Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola, paso a dejar otro capítulo, espero que los últimos capítulos hayan sido de su agrado y no crean que me estoy yendo por la tangente o cambiando a los personajes principales de la historia, pero creo que las aventurillas de Draco explicarán un poco el final, porque será confuso el final, o eso creo, gracias por sus reviews, follows y favoritos.


Capítulo 21: Un Poco de Verdad.

Lily estaba completamente aterrada, faltaban dos horas para que los invitados comenzaran a llegar y Audrey no llegaba, en realidad, sabía que ella ya no trabajaba para los Cannons, también que le había dejado un esquema bastante detallado e instrucciones por cualquier detalle, no había ni siquiera un minúsculo margen a error Audrey McLaggen lo había cubierto todo, incluso si la escultura de hielo se derretía por completo aun con los hechizos formulados, ella ya tenía una solución, si el vestido de una de las invitadas sufría algún imperfecto, ya tenía solución incluso antes de que ocurriera, pero la había dejado sola, la última semana había llevado a cabo los planes de la chica; seguía en Londres, pero era como si no lo estuviera, incluso su jefe había estado poco tiempo en la oficina.

—Todo está fabuloso.

Lily se giró asustada, el cabello azul de Teddy la tranquilizó, no sabía cómo es que estaba ahí, pero lo estaba.

—Eres tú, casi me da un infarto –se quejó.

—Lo siento, no te he visto mucho en esta semana ni siquiera en la Academia.

—Bueno, tengo un mal trabajo, cuando inicie, me dijeron que… -se quedó callada y el brillo en sus ojos verdes se perdió –perdón, supongo que mis problemas laborales te aburren.

—En realidad no me importan –admitió haciendo que Lily se girara –pero tus ojos brillan cuando hablas de todo esto, así que pretenderé que presto atención mientras me hipnotizas con el brillo en tus ojos ¿de acuerdo?

—Claro –se burló –bien ¿quién eres tú y que hiciste con Edward Lupin? –sonrió.

Se alejó de él, ya con el antecedente de que Victoire gozaba de usar poción multijugos, no iba a ser tan fácil, no quería ilusionarse con las palabras dulces de un Teddy que no era un Teddy.

—Tu jefe fue a hablar conmigo y supongo que tengo que ser más amable.

—Déjalo así, no hay problema, Victoire aceptó mis disculpas ya –admitió.

—Fuiste a verla y pediste disculpas por algo que no hiciste todo porque dije que lo hiciste –negó –a veces soy un imbécil.

—Soy una fabulosa Hufflepuff –extendió los brazos y Teddy la abrazó confundiendo el gesto –no hay nada que perdonar –musitó, el hombre se alejó de ella pero sus rostros estaban bastante cerca.

—Lily ¿Por qué siempre dejas que te hagamos toda clase de idioteces y siempre nos perdonas? –acarició su mejilla.

—Porque eso hace la familia –sonrió –no importa que tanto caigas, tu familia siempre estará ahí para levantarte, eso dice la abuela y confío en que no importa cuán imperfecto seas, tu familia siempre te amará como eres.

—Siempre se burlan de ti –le recordó –siempre somos crueles contigo.

—Siempre acuden a mí cuando quieren algo –sonrió.

—Eso suena horrible –hizo mala cara.

—Teddy –sonrió –somos como un reloj, todos piensan que lo importante son las manecillas, pero yo siempre he sido ese fragmento pequeño y frágil del reloj, tan minúsculo y a la vista tan inservible, pero esencial, para que el reloj avance.

—Ginny te lo dijo ¿cierto?

—Sí, no comprendía lo que quería decir en ese momento, me enojé tanto porque me dijera minúscula y frágil, que le tiré su trofeo a la cabeza, sangró demasiado, pero aceptó el golpe –sonrió con melancolía –creo que mi madre siempre ha visto algo en mí que ni siquiera yo puedo ver, pero es mi madre ¿Qué se puede esperar de una madre? –Bromeó –si va a venir ¿cierto?

—La amenazaste, por supuesto que va a venir.

—Menos mal –sonrió.

Teddy prefirió sostenerla junto a él al momento de aparecerlos en el apartamento, esperó a que Lily se duchara, salió con un vestido gris, un poco ceñido, haciéndole lucir hermosa, sonrió como idiota, y notó el rubor en sus mejillas.

—No sé porque no te has arreglado –lo reprendió.

—No fui invitado –le recordó.

—Por los calzones bombachos de Merlín, Teddy, claro que estás invitado ¿cómo piensas que llegue ahí sino es contigo?

—Bueno –el corazón le latió deprisa, sabía que se refería a que si iba por red flu su vestido se arruinaría, pero aun así, su corazón se agitó –pensé que irías con Jarvis.

—Tienes media hora para lucir como el hombre más atractivo del mundo mágico o te llevaré como estés –amenazó.

Teddy sonrió y avanzó hasta la ducha, ya no estaba estresada como cuando la encontró, y su actitud mini Ginevra siempre le había parecido encantadora.

Se duchó rápido, intentó mantener su cabello castaño pero se tornaba azul, así que dejó de luchar con eso y salió, la pelirroja le sonrió y silbó.

—Vaya, seré la envidia de la noche –bromeó Lily.

—Me haces sentir como una chica adolescente –negó con una sonrisa.

—Me parece bien –le tendió la mano.

—Si quieres ir conmigo, tendré que sostenerte cerca –la pegó a su cuerpo, Lily tragó saliva y lo observó sonreír engreídamente, sabía que le provocaba. Teddy sabía que lo quería. Y eso la paralizó por completo.

Aparecieron en el lugar cuando ya habían llegado bastante de los invitados, salvo que su madre, y su jefe no habían llegado.

—Gracias –sonrió y se alejó de él, huyendo, lo mejor que podía hacer.

No sabía cómo es que Teddy se había dado cuenta de lo que sentía por él, pero no había nada más vergonzoso que eso, porque él era atractivo, seductor y siempre se fijaba en todas las chicas, menos en ella, y eso hacía de su convivencia, algo imposible, iba a mudarse, definitivamente de ahí.

Lily le sonrió a Audrey cuando llegó con Draco Malfoy, él ya le había dicho que ella lo iba a acompañar, suponía que su orgullo se negaba a dejarle saber a su ex esposa que estaba solo, así que prefería que lo vieran con alguien, y que mejor que con una de sus empleadas, donde sólo había algo meramente profesional.

— ¿Vienen juntos? –preguntó una de las reporteras.

—Sí –contestó el rubio serio.

—Me refiero a que si son pareja –sonrió.

—No –intervino de inmediato Audrey –no lo somos.

Se alejó de él, para que contestara las preguntas de la prensa y ella fue hasta Lily, la besó en la mejilla y la abrazó con una suave sonrisa.

—Todo te ha quedado magnífico –la aduló.

—Tú lo planeaste todo, Audrey.

— ¿Y? Fuiste tú quien lo llevó a cabo, no yo, y eso que le pedí al señor Malfoy técnicamente que me dejara planearlo, pero para ser tu primer evento, has hecho un maravilloso trabajo, lástima que quieres desperdiciar todo este talento en los Aurores.

—El señor Malfoy te pagó para que me convencieras de quedarme en la empresa ¿cierto?

—Yo le pagué a él para que te suplicara quedarte en la empresa –sujetó una copa con champagne y bebió un trago.

—No puedo creer que hicieras algo así –admitió la pelirroja.

—Ya sé que no estás acostumbrada a que alguien haga algo así por ti, pero te lo diré honestamente, Lily, eres asombrosa, y a la mierda si los demás te dicen lo contrario, sabes la capacidad que tienes, no te detengas por lo que un idiota te diga, desde que te vi en Hogwarts yendo de un lado a otro con tus enormes libros supe que eras alguien a quien sin duda me encantaría tratar, pero estaba demasiado sumergida en mi mente inmadura creando prototipos demasiado altos en mi vida.

—Dime uno –sonrió.

—Trabajar para él –se giró un poco y observó a Malfoy padre, siendo rodeado por la prensa, pero aun así, le sonrió y observó como si compartieran más de un secreto, y Lily no comprendió la mirada que le otorgó a su amiga.

—Pero ya no quieres trabajar para él.

—Le dedicaría mi vida completa a trabajar con ese hombre Lily, cuando tenía diez años, y me la pasé toda la tarde temblando en su oficina porque Scorpius me tiró al lago, y lo vi mantener una charla de negocios, supe que no descansaría hasta que él me enseñara todo.

—Así que ya aprendiste todo, por eso te marchas y nos dejas a los dos.

—Él me enseñó muchas cosas, sobretodo que las oportunidades se dan sólo una vez en la vida y tienes que aprovecharlas, así que en cuanto el abuelo de Jarvis me dijo que podrían buscarme para ese empleo, no lo pensé dos veces.

—Él no se ha visto muy feliz porque dejas el trabajo.

—Tengo la esperanza de que la próxima vez que vuelva, ocupes la oficina de McKenzie –sonrió honestamente –y no te preocupes por ello, he decidido pagar por todo lo que él me ha otorgado estos dos años –Lily sonrió –no importa que mi corazón se destroce –musitó para ella misma –llegó tu mamá –sonrió –déjame conocerla, es tuya la mayoría del tiempo ¿bien?

—Bien –aceptó Lily.

Draco observó hasta donde estaban Audrey y Lily, pero ahora sólo estaba la pelirroja observando en todas direcciones asegurándose de que todo estuviese en orden con los invitados, su mirada gris vagó por el lugar, hasta que la encontró, estrechando la mano de Ginevra Potter que acababa de llegar al lugar, y tal parece que la prensa lo notó en su rostro, porque giraron y al ver a la corresponsal de Quidditch del diario el Profeta, fueron hasta ella.

—Es un placer que esté aquí –aduló la rubia.

—Gracias por invitarme, pero no era necesario, mi hija ya me había obligado –sonrió encantadora la mujer.

—Es tan adorable como su hija –juntó las manos la chica.

—Eso no dice mi hijo James cada que me enfado –aceptó.

—No importa lo que diga James, usted es increíblemente fabulosa –sonrió.

—Supongo que tu jefe tiene que ver en que me invitaras ¿cierto? –Elevó una ceja –sé qué haces muy bien tu trabajo y que eres su mejor contratista, creo que él es todo lo que es por ti.

—En realidad ambas sabemos que es todo lo que es por usted ¿no?

—No sé de qué me hablas –sonrió.

—Usted es una leyenda, no sólo por ser jugadora, sino por ser la eterna obsesión del jefe a lo largo de los años, todos sabemos que él la quería para que jugara en los Chudley Cannons pero usted se negó, por lo tanto, él comenzó a subir los estándares para la reclutación, estándares que sólo alguien con su talento superaría, así que si el equipo se volvió lo que es, fue por usted.

—Claro –suspiró –olvido esa parte de mi vida.

—Entonces también olvida la parte en la que estaban enamorados, o al menos él de usted, no puedo decir si era mutuo porque sólo conozco los sentimientos de Draco por usted.

—Hay algo entre ustedes –confirmó la pelirroja y negó –le gustan las chicas jóvenes, es lo que veo.

—Le gustan las mujeres en general, y no, no hay nada entre él y yo, salvo que soy su mano derecha, y él jamás ha dicho su nombre, siempre dice la mujer que amo, porque lo sigue diciendo en esas palabras.

—Él ya no me ama –informó –sólo se ha quedado en el pasado eso es todo.

—Yo quise pensar lo mismo, pero veamos su rostro en cuanto la vea, y las dos sabremos que tanto usted como él no han dejado muy atrás su romance, las peleas públicas, el hecho de que le pidiera que contratara a Lily en los Cannons. Él jamás lo hubiese hecho sino lo hubiese autorizado usted primero, por mucho que Scorpius le pidiera que le contratara, conozco a mis amigos, a mi jefe, por lo tanto, lo único que desconozco siempre, lo atribuyo a usted, las idas del señor Malfoy a América, todas y cada una de sus salidas de Gran Bretaña concuerdan con sus reportes en el Diario el Profeta ¿lo piensa negar? –sonrió.

—Sólo somos amigos, y lo hemos sido siempre, no es nada más allá.

—Él dejó a su esposa por usted, sólo quería que lo supiera –se alejó la chica.

La prensa la abordó en cuanto Audrey se alejó, era increíble como a pesar de los años seguía negando lo que sintió y sentía en ese momento por Draco Malfoy, pero ella no necesitaba ser muy inteligente, sabía cómo era amar a Draco Malfoy, y sólo Ginevra Potter podría adivinar que entre ellos había algo íntimo si siguiese sintiendo lo mismo por él.

—No te ves muy bien –Audrey le sonrió a Teddy, que para su sorpresa, lucía increíblemente apuesto.

—Teddy ¿cómo puedes andar por el lugar luciendo así y no estar con Lily? –Frunció el ceño enfadada –sólo por eso bailarás conmigo –lo sujetó de la mano y lo llevó a la pista de baile.

—Yo no soy la pareja de Lily –le recordó –sin embargo tú estás intentando huir de Malfoy, que por cierto, tengo la sensación de que sus ojos son capaces de lanzar la maldición asesina –giró con ella para que la rubia pudiese observarlo.

—No le agradas –admitió.

—Siempre pensé que no le agradaba por Lily, ya veo la verdadera razón ¿le has dicho que te gustaba en el colegio? –sonrió de forma encantadora, el metamorfomago habiendo descubierto la debilidad de Malfoy padre, iba a explotarla, así como él se comportaba así para hacerlo explotar.

—Más de una vez –admitió –no sabía que eras su sobrino hasta que él me lo dijo.

—Sí, es una parte de mi árbol genealógico que oculto –se burló.

—Él es asombroso, sólo necesitas darle una oportunidad.

—Lo creería si no huyeras de él, lo creería si no estuvieses enamorada de él.

—Tiene que ser algo de los Black –aseguró la rubia cuando él la alejó para darle la vuelta y volver a atraerla contra él, de forma que luciera que tenía más que un interés casual –lo estás provocando.

—Él me provoca con Lily –admitió –he descubierto su debilidad, que ciertamente eres tú, así que lo aprovecharé.

—Entre él y yo…

—Sé cómo se observa a una mujer, Audrey, soy metamorfomago, pero también soy hombre –se acercó a ella y la estrechó contra él –sé que su vida íntima es demasiado privada, así que lo diré en privacidad –susurró en su oído –Draco Malfoy te ve como yo observo a Lily, con cierta posesión, pero la de él es más profunda, porque tienen una vida sexual activa ¿me equivoco?

—Sí –admitió manteniendo su distancia –podría cooperar para ponerlo celoso, pero jamás le haría algo así a Lily, admito que yo decidí hace un tiempo tomar la poción para no concebir y lo he hecho por dos años, todos los días sin falta esperando que en algún momento él pudiese hacerme suya en un momento de completa debilidad, pero él me tocó por primera vez hace una semana.

—Así que ese amor nuevo del que él hablaba eres tú –sonrió –al menos sigue sus propios consejos.

—Él está enamorado de una pelirroja que conoces muy bien.

—Me estás diciendo que Lily…

—Estoy hablando de Ginny, tonto –se burló.

—Claro, ya lo sabía –se encogió de hombros.

—Y si él te ha dado un consejo sobre perseguir a quien amas, hazlo, ve a bailar con ella –se alejó y avanzó hasta la mesa principal para tomar asiento.

Teddy no necesitó de más, su cabello que extrañamente se había quedado en castaño por una hora, volvió a ir y venir, observó a la pelirroja que daba órdenes a diestra y siniestra, se llevó las manos a la cadera y sonrió educadamente al mago que tenía frente a ella.

—Me halaga –admitió la pelirroja.

—Entonces acepte un baile conmigo –extendió la mano.

—Lo siento, pero ella bailará conmigo –informó Teddy detrás de la pelirroja, haciendo que se tensara.

—Ella ha expresado no tener pareja…

—Sentimental –aclaró Teddy –pero sin duda ha llegado a este evento conmigo así que por lo tanto, es mi acompañante, y es una falta de respeto bailar con alguien más.

—Ignórelo –pidió Lily y sujetó la mano del mago que la dirigió a la pista de baile.

Los celos no eran algo a lo que estuviese acostumbrado, Teddy Lupin siempre había sido un chico tranquilo, centrado y cordial, con ninguna de sus novias, incluyendo cuando Victoire comenzaba a gustarle, se había sentido de tal forma, y ver a la pelirroja siendo sujetada con cierto descaro de la cintura, siendo guiada al ritmo de la música se le hizo insoportable.

—Es tan buena la venganza –se burló Malfoy junto a él.

—Debí suponerlo –lo observó de reojo.

—La diferencia entre tú y yo, Lupin, es que sé lo que hago, Lily no iba a negarse a bailar con ese mago, porque le he pedido que lo impresione porque quiero hacer negocios con él –sonrió divertido –por lo tanto, lo pondrá sobre ti toda la noche.

—Vaya, en ese caso, tendré que ir por Audrey y sacarla a bailar, ya que no quiere hacerlo con quien vino al lugar –sonrió.

—Lo admito, descubriste mi debilidad, puedo perder todo lo que tengo, pero no voy a ceder y perderla a ella.

—Es muy joven para usted ¿no lo cree? –se burló.

—Lily lo es para ti –contraataco.

—Ella no podría ser mi hija –gruñó.

—Pero claramente sí tu hermana menor, de igual forma, Lupin –bajó la voz y se acercó a él para susurrarle –aquí, el único que tiene conflictos con su edad, eres tú, ni siquiera me importó el hecho de que pudiese ser mi hija cuando le hice mía.

La sangre se le heló por completo, se quedó pegado al piso y la sonrisa de Lily para el mago que la sostenía terminó por romper el encanto, ¿por qué Draco Malfoy le había impulsado para luchar por Lily? Si al final, él ya la había obtenido.

—Teddy ¿está todo bien? –le interrogó Ginny.

—Pregúntale a tu hija, que se acostó con el idiota de Malfoy –bramó enfadado y se alejó de ella.

Ginevra Potter giró hasta el evento, ubicó de inmediato a Draco, hizo un movimiento de cabeza que el rubio entendió de inmediato y la siguió.

La pelirroja cerró la puerta cuando hubo entrado el hombre, murmuró algo y después lo encaró, haciendo que él simplemente sonriera.

—Te has vuelto descarada ¿he? Fuiste tú la que me pidió que mantuviéramos un bajo perfil con nuestra amistad, y lo he hecho por más de veinte años.

—Ya sé que has sido bastante discreto, y que la forma en la que nos demostramos que nuestra amistad sigue siendo como cuando inició son esas tontas riñas a través de la prensa, Draco –bramó y lo empujó –sé que hemos tenido nuestras diferencias también, y que no me perdonaste jamás que eligiera a Harry en lugar de a ti.

—Pensé que había sido al revés, que jamás me perdonaste que eligiera a Astoria antes que a ti, pensé que me habías dejado de hablar el día en que te enteraste que planeaba pedirle que se casara conmigo.

—La noche anterior me habías llevado a tu apartamento –sonrió –había bebido whiskey de fuego, pensaste que estaba lo suficientemente ahogada como para no recordar que me dijiste que me amabas.

—Al parecer sólo me enamoro de chicas ebrias que llevo a ese apartamento –bromeó y Ginny le observó confundida –olvídalo, te lo dije, estoy de acuerdo con ello, pero mi padre quería que mi esposa fuese Astoria Greengrass, una mujer que pudiese restablecer el honor y prestigio que perdió el apellido Malfoy después de la guerra.

—Es que una Weasley no podía hacer eso –chilló –peleamos junto a Harry, teníamos más prestigio que nadie en ese momento, y la preferiste a ella.

—Jamás, a lo largo de este tiempo me dijiste que me amabas, Ginevra ¿Qué pensaste? –Soltó enfurecido –has sido un amor imposible para mí por tantos años, has sido la sombra de mi matrimonio, de mis amantes, incluso ahora que creo que hay una persona a la que no merezco pero que me ama, estás tú, metida entre mi felicidad.

— ¡Me entregué a ti por primera vez en lugar de a Harry! –Le recriminó –si para ti eso no es amar, no sé qué es –observó a otro lado y volvió a mirarlo –me entregué a ti más de una vez, Draco, y cuando por fin te animaste a decirme que me amabas, te fuiste tras Astoria –una lágrima cayó por su mejilla –y sin embargo yo siempre he sido la villana en tu historia, siempre he sido yo la que te abandonó por irse con Harry, pero no fue así, me casé con él como mi último recurso, porque sí, sabía que te dolería que de todos los magos en el mundo, lo eligiera precisamente a él.

—Incluso te casaste antes que yo –se burló Draco.

—Y ahora te vengas de mí acostándote con mi hija, enamorándola –negó.

—Las cosas no son así –Ginny lo observó enfurecida y lo golpeó.

— ¡Por supuesto que lo son! –le gritó.

—Yo no estoy enamorada de él –informó Lily en la puerta, haciendo que Ginny se girara –posiblemente usé al señor Malfoy, pero a él no le interesa ser usado –se burló.

— ¿Por qué él? –cuestionó Ginny.

— ¿Por qué mi padre y no otro? –Negó – ¿papá sabe que no lo amas?

—Lo sabe, de la misma manera que yo sé que él no me ama –contestó Ginny suspirando –qué más da que lo sepas ya –informó –No fuiste al único que le pidieron que se casara con alguien –observó a Draco –si te hubieses negado a casarte con Astoria, posiblemente ella te lo hubiese agradecido ¿jamás pensaste la razón por la que sólo quiso darte un hijo? –Negó y sonrió –porque jamás te amo.

—Tú debiste amar mucho a Potter, le diste tres –soltó con sarcasmo.

—Sí, con dos años de diferencia y con tres años de diferencia –observó a su hija –cada que tomábamos el valor de hacerlo, terminaba embarazada.

—Ustedes se veían tan enamorados –soltó Lily decepcionada.

—Bueno, si íbamos a pasar toda una vida juntos, que mejor que llevarnos bien, si íbamos a actuar, lo haríamos lo mejor posible –negó.

—Cambiaron de pareja –se burló Lily –esto es increíble.

—Eso ya está en el pasado realmente –informó Draco.

—Por supuesto, tan en el pasado que tu secretaria me envía invitaciones para cada evento, sino me crees puedes preguntarle.

—Mi secretaria jamás haría eso sin mi consentimiento –bramó y Ginny le aventó la invitación a la cara.

La vista de Draco se perdió en la suave caligrafía de Audrey, ella había invitado a Ginevra, si bien él en un momento le había pedido a Lily que la llevara, fue antes de que se planteara su situación ante un tipo que le caía mal.

—Audrey McLaggen no es mi secretaria –le informó y avanzó hasta ella –pero lo nuestro está en el pasado, quedémonos sólo con la amistad que hemos logrado conservar, si es que el hecho de que me acosté con tu hija no te hiere demasiado, pero sólo eso, Ginevra –acarició el rostro de la pelirroja y le besó cerca de los labios, para ir hasta la puerta –por cierto –observó a Lily –tengo que disculparme contigo, en un momento inestable le he dicho a Edward Lupin lo que ocurrió entre nosotros.

—No tiene por qué disculparse, señor Malfoy –le sonrió.

—Nos veremos después –salió del lugar.

Ginny se giró para enfrentar a su hija, si bien sus hijos mayores ya estaban al tanto del secreto del matrimonio Potter, su hija menor no, y la forma en la que se enteró no era de la manera que quería que se enterara.

—Te acostaste con él –la reprendió –de todos los magos en el mundo, elegiste a Draco Malfoy, Lily.

—No fui la única, al parecer tenemos algo más en común aparte del pelo, mamá, el mismo hombre nos aventuró al sexo –se burló –estás enfadada.

—No contigo –admitió –con él, porque al menos tú eres inocente, no sabías nada, pero él…

—Yo inicié esto, él no estaba muy convencido de hacerlo.

—Es Draco, lo conozco demasiado bien, no se negó en ningún momento.

—Tal vez me llevó a la cama pensando en tu yo de hace treinta años, pero en realidad me acosté con él porque es atractivo, y comparto cierta química con él, mamá, y porque en el fondo sé que no podré tener al hombre que quiero.

— ¿Quién es ese hombre? –pidió.

—Teddy, y antes de que lo digas, sé que…

—Eres una tonta –soltó su madre haciendo que Lily retrocediera dolida.

—Mamá –susurró.

—Lily –le sonrió y soltó una carcajada divertida –si es Teddy quien te gusta ¿por qué no me habías dicho? –La abrazó –oh tontita –rió –siempre pensé que estabas enamorada de Lorcan.

—Lorcan, espera, ¿qué? –Frunció el ceño y se alejó de su mamá –pero ¿cómo pudiste pensar que me interesaba el novio de mi primo? –chilló.

—Bueno, te gusta el ex novio de tu prima –le informó.

—Sí, pero a Ted al menos le gustan las chicas, no como yo, pero chicas, al fin de cuentas ¿no? –sonrió.

—Sabía que esa forma de empujarte hacia él que James tenía últimamente significaban algo –sonrió.

—Es que ni siquiera lo sabe –informó –nadie lo sabe… o casi nadie, siempre pensé que era demasiado obvia.

—Demasiado obvia cada que Lorcan está en casa y lo observas como si fuese tu deseo más profundo, tu padre y yo pensamos en decirte que al menos hicieras un intento con Lysander ya que Lorcan ciertamente no es posible.

—Tiene un dije hipnotizador que le gusta usar conmigo como diversión –le informó.

—Voy a ayudarte a conquistar a Teddy.

—No, no quiero que hagas nada, no le intereso…

—Cariño, si no le interesaras, no se hubiese puesto como loco por la noticia de que te acostaste con Draco.

—Ahora que lo mencionas, cuando James hizo un comentario parecido también se enfadó –observó a su madre como si hubiese encontrado un nuevo uso para la sangre de Dragón.

—Se gustan mutuamente, sabiendo eso, haremos que dé el primer paso, no te preocupes –la besó en la frente y la abrazó.

Lily estrujó a su madre aún más, sabiendo que se metió con el hombre que amaba o amó, la seguía tratando como siempre, como a su pequeña hija, tal vez por eso Lily había decidido dejar de culpar a los demás de las cosas, y perdonar todo lo que le hiriese, porque al final del día, si no dejaba ir todo aquello, a quien terminarían matando sería a ella, y no a los demás.

Regresaron al evento, Draco Malfoy les sonrió al ver que no había ninguna clase de problema entre ellas y se concentró a hablar y observar por los alrededores, Lily no encontró a Teddy por ningún lado, al parecer la noticia que le había dado el señor Malfoy le había hecho irse, pero no entendía porque, ella no había abandonado el apartamento cuando supo que se había acostado con Maya.

Bailó con el mago que le había encargado el señor Malfoy un par de veces y habló de lo mucho que le convenía hacer negocios con Malfoy, no sabía qué clase de negocios iban a hacer, pero tenía que convencerlo de que los hiciera.

—Lily –la sujetó del brazo Draco –una pregunta ¿has visto a Audrey?

—No –admitió seria.

—Puedes buscarla en el baño de chicas por mí ¿cierto?

—Sólo porque sé el escándalo que es capaz de hacer lo haré, no se preocupe, en seguida vuelvo.

oOo

Draco se apareció en el apartamento de Audrey, pero el lugar estaba vacío, cosa que no le agradó, si no estaba por ningún lado del evento, y no estaba en su apartamento ¿dónde estaba?

Se apareció en el antiguo chalet de los Malfoy, ese lugar siempre le había gustado, y siempre la llevaba ahí para tener privacidad después de una junta espantosa, en efecto, estaba ahí, la observó a través de la ventana, tenía puesta una de sus camisas que lucía enorme en el cuerpo esbelto y delicado de la rubia.

—Te encontré –informó asustándola, el frasco se le cayó de la mano y escurrió un poco de líquido por la comisura de sus labios –y ¿qué es lo que bebes? –levantó el frasco y observó una asquerosa poción que olía a rayos.

—Basta, no es veneno –lo tranquilizó.

—No confío en ti en este momento –gruñó y observó el frasco, lo acercó a su nariz y lo alejó de inmediato, permitiendo que la rubia se lo quitara.

—Huele espantoso, no es venenoso.

—Para el esperma lo es –le informó haciendo que se girara –es poción anticonceptiva ¿no es así? –elevó una ceja.

—Lo es –admitió la chica.

—Te hice mía en la tarde –sonrió el rubio –ya podrías estar embarazada.

—La tomé antes y después de estar contigo, Draco, no sólo durante esta semana, sino que la he tomado todos los días, por estos dos años, esperando a que me hicieras el amor, así que no habrá ningún embarazo.

—Siempre he querido más hijos –admitió –pero mi esposa sólo me concedió uno, el heredero varón y es suficiente, dijo antes de envenenarse el estómago con eso.

—Eran bastante activos entonces –se burló.

—En cuanto se embarazó de Scorpius no volví a tocarla, me consolé con otras mujeres –la sujetó de las caderas y besó su cuello –tenía que esperar a que crecieras –bromeó Draco.

—Pervertido –lo alejó y lo besó mientras rodeaba las caderas del hombre con sus piernas delgadas.

Draco avanzó hasta la habitación mientras mordía el lóbulo izquierdo de la rubia, pero ella se negó.

—En el sofá –pidió.

—Chica pervertida, quieres hacerlo en todos lados –gruñó.

—Quiero que hablemos, podemos hacer esto después –aseguró –no es como si a tus cuarenta y cinco tu lívido sexual disminuyera ¿cierto?

—Cierto –intentó evitar que se levantara pero lo logró y se sentó en el pequeño sofá.

—No sé qué haces aquí, deberías estar en tu evento.

—Adivino, besándome y jurándole amor eterno a Ginevra Potter ¿cierto? –sonrió –pues no, estoy aquí, esperando terminar esta charla y llevarte a mi cama, para después, en la mañana ir a la joyería favorita de mi madre y pedir que te hagan una sortija, para hacerte mi esposa –sonrió.

—Yo no quiero ser tu esposa –contestó.

—Yo no quiero quedarme más en el anonimato –informó enfadado –hoy acepté que negaras nuestra relación a la prensa porque no lo hemos hablado y…

—Voy a irme a América, y quiero que lo entiendas.

—Lo sé, y no te estoy pidiendo que te quedes, sé que tienes el derecho de triunfar y que lo lograrás más que yo, por lo tanto, seré yo quien te siga, yo he logrado más de lo que esperaba de mí mismo –admitió –así que te seguiré hasta América, China, donde sea –admitió.

—Quiero ir sola –suspiró observándolo.

—Te arrepentiste de estar conmigo.

—Basta de esto –se puso de pie la rubia –estoy harta, no me amas, Draco, estás enamorado de Ginevra, eso lo sé, te lo juro, estás aquí porque te sientes culpable de haberme enamorado de ti, estás intentando resarcir el daño que sientes que me ocasionaste, pero no me amas, es sólo redimirte de tus actos, y no pienso soportar que estés conmigo por eso.

—Te amo, Audrey –se levantó y fue hasta ella –en verdad lo hago.

—Hemos estado juntos dos años, soportando una tensión sexual que hemos llevado de la ficción a la realidad hace una semana, no hemos salido de la cama técnicamente, Draco, y ser tuya sin duda ha sido lo mejor que me ha pasado, pero es tiempo de avanzar.

—Audrey por favor, estoy aquí, y no con Ginevra no sé qué es lo que pienses ahora, pero no es cierto, te amo, volví a ti aunque ella estaba frente a mí, admitiendo lo que hubo entre los dos hace años, y no estoy en ese evento ostentoso, no estoy en un apartamento con ella, estoy en un chalet horrendo que odio desde que tengo uso de razón porque a ti te encanta ¿qué más quieres?

—De acuerdo –sonrió y se subió a horcajadas sobre él después de empujarlo al sofá –dime de nuevo que me amas.

—Te amo, Audrey –le dijo, sin arrastrar las palabras, observándola directamente a los ojos –realmente lo hago.

—Te amo, Draco.

Los labios de Draco se pegaron a las clavículas de la rubia sobre él, mientras sus manos recorrían la piel desnuda debajo de su camisa, no tenía idea de porque razón se había negado a hacerla suya por tanto tiempo, ahora que la tenía, no quería dejarla ir, se estaba volviendo adicto al aroma de ella, a la suavidad, a tener ese cabello rubio cobrizo en el rostro mientras la tenía sobre él, en un vaivén apasionado, sus labios hinchados de los besos, su rostro sudoroso y sus gemidos de placer, Audrey McLaggen lo volvía loco.

Sus manos sujetaron con fuerza el trasero desnudo de la chica cuando se adentró un poco más en ella al momento de sentirse terminar.

—Posiblemente a partir de ahora me guste este chalet –informó haciendo sonreír a la rubia y la siguió para verla beber otra poción –quiero que dejes de beberla.

—Tienes 45 –sonrió cuando él le rodeó la cintura desde atrás –tengo 20, no quiero hijos a los 20 y menos si vas a seguirme a América, tendré que trabajar para mantenernos –lo besó.

—Veremos quién gana –sonrió Draco.