Eren simplemente se encogió de hombros.

Armin salió de sus recuerdos en cuanto oyó la puerta del comedor cerrarse con fuerza. Miró de nuevo a Eren, viéndole apoyado en el hombro del moreno, mientras los demás miraban la puerta asustados.

-El sargento hoy se ha levantado con el pie izquierdo... – pronunció Jean asustado.

-Eso parece… - Contestó Connie de la misma manera.

::

La tarde había llegado al cuartel de las Tropas de Reconocimiento. El entrenamiento había sido impartido por Ángela – como últimamente lo era – ya que el sargento había decidido no aparecer por allí. Los soldados estaban realmente desilusionados. Rivaille era el denominado "Hombre más fuerte de la humanidad", pero últimamente parecía todo lo contrario. Parecía un muerto en vida.

Ángela se había dedicado a ellos por petición de Erwin, el cual había tenido que ir a la capital a una reunión extraoficial del ejército. Aunque a ella no le importara hacerse cargo de esos cadetes, sabía que no era su cometido.

Ella había ido allí a conseguir soldados que pudieran controlar los rollers; y había acabado siendo la supervisora de todos ellos. Suspiró con resignación mientras se acariciaba el costado. Aún seguía de baja, por eso no portaba su uniforme militar. Hanji había sido su ayudante para los nuevos entrenamientos, mientras que Dylan se encargaba plenamente de Eren.

No estaba muy de acuerdo que el moreno se encargara de Eren, pero no había de otra. Ella mismo no podía protegerlo y su nana había sido explícita con las palabras.

Deja que las cosas fluyan como han de hacerlo. El destino no se puede cambiar.

¿Qué el destino no se puede cambiar? Ella fue la que había hecho que ellos dos se separaran, y Dylan lo había empeorado. Pero de momento ella no podía hacer nada, solo esperar a ver qué sucedía.

Subió las escaleras de camino a los cuartos. Estaba cansada y la cicatriz le tiraba la piel, al igual que la punzada en la pierna no cesaba por tantas horas de pie. Se aproximó a los cuartos de los superiores, pasando por la puerta de Rivaille.

Se detuvo, volviendo en sus pasos.

Tenía que hablar con Rivaille de los entrenamientos de hoy, y preguntarle si mañana iba a encargarse él o sería ella de nuevo. Toco la puerta. Esperó. No hubo respuesta. Volvió a tocar, y sucedió lo mismo.

La chica frunció el ceño. ¿Dónde se encontraba ese enano? Abrió la puerta con cuidado, llegando hasta sus fosas nasales un olor intenso a alcohol y cerrado. Su cara mostró una mueca de desagrado mientras ingresaba en la estancia. Las cortinas estaban echadas y un extraño bulto estaba tumbado en la cama que había.

Suspiró con resignación al tropezarse con una botella de whiskey en el suelo. Ese enano condenado. ¿No se suponía que era un maniático de la limpieza? Se aproximó a la ventana, corriendo las cortinas sin ninguna piedad.

El bulto en la cama se revolvió, dándole la espalda, mientras se encogía en sí mismo. Ángela no sabía que pasaba con ese hombre, realmente estaba hecho una pena.

-Rivaille… - pronunció con voz grave. El bulto no contestó. - ¿Te vas a quedar el resto del día metido en la cama? Llevas encerrado horas.

-¿Por qué habría de salir? – la voz grave por el sueño y la acumulación de flemas en su garganta se hicieron presentes. Ángela le miró con pena, acercándose a él.

-Porque tienes que encargarte de los cadetes.

-Ya lo estás haciendo tú.

-Pero es tu trabajo, no el mío – frunció el ceño, tirando de la sabana con mala gana.

Rivaille se removió en la cama, mientras intentaba encontrar de nuevo la sábana que le había sido robada. Ángela suspiró de nuevo.

-Se que estás así por Eren… - Rivaille se tensó al oír el nombre del castaño. – Pero no te puedes quedar aquí tirado como un perro. Este no es el Rivaille que conozco.

-No tengo ánimos para salir. Ni siquiera para hacer nada.

-¿Ni siquiera para luchar por lo que realmente merece la pena? Rivaille, Eren aún te quiere. Lo sé-

-Si realmente lo sabes. – Se incorporó en la cama de un golpe, mirándola enfadado. – Explícame por qué está con ese desgraciado.

-Porque nunca le has tenido confianza.

Y ahí estaba de nuevo. Aquella palabra. ¿Tan desconfiado era con la gente como para perder a la persona que quería por aquello?

-Rivaille… - El moreno le miró.- Lucha. Lucha por lo que realmente merece la pena.

Ángela se levantó de la cama, llevándose consigo las botellas de whiskey tiradas por el suelo. Era verdad lo que decía. Necesitaba recuperar a Eren.

Pero no se sentía con ánimos, ni fuerzas. Volvió a acostarse en la cama, mientras intentaba alcanzar la otra botella que tenía escondida debajo de la cama.

Era una mierda de vida.


Hola hola! QUe os ha parecido el cap?

a lomejor me ha quedado un pelin corto... pero es que me han puesto muchas cosas que hacer!

Tengo dos trabajo de Italia para la semana próxima! Quiero morir... en fin

Nos vemos en el siguiente cap!

Un beso enorme

Y como siempre... un review? =3