Capítulo 21: "Cuando la leyenda comenzó..."
Los pasos era urgentes, rápidos, acelerados hasta casi desesperados. La luna media llena crecía en el horizonte oscuro, la luna era su única espía esa noche, la única que contendría algo con que chantajearles. Sus pies eran ágiles y suaves sobres el follaje y las raíces de los árboles.
Corría como un lobo, oculta en la oscuridad, silenciosa como la brisa, rápida como una tormenta, era como uno más.
Sus sentidos al aire, deteniéndose cuando escuchaba algo fuera de lo normal.
Al llevar más de 20 minutos corriendo por el bosque, se detuvo, en un pequeño claro. Una presencia cayo detrás suyo, presencia que le hizo sombra especialmente cuando sus fuertes brazos le amarraron en un abrazo cálido y seguro, luego un beso en su cuello y un susurro en su oreja.
Se giro para ver los hermosos y tranquilos ojos de su chico. Ojos grises como la tormenta, su rostro afilado bajo para atrapar sus labios en un tierno beso.
-. Te he echado de menos, pequeña- susurro y le dio un corto beso en la frente- me alegra que hayas recibido mi carta, no estaba seguro con el mensajero"
-. Mi niña jamás me defraudaría
-. Confiare en ese pequeño peludo entonces
-. Ni lo dudes- y se abrazo nuevamente a el. Oliéndole, ese aroma que a ella le volvía la carne de ganilla. Pero aun así el miedo creciente le hizo temblar un poco y se aferró aun más a él
-. ¿Qué ocurre, pequeña?- pregunto retirándole mientras le tomaba del rostro
-. Todos se preparan para la batalla, mi padre, mis hermanos. Mi familia me quiere casar con la familia Malfoy por si me quedó sola
-.¿Qué?- pregunto preocupado. Sus ojos destellaron de tristeza, los ojos de ella se tiñeron de lagrimas- esto no puede estar pasando- susurro y le pegó la cara a el costado de su cabeza.
-. Tengo miedo, no quiero... quiero estar con tigo
-. Yo igual, mi niña. Te amo tanto
Los besos no se hicieron esperar, la toco hasta que escucho de ella un gemido frustrado, la hizo suya como jamás creyó poder hacerlo por alguien, camuflándose en su cuello, mordiendo y besando sin poder detenerse. La quería consigo, no quería separarse por una mera estupidez de sus padre. La guerra que se ejercía era una senda estupidez. Ambos Salazar Slytherin, su padre y Godric Gryffindor, el padre de ella deseaban colocar bajo su mando, bajos sus descendencia el tan hermoso y estimado colegio de brujos que ellos y dos brujas más habían hecho crecer durante años. Ambos se peleaban por poder, luego de haber sido los mejores amigos del mundo. Ese había sido el día, aquel día en que le iba a pedir la mano de la joven a su padre, ambos había discutido, una discusión demasiado fuerte que había llevado a la separación de ambos, de ambas familia. Amaba a esa niña más que nada en el mundo, la amaba porque era demasiado inocente cuando quería, demasiado fuerte cuando era la ocasión y tan hermosa que ni se comparaba con las damas consorte de sus hermanos mayores. Pero ahora, saber que le iban a casar, le daba demasiada angustia, la quería demasiado para dejar que alguien más le pusiera una mano encima. La amaba demasiado...
Un aullido lejano hizo que ambos se levantaran un tanto soñolientos, ya era muy adentrada la noche. Se vistieron rápida y concienzudamente si dejar de sonreír un tanto estúpidos. Cuando ya se iban a separar, el chico se sacó una cadenita del cuello y enrollándole, se la puso en la mano.
-. Esto era de tu madre...- susurro al ver el hermosos grabado
-. Y ahora es tuyo, mi niña. Recuerda que te amo mas que nada. pase lo que pase, recuérdalo...
Le tomo el rostro y deposito un suave beso, tierno, cálido lleno de sentimientos. Te amo...
Un segundo aullido, hizo que este desapareciera por el sentido contrario en el que iba ella. Se quedo unos momentos observa la silueta perderse entre el follaje del bosque, una única lagrima cayo de su rostro al percatarse que tal vez no le vería más, un destino doloroso.
Comenzó a escalar por la piedra que llevaba a su habitación, la luna crecía allí dándole la luz de una ladrona en plena acción. Su habitación estaba a oscuras, solo debía aparecer allí, con lo fácil que era aparecerse, ¿Por qué su padre tenía que ser tan buen mago? Lo sentía todo, por eso utilizaba métodos muggles para hacerlo todo, para no ser pillada.
Abrió la ventana como pudo, cuando puso una mano en el alfeizar casi se deja caer con el corazón desbocado. Un par de manos completamente diferentes, la agarraron fuertemente y la tironearon hacía adentro. Podía sentir el corazón en la garganta y gran parte de su cuerpo entumido por la sorpresa y el miedo que comenzó a aflorar en ella, en ese exacto segundo en que sus hermanos le habían encontrado.
A comparación de sus hermanos mayores, ella era una jovencita de 18 años demasiado loca, intranquila y con una magia débil y poca estable. Nada que no fuera verdad, en lo único que ella disfrutaba era la magia oscura. Orgullo de su tío Salazar hacía años atrás. Para su padre, alguien que tenía un futuro mas que muggle que bruja, pero aun así, era su única hija mujer, la viva apariencia de su madre. Su padre igual le quería, porque su padre tiempo atrás tan bien se había dejado consumir en la magia negra cuando su madre murió por peste. No le culpaba a ella, se culpaba a el mismo.
Su hermano mayor Ask, era comandante de las fuerzas de su padre, tenía 33 y ya estaba casado con 2 hijos, su otro hermano mayor Valerius, 28 años su esposa murió al tener a su primer hijo, excelente mago de defensa, y su hermano pequeño, Facto, de 16 años, un indómito luchar de arco y flecha. El trío, trío sumamente explosivo cuando quería e horriblemente sobre protector había hecho guardia en su habitación durante toda la noche.
Se soltó de ambas manos cuando estos, a oscuras le apretaron el brazo más fuerte de lo necesario. Vio en la plena oscuridad, aquellos ojos que daban de dar a respetar en campo de batalla, una mirada dura y fuera de sentimientos fraternales a con ella. Su hermano pequeño estaba sentado en su cama, mirándole un poco más tranquilo.
-. ¿Dónde estabas?- gruño Ask, mientras daba un paso al frente, tapando la poca luz que entraba por la ventana
-. En el rió- susurro recomponiendo la voz
-. ¡no mientras!- saltó Valerius- fuimos al rió y no te encontramos
-. Estaba cerca de la cascada
-. ¡había movimiento en las lindes!¿Qué hacías fuera de las fronteras?
-. Yo no he salido de las fronteras- mintió enojada, encarando a sus hermanos mayores.
-. Papá no sabe, y sabes perfectamente que su Legeremancia es mucho mas fuerte que tu oscuras protecciones. ¿Quieres ir a verle? De seguro le interesara poque haz llegado de tan tarde...- comenzó Valerius, mientras su voz se iba colocando rasposa, llena de cierta maldad
-. Dinos donde estabas, Fe, podemos ayudarte- la voz tranquila y suave de su hermano menor. Le hizo tranquilizarse un poco- ¿Con quien estabas?
-. No estaba con nadie
-. No mientas- se altero Ask- debo recordarte que estas comprometida con Lord Malfoy, es una familia antigua y se excelente linaje. Deberías estar contenta, no viéndote con algún campesino o muggle de poca monta
-. ¡no me he estado viendo con nadie!
-. ¡deja eso!- Valerius ya estaba alterado, pero fue Ask quien le agarro de un brazo y la tironeo hacía arriba, colocándole de puntillas. Un gemido ahogado salió de la boca de la chica. Los 4 presentes se quedaron callados al escuchar como una de las sirvientas iba en búsqueda de su padre. Cuando lo escucharon marcharse por el pasillo- ¡revísala!- gruño.
-. ¡suéltame!- le gruño mientras gemía bajito por lo brusco de la atrapada- me duele- se quejó...
Valerius llegó a su lado en el momento en que haciendo una movimiento con la varita, una luz fuerte le pego en los ojos dejándole levemente encandilada. La mano de su hermano era rasposa cuando le tomo la barbilla y le levanto el cuello. Ella se quejó al momento en que trato de golpearle, pero Ask se las tomo firmemente. El gruñido salió de su boca tal vez al ver las marcas de los labios y dientes de Fenrice. Le tomo el pelo y tirandole un poco se lo llevó al olfato.
-. Tierra y hojas...- susurro. Ella había comenzado a llorar, horrorizada, asustada. Cuando le soltaron ella se acurruco en el suelo.- estuvo con alguien- siguió. El gruñido mas ronco de su hermano mayor le hizo temblar, mas aun cuando este le levanto de un brazo aún mas brusco y como una tenaza le agarro la cara llorosa para que le viera a los ojos
-. ¡¿Con quien estabas?!- dijo. Ella le negó la mirada- ¡¿Con quien estabas?!¡maldita sea!
-. ¡ese maldito, hijo de la serpiente!, ¿No es cierto?- pregunto Valerius, arrinconándole. Que le dejaran por favor, que le dejaran. No podía aguantar sus palabras tan duras, tan llenas de odio que le estaban dando, quería estar muerta, probar su vida en otro lugar.
-. Enviaremos mañana mismo por lord Malfoy, te casaras mañana mismo si es necesario. Si esa maldita cosa ya te toco, no voy a permitir que nuestro apellido quede en el suelo por vuestra culpa
-. Es por lo único que te preocupas- siseo la chica hipando- tu y tu maldito apellido. Fenrice era tu amigo, creciste con él...
-. Su padre.
-. Yo odio el mío, los odio a ustedes, ¡los odios!- le grito. Mientras empujaba a Valerius, este le agarro la mano para no permitirle salir de la habitación. Mas ella completamente desquiciada de dolor, le tomo con la otra mano este
-. Crucio!- susurro, la magia llegó a sus canalizadores, sus manos. Su hermano dio un salto hacía atrás con un grito de dolor que duro el segundo que ella logró correr, correr tan rápido como le fuera posible, escapar de ellos- los odios- fue lo ultimo que escucharon de ella...
-. Fe!- saltó Facto para ir detrás de ella, cuando Ask le detuvo
-. Volverá- susurro ayudando a su hermano, prendiendo las velas y viendo el moretón que había quedado en el brazo de su hermano menor. Pasaron unos momentos cuando pasos apresurados a la habitación hicieron que todos tomaran atención. Su padre, de unos 50 años, miro de un lado a otro con sus ojos avellanos y pareció calmarse
-. Padre- saludaron los tres. Cuando la cara de este se contorsiono al no ver a nadie en la cama de la chica
-. ¿Dónde esta vuestra hermana?- pregunto entrando en la habitación. Los presentes se vieron nerviosos
-. ¿Qué ocurre?- pregunto Ask. Su padre estaba muy nervioso, demasiado. En sus ojos se veía un poco alterado al no ver a su hija
-. Los movimientos en las fronteras, eran de lobos. Del sur una manada que ha venido escapando del invierno, hambrientos. Pero decidme ¿Dónde esta vuestra hermana?
-. O sea que...- comenzó Facto colocándose pálido
-. ¡vuestra hermana!¿Dónde diablos se ha metido?...- pasos se escucharon por el pasillo, a lo que una joven dama apareció por allí
-. Señor. La dama Fe se ha metido al bosque...
-. Fe...
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Llegó al camino mientras se llevaba una mano a la cabeza, agotado. Pero no espero lo que allí estaba. Su padre, en el frente de la casa, junto a una sombra a su lado, y mas atrás respetuosamente sus dos hermanos mayores. Un escalofrió nada agradable le recorrió la espina cuando logró caminar de nuevo hacía allá. Observando al encapuchado con una nota de pánico y miedo. No era humano, de eso estaba seguro.
-. Hijo- saludo su padre con una sonrisa venenosa. Cabía decir que su padre no le quería mucho que digamos. Por el simple hecho de que el nacimiento de el, se había llevado la vida de su esposa- llévatelo- ordeno luego al encapuchado.
El no entendió. ¿Qué ocurría?, se pregunto en el momento en que el encapuchado, se acercó a el como si estuviera flotando, saco la varita a un rapidez sorprendente y apunto a este quien se detuvo en el acto. Atontado vio, unos sorprendentes ojos violeta mirándole acechadoramente. Su padre volvió a hablar.
-. Como no me has servido como he querido durante estos 19 años que te he tenido comiendo de mi casa, te he entregado como esclavo, aquí, al señor Prims, me servirás como regalo de buena fe entre sus fuerzas que me dará en batalla.
-. ¡¿Qué?!- pregunto horrorizado. Pero esta vez no fue su padre quien hablo, si no, uno de sus hermanos
-. Como no supiste tomar las riendas de la situación con tu querida Fe. Hermosa dama debo decir, y con unos niveles de poder mágico sorprendentes en nuestras creencias. No supiste ganártela, ya nos enteramos de que se va a casar con Malfoy. Es mejor de que sirvas en otros ambientes, de que no nos dejes en vergüenza...
-. ¡ya! Callad- le ordeno su padre. El se estaba mareando, realmente no concebía las palabras que allí, su "familia" le estaba diciendo
-. ¡vamos!- susurro la voz del sujeto. Él se crispo y negó
-. ¡no voy a ningún lado!
-. Que temperamental...- siseo. En el momento en que apareciendo y desapareciendo de un momento a otro, su figura lo cubrió en sombras...
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Corría, corría tan rápido como podía. No sabía hacía donde iba, o hacía donde quería ir. Tenía ojos nublados en lagrimas, de miedo, horror, decepción. No quería, tan solo no quería seguir con todo esto. Quería estar con Fenrice, con nadie más, no quería que nadie más le tocara o le hiciera sentir protegida en los brazos de alguien que no fueran los de ese chico. No quería a nadie más.
Llevaba la ropa rasgada. Los brazos enrojecidos por la sangre que allí crecía al haberse pegado varias veces con los rasposos troncos de los árboles. Apretaba la cadena en las manos, haciéndose daño. Los ruidos del bosque parecían no llegar a ella, no había escuchado los aullidos cada vez más cercanos de una jauría que se acercaba a ella, ¿O tal vez si?, así podría acabar luego con ese dolor que tenía en ella, podría acabar luego con ello tal vez si lo había hecho.
Se detuvo de golpe en el momento en que se ponía a 4 patas, y comenzaba a escarbar el suelo, al hacer un huequito bastante aceptable, sacó la cadenita y la observo. Una medallita hermosa de plata. Le dio un suave beso y la dejo caer en este. Un ruido a ramas secas le hizo levantar el rostro. Los ruidos del bosque llegaron a ella en el momento en que su cuerpo se entumía de pánico. La luna llena dio un suave resplandor al ser envuelta con esa luz tan brillante y hermosa. Sus ojos hicieron contacto con ese ser delante de ella. Un lobo, macho. Gruñendo, tan resplandeciente bajo la luz de la luna, que se le hizo hermoso a pesar de saber que ya no tenía oportunidad, que era estúpido intentar correr. Lo único que hizo en ese momento, ante de sentir el dolor mas horrible que hubiera sentido en su cuerpo físico, fue un aullido jubiloso cerca de su oído...
Los cascos de los caballos quebraban la tranquilidad de aquella mañana desolada. Los gritos gruesos de aquellos sujetos que tenían el corazón en la boca por lo que pudo haber pasado. Un padre asustado por el bienestar de su hija, unos hermanos arrepentidos por lo dicho, dolidos por saber que lo ultimo que pudieron haber escuchado de su hermana era la palabra "odio". Uno de los caballos se fue deteniendo en el momento en que el hermano más joven se bajo corriendo de su corcel y siguió un rastro de lo que esperaba fuera sangre de animal. Pero un grito ahogado salió de su boca en el momento en que en un charco de sangre, la ropa de la joven se hallaba allí, se giro en el momento en que unos brazos le atraparon, un padre horrorizado observaba atónito este macabro espectáculo. Su hija, su amada hija.
-. No...- susurro Godric. El suave sollozar del chico se hacia cada vez más intenso entre las ropas de su padre, cada vez más desesperado.
-. Fe- susurro Valerius temblando en su lugar, cayendo de rodillas abrumado por la vista. Nada habían de ella más que su ropa hecha jirones, lagrimas silenciosas cayeron de los ojos de este. Arrepentido hasta la muerte por haber sido uno de los culpables de ese suceso tan horroroso.
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El liquido dulce le hizo colocarse rojo de asco y ahogo. El sabor metálico de la sangre le recorrió toda la garganta, mientras tragaba al no poder respirar decentemente. Apretó las cuerdas que lo mantenían sentado a la silla, mientras intentaba mover la cabeza, pero la mano fuerte y filuda del sujeto le sujetaba la nuca y la nariz para poder verter el liquido recién extraído de una dama muerta en el suelo frente a él. Sintió que se mareaba, que su cabeza no iba a aguantar todo esto y que de un momento a otro explotaría así como nada. el estomago le gruño al recibir aquel delicioso néctar de lo no muertos. Asqueado y con su orgullo por los suelos. El sujeto le soltó y el se inclino para poder escupir algo de lo tragado mientras respiraba a trastotes y los ojos se le colocaban llorosos.
-. Estas demasiado débil para ser uno más, tu sangre no es buena y la magia consume todo, con que te acostumbres a beber unos litros al día en un par de semanas podrás ser alguien como yo- susurro mientras le tomaba la cara y este le negaba cansado, agobiado, asqueado.
-. Déjame...- susurro mientras sentía dolor de estomago, punzadas desagradables.
-. ¿Mmm?- pregunto tomándole nuevamente la barbilla y haciendo un movimiento fuerte sus ojos yacieron fijos, bajo su rostro, en el momento en que con una lamida le quito el rastro de sangre que caía por su comisura- tibia...- contesto soltándole. Él se petrifico en todo su ser, ni se atrevió a respirar.
El ser frente a él. Era alto y de contextura fuerte, debió de haber sido guerrero en su tiempo. El cabello era rizado largo y negro, pero lo que le perturbaba más que nada, eran esos enormes ojos violetas llenos de antigüedad. De saber mucho más que cualquier sabio, que cualquier maestro.
Jamás había conocido a un vampiro. A pesar de haber sido criado como mago siempre creyó que estos eran solo leyendas de viejos borrachos en tabernas de cuarta, pero ahora... ahora estaba idiotizado.
-. ¿Qué quiere?¿Por qué hace esto?- pregunto tratando de mantener la compostura, mientras las nauseas volvía a él.
-. Para entretenerme, ¿Para que mas lo haría?
-. Entretenerte...
-. No quedan muchos de nosotros, ya que mis iguales intoxican a sus compañeros antes de transformarlos, por ello yo, te voy a acostumbrar al sabor de la sangre, te voy acostumbrar a morir de a poco, para que en tu paso a mi lado no resultes un desperdicio más- él se congelo con estas palabras y sus ojos lloraron
-. No quiero, yo no quiero- comenzó a susurrar- por favor- recordó a su hermosa pequeña. A su niña- no lo deseo
-. Ya no hay vuelta atrás, vas a ser uno más...
(Febrix) Se levantó de un salto. Con la respiración apresurada y levemente sudorosa. Reconoció el lugar y se llevó una mano a la cabeza atontaba por lo que había soñado. Un movimiento a su lado le hizo girar el rostro y ver a su padre durmiendo, eso le tranquilizo, se volvió a recostar mientras observaba el techo. Se movió un poco hacía el lado y se cargo un poco contra el pecho de su padre, este instintivamente le hizo un huequito y ella logró dormirse nuevamente.
El bosque había cambiado, el frió le daba la bienvenida a el invierno y los primeros copos de nieve caían esparciéndose por el bosque oscuro.
En la lejanía se escucha los golpes de espada, herramientas siendo forzadas, caballos relinchando siendo ensillados, un par de hombres daban ordenes mientras el padre observa desde lejos con una mano sobre el hombro de su hijo menor.
-. ¿Cuándo va acabar esto?- pregunto suavemente el chico de 16 años
-. Esperemos que lo ante posible, Facto- susurro Godric Gryffindor
-. ¿Podré ir con ustedes?
-. No, eres muy pequeño para ver esto, te iras con la esposa de Ask y con los dos niños y el hijo de Valerius al norte. Tu los cuidaras
-. No me quiero ir
-. No me desobedezcas hijo.- le cortó cariñoso- pase lo que pase vas a estar bien- le puso una mano en la cabeza y le revolvió los cabellos
-. Voy a ir a despedirme de mi hermana- el hombre asintió
paso por la campiña, algunos hombres elevaron su rostro al verle pasar, sus hermanos le interrogaron con la mirada al verle partir, él no les contesto.
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Sus manos blancas como el marfil cayeron hacía un lado, su boca se perdió en un grito mudo cuando su cuerpo comenzó a mutar. Cayo por la pared llevándose las manos a la cara, sus manos se afilaron, su corazón se fue deteniendo, el frió de la muerte le asolo dejándolo tendido en su lugar mientras su maestro le miraba de más allá.
-. Ya era hora- susurro cuando el cuerpo del chico comenzó a levantarse
-. Tengo sed...- la voz sedosa de aquel ser de ojos de plata destellaron en la oscuridad de la habitación, sus caninos se hicieron visibles en el momento en que se formaba una sonrisa.
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Se sentó frente la pequeña animita que había allí, le quito la nieve que había caído sobre la piedra fría y se llevó las rodillas al pecho. La luna casi llena despuntaba entre las colinas. El viento movía las copas de los árboles, cuando un zumbido hizo que le levantara la cara de las inscripciones allí hechas y observo algo brillante flotar a no menos de dos metros sobre él. Un hada. Su corazón se desboco cuando esta cayo a centímetros de su cara. Un hada que jamás había visto en los libros, ni siquiera en los de su hermana. Esta levanto la mano y le quito las lagrimas que antes había asolado su cara. El caballo relincho en el momento en que él miraba hacía atrás y se quedo tan estático que no fue capaz de respirar. La figurita luminosa se dirigió a la que estaba más allá, una sombra, una sombra humana algo engarbada, el hada ilumino sus ojos, era dos rubíes, hermosos rubíes, se levanto pero esta dio un paso hacía atrás. Sonrió al reconocerle, y a esta se le formo una sonrisa cuando desapareció.
Una nueva nevada llegó, y con un aullido lejano volvió a casa.
Mañana, luna llena, sería la tan esperada batalla.
Diablos! Así no iba a lograr dormir nada, y con lo cansada que estaba. Se levanto de cama mientras tomaba la capa y se la ponía sobre el pijama. Sonrió. Hacía meses que no se escapaba a la cama de su padre, cuando murió su madre dormía siempre con él, porque ambos necesitaban alguien en quien apoyarse, luego a los años se escapaba de vez en cuando a su cama, cuando se sentía sola. Observó el baúl se su padre y se le ocurrió que tal ves habría algo que leer, lo abrio con cuidado y lo primero que vio le hizo entrar en curiosidad, un espejo. El espejo inversor de Sirius. Lo levanto con cuidado y lo miro por ambos lados. En el reverso salía "propiedad de canuto". Miro a su padre y este seguía durmiendo, no aguanto la curiosidad.
-. Hola- susurro. Su padre se movió, se levanto silenciosamente y salió de la habitación, pasaron unos segundos cuando el espejo se comenzó a formar una bruma, luego vio unos ojos esmeraldas soñolientos, luego una sonrisa de oreja a oreja del chico
-. ¿Febrix?- pregunto sonriendo aun más
-. ¿Potter?- pregunto extrañada- tu tienes el espejo
-. Me lo dio Sirius para la navidad del años pasado- susurro. El chico se movía, parecía que iba al baño. Ella se sentó contra la pared y cayo al suelo- ¿Cómo estas?
-. Bien ¿Y tu?- pregunto. Una punzada le pegó de pronto. ¡Maldito Potter!
-. Bien- se alzo de hombro, luego le entrecerró el cejo- ¿Por qué no me dijiste que Fenrice era el hermano de Anari?
-. Un lamentable hecho que he tratado de borrar de mi mente
-. Pues no me agrado para nada enterarme de esa forma
-. ¿Qué forma?- pregunto. Sus sentidos se vieron enfocado de un momento a otro en el rastro de desagrado en su voz
-. Un vampiro
-. ¿Un vampiro?- pregunto rápidamente, se puso pálida de un momento a otro- ¿Seguro que estas bien?
-. Sí, sí. Se llamaba Xitrus Prims, extraño maestro de Anari
-. ¿Prims?- pregunto y su voz titubeo. ", te he entregado como esclavo, aquí, al señor Prims, me servirás como regalo de buena fe entre sus fuerzas que me dará en batalla." ¿No podía ser el mismo?¿O si?
-. ¿Qué pasa?¿Lo conoces?, el dijo que quería verte. Quería vernos a los 4...
-. No, no lo conozco. Xirtus Prims- susurro. Su mente hizo un rápido movimiento- strix primus...
-. ¿Qué?
-. Primer vampiro en latín. Prims es primero, strix vampiro
-. ¿Primer vampiro?- pregunto curioso.- tenia una mirada antaña, sabía, extraña. No es que conozca muchos vampiros, pero era raro, no se, creía que me iba a matar
-. ¿Qué hizo? Espera!- le detuvo- ¿Por qué no me dijiste que tenias el otro espejo inversor?¿Sabes todos los problemas que me pudo haber ahorrado?
-. Yo, lo siento. No me acorde que lo tenía, de verdad. Lo lamento- susurro. Ella suspiro
-. Bien, esta bien. ¿Cómo entro en el castillo?
-. Estaba en la sala de los menesteres, cuando entro por la ventana. Así como así
-. ¿Potter?- pregunto mirándole con una ceja alzada- ¿Te puedo encomendar algo?- el asintió- léete un par de libro de vampiro ¿Quieres?
-. ¿Por qué?- pregunto entrecerrando el cejo- ¿No le puedo preguntar a Hermione? Es una biblioteca andante
-. No seas flojo- sonrió. El hizo lo mismo
-. Esta bien- bostezo
-. Debes estar cansado, hablamos mañana- susurro. El asintió
-. Cuídate y...- parecía querer decir algo fuera de lo normal. Ella sonrió
-. Te aseguro que no lo pasare tan mal, además no tengo ningún lobo gritón ni una vampira pesada- el sonrió otra vez
-. Me alegro...
(Harry) Oculto el espejo en su baúl y se acomodo en su cama. Anari había hablado con él, le había contado basta parte de su vida, como había conocido a Remus, como se habían hecho amigo a pesar de su diferencia de razas, porque ella había negado a su padre, porque había dejado a los vampiro. Había sido una noche larga, pero se sentía tranquilo, especialmente ahora de haber hablado con la chica y que esta estaba bien. Fue cerrando los ojos cuando una extraña luz entro en la habitación...
El caballo taconeaba el suelo nevoso, las filas estaban inquieta, esperaban el primer movimiento para atacar. El hombre, con sus dos hijos a sus lados esperaba.
-. La luna va a salir en cualquier momento padre
-. Lo se Valerius, necesitamos luz para la batalla. Quiero a todos los magos después de la segunda avanzada muggle, Salazar a traído a sus amiguitos
-. Vampiros...
-. Yo solo veo a unos pocos
-. Son ya bastante peligrosos, no los subestimen.
-. Tienen magos oscuros
-. Y nosotros blanco, los mejores. No hay de que preocuparse, ¡no comencéis ahora chicos!- le llamó la atención. Sus hijos no estaban asustados, estaban entusiasmados y mientras más veían lo bueno de los de allá, los preparaba más a ellos. A lo lejos escucharon los aullidos de lobos en el momento en que la luna comenzaba a salir por las colinas. El paramos se puso tenso.
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Sus hermanos le miraban de reojo, pero el estaba ansioso mirando hacía el otro lado. Veía a Ark y Valerius, mas a lord Gryffindor, y sin saber porque se colocaba más ansioso. Como había estado enclaustrado en una habitación, a dosis de sangre, carne y pan, no sabía si su niña se había casado, si estaba bien.
-. Creo que no te habías enterado de nada- siseo uno de sus hermanos- Febrix murió- las palabras pasaron por su mente, las oyó pero le costos procesarle, su corazón se desboco en el acto
-. Escapo de casa y una manada de lobos la destrozo- su otro hermano sonrió. El miro de un lado a otro cuando sintió una mano en su hombro
-. ¿Maestro?- pregunto con la voz seca. ¿Su niña?
-. Lo siento Fen- susurro este
-. Papá nos la iba a regalar cuando terminaremos con ellos, es la única que podría tener algo de bueno en esa familia, lamentable...
Su niña, su hermosa niña... muerta. No... lagrimas de sangre comenzaron a caer por su blanca piel, se inclino un poco hacía adelante, al sentir las punzadas en su ser, punzadas de horror de desasosiego. Escucho los gritos, los chillidos. La batalla había comenzado...
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El trote cada vez se hacía mas rápido, los cuadrúpedos a sus lados saltaban, y gruñían preparados. Se detuvieron en las lindes del bosque, un lobo mayor, uno que le había hecho lo que era se poso a su lado.
-. Vampiros- gruño
-. Mi familia esta ahí
-. Tu familia somos nosotros ahora, la manada, recuérdalo. Ellos te querían hacer daño
-. Son mi familia, Wolfblood. Quiera o no, lo son.
-. Como quieras
-. Los vampiros están de parte de Salazar
-. Nosotros estaremos con tu padre entonces, cualquiera sea nuestro enemigo si los vampiros son sus aliados- la chica llevó su mirada al lugar donde podría estar su amado chico.- ¿Piensas en el?¿Lo quieres?- ella asintió apenada
-. Debe estar luchando en el lado de los magos, era pésimo con la espada- recordó sin querer
-. Tu utiliza bien la tuya- el lobo dio un gruñido a los de atrás- es hora
-. Vamos
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Wolfblood envió un aullido profundo lleno de poder y fuerza. La batalla se vio levemente interrumpida, algunos quedaron medio choqueados al percatarse que los lobos, no lobos comunes, ya que era luna llena, su fuerza y poder crecía mucho más durante estas noche, atacaban al bando de la serpiente. Valerius levantando la espada de uno de sus enemigos, cuando sintió el corazón desbocado al ver aquella imagen tan chocante. Allí estaba su hermana, con una hermosa espada en su mano, su cara, su cuerpo había cambiado, pero seguían siendo hermosa. Y viva...
-. No puede ser- escucho decir de parte de su padre que estaba a metros de él- mi niña
-. Papá- llamó al momento de volver al combate.
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Estaba destrozado y era decir lo menos. Estuvo meses oculto, creyendo que su niña se había casado, teniendo una vida lejos de él, pero esa vida se había destrozado, estaba muerta. Y él no.. él no. Él había sido obligado a tomar una vida inmortal. Solo...
Veía movimiento a su lado, pero ni aun así era capaz de moverse. Escucho lobos, el olor le hizo marearse en un estado de frenesí. Levanto la vista en el momento en que sentía un olor atrás suyo.
Se giro en el momento en que la levanta, la giraba y la tumbaba en el suelo. Sus ojos se encontraron, momentos eternos en segundos...
