Nuevo capítulo de la hora dorada! Sé que llevo mucho tiempo sin publicar en esta historia, lo siento muchísimo, pero aquí llega el capítulo. Espero que os guste.

Como siempre os recuerdo, todo lo que reconozcáis es propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo lo uso para jugar un poquito y escribir esta historia.

Podéis encontrarme en Facebook como Noe Mallen. También en el grupo www . facebook groups / FANFIC . NOE / (acordaos de quitar los espacios)

Para ver el tráiler de esta historia visitad:www . youtube watch?v=XkFf3rs7V5w&list=HL1377982816&feature=mh_lolz

Capítulo beteado por Sarai GN Beta FFAD www facebook com / groups / betasffaddiction /


El viaje hasta el hospital se hizo eterno, y no porque estuviésemos lejos sino porque el silencio dentro del coche era atronador. Cada vez que la miraba podía ver su gesto ausente, su mirada perdida, mirando sin ver el paisaje. No hablaba y casi me costaba saber incluso si respiraba. De vez en cuando sujetaba su mano en la mía y le daba un pequeño apretón, sólo para recordarle que estaba ahí para ella. Podía notar cómo temblaba. Mi pobre Bella… había pasado por tanto… solo quería que supiese que contaba conmigo, sin importar lo que pasase. No me importaba si estaba embarazada o no, no me importaba lo que había pasado en su vida o lo que ese hijo de puta le había hecho. Sólo quería estar con ella el resto de mi vida, y rogaba internamente para que ella se diese cuenta que era realmente así porque la quería, no porque me diese pena o tuviese la necesidad de protegerla.

Fueron los quince minutos más largos de mi vida. Aparqué el coche cerca de la entrada de emergencias y bajé. Aún no había llegado a su puerta cuando la vi bajarse y ponerse en pie con una mueca de dolor reflejada en su rostro. Tenía los pies destrozados, así que me apuré un poco más y la tomé en brazos.

—Eres una cabezota, nena. —Escondió su rostro en mi cuello y pude sentir la tibia humedad de su piel. Estaba llorando y yo no tenía ni idea de cómo podía hacerla sentirse mejor.

Entré en la sala de Urgencias y enseguida apareció una enfermera con una silla de ruedas para Bella.

—¿Isabella Swan? —preguntó la enfermera. Respondí con un asentimiento y la seguí hasta uno de los boxes—, el Dr. Cullen nos llamó para avisarnos de que vendría. Esperen un momento aquí, por favor, enseguida vendrá un médico.

Bella seguía sin mirarme, tenía la vista hacia el suelo y parecía encontrar el linóleo muy interesante. Ya no podía aguantar más la situación, así que me agaché enfrente de ella y la obligué a mirarme.

—Bella… —Como única respuesta recibí un gemido quejumbroso. Sabía que se sentía mal e intuía que era más por la posibilidad de estar embarazada que por su pie—. Escúchame —sostuve su barbilla con mis dedos y la obligué a mirarme a los ojos—, no importa lo que ocurra, todo está bien, te lo prometo. Lidiaremos con lo que sea que venga y estaré a tu lado, no importa lo que pase, no depende de lo que nos digan. Estaré contigo el resto de mi vida porque te amo. ¿Lo entiendes?

Ella asintió levemente.

—Pero y si…

—¿Si estás embarazada? —pregunté y ella volvió a asentir. Mi voz sonó feliz—. Tendré más de ti durante unos meses y después seremos una familia. ¿Es tan malo?

—No quiero que te sientas obligado a tener una relación conmigo sólo porque esté embarazada, Edward.

—Pero es que no es así. Quiero tener una relación contigo porque me he enamorado de ti, y ahora que James no está, sinceramente, tengo miedo de que te vayas, que ya no me necesites y no te tenga más en mi vida. Me encanta levantarme por las mañanas y tenerte acurrucada entre mis brazos, me gusta compartir el desayuno contigo, adoro nuestras conversaciones nocturnas, y ahora, sin peligro para ti, estoy deseando poder enseñarte el mundo, mi mundo, para compartirlo contigo. Un bebé no es más que un premio adicional para mí, Bella. Si ya está aquí —dije tocando su abdomen—, seré feliz y si finalmente resulta que no estás embarazada, estaré deseando ser padre contigo en el momento que tú lo decidas. Quiero formar una familia contigo, ahora o en unos años, no importa. Quiero estar contigo.

Bella me miraba en silencio, pero la incredulidad se reflejaba en su mirada. Simplemente parecía no confiar en lo que decía y francamente ya me estaba desesperando su actitud. Me recordé a mí mismo que debía tener paciencia, tenía que estar en estado de shock después de lo sucedido en la boda, después de haber disparado a una persona, por muy hijo de puta que fuese. El médico entró en el box con el historial de Bella en la mano. No era Tanya, sino otra mujer que no conocía.

—¿Isabella Swan? —preguntó—. Hola… soy la doctora Payne, soy amiga del Dr. Cullen, me ha pedido que me encargue de tu tobillo —dirigió la mirada a los pies de Bella—, veo que está bastante hinchado. ¿Te caíste?

—No, me lo torcí mientras corría —contestó Bella—, no llegué a caerme…

La doctora se agachó y palpó el hinchado tobillo, pude ver perfectamente el gesto de dolor reflejado en la cara de Bella.

—Creo que será mejor hacer una radiografía, está bastante hinchado y aunque a simple vista parece un esguince quiero descartar que haya alguna pequeña fractura.

—Doctora Payne —la llamé—, es posible que Bella esté embarazada. ¿Cree aconsejable hacerla?

—Realmente me dejaría más tranquila hacerla. Hagamos una cosa, porque además supongo que querréis salir de dudas. —Sonrió como si esa fuese una noticia que esperásemos con alegría. No es que no fuese a hacerme feliz, pero desde luego no era algo que habríamos esperado impacientemente—. Haremos esa radiografía protegiendo tu abdomen con plomo. Una radiografía de pie no tiene por qué causar ningún problema, pero mejor curarnos en salud. Además le pediré a una enfermera que te realice una analítica de sangre para confirmar la presencia de hCG, y si sale positiva le pediré a un ginecólogo que te haga una ecografía, solo para confirmar que todo está bien, ¿de acuerdo?

—¿No puede ser con una prueba de orina? —Pobre Bella, después de todo lo que había pasado y aun así le preocupaba una simple aguja. Las odiaba, lo pude comprobar durante su estancia en el hospital, así que tomé su mano y se la apreté tratando de darle un poco de apoyo.

—¿Tienes mucho retraso? —Bella negó con un leve movimiento de cabeza.

—En realidad no estoy muy segura, pero creo que una semana como mucho.

—Bella ¿estás segura? Estuviste ingresada casi tres semanas, y hace nueve días que te dieron el alta…

—Supongo que no… ¿Quizás dos o tres semanas? No estoy segura, no soy consciente del tiempo que ha pasado, Dios, soy un desastre…

—Tranquila, nena… —quise calmarla—, han pasado muchas cosas estos días, es normal que no seas muy consciente de cuánto tiempo ha pasado.

—Una prueba de orina puede no ser muy fiable, la de sangre nos dará un resultado mucho más confiable. Sólo será un pinchacito. —La doctora palmeó su mano en un gesto que parecía querer tranquilizarla—. Voy a pedir tus pruebas, en cuanto estén listas volveré y veremos qué hacemos ¿de acuerdo?

—Sí, gracias —dije mientras salía del box y nos dejaba nuevamente a solas.

La pierna de Bella rebotaba arriba y abajo en un claro gesto de nerviosismo. Me agaché a su lado y puse mi mano sobre su rodilla, deteniendo el movimiento.

—Todo va a estar bien, Bella.

La enfermera entró arrastrando un carrito donde tenía todo lo necesario. La cara de Bella se volvió blanca cuando vio la jeringuilla. Cerró los ojos y giró la cabeza hacia el lado opuesto en el que estaba la enfermera. Yo tomé un taburete y me senté a su lado, dispuesto a sostenerla si era necesario. Cuando la aguja atravesó su piel pude sentirla temblar. Estaba asustada a más no poder. Yo quería reírme. ¡Dios! Ésta mujer tan valiente, dispuesta a enfrentarse a un asesino para defender lo que amaba, tenía miedo de una simple aguja hipodérmica.

—Ya está —anunció la enfermera mientras apretaba una pequeña gasa sobre la herida—, aprieta durante unos minutos para que deje de sangrar. Ahora iremos a hacernos esa radiografía.

—¿Cuánto tardarán los resultados de la analítica?

—Una media hora, más o menos —me contestó la enfermera.

—Gracias. —Agarré la silla de Bella y seguí a la enfermera por los pasillos de urgencias hasta llegar a la sala de Rayos X.

—Tienes que esperar aquí —me anunció, y me sentí fatal porque no quería separarme de Bella en ningún momento. Pude sentir su pequeña mano aferrándose a la mía como si fuese un salvavidas. Estaba siendo demasiado para ella. Creo que la enfermera se dio cuenta, porque se dirigió a Bella—. Sólo serán cinco minutos. Él te puede esperar aquí, no tardaremos nada, te lo prometo.

La vi entrar en la sala y me senté en una de esas horrorosas e incómodas sillas de plástico típicas de las salas de espera. Sostuve mi cabeza entre mis manos, casi como si quisiera exprimirme el cerebro tratando de encontrar la solución a todo éste embrollo. ¿Qué se tomaría Bella mejor? ¿Preferiría un resultado positivo o uno negativo? Yo tenía perfectamente claro que no me importaba el resultado del dichoso análisis, pero ¿y ella? Y no me refería a si le gustaría o no mi reacción, sino a la suya, a su propia reacción sin pensar en mí o nadie más. ¿Sería feliz si estaba embarazada o lo consideraría un desastre? ¿Querría acabar con el embarazo o estaría encantada de llevarlo adelante? El tiempo se me pasó volando y enseguida volvía a tenerla a mi lado. Volvimos al box a esperar por los resultados y fueron unos minutos aún más largos que el viaje hasta aquí.

Sentía el temblor del cuerpo de Bella en mi mano, y se intensificó en cuanto vio atravesar la puerta a la doctora Payne.

—Bueno, Bella. Solo es un esguince, no hay rotura, lo que es una buena noticia. Así que voy a vendarte el pie. Quiero que lo tengas en alto y por supuesto no te cargues en él ¿de acuerdo? Deberías ponerle algo frío, el hielo irá bien, pero no lo pongas directo sobre la piel. Además te daré un calmante para el dolor. Te prepararé la receta en cuanto lleguen los resultados de tu analítica. Sólo para estar seguros que no te doy un medicamento perjudicial para el embarazo, si es que finalmente estás embarazada. Mientras llegan los resultados, te vendaré el pie ¿de acuerdo?

Vi a Bella asentir. Mientras la vendó hizo algún que otro gesto de dolor, pero no se quejó ni una sola vez. Otra doctora atravesó la puerta, venía con una carpeta en la mano, y detrás de ella venía una enfermera arrastrando un carrito con un ecógrafo. Bella tragó en seco, y yo también.

—Os dejo con la doctora Shepperd, es la mejor obstreta del hospital —nos informó para después girarse y dirigirse a la mujer que acababa de entrar—. Karen, necesitará algún analgésico para el dolor de su tobillo. ¿Puedes recetárselo tú? Además está en tratamiento, tienes la lista de medicamentos en su historial. Creo que no hay ninguna incompatibilidad, pero échale un vistazo. —Se volvió de nuevo hacia Bella—. Bueno, Srta. Swan. Yo ya no le torturaré más. —Bella sonrió por primera vez desde que la había encontrado en el bosque—. Si en unos días no mejora su tobillo, vuelva y le echaremos un vistazo ¿de acuerdo?

—Gracias —Bella parecía haber despertado de repente—. ¿Y bien? —preguntó a la ginecóloga.

—¿Puede dejarnos? —preguntó mirándome. Bella apretó mi mano firmemente y le respondió.

—No, quiero que se quede.

—De acuerdo entonces. Isabella…

—Bella —le cortó—, por favor, llámame Bella

—Está bien, Bella, los resultados que arrojan la analítica que hemos efectuado es que estás embarazada. —Veo como Bella suelta aire, como si hubiese estado reteniendo su respiración. Su cuerpo parece relajarse un poco y sus ojos brillan. ¡Oh, Dios, no! ¿Va a llorar? ¿Odia tanto la idea de estar embarazada? Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla y se la limpié con mi pulgar—. Hemos traído el ecógrafo para confirmar que todo está bien. Me preocupa un poco el hecho que hayas pasado hace poco por quirófano y quiero asegurarme que todo marcha como debería hacerlo. ¿Puedes, por favor, tumbarte en la camilla? Pero antes tendrás que desnudarte por completo y ponerte un camisón —le dijo mientras le tendía uno de esos horrorosos trozos de tela.

Ayudé a Bella a cambiarse y a trasladarse de la silla a la camilla para evitar que apoye su pie en el suelo y dejé que se tumbase. Me situé a su lado y sujeté su mano en la mía, apretándola fuerte. Quería que supiese que estaba ahí para ella. Estaba embarazada. Iba a ser padre y podríamos ver a nuestro pequeño hoy mismo. Si no fuese porque no estaba seguro de cómo se sentía Bella al respecto, estaría dando saltos y gritos de alegría.

—Dobla las rodillas hacia arriba y abre las piernas —le pidió la ginecóloga mientras preparaba el aparato. Como Bella no hacía lo que le pedía, la observó, y creo que pudo ver lo nerviosa que estaba, porque enseguida le explicó la situación sin esperar a que ella se lo pidiese—. Verás Bella, tienes muy poco tiempo de embarazo, unas cuatro o cinco semanas, no más. Una ecografía abdominal no me daría la información que necesito, tiene que ser transvaginal. Sé que es más incómoda, pero estoy segura de que entenderás que es mucho más fiable. —Creo que pudo notar su temor—. ¿O acaso no quieres llevar a término el embarazo? Porque si es así, no hay necesidad de hacer ésta prueba.

Bella permaneció en silencio durante lo que me pareció una eternidad, pero tras esos segundos, estoy seguro que solo fueron segundos, su voz sonó segura y fuerte.

—No, quiero tener éste bebé. —Y una pequeña sonrisa asomó a su hermosa cara. Se puso en la posición que le habían pedido y apretó mi mano con la suya, devolviéndome el gesto. Me miró y pude ver alegría en sus ojos. Le sonreí, haciéndole saber que yo también estaba feliz.

—Dejadme hacer unas mediciones primero y luego os lo mostraré, ¿de acuerdo? —Bella asintió, feliz.

Esperamos pacientemente durante los siguientes minutos. Finalmente la doctora Shepperd giró el monitor hacia nosotros y nos señaló un pequeño punto en la pantalla.

—Éste de aquí es vuestro bebé. Sé que no se ve mucho, de hecho lo que estáis viendo es el saco gestacional, no el embrión —nos señalaba como una pequeña bolsa en la que había un puntito de color blanco—, esto —dijo señalando el puntito—, es el embrión. Por el tamaño que tiene diría que tienes más de cuatro semanas, cerca de cinco. No os puedo decir mucho más porque aún es pequeño, pero puedo ver que está perfectamente implantado y por el momento no parece haber ninguna señal que nos indique un problema. —Apretó unos cuantos botones y una pequeña impresora comenzó a hacer ruido. Arrancó el papel y me lo entregó—. La primera foto de vuestro bebé.

Miré a Bella, extasiado, y no pude reprimirme. Besé sus labios con fuerza y junté nuestras frentes.

—Gracias, Bells. No te haces una idea de lo feliz que soy ahora mismo.

—De todas formas —prosiguió la doctora—, hay ciertas cosas en el tratamiento que estás recibiendo que no me gustan, voy a hacer algunos cambios —dijo mientras escribía en un papel—. Vamos a sustituir algunos medicamentos que estás tomando, no es que sean totalmente incompatibles con un embarazo, pero prefiero utilizar otros que se han comprobado que son mucho más seguros. Si te sientes peor, volveremos a ellos, pero creo que te irán muy bien, también. El Dr. Cullen me ha explicado lo que ha sucedido hoy, y me preocupa lo que puede causarte el estrés. Necesito que te mantengas tranquila. Éste embarazo ha pasado por mucho y tu pequeño ha demostrado ser un campeón, pero estará mejor si le ayudas intentando relajarte un poco. Sé que puede parecer que te estoy pidiendo mucho, pero preferiría conseguirlo sin tener que medicarte. Papá —me llamó y sonreí como un idiota. ¡Dios! Me encantaba como sonaba—, éste es tu trabajo. Mamá lo está haciendo todo, pero tú puedes ayudarla manteniéndola en un ambiente tranquilo y agradable. No es necesario que guarde reposo de ningún tipo, pero sí que esté tranquila. Os dejo la receta con los cambios en la medicación, además del ácido fólico y las vitaminas prenatales. Si tienes dolor de cualquier tipo, toma el paracetamol que te he recetado, no tomes otro tipo de analgésico ¿de acuerdo? —Palmeó la mano de Bella—. Te veré en tres semanas más, para asegurarnos de que todo sigue bien. Si es así, podrás escuchar el latido de tu bebé. Os dejo para que puedas vestirte, la enfermera Thomson os traerá vuestra alta en unos minutos.

—Gracias —susurré emocionado. En cuanto salieron de la consulta, sujeté la cara de Bella entre mis manos y la besé emocionado—. Dios, Bella… te amo, tanto, tanto… Ahora vuelvo —le dije mientras salía por la puerta, persiguiendo a la doctora Shepperd—, ni se te ocurra intentar bajarte de ahí sin mí, no tardo nada…

Corrí por los pasillos hasta que la alcancé. Toqué su hombro levemente para llamar su atención.

—¿Si? —me preguntó.

—Tengo una duda… —Creo que me puse colorado.

—Dime…

—¿Podemos…? Ya sabe… ¿Puede ser perjudicial para ella? ¿O para el bebé?

—¿Te refieres a tener relaciones sexuales? —asentí. Puede que haya estudiado para médico, que casi lo haya sido, pero cuando se trataba de Bella y de nuestro bebé, me sentía un completo y reverendo imbécil.

—No hay ningún problema. Todo parece marchar bien. Cuando hablaba del estrés me refería a otro tipo de situaciones, no a eso.

—Gracias. —Ya estaba mucho más tranquilo, así que me di la vuelta y volví al box en el que estaba Bella. La enfermera Thomson salía de allí y se despidió de mí. Cuando entré me encontré a Bella sentada en la silla de ruedas y ya vestida.

—Te dije que me esperases, nena. Quería ayudarte yo.

—No lo he hecho sola, la enfermera me ayudó. Ya ha traído el alta y nos podemos marchar. Además, Edward, estoy embarazada, no impedida.

—Pero ya has oído a tu médico. Necesitas tranquilidad, que yo como el papá, tengo que procurarte. —Bella se rio.

—¿En serio estás bien con esto? —dijo apuntando a su vientre.

—En primer lugar, no le llames "esto" a nuestra pulguita. Y en segundo lugar, estoy mejor que bien, te lo prometo.

—¿Pulguita?

—Pulguita.

—Las pulgas son bichos asquerosos… —Sonrió de nuevo, una auténtica sonrisa, una de esas que le iluminaban el rostro.

—Vale… nada de pulguita —protesté—, ¿qué tal garbancito? —pregunté mientras sujetaba su silla de ruedas y la sacaba del hospital, mientras ella reía por primera vez, feliz y tranquila.