Hola a todos! Cómo va todo?

Primero, quiero disculparme por volver a tardar pese a haber dicho que no lo iba a hacer... Lo siento!

Pero os lo compensaré :)

Cómo? Pues diciendo que ya tengo el próximo y último capítulo ya traducido. Los hice ayer, así que ya no hay problemas con aquello. Si os preguntáis porque no los he subido ayer... bueno es que me he dado cuenta que en capítulos anteriores había hecho bastantes errores, algunos por los que si mis profesores lo vieran me suspenderían, así que decidí seguir el consejo de mi profesora de traducción: esperar un tiempo y luego volver a leer lo escrito para corregir posibles fallos. Bueno después de esta parrafada me disculpo una vez más.

Quiero saludar a Sool-GLMF quien me ha dejado un review muy guay :) Siento haber tardado tanto que me hayas tenido que dejar un review para que continúe... Sorry!

Y también a Nerea (GleekSpain7) que la he echado de menos por Twitter y parece estar un poco de bajón, así que... ANÍMATE! :)

Este es el último capítulo de esta historia. Luego viene el epílogo (4/5).

Nos vemos!

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Capítulo Veintiuno: Hogar Dulce Hogar

Su vuelo de vuelta a Ohio era a la noche siguiente; Finn tenía que pasar una tortuosa tarde más en el apartamento de Jesse antes de que él y Rachel se marcharan para siempre. Bien entrada la tarde, la chica organizó una llamada telefónica con Estados Unidos, sirviendo como traductora entre sus padres y Burt, y, así, discutir los arreglos de convivencia para lo que quedaba de año. Al parecer, Kurt se había pasado todas las vacaciones reamueblando el sótano para uso exclusivo de Rachel, siguiendo los gustos personales de la joven y dejándola lo más lejos posible de la habitación de Finn. Incluso tenía una cerradura en la puerta para darle protección extra sobre los novios cachondos (palabras de Kurt, no suyas). Sus padres aceptaron el trato y, ahora, Rachel tenía permiso para vivir con la familia Hudson-Hummel otra vez.

Ahora, lo único que Finn tenía que hacer era sobrevivir a su última noche junto al señor Idiota.

Ambos se sentaron, incómodos, sobre el pequeño sofá del salón; a diferencia del de Rachel, el apartamento de Jesse no tenía mucho espacio, por lo que se vieron forzados a ocupar el mismo sillón estrecho mientras que Finn intentaba entender el doblaje francés del CSI. Fruncía fuertemente el ceño mostrando confusión, cuando oyó a Jesse riéndose de él desde la otra punta del sofá. Sus ojos se cruzaron en una profunda mirada.

−Parece que intentas cagar −, se rió el francés, negando con la cabeza.

−Sí, bueno, es que hablan bastante rápido. Incluso si supiera francés seguiría sin ser capaz de entenderlo −.

C'est pas mal −, encogió los hombros. −Anglais, c'est difficile aussi −, Jesse suspiró por la confusión de Finn. −Inglés también ez difícil −.

−Sí, Rachel hace que parezca fácil −, dijo él, antes de darse cuenta de lo raro que sería hablar con Jesse acerca de su ex. ¿Seguiría teniendo sentimientos por ella, a pesar de la insistente garantía de Rachel de que su pequeña aventura no había significado nada? −Su inglés es casi perfecto −.

−Ella ez très intelligente −. Lo dijo lo agradablemente, pero en su voz se notaba cierta amargura. Jesse le envió una mirada glaciar antes de hablar otra vez. −Se bueno con 'er −. [ella]

−Lo seré −. Finn asintió, sincerándose con el panadero francés. −La amo. Voy a cuidar de ella −.

Finalmente, pasado el momento tenso, el francés asintió, mirando de arriba a abajo a Finn y evaluándolo como si , en el fondo, jamás lo hubiera visto antes. Sin pronunciar palabra alguna, Jesse volvió a prestar atención a la televisión y Finn ya tenía la sensación de que Jesse quería asesinarlo mientras dormía.

Incluso tradujo la serie de televisión a Finn antes de irse a dormir.

Al día siguiente, cuando sus padres los llevaron al aeropuerto en su pequeño Renault, Finn se movía incómodamente en el asiento trasero, a causa de la falta de espacio para sus piernas. Con el prospecto de más asientos pequeños en su futuro, el muchacho no tenía la sensación de que iba a tener un viaje de vuelta incómodo.

Al menos esta vez sería Rachel quien esté a su lado, en lugar de un señor mayor, calvo y babeante que le usurpaba el espacio personal. Entre sollozos, la chica abrazó a sus padres, cogiéndolos fuertemente mientras se despedía. De ahora en adelante iba a quedarse indefinidamente en Estados Unidos; debían finalizar lo que les quedaba de año escolar y, durante el verano, Finn tenía planeado hacer aquel viaje por todo el país que Rachel había mencionado alguna vez. Antes de que se mudaran a Nueva York, iba a enseñarle lo máximo posible del país y, aún si no conseguían ver los 50 estados, haría lo que estuviera en sus manos para aclimatarla a su nuevo hogar.

En este instante, de pie en el exterior del aeropuerto de Charles de Gaulle, Finn le daría todo el tiempo que necesitara. Rachel no volvería a Francia en mucho, mucho tiempo.

Au revoir, mes papas −, dijo ella, dándoles besos en las mejillas y abrazándolos una vez más. Ambos dieron un firme apretón de manos a Finn y, después, por un par de besos. Los hombres franceses eran bastantes afectivos. Tuvo suerte que Jesse no hubiera ido a despedirse.

Au revoir, Feen −, le dijeron a él. Los hombres no necesitaron intercambiarse más palabras. Finn sabía que, de ahora en adelante, su mayor responsabilidad era mantener a Rachel feliz, centrada y segura, mientras se encontrara en Estados Unidos, y el joven no planeaba romper su promesa en un futuro cercano.

−Gracias por todo −. Finn cargó con el carrito de su equipaje y lo empujó hacia el interior del aeropuerto mientras que Rachel lo seguía de cerca. Cuando se esperaron en la sala de embarque, el muchacho le cogió de la mano y la apretó suavemente al ver que un par de lágrimas caían por sus mejillas.

−Eh, ¿qué ocurre? −Preguntó él con preocupación en la voz. Ella agitó la cabeza evitando el contacto visual.

−Nada −, susurró ella, observando alrededor del aeropuerto. −Francia es mi hogar −, sollozó un poco. −Adoro ze Estados Unidos, pero echaré de menos París −.

Le dio un empujoncito juguetón, obteniendo como respuesta una pequeña sonrisa. −Bueno, algún día volverás −, dijo el muchacho. −Pasará bastante tiempo, pero París seguirá estando aquí, con tus padres, Jesse y la panadería. Sabes que esto es lo correcto. Esto es todo lo que siempre has querido −.

Finalmente levantó la vista hacia su cara. Una angelical sonrisa adornaba sus facciones mientras sus ojos no se dejaban de las del otro. −Non, mon amour, esto es todo lo que siempre he querido y más −.

El viaje en avión fue terriblemente largo, pero ser capaz de darse la vuelta y ver a una dormida Rachel llevando un antifaz azul para cubrirle los ojos le servía para aliviar si incomodidad. Esta vez, Finn había sido capaz de dormir un rato en el avión, pero seguía estando incómodo, pudo dormir menos de lo que esperaba. Se suponía que Kurt iba a ir a buscarlos al aeropuerto, así que, cuando vio un conocido todoterreno negro aparcado fuera de la terminal, Rachel comenzó a correr hacia la salida. Entre lágrimas, los dos amigos se abrazaron, mientras que Finn, a su lado, los observaba empujando el equipaje para mostrar que era un asombroso novio. Después de que entraran al coche y se dirigieran a Lima, Finn notó que no estaban yendo hacia su casa. En su lugar, iban al instituto.

−Tío, ¿a dónde vamos? −

−Bueno, tú no eres la única persona que echaba de menos a Rachel −, dijo él con un tono travieso. −Además, Carole y Burt no llegarán hasta la hora de cenar, así que podemos permitirnos hacer una pequeña parada −. Cuando llegaron a la escuela, Rachel se emocionó al ver a todos sus amigos del Glee Club esperando a que entrara en la sala del coro. Los gritos de alegría llenaron la habitación y, luego, los chicos se acercaron rápidamente hacia ella darle una gran abrazo de grupo.

−¡Te hemos echado de menos! −

−Estamos encantados de que hayas vuelto! −Rachel se entusiasmó de ver que el resto del grupo no se había olvidado de ella, tal y como había temido anteriormente. Después, dio dos besos en las mejillas de cada miembro.

Finn dirigió vista hacia la única persona que no estaba en medio del abrazo colectivo. Con desagrado, Santana observaba las muestras de afecto que se presentaban frente a ella, pero Finn pudo ver gracias a su expresión agradecida que, en el fondo, le aliviaba que Rachel estuviera de vuelta. Cuando el resto se separaró de Rachel, Santana se acercó, y la chica francesa frunció el ceño al ver a la latina paseándose a su alrededor con cierto aire de superioridad cubriéndole la cara. Cuando ambas chicas estuvieron cara a cara, el gesto de la animadora pasó a ser más suave y se transformó en una ligera sonrisa.

−Bueno, al menos sé que ya no tengo que cargar yo sola con todo el peso del equipo sobre los hombros −. Dijo con cierto sarcasmo en la voz que todo el club pudo ignorar. En lugar de estar intimidada, Rachel abrió los brazos y se acercó a Santana para abrazarla, sorprendiendo a esta última quien parecía que se le separan los ojos de la cara.

−Yo también te he echado de menos, Santana −, dijo dulcemente Rachel, y, finalmente, Santana dejó a un lado los intentos de resentimiento y le devolvió el abrazo, envolviéndola con los brazos mientras que en sus labios aparecía una sonrisa traviesa.

−Bueno, Francesita, hueles bien −, contestó seductoramente después de olerle el pelo. −Si alguna vez te cansas del Saco de Patatas aquí presente, estoy segura que a Britt no le importara compartirme por una noche −. Rachel finalizó el abrazo y se separó de ella con un fuerte sonrojo en las mejillas, mientras que, a su alrededor, el resto del equipo se reía al ver la avergonzada expresión de su cara. Incluso Finn se rió antes de atraer a Rachel a su lado y mandar una mirada desagradable a Santana.

−Bueno, chicos −, dijo el señor Schuester, dando una palmada y acercándose al grupo de jóvenes. −Ahora que nuestra estrella ha vuelto, necesitamos ponerla al día con todo lo que hemos hecho en su ausencia. ¡Desde el arriba! −

Finalmente, la vida había vuelto a la normalidad en casa de la familia Hudson-Hummel; bueno, todo lo normal que era cuando Rachel vivía con ellos. La chica tenía una nueva habitación en el sótano, donde había una política estricta de 'Prohibidos Los Chicos', pero Finn y Rachel aún era capaces de encontrar tiempo para estar a solas e intimar, siempre y cuando sea fuera de casa. Finn se gastaba un montón de dinero en habitaciones de hotel para él y Rachel, pero ella se lo devolvía de maneras que el dinero no podía calcular.

Tras su llegada, el Glee Club se había vuelto su nueva prioridad y Rachel afrontaba la tarea con dedicación y mucha ambición. Empujaba al club hacia su máximo potencial y, en múltiples ocasiones, casi llegó a los gritos con Santana, pero, a principios de mayo, el equipo estaba listo para competir en el Nacional. Tener otra vez a Rachel en el equipo era el empujón que necesitaban para preparase para la competición.

Por supuesto, Finn se volvió a unir al equipo, ya que, básicamente, él y Rachel estaban pegados por la cadera y, siempre que tenían tiempo libre, estaban juntos. El joven cambió completamente de actitud acerca el instituto y, ahora que Rachel estaba en casa, la vida en general había cambiado drásticamente, gracias a que, cada día, esta lo inspiraba para ser mejor y a apuntar cada vez más alto de lo que jamás se hubiera imaginado. Realmente estaba intentando mantener la promesa que le había hecho a ella y a sus padres, por lo que no dejaba que las inseguridades le impidieran cuidar de ella y amarla con todo su corazón. De hecho, cuanto más lo inspiraba, menos inseguro se volvía, cosa que lo ayudaba con los preparativos para el Nacional.

El Glee Club no era lo único que los mantenía ocupados. Finn y Rachel intentaron buscar a su madre biológica para que, de ese modo, pudieron intentar solicitar la ciudadanía, y la única mujer que coincidía con los archivos vivía en Nueva York y era profesora. Rachel estaba agradecida de que sus padres la ayudaran y le proporcionaran el nombre de la mujer y cualquier otra información que pudieran encontrar. Rachel contactó con ella por correo electrónico e iba a conocer a su madre biológica, Shelby Corcoran, durante el fin de semana del Nacional. No iban a intentar reconectar o recuperar el tiempo perdido; ninguna estaba preparada para aquello, pero Shelby estaba dispuesta a ayudar a Rachel a conseguir la ciudadanía y, así, cuando acabara la universidad, no tendría que marcharse de Estados Unidos. Shelby dijo que era lo menos que podía hacer por su hija.

Así que, cuando el Glee Club se dirigió al Nacional de Nueva York, Finn se vio una vez más apretado en el pequeño asiento de un avión, pero, en esta ocasión, no tuvo que sufrir demasiado. Al ver la ciudad por el horizonte, el joven se empezó a poner nervioso y, en la cabeza, le vinieron recuerdos de la humillante actuación del año pasado, de todo lo que perdieron, y le recordó lo mucho que no quería estropear esta competición. Esta era su última oportunidad para ganar y probar a su instituto que el Glee Club era más que un grupo de cantantes fracasados. Con Rachel cómo su líder, iban a volver a Lima cómo los reyes y reinas de Nueva York.

Tenía que hacerlo. Si no es por él, entonces por Rachel.

Cuando observó fuera del avión y vio, a lo lejos, el ubicuo horizonte, dándole la bienvenida a Nueva York, a Rachel le escaparon las lágrimas. Apretó las manos contra el cristal de las ventanas y observó, asombrada, el extraño mundo que se encontraba frente a ella. Cierto, había vivido toda su vida en una gran ciudad, pero Manhattan no era como el resto. Nueva York tenía una actitud que no existía en otras partes y, además, una cultura completamente diferente a todo a lo que estaban acostumbrados.

Rachel se enamoró inmediatamente del lugar. En cuanto salió del metro y entró en la calle, sus ojos se iluminaron con cierta felicidad contagiosa que se extendió por todos los miembros del club. Incluso los que ya había estado allí el año pasado estaban entusiasmados por estar otra vez en Nueva York y pasaron la primera noche haciendo turismo por la ciudad y enseñando a Rachel lo que Nueva York podía ofrecerle. Esta vez él era el guía turístico, pero lo que le explicaba no era nada comparado con su enorme conocimiento de París. A pesar de sus fallos, la chica adoraba cada una de sus explicaciones y los dos jóvenes turistas se pasaron la primera tarde en Nueva York enamorándose una y otra vez.

Finn prácticamente estaba temblando sobre el escenario, sus nervios se estaban apoderando de él mientras esperaban, con ansias, su turno para actuar. Cada vez que intentaba tranquilizarse y mantenerse centrado, le veían flashbacks del fiasco del año pasado y de la humillante actuación que dejó a Nuevas Iniciativas fuera de los diez primeros puestos de la clasificación. Había estado practicando sus movimientos sin parar para asegurarse de que no hacía el ridículo, pero cuando se encontró sobre el escenario y frente a un público de miles de personas, cualquier cosa afectaba a sus exhaustivas preparaciones. Si volvía a arruinar su oportunidad de ganar, jamás se lo perdonaría, y el club tampoco lo haría.

¿Feen? −Observó a su lado y vio a Rachel observándolo, la preocupación de su cara aumentaba y no podía estarse quieto. Finn seguía intentando arreglarse la corbata, ya que por mucho que se la anudaba una y otra vez, siempre estaba desigualada,ya sea de un lado o del otro. El muchacho dejó escapar un gruñido, frustrado y agobiado, viendo cómo otro Glee Club bailaba por el escenario. Eran de Nebraska, o de otro estado en medio de ninguna parte, pero eran bastante buenos. −¿Qué te pasa, mon amour? −Dejando a un lado su ocasional acento y ciertas palabras en francés que se le escapaban al hablar, el inglés de Rachel había mejorado drásticamente en cuanto volvió a entrar en el país. Seguía tomándose los estudios de inglés con bastante seriedad y se pasaba varias horas a la semana aumentando su vocabulario y su gramática.

−Estoy nervioso −, admitió él, inclinando la cabeza, avergonzado. −La última vez que estuvimos aquí lo estropeé todo y no quiero que vuelva a pasar. Quiero ganar con todas mis fuerzas −.

−Yo también −, dijo ella asintiendo la cabeza. −Y es por eso lo que lo haremos perfectamente, porque queremos conseguirlo más que el resto −. Colocó una mano sobre el brazo del chico y, con aquel simple gesto, hizo que el estrés de su cuerpo se redujera.

−Pero, ¿qué pasa si lo estropeo? −

¡Feen! −Le riñó ella. En sus ojos resplandecía la ambición. −¡Finalmente vamos a cantar una dueto juntos! ¡Vamos estar bajo ze focos! −Cuando se emocionaba, su acento se volvía más y más notable. −Hemos estado practicando durante semanas. Has estado fantástico durante los ensayos y sé que estarás fantástico sobre en escenario, conmigo, esta noche −.

−Eso espero −, Rachel había insistido bastante hasta que finalmente consiguieron cantar un dueto en condiciones, por lo que Finn no quería cagarla. A pesar de saberse los pasos de baile de memoria, aún existía la posibilidad de que se bloqueara en medio del escenario y arruinara su oportunidad de ser los ganadores.

−Si te asustas o si te preocupas, solo mírame −, dijo ella con dulzura, cogiéndole de la mano mientras se oía como el sonido de los aplausos llenaban el auditorio. −Y todo saldrá bien −. Llegó el momento de colocarse en sus puestos por lo que se acercó y le dio, en los labios, un beso de gratitud. Si por él fuera, hubiera durado más, pero el señor Schuester prácticamente los empujó hacia el centro del escenario ya que había llegado la hora.

−Rómpete una pierna −, le murmuró él cuando las cortinas comenzaron a levantarse.

Je t'aime aussi −, le contestó dulcemente, y la banda comenzó a tocar.

Su última noche en Nueva York fue cálida, la pareja caminaba por la ciudad y tenían los brazos alrededor del otro, mientras intentaban no perderse entre la multitud de neoyorquinos y la manada de turistas. Finn la había llevado a su primer musical de Broadway para celebrar su victoria en el Campeonato Nacional de Coros, ya que no lo hubieran conseguido sin su estrella principal. Ella prácticamente estaba entre las nubes, pese a estar caminando por la abarrotada calle.

Sin embargo, antes del musical, se pasaron la tarde hablando con Shelby Corcoran, quien fue lo suficientemente amable como para quedar aquel día para comer con Rachel. Al principio, el encuentro fue bastante incómodo pero ambas mujeres se relajaron rápidamente y comenzaron a discutir la posibilidad de Rachel de conseguir la ciudadanía de Estados Unidos. Shelby estaba dispuesta a ayudarla, incluso había llamado a un abogado amigo suyo que trabajaba en casos de Inmigración y Nacionalización. Intercambiaron teléfonos mantendrían el contacto durante todo el verano, hasta que se mudaran a Nueva York.

Ahora mismo, Finn estaba contento por estar a solas con Rachel en la ciudad de los sueños y por saborear un poco cómo sería su vida en Nueva York. La atrajo lo más cerca posible contra su cuerpo, mientras continuaban caminando por las abarrotadas calles que no hacían más que aumentar en personas, siguieron explorando el norte de lo que sería su futuro hogar. Caminaron por el Rockefeller Plaza, pasando a través de todos los turistas que llenaban las calles a pesar de la hora que era. Finn le preguntó si quería comprar algo en alguna de las múltiples tiendas que los rodeaban, pero ella contestó que estaba más que bien tan solo sentándose fuera y apreciando el paisaje.

−Me encanta este sitio −, le dijo ella suavemente, sentándose en un banco y apoyando la cabeza sobre su hombro. Su boina seguía firmemente sobre su cabeza, cosa con la que Shelby lloró al notar que Rachel la llevaba puesta durante toda la comida. Finn apoyó la mejilla sobre la esponjosa y blanca tela y suspiró, completamente feliz con el mundo.

−A mí también −, contestó el muchacho. −No me puedo creer que vamos a vivir aquí en tan solo un par de meses. Parece algo irreal −.

−Pero es real, Finn −, dijo ella con los ojos irradiando felicidad. −Desde que vine a Estados Unidos y te conocí, siento que todos mis suelos se han estado haciendo realidad, uno a uno −. Ella apretó la mano que sostenía. −Incluso ze que no me atrevía a soñar −.

−¿Cómo cual? −

−Tú −, susurró Rachel. −Mi chico americano −. Un sentimiento de paz lo llenó gracias a sus sinceras palabras, y él la acercó más hacia si mismo, soñando en las incontables noches que pasarían juntos en aquella mágica ciudad.

−Bueno, mira bien a tu alrededor, Rachel −, dijo él levantando la cabeza y observando al nuevo y apasionante mundo que estaba destinado a formar parte de su futuro. −Porque cuando acabe el verano, Nueva York será nuestro nuevo hogar −. Presionando los labios contra su frente, Rachel se acurrucó entre sus brazos, mirando la ciudad que los rodeaba, que los inspiraba y les daba la bienvenida con los brazos abiertos.

Oui −, dijo ella gentilemente. −Nuestro dulce, dulce 'ome −. [hogar]

−Tontita −, se rió Finn pellizcándole suave y juguetonamente la mejilla y la corrigió. −Es 'hogar dulce hogar' −.

Oui −, repitió ella, ligeramente avergonzada. −'Ome dulce 'ome −.

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Notas de la traducción/traductora:

Bueno otra vez, lo siento!

Las normas son iguales a las anteriores y para lo que queda da igual los errores, ya lo veré yo xD

Ahora mismo no sé que más poner, así que aquí se queda :)

Nos vemos pronto! :D