AI NO MONOGATARI

Capítulo 21:

Momentos del Inicio

Soltó un sonoro bufido, estaba un poco exhausta, seguramente lo mejor era dejar las cosas de lado para hacer caso de una buena vez a los llamados de su estomago. Dejo el libro que sostenía en manos, hace tan solo unos instantes en manos, colocándolo por un momento en el suelo, poniéndole completamente de pie, dejando relucir un destello dorado de su cabello mientras se alejaba momentáneamente.

El libro tenia un aspecto desastroso, sin duda era en extremo viejo y usado. Debió de haber pasado por miles de manos antes de llegar a ella. Siendo un confidente de miles de historia y relatos, que bien podrían ser anécdotas como realidades, quién sabe.

El viento soplo, con un ligero murmullo de las hojas de los arboles al mecerse, provocando que las paginas cambiaran de posición, quedado abierto en un texto, que presumía de una borrosa caligrafía. Texto que bien era conocido por algunas personas, un cuento famoso, que se había perdido entre generaciones.

El relato era llamado por el libro Momento del inicio del cielo y de la Tierra.

"Al comienzo, el Universo estaba sumido en una especie de materia batida espesa e informe, sumida en el silencio. Posteriormente, se escucharon sonidos que indicaban el movimiento de las partículas. Con este movimiento, la luz y las partículas más ligeras se elevaron; pero las partículas no eran tan rápidas como la luz y no pudieron ascender más. Es así, que la luz quedó en la parte superior del Universo, y debajo de ella, las partículas formaron en primer lugar las nubes y luego el Cielo, que sería llamado como Takamagahara. Llanura de los cielos altos. El resto de las partículas que no habían ascendido seguían formando una masa enorme, espesa y oscura, y sería llamada la Tierra.

Al formarse Takamagahara aparecieron los siete primeros dioses de la mitología japonesa, pero no tenían un sexo definido y se escondieron para perderse en el olvido en aquel lugar, dando paso a un conjunto conocido como Kamiyonanayo, Las Siete Generaciones Divinas

Al contrario de los dioses espontáneos que se ocultaron, las cinco parejas de dioses decidieron reunirse y discutir sobre el destino de la Tierra, que todavía era una masa blanda e informe. Al final, decidieron que la pareja más joven, Izanagi e Izanami, serian debían hacer el trabajo y le encomendaron un augusto mandato:

"Arreglad, consolidad esta tierra en movimiento".

Al aceptar la orden recibieron una lanza celestial llamada Nuboko, cubierta con piedras preciosas, con la cuál, hicieron parte de su mandato creando la superficie solida en la tierra como también poblándola de seres, gobernando así por primera vez las tierras, mas sin embargo no era una tarea conveniente el estar al pendiente de todo, los dioses se cansaron de su estadía en la tierra volviendo nuevamente Takamagahara, dejando como encargados a cuatro bestias, cada una encargada de un punto clave en la tierra.

Durante cientos de años, siempre se hablado de las Bestias Sagradas, aquellas que presumen de ser poseedoras de un poder inmenso, siempre con el objetivo de proteger las tierras de las cuales fueron asignadas por los dioses. Las bestias en conjunto representaban los puntos cardinales, y a la vez, se les atribuía un elemento como una estación del año.

Las cuales eran, Touga, Genbu, Seiryū y Suzaku. No se les vio en mucho tiempo, pues solo aprecian en momentos de caos.

Touga, era conocido como el líder de las cuatro bestias Inu-No-Taishō, representado por un gigantesco perro blanco el cual podría tomar forma humanoide, se dice que si el emperador legislaba con completa virtud y sabiduría, esta bestia aparecía ofreciendo su alianza contra cualquier mal. Esta bestia representaba al viento, y se localizaba en las tierras del Oeste, siempre se le asocio con el Otoño. Siempre siendo apoyado y respetado por las otras tres bestias divinas.

Genbu, representado por una tortuga de grandes dimensiones como un símbolo de longevidad, simboliza al Norte y su elemento es la tierra, se le asocio con el Invierno.

Seiryū, representado por un gran dragón azul, simbolizando el Este siendo su elemento el agua, se le asocio con la primavera.

Suzaku, representado por una gran ave roja quien parecía estar siempre en llamas, simbolizando el Sur, su elemento es el fuego como tal, y se le asocio con el verano"

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El llanto de un bebe resonó en la habitación de madera, parando un par de corazones en el acto, la habitación era cómoda hasta cierto punto cálida. A pesar de que era pequeña para algunas personas, en ese momento no era algo que importarse en lo mas mínimo. Todo era iluminado por una pequeña lámpara de aceite, que temblaba por el movimiento en el ambiente, provocando que las sombras reflejadas de los individuos en el lugar fueran un poco distorsionadas.

El llanto de la criatura se detuvo al ser mecido por los brazos de una mujer de larga cabellera azabache, susurrándole palabras de cariño.

—Kikyou… — Susurran su nombre con un suspiro, llamando la atención de la chica.

— Es niña Sango, una hermosa niña— Le reconforta al momento de acercarse un poco a ella, mostrándole a la bebe que acababa de dar a luz. Desliza con cuidado un dedo por su pequeño y delicado rostro, acariciándolo como solo una madre saber hacer, pero rompió el contacto inmediatamente dejando salir un gemido.

—Aún no hemos terminado Sango, resiste — Escucha como le informa la anciana Kaede, sintiendo nuevamente otra contracción.

— ¿Cómo? —Pregunta antes de que un grito saliera de sus labios.

— Sango querida, que viene otro. Puja por favor — Abrió los ojos de los presentes, centrándose en la tarea de conseguir traer al mundo otra hermosa criatura, se esforzó. Las gotas de sudor viajaban por todo su rostro rozado, al momento que ejercía fuerza, fue cuestión de minutos para que la anciana tuviera al recién nacido en brazos, dejándole ver que era otra hermosa niña, muy parecida a la anterior, había tenido unas preciosas gemelas. Al fin ese monje libidinoso cumplió su sueño de formar una familia. Una vez limpias las bebes, y envueltas en telas protegiéndolas del frio las pasaron a brazos de su cansada madre. Quien le miro con lagrimas en los ojos, llena de dicha y felicidad.

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Sin duda el entrenamiento que tenia era sumamente distinto y agotador, las gotas de sudor, resbalaban por su cuello, desapareciendo entre sus ropas. Su cuerpo estaba completamente tensado, para obtener el movimiento deseado, cuidado cada movimiento que ejercía.

—Kagome, tienes que relajar tu cuerpo y tu mente niña. Tienes que hacerlo con soltura, tus movimientos tienen que fluir como el agua en el mar, suaves, delicados en completa sincronía, no como un mecanismo forzado — Le escucha corregirla, al momento de que ella misma hace los movimientos, dando el ejemplo de cómo es que se debe hacer, sin duda Irasue era poseedora de una clase increíble, como también de una elegancia extrema. Pareciera que bailaba al compas del viento, moviéndose de su lugar con gracia, deslizando sus pies pareciendo que flotara en vez de dar pasos en el suelo.

— Lo siento Irasue sama, tratare de hacerlo — Expreso en el momento que cerraba los ojos, aspiraba una buena cantidad de aire, refrescando sus pulmones. Abriéndolos de una manera decidida a logar su cometido. Pero sin obtener éxito alguno, sus movimientos siempre se veían forzados, cargados de fuerza.

— Niña ¡Entiende! Debes de dejar que los movimientos fluyan, no tratar de hacerlos ¿Comprendes? — Le dice con el tono tranquilo que es característico de la familia, girándose en sus pies ágilmente sobre la duela de madera, dejado que sus cabellos se alboroten al regresar a cojín donde estuvo sentada muchos minutos antes.

— Dejar que los movimientos fluyan... —Musito al soltar un imperceptible suspiro, tenia todo el día con el mismo cometido, a pesar de que era su primer día de entrenamiento no habían parado ni un momento, no lograba comprender como es el dejar que sus movimientos fluyan ¿Cómo debería de logar hacerlo? ¿Cómo era que lo hacia Sesshomaru? Nunca pensó que fuera algo sumamente difícil, pero sin duda es algo con lo que se nace, tal vez solo estaban perdiendo el tiempo con ella.

— ¡Vamos Kagome! Demuéstrame que eres digna de ser la pareja de mi hijo Sesshomaru, comprueba que no se equivoco al elegirte como su compañera. —Le decía con voz pasiva, regresándola nuevamente al lugar, sacándola de sus pensamientos.

Sin contestar nada, siguió con el cometido, era una cosa sumamente difícil, tener que moverse de una manera tan lenta, sin duda cuando vio a la madre de Sesshomaru hacerlo, pareciera como una pluma, viaja entre el regazo del viento, viajando traviesa y delicadamente.

Estaba decidido, lo lograría. Nadie le diría que era inferior, ni que no era digna de estar a lado de su macho, ella era su pareja y estaría a la altura siempre, no lo decepcionaría, por que ella era Kagome-no-Taishō señora de Sesshomaru ahora nombrado Inu-No-Taishō.

Un par de ojos color dorados observan a la lejanía la escena que se podría apreciar por el ventanal, gracias a las puertas abiertas. Sonrió de lado, quizá le costase trabajo, pero no había nada de que preocuparse, él aún recordaba cuando lo entrenaron. Sin nada mas se dio media vuelta, avanzando a paso calmado y majestuoso a las afueras del recinto.

Tenia que encontrar a Kurenai, tenia que ponerle fin a su existencia, jamás le perdonaría el burlarse de su mujer. La Youkai se había escondido, suponiendo lo que sucedería, pero no importase donde se escondiera, él la encontraría.

-.-

Habían pasado un par de ciclos de la luna, aquel gran y misterios astro, dejando correr el tiempo como es inevitable, observaba sentado en la comodidad de una roca la escena que mas le gustaba en el universo, su familia.

Ahí estaba Ayame riendo con la pequeña Sahori, sus hermosas flores a cada día florecían de una manera increíble, su preciosa hija ya había aprendido a caminar hace poco, aun le resultaba un poco difícil, pero aprendía como suma facilidad, así que no dudaba que en un parpadear anduviera corriendo por toda la pradera acompañada de los lobos de la manada.

Observo a las dos mujeres de su vida, con orgullo, Ayame estaba sentada con las piernas cruzadas extendiendo los brazo para que al llegar su cachorra fueran recibidos por ellos. Veía a la infante andar con pasos rápidos, pero inseguros aventurarse en dirección a su madre, cayendo en el ultimo momento sobre ella, siendo sostenida por esos delicados brazos que siempre le brindaban amor y comprensión.

— Kouga —Le llamo, sin hacer esperar a la mujer pelirroja. Dio un brinco dejando el lugar que había ocupado durante largo rato.

—Se ven preciosas, mis mujeres — Exclama al momento de abrazar a Ayame con un brazo y acariciar el rostro de la azabache con la mano del otro brazo. Obteniendo como resultado una angelical risa.

—Pa — Ríe aplaudiendo, dejando la mirada un poco extrañada de su progenitor. —Pa, pa pa pa —Balbuceaba llena de alegría, provocando la risa de Ayame. —Papá papá — Pronuncio claramente, Kouga simplemente se quedo estático, sumergido en un extraño vacío, perdiendo la dirección de su mirada. Ayame sin duda rio con mas fuerza ante la reacción de su pareja, ese Youkai tan orgullo al que toda la manada le tenia sumo respeto, ahora estaba estático y perplejo.

—Vamos Kouga, ¿qué no escuchas que tu hija te llama? — Le hace salir de su ensoñación, regresándolo a la realidad. Burlando se un poco de su reacción al ser llamado por primera vez papá, esa niña causante de su sorpresa lo miraba llena de vida, estirando sus manitas, mientras acortaba los dedos, pues quería ser cargada por su padre.

—¡Papá! —Reclama la atención que se le es negada, haciendo un puchero.

—Vamos Sahori, arriba princesa —La carga entre sus brazos, para después ponerla sobre sus hombros, sabia que eso era lo que quería la luz de sus ojos. Sonrió ampliamente a escuchar nuevamente esa risa angelical.

—¡Kouga! No te muevas tanto, no la vallas a tirar —Dice preocupada Ayame, al ver los pequeños brincos que hace su pareja para satisfacer a su hija. —¡Kouga! —Le sale en un pequeño grito al ver que no la escuchaba, llena de miedo.

Sin duda alguna, se veía la alegría que rodeaba a la familia de Youkais de las montañas, no cabía mas dicha en hechos, ser padres era lo mejor que les hubiera pasado, y ahora sin ningún enemigo que les pudiera atacar, todo marchaba sobre ruedas en la dirección correcta.

—Kouga, Ayame. Al fin los encontramos —Gritaban los amigos fieles de la joven pareja, sonriendo ante la escena ahora ellos, apresurándose para unirse al cuadro familiar. Corrían, brincando entre las rocas y pasto.

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Corría rápidamente entre los bambús con una agilidad asombrosa, persiguiendo a otro Youkai, quien se resistía a ser atrapado, sabia que si eso sucedía, nada bueno pasaría. Podía oler el miedo emanar se su cuerpo a grandes cantidades, a cada segundo que pasaba, el pavor se apoderaba de su ser. Sonrió de lado, sin duda aquel miserable ser sabia lo que le esperaría bajo sus garras.

Dio un brinco lleno de glacial elegancia, cerrándole el paso. El Youkai al verse su camino bloqueado frena en seco, cayendo al suelo de lado.

—¿Por qué corres? Es imposible que puedas huir, así que te lo preguntare una vez mas —Aclara mostrando sus garras en un tono verdoso mientras los hace tronar. —¿Dónde esta tu miserable hermana Kurenai? — Da un paso, mientras aquel Youkai aterrado, retrocede.

—Sesshomaru sama, le juro que no se de su paradero. Por favor debe creer en mis palabras, no se nada sobre mi hermana. —Suplica al momento de inclinarse ante él, por que en realidad no mentía, si le estaba diciendo la verdad. No sabia nada sobre el paradero de su hermana menor, ni siquiera sabia que es lo que había hecho para que el Lord se enfureciera de esa manera, pero podría intuir sobre que es lo que trataba.

—Esa no es la respuesta que me interesa escuchar — Da otro paso, mientras el retrocede otro.

—¡No por favor! Le juro que digo la verdad, piedad —Con los ojos llenos de lagrimas, mientras su cuerpo temblaba de nerviosismo.

Un ruido en los arbustos llamo la atención del peli-plateado , girando por un instante su rostro para ver como un venado se desplazaba por ahí, viéndolo a los ojos, acto seguido corriendo entre los matorrales perdiéndose en ellos. Este descuido, le causo una herida en el hombro justo donde tenia la cicatriz de que herida provocada por Kagome cuando se convirtió en Yako, sonrió como se preocupo Kagome después, no lo entendió era insignificante para él.

"—Sesshomaru, te eh herido, perdóname —Le dijo al momento de acercarse, y posar sus manso en aquella herida que se encontraba en su hombro, muy cerca del cuello, Kagome busco en todo momento llegar a la yugular en su estado de cólera.

No es nada, no te preocupes por cosas insignificantes —Le dice al acomodarse sus ropas, tapando la herida. Estaba seguro no tardaría mucho en cicatrizar, si cicatrizar, por que había veneno de por medio.

¿Pero que dices? ¿Insignificantes? Sesshomaru, quise matarte —La culpa se reflejaba en sus ojos azules. —Déjame curarte. —Agrega acortando la distancia, mientras volvía a poner expuesta de un movimiento la herida, deslizando las ropas de él.

Tonterías, calla de una vez —Ignorándola, se acomodo el traje, saliendo del lugar."

Sin dejar que los recuerdos lo distrajeran, esquivo un nuevo ataque hecho por el Youkai, desviando el ataque a otra dirección, golpeando a su oponente fuertemente derribándolo, provocando que se estrellara en una roca cercana.

—¡Lord Sesshomaru! —Fueron las ultimas palabras que salieron de su boca, antes de que él mencionado lo partiera por la mitad, dando fin a su vida.

—Acabare con quien sea necesario para encontrarte —Fue el susurro, que se llevo el viento al momento de enfundar nuevamente su espada, deslizando una gota de sangre por la hoja en el transcurso.

Se dispuso a seguir buscando, antes de volver a casa. Donde su mujer lo esperaba siempre con ansias.

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Sin duda el tiempo pasaba rápido, la mujer de su hijo no era una persona a la cuál se le debería de subestimar, tenia una capacidad y una voluntad para aprender impresionante, no importaba cuantas veces fallara, ni cuantas veces le dijera que no lo lograría, siempre se levantaba y lo volvía a intentar, creyendo fielmente en que lo lograría, no importaba el tiempo ni el costo, al final la victoria seria suya.

Ya no parecía en absoluto a aquella mujer, de movimientos toscos y apresurados que conoció aquel día que llego al palacio de su hijo. Tenia claro, estaba orgullosa de su hijo, no solamente se había vuelvo poderoso y superando todo rencor hacia su padre, si no que se había emparejado con una buena Youkai, poderosa y de buenos sentimientos. No podría estar mas satisfecha, por otra parte, su sonrisa se ensancho aún mas, si no estaba equivocada pronto habría un revuelto en el palacio.

—Es todo por hoy Kagome, deberías de ir a descansar. —Le dice sin agachar la mirada, con sus manos juntas, unidas por dentro de su vestimenta.

—Gracias señora Irasue, creo que eso hare, me siento un poco agotada. Siento no poder acompañarla en la cena. —Hace una reverencia.

—No te preocupes hija, estaré bien —Suelta una divertida risa, después de todo ¿Acaso no vivía todo este tiempo sola en su propio castillo? Vio como Kagome le regalo una sonrisa para después abandonar el lugar con suma elegancia, de la cual un Youkai de la mejor sangre puede ser poseedora.

Irasue se quedo un rato mas en por los salones del palacio, camino sin prisa entre los pasillos dejando escucharse un ligero sonido del peso en las tablas de madera bajo sus pies, llegando a un determinado lugar, deslizo las puertas de papel, introduciéndose en el interior de la habitación donde había una mesita de té en el otro extremo de la habitación, en donde se podría apreciar la hermosa luna reflejada en el estanque lleno de carpas. Llego hasta ella, sentados en uno de los cojines del lugar, acomodándose las ropas para estar de una manera mas cómoda, tomando del costado del objeto de madera frente a ella, una tetera vaciando su contenido en una taza de porcelana. Dejando salir su liquido humeante.

Sin animo de prisa alguna, disfrutando de su soledad, toma la taza entre sus manos, sintiendo la temperatura del liquido pasar a la cerámica, sonriendo levemente tomo un sorbo.

Era una bonita noche, cual era digna de ser apreciada.

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No había obtenido resultado alguno, maldita mujer, no había rastro alguno de su paradero, pareciera que se la había tragado la tierra. Por mas que buscaba no encontraba nada, seguramente estaba en las oscuridades del anonimato. Abrió la puerta de sus aposentos, mirando por primera vez con detalle el lugar.

Era una recamara amplia, de entrada estaba esa salita de estar, donde se podría observar una mesa con sus respectivos dos cojines a cada lado, aunque en realidad el nunca había ocupado lugar alguno ahí. Tenia también unas puertas corredizas, dando a parte del balcón. Técnicamente su habitación eran tres habitaciones continuas, conectadas por las delicadas puertas de papel. Kagome esperaría en la habitación siguiente, en la de en medio.

Camino, entro corriendo la puerta que se interpuso, adentrándose. Así es, ahí estaba su hermosa mujer, dormida, llenándose de la luz lunar que se filtraba al lugar. Con esa expresión tan angelicalmente atractiva a su parecer.

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Había despertado de un excelente animo, se sentía tan bien, era completamente cierto cuando las personas decían que la mejor medicina era un buen sueño. Descansando como revitalizando el cuerpo y la mente.

Bajo con prisa, tenían todo la intención de entrar, además de que disfrutaba de la compañía de la señora Irasue, tenia un temperamento muy gracioso, pues a pesar de su vista fría, elegante y calculadora, era una Youkai de buenos sentimientos, era gracioso ver la forma con una expresión tan seria en como decía cosas sumamente dramáticas. Le había tomado cariño, a pesar de cómo llego a ser cuando la conoció, se dio cuenta de que jamás tuvo malas intenciones.

Se apresuro a llegar encontrándola en el jardín con los demás, con una sonrisa en el rostro observando el panorama ante sus ojos, la pequeña Rin persiguiendo a Shippo para colocarle unas cuantas coronas de flores entre risas, era cómico como el Kitsune se rehusaba completamente a sucumbir ante los deseos de la joven. En cambio Yasetsu estaba echada en el pasto, divinamente decorada con miles de collares de flores y coronas, sin molestarle en lo mas mínimo, hasta pareciera que le agradaba en extremo.

La brisa fresca acariciaba su rostro, dejándole sentir un ligero cosquilleo ante su contacto, definitivamente era una buena mañana.

— Irasue sama, Hiroshi, Ichigo, Gakuto — Saluda a los adulto ahí presentes acompañado con un asentimiento de cabeza. Siendo correspondida en el acto.

—Kagome, te vez reluciente hoy querida. Espero que hayas descansado, después de todo hoy tendremos un combate para ver los frutos de tu entrenamiento. —Le sonríe mientras, gira nuevamente la vista a donde la tenia con anterioridad.

—Por supuesto Irasue sama, no espere menos de mi. —Exclama sentándose a un lado de ella, estuvieron unos minutos, ahí disfrutando de la mañana. Llego en el que deberían tomar el primer alimento del día, se dirigieron al salón que estaba en ese lugar con calma.

Después de reposar los alimentos ingeridos, tuvieron una pequeña charla amena, después de todo eran familia, no era nada de sorprenderse que se llevaran bien, aunque no es una regla, pues esta el claro ejemplo de Inuyasha con Sesshomaru.

—Kagome —Le llama al momento de que termina la platica, dándole a entender que ya era hora de ponerse a ejercitarse. Tenían que ver los resultados, por las enseñanzas adquiridas.

—Por supuesto, estoy mas que lista mi señora —Le dice, prosiguiendo a ponerse de pie, acomodándose las vestimentas, regalando una hermosa sonrisa. Ambas Youkais se dirigen ahora a la parte trasera del palacio, que es donde hay mayor espacio libre, sin tanto árbol, ni decoraciones, flores, lagos o algo por el estilo. En pocas palabras, el lugar ideal para tener un buen combate sin hacer tanto destrozo.

Al llegar al lugar sin esperar un segundo, o advertencia ataca a Kagome con sus garras venenosas, siendo ágilmente esquivadas. A pesar de lo sorpresivo del ataque, no se acerco ni siquiera un poco a poder acertar en el blanco, sonrió de lado. Estaba orgullosa con la Youkai que tenia enfrente.

Sin perderse en sus pensamientos, siguió con una serie de ataques, a los que Kagome esquivaba con una gracia angelical, pareciera que bailaba al compas de las hojas de cerezo que caían en el lugar. Se le veía con tal armonía, que nadie pensaría que estaba combatiendo, además de que su rostro estaba tan tranquilo y sereno.

A medida que pasaba el tiempo, a Kagome se le veía de la misma manera angelical, pero con la diferencia de que empezaban a asomar unas pequeñas gotas de sudor, perlando su cara de manera graciosa. Quizá también sus mejillas se habían sonrojado un poco por el constante movimiento.

—¡Oh vamos Kagome! ¿No me digas que te estas cansando? —Le pica el orgullo, en el momento que saca una daga un poco grande, intentando sin piedad a Kagome tratando de llegar a la Yugular.

—No me insulte de esa manera, por favor —Le reprocha con una sonrisa, bloqueando el ataque rápidamente con sus espada, que había colocado de manera vertical, muy cerca de ella, resonando el choque de metales. Dando un giro para zafarse de la posición, pero sin perder tiempo o instante alguno, ataca con sus garras. Apenas alcanzo a rasgar las ropas de la progenitora de Sesshomaru.

—Eres rápida —Agrega, dando un brinco hacia atrás. Pero después emprendió carrera contra la azabache.

—Eh tenido buenos maestros. —Responde también emprendiendo la carrera, preparando sus garras para un nuevo ataque, parecía una danza, pues cuando se encontraron cada una de las Youkais, trato de encestar un golpe mortal, pero siendo esquivado por el contrincante al momento de querer encestar otro. Ninguna teniendo éxito alguno.

De un momento a otro, Ichigo junto con Yasetsu se unieron al combate, duplicando la dificultad del encuentro. Pero no por eso, bajando el nivel de pelea de Kagome, quien respondía de manera positiva, pues estaba preparada para eso y mas.

Yasetsu gruñía mostrando los dientes, dejándole ver de una manera completamente distinta a la que se le acostumbraba a diario. Corriendo en zigzag esquivando ataques, mientras daba un brinco queriendo embestir a su ama. Pero ella da un brinco atrás, prosiguiendo con otro a su lado izquierdo por el ataca de Ichigo con su espada, dejando un pozo en la tierra del lugar. Y tratando de dar con la espada a Irasue, quien desapareció de su vista rápidamente.

Apareciendo a su espalda, iba a encestar un ataque, pero Kagome brinco hacia atrás con un giro, cayendo olímpicamente en un pie primero para bajar después el otro con total elegancia.

—Kagome si que has mejorado. —Le dijo Ichigo con una sonrisa, pero no por eso dejando de atacar.

—Gracias, me alegra no desilusionarlos —Responde al momento de chocar sus espadas, ejerciendo fuerza para hacer retroceder a su antigua maestra, y poder zafarse para esquivar el nuevo ataque dirigido a ella, por parte de Irasue.

Vio venir el ataque venir hacia ella con demasiada anticipación, estaba dispuesta a esquivarlo sin esfuerzo alguno, sonrió. Le estaban poniendo las cosas muy sencillas a su parecer. Cuando llego el momento de reaccionar a lo inminente sintió como se le nublaba la vista, se sintió que se perdió por unos momentos suspendida en el tiempo, como si sus pies no la sostuvieran en el piso del lugar, si no que estaba flotando extrañamente.

Cuando se dio cuenta, estaba siendo estampada en un tronco con fuerza de espaldas, Irasue le ataco de frente con sus garras en el pecho, casi llegando al hombro, abriéndole. La herida no era grave, pero era un poco profunda.

—¡Kagome! —Escucho llamarla en la lejanía, si era lo voz de Ichigo, pero aun no podía concentrarse. Se sentía un poco abrumada y desconcertada. No tenia conciencia de lo que sucedía a su alrededor.

—Hija, ¿Me escuchas? —Irasue, se arrodillo a su lado tomándole con sus manos el rostro sonrojado de Kagome.

—Hn… Si —No sabia que era lo que le sucedía.

—¿Cómo te sientes? —Le pregunta inmediatamente, tratando de que pusiera atención a las palabras.

—Estoy bien, no se preocupen. Lo siento me distraje, podemos continuar. —Expresa al ponerse de pie, pero aun se sentía abrumada, pues al estar parada puso una mano rápidamente en el tronco del árbol.

—Nada de eso, hasta aquí llego el entrenamiento —Le expresa con una mirada seria, llena de determinación. —Ichigo querida, ¿Serias tan amable de llamar a Hiroshi? Tienen que curar esas heridas.

—Claro que si Señora, enseguida —Sin decir menos sale del lugar, volviendo rápidamente con la Inugami.

—Irasue sama, me encuentro bien. No es para hacer tanto escandalo, es solo una herida superficial. —Le dije con el seño fruncido, la estaban subestimando.

—¡Tonterías! El entrenamiento ah terminado, eh dicho Kagome —Le dice al salir del lugar con una sonrisa, pidiéndole a Ichigo que le acompañara. A pesar de lo oposición de Kagome, Hiroshi la llevo a su habitación en brazos, pues la Youkai azabache se sentía un poco humillada, por el desenlace del combate y trataba de aparentar fortaleza, pero era cierto que no se sentía de la mejor manera, aun estaba un poco mareada y había perdido una buena cantidad de sangre, la herida no era grave, pero aún así se tenia que cuidar.

—Mi Señora, podría retirarse sus ropas para curarla —Le pidió un momento después de que la deposito en el Futón.

—Esta bien, pero Hiroshi sabes que no es para tanto —Agrega, haciendo a un lado sus ropas del parte del área lastimada. Estuvieron así por unos minutos, soltando un escaso gemido al momento de ser tocada.

—Perdone —Dice volviendo a limpiar pero esta vez con mas delicadeza.

—Esta bien, no es para hacer alboroto. —Estaba un poco molesta, desviando su mirada al horizonte. Por un instante capto un aroma que no supo identificar, pero fue algo de un instante, frunció el seño con fuerza queriendo descifrarlo le era extraño.

—¿Que no es para ser alboroto? —Escucha desde la entrada del lugar, era Irasue quien venia llegando —Kagome querida, es para hacer alboroto. No a diario llevas en tus entrañas a mi nieto, sangre de mi sangre.

—Nieto… —Musito, con los ojos perdidos en el horizonte aun, sin despegar la mirada, sintiéndose nuevamente abrumada, pero esta vez era diferente, sintió un cosquilleo recorrerle el abdomen junto con un vértigo.

—Así es Kagome, ¿Ahora lo entiendes? Vas a ser madre, y por lo tanto debes de cuidarte pequeña, veras que mi nieto será fuerte. Todo un dolor de cabeza como su padre— Expresa con una amplia sonrisa.

¿Un hijo? ¿Un pequeño en su interior? Se le acelero el corazón con fuerza, sentía como golpeaba con rapidez contra su pecho, podría pensar que se le saldría. Estaba un poco ansiosa, sentía como las lagrimas se querían acumular en sus ojos, rozándoselos, luchando por salir ¿Seria una buena madre? ¡Por dios! Se estaba repitiendo las cosas, ella peleando sin saber de su existencia. ¡No esta vez no! Ella era mas fuerte, había entrenado para mejorar y lo había hecho, protegería a su cachorro con su propia vida.

Inconscientemente se llevo una mano a su abdomen, acariciándoselo. Lo amaría como nadie podría hacerlo, sintió que no podría estar desde ese momento sin él. Olvido todo a su alrededor, simplemente se recostó para descansar sumida en sus pensamientos, decorando su rostro con una sonrisa ensoñadora.

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No supo en que momento se quedo dormida, pero ya habían pasado algunas horas, tenia hambre y con justa razón ya debería de ser hora de la comida. Se incorporo con cuidado, tratando de que sus movimientos fueran lo mas delicados posibles, sonrió recordando la noticia, acaricio su vientre, dejando su mano ahí por unos momentos, transmitiendo su calor en aquella área. La puerta se abrió llamando su atención, era Irasue junto con Ichigo y Hiroshi quienes venían con una bandeja de comida, una tetera. Rápidamente Ichigo tomo la mesa que estaba en la sala siguiente adentrándola a la habitación de Kagome, colocándola junto al ventanal cerca de su futón.

—¿Cómo se encuentra la futura madre? —Pregunta Irasue sentándose junto con ella, en uno de los cojines, también se les invito a estar ahí a Ichigo e Hiroshi, pero pensaron de era un asunto mas familiar que nada, así que le dieron sus felicitaciones a Kagome y salieron del lugar felices, Ichigo había hecho una muy buena amistad con Hiroshi, era una Youkai de una ética enorme, además de que tenia una gran fidelidad hacia sus amos.

—Gracias por la comida —Agradece al momento de poner los platos apilados, sobre la bandeja, haciéndolos a un lado.

—No agradezcas, hay que cuidarte ¿Te duele la herida? —Pregunta sirviendo el té.

—Lo normal, nada de que preocuparse. Estoy mas bien nerviosa, por la nueva noticia —Tomando la taza que se le ofrecía. —La verdad es que no se como reaccionar, pero me siento feliz.

—Es completamente justificable, pero veras que te sentirás mas cómoda con el tiempo —Explicaba.

—Lo sé, Señora me gustaría agradecer todo lo que ah hecho por mi —Explica con una mirada seria.

—Hija, no hay nada que agradecer, somos familia. Sinceramente ahora estoy completamente de acuerdo con Sesshomaru, eres una buena Youkai, amable y poderosa. Yo debería de agradecerte por estar con mi hijo. —Le contesto, en el momento que le daba un sorbo a liquido cálido en la taza.

—Sesshomaru… Aún no se como le diré lo sucedido — Responde dando un suspiro, cerrando por un momento los ojos.

—¿Decirme que Kagome? —Pregunta al entrar a la habitación, sobresaltando un poco a Kagome. —Madre —Le saluda acompañado con un movimiento de cabeza, pero frunciendo el seño, dirigiéndole una mirada seria a la azabache.

—Yo… Pues… —La había tomado por sorpresa, sinceramente estaba nerviosa y no sabia como explicarle o mas bien, darle la noticia.

—¿Qué te paso en el hombro? —Se escuchaba un poco molesto, inmediatamente dirigió la mirada a su madre.

—Hijo, deberías de estar mas tiempo aquí y hostigarla menos —Le dice con tono serio.

—Tengo pendientes —Contesta tosco, desviando su atención. —Kagome

—Pues…. Verás, estábamos entrenando, me distraje un momento… —Su corazón latía a mil por hora, sentía como su ritmo cardiaco aumentaba. La adrenalina correr por su venas con presión.

—Lo que tu mujer te quiere decir es que se mareo a consecuencia del cachorro que lleva en su vientre —Exasperada por la inseguridad de la azabache termino de dar la noticia, con palabras breves.

Sesshomaru abrió los ojos en sorpresa, quedándose perplejo, deteniéndose el tiempo a su alrededor. Se quedo de pie observando con asombro a su pareja, detallándola. Terminando su mirada en su vientre, aún no estaba inflamado, pero no dudaba que lo empezará a estar en poco tiempo.

Continuará…