CAPITULO 21
Edward
—Tenemos que salir de este dormitorio. —Isabella tiró de mí hacia el pasillo cuando acabé de vestirme.
—¿Ah, sí? —inquirí seriamente—. Nos traen la comida cuando queramos. Hacemos mucho ejercicio. Y estamos desnudos todo el tiempo.
—Tenemos toda la noche para hacer eso. Venga. —De la mano, bajamos las escaleras hacia la planta baja. Alistair me miró, pero no tenía una expresión de desprecio hacia Isabella. Tras mi depresión y desmayo, obviamente pensaba que su presencia en mi vida era esencial.
Isabella se dirigió a mi despacho.
Ahora mismo el trabajo no me importaba. El negocio podía esperar hasta que volviese a importarme. Sin Siobhan el trabajo empezaba a acumularse seriamente, y era tan agobiante que ni siquiera quería molestarme. Tenía que conseguir un reemplazo, pero tampoco quería lidiar con ello.
—Espero que la única razón por la que hemos venido sea para follar en mi mesa.
—Ya veremos. —Entró ella primero y cerró la puerta en cuanto estuve dentro.
Vi a Siobhan sentada en el sofá de cuero, vestida con un pantalón vaquero y camiseta. No tenía las gafas porque llevaba lentillas. Cuando me miró, tenía la misma tristeza en la cara que la última vez que hablamos. Recuerdo perfectamente haberle dicho que no quería volver a verla, así que debía estar allí por Isabella.
La fulminé con la mirada, estando igual de cabreado que la última vez.
—Edward. —Isabella me cogió de la mano—. Vamos a sentarnos.
—Te dije que no quería volver a verte jamás. ¿Creíste que era una broma? —Mi furia me atravesó la piel.
Siobhan miró al suelo.
—Edward, cálmate. —Isabella tiró de mí hacia el sofá y se sentó. Le dio una palmadita al asiento de su lado—. Siéntate conmigo.
Sólo pude mirarla de lo furioso que estaba.
—Edward —susurró—. Vamos. Actuemos con calma.
—No. —No iba a estar tranquilo después de que la persona en la que más confiaba me traicionase.
—Entonces siéntate por mí —dijo Isabella—. Por favor.
Sólo la hermosa voz de Isabella podía hacerme cooperar. Me resistí un segundo antes de sentarme. Isabella me cogió la mano y su anillo de compromiso resplandeció cuando la luz del sol que entraba por la gran ventana se reflejó en él.
—Le he pedido a Siobhan que viniera. Se resistió porque sabía lo alterado que estabas, pero la presioné para que viniese. Así que no te enfades con ella. Y más te vale no estar enfadado conmigo. Observé a Siobhan evitando nuestras miradas. Ella nunca evitaba ninguna confrontación, pero ahora me rendía autoridad a mí.
—Edward, Siobhan es una persona importante para ti…
—Era una persona importante —la corregí—. Ahora es una desconocida.
Isabella me apretó la mano.
—Quiero que los dos solucionéis esto. La quiero en nuestras vidas.
Me solté de un tirón.
—¿Cómo puedes decir tal cosa después de lo que nos hizo a los dos?
—Puedo decirlo porque todos cometemos errores —dijo Isabella tranquilamente—. Yo también te traicioné. Y luego volví. Joseph te traicionó, pero le diste otra oportunidad.
—A él nunca le di otra oportunidad —discutí—. Sólo lo soporto por ti.
—Sopórtala a ella por mí también, entonces.
Aquello era ridículo.
—¿Por qué estás haciendo esto, Isabella? Siobhan nunca ha sido buena contigo. No le debes absolutamente nada.
—Es familia, Edward. Es tu familia.
—Lo era —corregí otra vez.
—Y las familias tienen sus más y sus menos, pero siempre vuelven a unirse.
—No tuvimos una discusión sobre una tontería —dije—. Hizo que se marchase la mujer a la que amo. Nunca te aceptó. Actuó a mis espaldas y me traicionó. No es el tipo de cosas que se olvida.
—Creyó que estaba haciendo lo mejor para ti —continuó tranquilamente.
—Eso es una gilipollez y lo sabes —espeté—. Hacía lo mejor para ella.
Siobhan no dijo palabra.
—Edward, tranquilízate —dijo Isabella—. Entiendo que estés alterado…
—Alterado se queda corto. —Cuando miré a Siobhan seguía teniendo deseos de estrangularla.
—Siobhan se disculpó —siguió—. Parece ser sincera, además. Estoy segura de que no volverá a pasar una cosa así. Estaría tan agradecida de tener otra oportunidad que acabaría siendo incluso más leal a ti.
Negué con la cabeza.
—Olvídalo.
—Edward. —Siobhan por fin me miró a los ojos. No lloró como la última vez, pero parecía estar igual de derrotada—. Si no quieres que vuelva a ser tu socia, lo entiendo. No te culpo por sentirte así. Pero… no quiero perderte. Eres mi mejor amigo. No creo que pueda vivir mi vida sin que tú estés en ella de algún modo. Quiero asistir a tu boda. Quiero que tú asistas a la mía. Te quiero…
Me avergonzaba admitir que sus palabras me afectaron. Sólo una década de respeto y adoración podía conseguir que me ablandase. Si no pensase lo mejor de ella, no me habría importado nada de lo que acababa de decir.
Isabella me miró con atención, esperando a que dijese algo. Pero no pude decir nada.
—Yo he perdonado a Siobhan —susurró—. Ella me acepta como la mujer de tu vida. Nuestra relación no es perfecta, pero con el tiempo estoy segura de que podremos ser grandes amigas. Si ella y yo hemos podido entendernos, creo que vosotros dos también podéis.
Miré el suelo.
—Edward —me presionó—. Esto es lo que quiero. Y sé que tú también.
Levanté la cabeza y miré a Siobhan.
—Sabes lo mucho que la muerte de mi familia me ha atormentado. Sabes lo herido que estaba cuando Tanya me dejó. Eres la última persona que creí que se volvería en mi contra… No puedo superarlo.
—Lo sé —susurró Siobhan—. Creí realmente que hacía lo mejor por ti.
—Pero te fuiste —le recordé—. Te fuiste cuando no quise abandonar a Isabella.
—Porque creí que ibas a arruinarte financieramente —contestó—. Pero ahora que he podido conocer a Isabella, me doy cuenta de que es la persona más compasiva, inteligente y desinteresada del planeta. Haría lo que fuera por ti, aunque ella misma no esté de acuerdo con ello. No podrías encontrar a alguien mejor. Lo digo sinceramente.
Isabella me miró.
—Podemos ir poco a poco. La confianza no tiene que recomponerse en un día. Pero si yo puedo perdonarla, tú también puedes.
No podía creer que estuviese haciendo aquello.
—Si vuelves a hacerle algo a Isabella…
—No le mostraré menos que respeto, Edward —dijo Siobhan rápidamente—. La trataré como se merece. No soy de las que admiten sus errores, pero con ella cometí uno grande.
—De acuerdo, te daré otra oportunidad. Pero esto no habría pasado sin Isabella.
Siobhan respiró profundamente, los ojos se le aguaron.
—No tienes idea de lo agradecida que estoy.
Estuvimos allí sentados en silencio, incómodos, mirándonos desde sofás diferentes. Isabella me soltó la mano y se excusó de la habitación.
—Os dejo un rato a solas.
Siobhan y yo no hablamos. Ya nos lo habíamos dicho todo, pero la pesada tensión continuó allí. Era probable que todo fuese así de incómodo durante mucho tiempo. Siobhan se aclaró la garganta.
—Supongo que volveré a empezar mañana, si te parece bien.
Asentí, sin estar seguro de qué decir.
—Te compensaré por lo que hice —susurró—. De alguna forma.
—Eso espero. Eres mi mejor amiga. Estoy enfadado por lo que hiciste… pero siempre serás importante para mí.
—Tú también has sido importante para mí, siempre.
Cuando ya no tuvimos nada más que decir, me puse en pie.
—Voy a pasar el resto del día con ella. Mañana volvemos al trabajo.
—Suena bien. —También se levantó y me miró.
La miré, pero no supe qué más hacer. Parecía que faltaba algo, pero no sabía el qué. Tras lo que hizo no debería perdonarla, pero descubrí que me sentía mejor tras la conversación. Siobhan se acercó y me rodeó la cintura con los brazos. Me abrazó con cariño a pesar de que no le devolví el gesto.
—Enhorabuena, Edward. —Dejó de abrazarme y se dio la vuelta.
Era difícil seguir enfadado con ella cuando parecía sincera. Siobhan y yo teníamos tantos recuerdos que era complicado no pensar en ellos. Si la dejaba ir, estaría tirando por la ventana una amistad de una década de felicidad.
—Gracias.
…
ISABELLA ESTABA sentada frente a mí en la terraza, evitando mi mirada porque sabía que aquella conversación no sería agradable.
—Sé que sientes como si te hubiese tendido una emboscada…
—Porque lo hiciste.
—Porque teníais que hacer las paces. Lo que hizo estuvo mal y no la defenderé, pero creo que es mejor que lo dejemos en el pasado. Los dos sois geniales juntos. No deberías tirar por la ventana todos esos años cuando podemos solucionarlo. Ella y yo estamos en buenos términos.
Sabía que Isabella nunca habría hecho aquello si no estuviese tan enamorada de mí. Sólo para hacerme feliz, había dejado de lado sus sentimientos por una mujer que la había insultado constantemente. Me consideraba un hombre muy afortunado por conocer aquel tipo de amor. Tenía a una mujer a mi lado que haría lo que fuese por mí. Y yo por ella.
—¿Seguro que quieres esto?
—Sí —contestó inmediatamente—. Quiero que empecemos de nuevo… Todos nosotros.
—Le muestras mucha más compasión de la que te nunca te mostró ella.
—Y ahora estoy segura de que es una persona más compasiva por ello. En fin… ¿estamos bien?
Siempre lo estaríamos.
—Sí, monada. Nada se interpondrá entre nosotros.
—¿Siobhan vuelve mañana al trabajo?
Asentí.
—Tardaré mucho en volver a confiar en ella… si es que lo hago. Pero nuestra amistad está en proceso. Poco a poco.
—En poco tiempo volverá a lo que fue.
No había más que decir sobre Siobhan. Estábamos continuando hacia adelante, los tres.
—Y, ¿cuándo vamos a casarnos?
—Dímelo tú.
—Bueno, quiero hacerlo lo antes posible.
—Lo antes posible, ¿eh? ¿Qué prisa hay?
—Bebés —dije sinceramente.
—¿Bebés? —preguntó ella, en tono sorprendido—. ¿Quieres tener hijos ya?
—Siempre he querido tener familia propia.
—Vaya… Qué presión para mis ovarios.
—Podemos esperar si quieres. Pero preferiría no hacerlo.
—Siempre he querido tener niños —dijo ella—. Aunque no estaba en mi plan de cinco años.
—Bueno, yo no puedo esperar cinco años, eso seguro. Quiero tener pequeñajos correteando por aquí para entonces.
—Entonces, si te salieses con la tuya, ¿intentarías dejarme preñada en la noche de bodas?
Sonreí.
—No lo sabes bien.
—Guau. Piensa en el escándalo real…
Reí entre dientes.
—Pues esperaremos a la ceremonia oficial. Eso nos da ocho meses juntos. Me parece justo.
—Ocho meses sigue siento muy pronto… pero lo consideraré.
No podía forzarla mucho más. Ya me había entregado su vida entera. Si necesitaba un año más antes de quedarse embarazada, podía ser paciente.
—Haré que Siobhan lo prepare todo. Me gustaría que nos casáramos en cuanto consigas un vestido. El mundo no sabrá que lo estamos, pero nosotros sí… y eso es todo lo que me importa.
Su mirada se suavizó.
—Nunca pensé que pudieses ser tan romántico.
—No lo soy —dije con sinceridad—. Sólo me gusta serlo contigo. —Isabella me había cambiado la vida al convertirse en mi prisionera. Me enseñó a no ser resentido, a abandonar mi ira, vivir mi vida al máximo y a ser feliz. Sin ella seguiría siendo la persona henchida de odio que era antes. Ahora, por fin había cerrado el libro de mi pasado y había abierto un nuevo capítulo de mi vida—. Siempre lo seré contigo.
