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Sentía que algo no iba bien mientras conducía la Triumph, se sentía tenso, inquieto. El resto del grupo le seguía en la furgoneta amarilla de Mara. Por mucho que mirase entre los árboles del bosque sin ver nada que le resultase alarmante, no conseguí quitarse esa sensación de ser observado. Al llegar a la carretera tomó rumbo Oeste. Quedaban pocas tiendas o almacenes sin saquear, si no encontraban nada irían a la zona de fábricas donde habían buscado al Gobernador la última vez, quizá allí hubiera algún sitio con comida aún.
Volvió la vista atrás comprobando que la Econoline estada tras él, esa maldita sensación le seguía pinzando la nuca, pero ya no tan fuerte. Pensó que tal vez, simplemente se había ido sin estar a gusto. No había visto a Mara al partir, aunque no le había querido dar importancia algo dentro de él si estaba un poco decepcionado. Había supuesto que ella saldría del pabellón antes de que se fueran, pero tan sólo le dio las llaves a Rick quedándose dentro. Era mejor así, se dijo. Prefería que no se lo pusiera difícil, la última frase del pasillo le martilleaba la conciencia aún. ¿Lo dijo en serio? Se preguntaba.
Pararon en el parking de una zona comercial pequeña en mitad de la carretera.
—Este lugar ya ha sido saqueado... no quedará nada —dijo Sasha, bajando del coche.
—Aún no lo hemos comprobado —contestó Glenn.
Daryl miró alrededor al bajar de la moto, cogiendo su ballesta y dejando la flecha preparada. Rick finalmente se había quedado en la prisión junto con Carl, yendo Michonne, Tyreese y Karen. Los dos últimos no tenían mucha experiencia anterior al igual que Sasha.
Se aproximaron a las tiendas que tenían las puertas y escaparates destrozados, siendo evidente que no eran los primeros que pasaban por esa zona, aun así debían asegurarse. No eran muchos los grupos que requerían pañales o papillas. Y también había muchos artículos inútiles para grupos itinerantes que ellos sí podrían aprovechar.
—¡Eh! Nada de ir por libre... —dijo Daryl a Michonne, que se alejó un poco del grupo.
—Debemos permanecer juntos —secundó Glenn.
—Eso es un parque de juegos —informó la mujer mirando en la dirección del edificio—. Si lo más importantes es lo de la niña, deberíamos ir directos por lo que pueda pasar.
Daryl y Glenn se miraron y luego observaron al resto del grupo, asintieron a la idea.
—Bien, vayamos... —dijo el joven asiático.
Entraron en el local que estaba orientado a realizar fiestas infantiles, más que como guardería. Aun así encontraron algunos artículos útiles para la pequeña. Sasha también cogió algunos juguetes y artículos del almacén, pensando más en la utilidad que Mara pudiera darles, que en los propios niños.
Encontraron una farmacia desvalijada casi por completo, pero algunos medicamentos les resultaron útiles y necesarios. Glenn, pese a lo que había afirmado, se distanció un poco del resto y se acercó a coger una caja de preservativos, intentando ser lo más disimulado posible. Pero al levantar la vista hacia sus compañeros reparó en la mirada de Daryl que no pudo evitar poner los ojos en blanco negando levemente.
—Comida, eso es lo que necesitamos —dijo Tyreese, cuando salieron del local.
—Esperar... —dijo Daryl, regresando dentro.
—Dar... —comenzó a decir Glenn, pero Daryl desapareció dentro de la farmacia, salió al cabo de un minuto—. ¿Listo? —el cazador asintió, sin decir nada.
Cargaron todo en la camioneta y se dirigieron a un restaurante, para inspeccionar su almacén y cocina. En el salón comedor encontraron algún caminante solitario que no dio demasiados problemas al grupo, siendo abatido por Daryl.
—Mirar —dijo Karen, señalando al techo—, podría ser comida.
En la pared de la cocina a bastante altura se encontraba una balda con unas cajas de cartón, la estantería que se encontraba debajo había sido completamente saqueada pero la balda debía haber pasado desapercibida precisamente por su ubicación.
—Si eso está ahí, tendrá que haber una escalera por algún lado —comentó Sasha.
Como suponía no tardaron en encontrar una, tras la puerta, Tyreese subió e inspeccionó las cajas.
—¡Santo cielo! Parece que hoy es nuestro día de suerte...
—¿Qué es? —preguntó Karen sujetando la escalera.
—Jamón cocido... esta parecen guisantes, puré en polvo... compota... —enumeró mientras las iba abriendo.
Fue bajando las cajas que eran pesadas, mientras sus compañeros las fueron llevando para el coche y cargando. Era patente la felicidad en sus caras por el hallazgo, tal vez eso fue lo que les hizo bajar la guardia.
La puerta al fondo de la cocina que daba a la trasera del restaurante se abrió de improviso, de ella salieron dos caminantes directos hacia Karen y Daryl que estaban al pie de la escalera, Tyreese que aún seguía sobre ella.
—¡Cuidado! —advirtió el cazador.
Todo pasó demasiado rápido. Daryl intentó echar mano a su ballesta, la cual había colgado a su espalda para cargar las cajas, pero Karen retrocedió empujando la escalera y desequilibrando a Tyreese, que no pudo impedir que el contenido de la caja, los grandes botes de conservas, cayeran sobre sus compañeros. Dando fuertemente en la espalda y hombro del cazador y golpeando con contundencia la cabeza de Karen, que cayó al suelo.
Glenn entró en ese momento, pudiendo empujar al primero de los caminantes y dándole tiempo a tomar su cuchillo y partir el cráneo del caminante, literalmente. El otro de detrás cayó al suelo empujado por el primero, Glenn se abalanzó a por él, en el suelo, y le atravesó la cara a la altura del nacimiento de la nariz, justo cuando Michonne y Sasha entraban precipitadamente por la puerta, que llevaba al salón del restaurante.
A Daryl le dolían las contusiones de su espalda, pero parecía estar bien, en cambio Karen estaba inconsciente.
—¡Dios mío! —gritó Sasha, al verla.
—Lo... lo siento —balbuceaba Tyreese aún conmocionado.
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Mara salió fuera del pabellón, se había quedado leyendo su cuaderno y no había salido a despedirse del grupo de abastecimiento, por lo tanto, no había visto irse a Daryl. Se sorprendió al ver a Rick en la prisión, pues supuso que saldría con los otros, pero éste le explicó que debían compensar tanto los grupos que salían como los que se quedaban en la prisión, por si algo sucedía en cualquiera de ellos, lo cual le pareció lógico e inteligente a la joven, pero también aumentó su nerviosismo. Se acercó a Maggie que parecía también nerviosa, sentada sobre un bloque de hormigón.
—Hola... —dijo al tomar asiento con dificultad, a su lado.
—Hola.
Ambas se quedaron mirando al camino sin decir nada, durante un rato, hasta que Maggie rompió el silencio.
—Te has desecho por fin de las muletas.
—Sí... aunque me sigue doliendo la herida —comentó—. Pero no se lo digas a tu padre.
—Tranquila...
—Van a volver —intentó tranquilizarla o reconfortarla de alguna forma, la chica asintió.
—Pero tú también estas preocupada aún así. ¿Por Daryl? —preguntó —Beth me ha contado que ya no hay nada entre vosotros.
—Bueno... me pidió que le dejara solo, pero no que dejará de importarme.
—Será idiota... —comentó y vio como Mara se encogía de hombros.
—Da igual, seguramente tiene razón.
—Glenn es lo mejor que me ha pasado en mi vida, será complicado... pero sólo quiero estar toda mi vida con él —confesó, sin poder evitar juguetear con su anillo de compromiso.
Mara desvió la mirada hacia las manos de la joven y reparó por primera vez en el anillo, dándose cuenta del significado.
Al principio le extrañó, ¿por qué se prometían, acaso pensaban casarse? Por un momento le pareció estúpida esa clase de cosas, ya no había juzgados o iglesias, no había registros de ningún tipo. Pero reparó en que estaba pensando como Olga, estaba viviendo en el pasado. Se habían prometido y se iban a casar, no por un papel, por una ley o por unos derechos de viudedad. Estaban prometidos y se casarían porque se amaban, y deseaban jurarse amor eterno y cumplir esa promesa.
Mara se emocionó al pensarlo, no pudo evitar coger la mano de la joven entre las suyas y apretarla levemente, mostrándole una sonrisa emocionada. Se dio cuenta que desde la muerte de su hermano estaba mucho más sensible, pero no le importó. Maggie le devolvió la sonrisa.
El sonido de los motores la sacó de su momento de empatía y unión femenina.
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Todos se asustaron al ver salir del coche a Tyreese con Karen en brazos, sangrando. Las preguntas y las explicaciones se hacían atropelladamente, por parte de unos y otros, era evidente que Tyreese se sentía enormemente culpable de lo ocurrido. Aunque la mujer había recuperado el sentido, una lesión en la cabeza de esas características podría causar daños que no estaban seguros de poder curar.
Mara se acercó a Daryl, en cuanto escuchó que él también había sufrido lesiones.
—¿Has conducido la moto hasta aquí? —preguntó entre preocupada, sorprendida y acusadora.
—Pfff... ¿Qué coño iba a hacer...?
—No hacerlo... —contestó.
No se atrevía a tocarlo por miedo a hacerle daño, pero realmente estaba preocupada, él debió notarlo, tanto en su expresión como en su tono de voz, pues no se enfadó ante su recriminación y sólo dijo que estaba bien.
—Hershel tendrá que verte, ¿dónde te duele?
—Estoy bien —repitió—, sólo ha sido el golpe. Karen es la que necesita...
—¡No seas cabezón por favor! —le cortó —entremos y yo misma te miraré.
—No eres médico, esperaré a Hershel —dijo, tocándose el hombro izquierdo.
—Él tampoco lo es —contestó ella.
—Da igual...
Daryl entró en el pabellón, dejando a Mara con ganas de pegarle por ser como era.
—Hay que meter esto dentro —dijo Michonne a su espalda, refiriéndose a la carga del coche.
Mara se giró hacia la mujer, asintió pensando que era lo más útil que podía hacer en esos momentos, se acercó al coche, echando mano de unas de las cajas, pero le fue imposible moverla más de dos centímetros, por su peso, dándose cuenta de la gravedad de las lesiones que debían sufrir, si era eso lo que les había caído encima.
—Necesitarás ayuda —le dijo Michonne.
—Lo siento... tengo que ir dentro —contestó, apartándose de la caja.
—Pero...
—Lo siento —se alejó lentamente, cojeando aún un poco.
Tardó un poco en llegar, pues sin la muleta su paso era lento e inseguro. Vio a Tyreese consternado, siendo consolado por su hermana, Glenn y Maggie.
—¿Habéis visto a Daryl? —preguntó, mientras bajaba las escaleras con lentitud.
—Ha pasado a las celdas —dijo Maggie.
—Gracias —contestó y miró a Tyreese —No te preocupes, ni te machaques con esto, ha sido un accidente.
Tyreese asintió y se sentó derrotado en un taburete, sin hacer caso a los consejos y consuelos. Mara se encaminó a encontrar a Daryl. Vio a Carol en la celda de reposo donde descansaba Karen tumbada con el cuerpo levantado todo lo posible para evitar coágulos de sangre en la cabeza. En la galería estaban los demás, menos Daryl, Mara reparó en que tampoco estaba Hershel. Por lo que se encaminó a la enfermería. Antes de llegar escuchó las voces de los dos hombres dentro de la sala, algo la frenó, antes de entrar directamente, sólo se asomó, pretendía preguntar si podía entrar pero sus palabras se ahogaron en su garganta.
Daryl estaba sentado en la camilla de espaldas a ella, por lo que no la vio, tenía el torso desnudo, los ojos de Mara no pudieron evitar ver una gran zona amoratada por el golpe, pero lo que la dejó sin habla no fueron las señales de la actual lesión, sino las cicatrices que poblaban su espalda, numerosas y de gran tamaño y grosor. Se replegó de nuevo en la pared, ocultándose de los dos hombres, que no la habían llegado a ver. Y respiró con fuerza.
—Tienes la clavícula rota —dictaminó Hershel—, tendrás que usar un cabestrillo si quieres volver a usar el brazo —le amenazó—. Toma estos calmantes, debe dolerte mucho.
—Bah...
Mara escuchó movimientos en la enfermería, indicando que Hershel y sus muletas se aproximaban a la salida.
—Busca un pañuelo o algo que te sirva... —indicó antes de salir —Hola Mara, ¿pasa algo con Karen?
—No, no... —contestó ella nerviosa—. Pero deberías ir a ocuparte...
Entró en la enfermería, pues era imposible que Daryl no lo hubiera escuchado, estando a 5 metros, le vio intentando ponerse la cazadora, parecía incómodo.
—Espera... —le dijo, acercándose a ayudarle—. ¿Cómo estás?
—Me jodí el hombro —contestó.
—¿Necesitas algo? —preguntó pensando en el pañuelo para el cabestrillo, pero él negó, terminando de ponerse la cazadora.
Daryl se dirigió fuera de la enfermería, Mara le vio alejarse y no pudo evitar sentir ganas de acercarse y abrazarlo, pero se contuvo y permaneció quieta.
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Por fin los niños habían pasado a la galería que habían estado acondicionando, lo cual benefició a todos. Pero la alegría porque ese lugar fuera usado se vio empañada por lo sucedido, en especial para Tyreese y su hermana que estaba preocupada por él.
Aunque la tarde fue tranquila, Mara se sentía inquieta. No podía dejar de pensar en las cicatrices que había visto marcadas en la espalda de Daryl. Suponía que la violencia había formado parte de su vida por ciertas actitudes de él, en especial el reparo que solía tener a mantener contacto o cercanía física con la mayoría de las personas, pero no pensaba que hubiera sido víctima de semejantes lesiones.
Cuando por fin cayó la noche y Mara se fue a dormir, se sentía agotada, más por dentro que físicamente. Pues su alma había sentido un mar de sensaciones diferentes, tanto por leer el diario y rememorar todas aquellas cosas de su pasado, como por haber descubierto cosas del pasado de Daryl que no podía evitar que le afectasen. Entonces reparo en ello, cómo podía haber estado tan ciega, cómo podía hacer sido tan idiota. Las cicatrices... ella acariciándole, acariciándole la espalda, la espalda llena de cicatrices y él deteniéndola...
Había sido por las cicatrices, todo lo que había pasado entre Daryl y ella, fue a causa de que él no quería que ella viera o descubriese esas cicatrices. Mara no pudo evitar preguntarse qué había detrás de aquellas marcas para influir y afectar tanto a Daryl. Para querer ocultárselas a ella. Más aún, cuando parecía que él comenzaba a tenerle confianza hablándole de Merle u otras cosas, por voluntad propia.
—¿Qué pasa? —susurró Shelly en sus brazos, Mara se dio cuenta de que había estado moviéndose agitada por sus pensamientos.
—Nada, Ratita... lo siento.
Intentó tranquilizarse, no podía hacer nada en aquel momento, ni siquiera darle más vueltas a sus pensamiento. Desde su subconsciente le llegó la voz de su hermano.
"¿Merece la pena sufrir por él?"
Mara se quedó pensando un rato, dudosa. Decidió seguir el consejo de su madre. Mentalmente hizo una lista con los pros y los contras que Daryl tenía para ella. Pensó en cada cualidad y defecto; Valiente, mal hablado, sensato, retraído, solitario, bruto, independiente, suicida, valores y principios, etc... Lo contabilizó todo, teniendo en cuenta todo lo poco que sabía de él, para terminar rompió esa lista en su cabeza en mil pedazos. No sabía si merecería la pena sufrir o no por Daryl, pero tenía claro que iba a luchar por él.
Continuará...
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TWD
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