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Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA
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XX
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"En un beso, sabrás todo lo que he callado." Pablo Neruda
Se levantó en cuanto me vio. Vestía unos leggins negros y una sudadera gris, y había dejado en casa sus zapatos de tacón para calzarse unas Converse grises. Por un momento, al verla vestida de esa manera, con su cabello suelto y darme cuenta de que su cara también estaba libre de cualquier tipo de maquillaje dejando aparecer esa expresión apenada y culpable, me pareció ver a la Bella de siempre. Mi Bella.
Caminé despacio, atento a su expresión, desconcertado y cauteloso, hasta detenerme frente a ella. Ahora que no llevaba esos centímetros de más la diferencia de altura era más notoria, y aunque me encantaba verla subida en esas trampas mortales, me gustó mucho esa diferencia también. Daba la impresión de ser mucho más vulnerable y yo deseaba poder protegerla con todo lo que tenía.
–Edward. – Susurró, casi inaudiblemente, levantando una mano para acariciarme la mejilla.
Mi piel hormigueó y cerré los ojos sumido en las sensaciones que esa simple caricia despertó en mí de repente. Sentí que la sangre comenzó a circular por mis venas cálida y llena de vida aceptando de buen grado su piel y reconociéndola al instante. Abrí los ojos de nuevo para encontrarme con los suyos. No me había dado cuenta antes de que volvían a estar tan rojos e hinchados como el día anterior y quise preguntarle qué necesitaba, pero el poder de su mirada chocolate me tenía atrapado e hipnotizado y tampoco tenía ganas de escapar de ella.
Pronto se puso de puntillas y acortó poco a poco la distancia que separaban sus labios de los míos para dejar un cálido y breve, aunque necesitado beso, que me supo a gloria. Ya había sentido su deliciosa boca días atrás, pero la sensación de familiaridad y aquel estallido que recorrió la piel sensible de mis labios enviando dulces estremecimientos hasta mi nuca para después bajar por mi columna, hacía mucho tiempo que no lo sentía. Y sentí lástima.
¿En qué nos había convertido Mike? Nos habíamos guardado tanto rencor que nuestros anteriores encuentros íntimos se habían basado en saciar la necesidad de nuestros cuerpos pero no de nuestras almas heridas.
– ¿Qué haces aquí? – Susurré sobre sus labios. Ella volvió a besarme, consiguiendo que aquella sensación adictiva recorriese de nuevo mi piel, erizándomela.
–Tenemos que recuperar todo el tiempo perdido. – Volvió a susurrar muy débilmente.
Sus labios habían vuelto a rozar los míos cuando habló, pero ahora se encontraba a escasos centímetros de mi rostro, mirándome como hacía siete años. Reconocía aquella mirada llena de necesidad por mí mezclada con algo dulce en la profundidad de sus ojos del color del chocolate. Sentí como aquella intensidad en la misma me afectaba en cada extremidad y rincón de mi cuerpo, arrastrándome a ella sin dejarme otra opción.
–Te necesito, Edward. Necesito que me abraces y me acaricies. Bésame. – No se trataba solo de una petición; estaba suplicando que lo hiciera.
Su voz seguía siendo un leve murmullo claro y pausado. Parecía desesperada por algo e indefensa.
En algún lugar remoto de mi mente, trataba de encontrar alguna razón por la que ella tuviese que estar suplicando mis caricias y besos cuando en realidad era lo que yo más deseaba. Eliminar las de Mike para que nuevamente mis manos la hiciesen comprender que nunca habría nadie más para mí; que ella había sido e iba a ser la única mujer a la que le haría el amor con el corazón. Y entonces creí comprender el ruego en forma de palabras que salía de su garganta, la necesidad inmediata que impregnaba su petición. Bella había venido hasta mí porque quería borrar sus caricias con las mías. Y yo iba a eliminar cualquier rastro en su cuerpo y en su corazón de ese indeseable.
–Yo también lo necesito. – Murmuré abrazándola. – Te necesito a ti.
No me separé de ella en ningún momento. Entrelacé nuestras manos, y sin dejar de mirarnos, entramos a mi casa hasta llegar a la habitación. Suspiró largamente frente a mí, como si sintiese algún tipo de alivio. Y no pude evitar preguntarme si se debía a que en algún momento había tenido la absurda duda de que quizá la rechazaría.
–Tienes que saber que aun te amo, y que a pesar de todas las estupideces que he cometido, nunca he dejado de hacerlo. – Le confesé en la oscuridad, acunando su rostro.
Fui testigo del estremecimiento y el alivio que sobrecogió su cuerpo al escuchar mis palabras. Y entendí que eso solo podía significar que ella aún seguía sintiendo algo muy profundo por mí. Cerró los ojos con fuerza y elevó las manos para ponerlas sobre las mías, a cada lado de su rostro. Después los abrió al mismo tiempo que una nube se abría paso para dejar que la luz de la luna la iluminase. Era preciosa.
–Entonces hazme el amor. Hazme el amor como solo tú sabes hacérmelo.
Sus palabras provocaron en mí un dulce escalofrío. Sin poder contenerme más, uní nuestros labios y deseé poder complacerla hasta hacerle tocar el cielo con la punta de sus dedos.
…
Caí exhausto sobre su cuerpo tras haber llegado por segunda vez al mayor placer que alguna vez mi cuerpo había experimentado. Me pesaba todo el cuerpo, sobre todo los párpados. Habíamos hecho esto en otras circunstancias hacía dos semanas, pero esta vez había sido muy diferente a las dos anteriores. No había percibido rastro del rencor que habíamos sentido el uno por el otro hasta hacía unas horas; había desaparecido por completo, dejando paso únicamente a los sentimientos puros que la verdad había despertado en nosotros.
Me adormecí unos minutos sobre ella, concentrado en las caricias que vagamente sus manos dejaban en mi espalda y mis brazos, en su respiración golpeando cálidamente uno de mis hombros, en el excitante aroma que desprendía su cuerpo.
Volví a sentirme como el universitario que acababa de ingresar en Harvard para estudiar la carrera de medicina en brazos de la preciosa novia de la que se había visto obligado a separarse. La felicidad podía definirse con una nueva palabra a partir de ese momento. Bella.
–Gracias. – Su agradecimiento me sacó de mi pasajero letargo y me sentí un poco más dueño de mi cuerpo en ese momento.
Me separé de ella para tumbarme a su lado sobre mi costado y ella me imitó, quedando frente a frente. Había en sus labios una delicada sonrisa bastante satisfactoria y llena de regocijo reflejada en sus ojos, que me hizo sonreír a mí también.
–Pareces mucho más saludable ahora. – Comenté llevando una de mis manos a su cintura. Ella suspiró.
–Estoy llena de alegría ahora mismo. Aun me parece mentira tenerte conmigo de nuevo. – Confesó besándome.
Reí sobre sus labios, tirando del suyo inferior. Después se separó y entrelazó una de sus manos con la que yo tenía en su cintura, alejándola para que pudiésemos ver el pequeño tatuaje que formaban el interior de nuestros dedos anulares y que nuevamente encajaba a la perfección, formando aquel corazón que por fin reencontraba sus mitades.
–Alguna vez pensé que era un castigo que no me merecía. – Susurré, llevándome el dibujo a los labios. – Porque siempre me recordaba a ti. – Besé la palma de su mano. – Pero vuelve a encajar como hace siete años.
–Porque sus partes se pertenecen, como nos pertenecemos nosotros dos. – Respondió, inclinándose para volver a besarme en los labios antes de volver a tumbarse de lado, frente a mí.
–Eres preciosa. – Las yemas de mis dedos se paseaban lenta y deliberadamente por la piel de su rostro: la frente, los pómulos, su nariz, los labios. – Y vuelves a ser mía. – Abrió los ojos y pestañeó al notar la intensidad de mi mirada.
–Supongo que nunca he dejado de serlo.
Noté como la dicha desaparecía de su cara y me maldije porque mi rabia saliese a flote en ese instante de forma tan inoportuna. La besé despacio, queriendo recompensar mi falta de tacto, pero ella ya no parecía tan implicada.
–He estado con Alice hace un rato. Aún no he hablado con Mike. – La mandíbula se me tensó y tuve que hacer un gran esfuerzo para tranquilizarme.
–Yo puedo encargarme de eso. – Le contesté firmemente. De verdad que deseaba poner a Mike en su lugar, y que se arrepintiese de todo lo que había hecho.
–No, esto tengo que hacerlo yo. – Parecía decidida, aunque después arrugó la frente antes de hablar, perdiendo determinación. – Quería hacerlo hoy, pero no me sentía con ganas de mirarle a la cara. – Su mano se enterró en mis cabellos y me besó en los labios. – Lo único que deseaba eras tú. Y quería comprobar lo que Alice me había dicho y que todo seguía igual que anoche cuando me dejaste en casa. – Suspiró. – Lo haré mañana. Ha estado llamándome todo el día pero no he querido contestarle.
–Iré contigo.
–No.
–Bella, esto nos concierne a ambos. Los dos hemos sufrido las consecuencias de esa mentira. No puedes dejarme fuera. – Me miró desesperada.
–No tienes por qué verle. Es más que suficiente que yo vaya. – No tenía sentido que siguiese insistiendo cuando se ponía en ese plan tan terco. Puse los ojos en blanco, y después la abracé.
–No quiero discutir sobre esto ahora. – Ella apoyó su cabeza en mi pecho mientras me acariciaba el abdomen. – ¿Y qué te ha dicho Alice que tenías que comprobar con tanta urgencia?
–Me ha dicho que le dijiste que aún me querías. – Sonreí y la abracé más fuerte.
– ¿Y aun lo dudabas después de todo?
–Al principio pensaba que quizá te acostaste conmigo a causa del odio que sentías hacia mí. ¿Sabes? Que lo hacías como una especie de venganza, creyendo que yo aún sentía algo por ti y que tú solo me querías utilizar por dejarte supuestamente por otro. – Suspiré. Otra vez, después de todo, la había hecho sentir insegura.
–Creo que si no te amase de esta manera no me hubiese molestado tanto en llamar tu atención como he estado haciendo, aunque creo que ahora es cuando soy plenamente consciente de ello. – Su cuerpo vibró a causa de su risa.
–Yo me he dado cuenta ahora de cuánto te echaba de menos, a pesar de que consiguieras meterme antes en tu cama. – Dijo después de unos segundos. – Y de cuánto te amo. – Agregó. – No me malinterpretes, en el fondo sabía que te quería, pero nuestros encuentros fueron tan… breves y tensos que intentaba evitar a toda costa sentir amor por ti cuando en realidad es imposible no sentirlo.
Me pilló sonriendo cuando se irguió para mirarme y ella no pudo evitar hacerlo también, acercándose a mi rostro para besarme. Mis manos se deslizaron por la sedosa piel de su espalda hasta su trasero y el pecho se me infló cuando escuché su placentero jadeo.
Descendió con su mano desde mi pecho hasta mi abdomen, hasta más abajo, y descubrió que de nuevo la parte más sensible de mí había vuelto a cobrar vida gracias a sus caricias. Ahogué un gemido en sus labios, obteniendo una sonrisa pícara de su parte, mientras deslizaba su mano hacia arriba y hacia abajo lentamente sobre mí.
Cerré los ojos disfrutando de aquel momento.
–Debería estar tan cansado que solo tendría que querer dormir. – Mi voz sonó vergonzosamente ronca debido a la excitación y mi mano bajó donde estaba la de ella acompañándola en el recorrido. – Pero no puedo dejar de desearte como un demente.
Sus labios abiertos y su lengua estaban dejando dulces besos por mi cuello y el pecho, encendiéndome como llamaradas de caliente fuego ardiente. Su ternura era el ingrediente necesario para encender mi deseo de adorar su cuerpo una vez más.
Jadeó con ganas cuando la cogí por las caderas y quedé sobre ella suavemente. Se mordió el labio y después me sonrió. – No sabes cuánto me alegra saber eso, porque a mí también me pasa contigo. – Hablaba sugerentemente, exhalando su dulce aliento sobre mis labios al mismo tiempo que los rozaba intencionadamente. – Consigues que me olvide de todo.
Llevé mi mano al pliegue de su rodilla y ascendí por él para después volver hacia atrás y hacer que rodeara con su pierna mi cintura. Sus ojos no perdían de vista los míos, no pestañeaban; solo me miraban ansiosos y llenos de una necesidad apremiante por tenerme de nuevo. Sentía mi masculinidad acariciar su centro nuevamente húmedo.
No habíamos utilizado nunca nada las veces que lo habíamos hecho, y, en el fondo, sabía la razón por la que yo jamás le había preguntado si se protegía. No quería escuchar de sus labios la confirmación de que mantenía relaciones con Mike porque pensar en ello me volvía loco de celos. Como en esos momentos, al pensar que alguna vez la había tenido como yo. Gruñí y llevé mi boca a uno de sus pechos para tirar de su pezón reverencialmente, escuchando sus continuos gemidos. Pasé mi lengua por él rodeándolo y volví a tirar de él, provocando que ella se arquease y presionase mi cabeza hacia sí. Su otro pecho recibió la misma atención y yo me seguí deleitando con los celestiales sonidos que surgían de su garganta.
Se lo había advertido a ese estúpido. Y ahora estaba eufórico hundido en sus pechos, besándolos, mordiéndolos y chupándolos como no tenía que haber dejado de hacerlo nunca.
–Edward. – Su gemido no hizo otra cosa más que incitarme más.
Mis manos se paseaban libremente por su trasero y sus piernas, acariciándola y palpándola, y mi entrepierna no dejaba de bañarse en su humedad al ritmo del balanceo de mis caderas. Las suyas imitaban mis movimientos recibiendo las caricias placenteras de mi miembro a un ritmo tortuoso para ambos pero increíblemente placentero.
Descendí por su estómago, besando su abdomen, hasta llegar al lugar donde brotaba su excitación dulce y atrayente. Inmovilicé sus piernas al mismo tiempo que hundí mi lengua en ella, degustándola, dándole placer y excitándome en el acto más aún. Se retorció ante la atenta mirada que le dirigía mientras la hacía mía con la lengua. Apuñó las sábanas y arqueó la espalda para después colisionar en el colchón cuando llegó a su ansiada cúspide.
Hacía un rato nos habíamos dedicado a besarnos y a acariciarnos todo el cuerpo, a curarnos las heridas que ese estúpido había conseguido hacernos. Nuestras almas habían dialogado a su manera, entre caricias, besos y eternas promesas que sabía que ninguno de los dos volvería a romper esta vez. La había hecho mía, y ella me había hecho suyo mientras las profundidades de nuestros ojos, y en ocasiones, el tacto de nuestros labios enviaban silenciosamente los "te amo" más veraces que alguna vez nos habíamos dicho.
Pero ahora sus ojos no habían podido mantenerse abiertos debido al placer, y yo necesitaba verla de nuevo. Estaba conmigo, Mike ya había quedado atrás y precisaba leerlo una vez más en sus ojos.
–Nunca me cansaré de ver tu rostro cuando hago esto. – Y me hundí en ella, sufriendo su protesta en forma de profundo gemido, y disfrutando de la sorpresa y el placer que reflejaron sus ojos al abrirse de par en par.
Se aferró a mí, rodeando mi cuello con sus brazos y mis caderas con sus piernas con fuerza, llegando poco después a otro orgasmo que pareció interminable hasta que yo también colapsé.
–Oh, por Dios. – Aun seguíamos abrazados fuertemente y Bella tenía la respiración por las nubes. – Quiero más de esto. Quiero más de ti, para siempre. – Yo reí y me separé de ella atrayéndola a mi cuerpo.
–No sabes lo que te espera. – Ella se acomodó en mi pecho. – ¿Tienes que volver a casa? – Pregunté después de unos segundos, llenando mis pulmones de aire al sentir que mi respiración volvía al ritmo normal. Ella negó con la cabeza antes de besarme lentamente.
–Estoy con Alice. – Enarqué las cejas, mientras nos tapaba con el nórdico.
– ¿Y qué se supone que estás haciendo con ella? – Se encogió de hombros.
–Creo que estamos organizando una excursión.
– ¿Y eso os va a llevar toda la noche? – Sonrió.
–En realidad les he dicho que iba a casa de Alice y que no me esperasen para dormir. La verdad es que tenía pensado quedarme allí después de hablar con Mike, pero…
–Shht. – Puse uno de mis dedos en sus labios. – No existe Mike esta noche. – Ella sonrió antes de acariciarme la mejilla y volver a acomodarse en mi pecho.
Extenuado como me sentía, me quedé dormido en algún momento, escuchando su respiración, oliendo su cabello, con ella en mis brazos. Bella.
Algo me hizo despertar y fruncir el ceño aun con los ojos cerrados, así que me removí intentando encontrar la postura adecuada para seguir durmiendo. El despertador no había sonado aun. Pero en mi movimiento la suavidad de una piel cálida me hizo abrir los ojos de golpe para encontrarme de frente a la mujer más preciosa que había conocido en la vida y con ello recordar todo lo que mi inusual cansancio matutino había enterrado. Se removió de manera perezosa sin despertarse.
Parecía un ángel. Una de sus manos estaba escondida bajo la almohada y la otra descansaba encima de la misma, frente a su rostro. Respiraba acompasadamente, con los labios entreabiertos y sumida en un profundo sueño. Sus pestañas abundantes y largas me hipnotizaron al igual que las escasas pecas de su nariz que la madurez no había podido eliminar por completo.
Sonreí contento por volver a despertarme después de tantos años junto a ella. Me giré para mirar la hora en el reloj. Eran las 05:30 a.m.y entraba en el hospital a las 07:00 a.m. Con un suspiro, estiré el brazo para desprogramar el despertador y me levanté para darme una ducha, separándome a regañadientes de ella.
Me sentía diferente. Lleno de vida. Había redescubierto la razón por la que me despertaba cada mañana, y muy terco había sido todos esos años al intentar hacerme creer a mí mismo que Bella había quedado en mi pasado; un pasado tortuoso que había sido incapaz de superar y que nos había hecho mucho daño a ambos sin necesidad. Y ese pensamiento me llevó una vez más a la razón de nuestra obligada separación. Mike. Tenía que convencer a Bella de algún modo para que ella no fuese a hablar con él sola. Me crispaba y me moría también de celos solo al pensar que él pudiese compartir solo un poco de tiempo junto a ella. Eso era un privilegio que no merecía.
Me puse unos vaqueros y una camisa azul para ir al hospital. Al salir del baño Bella seguía durmiendo, así que recogí la ropa que habíamos dejado tirada en el suelo de la habitación, colocándola a los pies de la cama y recordando la forma tan tierna y necesitada en la que los dos habíamos hecho el amor al llegar la noche anterior después de que esas prendas hubiesen caído al suelo poco a poco.
Le envié un mensaje de texto a Josh mientras preparaba el desayuno. Me había llamado en cuanto Irina le había contado qué había pasado el día anterior, pero yo debía estar demasiado ocupado como para atenderle. Agradecí que lo tuviese en modo vibración.
Poco después sus complacientes brazos me rodearon la cintura con fuerza y noté como se ponía de puntillas para besarme en el cuello antes de hablar mientras yo terminaba de poner el beicon en el plato.
–Buenos días. – Murmuró abrazándome más fuerte. – Qué bien huele.
–Supuse que tendrías hambre. Anoche con tanto ajetreo se nos olvidó cenar. – Contesté apagando la vitrocerámica y apartando la sartén.
– ¿Ajetreo? – Preguntó soltando una risita al final.
Me giré y sonreí respondiendo a esa curvatura divertida que me dirigían sus labios, rodeando su cuerpo con mis brazos y atrayéndola al mío. Tenía los ojos por fin blancos y brillantes, desbordantes de amor y felicidad orgullosamente manifestados.
–Ajetreo. – Afirmé inclinándome para dejar un suave beso en sus labios.
Sus manos se aferraron a mi cabello con fuerza y gruñí por la excitación que me provocaba. Abrimos los labios a la vez para dejar que nuestras lenguas se acariciasen libremente, recibiendo todo lo que ella quería darme: su amor, su pasión, su necesidad… En momentos así incluso me parecía mentira volver a tenerla de esa forma conmigo.
–Buenos días. – Susurré respirando tan agitadamente como ella, rozando su nariz con la mía. –Será mejor que empecemos a desayunar. Tú debes estar muerta de hambre y yo entro a trabajar dentro de una hora. – Suspiré. – No creo tener fuerza de voluntad para volver a salir de la cama si me vuelvo a meter contigo… – Ella sonrió y me volvió a besar.
–Está bien, dejemos el ajetreo para otro momento. – Contestó jocosamente.
Se separó de mí para coger los dos platos que había preparado y los puso sobre la mesa de la cocina, sentándose en una de las sillas y esperándome con una sonrisa que casi me mata de la felicidad que irradiaba. Llevaba puesta la camisa gris perla que había dejado sobre la cama y era una buena distracción para mí. No recordaba lo bien que quedaba en ella mi ropa. Dio un par de golpecitos a la silla que estaba junto a ella, y cogiendo los dos zumos de naranja, me senté.
– Así que aprendiste a cocinar. – Dijo probando un trozo del huevo frito que le había hecho.
–Bueno, ¿quién no sabe hacer un par de huevos fritos y beicon? – Respondí comenzando a comer también.
–Mmm, esto está riquísimo. – Alabó metiéndose en la boca un trozo de beicon. Yo sonreí. – ¿Estás eludiendo la cuestión?
–No. No sé cocinar muy bien, aunque puedo defenderme en algo como puedes comprobar. – Comenté bebiendo un poco de zumo.
–Ya veo, porque esto está buenísimo. – Volvió a insistir haciéndome reír.
–O tú muy hambrienta. – Elevó las cejas y tragó. Cogió su vaso de zumo y bebió un poco.
–Cabe la posibilidad ciertamente. Aunque me inclino más por el ideal del chico perfecto. – Fruncí el ceño.
– ¿Chico perfecto?
–Alto, guapo, cirujano, habilidoso en la cama y buen cocinero. – Me aguanté la risa, observando como volvía a llenarse la boca con un trozo de huevo.
–Habilidoso en la cama. Bueno, me gusta saber eso. – Sonreí terminándome mi beicon. Y ella rio.
–Supongo que eres muy consciente de ello cuando estás viéndome zampar de esta forma tus huevos y tu beicon. – Comentó dejando el tenedor finalmente en su plato, provocando un audible tintineo.
–Algo así. – Contesté acercándome a sus labios para besarlos.
–Desearía que no tuvieses que ir a trabajar para continuar con el ajetreo. – Apreté los labios en una sonrisa, y luego volví a besarla.
–Podemos vernos luego. – Sonreí. Ella acunó mi rostro.
–Por supuesto. – Me besó.
Fue un beso lento y tierno que fue subiendo de intensidad poco a poco y consiguió que pudiese notar todas y cada una de mis terminaciones nerviosas y que la sangre se caldeara hasta el punto de tener que separarme para no sucumbir a la tentación de hacerla mía de nuevo. Dejé un beso en su nariz cuando recobré la respiración y, cogiendo los platos, me levanté.
– ¿Qué vas a hacer tú? Creo que aun te da tiempo a ducharte mientras recojo esto, si quieres.
–Ajam. – Contestó. – Supongo que iré a casa a buscar editoriales y a seguir escribiendo.
Hasta ese momento no me había dado cuenta que no sabía a qué se dedicaba para ganarse la vida. Me giré cuando dejé los platos en el fregadero, algo apenado. Supe en ese instante que ella estaba pensando lo mismo que yo por la manera en la que me miraba.
– ¿No estás trabajando? – Pregunté.
–Cumplí con un contrato en una editorial hace dos semanas, trabajando a distancia. Así que estoy enviando currículums para ver si tengo más suerte en Seattle. – Abrí los ojos, sorprendido y decepcionado a la vez, sin poder evitar girarme de nuevo.
– ¿Seattle? – Ella parecía seria y yo me había quedado estático, sin saber qué decir. ¿Qué se suponía que tenía que decirle a eso después de haberle repetido hasta el cansancio que la amaba la noche anterior?
–Sí… – Agachó la cabeza y se acercó hasta mí, entrelazando una de sus manos con la mía húmeda. – Aunque ahora ya no me parece tan buena idea. Pero, ¿qué oportunidades puedo tener en Forks? – Yo seguía inmóvil, sin saber qué decir. – Edward, admito que es muy cómodo trabajar en casa, pero no es lo que necesito. Quiero tener que levantarme por las mañanas, ir a una editorial, la que sea. Comenzar leyendo manuscritos hasta llegar a ser editora, y eso en Forks lo tengo difícil.
–Bella… – No podía creer lo que estaba escuchando. Por un lado podía entenderla, pero por otra parte yo quería que estuviese conmigo.
–Por supuesto, no me iría sin ti. – Se calló por unos segundos, mirándome, analizándome, y después suspiró. – Alejémonos de aquí, por lo menos durante un tiempo. Quiero, no sé… Olvidarme de todo lo que ha pasado con Mike. – Sus manos me acariciaron el abdomen. – Podremos venir a menudo a ver a nuestros padres, pero necesito irme de aquí.
–Bella, no sé qué decir ahora mismo. – Ella se inmutó pálida por un par de segundos y después se separó, pareciendo por un momento algo avergonzada.
–Lo siento. – Dijo de repente. – Lo siento, Edward. Vaya, soy una tonta. – Sonrió de manera forzada. – Acabamos de resolver toda esta mentira y yo ya tengo estas ideas en la cabeza. No quiero presionarte, haz como que no has escuchado nada.
Parecía arrepentida, hablando rápidamente, intentando excusar todo lo que había hablado sobre Seattle. Y yo me sentía confuso con todo lo que había escuchado salir de su boca, con su petición y sobretodo con esa necesidad que parecía tener por abandonar Forks para dejar atrás lo de Mike.
–No, no, preciosa. – Hablé acercándome a ella y cogiendo sus manos. – No estoy diciendo que no, es solo que me has pillado por sorpresa. La verdad es que…
– ¿Qué? – Me apremió cuando me quedé callado.
–Ya sabes que yo desde siempre he querido trabajar mano a mano con mi padre en el hospital.
–Ah, sí. Es verdad. – Contestó agachando la cabeza. Suspiré elevando su mentón con mi dedo índice.
–Pero quizá tengas razón. Y además, no pienso volver a dejar que la distancia nos separe. – Su mirada entristecida cambió de inmediato. – Te seguiría hasta el fin del mundo, Bella. – Esta vez sonrió. – Pero vamos a tomárnoslo con calma, ¿de acuerdo? Aún tengo un contrato que cumplir. – Ella asintió con ganas y me dio un abrazo acompañado de un efusivo beso que me hizo sonreír.
–Voy a ducharme, no quiero que llegues tarde. – Le sonreí antes de volver a besarla y la dejé marchar.
Respiré hondo cuando desapareció por la puerta y miré el paquete de tabaco sin abrir que había encima del microondas. Desde que había empezado a fumar era el periodo de tiempo más largo que había estado sin probar un cigarrillo, aunque después de todo lo que acababa de hablar con Bella necesitaba fumarme uno.
Aspiré la boquilla y sentí mis músculos relajarse casi al instante. No me había dado cuenta de que me había tensado hasta ese momento. Volví a inhalar y llené mis pulmones de ese humo tóxico y la sensación mejoró. La nicotina estaba haciendo su trabajo, pero la conversación que había tenido con Bella hacía unos instantes no se me iba de la cabeza mientras fregaba lo que habíamos ensuciado desayunando y hacía la cama.
Seguramente se trataba de un simple impulso por su parte. Yo también me encontraba feliz de que finalmente todo estuviese tomando el camino correcto, pero me había pillado desprevenido. ¿Desde cuándo esa idea rondaba su cabeza? ¿Pensó en ello queriendo escapar de mí? ¿Tenía planeado irse con Mike o sin él? Si no recordaba mal el que alguna vez consideré mi mejor amigo seguía teniendo abierta la tienda de deportes.
–Ya estoy lista. – Me giré al escuchar su voz y terminé de colocar la almohada. – Lo que yo había dicho, chico perfecto. – Puse los ojos en blanco y sonreí. Llevaba el pelo húmedo.
–Siento no tener secador. – Me disculpé acercándome a ella para plantarle un beso en los labios.
–Mmm, acabas de fumar. – Adivinó con el ceño fruncido. Yo sonreí y rodeé su cintura con mis brazos acercándola más a mí para dejar otro beso más. – Pero me da igual, sabes igual de bien.
El beso se volvió más apasionado y a medida que pasaban los segundos tenía más dificultades para separarme de sus labios y para no cogerla en brazos y llevarla a la cama. Dios, cuánto la deseaba.
–Tengo que ir al hospital. – Murmuré sobre sus labios, tirando con los dientes del inferior.
–Ya… – Suspiró y me abrazó con fuerza por el cuello dejando un beso bajo mi oreja. – ¿A qué hora sales?
–A las 03:00 p.m.
–Llámame cuando salgas. Podemos hacer algo. – Asentí sin separarme de ella. Me sentía muy bien a su lado y no quería separarme. – Iré a ver a Mike. – Lo dijo entre dientes y yo me tensé, separándome.
– ¿Sola? No, Bella. No te dejaré sola.
–Puedo hacerlo. Mike no me hará daño, nunca me lo ha hecho. Solo quiero decirle lo que siento a la cara. – Me di cuenta de que estaba conteniendo la respiración cuando sentí una ligera presión en la cabeza.
–Soy yo quien tiene que hablar con él. Él era mi amigo, Bella.
– ¿Hablar? Edward, no vas a poder hablar con él. ¿Te recuerdo como le dejaste la cara aquel día que fuiste a su casa? ¿O sin ir más lejos esta semana? – Se cruzó de brazos con una resolución firme en la mirada. – No quiero que vayas.
Suspiré intentando darme paciencia. Estaba claro que Bella no iba a ceder a que fuese yo el que le dijese las verdades a Mike. Me acerqué a ella, deshice su cruce de brazos y la incité a abrazarme.
–Entonces deja que vaya contigo. No me dejes fuera, por favor. Entiéndelo. – Me miraba algo temerosa, pero la determinación anterior había desaparecido. – Es algo que nos incumbe a los dos, y además, no quiero que esté solo contigo. – Puso los ojos en blanco.
–Está bien, pero prométeme que te portarás bien. – Acaricié una de sus mejillas.
– Te lo prometo. – Ella me miró atentamente, analizando si realmente hablaba en serio y después suspiró.
– ¿Tienes un cigarro?
El día en el hospital por primera vez se me hizo largo. No veía el momento de salir para volver a ver a Bella. Irina y Maira me habían acompañado a fumar uno de mis cigarros mientras intentaban sacarme más información sobre Bella y yo lo único que hacía una y otra vez era intentar eludir el tema, porque siempre les contaba lo mismo: es la mujer de mi vida, no creo que haya una mujer más perfecta para mí, debí darme cuenta antes de que detrás de su decisión de dejarme había algo más, ella me quiere…
Las dos se mostraban felices por mí, y por primera vez después de mucho tiempo, me pude dar cuenta realmente de que Irina y Maira tenía razón en lo que trataban de hacerme entender desde hacía un tiempo. ¿Por qué a nadie le podía interesar que yo estuviese bien? ¿Mi felicidad? Y desde luego todo ese cambio respecto a mi autoestima solo se lo debía a Bella. Eso era lo que era capaz de conseguir el amor y que la persona que deseas te correspondiese de la misma manera.
–Que tengas una buena tarde, Edward. – Se despidió de mí Irina. – Te diría de ir a tomar algo con Josh ahora, pero creo que debes tener mejores planes. – Comentó en tono jocoso, guiñándome uno de sus ojos azules.
Yo solo reí y negué con la cabeza antes de alejarme.
Arranqué el Volvo dirigiéndome a casa de Bella tras haberla llamado antes. Su voz invadió mis oídos inundando mi alma de tranquilidad y regocijo al ser consciente del tono anhelante y ávido que llenaba sus palabras. Tenía ganas de verme y yo me encontraba en la misma situación. Acordamos, sin que nos quedase más remedio, ir a ver a Mike y así solucionar ese tema lo antes posible para poder olvidarnos.
–Te he echado de menos. – Murmuró sobre mis labios dentro del vehículo, acariciando mi cabeza y presionándome contra su boca, atrapando la mía en un hambriento beso que nos dejó jadeando a los dos cuando nos separamos. Uní nuestras frentes con la respiración agitada y rocé la punta de su nariz con la mía. Se había cambiado de ropa, llevaba ahora unos pantalones vaqueros y un jersey azul de cuello alto. Y, por supuesto, estaba subida en unos de sus zapatos de tacón.
–Y yo a ti. No sabes cuánto. – Murmuré acariciando con mis manos sus mejillas. Volví a dejar un beso en sus labios y me erguí a regañadientes, metiendo la primera marcha. – ¿Lista? – Pregunté girando el cuello para observar su expresión.
Se estaba mordiendo el labio y la seriedad en su rostro era evidente. Estaba seguro de que por la forma en la que me miraba habría estado pensando en sobre lo que habíamos hablado esa mañana de ir a ver a Mike los dos juntos. Puso su mano sobre la mía. Dejé la palanca otra vez en punto muerto y saqué la llave del contacto rodando los ojos.
– ¿Qué pasa, Bella? – Frunció el ceño. Parecía afligida y pensando qué palabras iba a utilizar.
–Creo que es mejor que me esperes en el coche mientras hablo con Mike.
–No. – Fui rotundo en mi negación y ella apretó los labios pareciendo impotente. Se llevó con la suya la mano que tenía en la palanca aun y le dio un apretón dejándola en su regazo.
– Edward, sé lo que supone para ti que hable a solas con Mike, pero…
–No, no lo sabes, Bella. ¡No lo sabes, joder! – Tiré de la mano que ella aún sostenía y me llevé ambas a la cabeza tirando de mi cabello. – He estado volviéndome loco al imaginarte con él desde que supe que estabais juntos.
–Estás siendo infantil. – Su acusación me hizo levantar la vista y mirarla confuso. – Mike no va a hacerme nada, no a mí.
–Confiabas en él, compartías tu tiempo con él, tus problemas, tus objetivos… Y aún más que eso. ¡Dios, Bella! Pensar en eso, especialmente, me mata de los celos. No me pidas que te deje sola. ¿Por qué crees que tramó todo esto? Está obsesionado contigo. – Ella no dejaba de mirarme, sin hablar. Estaba compungida, lo podía ver en sus ojos y deseé con todas mis fuerza haber podido convencerla.
–Es eso. No quieres que haga esto sola porque estás celoso, porque crees que en cualquier momento puedo arrojarme a sus brazos. – Miró las manos retorciéndose en su regazo avergonzada. – Eres ridículo. Tú no sabes nada de eso, Edward. – Su voz estaba impregnada de decepción y me arrepentí de haberme expresado mal. – Para mí era casi una obligación. – Esta vez mi mandíbula se tensó e hice el amago para meter la llave en el contacto antes de que Bella me detuviese. – No.
– ¿No qué? ¿Estás tratando de decirme que ese infeliz te obligaba a…? ¡Joder, joder! – Exclamaba dando puñetazos a un extremo del volante. Quería llenarlo de golpes hasta que la muerte llegara por él.
– ¡No, Edward, no he querido decir eso! – Pero sus palabras no surtieron efecto en mí y bajé del coche necesitando aire.
Aun estábamos frente a su casa y no pude evitar mirar hacia la entrada. ¿Habría hablado ella con sus padres ya? Fue una pregunta que me formulé fugazmente en el mismo estado nervioso, rígido y lleno de sed de venganza en el que me encontraba.
– ¡Edward! – Exclamó saliendo ella también del coche y llegando hasta mi altura para abrazarme por la espalda. Yo estaba inclinado sobre el vehículo, con los brazos apoyados en el techo. – Lo siento. Yo he hablado sin pensar. Yo… – Suspiró y me abrazó más fuerte. – Quería decir que para mí era casi una obligación, no que Mike me obligara. – Bufé exasperado y me giré para mirarla. – Casi, Edward. Tampoco era como si tuviese un deber. Por Dios, se había portado tan bien conmigo. Estábamos saliendo y después de todo lo que pensaba que había hecho por mí le había cogido cierto cariño. ¿Cómo iba a negárselo? – Mis puños se cerraron alrededor de su cintura y la atraje a mi cuerpo.
– ¿Te llegaste a enamorar de él? – Mi pregunta la sorprendió y frunció el ceño.
–No, nunca estuve enamorada de él. – Después suspiró. – Edward, pensaba que nunca volvería a sentir lo que siento cuando estoy contigo. Creí que ningún hombre me haría sentir ese escalofrío y esa debilidad que solo tú consigues que sienta. – Agachó la cabeza. – No sé explicártelo, pero nunca me sentí plena con él, y nunca me habría sentido completa con ningún otro.
–Entonces no lo entiendo. – Dije entre dientes, con la mandíbula tensa. – ¿Por qué te permitiste llegar hasta ese punto con él? – No me miró, seguía cabizbaja, mirándose las manos.
–Porque aunque en el fondo de mi corazón sabía que te seguía queriendo, quise engañarme pensando que podría seguir adelante y que conseguiría obtener la estabilidad que nos faltó a nosotros. – Suspiró. – Sé que fui una estúpida, más al permitir tener una relación con ese farsante. No sabes cómo me siento. No tienes ni idea… – Su voz se quebró y me pareció por un momento que estallaría en lágrimas. Eso me llenó de rabia.
–Quiero matarlo. – El horror se adueñó de sus ojos y me miró suplicante.
–Tú no eres así…
– ¡Él es el culpable de que sea así! – Gruñí.
–Tienes que abrir tu mente. Para mí no significaba nada. Solo existes tú, Edward. Siempre has existido solo tú. – Su mano me acarició la mejilla y aspiré aire al notar el hormigueo en mi piel.
–No quiero dejarte a solas con él. – Esta vez su preocupación se esfumó para convertirse en exasperación. Bufó y bajó la mano que acariciaba mi rostro cruzándose de brazos pero sin apartarse de mí.
–Pues voy a hacerlo. – Chasqueé la lengua perdiendo la paciencia. – Edward, el problema es contigo. ¿No lo ves? A mí no va a hacerme nada.
– ¿Cómo puedes estar tan segura?
–He estado pensando esta mañana en la fijación que tuvo por mí desde que te dejé. – Fruncí el ceño. – Él era el único soltero, debía sentirse incómodo. Quizá te tenía envidia. – Lo fruncí aún más. –Quería tener lo que tú tenías y lo consiguió. – Negué con la cabeza.
–No, él era mi amigo. No sé por qué lo hizo pero no quiero que se acerque a ti. – Ella respiró hondo.
–Eres terco, pero no tanto como yo. Vas a dejar que hable con Mike yo sola, y tú me vas a esperar en el coche. Te prometo que solo serán cinco minutos.
– ¿Por qué tanta insistencia?
–Porque no quiero que te haga daño. – Sonreí divertido.
–Pero ¿es que no viste como lo dejé? – Bella puso los ojos en blanco. – ¡Se lo tenía merecido! ¡Y volvería a hacerlo!
– ¿Ves? A eso me refiero. Edward, eres incapaz de controlarte cuando estáis en el mismo lugar. – Acercó su rostro al mío y lo acunó con sus manos. – Déjame hacerlo. Hazlo por mí. – Vaya, las palabras mágicas. Me enderecé.
–Cinco minutos. Ni uno más, porque entonces iré a buscarte. – Ella sonrió por fin complacida y me dio un beso en los labios antes de subir al coche. Ah, bendita mujer.
–Vámonos ya o tendremos que ir a la tienda.
En cuanto aparqué me di cuenta de que no sabía si iba a ser capaz de estar esperando en el coche. Bella era tan terca. Se alejó después de despedirse de mí con un beso lleno de amor, pero la sensación de tranquilidad se había esfumado en cuanto se había bajado del coche. Miraba el reloj cada treinta segundos y el tiempo no pasaba. Saqué un cigarro y lo encendí. En realidad estaba esperando que pasasen esos cinco minutos para verla salir y sentirme aliviado o ir a buscarla.
Aspiré con fuerza la boquilla una vez más antes de volver a mirar el reloj. Ya pasaban más de cinco minutos. Si en los próximos treinta segundos no volvía, iría a aporrear la puerta de Mike. ¿Por qué estaba tardando tanto Bella? Se suponía que solo tenía que aclararle un par de puntos, quizá echarle algo en cara.
Me removí inquieto tirando la colilla por la ventanilla. Miré hacia la puerta de Mike y de nuevo el reloj. El cuerpo se me estaba tensando y no paraba de mover las piernas rítmicamente a causa de la impaciencia. No me lo pensé más, siete minutos eran más que suficientes. Me bajé del Volvo y lo cerré dando zancadas hasta llegar a la puerta de Mike.
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Bueno, parece que vamos por buen camino... Estos dos no han perdido el tiempo y Mike ha quedado al descubierto, ¿pero se dará por vencido o tramará algo más? El lunes volveré a subir capítulo! :)
Muchísimas gracias por vuestros rr.
Un besazo
