Capítulo 22 (final)

Toma y daca

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Advertencia: Muerte de un personaje (no es un personaje principal), sexo explícito, relaciones tóxicas (que al menos yo, no desearía tener en la vida real), faltas de respeto, corrupción, venganzas, costumbrismo.

También hay algo de humor, por lo menos a mí hay cosas que me ha hecho mucha gracia escribir. El final, como dije, es feliz, dejando aparte el tema de las relaciones tóxicas, (lo que pasa es que en mi mente no hay final, la historia sigue).

Y una última cosa: le dedico este capítulo en especial, y de paso la historia entera, a mi amiga Armanda, que me ha dado algunas buenas ideas (como la del incendio), tiene tanta paciencia leyendo todo lo que le envío, y además pilla mis chistes de mierda a la primera.

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Tonks no tuvo más remedio que contarle a Hermione el encuentro con Pansy en la tienda de túnicas, ya que aparte de que había vuelto sin cumplir lo prometido a casa, siempre existía la posibilidad de que algún estúpido entrometido decidiera irle con el chisme. Mejor no liar las cosas.

Pero no le contó lo que había pasado luego. Le dijo que se habían aparecido en otro lugar para discutir sin testigos, que por un momento temió un duelo, pero que finalmente no se produjo. En realidad no difería tanto de la verdad. Únicamente se había ahorrado un par de detalles, se dijo.

Aguantó con humildad la regañina de Hermione, hasta que pensó que precisamente por eso, tal vez su compañera se diese cuenta de que le ocultaba algo. Entonces le dijo que le comiera el coño mientras le hacía un gesto vulgar con la lengua y los dedos. Hermione se fue a dormir al sofá, mientras Tonks se sentía muy culpable.

-Mione, por favor. Deja que duerma yo ahí, ¡tú no has hecho nada malo!

-Sí, pero tú estás en estado. Disfruta de la cama para ti sola.

-Entonces vuelve conmigo. No voy a poder dormir si no estás a mi lado ¡Por favor!

Acabaron las dos en la cama, pero Hermione estaba demasiado enfadada como para dejarse abrazar.

-Todo esto es por su culpa, -dijo con rabia Tonks.

-Tendrías que haberla ignorado ¿Vas a retarte a duelo con cualquier imbécil que quiera provocarte?

-Te repito que no hubo ningún duelo. Solo hablamos. Me dijo que se arrepentía de habernos traicionado y que nos echaba de menos, y ya está. No pasó nada más.

Hermione la miró con sospecha, y resopló.

-Siento haberte hablado mal, Mione. Sé que no te gusta.

-Está bien. Gracias por disculparte. No pasa nada.

-¿Puedo abrazarte?

-Mejor que eso, te voy a abrazar yo a ti. Así te pongo las manos en la barriguita. Me gusta sentir cómo va creciendo.

-¿La vas a querer cuando nazca?

-La voy a querer mucho, solo espero que no te pongas celosa, -dijo Hermione mientras la besaba.

A la mañana siguiente Tonks no tenía que trabajar, y decidió darle una limpieza a fondo a la casa para intentar expiar su culpa por cierto secretillo, que la hacía sentir sucia e indigna del cariño de Hermione. Cuando acabase, prepararía galletas y lasaña. Y también había pensado arreglar un poco el jardín, que la verdad, estaba hecho un asco.

Pero mientras fregaba los platos vio como se acercaba a la casa Angelina, con la cara descompuesta. Se secó las manos y le abrió la puerta antes de que llegase a tocar el timbre. Nada más verla, Angelina se derrumbó llorando en sus brazos. Tonks la abrazó mientras intentaba consolarla, al menos lo suficiente como para que fuese capaz de hablar.

-Vamos dentro, Angelina. Te voy a preparar un té, ¿o prefieres una manzanilla?

-Me da igual, Tonks, -dijo hipando Angelina.

-A ver, cuéntame qué te pasa. Tú no eres de armar un escándalo por nada.

-¡Nos han quemado la tienda! ¡Está todo calcinado! De milagro si escapamos con vida. Ha sido un Fiendfyre, pero no vimos quién lanzó el hechizo. Es decir, lo vimos, pero su cara estaba desfigurada por un Embrujo Punzante, y enseguida huyó aprovechando el tumulto. George está hablando con los aurores y ocupándose del papeleo.

Tonks no dijo nada, y simplemente abrazó fuerte a Angelina. Si había sido Fuego Demoníaco, no quedaría nada de "Sortilegios Weasley" que se pudiese salvar.

- ¡Esto ha sido una venganza! ¡Haremos una lista de nombres! ¡Lo investigaremos!

-Los aurores dicen que no hay mucho que hacer. Que todos sabían quiénes éramos. Que ha podido ser cualquiera.

-Cualquiera no. Ha sido un ex mortífago o un colaboracionista. No te puedo prometer que lo encuentre, pero sí que lo investigaré, incluso si nadie me apoya.

-Eso ya da igual, Tonks. ¿Qué más da quién haya sido? ¿En qué nos puede ayudar a nosotros que alguien pase unos meses en Azkaban? ¡Estamos en la ruina!

-Pero el seguro os devolverá el dinero…

-No tenemos seguro. Nadie quería asegurarnos, o nos pedían una fortuna, y George dijo que era muy caro, y que no lo necesitábamos. Y para conseguir el préstamo, pusimos como aval La Madriguera, ¡Y ahora no tenemos con qué pagar el plazo de la hipoteca! De verdad, me quiero morir, Tonks.

-No digas eso. Vamos a encontrar una solución. Si hace falta dar un palo en Gringotts, se da.

-Tonks, ya no tenemos la infraestructura para hacerlo. La Orden se desmanteló por completo. De todas formas, yo no querría volver a eso. Aunque tampoco quiero que Molly se quede en la calle por habernos avalado, -dijo Angelina, estallando de nuevo en sollozos.

-Nadie va a quedarse en la calle, tranquilízate, algo se nos ocurrirá entre todos -dijo Tonks apartándole el pelo de la cara y limpiándole las lágrimas.

Pero Angelina no parecía muy convencida, y tras llorar un rato en el hombro de Tonks volvió a su casa sin siquiera beberse el té. Esa tarde, Tonks y Hermione hablaron del tema, y decidieron que emplearían parte de la herencia de Bellatrix, que seguía intacta, en pagar el daño que los enemigos de la Orden habían infligido a los Weasley. De alguna manera, era justo. Lamentablemente, con eso solo evitarían que Molly, George, y Angelina fueran desahuciados. Sortilegios Weasley seguiría estando quemado, y ellos en el paro.

No obstante, cuando se lo propusieron a los Weasley, no daban crédito de la suerte que habían tenido al tener tan buenas amigas. Hermione les tuvo que asegurar varias veces que no consideraba ese dinero suyo, y solo lo había reclamado para que no lo tuviese Narcissa.

Esa noche hicieron una cena en la madriguera en honor a la amistad, y George aprovechó para meter el dedo en la llaga recordándole a Tonks lo bien que les podría haber ido, si hubiesen echado a tiempo a Pansy de la Orden.

Por cómo torció el gesto, Hermione supo que había algún detalle que no le había contado. Tonks había vuelto a poner esa cara. La que ponía cuando se avergonzaba de algo.

-Os besasteis, ¿verdad? –Preguntó Hermione cuando se metieron en la cama esa noche.

-¿Qué? ¿A quién se supone que he besado? –Contestó Tonks intentando ganar tiempo.

-No te hagas la tonta ¿A quién va a ser? A Pansy.

Tonks no dijo nada, pero su silencio fue muy elocuente.

-Lo que me fastidia es que no me lo hayas contado. Yo te lo conté a ti.

-Hermione… sí, ella me besó. Y yo le mordí. Eso era lo que no quería contarte, pero no te preocupes, ella está bien, solo fue un mordisco y le eché un Episkey en el labio, -dijo Tonks, confesando parte de la verdad ya que la habían pillado, pero reservándose aún un par de detalles.

-¿Le mordiste? ¿Y también le echaste tierra en los ojos? ¿Puedes ser un poco más infantil, ya que te pones?

-Puedo intentarlo, si eso te hace feliz, -contestó Tonks de forma socarrona.

-No tiene gracia. Buenas noches. Procura no mearte en la cama, -dijo Hermione resoplando y dándose la vuelta para dormir.

Tonks pensó que podía haber sido peor. Cuando se aseguró de que Hermione estaba del todo dormida, se acercó un poco más a ella, aprovechando que ya se había dado la vuelta de nuevo, y con mucha suavidad para no despertarla (y enfadarla), puso la cabeza en su hombro.

Esa noche Hermione tuvo un mal sueño que luego no pudo recordar con claridad, salvo unas imágenes del cuerpo de Pansy, inerte, tirada en una zanja, y sangrando por la nariz y la boca. Sus ojos verdes estaban abiertos y la miraban sin verla. En el sueño a Hermione no le cabía la menor duda de que ella estaba muerta.

Al día siguiente, cuando se lo contó a Tonks en el desayuno, su novia afirmó no entender su preocupación por Pansy Malfoy, dijo recalcando su apellido.

-Al fin y al cabo, Pansy opina que a nadie debemos culpar de nuestra suerte, solo a nosotros mismos. Así que oye, si le pasara algo malo, sería únicamente su culpa. A mí desde luego no me daría pena.

-Qué cruel eres a veces.

-Hermione, no intentes hacerme sentir mal por algo que no ha pasado. Pansy tiene que estar muy bien ahora mismo, haciéndose la manicura o bañándose en leche de burra. O en leche de burro. Del burro de su marido.

-Y qué cerda, -dijo Hermione sin poder evitar reírse.

-Pero te gusto, cerda y todo, -respondió Tonks mirándola con picardía y tirándole un beso.

X-X-X

La boda de Neville y Luna, tras la que se iban a mudar a otra casita de Ottery St. Catchpole, fue bastante menos estrambótica de lo que Hermione suponía que iba a ser. Parecía casi un casamiento convencional, con Luna vestida con un hermoso vestido blanco y Neville con sus mejores galas. Hasta Xeno Lovegood vestía una túnica respetable, y la abuela de Neville se había dejado aconsejar sobre su indumentaria.

Todos los Weasley habían sido invitados, y hubo un emotivo reencuentro familiar entre los supervivientes de la guerra, que volvieron del exilio para la ocasión, aunque sin demasiadas ganas de permanecer en el país tras la boda. Allí ya no había demasiado por lo que valiese la pena quedarse, aparte de malos recuerdos.

Hubo un momento incómodo cuando Ginny, precisamente ella, preguntó a Tonks por el nombre que pensaba poner a su bebé. Al decirle que se llamaría Harriet, no pudo contener las lágrimas.

Hermione se alegró mucho en ese momento de haber reclamado la herencia de Bellatrix. No tenía la conciencia tranquila respecto a eso, pero tenía razón su novia: mejor que tuviera ella ese dinero que no los Malfoy, pensó la joven bruja mientras por un momento se dejó embargar por el odio más visceral al pensar en lo que Lucius había hecho con Ginny. Que en realidad había sido menos cruel que lo que Bellatrix le había hecho a ella misma, pero al pensar que le había pasado también a Ginny, dolía más.

-¿En qué piensas, Mione? Te veo muy seria, ¡y aquí hemos venido a divertirnos! ¡Tómate una copa, tú que puedes! –Le dijo Tonks abrazándola por detrás.

-¡Vamos a bailar! Aunque sea esta música horrible que está sonando, -dijo Hermione, deseando distraerse de sus lúgubres pensamientos.

-Que no te oiga Molly, Celestina Warbeck es su cantante favorita. Y bueno, hay un problema: no bailo muy bien que digamos, Mione. Hay posibilidades de que acabemos rodando por el suelo, lo que no sería conveniente en mi estado.

-Tú solo deja que yo te lleve. No vamos a hacer acrobacias, no te preocupes.

Pasaron al lado de George y Angelina y de Neville y Luna, quien las saludó con la mano haciendo señas, como queriendo indicar que luego tendrían que hablar.

Era verdad que Tonks bailaba fatal. Cómo podía luchar bien y a la vez tener tan poca coordinación en sus movimientos, era un misterio. Además, se ponía nerviosa cuando se equivocaba, y lo hacía peor aún. Al poco rato estaban las dos sentadas, Hermione bebiendo una cerveza de mantequilla y Tonks un cóctel sin alcohol. Hermione notó su mirada envidiosa.

-Ya te queda menos para que puedas empinar el codo de nuevo, Dora, -dijo Hermione acariciando su vientre. Estaba de cinco meses, pero su barriga era bastante grande. Al menos sabían que no eran gemelos, solo una niña muy robusta.

-Solo cuatro meses de nada, y luego parirla. Menos mal que para una metamorfomaga no es tan duro. Puedo hacer que mi coño se ponga del tamaño del tambor de una lavadora si me da la gana.

-Hubiera vivido más feliz sin saber ese detalle, Tonks, -dijo George, que se acababa de acercar a sentarse a su lado junto con Angelina.

-Qué suerte tienes. Me encantaría poder hacer lo mismo, -dijo Angelina. -La verdad es que me da un poco de miedo pensar en el nacimiento de Fred, sobre todo porque pueda pasarle algo a él.

-Todo va a ir bien, ya verás. Creo que nuestro cupo de desgracias ya está cubierto, -apuntilló George.

-¿Desgracias? Nada de desgracias. Justamente Luna y yo os queríamos preguntar si os interesaría trabajar con nosotros en la Oficina Para la Concordia en el Mundo Mágico. Tenemos bajas que cubrir, y después de todo, vosotros ya estabais en el ED desde el principio.

Tonks torció el gesto y tomó aire, aunque no dijo nada y prefirió mirar para otro lado, pero a George y Angelina les encantó la propuesta, y dijeron de forma inmediata que sí. El resto de la fiesta Hermione notó como Tonks intentaba disimular su mal humor para no reventarle la boda a Luna. Estaba claro que por Neville no se hubiese preocupado tanto.

Cuando llegaron a casa y se metieron en la cama, Hermione le preguntó mientras la abrazaba que qué era exactamente lo que tanto le había molestado.

-No es nada. No sé si puedo explicártelo siquiera. Simplemente es que Neville es justo el tipo de persona que yo pensé que sería. Me hubiera gustado no tener razón.

-¿A qué te refieres?

-Es un sangre limpia, Mione. No va a cambiar nada. Le dije en la boda en un momento en el que lo pillé solo que habría que limitar el poder de la banca para que no destrozara la vida a más familias. Los Weasley han tenido suerte de que nosotras teníamos un dinero que ni necesitábamos ni queríamos, pero no todo el mundo se encuentra con eso cuando los duendes de Gringotts los amenazan con desahuciarlos. Y el tío me dijo que no. Que no podía ser. Que no iba ni a gastar tiempo pensando en eso.

-Sabes que es un asunto espinoso, y podría resultar bastante problemático. No culpo a Neville por no querer complicar las cosas, que ya de por sí son difíciles, con esos asesinos de muggles sueltos, y demás temas que tiene que afrontar.

-Vale, Mione. Entiendo tu punto de vista. Buenas noches, -le dijo Tonks de modo frío.

-Dora, por favor, no te enfades conmigo. Cuéntame por qué no te disgustaste cuando Neville te dijo eso, y sí cuando les propuso a los Weasley formar parte del ED. Pensé que te ibas a alegrar por ellos.

-Y me alegro por ellos. Todo el mundo necesita cierta estabilidad económica. Pero parece que el ED se ha convertido en un sitio donde colocar amiguetes y no en un lugar desde donde se transforme el mundo mágico. Lo que por otra parte no me sorprende. Y no te tomes esto como una crítica, yo sé que tú no eres así, aunque trabajes con ellos.

-Te prometo que si yo llego a Ministra, no seré así ¿Te gustaría ser mi primera dama? Tendrías que saber comportarte en público y no hacer comentarios de los tuyos.

-¿De los míos? ¿No te gustan mis bromas?

-Tengo que reconocerte que tienes cierta gracia, a veces. Pero me temo que hay muchas personas sensibles como George, a las que un comentario sobre una vagina del tamaño de un tambor de lavadora, o sobre bañarse en leche de burro, podría hacerles vomitar la cena.

-Pues me pueden comer bien el coño. Aunque me encantaría verte de Ministra. Serías muy buena en el puesto. Y me encantaría follarme a la Ministra para aliviarle las tensiones del cargo.

-También puedes aliviar mis tensiones ahora, aunque no sea Ministra - le respondió Hermione antes de empezar a besar su cuello. Tonks no dijo nada esta vez, solo giró la cabeza para dejar más piel expuesta a los labios de Hermione, mientras sus manos buscaban a tientas el cierre del sujetador de su novia.

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A pesar de lo avanzado de su embarazo, Tonks se tomaba muy en serio su trabajo, sobre todo ahora que a los asesinos de muggles había que sumarles incendiarios que actuaban por venganza. Por desgracia, estos crímenes no interesaban mucho a sus superiores, que habían ascendido en la época de Voldemort, y veían a los nacidos de muggles como una inmensa fuente de problemas. Y nadie quería problemas.

El boicot que sufría había seguido siendo constante por un tiempo. Sus compañeros veían a la metamorfomaga como un estorbo en el mejor de los casos, si no directamente como una intrusa o una enemiga infiltrada, y procuraban aislarla, escamotearle información, y darle el trabajo más insignificante. A pesar de todo, no podían negar sus ganas de trabajar ni su talento, pues en ese tiempo había contribuido a esclarecer casos de otros colegas, solo por demostrar su valía, pues a ella no se le reconocía en principio mérito alguno.

Pero lentamente, las cosas fueron cambiando. Aunque siguió siendo mirada con sospecha, sus compañeros dejaron poco a poco de tratarla con desapego y desdén, por lo menos aquellos que eran personas decentes.

Desde el Ministerio también se pensó que no convenía tener a aurores filo-mortífagos, así que se favorecieron políticas de jubilación anticipada para quitarse a unos cuantos de encima, y el jefe de aurores fue uno de los que decidieron acogerse a ese plan, por desavenencias personales con el Ministro.

Fue sustituido por uno de esos aurores expertos en no tener demasiadas opiniones sobre nada que no fuera estrictamente profesional que Tonks había conocido en los viejos tiempos. Smith se llamaba, y con él las relaciones fueron un poco más fluidas. El tipo no tenía mucho talento, pero no tenía problemas en dejar trabajar a otros que sí lo tenían, siempre y cuando pudiese él apropiarse de sus méritos.

Tonks pidió aumentar su jornada y realizar trabajo "de verdad", no sentada en la oficina, y le fue concedido lo primero y denegado lo segundo, debido a su avanzado estado de gestación. Algo es algo, pensó ella. Al menos podía llevar un sueldo decente a casa. No le había gustado depender económicamente de Hermione.

Las investigaciones de Mundungus seguían estancadas. Una vez no tuvo mejor idea que ir a verla a la misma oficina a contarle algo que encima resultó no ser en absoluto relevante. Mientras tanto, los meses pasaban y todo seguía estable y tranquilo. Ahora Hermione era la que la abrazaba a ella en la cama, pues con su enorme barriga hubiese resultado difícil para Tonks.

Aunque Hermione no deseaba parir ella misma, estaba muy entusiasmada con el embarazo de la otra, poniendo sus manos sobre su vientre para sentir las patadas del bebé, y demás monerías. La boda que Tonks quería se celebraría en enero, tras el parto. Era mejor hacerla cuando la niña estuviese en el mundo. "Sería muy triste no poder beber en mi propia boda", pensó Tonks.

No era el mes más agradable para un casamiento, pero la metamorfomaga no quería esperar más. Ya habían buscado un local apropiado, en el que ardería un agradable fuego en la chimenea, habían acordado el menú, y también tenían las túnicas y los anillos encargados. Todo estaba listo.

Por fin habían terminado de arreglar el tema de la herencia de Bellatrix: tal y como quería Hermione, el dinero que había quedado tras pagar la deuda de los Weasley, que era casi todo, fue donado a una organización de magos dedicada a reparar los daños que la guerra había ocasionado en los más desfavorecidos, especialmente en los niños.

Los meses fueron pasando, la Navidad llegó, y el momento del parto era inminente. Un día Tonks se encontró encima de su mesa al llegar al trabajo una caja como de regalo, mediana, y con un gran lazo rosa adornándola.

De inmediato sintió que le temblaban las manos y tenía nauseas. No era capaz de abrirla. Preguntó a los compañeros de dónde había salido esa caja y quién la había traído. No lo sabían. Había llegado con el correo de la mañana, con una tarjeta que decía "Para Nymphadora Lupin". Nadie sabía nada más, pero con las preguntas que estaba haciendo y su cara descompuesta, estaba llamando mucho la atención, y ahora todos esperaban que la abriese de una vez.

Algunos se temían como ella que dentro hubiese algo muy desagradable (no es la primera vez que me hacen esto, y en la otra ocasión, dentro estaba el cadáver de mi hijo, había dicho ella), y otros estaban solo expectantes. Finalmente, tomó aire y la destapó. Notó una punzada en la barriga, y una contracción.

El papel impermeable que forraba por dentro la caja tenía como diseño un laberinto, y dentro estaba la cabeza de Mundungus Fletcher. También había una fotografía de Hermione y ella, con su prominente barriga, cogidas de la mano en la calle. Tonks no se había percatado de que nadie las estuviese siguiendo.

Sintió que le faltaba el aire, y tuvo que sentarse. También sintió que algo se rompía dentro de su vientre y se le mojaban los pantalones. El dolor la hizo doblarse por la mitad.

-¡Llevadme a San Mungo! ¡Estoy de parto! ¡Y traed a Hermione Granger! Trabaja aquí, en el Ministerio, en la Oficina Para La Concordia ¡No la dejéis sola, por favor! ¡Esto no es solo un asesinato, es una amenaza personal contra mi familia!

Enseguida fueron a buscar a Hermione, y cuando llegó apenas habían llevado a Tonks a la sala de partos. Se alegró mucho de verla, y afirmó haber estado preocupada por ella. Con la voz entrecortada por las contracciones, le contó lo que le habían enviado a la Oficina de Aurores, mientras le apretaba la mano.

-Tranquilízate, Dora. Ahora lo importante es el bebé, -dijo Hermione apretándole la mano, que estaba fría y sudada.

-Si no lo hubiese mandado… bueno, ya sabes a qué lo mandé. El pobre seguiría vivo.

-No es culpa tuya lo que le ha pasado, solo de los que se lo han hecho. Nos están tratando de asustar, y no se lo vamos a consentir. Ahora intenta metamorfosearte, para que esto acabe pronto y nos podamos ir a casa.

-No nos podemos ir a casa: allí no estamos seguras. No al menos hasta que pongamos hechizos protectores, y yo ahora no sé si podría.

-Yo lo haré. He refrescado conocimientos y he aprendido cosas nuevas mientras tú estabas en Azkaban ¿sabes? Confía en mí, Dora, -dijo Hermione besándole la sudada frente.

Alguien más entró en la sala de partos. Era Andrómeda Tonks, que había escuchado desde la puerta la última parte de la conversación. Alguien había tenido a bien avisarla también a ella.

-Yo os echaré una mano. Hasta os haré las comidas y os limpiaré la casa si hace falta. Estate tranquila, mi niña, que aquí está mamá para cuidarte, -dijo Andrómeda empujando a Hermione con la cadera, como si no se hubiese dado cuenta, para hacer que se separase de Tonks y cogerle ella la mano. –Venga Nymphadora, muéstranos de qué eres capaz, -añadió.

-Mamá, por favor, déjame sola un momento. No estoy preparada psicológicamente para que veas de lo que soy capaz. Espera fuera mientras.

-Está bien, como quieras. Hermione, ven conmigo. Nymphadora necesita quedarse sola.

-¡No! ¡Quiero que Hermione se quede, joder!

Andrómeda se fue muy ofendida, y Hermione volvió a ocupar su lugar al lado de Tonks y a coger su mano. Tonks cerró los ojos y respiró hondo. Otra contracción llegó, y ella apretó los dientes mientras se le marcaba una vena en la frente. Hermione le acarició el pelo con la otra mano, y vio como las puntas se le volvían un poco rosadas al poco tiempo de que terminase el dolor.

-Mione… date la vuelta. Mírame a la cara, no mires ahí abajo. Lo voy a hacer.

En unos pocos empujones el bebé estuvo casi fuera, mientras una sanadora increpaba a Tonks por haber hecho eso sin estar bajo supervisión. "Sí, sí, ya sé, soy lo peor", dijo Tonks antes de alzar los brazos para que le pasaran a su hija, que había nacido con el pelo oscuro, herencia de los Black, y gritaba con una fuerza sorprendente para alguien de tamaño tan pequeño. La sanadora se la llevó para lavarla, y Tonks suspiró, para luego volverse a Hermione y cogerle de nuevo la mano, sin darse cuenta de que la tenía manchada con restos de sangre.

-Estoy deseando llegar a casa, echarme un lingotazo de whisky de fuego y fumarme un porro, -dijo la emocionada madre.

-¡Ni lo sueñes, niña! ¡Si le das el pecho no puedes beber! ¡Y lo del porro, simplemente ni hablar! ¡Como te vea fumando lo que sea, te voy a dar guantazos hasta que me duela la mano! – terció la encantadora abuela, que acababa de entrar de nuevo.

-¿Y quién te dice que le vaya a dar el pecho? Ya le he dado la vida, todo no se puede tener.

-Vas a ser la peor madre del mundo, -dijo Andrómeda entrecerrando los ojos y apretando los nudillos de rabia.

-Hasta ahora, según tú, he sido la peor hija, pero lo de peor madre no lo veo… va a ser complicado quitarte el puesto.

-¡Señoras, por favor! ¡Este no es el momento ni el lugar para rencillas familiares! –les increpó una sanadora al escuchar la conversación. "Qué panorama", pensó Hermione, mientras acariciaba con su mano limpia el pelo de su novia.

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A pesar de lo dicho en la sala de partos, Tonks no bebió ni fumó nada para poder dar el pecho a su hija, al menos durante las dos semanas que siguieron al parto, durante las cuales tuvieron a Andrómeda Tonks organizándoles la casa y la vida, y llamando desconfiada a Hermione cada vez que probaba con reticencia su comida.

Harriet cambió al poco rato de nacer el color de su pelo, de castaño oscuro pasó a tener una extraña tonalidad de rosa, y cuando tuvo hambre y empezó a llorar pidiendo leche, se le puso de un rojo intenso: los temores de Andrómeda habían sido infundados, definitivamente la niña no era squib, sino metamorfomaga como su madre.

Pero un miércoles, apenas dos semanas después del asesinato de Mundungus y el nacimiento de Harriet, algo inesperado ocurrió. George y Neville se presentaron en la puerta de su casa en horario laboral pidiendo hablar de forma urgente con Tonks. Habían pillado al Jefe de la Oficina de Aurores mezclado en el asunto de la Umbridge. El hombre ni siquiera había participado de forma activa, pero estaba probado que había oído, visto, y callado. Según Tonks, no daba para más.

Había esperado beneficiarse con el triunfo de Dolores Umbridge, y al fracasar la conspiración, intentó borrar las pruebas que demostraran que alguna vez hubiese sabido algo del tema, pero finalmente no había podido evitar que, gracias a "El Profeta" llegase al gran público.

Hermione ya había leído el periódico, así que no le sorprendió lo que sus amigos habían venido a contarles. Lo que sí le sorprendió fue que le pidiesen a Tonks ser la nueva Jefa de la Oficina de Aurores aun estando de baja maternal. Es una cuestión de seguridad nacional, decían. Se encerraron los dos hombres con ella, mientras Hermione y Andrómeda aguardaban fuera, cuidando de Harriet, que de nuevo lloraba con todas sus fuerzas. Hermione entró disculpándose, y se la acercó a su madre, que se sacó un pecho y se puso a amamantarla mientras hablaba con ellos, para espanto de George, que desvió la mirada. La joven bruja no pudo evitar una sonrisa mientas salía de la habitación.

-No podemos pedirle que dimita sin tener a nadie que lo sustituya, y entre los aurores que murieron o se exiliaron, los que eran abiertamente partidarios de Voldemort y tuvimos que retirar, los que están en la cárcel por hacer el tonto con la Umbridge, y aquellos de los que no nos fiamos, no te creas que tenemos a muchas más personas que puedan ocupar el cargo. Además, en teoría, tú mataste a Voldemort, -dijo Neville.

-En teoría, Neville. Todo el mundo sabe que nosotros no usábamos veneno.

-La comunidad mágica piensa que es así, -insistió Neville.

-Me la pela lo que opine la comunidad mágica. No voy a aceptar ventajas aprovechándome de algo en lo que no tuve nada que ver.

-Tonks, no seas así. Piensa en lo que podrías hacer por todos nosotros. Por los muggles y los nacidos de muggles. Por esclarecer de una vez todos los líos de los Malfoy ¡Para hacer justicia tras las muertes de tantos inocentes, el último de ellos tu amigo Mundungus! -Apostilló George.

A Tonks le brillaron los ojos de un modo felino, y se quedó un momento quieta y callada.

-Está bien. Solo hasta que aclaremos ciertas cosas con los Malfoy, y mientras vosotros buscáis a alguien que de verdad sea digno del cargo. Después dimitiré. Por cierto, recordad que me caso en dos semanas: quiero tener al menos una semana para dedicarle a Hermione, aunque renuncie a mi baja maternal.

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Las dos semanas que pasaron hasta la fecha de la boda fueron una locura. Andrómeda se había hecho la dueña de la casa: ella sola se bastaba para cuidar al bebé mientras ellas trabajaban, y además ocuparse de todo lo demás. Tonks venía del trabajo tarde y cansada, y Hermione se veía muchas veces cenando sola o con Andrómeda, lo cual era casi peor que estar sola.

Cuando Harriet lloraba, Hermione intentaba abrazarla, mirar si tenía el pañal limpio, o darle un biberón, pero era amonestada por la madre de Tonks, quien siempre le hacía notar que no lo estaba haciendo bien, o que el bebé no necesitaba nada en absoluto, y en realidad la estaba molestando o malcriando.

-Si la coges mucho en brazos, se acostumbrará y no dejará de llorar luego. La estás maleducando. Escúchame, que de esto sé bastante más que tú, y déjala en la cuna, por favor.

-No le hagas caso, Hermione, dijo Tonks, que acababa de entrar en la casa. Los niños necesitan saber que los quieren ¿Ha comido ya?

-Acaba de tomar su biberón, -dijo Andrómeda. La niña está bien, solo quiere llamar la atención, como tú de pequeña.

-Qué pena que se me haya acabado la leche por el estrés. Hubiera querido darle el pecho un poco más, -dijo Tonks ignorando el amable comentario de su madre.

-Bueno, míralo desde el lado positivo. Ahora puedes beber ¿Quieres una cerveza de mantequilla? –Ofreció Hermione.

-¡Venga esa cerveza! Pero solo la quiero si tú te sirves otra y brindamos ¿Habéis cenado?

-Te estábamos esperando. Vamos a comer y me cuentas qué tal tu día. Últimamente no me hablas de tu trabajo.

-Niña, ¿no ves que está muy ocupada? Cuando llega a casa, no tiene ganas de hablar del trabajo, -dijo Andrómeda moviendo la cabeza, como asombrándose de lo tonta que Hermione podía llegar a ser.

Cuando al fin se metían en la cama, no había tiempo para conversaciones ni para sexo. Había que aprovechar los ratos en los que Harriet, que dormía a su lado, estaba callada, para poder dormir un poco.

Esta era ahora poco más o menos su vida tras el trabajo. Ni siquiera podían decirle a Andrómeda que se metiera en sus asuntos, porque les estaba haciendo un favor. Seguían siendo cariñosas la una con la otra, pero ya apenas tenían tiempo ni fuerzas para grandes arrebatos de pasión.

Pero el que Tonks no le hablase del trabajo a Hermione no era casualidad. Estaban preparando una operación contra los Malfoy que se llevaría a cabo tras su boda. Dicha operación implicaba un registro exhaustivo en Malfoy Manor buscando objetos de magia oscura. Los objetos iban a aparecer, porque Tonks y unos pocos aurores de confianza los llevarían con ellos.

Tras esto, se llevarían a Pansy detenida para interrogarla durante dos días en las mazmorras del Ministerio, el máximo que permitía la ley sin presentar cargos contra ella. Durante esos dos días, Tonks la interrogaría de manera apropiada y la convencería con sutiles argumentos de delatar a su familia política al completo.

No pensaba cruciarla, ni hacerle siquiera daño ("quizás un par de hostias con la mano abierta, así, plas, plas, para acojonarla un poco" le había dicho a Neville, quien había levantado una ceja, como dando a entender que hiciese lo que considerase oportuno, pero que no se lo contase). Si las buenas razones no bastaban con ella, el veritaserum haría el resto, de todas formas. También podía probar a metamorfosearse de nuevo: la última vez había funcionado.

En realidad Tonks sabía que no sería necesario nada de eso. No tendría que asustarla, darle pociones, o ponerle un dedo encima. Pansy era cobarde y egoísta, y lo había demostrado de sobra.

No se iba a jugar el tipo por una familia que nunca había terminado del todo de aceptarla, y menos por una suegra que cualquier día podía envenenarla o rebanarle el pescuezo. Narcissa ya debía haberse enterado haciendo uso de la legilimancia de lo que su nuera había estado haciendo con Lucius. Y Tonks sabía que su tía no llevaba bien los cuernos. Tampoco llevaría bien los de su querido hijo.

Pansy podía haber sido estúpida una vez, pero Tonks le haría entender la situación. Además, pensaba ofrecerle una compensación. Puede que en realidad la metamorfomaga al final le salvase la vida. A Tonks le gustaba lo de la compensación. Toma y daca.

De cara a la familia Malfoy, Pansy moriría en los calabozos durante esos dos días de prisión preventiva. Habría un incendio en su celda, provocado por ella misma en un intento de huida, tras el cual el "cadáver" de Pansy quedaría irreconocible. En realidad Pansy cobraría una importante cantidad en dinero muggle directamente sacada de los fondos reservados del Ministerio, y tras tomar una poción multijugos, de la que iría bien provista con una petaca, la trasladarían a una clínica muggle para operarle el rostro y otorgarle una nueva identidad. Después se la llevarían a un lugar seguro fuera del país para que pudiese empezar desde cero sin miedo de represalias.

Ya se habían hecho con un cadáver de una muggle anónima y no reclamada por nadie, para ser enterrada como Pansy. El cuerpo inerte esperaba en un lugar seguro, preservado bajo un hechizo. No es que fuera muy limpio, pero no se iban a poner escrupulosos a esas alturas. A George le había parecido muy bien. Neville la había mirado con desprecio. El muy hipócrita, pensó Tonks.

Y a cambio de todo esto, solo pedirían a Pansy que firmase una declaración implicando a toda su familia política y de paso a ella misma, total, qué más le daba, si iba a morir en apariencia. Después los Malfoy, que tan amables habían sido reformado Azkaban, podrían conocerlo por dentro.

No estarían mucho tiempo allí, bien sabía Tonks que el Wizengamot no sería duro con una familia de tan alta alcurnia, sangre tan limpia, tantos contactos en la élite, y tanto dinero en Gringotts. Pero por poco que fuera, bueno era. Les bajaría un poco los humos. Y a lo mejor, con suerte, los disuadiría de seguir dando problemas en el futuro. También ayudaría a eso el que todo el mundo se enterase de la clase de personas que eran. Se acabarían el silencio y la impunidad.

Aún había detalles por pulir en el plan. Un par de cosas no encajaban del todo bien. Por eso Tonks volvía tan tarde a casa cada día, tras darle vueltas a la cabeza, hablar con unos y otros, y ultimar todos los detalles. George estaba ayudando mucho. Era como preparar la última acción de La Auténtica Orden del Fénix. Una acción póstuma. Qué apropiado, pensó Tonks riendo mientras brindaba con George en un bar muggle, los dos amparados bajo un Muffliato, para mantener su privacidad.

X-X-X

Harriet dormía tranquila en su cuna al lado de la cama de su madre, que acababa de ducharse y ahora esperaba a que Hermione terminase. Era viernes noche, y no tenían trabajo al día siguiente. Si Hermione no tardaba demasiado, quizás pudiesen hacer algo interesante, estaba pensando Tonks cuando la otra llegó en bata de baño y empezó a ponerse el pijama.

-No hace falta que te pongas eso, -dijo Tonks susurrando.

-¿No querrás que nos lo montemos delante de Harriet? –Respondió Hermione escandalizada.

-¡Merlín! ¡Está dormida! Si lo hacemos con cuidado y en silencio no se va a despertar.

-No puedo con ella aquí.

-Le podría pedir a mi madre que la cuide un rato…

-¿Y deberle una? Déjalo.

-Ya le debemos más de una, Mione. Nos está cuidando la casa y haciendo de niñera gratis. Se lo puedo pedir, un rato para estar nosotras solas, y luego la recogemos. Seguro que todavía está despierta.

Hermione no dijo nada. Tonks se puso su bata, y cogió con suavidad a Harriet para colocarla en el carro y la llevarla con su abuela. Cuando volvió llevaba una botella de whisky de fuego, y dos vasos. Se sirvió uno, y sirvió otro para Hermione, antes de colocarse detrás de ella y empezar a masajearle la espalda.

-¿Te sientes más cómoda ahora?

-Un poco más. Pobre Harriet. Pasa demasiado tiempo con ella.

-Harriet está muy bien, Mione. Sigue dormida. Relájate un poco, -dijo Tonks mientras empezaba a besarle el cuello.

Una de sus manos de deslizó hacia sus pechos, pero Hermione se revolvió. Demasiado rápido, pensó Tonks.

-Mione, ¿sabes que te quiero de forma incondicional, verdad?

-¿Qué quieres? ¡No me times!

-No quiero nada. Solo decirte que te quiero incondicionalmente ¿No te lo crees?

-Me lo creo. Y yo también te quiero a ti. Pero también me creo que me la estás intentando meter doblada por algún sitio.

-A ver, sí que te la quiero meter por algún sitio, pero espero que no se doble. Creo que sería… doloroso, para ambas, -dijo Tonks riendo.

-Qué cerda. No me refería a eso. Creo que me estás intentando manipular. No sé qué quieres, pero ya me enteraré ¡Atrévete a negar que me quieres manipular!

-¡No quiero manipularte, Mione! Pero si quisiera, no sería mi culpa, sino de mis genes Black,-dijo Tonks, acabando casi en un susurro, mientras hacía una mueca y se rascaba la ceja.

-Ajá. Venga, ahora dame pena con lo de que todo el mundo ha sido cruel contigo por ser metamorfomaga.

-¡Mione! ¡Qué mal concepto tienes de mí! ¡Mi único plan secreto esta noche era follar!

Hermione se había dado la vuelta, y la estaba mirando a la cara. La empujó sobre la cama y se echó encima de su pecho.

-¿Si yo tomase la poción multijugos y pudiese ser tú por una hora, podría metamorfosearme?

-No lo sé, Mione. No creo ¿Pero para qué querrías hacer eso? ¿Quieres tener polla?

-Me encantaría follarte muy duro durante una hora, y sentir tu coño calentito y húmedo apretándome, -dijo Hermione imitándola y con media sonrisa.

Tonks no pudo evitar reírse a carcajadas, aunque Hermione le indicó por señas que bajase la voz, para no despertar a Harriet.

-Así que eres una envidiosa en el fondo ¿O es por afán de revancha? ¡Pero si al final te encanta cuando te doy un poquito de rabo!

-Después me lo podrías hacer tú a mí.

-Se lo podríamos preguntar a mi madre, a ver si eso es posible, o no.

- O si quieres le preguntamos a Minerva McGonagall. Déjalo.

-Mione, existen arneses y cosas así. Algunos son mágicos, y te permitirían sentirme, si eso quieres. No te lo había dicho antes porque pensé que tu obsesión con reventarme el coño sería algo pasajero, y que con lo del juguete ese que me compraste tendrías bastante, pero veo que no.

-No es lo mismo follarte con un dildo que usar un arnés de esos. Sería interesante probarlo, -dijo Hermione.

-Me daría hasta miedo verte con algo así puesto, ahora que lo pienso ¡Nunca pensé que ibas a salir por ahí!

-No tienes que tener miedo, tontita. Te gustaría mucho, -dijo Hermione antes de besarla, mientras sentía las manos de Tonks deslizarse hacia su sexo.

X-X-X

A la mañana siguiente, mientras Hermione aún dormía, Tonks la avisó de que tenía que irse a pesar de ser fin de semana. Volvería lo antes posible. Cosas del trabajo.

Se quedó sola con Harriet y Andrómeda, mientras ella escuchaba en la Red Inalámbrica Mágica el programa de su presentador favorito: el simpático, apuesto y bigotudo mago Johnny Half, que había salido tantas veces en "El Profeta" cuando era pareja de la hija de Celestina Warbeck, emparejaba en su espacio a magos y brujas, generalmente ancianos. A Hermione, escucharlo demasiado rato le causaba una cierta desazón, aunque se alegraba por todos los que se pudiesen beneficiar del asunto.

Cogió a Harriet y fue a visitar a los Weasley. Angelina había dado a luz unos días después que Tonks, y estaba de baja maternal. La encontró dando el pecho a Fred, mientras Molly hacía punto. Cuando preguntó dónde estaba George, Angelina y Molly se extrañaron que no supiesen que estaba con Tonks. "El asunto de los Malfoy, ya sabes", dijo Angelina, para luego poner cara de "vaya, quizás no debí decir eso".

Hermione dudó entre seguir investigando, y reconocer así que no, que no sabía nada, porque Tonks no había tenido a bien informarla de nada, ni sus amigos tampoco, por cierto… o sonreír y fingir un olvido, y no quedar como la tonta oficial delante de todo el mundo. Optó por esto último, mientras se juraba que su novia se las pagaría. Al poco rato se fue con una excusa.

Mientras se aparecía de nuevo en casa, notaba cómo las lágrimas querían aflorar. Dejó a Harriet con Andrómeda, que de todos modos estaba deseando hacerse con ella, y se encerró en su habitación. En su habitación, donde todo le recordaba a la zorra manipuladora y amante de los secretitos con la que se iba a casar en una semana.

Para distraerse se puso a leer, aunque apenas se llegaba a enterar del contenido. Únicamente iba pasando páginas. De pronto escuchó que Tonks había llegado y estaba llamándola. Decidió no contestar. Que la buscase por la casa.

-Hermione… ¿no me has escuchado llamarte? Han llegado unos regalos para la boda, y quería que los viésemos juntas ¿Qué te pasa? Te noto rara ¿Te has peleado con mi madre?

-No, tu madre esta vez no tiene la culpa de nada.

-¿Mione? Me estás preocupando…

-¿Qué coño es "el asunto de los Malfoy"? ¡Resulta que todo el mundo lo sabe, menos yo, para variar! Creía que ya habías dejado esa época en la que me ocultabas cosas y decidías por mí, pero se ve que no. Será lo que dijiste ayer, los genes Black.

- ¡Muffliato! –Dijo Tonks alzando la varita. -Mione, no te lo he dicho únicamente para no reventarte la boda, nada más. Les pedí a Neville y a George que no te dijesen nada por eso mismo.

-¿Qué es lo que no puedo saber que me va a reventar la boda?

-Mione, no te asustes por lo que voy a contarte. Tenemos permiso del Ministerio para buscar objetos de magia oscura en Malfoy Manor. Vamos a llevarnos a Pansy para interrogarla. La conoces, sabes que con un mínimo de presión nos contará todo. Y luego vamos a sacarla del país con otra identidad y dinero para que pueda empezar de nuevo. ¡No me mires así! Mione, ha estado follándose a Lucius. Si se queda, Narcissa la acabará envenenando tarde o temprano. En el fondo, a ella le beneficia esto tanto como a nosotros.

-¿Por eso ayer me dijiste lo de que me querías incondicionalmente? No hagas un drama por lo que voy a contarte, pero no sé si quiero casarme contigo. Es más, no sé si debería seguir viviendo contigo. Está claro que no vas a cambiar nunca.

-¡Por favor, no digas eso! – Dijo Tonks con voz aguda ¡No lo he hecho con mala intención! ¡Solo quería que fueses feliz el día de tu boda, y no estuvieses preocupada por Pansy, que es una zorra y no se merece que pienses en ella! ¡Pero te pido perdón si te ha dolido!

-¿Sabes una cosa? A Pansy le molestaba mucho precisamente esto. Que conspirases con George dejándola a ella de lado, y luego vinieses a su tienda de noche. La entiendo perfectamente. Tuvo que ser jodido ayudarte a escapar de Swindon, pasar contigo los momentos más duros, follarte cada noche, y luego de pronto verse ignorada porque George te seguía más la corriente que ella. Ah, pero a pesar de eso, no tenías nada en contra de seguir metiéndote en su cama. El golpe final supongo que fue recuperar a la fuerza a tu antigua novia, y traerla al campamento. Probablemente si la hubieses tratado un poco mejor, no nos hubiese traicionado.

-¿Así que de toda esta historia, al final la mala soy yo? Estás siendo muy injusta conmigo, para variar. Hermione, al poco tiempo de volver a organizar la Orden, me di cuenta de que Pansy nunca podría ser de verdad de los nuestros, pero ya entonces sabía demasiado como para echarla. Y por otra parte, no quería echarla. Yo le he tenido afecto sincero. Siento mucho que las cosas acabasen así, pero yo no estaba bien entonces, Mione. Seguramente lo hice todo fatal, pero ya no hay remedio ¿Me lo vas a reprochar toda la vida?

-No, -dijo Hermione algo avergonzada. Pero me ha molestado mucho que me ocultes cosas, de nuevo. Creía que esto ya lo habíamos hablado.

-Solo quería que no te preocupases por ella. Que no estuvieses en la boda pensando si le íbamos a pegar o a torturar. Que por cierto, no le vamos a hacer nada. Es bastante razonable cuando le interesa.

Hermione suspiró. –No sé si pedirte que no lo vuelvas a hacer –dijo-, si de todas formas ya no creo que puedas cumplirlo.

-Hermione, por favor, ¡No digas esas cosas! ¡Me estás haciendo daño!

-¡Tú me has hecho daño a mí, tratándome como si fuera un cero a la izquierda! –Dijo Hermione gritando.

-¡Nunca te he tratado así! ¡Solo he querido que fueses feliz y tuvieses un buen recuerdo de nuestra boda! –Respondió Tonks en el mismo tono.

-Está bien, Tonks. Vamos a dejarlo. Me has pedido perdón hace un rato. No sé si soy capaz de perdonarte por ahora, pero no tiene sentido que nos sigamos gritando y al final acabemos diciéndonos algo horrible, y que ni siquiera sintamos.

Tonks afirmó con el mentón, sin decir nada. Notaba ella también que las lágrimas amenazaban con brotar, pero no podía evitar haberse enfadado un poco con Hermione. Puede que hubiese metido la pata, pero lo había hecho por ella. Todo lo había hecho por ella, bueno, salvo quizás un par de cosas. Pero ella nunca se lo agradecía. Además ya le había pedido perdón ¿Qué se supone que debía hacer ahora, arrastrarse?

Tomó aire y suspiró. Hermione llevaba razón en una cosa: era mejor callarse por ahora, antes de acabar diciendo algo horrible.

-Una última cosa, Mione. Que no se entere mi madre de esto. Sé que no se lo contaría a su hermana, pero mejor que no lo sepa. No quiero que tenga que elegir otra vez entre su hija y su familia de origen.

X-X-X

A los pocos días estaban de nuevo como si nunca jamás hubiesen discutido. Y mejor así, porque la fecha de la boda era el siguiente viernes. Tras esto, tendrían una noche de bodas en la que Andrómeda cuidaría a Harriet, y seis días más de vacaciones, ya en casa.

Hermione había dejado que la boda fuera a gusto de Tonks. Sería una ceremonia íntima, pero todo estaría lleno de cosas brillantes y colores intensos. Había detalles que a Hermione le parecían francamente una horterada, pero a la otra le fascinaban. Al menos le había hecho caso en lo de no ponerse tacones: irían las dos con bailarinas debajo de las túnicas.

Para Hermione la boda era un trámite, más que por nada había accedido porque sabía que a Tonks le hacía ilusión. Ella hubiese preferido algo como hacer un viaje juntas. Pero entendía su modo de ver las cosas: no era solo una forma de recuperar algo que había perdido, sino también una manera de resarcirse. A la metamorfomaga no se le olvidaba del todo que años atrás, Hermione no había querido que nadie supiese que estaban juntas.

Cuando el día llegó, Andrómeda vistió a la pobre Harriet como si fuese un repollo y tras firmar su matrimonio en el Ministerio, se fueron a la celebración rodeadas de todos sus amigos. Hermione no sabía cómo iban a encajar sus padres con ellos. De momento, allí estaban, intentando conversar con Andrómeda Tonks y Molly Weasley, y mirando de soslayo a Tonks.

A la hora de partir el pastel de bodas sacaron una espada para tal fin. La espada, para vergüenza de Hermione, parecía la de Aragorn. Al parecer a su ahora esposa no le gustaba mucho "Star Wars", pero sí "El Señor de los Anillos". Tonks también insistió en darle un pedazo de tarta directamente en la boca. Ella accedió para no desairarla, mientras deseaba esconderse tras una capa de invisibilidad, pues no se coordinaron muy bien, y su cara acabó llena de merengue.

Luego después Hermione fue al baño a limpiarse el desastre y retocarse el maquillaje, y Tonks entró tras ella para juguetear un rato. Angelina apareció en ese momento, pues en un lamentable descuido se les había olvidado echar el pestillo, y las pilló bastante entretenidas. Se fue caminando hacia atrás, como deseando desvanecerse y sumergirse en el olvido.

Lo mejor vino cuando Tonks, en plena euforia tras beber unos cuantas copas de whisky de fuego, se apostó con su suegro a que era capaz de hacer algo que lo dejaría patidifuso.

-Venga esos galeones ahí, que los vea yo, -decía la metamorfomaga, mientras Hermione intentaba evitar el desastre, insistiendo además en que su padre llevaba libras en el bolsillo y que para él, un galeón era un barco antiguo.

-Ah, es verdad. Pues venga esas libras ¿Qué te apuestas, suegro, a que puedo poner cara de pato en este mismo momento? De pato real, quiero decir: que puedo transformar mi cara en la de un jodido pato, ya sabes, los animales esos con plumas que nadan en los ríos.

-No puedo creerme eso, por muy magos o brujas o lo que sea que seáis ¡Eso no es posible!

-Papá, te está intentando timar. Puede hacerlo perfectamente, y es una maldita tramposa aprovechada con la que ya hablaré después, -dijo Hermione, mirando a Tonks de forma algo amenazante.

-¡Mione, no te lo tomes tan a pecho, solo era una apuesta amistosa! ¡Y quería el dinero para comprarte algo bonito!

-Ya te daré yo a ti algo bonito luego, -replicó Hermione, mirándola con los ojos entrecerrados.

-¡Pero no me digas esas cosas en público, Mione, que me sonrojo! ¡Refrena tu lujuria delante de tus padres! –Dijo Tonks riendo.

Por fin, tras desastrosos bailes y algunos momentos cumbre como el de Luna y su padre invocando a unos seres imaginarios que darían suerte a la pareja, los invitados se fueron yendo uno a uno, y Hermione y Tonks finalmente quedaron solas en una habitación protegida por hechizos del "Caldero Chorreante", lejos por una noche de Andrómeda y Harriet.

-Creo que la boda no ha salido mal del todo, a pesar de tus intentos por boicotearla, -dijo Hermione.

-Ha salido de puta madre, Mione. Disculpa si soy un poco vulgar, es que estoy borracha.

-Como si pudieses decir algo que me sorprendiese a estas alturas…

-Decir no sé, pero te aseguro que todavía puedo hacer muchas cosas para sorprenderte, -dijo Tonks guiñándole un ojo.

-No sé si estoy de suficiente buen humor como para follar.

-¡Mione! ¡Es nuestra noche de bodas! ¿Qué ha sido ahora? ¿Es por lo de la apuesta, o sigues enfadada por lo de los Malfoy?

-Un poco ambas cosas. Prométeme que no le harás daño a Pansy.

-No me puedo creer que me estés hablando de Pansy ahora.

-Prométemelo.

-No le haré daño. Solo la asustaré, y únicamente si es necesario. Te lo prometo. Incluso le desearé buena suerte si quieres. Y ahora, ¿podemos ser un poco normales y follar en nuestra puta noche de bodas?

-¿Desde cuándo te importa ser normal, Dora?

-¡Oh, cállate! –Dijo Tonks empujando a Hermione sobre la cama, y quitándole la túnica.- ¿Te gusta así? ¿Un poco duro?

Hermione le dio la vuelta fácilmente. Tonks sintió que se mareaba y cerró los ojos.

-Estás muy borracha, -dijo Hermione antes de besarla. –Haríamos mejor en dormir, y mañana por la mañana ver si estás mejor para tener sexo.

-¡Mione, no seas así!

-Vale, estate tranquila. No vas a poder hacer gran cosa con tu segunda varita estando tan ebria, así que te voy a hacer yo cosas a ti, y luego si te ves capaz, me devuelves el favor.

-Mione, me infravaloras si piensas que lo único que puedo hacerte es clavarte la polla. Podría follarte solo con la lengua, haciendo que creciera hasta metértela hasta el cuello uterino ¿Qué te parecería eso?

-Jodidamente antihigiénico, -respondió Hermione riendo, mientras ayudaba a Tonks a terminar de desnudarse.

Entonces comenzó a besar el cuello de la metamorfomaga, y ambas callaron, al menos hasta que un rato después, tras varios tipos de juegos y caricias, Tonks empezó a gemir mientras Hermione movía sus dedos dentro de ella. Cuando terminó, quedó relajada y echada sobre un lado, mirando como Hermione se metía los dedos en la boca y se los chupaba.

-¿Está rico? –Preguntó Tonks sonriendo.

-Delicioso. Sabe a ti.

Volvieron a besarse y acariciarse, y tras un rato, Tonks le pidió a Hermione que la dejara hacérselo a ella. Buscó los condones, y le dijo que se pusiera de espaldas. Hermione notó como las manos de la otra tocaban su cuerpo, y luego bajaban hacia su sexo, comprobando si estaba lista. Una de las manos de Tonks se cerró sobre la suya, mientras notaba su aliento en el cuello. Después sintió como el miembro de Tonks la penetraba con suavidad. En esa postura sentía mucho más la presión del pene, pero era de una forma agradable. A pesar de todo, hacía mucho tiempo que Tonks no se metamorfoseaba para tener sexo, y Hermione sintió algo de escozor en la vagina. Le pidió que le diera más duro mientras ella se frotaba el clítoris con una mano, y al poco rato habían acabado las dos juntas.

-Aún no me creo que te hayas casado conmigo, Mione. Tengo la sensación de que no te merezco, -dijo Tonks acariciando su cara.

-Claro que me mereces. Has sido muy mala, y te mereces una penitencia como yo. A partir de ahora, iré detrás de ti a todas partes, recordándote que no debes emborracharte, ni drogarte, ni discutir a voces con nadie, ni tampoco pasarte más de tres días sin lavarte el pelo…

-Pues sí que vas a ser un coñazo. Suena como haberme casado con mi madre, solo que a mi madre no me la follaría. Se me ha puesto mal cuerpo solo de pensarlo, -dijo Tonks con un escalofrío.

-Deberíamos decirle que fuera al programa de Johnny Half a buscarse un buen novio que le de amor. Y que la aguante.

-Déjalo, Mione, seguro que le saldría uno de Slytherin. No hay que tentar a la suerte. Entonces dime, volviendo a lo de antes ¿Si tan desastre te parezco, por qué te has casado conmigo?

-Tienes tus cosas buenas: a veces eres graciosa, eres leal, dulce, tierna, y follas bastante bien.

-Al final va a resultar que solo me quieres por eso. Qué guarra eres. Me encantas ¿sabes?

-Y tú a mí. Te quiero, Dora. Seguro que dentro de dos semanas volveremos a discutir, pero te quiero mucho. Preferiría discutir contigo a diario que estar de nuevo sin ti.

-Vamos a intentar discutir menos. No digo no discutir, pero sí discutir menos. Así no perderá la gracia reconciliarnos después. Y ya no nos volveremos a separar. Tú también has hecho méritos para merecerme a mí, -dijo Tonks entrelazando las manos con Hermione, y volviendo a besarla.

FIN