Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece. Ninguno.
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Penúltimo capítulo. Hola a todos, ¿cómo están? Realmente espero que bien. Como siempre, quería agradecerles de todo corazón por su amabilidad. Por darle una oportunidad a esta humilde historia escrita por una aficionada. Por sus realmente atentas opiniones y por ser sinceros cuando debieron serlo en sus críticas. Sepan que todo eso, en verdad, me sirvió y planeo seguir usándolo en mis fics futuros. Y, espero también que este capítulo los complazca y este a la altura de sus expectativas. En serio, ¡gracias por todo! Mañana, obviamente, estaré subiendo el final y, por ende, deberán buscar la historia en "complete". Nos vemos y besitos.
Yuxtaposición de soledades
Irracional
XXI
"Burbuja"
Desde el día en que había desayunado con él, dos días atrás, no lo había vuelto a ver. Lo había buscado, por toda la aldea inclusive, pero no había podido encontrarlo. Ese día, cuando había dejado la tienda de flores, había estado dispuesta a hallarlo y preguntarle que había querido decirle, pero Shikamaru no había aparecido por ningún lado. Había preguntado por él incluso, pero nadie parecía haberlo visto por ningún lado y las personas que supuestamente deberían saber donde el Nara se encontraba seguían diciéndole excusas cruzadas. Yoshino; quien había sido la primera en toparse en su camino, le había dicho que estaba ayudando a Shikaku con las medicinas de cuernos de ciervos en el bosque del clan, cuando había ido en busca del padre de Shikamaru, este le había dicho que Shikamaru había dejado la aldea en una misión de dos días, y cuando había consultado con Tsunade sobre cuando volvería ella le había dicho que el Nara nunca se había ido. Chouji, por su parte, había alegado una excusa diferente para cada día. "Esta en el cementerio", por supuesto que ese era el primer lugar que Ino había visitado solo para comprobar que lo que Chouji le había dicho no era cierto. "Visitando a Kurenai-sensei y a Kohaku". No, Kurenai le había dicho que el Nara no la había visitado por esos días pero que le había dicho que estaría "ocupado", lo que fuera que eso significara para el moreno (la palabra dormir se le venía a Ino a la mente). Pero, en definitiva, no lo había encontrado.
Se preguntaba quien de todos ellos habría mentido, porque ninguno le había dado una pista certera del paradero de su amigo. Quizá lo habían hecho todos, deliberadamente, y al mismo tiempo para despistarla. Pero sonaba demasiado conspirativo y eso la hacía sonar a ella demasiado paranoica, e Ino NO era paranoica. O quizá solo lo había hecho él. Sonaba, al menos, más probable que fuera Shikamaru el que hubiera mentido a todos ellos en vez de que todos ellos fueran los que le habían mentido a ella. Sabía que Chouji apañaría a su amigo en una cosa así, y probablemente Shikaku haría lo mismo –siempre y cuando no hubiera riesgo de que su esposa lo descubriera, sino, entregaría a Shikamaru sin mayores problemas-, pero Kurenai y Yoshino no. Dudaba que ambas mujeres ocultaran a Shikamaru de ella.
Lo que lo llevaba a la otra cuestión, ¿por qué Shikamaru querría ocultarse de ella? Seguro, no era algo que no hubiera hecho –o más bien intentado- en el pasado pero a estas alturas el moreno debería saber que tal cosa no funcionaría, y el que nunca hubiera funcionado debería ser una pista. Al menos su "super-desarrollado" cerebro debería saberlo y haberlo registrado desde hacía tiempo. Hiciera lo que hiciera, Shikamaru no escaparía de ella.
Caminó irritada por las calles de la aldea. Buscarlo durante todo un día completo era una cosa, pero dos ya eran demasiado. Incluso con los años Ino no había alcanzado a desarrollar tanta paciencia. Menos aún cuando sabía –o sospechaba- que el juego de las escondidas era deliberado y que él, efectivamente, estaba huyendo de ella. Y, ¡oh! ¡Se lo haría pagar cuando lo encontrara!. Nadie la tenía buscando de esa manera.
—Y cuando encuentre al estúpido me llevaré conmigo también a sus cómplices —masculló fastidiada, bufando y rezongando con las manos en puños y con los pies pisando fuerte. Hasta que de frente vio venir a Lee.
—¡Ino-san! —exclamó este, como siempre exageradamente entusiasta –aún para Ino-, sonriendo—. ¿Qué trae tu juventud por aquí?
La rubia dejó escapar un suspiro de tedio. ¡¿Por qué a mi? —¡Busco al idiota de Shikamaru, y cuando lo encuentre no quedará demasiada juventud dentro de él! ¿Sabes donde esta?
El hombre vestido de expándex verde pareció meditar. Mientras tanto, todo lo que Ino podía pensar era en cuan beneficiosa sería una depilación de cejas para Lee y quizá un corte distinto de cabello, pero decidió no mencionarlo. Además, ni siquiera quería empezar a considerar su vestimenta, la cual dejaba –desgraciadamente- demasiado poco para lo imaginación. Había cosas de Lee que eran mejor no saber.
Finalmente, el chico sonrió y alzó el pulgar en forma afirmativa. Y, por primera vez, Ino tuvo esperanzas de hallar al perezoso de su compañero de equipo —¡No lo se Ino-san, pero quizá si no lo deseas termines encontrándolo!
La rubia se cruzó de brazos y enarcó una ceja, ¿acaso lo decía en serio? ¿Ese era su consejo: desear no encontrarlo para poder hacerlo? —¿De qué demonios hablas Lee?.
—¡Maldecir no es propio de alguien que esta en la primavera de su juventud!
Ahora Ino empezaba a perder la paciencia, pero se resignó a llamarlo de las mil y una formas que ya había pensado en su cabeza —Olvídalo, ¿no tienes que hacer otra cosa?
—¡S¡! ¡Prometí a Gai-sensei dar 1000 vueltas a Konoha solo con un pie y la fuerza de mi voluntad! ¡Y si no puedo, daré 5000 vueltas arrastrándome! —y sin decir más, comenzó a saltar en un pie y se marchó. Ino se preguntó cómo haría alguien parco como Neji para soportar a alguien como Lee, pero supuso que no lo haría demasiado. Tenten sería probablemente la que más paciencia le tendría, y tampoco estaba muy segura de ello. Pero Lee parecía feliz en su propia burbuja. Y no había necesidad de pinchársela.
Finalmente frustrada, continuó caminando. El encuentro con el miembro más extraño del equipo Gai no había ayudado a su humor. Rock Lee era casi tan frustrante como el estúpido e ilógico consejo que le había dado. Seguro, ella solía ser absurda, pero Rock Lee le ganaba en ese campo.
Por lo que simplemente continuó caminando. Después de todo, debía haber alguien en toda aquella endemoniada aldea que hubiera visto a Shikamaru y estuviera dispuesto a delatarlo. Cuando le preguntó a Shiho –según Ino, la "nerd del departamento de criptología"-, esta se sonrojó y siguió caminando, mascullando algo por lo bajo.
—Rara —se dijo Ino para sí y continuó con su búsqueda, hasta que ya no quedó a quien preguntarle y se detuvo. ¿Dónde demonios se metió ese Shikamaru? No puede haberse ido de la aldea... No. Y seguramente no lo había hecho. Shikamaru era demasiado holgazán para utilizar tanta energía para huir de ella. De hecho, la mayor de las veces recibía todos sus gritos justamente por eso, porque escapar en la dirección opuesta era "problemático". Entonces, ¿dónde podía estar?
—El lugar más improbable... —musitó, y finalmente cayó en la cuenta. Shikamaru era holgazán, pero era inteligente, y era probable que su escondite fuera el lugar más cercano pero más improbable para él. Si ella fuera Shikamaru –al menos-, se escondería allí—. ¡Ya lo se! Ese idiota... Cuando lo encuentre...
Y sin más ni más, se apartó de la acera y tomó el camino que se dirigía al bosque que bordeaba las casas y edificios de los cientos de civiles y shinobi que habitaban la aldea. No tuvo demasiadas dificultades para encontrar el linde con el bosque así como tampoco tuvo problema alguno para deslizare por los caminos de este. Los conocía desde que era pequeña. De niña, en la academia, las llevaban allí a recoger flores y hacer arreglos. Ya cuando eran mayores, y genin, Asuma los había llevado y les había enseñado a caminar sobre el agua y sobre los árboles. Les había enseñado control de chakra y trabajo de equipo, y ellos aún entrenaban allí. Pero Shikamaru odiaba entrenar, aún con los años transcurridos Ino encontraba prácticamente imposible llevarlo a los terrenos de entrenamiento sin escuchar en el camino, al menos, una decena de quejas. Por eso, no había pensado en ello. No había pensado en que estuviera allí. Era el último lugar en que lo buscaría y en el primero en que lo habría encontrado.
Al verlo allí, inmóvil y recostado boca arriba con las manos tras la cabeza, sintió enormes deseos de correr y patearlo para despertarlo; pero no lo hizo. Simplemente caminó hasta quedar junto a él y, al ver que se encontraba dormido en aquellos momentos, se sentó a su lado; observando con curiosidad los rasgos relajados del muchacho, y la forma en que su pecho ascendía y descendía muy ligera y suavemente.
—¿Shika? —susurró, tomando una hojita caída de un árbol y comenzando a deslizarla por la nariz de él, desde la punta hacia arriba y de vuelta hacia abajo. Shikamaru gimió, se dio una palmada en la nariz como si se tratara de un fastidioso mosquito y continuó durmiendo. Ante esto, Ino simplemente soltó una carcajada, una que rápidamente reprimió con la palma de su mano para no despertarlo—. Vaya... es realmente un holgazán... —susurró.
Y posicionando nuevamente la punta de la hoja, solo que esta vez en la entrada de uno de sus orificios nasales, sonrió maliciosamente y comenzó a hacerle cosquillas con esta. Haciendo que los ojos de él se abrieran instintivamente y que su mano se enroscara firmemente en la de ella que sostenía la hoja. Asustada por el brusco movimiento de Shikamaru, la rubia dejó ir el objeto entre sus dedos, y este cayó meciéndose hasta la punta de la nariz del moreno.
—Ino, ¿qué se supone que haces?
La rubia soltó una carcajada alegre y se rehusó a contestarle. Todo lo que el moreno recibió fue un tono de burla y el dedo de ella señalando la punta de su nariz. Al ver la hoja haciendo equilibrio allí, sopló y la arrojó lejos —Deja de reírte... —se incorporó. Sin notar que aún no había soltado la muñeca de ella.
Pero Ino seguía carcajeando de forma demente —Deberías- —se aferró el abdomen. Hacía tanto que no reía. Tanto que no lo hacía de esa forma—. Deberías haberte visto...
El Nara, avergonzado, rascó su nuca —Oy, no es tan gracioso... mujer problemática.
Ino intentó calmarse, en vano —¡Oh! Pero lo es...
Molesto, él se puso de pie y comenzó a sacudirse los pantalones. Su postura, como siempre, desgarbada y su expresión una de sumo tedio —Me voy.
—Ohhh, vamos Shikamaru. Solo bromeaba, ¿qué sucede contigo? Estás muy temperamental. No seas malhumorado... —él gruñó y comenzó a alejarse nuevamente de ella, de regreso a la aldea.
Por un instante, había considerado olvidar todo y establecer una especie de tregua con él. Incluso, había estado dispuesta a ignorar el hecho de que por dos días completos él la había evitado y eludido, pero ahora veía eso imposible. No solo estaba Shikamaru desmereciendo el esfuerzo que le había tomado llegar hasta allí y encontrarlo sino que ahora la dejaba sola y plantada en medio de la nada. En medio de un claro. ¿Y era él el ofendido? ¡No señor! ¡¿Quién se cree que es?
—¡Shikamaru, regresa aquí ahora! —gritó, enfuriada; pero él no dijo nada y continuó caminando—. ¡Regresa en este mismo instante o yo misma te traeré a rastras...! —Shikamaru la ignoró y siguió alejándose con ambas manos en los bolsillos. Hasta que Ino, enfuriada, tomó una manzana de un manzano que había sobre ellos y se la arrojó con exacta precisión en la cabeza. Lo cual logró inmediatamente el objetivo.
El Nara, desconcertado, se detuvo, frotó la zona adolorida de su cabeza y contempló el objeto rojo y magullado en el suelo. Agachándose, la tomó entre sus dedos y la examinó. Ciertamente, estaba convencido –y cada vez lo estaba más- de que Ino estaba perdiendo la cabeza lentamente. Pero si tal era el caso, a él debía estar sucediéndole lo mismo.
—Mujer problemática... —masculló, volteándose con la fruta en la mano—. ¡¿Una manzana?
Ino se encogió de hombros —Te pedí amablemente que no te fueras y no me hiciste caso... Último recurso.
—¡¿Amablemente? ¡¿Último recurso? Ino... ¿Estás loca? —musitó, gesticulando con la manzana en mano.
El rostro de ella enrojeció de repente —¡¿Me llamaste loca, Nara?
Ok. Esa no fue una buena idea... Y lo sabía, pero la rubia le había arrojado una manzana en la cabeza. ¿Qué más que eso había para decir al respecto? —Esto... no, Ino...
—¡Shikamaruuuuu! —rugió. Él pensó que hacía mucho que no la oía gritar de esa forma, aunque volver a hacerlo no era necesariamente bueno. De hecho, hubiera dado lo que fuera por no volver a hacerlo. NUNCA.
—Espera... mujer problemática... no... —la rubia se acercó peligrosamente hasta donde él se encontraba y luego, sin mayores preámbulos, le dio un empujón haciendo que cayera al suelo.
—¡Ouch! ¿Qué fue eso...?
Ino se cruzó de brazos —Te lo merecías...
—¿Qué? Tú me arrojaste una manzana a la cabeza... ¿Cómo es que yo siempre me merezco todo?
Ella frunció la nariz y negó con la cabeza. No importaba si no tenía respuesta real a eso, Shikamaru tendría que conformarse —Pues... Porque te lo mereces.
Suspirando, el moreno cerró los ojos y se dejó caer de espaldas nuevamente contra la hierba; tal y como había permanecido hasta antes de que ella llegara y arruinara su pacífica siesta. Como siempre, Ino irrumpía desgarrando el silencio y la paz. Era, para él, literalmente un fastidio, pero no podía obligarse a odiarla; por más que lo intentara –y Dios y el mundo sabían que lo había hecho.
Había veces –por no decir siempre, porque eso lo haría sonar obsesivo, y él NO era obsesivo-, en que se preguntaba porque permanecía a su lado. Porque, a pesar de todo, soportaba sus locuras y tonterías, y su aparente ciclotimia –figurativa, no clínica, por supuesto. Porque se forzaba a permanecer allí cuando ella, en una rabieta, decidía romperlo todo como si nada importara. Pero por más que lo intentaba no lograba encontrar una verdadera respuesta. Aunque, por supuesto, siendo Shikamaru el hombre pensador que era tenía varias teorías. Una peor que la otra, al menos para él, y todas requerían tratamiento psiquiátrico.
La primera, era que él era masoquista. Lo cual era lógico ya que los masoquistas son el pasivo de la dualidad y no había, probablemente, en el mundo alguien más pasivo que él. Eso podría explicar muchas cosas, si fuera cierto, como el porque soportaba las torturas constantes de su rubia amiga y cruel compañera. Quizá, el dolor le resultaba placentero. Y le agradaba ser el sometido y sujeto hombre dominado por una mujer fuerte con un látigo en mano –de nuevo, figurativamente; porque estaba seguro de no tener ese tipo de predilecciones en el cuarto-, pero no estaba seguro. Encajaba, porque eso haría de Ino la sádica y Shikamaru estaba seguro que la joven disfrutaba haciendo sufrir a los demás por sus caprichosos deseos. Pero prefería mantener la mente abierta. Aún así, creía que había algo de cierto en todo aquello. Su padre y madre al menos probaban que algo de eso había.
La segunda, no era demasiado mejor; y consistía en la preposición de que Ino era adictiva. Por supuesto, toda persona que fuma o consume estupefacientes o bebe alguna bebida de algún tipo para saciar una necesidad –solo por mencionar algunas adicciones- es conciente de que es perjudicial para sí mismo lo que esta haciendo, pero lo hace de todas formas. Asuma mismo, había sido conciente de que el cigarrillo algún día quizá lo mataría –aunque lo irónico era que no lo había hecho-, pero lo había seguido haciendo. Estar alrededor de Ino, la mayor parte del tiempo, no era nada agradable. Cuando se enfadaba solía gritar y berrinchar como una niña pequeña y era cruel y fría cuando lo quería. Pero tenía sus momentos. Momentos que solo él y Chouji habían llegado a apreciar.
Era como la expresión "estar en una burbuja", flotando, lejos del mundo –era una comparación cursi y era conciente de ello pero no encontraba mejor metáfora, por lo que tendría que conformarse-; como estar aislado en una pequeña esfera de jabón donde nada malo parece poder suceder. Era como eso, estar con Ino (en sus momentos buenos). Pero como todo el mundo sabe, el destino de una burbuja es finalmente pincharse. E Ino, cuando quería podía crear la más grande de las burbujas y englobar a todas las personas que quisiera y llevarlas lejos, hasta que en un antojo la reventaba. Tomaba maliciosamente una aguja, o un arpón –dependiendo de la malicia del momento y la furia suscitada- y explotaba la burbuja cuando estaba en lo más alto para que él cayera y se rompiera el cuello. Eso era lo que hacía Ino.
De una forma u otra, se inclinara por la teoría que se inclinara, todo indicaba que terminaría en un psiquiátrico con una camisa de fuerza sujetándolo y cuatro paredes acolchonadas. Al menos, si tal cosa sucedía, finalmente podría dormir.
—¡Shikamaru, te estoy hablando!
El moreno parpadeó. Cierto, se había distraído pensando. Y si Ino pudiera leer la mente, y saber lo que estaba pasando por su cabeza en aquel instante, probablemente lo mataría. Aunque ahora que lo pensaba detenidamente, Ino de hecho sí podía hacerlo, podía leer su mente. Era una suerte que no lo hiciera y nunca lo hubiera intentado.
—Eh... ¿No?
La rubia se cruzó de brazos —Ni siquiera te hice una pregunta, idiota.
—Oh —bien, con ella sabía que no podía ganar.
—¡¿Oh? ¿Es todo lo que dices? ¡Nunca dices nada!
Desconcertado, rascó su nuca —No entiendo que quieres que diga... mujer problemática, ni siquiera estábamos teniendo una conversación. Tú solo estabas gritándome.
—¡¿Gritándote? —gritó, contradictoriamente.
Shikamaru se cubrió los oídos con sus dedos y negó con la cabeza, bajando luego sus manos hasta refugiarlas en los bolsillos de su pantalón —Oy, no tienes que hacer eso.
—Entonces dime porque te estabas escondiendo de mi —demandó, colocando ambas manos en sus caderas y quebrando la cintura ligeramente a uno de los lados—. ¿Y?
¿Escondiendo? No, él no estaba haciendo eso. Solo los cobardes se escondían y él no era... Bueno, si estaba escondiéndose ¿Por qué mentirse a sí mismo? ¿Pero alguien podía culparlo? La mujer delante suyo era aterradora, y más aterrador era el hecho de que estaba aparentemente enamorado de ella y eso terminaría derivándolo a un psiquiátrico. De hecho, ya podía imaginarse compartiendo habitación con alguien que alucinaba ver insectos. Probablemente un veterano del clan Aburame o algo así. Problemático... Pero Shikamaru sabía que no podía decirle nada de eso —No hacía eso, solo... quería dormir una siesta —¡genial, ahora era casi tan patético poniendo excusas como Kiba cuando se trataba de Hinata!. Bien pensado, genio.
—No te creo, idiota. Por dos días, DOS días, te busqué y no te encontré. La aldea no es tan grande, y todos seguían diciendo cosas distintas.
El Nara rascó su nunca, intentando escaparse por la tangente —Bueno... ya sabes que Chouji cuando come no presta mucha atención, mi padre es bastante distraído también y Kurenai-sensei puede haberme malinterpretado cuando le dije que haría...
—No te creo Shikamaru. Sabes que no soy tonta, no me vengas con eso.
Bien, lo admitía. Ino no era tonta. De hecho, era exactamente todo lo contrario. Era inteligente, para lo que deseaba serlo, y en extremo manipuladora. Era astuta, cualidad de la que muchas personas carecían; curiosamente, las mismas personas que la consideraban tonta sin conocerla.
—Ahora dime que te sucede, ¿y qué intentaste decirme el otro día?
Debería haber sabido que un intento a medias no valía la pena. A Ino algo así no se le pasaría por alto –y no lo había hecho- y ahora no dejaría el asunto en paz por más que él se lo pidiera o rogara —Esto... nada. Es demasiado problemático.
Ino dio un paso hacia adelante, amenazante —¿Nada? Tu no dices simplemente nada y quieres realmente decirlo.
Perfecto... –pensó apesadumbrado- ahora esta jugando con mi cabeza —Ino, no era nada. Ya déjalo.
El que ella no fuera a dejarlo en paz aunque él se pidiera no significaba que Shikamaru no fuera a intentarlo. El Nara era racional, hasta que se trataba de Ino. Entonces todo lo demás parecía no importar demasiado.
—Sabes que no me iré de aquí hasta que me lo digas —contraatacó tercamente, él suspiró y bajó la cabeza, contemplando sus pies. ¿Por qué debía la mujer ser tan problemática y condenadamente insistente? ¿Por qué no podía simplemente dejar las cosas como estaban? Simple, porque era Ino.
—Ino...
—¡Oh, vamos! Ni que fuera que me amaras... —el silencio cayó como un baldazo de agua helada. Seguro, ella lo había dicho en broma, como un imposible, pero había dado en la tecla. Y Shikamaru no podía fijar su mirada en ningún lugar. Abochornado, y sintiéndose como el más estúpido de los hombres por caer en la trampa más vieja del mundo, desvió la cabeza a un lado.
Los ojos azules de ella se abrieron desmesuradamente. No todo es bello en la vida, Ino. Eso no significa que no puedas amarlo. Eso había dicho Shikamaru en una ocasión, y ella se había enfadado con él por llamarla superficial. Tú no te conformas, le había repetido en varias ocasiones. Una de ellas, cuando ella le había dicho en broma que podría llegar a desearlo. Pero no se había referido a ella –y no le había dicho superficial-, se había referido a él. Todo ese tiempo, todas esas veces, Shikamaru se había referido a él. Probablemente, y conociéndolo, había estado evaluándola a ella, evaluando sus respuestas y reacciones, tanteando el terreno, antes de meterse a cruzarlo. Shikamaru no querría pisar una mina a mitad de camino, o hundirse en arenas movedizas. Lo conocía, el Nara jamás se lanzaría de cabeza a una piscina sin comprobar previamente que hubiera agua dentro.
—Tú... me amas... —exclamó, pasmada. Inmóvil, observándolo con los ojos desorbitados como si él fuera lo más ridículo del mundo. Y quizá lo fuera. Al menos así se sentía el moreno.
—Me voy —dijo ya dándose media vuelta. Ni siquiera quería saber qué pensaba Ino al respecto. Había visto lo que la rubia hacía con los hombres que le confesaban algo de tal magnitud o la adoraban de alguna forma, los aplastaba. Los convertía en un charquito ínfimo e insignificante en la tierra.
—¡Espera Shikamaru!
El Nara se detuvo aún de espaldas a ella y con la cabeza a gacha —Puedes mandarme la burla por carta o telegrama o algo así... —masculló.
Pero ella no se rió, como él había creído que haría —No te vayas, Shikamaru. No huyas como el cobarde que eres.
Seguro, actuar como un hombre y quedarse sonaba más honorable; pero actuar como un cobarde y marcharse era más atractivo. Y más sano para su mente, probablemente. Si se quedaba, lo más seguro era que Ino lo hiciera añicos.
—Lo siento Ino... de verdad, no estoy de humor y-
—¡Oh, por favor! —exclamó, arrojando los brazos al aire—. Deja de actuar como un mártir y regresa aquí Shikamaru.
Él se detuvo y, finalmente, se volteó. Aguardando la risa en son de burla o los insultos o las frases relacionadas con "¡¿Estás loco?", pero nada de eso llegó. Aunque tenía una respuesta para la pregunta sobre su sanidad mental. De hecho, lo único que oyó fueron los pasos de la rubia acercándose a él e interrumpiéndose a no más de un metro.
Luego, oyó algo que nunca jamás antes en su vida había creído capaz de llegar a oír —Bésame.
Probablemente, luciendo como un gran idiota, preguntó —¿Qué?
Ino negó con la cabeza y se cruzó de brazos —Dije que me beses. Sabes como hacerlo, ¿no es cierto?
¿Si sabía? Si, por supuesto. ¿Si deseaba hacerlo? Ni siquiera se atrevía a responder la pregunta en su cabeza, pero no lo haría. No podía hacerlo. Debía haber un truco, una trampa. Ino simplemente no se pararía delante de él y le diría algo como eso. Encontraba más probable que lo golpeara por haber siquiera pensado que podía hacerlo que lo que de hecho estaba sucediendo. De hecho, incluso creía más probable que Hinata le dijera algo así a que fuera Ino quien lo dijera –y eso ya indicaba el grado de irracional de la situación en la que se encontraba. Hinata ni siquiera le había pedido a Naruto que la besara.
—¿Qué? No...
Ino pareció molesta. O quizá fue su imaginación —¿Disculpa? ¿Eres idiota? Vienes... me dices que me amas y luego... ¿no quieres besarme? Eres un cobarde.
El Nara rascó su nuca. ¡Oh!, si lo era. Si lo sabría él —Bueno... técnicamente yo no te dije nada. Tú asumiste que-
—¡Nara Shikamaru! No me vengas con tecnicismos.
Bien, no se atrevería a hacerlo. No esta vez. Bien sabía Shikamaru que Ino no permitiría que un tecnicismo como el que él intentaba plantear la desconcertara.
—¿Y bien? —demandó segundos después. Él se preguntó si estaría diciéndolo en serio pero dedujo rápidamente que no había rastro de humor en su estado de ánimo.
—Oy, Ino... no creo que sea buena idea y...
La rubia negó con la cabeza —¿Puedes... —suspiró—, por una vez, tan solo una vez, dejar de pensar tanto y hacer algo?
El chico negó con la cabeza, ¿acaso podía ella por una vez dejar de hacer algo y detenerse a pensarlo antes de hacerlo? —Ino...
Honestamente, Ino estaba harta de esperar que él avanzara por su cuenta hasta ella. No era una mujer paciente, y no regalaba oportunidades como aquella habitualmente por lo que, cuando lo hacía, esperaba al menos no ser rechazada; no por Shikamaru, porque no era él quien la estaba rechazando; sino por el sentido común. Por lo que acortó ella las distancias y lo besó. Acallándolo. Y en un primer momento lo sintió tensarse, sin corresponder, pero luego lenta y perezosamente percibió los labios de él comenzar a moverse suavemente contra los suyos.
El ritmo del beso, por supuesto, lo llevaba ella. Él seguía, pero lo hacía más ávido de lo que jamás lo había visto en toda su vida. Debía admitir, que estaba sorprendida. No había considerado siquiera la posibilidad de llegar a una situación como aquella aquel día, menos aún con él; pero lo había hecho. No sabía porque, no lo había pensado demasiado realmente. Ino no creía más en el amor, eso se decía constantemente. Que era una ilusión, una mentira. Que solo quería un romance, uno grande para superar a Sakura tal y como le había prometido a Asuma, pero aquello no era eso. No era un romance. Él no era algo que fácilmente podía descartar. Shikamaru era una de las pocas personas que la toleraban y la mantenían viva. Era importante, él era importante para ella. Y, por encima de todo, él no era perfecto –como la belleza que ella decía buscar-; él no era hermoso. Era ordinario y desgarbado y lucía siempre aburrido, arrastraba los pies, actuaba como un anciano y aún tenía el asqueroso vicio de fumar un cigarrillo de vez en cuando. Pero, por alguna razón, estar con él de aquella manera le agradaba. ¿Lo amaba? Aún no podía afirmar que fuera capaz de tal cosa. De hecho, aún se creía incapaz de hacerlo, pero –quizá, solo quizá- quería empezar a creer de que era posible. Después de todo, cuando estaba con él, Ino podía ser ella misma. Sin máscara, ni mentiras, ni disparates, ni maquillaje. Sin coqueteo forzado, ni ilusiones prefabricadas. Con él no necesitaba nada, nada de eso. Y era agradable, de vez en cuando, poder dejar caer la pesada armadura y caminar como si estuviera desnuda.
Tentativamente, lo sintió enroscar ambos brazos alrededor de su cintura y atraerla hacia él, con lentitud. En algún instante, que ya no recordaba, el moreno había ladeado la cabeza y profundizado el beso y ella correspondía gustosa al atrevimiento que nunca hubiera creído que el fuera a tomarse. Pero no se quejaba. Muy por el contrario, había aprovechado la oportunidad para rodearle la nuca con los brazos y presionarse firmemente contra él. La necesidad exagerada que en los últimos días había sentido de discutir con él empezaba a evaporarse lentamente, como si eso hubiera sido lo que hubiera deseado a lo largo de todo aquel extenso tiempo. Como si esa hubiera sido la descarga de tensión que había necesitado.
—Ino, detente... —dijo finalmente él, intentando recobrar la compostura. Pero los labios de ella chocaron nuevamente contra su boca.
—Oh, cállate —murmuró, y él sonrió perezosamente contra su boca.
Ahora lo comprendía todo perfectamente. Estaba completa y positivamente seguro. Por un instante de permanecer levitando en esa burbuja, en esa problemática burbuja, era capaz de romperse el cuello una y mil veces mas.
