La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Mil gracias a todos por leer, por sus likes, follows y por sus maravillosos reviews. De todo corazón, muchas gracias a todos.

Ya sé que han estado en suspenso durante todo este tiempo por ese cliffhanger al final jeje.

Espero que les guste el capítulo y que puedan perdonar cualquier error.

Agradecimientos a mi querida autumnevil5


- ¿Qué ocurre, majestad? - preguntó el hombre agachándose un poco para estar a su altura y la observó a su antojo.

Era preciosa, no había mejor palabra para describirla, recordaba haberla llegado a ver un par de veces en sus días en los que causó terror en el reino, con una expresión dura en el rostro, vestida siempre para matar y una mirada que te hacía doblegarte en un segundo, pero también había escuchado que una aventura con el príncipe David había cambiado todo en ella y ahora podía comprobarlo.

Los ojos de la reina le miraban casi con ira, como si quisiera matarle, pero su expresión no era dura, definitivamente no era la misma mujer, aun así no podía ignorar todo lo que había hecho. Le parecía divertido verla mirarle así porque sabía que gracias al brazalete no podía hacerle absolutamente nada

- ¿Acaso tienes miedo? - se burló, era satisfactorio sentirla temblar bajo su agarre y ver en su bello rostro los rastros que dejaron un par de lágrimas que derramó, pero que la muy orgullosa de seguro se negaba a limpiar

- N-No - dijo Regina, tratando de sonar convincente, aunque estaba aterrorizada - Si me dejas ir ahora, me olvidaré de ésto - ofreció, no quería amenazarlo como comúnmente lo haría, no podía arriesgarse a provocarlo por su bebé, tenía mucho miedo de lo que pudiera hacerle a su pedacito de amor.

Por respuesta el hombre solo comenzó a reír de nuevo como desquiciado.

Algunas personas curiosas salieron de sus casas al escuchar la discusión y se sorprendieron al ver al hombre que era el médico del lugar sujetando de un brazo a la… ¿Reina Malvada? mientras ésta trataba inútilmente librarse del fuerte agarre al que era sometida.

A ninguno se le escapó que estaba embarazada, especialmente a un hombre mayor acompañado de su hijo, que no llevaba mucho tiempo de haber llegado a vivir al lugar. Inmediatamente entró a su casa con su pequeño de la mano.

La reina solo trataba de calmarse, de no mostrarse asustada ni vulnerable, aunque sabía que estaba completamente perdida, que si los aldeanos decidían ejecutarla podrían hacerlo con facilidad, sin su magia no podía hacer nada… Sin su magia no era nada y ellos lo sabían

- Basta de juegos - Regina escuchó la voz tras ella y entonces lo entendió todo, o eso creyó. El médico se irguió, la reina volteó y sonrió casi con amargura al ver la figura que habló, claro que era él - Aquí está tu parte del trato - dijo Graham aventándole al hombre que sujetaba a Regina un saco con lo que podía escucharse, eran monedas - Entrégamela - exigió

- Lo pensé mejor - dijo el médico - No me dijiste que estaba embarazada y que me estén viendo entregarte a una mujer indefensa con un bebé en el vientre, es más costoso - argumentó mordazmente y el cazador solo sonrió socarrón

- Por favor - la mujer a la que la reina acababa de salvar salió de su hogar, su marido estuvo a su lado de inmediato - Me ha salvado, a mí y a mi hijo - lloró la aldeana volteando a ver a todos los demás y después a su esposo. ¿Por qué nadie hacía nada por ayudarla?

Eso pareció impulsar a algunos aldeanos a querer entrar en defensa de la reina, esa aldea había sido beneficiada por la ayuda del príncipe David quien ahora estaba con esa mujer y muchos de ellos se sentían en deuda, otros, no.

Sin embargo, todas sus intenciones de ayudar o no, fueron desechadas cuando lobos amenazantes comenzaron a hacer su aparición en el lugar

- Solo entrégamela y todos nos iremos, lo prometo - aseguró Graham y el otro hombre no tuvo más remedio que soltarla, empujándola un poco hacia el cazador.

Por supuesto que en cuanto se vio libre del agarre Regina intentó huir, pero la alcanzó fácilmente

- Graham… - trató de hablar con él al verse sujeta de nuevo

- No quiero escucharte. Camina - dijo el cazador y comenzó a avanzar llevándose a Regina con él.

Y mientras se alejaban, desde la casa de Geppetto salía un cuervo en búsqueda de David con un mensaje importante. No pasó mucho tiempo para que al menos media docena de cuervos salieran con el mismo rumbo y misión.


Mientras tanto en el Castillo de Regina, todo era pánico. El guardia que vio a la reina desaparecer en su nube de humo lila, prácticamente blanca, había dado parte al príncipe Henry y al caballero de confianza de David.

El hombre mayor había pedido que aguardaran solo un poco, con la esperanza de que Regina regresara; aun así la guardia oficial de la reina estaba lista para salir en su búsqueda en cuanto se diera la orden formal.

Estaban aguardando cuando de pronto comenzaron a ver que el hechizo que protegía al castillo comenzaba a caer y Henry sintió que el mundo se le iba encima

- ¡Den aviso al príncipe de inmediato! - gritó Claude y después dio la orden de que la guardia oficial saliera en búsqueda de la reina, Henry se apresuró con la intención de salir junto con ellos, pero fue detenido por el hombre de confianza de David

- Alteza… - intentó hacerle razonar sin discutir con él

- Tengo que ir - dijo el hombre mayor con los ojos llenos de lágrimas - Mi hija puede estar en peligro o… - se le cortó la voz, no pudo seguir, el solo pensamiento le hacía sentir una opresión en el pecho, su niña tenía que estar bien - No puedo quedarme aquí y no hacer nada - argumentó

- Lo siento, Alteza - dijo Claude mientras dos guardias sujetaban a Henry sorprendiéndolo - Hay órdenes estrictas de la reina y el príncipe de ponerlo a salvo en caso de una situación como esta - concluyó.

Henry fue llevado a sus aposentos donde permanecería custodiado hasta que todo estuviera con más calma.


Graham caminaba llevando a Regina tomada del antebrazo por un camino del bosque, por supuesto que se resistía a caminar, había intentado hablar con él un par de veces y librarse de su agarre, pero el cazador no quería escucharla y tampoco era tan tonto como para bajar la guardia y permitirle escapar

- Para - dijo Regina casi sin aliento - para… estoy embarazada - y se detuvo tratando de hacer que él lo hiciera también, pero solo consiguió que prácticamente comenzara a arrastrarla por el camino

- A las mujeres embarazadas les hace bien caminar. ¡Anda! - gruñó el cazador, jalando un poco obligándola a moverse a su ritmo

- Habíamos quedado en que no harías nada hasta que mi bebé naciera - le reprochó tratando de hacerlo razonar y que le dejara ir

- No quedamos en nada - respondió Graham sin voltearla a ver

- ¿Qué piensas hacer conmigo? - preguntó temerosa de la respuesta que pudiera obtener

- Pronto lo sabrás - respondió sin dejar de andar

- ¿Vas a matarme? - tragó pesado al hacer esa pregunta

- Camina - fue la seca respuesta que obtuvo por parte del cazador.

Regina sabía que las intenciones de Graham no eran de lo más buenas con ella, era obvio que la odiaba por todo lo que había sucedido y la prueba era que ahora portaba un brazalete que le había dejado sin magia y había una sola pregunta que rondaba por su mente cuya respuesta podía darle un giro a esa situación

- ¿De dónde sacaste el brazalete? - preguntó. Estaba segura que no era casualidad, se trataba de un artefacto mágico, el cazador nunca había sido partidario de la magia y de pronto aparecía con esa joya para usarla en ella, aunque ya sabía para qué, sin su magia podía despedazarla si quería

- No tiene importancia - respondió sin detenerse y comenzó a apresurar su andar, algo que solo hizo que Regina comenzara a desesperarse porque no tenía idea de dónde estaba con exactitud, pero podía sentir que cada paso que daba la alejaba más y más de estar a salvo, pero sobretodo de David.

Así que no tuvo más opción que intentar una vez más liberarse de él. Comenzó a forcejear y a tratar de golpearlo inútilmente con su otra mano

- Basta ya, Regina - dijo el cazador, la situación no le divertía en lo absoluto, le molestaba que intentara liberarse para seguramente alejarse y correr a los brazos del príncipe traicionero, lo ponía de mal humor

- ¡Suéltame! - gritó al tiempo que le rasguñaba el rostro haciéndole sisear por la sensación de ardor, por un segundo se vio totalmente libre de las manos de Graham, pero el gusto de duro poco

- ¡Ya cállate! - le gritó tomándola ahora por los dos antebrazos con cada una de sus manos, apretó su agarre y pudo ver como su hermoso rostro se contorsionaba en una mueca de dolor.

Y de pronto, ahí en medio de la inmensidad del bosque, Graham se sintió en realidad mucho más poderoso que ella, que la que alguna vez fuera la Reina Malvada, que esa mujer que le había quitado su corazón sin piedad y le había tenido como prisionero y a su servicio por tantos años, que se había encargado de seducirlo a su antojo hasta que logró llevarlo a su lecho y que después, cuando se aburrió de él, simplemente lo desechó, sin detenerse a pensar ni un solo segundo en él.

Regina le miraba con los ojos llenos de lágrimas, estaba asustada, pero también reflejaba una determinación asombrosa, aun en ese momento donde tenía todo que perder, le desafiaba con la mirada, como si de verdad pudiera hacer algo si él decidía matarla y eso solo hacía que Graham sintiera más y más furia dentro de él

- Me estás lastimando - dijo la reina con los dientes apretados, sin apartar su mirada retadora del cazador

- Me alegro - respondió Graham sorprendiéndola - No está de más regresarte un poco del daño que has causado - acercó su rostro a su bello rostro, casi pegando su nariz con la de ella

- ¿Es eso lo que quieres? - preguntó Regina echando su cabeza un poco hacia atrás para poner más distancia entre ambos - ¿hacerme daño? - y el cazador la miró de una forma indescifrable por unos segundos que a ella le parecieron eternos

- Sí - respondió tajantemente

- Eres un cobarde - le escupió las palabras en la cara - Ni siquiera eres capaz de buscar venganza por ti mismo y me dejas sin magia porque sabes que es la única forma en la que puedes hacerme daño - y lo vio sonreír con amargura conforme le hablaba. Cerró los ojos aparentemente divertido y después los abrió de nuevo para clavarle la mirada.

Se relamió los labios con coraje al escucharla, por supuesto que se sentía como un maldito cobarde al haber hecho que el médico con el que hizo el trato hubiera puesto en peligro de muerte a una mujer embarazada con tal de capturar a Regina, había sido algo bajo y cruel, porque tanto la madre como el hijo, ambos inocentes, pudieron haber muerto en ese intento y entendía también que era poco honorable el haber dejado a Regina, quien también estaba embarazada, indefensa.

Pero lo que la reina no entendía era que con su magia ella era realmente inalcanzable…

- Llámame como quieras - espetó el cazador - Ambos sabemos que jamás ibas a permitir que me acercara lo suficiente para obtener mi venganza, no por nada pusiste ese hechizo alrededor del castillo. Pero en cambio sin tu magia, puedo hacer lo quiera contigo - se burló y pudo ver que las pupilas de la reina se dilataron un poco ante sus palabras, podía sentir el temor en ella y eso le gustaba - …hasta ésto - murmuró y la jaló hacía él para estampar sus labios en los de ella de una forma brusca.

El instinto de supervivencia de Regina la hizo salir rápido de su asombro y no lo pensó, simplemente alzó su rodilla en un movimiento rápido y lo más fuerte que pudo lo golpeó en la entrepierna. Si el cazador pensaba que se quedaría de brazos cruzados sin realmente intentar huir, estaba equivocado.

Graham se separó del beso y apenas una queja ahogada fue audible, la soltó mientras se doblaba y luchaba por no caer de rodillas, pero si lo hizo o no, fue algo que la reina no se quedó a ver.

Sin perder el tiempo comenzó a internarse en el bosque avanzando lo más rápido que podía dado su embarazo, afortunadamente ese día había optado por ponerse zapatillas de piso y eso le permitía moverse con más agilidad. Mientras lo hacía trató de quitarse el brazalete, no tardó mucho en darse cuenta que era imposible.

Las lágrimas de pronto empañaban su vista, pero no dejaba de avanzar, no podía sentarse a llorar por más que quisiera porque su bebé corría peligro, no podía permitir que le hicieran daño porque eso significaba que su pedacito de amor podía morir y eso era algo que Regina jamás iba a dejar que sucediera

- ¡REGINA! - escuchó la voz furica del cazador, no se escuchaba muy lejana, pero sabía que tampoco estaba cerca.

La reina seguía avanzando hasta que, por accidente, pisó una rama seca que resonó por todo el bosque y entonces entendió que debía buscar donde esconderse

- ¡En verdad no pensé que fueras tan ingenua de tratar de huir de mí en el bosque! - hablaba alto porque sabía que Regina no podía estar muy lejos y con seguridad le escuchaba.

La reina era astuta y el bosque no le era ajeno, pero tampoco era realmente conocedora del mismo, siempre su magia la llevó y la trajo de donde quiera que se metiera y ahora, sin magia, no tenía escapatoria

- No puedes esconderte de mí - tarareo un poco - Sabes que no puedes… - dijo con un poco de coraje.

Regina se había quedado oculta bajo una pequeña colina tras unos árboles, su respiración era agitada y sentía su corazón casi en la garganta, podía escuchar sus pasos acercarse cada vez más y no sabía con exactitud de qué lado provenía el sonido.

De pronto tras ella escuchó un gruñido, se dio la vuelta lentamente solo para encontrarse de frente con el lobo de Graham, en cuanto cruzaron miradas el animal comenzó a aullar.

La reina retrocedió un poco por instinto mientras el lobo mostraba ahora sus dientes amenazantes, colocó una mano sobre su vientre y de pronto gritó porque de entre los árboles a lo alto de la pequeña colina había saltado el cazador espantándola.

Se le acercó amenazante haciéndola retroceder hasta que su espalda se encontró con un árbol. Graham le sonrió de medio lado casi con placer y Regina, a pesar de estar asustada de lo que ese hombre pudiera hacer con ella, sintió su sangre hervir en furia al saber que el muy desgraciado se estaba divirtiendo con ello

- Ésto solo me recuerda a cuando me mandaste con Snow al bosque - alargó su mano para tomar un mechón de su largo y ondulado cabello, pudo ver que ella se agitó un poco con preocupación - Naturalmente la princesa también huyó en cuanto le fue posible - le sonrió de medio lado y después soltó un suspiro - y cuando la encontré, me di cuenta que era incapaz de matarla y por ese simple acto tan… humano - dijo con fastidio - fue que todo comenzó verdaderamente entre nosotros - la miraba hacia abajo porque no llevaba zapatillas de tacón y mientras, la reina le miraba con sus bellos ojos grandes, tratando de disimular lo asustada que estaba y era sumamente satisfactorio verla así.

No, no solo verla, sino el estar así con ella, tan cerca, como hacía tanto tiempo que ella misma le había arrebatado el derecho de estar.

Se inclinó un poco hacia ella, acercando su cuerpo y Regina reaccionó pegándose más al tronco, como si en verdad pudiera alejarse de él o huir de esa forma. Una de sus delicadas manos se colocó contra su pecho, deteniéndole, o al menos intentándolo y la otra rápidamente se posó sobre su pequeño vientre, evitando que él hiciera contacto con esa parte de su anatomía.

Y ese pequeño gesto defensivo, junto con la realidad de que estaba embarazada y esperando un hijo de otro hombre le recordaba el golpe final que le había dado antes de regresarle su corazón y echarlo de su vida como si no fuera nada y toda la ira y furia que sentía por ella se avivaba con esos pensamientos y le hacía ansiar más su tan anhelada venganza contra Regina y David.

Tragó pesado tratando de controlar sus impulsos y no hacer nada de lo que se pudiera arrepentir, no podía arruinar el plan

- Vamos - la tomó del brazo de nuevo rumbo al camino del bosque del cual se habían salido

- Si no vas a perdonarme a mí, al menos perdónale la vida a mi bebé - trató la reina de intervenir por la vida de su hijo. No quería suplicar, desde que el Rey había muerto jamás le había suplicado nada a nadie, pero por su pedacito de amor se sentía capaz de eso y más

- En eso hubieras pensado antes de abrirle las piernas a David y dejarte preñar por él - argumentó con los dientes apretados tratando de contener la ira que sentía por esa situación. Se detuvo y la volteó con brusquedad hacia él - Fuiste muy tonta al permitirlo, sabías que esto no iba a salir bien para ti. Nunca - le dijo a la cara y pudo ver el dolor en sus bellos ojos. Tomó aire y siguió avanzando con ella.

Cuando encontraron el camino, la guardia real les estaba esperando con un vagón completamente cerrado y entonces sí, Regina estuvo segura con quién se había aliado el cazador para hacer todo eso y sabía hacía donde le llevaban y para qué. Llevó su mano libre a su vientre y comenzó a retroceder, a tratar de huir de nuevo, aunque sabía que era inútil.

Abrieron el vagón y Graham comenzó a llevarla hacia allá

- No - forcejeó Regina, sentía que se estaba quedando sin fuerzas, pero no podía no intentarlo - Graham, por favor… - pidió con lágrimas ya cubriendo su rostro, sabía que la iban a llevar ante Snow y que ésta no tendría piedad, estaba segura que la estaban esperando para ejecutarla antes de que David pudiera enterarse siquiera que la habían capturado.

Por respuesta el cazador la entregó a los guardias y desde luego que la reina forcejeó contra ellos

- Quieta, bonita - se burló uno de ellos al sentirla tratar de oponerse a lo que sucedería.

El otro guardia la jaló con brusquedad y Regina le pisó con todas sus fuerzas, el hombre se retorció un poco pero no la soltó, la reina intentó quitarle la espada y entonces el guardia la tomó de la mano aplicando fuerza excesiva

- Maldita bruja - le dijo con los dientes apretados y la hizo lanzar una queja de dolor y de pronto se vio empujado lejos de ella.

La reina sostuvo su mano lastimada con la otra al tiempo que en su espalda sentía el pecho de Graham

- Tienen órdenes de llevarla intacta - su voz se escuchaba amenazante y el guardia que había hablado primero se acercó a ellos

- Coopera con nosotros, majestad - le dijo con calma - No querrás que algo le pase a tu criatura - y eso pareció hacerla desistir de forcejear por un segundo y aprovecharon para subirla.

Cuando cerraron la puerta del vagón, Regina supo que lo siguiente que vería era la cara de la princesa. El lugar estaba completamente a oscuras, no se podía ver nada, pero sabía que la estarían llevando al castillo del Reino Blanco y sonrió con amargura. De seguro la estúpida de Snow le juzgaría por estar en ese lugar cuando se suponía que estaba desterrada.

Se hizo un ovillo contra una de las esquinas de esa jaula, llevó ambas manos a su vientre y cerró sus ojos derramando lágrimas cuando percibió ese ligero movimiento dentro de ella… su bebé…

- Perdóname, pedacito de amor - y comenzó a llorar abiertamente, reprochándose el haber sido tan tonta e ingenua de ofrecer su ayuda sin segundos pensamientos, sin ver más allá y al menos intuir que podía ser una trampa.

Y lo único que podía hacer en esos momentos, era poner su lastimada fe y esperanza en él, en el hombre que le había demostrado que la amaba más que a nada en el mundo de todas las formas posibles, que había vuelto a traer a su vida felicidad, amor e ilusión, pero sobretodo luz

- David - sollozó en medio de la oscuridad, sintiendo esa asfixiante, pero conocida sensación que la falta de luz le traía.


En el Reino Blanco, la princesa se paseaba un poco ansiosa por el jardín. Azul sabía el por qué, ese día se suponía que se ejecutaría el plan que habían estado orquestando para capturar a Regina y estaban esperando una noticia favorable del suceso.

Una que no se hizo esperar mucho. Vieron a un cuervo llegar y Snow se fue inmediatamente sobre él asustando un poquito al ave, tomó el pequeño pergamino que portaba y el cuervo voló de inmediato.

Lo abrió y sonrió de oreja a oreja al leerlo, era un mensaje que había sido enviado desde las inmediaciones del Castillo Oscuro

- El hechizo cayó - no cabía de la felicidad al saber que era real, que al haber dejado sin magia a Regina todos sus hechizos habían perdido efectividad y eso sólo significaba que de seguro David ya se encontraba cabalgando de vuelta a ella y que no faltaba mucho para que estuvieran reunidos por siempre

- Preparemos todo - sonrió Azul con un poco de escepticismo, queriendo creer que todo saldría como tanto lo habían planeado.

Se encaminó para ordenar a otras hadas que dentro de un par de horas debían mantener a los aliados alejados del lugar donde tendrían a Regina para que no notaran su presencia tan pronto.


David se había detenido a descansar un poco cerca de un lago, tomó un poco de agua y se enjuagó el rostro, después sumergió el recipiente que portaba dentro del lago para que se llenara. Suspiró preocupado, tenía un mal presentimiento, no sabía exactamente qué era, pero poco antes de detenerse había considerado la posibilidad de volver al Castillo.

De pronto un cuervo hizo su aparición y el príncipe sintió que su corazón se detenía por un segundo. Se apresuró hacia el ave, tomó el mensaje y conforme leía sentía que se le iba la vida.

El mensaje venía de un viejo amigo y aliado, Geppetto, informándole que habían capturado a Regina, que seguramente le habían dejado sin magia puesto que había visto que ella no pudo defenderse y que otro hombre, el cual describió brevemente y David supo de inmediato era el cazador, se la había llevado.

Corrió hacia su caballo, se subió y emprendió un veloz viaje hacia el Reino Blanco, seguro de que Snow estaba detrás de todo eso y mientras lo hacía podía sentir las lágrimas correr por su rostro ante el pensamiento de no lograr llegar a tiempo y que lo peor pudiera suceder con Regina y su bebé.

Conforme avanzaba se dio cuenta que otros cuervos comenzaban a hacer su aparición, seguramente con mensajes con el mismo contenido y eso solo hacía que se sintiera impotente y desesperado, porque sentía que no llegaría jamás, que cada segundo que pasaba podía significar no volver a verla nunca más.


Las puertas del Castillo del Reino Blanco se abrieron y el vagón entró seguido del cazador, a su paso no encontraron a nadie, uno que otro guardia que no prestaba mucha atención, se sabía que habían salido por un prisionero de alguna aldea cercana que estaba causando destrozos en nombre de la Reina Malvada, así que ignoraban que se trataba de la mismísima reina a quien traían encerrada.

Dentro de vagón, Regina ahora tarareaba bajito una melodía mientras acariciaba con lentitud su vientre. Se sentía muy agotada, sus brazos y manos dolían, había llorado la mayor parte del trayecto y solo quería cerrar sus ojos y olvidarse de todo, aunque no había mucha diferencia si los cerraba o no, todo estaba tan oscuro que por momentos podía sentir todos sus demonios querer arrastrarse sobre ella de nuevo, amenazando con consumirla y era cuando pensaba en él con todas sus fuerzas… en David y en el bebé que ambos esperaban que tenía mucho miedo de no poder proteger.

Todo movimiento cesó y la reina supo que iban a abrir esa puerta para sacarla de ahí. No se equivocó, la luz entró de pronto cegándola por unos momentos, sus ojos acostumbrados a la oscuridad, dolían al tener la claridad del día sobre ellos

- Ven acá, bonita - dijo el guardia que había sido más amable, por supuesto que Regina no se movió, ni siquiera volteó a verle.

Graham suspiró cansino, se recargó en el vagón alargándose lo más que pudo hasta que logró tomar un pie de la reina que de inmediato trató de zafar y entonces apretó su agarre

- Si no vienes por las buenas, lo harás por las malas - dijo y comenzó a jalar hacia él, arrastrando a la reina hasta la salida del vagón.

Regina pronto se movió un poco desesperada al verse apresada una vez más, comenzó a jalarla y ella trató de sujetarse de algo, pero no había nada a qué aferrarse. Quedó prácticamente sentada a la orilla de la jaula y entonces el cazador la tomó por la mandíbula con una de sus manos sosteniéndola con firmeza

- No hagas esto más difícil - le susurró, casi como una súplica que descolocó un poco a Regina.

Estaba hermosa, con sus preciosos ojos chocolates enrojecidos por haber llorado con seguridad por un largo rato, sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios entreabiertos, respirando ligeramente agitada. Cerró sus ojos por un momento repitiéndose que había tomado la decisión correcta, que quería a toda costa su venganza y que esa era la única forma de conseguirla, solo debía aguardar un poco más a que el príncipe idiota hiciera su aparición

- No lo hagas, por favor - le pidió la reina muy bajito. Aún estaba a tiempo de liberarla de ese cruel destino, podía fácilmente deshacerse de ambos guardias y ayudarla a salir de ahí

- Ya es tarde - respondió Graham recobrando la compostura y la jaló para obligarla a ponerse de pie.

Los guardias la tomaron de nuevo de cada uno de sus brazos y comenzaron a llevarla al interior del castillo con el cazador por delante.

Regina conocía muy bien ese lugar, era por donde transitaban con los prisioneros, era por donde la habían llevado y traído aquel día en el que habían decidido ejecutarla y un escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar ese momento.


- Ya están aquí - anunció una de las hadas cómplices del hada suprema, se le veía un poco extrañada y ansiosa

- ¿Tan pronto? - preguntó Azul confundida y al ver que la princesa comenzaba a andar por los pasillos como si todo estuviera bien, se preocupó. Comenzó a caminar tras ella y le llamó - Snow… - pero ella ni se inmutó, siguió andando.

Cuando el hada se dio cuenta que la princesa se dirigía a la torre donde encerrarían a Regina, supo que efectivamente las cosas no marchaban de acuerdo al plan.

Logró alcanzarla, la sujetó con fuerza por el codo para detenerla y le clavó la mirada cuando tuvo su atención

- ¿No le hicieron perder al bebé? - preguntó agitada, temerosa de una respuesta positiva, eso iba a echar a perder todo

- No - respondió Snow, moviendo con brusquedad su brazo librándose del agarre de la que se suponía era su protectora

- Q-quedamos en que perdería al bebé antes de llegar aquí - habló exasperada y la princesa hizo una mueca de fastidio - Ordenaré a Graham que lo haga ahora mismo - dijo con determinación

- Tú no ordenarás nada - respondió Snow dejando perpleja al hada

- ¿Qué? - preguntó incrédula por esa rebelión por parte de su protegida

- Esa cosa se quedará en el vientre de Regina hasta que yo lo decida - dijo Snow mirando retadora al hada - Y tú, no lo impedirás, porque si lo haces entonces diré que Regina puede hacer magia blanca - le amenazó y después sonrió con superioridad, algo poco característico en la princesa y sin más siguió andando.

Azul entreabrió su boca al escucharla, no lo podía creer, Snow la estaba amenazando con algo que se suponía era un secreto entre ambas… y le fue inevitable pensar por un segundo en la que había sido, hace mucho tiempo atrás, una joven princesa llena de vida y esperanza, que había caído en el camino de la oscuridad porque la princesa no había cumplido con su palabra de guardar un secreto…


Mientras llevaban a Regina por los pasillos del Palacio, ésta no podía evitar que todo lo que había vivido en ese mismo lugar viniera a su mente. No tenía ni un solo recuerdo feliz en ese Castillo, ese jamás fue su hogar, solo recordaba lo infeliz y miserable que fue durante los años en que vivió ahí, como la reina de un rey desgraciado.

Pensó que la llevarían al calabozo, o a la misma celda donde la habían tenido la vez anterior, pero se equivocó. La estaban llevando por esa misma sección que no era muy utilizada, pasaron por la habitación donde David se había instalado para no compartir el lecho con la princesa, siguieron de largo por el pasillo, doblaron un par de veces hasta que llegaron al pie de una escalera que conducía a una torre.

Se quedaron ahí por unos segundos y antes de que Regina pudiera decir algo, apareció la princesa seguida del hada Azul

- Alteza - hicieron la debida reverencia, tanto el cazador como los guardias, la reina, ni siquiera se inmuto, solo le miró con sus ojos estrechos, tratando de aparentar que no estaba asustada de lo que fuera que planearan hacer con ella.

Por su parte la princesa a Regina observó a sus anchas mientras la reina le miraba retadora. Se veía tan distinta, no parecía que alguna vez hubiese sido la Reina Malvada, le recordaba más bien a la joven que le había salvado de caer de su caballo muchos años atrás.

Estaba ataviada en un vestido gris plata, que a pesar de verse un poco sucio, no reflejaba por ningún lado la maldad de la que alguna vez fue poseedora. Su maquillaje y peinado, tampoco tenían nada que ver con aquella malvada mujer que recordaba.

Tragó pesado y sintió que la sangre le hervía cuando su mirada se topó con el pequeño vientre abultado de la reina. Apretó sus manos en puños y su respiración se comenzó a acelerar y Regina debió interpretar sus gestos porque trató de llevar sus manos hacia su vientre, pero le fue imposible.

Snow avanzó hacia ella y por supuesto que la reina reaccionó tratando de retroceder. Tenía miedo y la princesa lo sabía. Sabía que sin magia, Regina era incapaz de defenderse, que no tenía ni la más mínima idea de cómo hacerlo y que seguramente le preocupaba que quisiera hacerle daño al niño que estaba engendrando y con el cual pretendía amarrar a David de por vida. Hizo un ademán de alargar su mano para tocarla, pero la voz de la reina le hizo desistir

- ¡No! - exclamó Regina con firmeza y le miró amenazante, no quería que esa mujer tocara a su pedacito de amor.

Azul se había quedado sin palabras desde que llegaron y vieron a la reina, debía tener alrededor de cinco meses de embarazo y eso solo le recordaba que tenía encima una bomba de tiempo que tarde o temprano estallaría si las cosas no regresaban a su curso.

Regina tenía que perder a esa criatura

- Enciérrenla - dijo Snow alzando su barbilla y mirando a todos altiva. Después se dio la media vuelta y comenzó a retirarse con Azul tras ella

- ¡Te vas arrepentir de ésto! - por supuesto que la reina no se iba a quedar callada. Trató de quitar las manos de los guardias de encima de ella pero fue inútil, cada que forcejeaba apretaban más su agarre

- Yo la llevaré - dijo Graham tomando a Regina del antebrazo derecho haciendo que los guardias la soltaran. Después comenzó a subir los escalones llevando a la reina con él.

Abrió la puerta del lugar para que ella entrara, por supuesto que se resistió, pero el cazador avanzó arrastrándola con él y la dejó en medio del lugar

- Su alcoba, majestad - se burló un poco abriendo sus brazos mostrándole el lugar como si realmente fuese algo digno de ver.

El lugar era lúgubre, había solo una pequeñísima ventana por donde apenas alcanzaba a colarse la luz del día. El resto se veía como su anterior celda, solo una cama, una pequeña mesa con una silla donde había hago de alimento y agua

- Te aconsejo que comas un poco y duermas - dijo Graham mientras se acercaba a la puerta

- ¿Qué van a hacer conmigo? - preguntó sin voltearle a ver. Para ese punto sabía que era inútil tratar de escapar de lo que tuvieran preparado para ella

- Mañana lo sabrás - sonrió de medio lado - La habitación tiene un hechizo de insonorización, así que no importa cuánto grites y pidas por auxilio. Nadie te va a escuchar - salió cerrando tras de él la puerta dejándola encerrada.

Un sollozó fue todo lo que se escuchó en el lugar. Regina había estado conteniendo las ganas de llorar durante todo ese tiempo, estaba aterrada, sobretodo porque sabía que no había nada más qué hacer. Caminó hasta la pequeña cama y se acomodó lo mejor que pudo. No tenía hambre ni sed, aunque sabía que debía comer, pero desconfiaba de todos ellos, no podía arriesgarse a que la comida tuviera algo que pudiera lastimar a su bebé.

Se acurrucó lo mejor que pudo en el incómodo lecho y llevó su mano derecha para acariciar su vientre

- No tengas miedo, pedacito de amor - sorbió su nariz - Te voy a cuidar, no dejaré que nada te pase y ya verás que… - tragó pesado - ...que papá vendrá - susurró porque se quería convencer a sí misma de que eso era lo que iba a suceder, que de alguna forma David iba a saber que estaba en peligro, que estaba ahí y llegaría para… rescatarla.

No pudo evitar sonreír con ironía ante el pensamiento. ¿Quién lo iba a pensar? Que algún día la Reina Malvada necesitaría que le salvaran. Aunque no sería la primera vez que el príncipe lo hacía, ya le había ayudado a salvarse a sí misma de caer en la completa oscuridad y le había salvado aquella noche en que Snow les había atacado.

Enterró su rostro en la cama mientras dejaba que el llanto se apoderara de ella, su cuerpo se sacudía y de pronto sentía que no podía respirar. Por Dios, ¿Cómo había sido tan tonta de bajar la guardia de esa forma? Se comenzó a reprochar una y mil veces el haber intentado ayudar a alguien, el no haberse ido en cuanto salvó a la mujer y al bebé, de haber dejado que ese hombre, que ni siquiera conocía, besara su mano en agradecimiento, de no haber podido ver que era una trampa.

Después de muchos años, Regina había confiado lo suficiente para salvar la vida de alguien y tal como aquella vez, eso había puesto en peligro su felicidad, había terminado de cierta forma condenada, separada del amor de su vida y con la vida de un ser amado de por medio.

Aquella vez había sido Daniel quien pagó el precio con su vida y esta vez, le aterraba pensar que pudiera ser su bebé quien lo tuviera que hacer.


La noche había caído y David no dejaba de cabalgar, hacía un par de horas que había cambiado de caballo porque el suyo estaba agotado después de haber ido a todo galope por horas.

Para ese punto, ya había dejado de llorar, ahora era más la ansiedad y la desesperación por no poder ir más rápido, lo único que el príncipe sabía, era que no podía detenerse ni un solo segundo, que debía seguir y llegar lo antes posible.

Tenía que llegar a tiempo.


La mañana llegó junto con un cuervo con un mensaje que anunciaba que David ya había entrado en el terreno del Reino Blanco y eso solo significaba que dentro de poco estaría llegando.

Snow estaba de muy buen humor a causa de ello, se le veía emocionada y hasta ilusionada. Se atavió en su antiguo traje elegante de bandida, el mismo que usó ese día en que todo comenzó, cuando le perdonó la vida a Regina y le pusieron esa prueba que no pasó.

Sin embargo, era el mismo con el cual se había casado con David clandestinamente, el mismo que portaba cuando recuperó la posibilidad de concebir gracias al sacrifico de la madre de su príncipe.

Miró su reflejo en el espejo, tomó aire profundamente y sonrió, había llegado la hora de recuperar su final feliz.


Las hadas se encargaron de llevar a los aliados al jardín con la excusa de un desayuno formal para todos.

Desde luego que Granny sabía que algo estaba pasando. Si era cierto lo que sospechaba, entonces el día que había estado esperando por tanto tiempo al fin había llegado y no habría ningún té para su nieta que le hiciera no darse cuenta de la verdadera situación. Esta vez quería que Ruby fuera completamente consciente de la realidad.


La puerta de la prisión se abrió y Graham se sorprendió de encontrar a Regina parada en medio de la misma donde la había dejado la noche anterior, solo que ahora tenía la mirada fija en la pequeña ventana que estaba hasta lo alto del lugar

- Ven conmigo - le dijo alargando su mano, esperando a que ella la tomara. Pero desde luego que eso no sucedió.

La reina no había dormido prácticamente nada, quizá un par de horas cuando el cansancio por llorar tanto la venció. Sabía que el día había llegado solo por la poca luz que se colaba por la diminuta ventana.

En ese tiempo a solas, había tenido la oportunidad de pensar en la trampa que le habían tendido, se habían asegurado que David estuviera lo suficientemente lejos para que ella estuviera sola y llevar a cabo su plan

- ¿Le hiciste algo a David? - le preguntó. Su voz se escuchaba ligeramente rasposa por todo lo que había llorado y porque no había tomado ni siquiera agua.

Al escuchar su pregunta el cazador sólo cerró sus ojos y apretó sus manos en puños tratando de tranquilizarse. Le parecía inaudito que aún en peligro, Regina se estuviera preocupando por el maldito príncipe traidor.

Abrió sus ojos respirando agitado, caminó hasta ella y la tomó bruscamente del brazo para voltearla hacia él, haciéndole soltar una pequeña queja, quizá de dolor, sorpresa o ambas. No le importó

- Vamos - siseó sobre su bello rostro y por un momento se sintió como un completo miserable al ver sus hermosos ojos entre dolidos y asustados.

Graham odiaba esa sensación, odiaba que le hiciera sentir de esa forma. Odiaba que Regina le hiciera sentir...

Lanzó una pequeña queja frustrada y comenzó a caminar arrastrando de nuevo a la reina junto con él a pesar de sus protestas.


Entraron por una puerta de servicio a un salón, era el mismo en el que se había celebrado el banquete aquel día en habían regresado de capturar al Oscuro, el mismo día en que David se había proclamado traidor del reino a causa de su desliz con la reina.

Ahí dentro, estaba la princesa esperando, ataviada en su traje elegante de bandida y algo que no pasó desapercibido tanto por la reina y el cazador, era que aparentemente portaba su espada.

Graham dejó a Regina después de hacer una pequeña reverencia ante Snow y se fue, dejando a las más grandes enemigas del Bosque Encantado frente a frente y completamente solas.

Regina tenía su mirada clavada en la princesa. No se iba a dejar intimidar, pero sabía que tampoco estaba en posición de hacer lo que había hecho la última vez, de hablar y amenazar sin miramientos, ahora las cosas eran muy distintas.

Aquella vez, que estuvo frente a esa misma mujer y sin magia, no le importó jalar todos los hilos aun sabiendo que eso podía costarle la vida, no le importó arriesgar todo con tal de infringir dolor con sus palabras y acciones, aquella vez no tenía ninguna razón para vivir más que su ira y su rabia contra Snow.

Pero ahora todo era tan distinto. La reina ahora tenía mucho por qué vivir, ahora era realmente feliz, tenía el amor incondicional de David, tenía la protección de su padre y estaba esperando un bebé.

Ahora Regina tenía mucho que perder y no podía arriesgarse

- Hoy es un día muy especial, Regina - dijo Snow rompiendo el sepulcral silencio que se había creado en el salón - Hoy es el día en el que por fin toda esta guerra que has causado terminará - y sonrió, con esa sonrisa triunfal que siempre usaba cuando de "vencer el mal" se trataba

- ¿Cuál guerra, Snow? - preguntó la reina casi con ironía - Cumplí mi palabra de no lanzar la maldición, de dejarte vivir en paz y tú, claramente no has hecho lo mismo - le dijo

- ¿Vivir en paz? - preguntó ahora la princesa casi ofendida - Hechizaste a mi marido para que esté contigo, lo has estado utilizando para llevar a cabo la labor de limpiar tu imagen ante MI reino - le acusó - Te atreviste a… a engendrar un niño por venganza - su voz le tembló ligeramente mientras volteaba a ver el vientre abultado de la reina.

De inmediato Regina llevó sus manos a su vientre protegiéndolo y dio un pequeño paso hacia atrás, insegura de lo que esa mujer, que la había mandado secuestrar, podía hacer en contra de ella y su bebé. Sabía que sin su magia llevaba todas las de perder

- No tienes ni idea de lo que estás diciendo - dijo la reina con los dientes un poco apretados, tratando de contener la rabia que sentía en esos momentos. Le estaba acusando de algo que ella no había hecho, David estaba con ella porque quería estarlo, él la había buscado, si estaba embarazada fue algo que se salió de las manos de ambos y era algo que indirectamente Snow había ayudado a provocar. Las labores con el pueblo eran el trabajo arduo del príncipe y eran su mérito, no de ella

- Por supuesto que lo sé - respondió la princesa - No hay otra explicación para que David haya hecho lo que hizo, para que se haya proclamado traidor, para que se haya acostado contigo - sus ojos estaban a punto de desbordar las lágrimas - para haberte… e-embarazado - y limpió con furia las lágrimas que cayeron en contra de su voluntad

- ¿Qué es lo que quieres? - le preguntó. Estaba comenzando a pensar que realmente había perdido la cabeza, era más que obvio que no podía creer que realmente alguien la pudiera amar después de haber sido la Reina Malvada y esta vez Regina no dudo ni un solo segundo de lo que David sentía por ella y ella por él, se amaban y estaba dispuesta a defender su amor y su bebé, fruto del amor entre ambos que llevaba en su vientre

- Recuperar lo que es mío y que pagues por todos tus crímenes de una vez por todas - dijo regresando su atención a ella - Esta vez no habrá segundas oportunidades, ni perdones, esta vez tu sentencia se cumplirá - y alzó su barbilla tratando de verse altiva sin lograrlo realmente

- Fui juzgada por mis crímenes y tú, decidiste perdonarme y darme una segunda oportunidad - no le quedaba de otra más que tratar de hacerla entrar en razón - Decidí tomarla, aun así fuiste a MI castillo a atacarme, casi matas a David y decidí dejarte ir. Vida por vida - lo dijo lentamente para que lo entendiera - Desde entonces te he dejado en paz - terminó con algo de rabia en su voz

- Serás juzgada por haber vuelto al Reino Blanco sabiendo que estás desterrada, por corromper al futuro Rey y por estar interviniendo en asuntos de gobierno para anular mi matrimonio con el príncipe David - y pudo ver la cara de sorpresa en Regina ante sus palabras. Sonrió triunfante al verla así.

Con eso la reina supo que el príncipe había salido ese día del castillo como parte de la trampa que le tendieron para dejarla sin magia y poderla capturar

- David… - dijo Regina y se relamió los labios un poco ansiosa por el estrés que la situación le causaba - lo engañaron - sintió que sus ojos se llenaron de lágrimas - ¡¿Qué le hicieron?! - preguntó exaltada

- ¡Nada! - respondió Snow - Yo jamás dañaría a mi marido como tú lo estás haciendo - le reprochó

- Eres tú quien le está haciendo daño con ésto - dijo la reina tratando de no dejar que las lágrimas cayeran, no quería darle esa satisfacción a la idiota de Snow

- ¿Creías que no me iba a enterar que estás buscando la forma de que David se separe de mí, para poderte casar con él y que tu hijo no sea un bastardo? - le preguntó un poco despectiva y pudo ver la expresión dolida en el rostro de Regina y eso la llenó de satisfacción.

Avanzó un poco hacia ella y la reina retrocedió colocando ambas manos sobre su vientre de nuevo

- Esa cosa no puede nacer - dijo Snow clavándole la mirada - Aunque a veces pienso que sería gratificante que naciera y que viva con la sombra de lo que hiciste, que todo el mundo sepa que es un bastardo -

- ¡Cállate! - le gritó Regina y las lágrimas comenzaron a caer, no lo pudo soportar más

- Nunca te detuviste a pensar en todas las vidas que destruiste mientras llevabas a cabo tu caería en nombre de tu venganza y el destino es muy caprichoso, Regina, porque ahora el precio de tus errores lo va a pagar tu hijo - sentenció

- No dejaré que le hagas daño a mi bebé, ni a ti, ni a nadie - le dijo con rabia mientras se limpiaba las lágrimas - No es mi culpa que David te haya dejado de querer, que me haya buscado y me haya elegido a mí para compartir su vida - y soltó un suspiró al terminar, se sentía tan bien decirle eso.

Los ojos de Snow se llenaron de lágrimas al instante al escucharla, ¿Cómo se atrevía a decirle algo así?

- ¡Estoy cansada de que arruines mi vida! - le gritó furiosa

- ¡¿Yo arruine tu vida?! - respondió Regina con la misma energía - ¡Fuiste tú quien no se pudo quedar callada, por tu culpa Daniel murió y me condenaste a una vida de miseria! - le reprochó

- ¡Sí! - le gritó temblando de la misma ira que sentía - Le dije a tu madre todo porque pensaba que merecías ser feliz con el chico del establo - sorbió su nariz y después sonrió extrañamente - pero también lo hice porque tenía la pequeña esperanza de que Cora pudiera detenerte y te obligara a casarte con mi padre - confesó - pero mi intención no era que Daniel muriera -

- Eres una estúpida - le dijo casi ahogada por su propio llanto - ¡Siempre has sido una maldita desgraciada igual que tu miserable padre! - le gritó dando un paso amenazante hacia ella

- ¡Tú eres la villana de esta historia, no yo! - en un movimiento rápido y poco coordinado a causa de su estado, la princesa desenfundó su espada alcanzando a rozar el brazo derecho de la reina, cerca de su hombro, abriendo la tela y lastimando apenas su delicada piel.

Regina retrocedió en cuanto vio que Snow sacaba la espada, sintió un ardor en su brazo, llevó su mano izquierda ahí y cuando la retiró había un poco de sangre. Sin embargo cuando regresó su atención a la princesa se quedó paralizada. Le estaba apuntando directamente al pecho con la espada y entonces empezó a respirar entrecortadamente.

Por su parte, Snow no podía describir la satisfacción que la invadía al ver a Regina así, sin magia, indefensa, vulnerable y a su completa merced, como tantas veces ella había estado ante la Reina Malvada y una parte retorcida de sí misma entendía ahora a esa mujer

- ¿Sabías que Sidney quería aliarse conmigo para poderte llevar muy lejos con él? - le preguntó y la vio fruncir su ceño - Quería hacerse cargo de tu… bebé - se rio un poco causando un escalofrío en la reina.

No, no le sorprendía escuchar eso, quizá la parte de que pretendía hacerse cargo de su hijo, pero no de querérsela llevar lejos

- Así conseguimos el brazalete para dejarte sin magia - dijo señalando con su mano libre la joya en la muñeca de Regina. La vio tragar pesado y un poco temerosa, eso la hizo sonreír con un poco de malicia - Podría atravesarte con mi espada en este momento y tú no podrías hacer absolutamente nada - se rio divertida, como si estuviera disfrutando burlarse de la reina - Sin tu magia no eres nada, no puedes defenderte, eres una inútil - le dijo

- Y tú eres una cobarde al estar usando una espada cuando sabes perfectamente que no tengo cómo defenderme - le miró altiva, con ese porte tan elegante que la caracterizaba algo que solo hizo enfurecer de nuevo a la princesa - Es verdad que siempre usé mi magia para hacer lo mismo contigo, pero yo nunca fui una maldita hipócrita como tú - le miró con desprecio

- Vas a pagar muy caro todo lo que has hecho. Si piensas que Graham solo está aquí para tu captura, estás muy equivocada - alzó sus cejas al hablar y vio la confusión en el rostro de la reina - Quiere su venganza y le voy a dejar tenerla - le dijo con los dientes apretados.

El corazón de Regina se apretó un poco ante el horror que las palabras de Snow le causaban. Estaba segura que el plan que tenían era torturarla hasta que su bebé y ella murieran.


No pasó mucho tiempo para que las puertas del Palacio del Reino Blanco se abrieran para que David pudiera entrar. Nadie hizo preguntas, todos tenían órdenes de no detenerle y dejarle llegar hasta la princesa.

Paró en seco al caballo, el tercero o cuarto que tomaba en ese viaje, había perdido la cuenta de las veces que tuvo que cambiar. Se limpió el sudor de la frente mientras se acercaba a las puertas para tumbarlas y entrar al lugar donde una vez había vivido, pero para su suerte, más que su sorpresa, se abrieron y él entró corriendo sin voltear a ver a nadie.

En cuanto estuvo en el lobby algunas hadas y aliados ya estaban ahí, se les veía preocupados y eso lo asustó y lo enfureció por igual

- ¡¿Dónde está?! - preguntó desesperado y amenazante

- A-ahí - respondió Pepito Grillo apuntando hacia el salón que el príncipe conocía muy bien.

Corrió al lugar con algunas personas tras él que fueron detenidas por algunas hadas, desde luego que eso a David poco le importó.

Empujó las puertas del salón y se encontró con Snow de frente hacia donde estaba él, vestida como el día en que habían decidido ejecutar a Regina y con una espada apuntando a su preciosa reina. Oh Dios, estaba seguro que no iba a ser capaz de contenerse

- David… - dijo Snow cambiando su semblante por esa estúpida expresión bondadosa que tanto odiaba la reina.

Al escuchar su nombre Regina volteó, lo vio e inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas y su alma de alivio y emoción. Estaba ahí, su príncipe había llegado cuando pensó que jamás le volvería a ver.

La princesa caminaba hacia David y éste hacia ellas, pero tenía su mirada fija en Snow, mientras lo hacía desenfundó su espada y la alzó descolocando un poco a la que desafortunadamente era su esposa.

Regina también había comenzado a avanzar, no pudo evitar correr hacia él pasando por delante de la otra mujer, David extendió su brazo izquierdo sin apartar su mirada asesina ni un segundo de la princesa, y sintió su desasosiego esfumarse cuando su bella reina se refugió en su pecho, la envolvió protectora y posesivamente de inmediato con su brazo, soltó un suspiro de alivio cerrando por un segundo sus ojos y sintiéndose desfallecer porque había logrado llegar, estaba viva, todo parecía indicar que estaba bien y que su pedacito de amor también.

Abrió sus ojos de golpe y alzó a tiempo su espada contra la garganta de la mujer que alguna vez había sido su amor verdadero y que ahora estaba seguro que odiaba como a nadie en el mundo.