Una Dama no tan Dama

Capítulo 21: Por fin estás aquí

En el cuarto de Candy, sentado en una silla a su lado, se encontraba Albert.

-Hasta que por fin puedo hablar contigo. - reclamó el rubio de brazos cruzados a la adolescente adormilada que tenía en frente.

-¿Perdóname? - respondió ella con una sonrisa inocente, sin causarle gracia al ojiazul - Está bien... lo siento. - rectificó con un semblante más serio - No debí irme así de casa, y mucho menos sin avisa-

-¿Sabes lo preocupados que estábamos por ti? - continuó sin poder controlar sus emociones - Si hasta la tía abuela propuso contratar a un equipo de investigación de élite para por lo menos saber si seguías respirando.

No dijo nada, sabía que todo lo que había dicho y lo que faltaba por decir lo tenía bien merecido.

-¿Te imaginas que hubiera sido de ti si los Cunningham no tienen la gentileza de acogerte en su hogar? ¿Si una persona sin escrúpulos te encuentra por la calle sola y sin nadie que responda por ti? - pasó una mano por su rostro con frustración- Candice White Andrew, ¿tienes una idea de qué hubiera pasado si uno de los que van por ahí secuestrando jovencitas para luego venderlas sabrá Dios para que fines te ve perdida, desubicada y desamparada a altas horas de la noche? - ella tragó en seco - ¡Te secuestra y te lleva lejos para siempre! O pudo haberte lastimado, y créeme que al imaginar a un grupo de hombres haciendo lo que les plazca contigo teniéndote tan vulnerable e indefensa yo...

-Albert... - susurró ella al verlo con la mirada cristalina, al parecer todo lo que había intentado reprimir a lo largo de los días se estaba haciendo presente desde lo más profundo de él.

-Silencio, que no he terminado. - continuó con firmeza - Fue muy precipitado e irresponsable irte así como si nada, sin pensar en tu propio bienestar. Recuerda que estoy contigo en esto, fue mi idea después de todo; no hacía falta irte por tener una discusión con Archie, pudieron haber resuelto las cosas hablando, hubiera estado ahí apoyándote en todo momento. - acarició el rostro de ella con dulzura - Pequeña, no sabes la punzada que sentí en el corazón al enterarme de que te habías marchado, el vacío, la incertidumbre de no saber en las condiciones en que te encontrabas... Fue cuando Terry me mostró la carta de Alex hablando sobre ti que comencé a respirar con tranquilidad, o al menos a convencerme de que lo hacía, anhelando verte a toda costa, saber de tu paradero... Es difícil mantener la calma cuando se trata de tí, ¿Sabes? - finalizó con la voz entrecortada dejando escapar algunos sollozos.

-¡Albert! - exclamó sorpendida, jamás lo había tenido así, completamente vulnerable ante ella - En serio perdóname, te prometo que nada de esto vuelve a pasar nunca más. - aseguró mientras lo abrazaba.

-¿Nunca? - preguntó haciendo un puchero y devolviéndole el abrazo mientras ella limpiaba las lágrimas de sus mejillas.

-Nunca.

-¿También prometes decirme cuando tengas un problema de esa magnitud?

-Todo lo que quieras, pero por favor no llores... - se sintió sumamente culpable - mereces más que esto.

-Candice, no vuelvas a insinuar nunca más en tu vida que no eres suficiente. Eres más que suficiente, más de lo que jamás pude desear; te amo, y no quisiera que nada te pase, eso es todo.

-Yo-

-Que conste, como padre, hermano y amigo. Nada de amor romántico ni ningún sentimiento de "te amo... pero nuestro amor no puede ser" ¿queda claro? - preguntó causándole gracia a la joven.

-Lo sé.

-De todos modos, ¿comprendiste que te amo y que estoy dispuesto a hacer lo que sea para que estés bien?

-Sí Albert, yo también te amo. No hacía falta aclarar las circunstancias.

-Solo decía, no quisiera que algo de veneno terminara en mi bebida gracias a tu posesivo novio. Cualquier cosa dile que se vaya al traste, yo te conocí primero.

-Exagerado. Y así criticas a Terry.

-Perdona la cursilería y el teatro, pero quieras o no eres una de las personas más importantes en mi vida. - besó su cabeza.

-No te preocupes, también eres importante para mí, ansiaba verte.

-¿En serio?

-¿Eh?

-Digo, con Terruce al lado en lo menos que vas a estar pensando es en mí, aunque al menos te pusiste feliz al verme así que no me puedo quejar...

-¡Albert! - le reprochó - Espera... ¿Ya te había visto?

-Seguramente ni lo recuerdas por la pérdida de sangre.

-De hecho, todavía me siento algo mareada...

-Se me olvidaba preguntar, ¿cómo están tus piernas?

-Supongo que bien. El doctor me dijo que como no podría sentir nada por unas horas debía evitar los movimientos bruscos por si las suturas se abrían.

-Me alegro. - respondió recordando una de las razones principales de su visita - Y... ¿qué tal te va con tu noviecito? ¿Tengo permiso para matarlo?

-Tú no cambias... - el rió un poco - Todo va perfectamente bien.

-Claro, si no mal recuerdo son unos celosos y posesivos incorregibles, ¿o me equivoco?

-Eh... bueno... si supieras como se puso el otro día cuando salí con Neil-

-¿Con quién? Ay Candy pero así hasta yo me enojo, eso no se hace. - hablaban como si todo hubiese vuelto a la normalidad.

-No fue para tanto, me dijo que quería comenzar a disculparse por hacerme la vida difícil todos estos años. Y por si acaso nadie le partió la nariz a nadie.

-Si tú lo dices... - miró su reloj - ¿Sabes pequeña? Me tengo que ir.

-Pero Albert, no quiero que te vayas.

-Yo feliz de seguir aquí contigo, pero la verdad es que dejé unos cuantos asuntos pendientes con George.

-Esta bien... Como desees. - se resignó, separándose de él.

-No estes triste, vengo el próximo sábado a verte.

-¿En serio? - se le iluminaron los ojos.

-Sip, así que nada de hacer cosas extremas en lo que no esté aquí ¿trato?

-Trato.

-Última pregunta. - ella le dedicó su atención - Tú y Terrence no han hecho nada que no deban hacer... ¿cierto?

-¿Como qué? - se puso algo nerviosa. "¿Será que se nos fue la mano con los besos?"

-No lo sé, algo que implique que ambos estén... ¿sin ropa? ¿tal vez?

-¡No, claro que no! ¡Pervertido! - le dio par de almohadazos y después se quedó mirándolo fijamente - ¿No debemos besarnos? - él se echó a reír.

-No hay problema con eso, al parecer sigues igual de inocente que siempre. - dijo con una sonrisa.

-¿Eso es bueno o malo? - quiso saber recostándose nuevamente de la almohada.

-Eso lo deciden ustedes dos. - le dio un beso en la mejilla - Hasta luego Candy, ya me largo para que hables con tu nov-

-¡MALDITA SEA! - se escuchó el castaño desde el pasillo seguido de un portazo.

-¿O tal vez no? - ambos rieron - Hasta luego Albert. - él hizo un gesto con la mano y salió de la habitación. Ella por su parte, se había quedado pensando el por qué del aparente enojo de su novio, el cual ya había llegado a su habitación.

"Ahora a buscar al imbécil que se atrevió a lastimar a mi bebé."

"Albert por el amor de Dios, ya no tiene seis años."

"Maldita sea, ¿no puedes callarte por dos minutos? Aunque tenga 50 va a ser mi bebé."

"Si tú lo dices... y que no se te olvide que estoy en tu cabeza, no puedes callarme."

"Maldita conciencia."

-Dígame señor Grandchester, ¿encontró al culpable de esta atrocidad?

-Los demás guardias lo trajeron antes que los chicos llegaran, y ahora está siendo interrogado. - él rubio no parecía muy convencido - Créame que quiero partirle la cara tanto como usted, pero los oficiales recomendaron mantenernos serenos. No sabemos si el tipo lleva consigo un arma blanca entre sus vestiduras o si está involucrado con gente peligrosa.

-Qué tragedia.

-Les sugiero que este fin de semana a más tardar regresen a sus respectivos hogares, no queremos ni necesitamos más sorpresas.

-Comprendo su punto de vista, les dejaré saber que tienen que empacar sus pertenencias.

-Buenas noches su señoría, lamento interrumpir pero el señor Andrew tiene asuntos que atender.

-¡George!

-Pues entonces, hasta luego. - se despidió el duque.

-Hasta luego, si necesita de mi presencia no dude en llamarme. - concluyó antes de salir. El duque luego de un tiempo salió también del despacho, y no pudo evitar escuchar una conversación a pocos metros de él.

-George, casi muero del susto.

-William no se preocupe, ahora todo está bien; ella está estable.

-No quiero imaginarme lo que hubiera pasado si ella se hubiese encontrado sola...

-Seño-

-Ella es cómo mi bebé, mi hermanita, se supone que es mi deber protegerla, y yo- - dijo alterado.

-No piense en eso señor Andrew, y mucho cuidado con llorar, que ya está algo grande para eso.

-Pero es Candy...

-Es cierto que a todos nos afectaría si a ella le pasara algo, pero recuerde que hay mantener la calma y la compostura ante todo.

-Gracias George.

-Para eso estoy.

"Un momento, ¿no se supone que tenía un protegido y no una protegida? Aquí hay algo que no me cuadra."

En otra parte de la mansión...

-Entonces Richard, ¿a esto quieres jugar? Pues bien. Solo espero que no se te olvide que yo también llevo sangre de Grandchester, y no voy a dejar que me controles tan fácilmente... Te voy a hacer lamentar cada palabra.

oooooOoOOOoOooooo

Al día siguiente todo se encontraba más calmado. Se hizo notar la ausencia de Candy en el comedor a la hora del desayuno, y aunque Terry pensó en preguntarle a su padre si podía acompañarla, no se molestó. Quería estar lo más lejos posible de ese hombre que sólo sabía causarle problemas y arrebatarle aquello que lo hacía feliz.

-¿Cómo te sientes? - le preguntó la pelinegra a su rubia amiga mientras las dos se encontraban sentadas en la cama.

-Mejor. Puedo caminar, aunque despacio, pero ya se me pasó la anestesia, así que estoy un poco incómoda. Lo que todavía no logro es hacer un recuento de lo que pasó ayer.

-¿En serio?

-Después de que recuperé mi cadena, todo es borroso... Menos... - se le subió la sangre a la cabeza al recordar el momento en que estuvo a solas con su novio.

-¿Menos qué? - preguntó ansiosa - Cuenta, que nunca me dices nada de lo interesante.

-¡Annie! - exclamó - Es que todavía no puedo creer que haya hecho eso. - se colocó las manos en el rostro avergonzada.

-Prosigue... - la incitó impaciente - Prometo no delatarlos.

-Digamos que puede ser que me haya sentado encima suyo y empezara a provocarlo... no recuerdo exactamente cómo pero-

-¿Provocarlo para qué? - indagó en cierto tono de reproche.

-Ni yo misma sé... Es que siento como si solo existiéramos los dos cuando estoy a su lado... - "Si no temblara al sentir el roce de su piel, si no fantaseara con él todo el día, fuera más fácil resistirme... Y eso que al muy maldito se le ve bien todo lo que se pone... Y debo admitir que también lo que no se pone, porque ese abdomen, y esa espalda, y ese trasero..."

-Esta decidido, hay que llamar a un psiquiatra.

-¿Eh?

-Estabas en otra dimensión.

-Es que es tan... - sonrió.

-Ya, cambiemos de tema, que te vas a babear toda.

-Con permiso, tengo derecho a estar enamorada. - se cruzó de brazos.

-No digo que no, pero cierta persona viene a visitarte en breve.

-¿Qué? Ay no... ¿cómo lo voy a mirar a la cara?

-No te hagas la inocente, mi intuición me dice que no es la primera vez. - dijo encogiéndose de brazos - Mírate, si ya te pusiste toda roja. De hecho, me dijo que tiene algo que decirte, y no lo vas a dejar con la palabra en la boca, supongo.

-¡No quierooooo! - hundió la cara en la almohada.

-¡Oh vamos! No puede ser tan malo.

-¡Claro que sí! Si hasta estoy en ropa de dormir. - continuó.

-¿Y? Aunque a decir verdad, ese camisón está algo corto.

-¿Ya me entiendes?

-Mejor, así lo provocas más. - le respondió risueña - ¿No piensas abrir más las cortinas? - preguntó evadiendo la respuesta de la rubia, y tenía razones. Entraba suficiente luz como para moverse con seguridad por la habitación pero no la necesaria para distinguir algunos detalles.

-¡Annie! No cambies de tema que no es divertido. - en eso se escucharon unos pasos en el pasillo - Ay no...

-Toma, ponte esto. - le pasó una bata que estaba colgada cerca de la cama.

-¿Se puede? - se escuchó una voz desde la puerta.

-"Yo y mi maldita suerte."

-Claro, con permiso. - dijo la pelinegra antes de desaparecer de la habitación bajo la mirada recriminadora de su amiga. Entre esos dos había algo, y ella no era nadie para frustrar los planes del destino (o al menos eso quería creer).

-"Tú y yo tenemos que hablar seriamente." - pensó la rubia.

-Buenos días hermosa. - entró en la habitación y se sentó en la cama - ¿Cómo te encuentras?

-Bien, por suerte todo salió a la perfección y el doctor me dijo que en unas semanas ya podré hacer mis actividades diarias con normalidad. Obviamente, tomando mis precauciones. - lo abrazó.

-¿Segura de que estás bien?¿No te duele nada? - preguntó aparentemente preocupado mientras le apartaba un mechón rebelde del rostro.

-Terry... - rió - Estoy de maravilla, no tienes de qué preocuparte.

-Lo siento, al parecer no puede uno interesarse en tu salud. - respondió con molestia retirando su mano y apartando la vista.

-Amor, ¿qué te pasa?¿por qué hoy estás tan sensible? - tomó la mano que él había apartado y la acarició con su dedo pulgar - ¿algo que deba saber?

-... - la tomó por las caderas y la sentó en su regazo. Luego, la besó. En ese beso le demostró todo el amor y devoción que tenia hacía ella... porque la necesitaba. Porque cada segundo que había pasado sin ella desde que comenzaron a atenderla, la extrañó. Anhelaba estar a su lado aunque fuera por un instante para cerciorarse de que ella estuviese bien. Nada de esto quería admitirlo ante sí mismo, pero raramente, terminó aceptándolo ante ella.

-¿Por qué? - le preguntó sumamente confundida luego de notar que el sabor del beso se había tornado salado.

-Pecosa... - la miró a los ojos - anoche, cuando pensé en venir, me prometí que al llegar no me iba a poner todo sentimental... sin embargo, aquí estoy. - suspiró, lo que estaba a punto de decir, jamás pensó que lo confesaría ante nadie - Unos meses después de que mi padre me trajera a Inglaterra, me hice la promesa de no volver a sufrir por nadie; de que no sufriría siquiera por mí mismo. Me convencí de que, si dejaba de sentir, todo sería más fácil, de nada servía ilusionarse con la visión de momentos felices, mis esperanzas terminaban destruidas después de todo. Años más tarde, conocí a Alex. Al principio decidí no hacerle caso, pero tarde o temprano, terminé confiando en él, me comencé a preocupar por su bienestar y él por el mío. Era la única persona en la que podía confiar sabiendo que no saldría lastimado, que no sufriría... y puedo decir que lo mismo me sucedió con Albert. - se rió brevemente de sus propias palabras - Pero tú... contigo fue diferente. Todo lo es después de todo. Estuviste a mi lado aguantando mis berrinches y mis cambios de humor, te llevé hasta el límite, te metí en problemas, y ahí seguías a mi lado. Pensé que la única explicación realista era que algo buscabas de mí... Hasta que, sin darme cuenta, llegaste a mover una parte de mi corazón que tiempo atrás me había reservado. Más tarde, cuando lo noté, me asusté. Pero poco a poco te deshiciste de todas las dudas que se fueron creando en mi mente, y de lleno decidí dejarte entrar, sin saber que tú ya llevabas tiempo ahí esperando a que pusiera mis pensamientos en orden. Ayer, cuando estuve a punto de perderte, yo... - otra lágrima escapó de sus bellos ojos - Sentí que si tú te ibas, yo me iría contigo, y finalmente lo acepté... No estoy listo para verte ir, ni ahora, ni nunca. Eres tan importante para mí que la más mínima posibilidad de que tú no estés a mi lado, me asusta, de hecho, me aterra. Candice White, no sé cómo lo hiciste, pero cambiaste mi corazón. Después de conocerte ya nada es igual, a nadie lo veo con los mismos ojos. Tú me has enseñado a ser más humilde y a ver mis errores, y eso te lo agradezco desde lo más profundo de mi ser.

-Terry... - dijo ella, mientras sus ojos amenazaban con desbordarse.

-Por eso no puedes irte, al menos no hasta que te haya demostrado cuánto te amo. Sé que suena egoísta, pero tarde acepté que no puedo vivir sin ti. No espero nada a cambio, con hacerte feliz me basta. Pero sin ti, ¿cómo sabré que estoy haciendo las cosas bien? Eres como el agua en mi desierto, la que me enseña a fabricar luz en la oscuridad... de todas formas, hay algo que nunca aprenderé, y eso es cómo olvidarte. Pensar que ahora mismo pudiéramos estar en tu funeral... - No pudo más y se echó a llorar en el hombro de ella, que al darse cuente le acarició la espalda y lo dejó desahogarse.

-Mi vida, - acunó su rostro con ambas manos, luego de limpiar sus lágrimas - Tengo idea de cómo te sientes, todo eso y más pasó por mi cabeza el día en que casi mueres. Pero lo importante es que los dos estamos aquí, juntos... Incluso si estamos separados, no importa. Porque tenemos presente el amor que sentimos uno por el otro. Así que no te empeñes en lo que pudo haber sido y aprovecha el tiempo que te queda al lado de los que amas; estando donde tengas que estar y haciendo lo que tengas que hacer para ser feliz y pensar que todo valió la pena. Quiero que sepas que pase lo que pase voy a estar ahí para ti cuando me necesites.

-Te amo. - se deshizo de las lágrimas en su rostro con besos.

-Yo también te amo.

-Candy, no creo que pueda sobrevivir otra noche sin ti.

-¿Y si alguien te encuentra aquí?

-No lo sé, algo se me va a ocurrir, pero te quiero conmigo.

-¿Y si yo no quisiera?

-¿Estás echando a tu sexy novio de tu habitación? - hizo un pequeño puchero - Está bien, ya encontraré qué hacer.

-¿Sabes? Sólo por adorable puedes venir. - le dijo con una sonrisa.

-¿Adorable? Yo no soy adorable.

-¿Que no? Si vieras la cara que tienes ahora. - le pellizcó las mejillas y él se sonrojó sonriendo nerviosamente.

-Solamente a ti se te ocurren estas cosas.

-¿A mí? Yo no soy la que quiero escabullirme en tu habitación por la noche.

-Si tus piernas estuvieran bien, ¿lo harías?

-Supongo que sí.

-Demonios, mira la hora. Ya tengo que ir a almorzar.

-¿En serio? - preguntó desilusionada - Antes tienes que ir a lavarte la cara, si Alex llega a sospechar que estabas llorando... prepárate.

-Buen punto, creo que pasan 10 años y sigue hablando de lo mismo.

-Pues ve, yo te espero. - la puso de nuevo sobre la cama y fue a hacer lo sugerido por ella. Un par de minutos después salió a despedirse.

-Hasta luego princesa. - la ayudó a ponerse de pie.

-Te veo más tarde mi príncipe. - lo abrazó por el cuello.

-¿Y mi beso? - ella enarcó una ceja - Hasta que no me lo des no me voy.

-No hay problema. - se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. Él sonrió. No era eso lo que estaba esperando pero la forma en que lo hizo fue tan dulce que no se quejó.

-Esta noche te voy a enseñar cómo quiero que me beses de ahora en adelante. - le dijo al oído, haciéndola sonrojar. Se encaminó a la puerta pero unos brazos alrededor de su torso lo detuvieron.

-No te metas en problemas mientras no estoy.

-Te prometo que voy a intentar. - respondió volteándose.

-Te amo. - lo besó en los labios y dejó su frente junto a la de él.

-Te amo Candy. - le devolvió el beso - No me extrañes.

-No te puedo asegurar nada. - le dijo cuando el castaño ya se encontraba en el umbral de la puerta.

-Te amo. - susurró, para luego salir de la habitación.

oooooOoOOOoOooooo

-¿Qué demonios está haciendo Terry que no baja? - dijo Archie molesto y de brazos cruzados - Ni siquiera aparece cuando es casi hora de comer, ¿dónde rayos está?

-Seguramente está en su habitación leyendo alguna obra de Shakespeare o algo así, sino, búsquenlo en el cuarto de Candy. - respondió Alex.

-Neil, ayúdame a buscarlo en el jardín, no quiero comer tarde porque al señorito no le da la gana de aparecer. - dijo Stear.

-Yo tampoco. - se puso de pie dispuesto a ayudarlo y ambos salieron de la habitación.

-Entonces... ¿algún avance? - preguntó Alex.

-¿Eh? ¿De qué hablas? - Archie se hizo el desentendido.

-Tú sabes muy bien de qué hablo. - continuó sin responder - ¡De Annie estúpido! - le pegó en el hombro.

-¡Auch! Y qué quieres que te diga, no ha pasado nada. - dijo sonrojado.

-Sí cómo no. - rodó los ojos - Cuenta rápido que no tengo todo el día.

-Es que no hay nada que-

-No puede ser... - dice tomando el cuello de la camisa.

-¡Maldita sea suéltame!

-¿Y eso? - preguntó al ver la marca morada en su cuello - Bien calladito te lo tenías. ¿Cuándo pensabas contarme?

-¿Y acaso estoy obligado? - se acomodó la camisa.

-Pero claro, con algo tengo que entretenerme. - sonrió fingiendo inocencia.

-¿Por qué será que eres tan entrometido?

-Porque lamentablemente para ti no tengo nada mejor que hacer. - respondió - Ahora, empieza. - se cruzó de piernas y se llevó a la boca una galleta de las que sobraron luego de tomar el té.

-Te pareces a Annie sacándole información a Candy.

-Tal vez sea por pasar tanto tiempo con mamá, pero de todas formas, ¿algo que deba saber?

-Que no pasó nada, así que deja de hacerte ideas extrañas en la cabeza. - obtuvo como respuesta una mirada de "ajá, ¿y eso quién te lo hizo? No salió de la nada." - No es nada interesante ni que desees saber.

-¡Jesús! Qué difícil es buscar chisme en esta casa.

-¿Cuál chisme? - dice la pelinegra irrumpiendo en la habitación.

-Ninguno, es solo Alex inventando estupideces. - se cruzó de brazos.

-¿Donde están los demás?

-Buscando a Terry, ya casi es hora de almorzar.

-No se preocupen, ahora lo traigo. - dijo rápidamente.

-¿Sabes dónde está? - dijo el mayor - Pues dinos, así lo encontramos más rápido despué-

-Ahora regreso. - salió con prisa para evitar cualquier otra pregunta y se dirigió al cuarto de su mejor amiga.

-¡Ajá! Míralo todo sonrojado. - dijo Alex.

-"¿Por qué yo?" Se dijo Archie para sí.

-¿Ya está la comida? - dijo Terry luego de tomar asiento, ya que al parecer nadie había notado su presencia Esperen, ¿y los demás?

-Buscándote. - respondió el menor mientras pensaba "Primera vez en la vida en que me alegra que este pedazo de arrogante se aparezca."

-Bueno, sólo queda esperar. - agregó Alex.

oooooOoOOOoOooooo

-Ahora, ¿nos vas a decir por qué intentaste asesinar a Candice White? - preguntó Richard todavía indignado. Ya era seguro estar cerca del impostor y la policia lo tenía inmovilizado, aprovechando el interrogatorio del mayor de los Grandchester para agregarlo a su "expediente" de criminal.

-¿No estaba informado? Eso sí me sorprende, el duque de Grandchester ni siquiera sabe con qué clase de persona se involucra si hijo. - dijo el hombre de forma arrogante y con una sonrisa desafiante.

-¿De qué hablas? ¿Qué demonios tiene que ver Candice con mi hijo? - Si su hijo se estaba revolcando con una huérfana hija de nadie, que para variar huyó de su casa, los haría pagar a ambos, con creces.

-Su amigo de la escuela, Albert White Andrew... ¿no lo conoce? - el castaño seguía sin entender - No me diga... ¿nadie le ha dicho que ese tal "Albert", el mejor amigo y confidente de Terruce, es en realidad Candy? - su cara sorprendida lo delataba - Y claro, como ella fue que salvó a su "querido hijo" de morir en manos de mi colega aquella vez, teníamos que hacerla pagar, ¿o me equivoco?

-¡Qué demonios! - le dio tremendo puñetazo en el rostro - ¡Mentiroso! ¡Sáquenlo de mi vista! - gritó a los policías - ¡AHORA! - estos pusieron manos a la obra y salieron de allí con aquel traidor, el cual iba directamente a la cárcel por la cantidad de testigos en su contra.

-Carl...

-¿Señor? - preguntó fingiendo estar aturdido por la reciente noticia.

-¿Crees que entre Terruce y aquella jovencita haya algo?... es decir, ¿piensas que ella podría estar aprovechándose de mí hijo? - (claro, porque no pueden estar enamorados)

-Para nada, su señoría. - respondió (desde ahora dando buena impresión de Candy, pues bien alcahuete que les salió) - No puedo hablarle sobre su tiempo en la escuela, pero en los pocos instantes en que la vi, el día en que atentaron contra la vida del joven, me pareció muy amigable; aprecia mucho a su hijo. ¿Por qué otra razón iba a hacerle frente a usted por teléfono? Le recuerdo que cuando dijo encontrarlo en ese estado tan vulnerable, lo ayudó en vez de beneficiarse con las circunstancias. Tomando en cuenta lo bien que habla Terruce de su "amigo", no dudo que sea una excelente persona. - el duque reflexionó - Si le inspiró tanta confianza a su hijo será por algo, en mi opinión claro está.

-Necesito hablar con ella.

-Seño-

-Obviamente no ahora. En unos días, cuando se mejore.

-Como usted diga. - se retiró y lo dejó abatido, ¿cómo dejó que un detalle tan relevante se escapara de sus manos? Pero eso no era lo que lo preocupaba, sino, ¿estará Terruce enamorado de aquella chiquilla? Porque de ser así tenía que separarlos aunque fuera por la fuerza, de ninguna manera un Grandchester sería visto con una huérfana adoptada por más Andrew que fuese. Sobre su cadáver.

oooooOoOOOoOooooo

-Terry, ¡ayúdame a sacarle información a Archie!

-¿Sobre qué?

-Sobre los lunares que tiene Candy en la espalda.

-¿Qué? - miraba a Archie mientras este miraba al otro pelirrojo.

-¿Y yo por qué sabría eso? - se defendió.

-Cálmense los dos, sólo estoy molestando. - dijo como si nada - Es Sobre Annie que quiero saber... ¿podrías?

-No.

-¿Por qué?

-Alex, deja de estar de entrometido en relaciones ajenas.

-¡Pero es que mira! - intentó exponer la marca que tenía Archie en el cuello.

-¡Me vuelves a tocar y te rompo la cara! - se puso de pie.

-¡Pues ven! ¡Atrévete!

-Lexie, recuerda que Candy ya no está aquí para salvarte el trasero.

-Ni tampoco para salvarte el tuyo. - respondió Archie.

-¿Qué fue lo que dijiste? - se paró también de su asiento.

-Que sin ella no eres nad- no pudo continuar porque sintió como tiraban de su oreja.

-¡Auch! - se quejaron ambos.

-Dios mío es que no aprenden ustedes dos. - apareció Annie caso de la nada - ¿Me van a hacer traer a Candy?

-No.

-Más les vale. De todos modos, vine a decirles que vayan al comedor. - Terry y Archie de miraron entre sí y Alex contenía la risa - y no se quejen porque si ella los encontraba les dolería mucho más que una oreja.

Iban todos por el pasillo, Archie por delante huyéndole a Alex y Annie y Terry detrás.

-¿Ya le dijiste?

-Rayos, lo olvidé.

-¡Terry! Se supone que salen mañana, ¿cuándo piensas decírselo?

-Lo haré más tarde. - en lo que Annie se distrajo Alex aprovechó para ponerse a su lado.

-Entonces, sobre la marca en el cuello de tu novio...

-¿Tú cóm-

-Ven. - Terry lo arrastró lejos tomándolo del brazo.

-¡Oye!

-¿Por qué tienes que ser tan metiche?

oooooOoOOOoOooooo

-Entonces señorita, ¿me está diciendo que mi hijo está involucrado con Candice más allá de la amistad?

-Eso mismo señor duque. - continuó la pelirroja - Nadie sospecha nada porque se hace la mosquita muerta frente a todos... ¿Cómo cree que llegó a la casa de los Andrew? Primero engatusó al Nieto preferido te la Tía Abuela: Anthony. Después de que se deshizo de él en un supuesto accidente, se fue detrás de Stear y Archie. Pero claro, ellos consiguieron pareja. ¿Y quién le quedaba convenientemente al lado en el colegio? Pues Terry.

-¿Y usted cómo sabe esto?

-Lo de mis primos, somos muy cercanos. En cuanto a Terry, (porque se empeña en querer llamarlo así la muy maldita) él y yo somos amigos desde hace tiempo. (soñar no cuesta nada Elisa). Señor Grandchester, si le digo esto es porque sé los riesgos que puede tener lo que ellos hacen. Y no quisiera que su apellido se viera manchado por culpa de una huérfana casafortunas.

-¿Tiene pruebas?

-Sé exactamente cuando y donde es su próximo encuentro.

-Perfecto, si se entera de cualquier cosa, por favor avíseme. Y muchas gracias por la información señorita Leagan.

-No hay de qué su señoría.

oooooOoOOOoOooooo

Holaaa!

No me maten por favor soy muy joven para mori- ¡De todos modos! En este capítulo hubo demasiada ternura (en mi opinión), Richard POR FIN se enteró del secreto de Candy, Carl anda de apoyador y Elisa (como siempre) tiene que llegar a tirar veneno. Pero las verdaderas preguntas son: ¿le creerá Richard a Elisa? Y además, ¿estará ella diciendo la verdad o solo implantando dudas en la mente del duque?

Bye!