Capítulo 19
Nyan n.n Siento haber tardado más en actualizar, pero estoy trabajando en una poesía de 600 versos (sí, unas 20 páginas ) para un concurso, y digamos que debo ser exigente para ganar, porque me vendría muy bien el dinero… así que quizá tardo un poco más en actualizar. El plazo termina el 20 de septiembre, así que no me retrasare demasiado tampoco… Espero que les guste este capítulo. Gracias por leer y dejar reviews, voy para las 15.000 visitas y estoy muy ilusionada.
Volvieron al fin todos los estudiantes a Hogwarts y el castillo volvió a rebosar vida. Aquella noche en la sala común el murmullo era tan grande que la profesora McGonagall tuvo que entrar a hacerles callar. Tras aquella interrupción, la mayoría de estudiantes se fueron a la cama; todos excepto tres merodeadores (Peter se apresuró para llegar antes a las duchas) y Lily, que estaba acabando de hablar con Remus sobre la primera reunión de prefectos de aquél año.
- ¿Ya habéis acabado¿Ya habéis acabado, verdad? No más prefectos, genial, Lily, cariño, no me contestaste las cartas, te dije que eso quería decir que…
Pareció como si Remus desapareciera en aquel instante; Lily y James eran tan conscientes de la presencia del otro que le habían olvidado por completo. Retrocedió en silencio, apartándose de ellos, y anduvo con pasos ligeramente torpes hasta donde estaba Sirius, sentado en una mesa y observando a su mejor amigo discutir con la pelirroja. Cuando Remus se sentó en la mesa con él, habló en voz baja y profunda.
- Nos lo quitan, Lunático, nos lo quitan.
- No. Lo que pasa es que no sabes compartir.
Sirius se quedó en silencio, mirando fijamente a James y pensando en las palabras de Remus, sin ver la sonrisa de éste.
- …como un perro - musitó.
- Exacto. Muchas veces pienso…
- ¿…que fue el perro el que me escogió a mí y no yo a él, como con las varitas?
- Si - replicó, sorprendido; Sirius había recitado sus pensamientos palabra por palabra.
- Bueno… Quién sabe.
Observaron a Lily dirigirse a los dormitorios de chicas, con James siguiéndola.
- Pero a ti no pienso compartirte - repuso, rodeándole los hombros con el brazo.
- Claro, y yo a ti tengo que compartirte con todas las chicas de la escuela¿no?
- ¡Hace años que no toco a una tía!
- Sí, bueno, no creas que no te he visto veces entre clase y clase cogiéndolas así como me estás cogiendo a mí ahora… - repuso, fingiendo enfado con una media sonrisa en los labios.
- Joder, Lunático, cuando digo tocar me refiero a lo que te hago a ti por las noches, como mínimo.
- …pervertido.
Y volvió el rostro hacia Sirius para estudiarle las facciones, apoyándose en su pecho, mientras el moreno miraba divertido a James y Lily. Y debió de sentirse observado, porque Remus pensó en sus ojos, en su nariz y en sus labios, y levantó un dedo para tocarle el pómulo y acariciarle la línea de la mandíbula. Fue entonces cuando se giró también y bajó el rostro hacia el del otro. Y fue entonces cuando James bajó deslizándose por el tobogán de piedra en que se habían convertido las escaleras del dormitorio de chicas al haber seguido él a Lily y les vio besándose sobre la mesa, en la esquina, antes de que Remus se diera cuenta y se separara de golpe de Sirius, sonrojado hasta las orejas y musitando algo de …a ducharme…, poniéndose en pie, antes de dirigirse a las escaleras que conducían al dormitorio de chicos.
James se acercó a Sirius con pasos lentos, y ocupó el sitio en el que antes había estado Remus, sin mirar al moreno.
- Resígnate, Jamie - dijo éste -, besas muy bien y eres muy bueno en la cama pero Remus es mejor.
- Ya, al igual estás con él sólo por eso... - y su voz suena rara mientras se estira en la mesa y pone la cabeza en las piernas de Sirius, mirando hacia las escaleras del dormitorio de chicas.
- Estás hablando con Sirius Black. ¿Por qué más si no iba a ser?
- Precisamente por eso, tío. Porque hablo con Sirius Black y no con el Sirius Black que todos conocen. No intentes engañarme, porque si eres Sirius Black y yo soy James Potter no hay mentira que cuele.
Jodido, a veces aciertas incluso más que Remus.
- Voy a pedirle a Lily que se case conmigo, Canuto.
- Ya lo sé. Me lo dijiste hace tiempo. El primer día que la viste, creo.
- Sí, ya lo sé. Pero es que voy a casarme con ella, en serio.
- Guay. Y ahora levanta, maricón, que mi fama quedara por los suelos si me ven en una pose tan cutre contigo.
- ¿Y si te llegan a ver con Remus qué, eh?
- Eso qué más da.
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- ¿En serio? - preguntó Remus, sorprendido. Entre clase y clase, yendo hacia el aula de estudios muggles con Charles, estaban hablando de sus vacaciones.
- ¡Te lo juro, Remus¡Llego, dejo las maletas en el hotel, me pongo los esquís, salgo a la pista… y allí está ella¡No podía creérmelo!
- ¿Le dijiste algo?
- No… fue ella la que vino antes… - dijo, con la mirada perdida, ojos brillantes y una sonrisa en los labios.
Remus le permitió unos segundos de embelesamiento.
- ¿…y entonces…?
- Fuimos a esquiar juntos casi cada día. Y por las noches en el hotel organizaban juegos de mesa muggles en grupo, y discoteca muggle, y alguna vez habíamos quedado, y…
- Hola, Charles - saludó alguien, con una voz aguda y cantarina. Charles casi dio un bote.
- Ho… Hola, Elda… - contestó, agitando la mano.
La chica del pelo corto y rizado de la que habían estado hablando pasó andando a la espalda de Remus, quién se giró a mirarla; saludaba a Charles con una mano pequeña y fina y un leve rubor en su rostro sonriente.
- Buenas vacaciones, veo.
- Sí… - contestó con vos queda. Entonces volvió en sí - Oye¿qué ocurrió? Dumbledore te sacó del Gran Comedor el último día y no volví a verte… Y no contestaste la carta que te envié.
- Bueno… - bajó la voz y apartó la mirada - mi… mi padre murió estas Navidades, y cuando Dumbledore me avisó fue porque mi madre le había enviado una carta para pedirle que me dejara marchar antes.
- No…
- Me temo que sí. Ah, ya ha pasado, así que no te preocupes¿de acuerdo? - dijo, al ver que Charles movía la boca sin articular sonido alguno - Fue duro pero con los cabezotas que son esos tres, sobretodo Sirius, me costó menos superarlo - le sonrió con cierta tristeza antes de entrar al aula de estudios muggles, tarareando cierta canción de Bob Dylan…
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- Oye, Remus…
- Dime.
Entretenido, Sirius dibujaba con el dedo índice formas abstractas en la espalda desnuda de Remus.
- ¿Recuerdas aquella vez, en la playa…?
- ¿Cómo olvidarlo?
- Vale. Pues… Desde entonces quiero preguntarte algo - Remus le miró con sorpresa; había estado a punto de dormirse, con el jazz en el gramófono y Sirius al lado, y las sábanas calientes y húmedas y ellos desnudos encima, con casi una hora aún por delante hasta que James y Peter acabaran de cumplir el castigo en el Invernadero número 6 -. No era la primera vez que estabas con alguien¿verdad?
Lupin soltó una carcajada.
- ¿A qué viene eso ahora?
- Sólo quería saber quién ha habido antes que yo.
- Sólo una persona, hace tiempo. Y no llegamos a nada más que a… bueno… que a lo que llegué contigo en la playa mientras James estaba K.O.
Sirius esbozó su sonrisa ladina.
- ¿Por qué te cuesta ser gráfico?
- Porque soy prefecto.
- Al igual. Eres un pervertido.
- Pero sé guardar las apariencias.
- Pero… - paró en seco - da igual. Háblame de esa persona, anda.
- ¿Te he pedido yo que me hables de las personas con las que has estado antes? - sonríe.
- No, porque sabes que no acabaríamos nunca. Aunque no seré feliz hasta que no pase una noche con Ronnie Wood o Mick Jagger… aunque me den ellos, da igual, pero es uno de mis sueños desde que me ayudaste a descubrir que soy medio bisexual. Por dónde íbamos… Ah sí, tu lío antes del gran Sirius. Venga, canta.
- ¿No preferirías a John Lennon?
- Ni hablar, es más de tu estilo, y no me cambies el tema. ¿Dónde vas? - preguntó, al ver que Remus se levantaba de la cama.
- A vestirme, que me está entrando frío, y tú deberías hacer lo mismo. James y Peter están a punto de llegar… Que sí, pesado, que ya te lo explico… - dijo - Fue un verano en que fui de vacaciones con mis padres… entre tercero y cuarto o por esas fechas, no lo recuerdo del todo bien. La cuestión es que conocí a un chico… Estaba en el mismo hotel que yo, cerca de la playa, y nos conocimos por casualidad una noche en la cena; después de aquél día fuimos casi cada día y noche a pasear por el pueblo y por la playa, y un día sus padres salieron y él se quedó sólo en su habitación. Me llamó y me dijo que si quería ir un rato, y allí nos pusimos a hablar mientras veíamos una película…
- ¿Y? - preguntó Sirius, observándole mientras se vestía, estirado en la cama - ¿Por qué paras?
- Para respirar un poco - contestó el castaño tras sacar la cabeza del cuello del pijama - Bueno, que nos pusimos a hablar, y él me dijo que era gay. Y me preguntó si tenía novia. Y le dije que no, pero que me gustaba alguien desde hacía tiempo, y… y que no era una chica. Y bueno, no sé cómo, pero de pronto nos estábamos besando y todo eso. Pero después me fui a mi habitación.
- ¿Por qué no te quedaste con él?
- Porque… me sentía culpable… o algo extraño, no sabría cómo explicártelo. Como si te estuviera traicionando, aunque sabía que tú no te dabas cuenta de que me gustabas y que estarías con alguna chica en aquél momento.
- Sí, la verdad es que debía estarlo - admitió el moreno, mirando a Remus algo ensimismado.
- Lo sabía - sonrió él, acabando de vestirse.
Estuvieron en silencio durante unos instantes más, mientras Remus ordenaba un poco la habitación, esperando a que James y Peter volvieran y Sirius seguía observándole embobado y en silencio, hasta que
- ¿Cómo coño puedes decir que eres feo?
Remus se giró sorprendido.
- ¿Disculpa?
- Siempre que sale el tema dices que eres feo, o que te gustaría ser más guapo. ¿Cómo puedes ser tan mentiroso?
- Sobre gustos no hay nada escrito - contestó divertido - y además, odio mi nariz. Y mis ojos no son nada del otro mundo, igual que mi pelo. Es lacio y sin vida. Y mis labios son demasiado finos. Y…
- Mentira, mentira, mentira y mentira. Estás batiendo tu record.
- Para mi es verdad.
- Mentira. Lo dices porque te gusta que te lo desmintamos.
- Sigue soñando. Ah, y tengo el mentón demasiado prominente.
- Mentira y mentira.
- ¿Dos?
- Tampoco estoy soñando.
James y Peter entraron por el agujero del retrato riendo y hablando tanto que se les oía desde el dormitorio. Remus apremió a Sirius para que se vistiera, pero éste sólo se puso los pantalones del pijama, pues sus amigos estaban acostumbrados a verle con poca ropa o incluso desnudo en la habitación, ya que en la mayoría de ocasiones dormía sin pijama. Entonces, cuando nadie se lo esperaba, se oyó un fuerte golpe en la ventana.
- ¿Qué mierda…? - dijo Sirius, sobresaltado, saltando de la cama de James, donde habían estado planeando algo.
- Ni idea, tío - contestó James, levantándose también.
- Yo lo he visto - dijo Peter - ¡Una lechuza!
Y la vieron allí, en el alféizar, con una carta atada a la pata, esperando a que abrieran para refugiarse del frío de la noche.
- ¿A estas horas? - se extrañó Remus - Y… ¿A nuestra habitación? Quiero decir…
- Abramos - propuso Sirius.
Y la carta iba a su nombre.
La blanca lechuza se alejó volando en la noche, difuminándose en la oscuridad hasta que fue sólo un puntito blanco y desapareció. Mientras tanto, los chicos habían cerrado la ventana y Sirius miraba su nombre, escrito en letra grande e hinchada y con florituras, en la parte delantera del pergamino.
- No conozco esta letra… - se sentó en la cama de James de nuevo, pues la suya estaba cubierta de ropa arrugada y sus instrumentos de Quidditch. James y Remus se sentaron en el suelo, delante del moreno, y Peter a su lado en la cama cuando éste abrió la carta y leyó en silencio - Joder… - musitó - ¡Joder! - dijo, esta vez en voz más alta.
- ¿De quién es? - se atrevió a preguntar James como por casualidad.
- De la guarra de mi prima francesa.
Ante la tensión y el silencio en la habitación, James empezó a reír a carcajada limpia. Remus y Peter le miraron alarmados, más cautos ante las posibles reacciones de Sirius.
- ¡No jodas, tío¿Aún te va detrás? Qué fuerte.
- Cállate, capullo. Dice que en unas semanas tengo que volver a casa porque va a estar ella allí, que quería escribirme antes de que me enterara por mis padres, porque así era más romántico y bla bla bla… que soy muy guapo… bla bla… que tiene ganas de verme y… coño¿acariciar mi bello cabello mientras estamos solo en el jardín bajo la luz de las estrellas? Ostia, ni Remus es así de cursi.
- ¡Oye! - se quejó Remus, sonriendo levemente.
- Si se piensa que voy a salir a mirar las putas estrellas con ella, que vaya lista. Y al igual dejo que me toque el pelo… Pero supongo que volveré a casa.
- ¿Tan rápido te rindes? Pensé que te negarías, como aquellas dos veces hace unos años, que tuvieron que venir tus padres y sacarte a rastras del colegio mientras gritabas como si te estuvieran matando.
- Esta vez sí, amigo. Esta vez sí, pero no será como las otras. Ala, a dormir.
Y con aquella promesa flotando en el aire, se metieron todos en sus camas sin preguntar nada más, intentando conciliar el sueño.
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La hora doble de pociones de aquella tarde fue suspendida a causa de una misteriosa inundación repentina en las mazmorras de Slughorn (de la que días después Sirius y James fueron culpados), y los alumnos de Gryffindor y Hufflepuff se quedaron en sus respectivas salas comunes. Sirius aprovechó para contestarle la carta a su prima mientras Remus leía un libro, a medio camino entre divertido y enfadado y sorprendido por lo de la inundación en las mazmorras, y James y Peter jugaban al ajedrez mágico a su lado.
- A ver… querida prima… lo de querida es irónico, claro… pero lo de prima tiene más de un significado… sí, ése es un buen comienzo… - murmuraba, mientras escribía un largo encabezado - Voy a ir el próximo fin de semana… pero no creas que voy por gusto… tengo tantas ganas de veros a ti y a mis padres como… como… a ver, algo que haga daño, ayudadme, joder.
- ¿Cómo Remus de dejar el chocolate?
- No conoce a Remus, imbécil.
- Um…
- Ah, ya lo tengo - dijo Sirius, escribiendo de nuevo y sin parar tres o cuatro líneas.
- Sois todos unos rastreros - dijo Remus, sin apartar la vista de su libro -¿por qué queréis herir los sentimientos de esa pobre chica?
- ¿Encuentras bien que quieran casarnos porque si?
- No he dicho eso. Lo que quiero decir es que ella no tiene la culpa de haberse enamorado de ti, Sirius, como… Muchas otras personas.
- Pero Remus - comentó Peter, apartando los restos de su destrozada torre blanca del tablero -, no es sólo eso, es que ella es como los padres de Sirius. Quiero decir… que también está obsesionada con todo eso de la sangre pura y tal…
- Claro, claro, entiéndelo, Remus - contestó James, moviendo un peón - ella sólo quiere lo que quiere, punto.
- ….rastreros.
- No, Lunático. Lo que pasa - volvió a hablar James, dejando a parte el juego de ajedrez mágico con Peter - Es que tu eres el único bueno entre nosotros. Vales tu peso en oro… No, el peso de Crabbe y Goyle en oro, te lo mereces todo pero no tienes nada. La vida es injusta.
Sirius paró de escribir y levantó la vista lentamente mientras Peter abría la boca sin darse cuenta, mirando a James.
- Si con tener te refieres… - contestó Remus, levantando la vista de su libro al fin - a dinero o a una posición social, digamos que no es que me motive exactamente ser como Malfoy.
- Pero… Huérfano de padre, sufriendo en luna llena, cuidando solo de tu casa y de tu madre. No me digas que no es injusto.
James y Remus se miraban como pocas veces Sirius y Peter les habían visto mirarse, sentados al lado, apartados de los otros Gryffindor del curso, en una mesa arrinconada. Remus contestó de nuevo.
- Escúchame. Tengo en esta vida todo lo que necesito para disfrutarla, no quiero nada más. Sirius, Peter, tú… Os tengo a vosotros. El día en que me faltéis me faltará el alma, pero hasta entonces, seré el licántropo más feliz del mundo.
La pluma de Sirius cayó sobre su pergamino cuando James se abalanzó sobre Remus y le abrazó con fuerza.
- Oye, cuidado con lo que haces… James… James, coño, para ya, ostia…
- Remus, eso ha sido precioso, tío…
- Gracias, James, yo también te quiero - contestó Remus, devolviéndole el abrazo.
- Joder¿queréis parar ya¡Cornamenta!
- Que te calles, chucho. Lunático me devuelve el abrazo, así que no hago nada malo.
Y en aquél momento entró Lily Evans por la puerta.
- ¡Evans! - gritó Sirius - ¡Evans, ven a mis brazos!
- ¿Pero qué…?
- ¡Ni se te ocurra! - es lo que gritó James cuando Sirius se levantó de su asiento y fue a zancadas hacia donde Lily estaba clavada en el suelo, sin poder moverse, petrificada sin saber qué pasaba. Al fin, Sirius la abrazó - ¡Que la sueltes, joder! - gritó, separándose al fin de Remus.
- Pe… Pero… ¡Black! - se apartó de él sonrojada tras debatirse en su abrazo, que se debilitó en cuanto James soltó a Remus.
- ¡A ver si aprendes así a no tocar las cosas de los demás!
- ¿Y desde cuando yo soy de Potter, si puede saberse? - preguntó ella, sonrojada.
- Desde el primer día que te vi, princesa. Entraste en mi pensamiento y en mi corazón y no voy a dejarte marchar - contestó, inclinándose ante ella pero sin dejar de mirarla a los ojos y cogiéndole la mano.
- …tonterías - se separó como si se hubiera quemado y se fue corriendo hacia el dormitorio de las chicas.
Cerró la puerta tras ella; se apoyó con la espalda en la madera y jadeando se llevó la mano a los labios. La mirada de James le había delatado; como James, ella sabía que desde el primer día de la vuelta de vacaciones, aquel " No te hagas ilusiones, Potter, he estado demasiado ocupada como para contestarte, eso es todo…" no había colado.
