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Chapter 20

Su puño cerrado se estrello con fuerza sobre ese demonio idéntico al Señor Lumpy que se mantenía en posición de pelea.

―¡Manda más energía a tus puños!― Desde el otro lado de la habitación Lammy le gritaba con fuerza. Idéntica a la de un Sargento― ¡Ataca con tus pies!¡Apunta a su cabeza!― ordenaba, mientras ella intentaba seguir sus indicaciones. Alzando su pierna en alto apunto hacia la cabeza, pero rápidamente ese demonio la detuvo sujetándola con fuerza. –Lánzale un ataque a su estomago―con un movimiento fluido depósito su palma extendida sobre el abdomen de ese demonio haciendo que saliera disparado metros atrás.

Agotada se dirigió hacia la ventana, sentándose sobre su borde. Poso su mentón sobre la palma de su mano observando atreves de esa ventana amplia, el extenso territorio repleto de frondosos árboles esqueléticos, y cielos rojizos. El olor a azufre era tal que ya se le había acostumbrado el olfato a persuadirlo en el ambiente.

Se abrazo a sus rodillas, con sus mejillas sonrojadas. Flippy por fin se había decidido a dejarla, luego de estar cerca de una semana encerrada junto con ella en ese cuarto, donde para lo único que salía era para buscarle comida o agua. Sin embargo, no recordaba haber comido mucho, aunque hambre no tenia, el hambre de ella que poseía el demonio no eran diferentes a las de ella. Por lo que para lo único que se tomaba el tiempo era para beber agua.

―¿Que tienes?― la baja y suave voz de Lammy, la saco de sus pensamientos haciendo que posara su mirada en ella sobre saltada.

―¿Eh?― La escultural mujer, se sentó a su lado admirándola en silencio. Incomodada por la intensa mirada, bajo su mirada apenada.

En ese tiempo, no le era muy difícil socializar con la peli morada, poseía una madurez y conocimientos infinitamente superiores a los de ella, a pesar de que la mayor parte de su vida se la había pasado encerrada en una mansión, donde su única compañía era sus demonios, Lammy, poseía una gracia particular al narrar hechos o conocimientos adquiridos atreves de palabras en hojas amarillenta ante los años. Y eso a Flaky, le encantaba.

―N―nada, no es nada…―afirmo dibujando una sonrisa fraternal. La mayor, la miro con una ceja en alta, esperando alguna otra respuesta. Una sonrisa de lado se poso en esos labios pintados de rojo, al verla con atención el rostro.

―Tus rasgos se han agraciado de una manera tal que hasta tu alma se te ve diferente…―soltó seguido de una risita baja― Se nota que ese demonio, en verdad te ha dejado satisfecha…

Casi le da un paro cardiaco, al escucharla decir aquello con tanta naturalidad. Agradeció estar apoyada contra el cristal, porque si no, se desnucaría contra el suelo ante tal arrebato.

―¡No hemos hecho nada!― negó varias veces con la cabeza posando sus manos, intentando creérselo a sí misma. Pero Lammy era astuta, no cayo tan fácilmente, Flaky era tan trasparente como un niño, incapaz de mentir sin que te dieras cuenta de ello.

La mirada de la mujer instruida por demonios, se poso en ella con una atención abrumadora sobre su cuerpo. Luego de unos momentos observándola, ella se mordió la mejilla internamente mientras su ceño delineado, se frunció un poco y unas leves arruguitas se posaron sobre su frente, ante su frustración. Se mordisqueo su labio inferior, humedeciéndolo con la lengua. Le frustraba no saber interpretar lo que su visión aguda y prodigiosa observaba en esa alma trasparente, que tenia Flaky.

―Algo cambio en ti…―vacilo observándola con una mirada que traspasaba los objetos físicos.

―¿En mi?

―Sí, tienes algo distinto a la primera vez que te vi.― intento explicarse sin mover un centímetro la mirada de su presencia. Se enderezo bien, llevándose una mano a su frente masajeándola por un momento― No me hagas caso…― Negó con su cabeza, haciendo que tirabuzones color morado cayeran por delante de sus hombros decorando esas vestimentas claras con su color exótico.―Seguramente debo estar cansada…

Lammy dejo pasar ese hecho, por la simple excusa de que sus sentidos le estaban causando una mala jugada o con la broma estúpida de los gemelos de que por fin se había vuelto loca. Pero esa sensación extraña que tenía la presencia de la peli roja, no desaparecía. A su vez, las semanas pasaron, y los dos señores de esos territorios todavía no volvían, tanto Flippy como Splendid se comportaban de una manera extraña, ocultando algo evidente para los ojos atentos de ella: Tanto Lumpy como Russell, habían partido a reunirse con el señor del Sur y el asqueroso Mole.

El ambientes estaba pesado, y una severa marca eléctrica se incrustaba en el aire. En ocasiones, escucho hablar de los instintos sensibles que los animales terrestres y demoniacos, como los mismos demonios, desarrollaban en su niñez. Ella creía tenerlos también, sentía la pesadez del aire cuando un demonio poderoso estaba cerca, la frialdad natural que emanaban los cuerpos de esos seres cuando intentaban ocultar su forma física, como también sentía la intensa presión de peligro que liberaban sus cuerpos dando una inconsciente advertencia y nivel de sus poderes.

Pero esos factores que ella veía normal para una humana, no tenían nada que ver con esa sensación tibia que hace unos días sentía emanar del cuerpo de la peli roja, cuando la veía hacer los entrenamientos dictado por ella. Ella sentía esa presencia dentro del cuerpo de Flaky, gracias a sus poderes, intento persuadir a Petunia para que ella también le confirmara de lo que sentía, pero sin embargo ella no sentía aquella presencia casi invisible que comenzaba a crecer poco a poco a medida que avanzaban los días.

Un día en el que se dispusieron sentarse en la mesa a cenar, ella se sentó como siempre entre medio de sus dos demonios gemelos, mientras que los demás demonios se expandían por la mesa repleta de comida demoniaca y humana. Lammy observo como la figura diminuta de Flaky entraba temblando la habitación, siendo seguida de cerca por la intimidante figura del peli verde. Ella los observo en silencio, moviendo distraídamente la cuchara de plata contra la sopa de cilantro y carne de pollo que tenia frente a su pecho. La peli roja se veía nerviosa, mientras que el demonio, simplemente consumía con rudeza un trozo de cerdo que se asemejaría a toda la mitad del animal, casi con rabia.

Ignorándolos, ella se trago rápidamente la sopa, para luego servirse un poco de puré de batata y un trozo de carne asada. La mesa donde desayunaban, almorzaban, merendaban, y cenaban todos juntos, se había convertido en un punto de reunión para todos. Las risas, bromas, anécdotas y comparto de recuerdos, eran lo principal que rodeaba ese ambiente casi familiar que irradiaba esa inmensa casa.

―¡¿Quién quiere vino?!― Grito eufórico un emocionado Cuddles que alzaba la botella en alto para que todos disfrutaran de esa creación originaria de hace décadas atrás. Un sublime vino que descaradamente Nutty había robado de la vinoteca de Lumpy, creyendo que era jugo dulce.

―¡Yo!― gritaron con emoción los gemelos, Splendid y Handy, que luego de semanas había dejado de lado esa faceta indiferentes ante los demás que no sean Petunia. Todos rieron a coro, introducidos en la emoción.

―Yo también quiero…― una voz seca, resonó desde la silla vacía en la punta, donde antes Lumpy solía sentarse rodeado de cachivaches y mirada serenas acompañadas de sonrisas bobas.

Todos los ojos de esa mesa, se centraron en la figura de hombros anchos y espalda inmensa que se sentaba rectamente sobre el marco de la silla. Imponente, intimidante, Tigre alzo una copa vacía hacia el frente de su rostro admirando las miradas repletas de asombro y desconcierto de esos seres inferiores.

Sonriendo de lado observo la mirada amenazante de una de esas humanas que destacaban como perlas entre el carbón, cuatro palomas blancas entre una bandada de cuervos. Hizo chasquear su lengua haciendo que la botella de vidrio se escapara de las manos blancas de Cuddles y se dirigiera hacia él como si una mano invisible la dominara. De una explosión seca contra el tapizado de terciopelo de las paredes, los vidrios fríos se expandieron sobre la alfombra oscura.

Arrogante, Tigre poso su mirada rojiza sobre los demonios atentos. Sus perlas rubí brillaron con un brillo siniestro, mientras una dentadura imperfecta cargada de conillos sin incisivos se mostro con descaro.

―Buenas tardes Senkas…Mi nombre es Tigre, me conocen como: Señor del sur― Giggles sintió su estomago revolverse al ver como de la nada la cabeza de un demonio con sus fracciones desfiguradas por la muerte, con sus ojos blanquecinos abiertos de par en par desfigurados ante las garras deformadas del dolor, y su boca abierta en una gran mueca de grito. Soltando una divertida risotada al ver la expresión de completo terror de las tres Senkas― Señor del Este― Esta vez, para ellos, no fue la cabeza de un desconocido el cual se coloco sobre la mesa (descartando de las humanas, a excepción de Lammy, que sus conocimientos sobre los dominantes del infierno eran desconocidos). La cabeza de Mole se mantenía aun con las gotas de sangre escurriéndose por entre los platos repletos de delicias.

―¡¿Pero qué mierda?!― soltó Lifty observando atónito ese rostro inexpresivo, al igual que los demás. Lammy y su hermano, también se encontraban estáticos en su lugar, viendo como la sangre se abría paso sobre la gran mesa de roble, siendo su inicio por debajo de esa cabeza con ojos cerrados.

―Señor del Oeste― El labio de Petunia tembló al ver como la cabeza de Russell era depositada junto a las otras. En sus ojos las lágrimas pincharon con desolación, una tristeza abrupta la rodeo haciéndola entumecer de soledad.

―¡Señor Russell!― Su grito, al igual que el movimiento abrupto que hizo su silla al caer al suelo ante su repentino movimiento. Hizo que los demás reaccionaran ante la realidad, saliendo de ese leve momento de asombro que los abrumo.

―¡Hijo de puta!― gruño Handy a su lado deteniéndola con sus brazos para que no saltara hacia esa cabeza dura ante las horas de muerte. Sus dientes crujieron con fuerza cuando sintió el cuerpo entumecido que se apoyaba en su pecho, llorando ahogadamente ante la impotencia.

―¡Te partearemos el culo!¡Bastardo infeliz!― Nutty se alzo sobre la mesa tirando lejos los platos inmóviles que no habían sido tocados, a su espalda tanto Cuddles como Thooty lo imitaron con una mirada cruda. Sus miradas eran bestiales, como si fueran animales salvajes infectados de la espuma blanca de la rabia, la ira corría por sus venas como veneno.

―Me encanta admirar esas expresiones en sus rostros pequeños demonios. Pero han interrumpido mi presentación, por favor esperen un poco― Soltando una risa tan falsa como sarcástica. Admiro por un momento esas distintas expresiones que irradiaban la mesa, cual banquete real, sus encías manchadas de sangre se mostraron aun más al mostrar la ultima cabeza con la cual cargaba.―Y ahora, me llaman…Señor del Norte…

Inerte, inmóvil, con sus ojos cerrados en una mueca clara de serenidad, y con una leve sonrisa de lado, la cabeza de Lumpy fue deposita sobre la mesa. Los demonios sobre la mesa, admiraron en silencio las imponentes y peligrosas astas torcidas que sobresalían de la coronilla, era claro para ellos, Lumpy había muerto en su forma demoniaca, al límite o sobre pasándolo el límite de su poder.

La sala se completo con un completo silencio, en donde las risotadas divertidas y roncas eran las únicas que se escuchaba, salir de la garganta dañada de ese peligroso demonio, que cruzado de piernas bebía un trago de vino con tranquilidad y deleite. Las gargantas coordinadas pesaban con rudeza en los demonios, mientras esa sonrisa boba como desolada, era admirada por todos los ojos de la sala.

Un simple sollozo por parte de la garganta de Nutty fue el causante de que una ola completa de insultos y poderes fueran depositados sobre ese demonio vestido de vestimenta elegante, idéntica a un dictador o general humano.

Sin embargo a pesar de los inmensos ataques de los demonios más pequeños, la leve cortina de polvo dejaron ver nuevamente la figura de ese demonio.

―¡Buenos ataques!...Lástima que los tenga que destruir, porque hubiesen sido unos grandiosos demonios.

―¿Pe…pero co…como.?― tartamudeo Toothy sin entender― Hemos puesto gran parte de nuestra fuerza en esos ataques…

―¡No sean estúpidos!¡Si puedo destruir a los demonios más poderosos de el infierno!¡Puede deshacerse fácilmente de unas mierditas como ustedes!― Las palabras de Shifty por más que iban cargadas con insultos, fueron claras y cargadas de preocupación.

Tigre poso su mirada sobre él en el acto, para luego posarla en su hermano que se mantenía como un escudo entre Lammy y Tigre. Sonrió malvado, como solo un demonio de su edad cargado de confianza y maldad propia, lo podía hacer.

―¡Valla!. Con que ustedes eran los gemelos de los que Mole me comento...―Los vio mirarlo con odio infinito, pero sobre todo, con atención, estaban alertas a cualquier movimiento por parte de él, y eso lo hizo recordar a esos dos gemelos que tenía en el territorio del Sur, matando a cada habitante se le cruzara. – Interesantes, realmente interesantes― vacilo reflexivo.― Si lo desean…les doy la oportunidad de elegir― Sabia muy bien, lo sádicos que podían ser y el placer que les daban el matar y destruir; eran idénticos a él. No como los demonios, cargados de moral que Lumpy había educado, ellos fueron criado por el infierno, no por un Señor de alta clase― Pueden hacerse mis aliados, y salvar sus idénticos culos de que los mate…¿Qué prefieren?― pregunto riendo al verlos dudar. Un tibio liquido se poso sobre su ceja, cayendo lentamente sobre su mejilla, lo tomo entre sus dedos enguantados tirándolo lejos. Admiro al causante de ese hecho, el demonio sin sombrero sonreía con arrogancia mientras se acomodaba rectamente por delante de la Senka peli morada.

―Creo que con eso te hemos dado una respuesta…¿No?. O necesitas que te lo aclaremos bien― vacilo burlón Shifty imitando a su hermano, mientras acomodaba su fiel sombrero sobre sus cabellos rebeldes.

―He entendido claramente el mensaje…Por lo que los matare a cada uno de ustedes, excepto claro, a las humanas, a ellas les espera algo aun peor…

Alzándose sobre sus fuertes piernas cubiertas con pantalones perfectamente planchados y botas largas hasta las rodillas, hizo girar sobre su dedo índice uno de los cuchillos de plata que yacía sobre la mesa, mientras alzaba una pistola que sacó de su saco largo. Tirando un ruidoso y seco tiro hacia arriba, sonrió con arrogancia.

―Este territorio es mío.― Sentencio, mirando la frustración e impotencia en los ojos demoniacos. Se dedico a mirar de reojo a esa peli roja, sentada a entre sillas solitarias, sin salir de su lugar, a pesar de que temblaba con rudeza, lo miraba con completo espanto, dispuesto a atraparla, sonrió ladeadamente dando un paso hacia ella.

―¡Jejeje!―Una risa de ultratumba acaricio su tímpano, deteniendo su caminar intimidante. Haciendo a un lado su rostro se encontró con un rostro escondido tras unos cabellos verdosos, que a su vez eran cubiertas por una boina verdosa. Lo único visible de él, eran esos blancos dientes puntiagudos que se ladeaban en una sonrisa tan demente que él no pudo evitar mantener esa sonrisa de confianza en su rostro, ante la nostalgia de un recuerdo olvidado. Esa sonrisa, se le era infinitamente familiar. Pero la pregunta era: ¿De dónde?

Ese sujeto extendió su mano cerrada sobre él, depositando sobre la mesa la bala de plata que reboto varias veces antes de caer sobre sus rodillas.

―¿Qué carajo?—Un puño pesado se poso sobre su mejilla haciendo que su cuerpo volara hacia la pared cercana, traspasando las murallas de ladrillos y cemento una por una hasta caer por concreto en la salida.

―¡¿Quién mierda te dijo, que este territorio no tenia dueño?!¡Jejeje!― Su pecho se movía con rudeza ante el ataque de risa que su cuerpo poseía.

Sus músculos estaban tensos, mientras una risotada demente hacía que su columna se doblegara un poco. Una de sus manos se aferraba a su cara, mientras que otra se posaba sobre ese cuchillo que brillaba ante la luz de las velas que colgaban en el candelabro que temblaba ante su risa ronca.

― ¡Quiero ver sangre!¡Sangre, muchas sangre por todos lados!― Abriendo sus brazos en su plenitud, miro hacia el techo con sus parpados abiertos de par a par, sin parar de reír. A punto de cruzar las puertas del delirio― ¡Cortare cada musculo, cada nervio. Romperé cada cráneo hasta que la palma de mis pies no puedan más!¡Sí!¡Eso hubiese querido Lumpy y Russell!¡Que mate!¡Matar!¡Matar!¡Hasta que ya no pueda más, sean o no enemigos o aliados!― grito haciendo que los cristales reventaran ante tal poder―¡Matare a todos!¡Los bañare con mi locura!¡Jajajajaja!―Ya quedaba claro, estaba demente en toda su plenitud.

Splendid bajo su cabeza apretando sus puños con fuerza. No podía hacer nada nuevamente, y ese estado era el punto culminante, donde ya no podía haber marcha atrás. Flippy había caído ante la locura que yacía resguardada en su pecho y mente, que a su vez era la causante de ese poder inimaginable que una vez Lumpy le había advertido.

¿Cuántos siglos ya habían pasado de que no veía a Flippy así?. Muchos sin duda alguna.

Cuando Lumpy lo trajo a esa mansión, la imagen de un pequeño demonio arisco de mirada color oro, que era perteneciente de un poder sorprendente a pesar de su edad, era lo único que se le venía a la mente. Pero aquella que tenía en frente, con el mismo demonio, doblegado ante la locura, con su diligencia perdida, era una nueva para su mente. Y algo dentro suyo, el lado pesimista que siempre escarbaba con sus garras las situaciones presentadas, le decía que esa era la última visión que tendría de él.

Dos demonios en un solo cuerpo, que a su vez formaban una sola persona, con su lado malo y bueno. Un demonio capaz de rebajarse ante el cariño, y compañerismo, era una nostalgia muy fuerte que lo rodeaba cuando lo veía ahí hablando incoherencia mientras tenia la imagen de un demente. Pero a su vez, un demonio capaz de destrozar de un solo ataque una gran cantidad de terreno, y con una dominación devastadora, le causaba admiración.

Flippy, le causaba nostalgia, cariño, compañerismo y― aunque ninguno de los dos lo quería aceptar― unas intensas voluntades a cuidarse mutuamente, cuidando a ese compañero que la eternidad les había regalado. En cambio, esa faceta de sí mismo, Fliqpy, ese demonio que con el tiempo paso a ser una entidad separada del original que habitaba dormido en su mente, le causaba admiración, y unos profundos celos, ante la capacidad fácil de igualar y superar sus poderes. Eran amigos, rivales y compañeros.

Y como digno, amigo, rival, y compañero, él cumpliría su función. Desde la partida de Lumpy y Russell, Flippy y él, supieron la verdad. Tarde o temprano, Tigre iría por ellos y las Senkas, y aun a regañadientes, uno de los dos se debía quedar, eran los únicos que podían darles un poco de tiempo para que los pueda escapar por las mazmorras subterráneas que tenía esa casa que por siglos fue una total aventura al reconocerla y conocerla todos los rincones para ambos demonios infantiles, que con el tiempo dejaron para descubrir a aquellos atajos y escondites que tenía esa inmensa mansión, para los demonios más pequeños. Él, una simple pieza de juego, se encargaría de cuidar a la Reina del juego, mientras que el Rey se sacrificaba frente a las manos frías y duras del mismo Ángel caído que se hacía llamar en vez de Lucifer o Satanás: "Tigre".

Poso su mano en el hombro de la peliroja, que se mantenía estática a pocos pasos de peligroso demonio que reía como un maldito enfermo. Pero su mano pesada fue inmune a la pequeña descarga que emanaba el diminuto cuerpo de Flaky. Que con toda la velocidad posible, se acerco hacia el demonio abrazando con fuerza su pecho, llorando con su garganta a punto de quebrarse. Preocupado por su bienestar, él miro levemente a Handy, para que lo entendiera tras palabras mudas. El demonio con su cabello ondeante ante las leves ráfagas de fuego puro que emanaba su presencia, asintió seguro. Cargo a Petunia y le indico a una mareada Giggles.

―¡Cuddles, ayuda a tu Senka, su seguridad es lo que cuenta ahora!― ante su orden autoritaria, el rubio la alzo de la cintura comenzando a correr hacia la entrada cercana.

―¡Síganme!― exigió, siendo seguido por Thoothy y Handy, que cargaba a Petunia con fuerza. Nutty vacilo observando las cabezas sobre la mesa, hasta que por último, gruño molesto, para seguir a los demás por el pasillo. Ellos sabrían por donde se encontraba el pesadillo que los guiaría a la salida del territorio de Lumpy, Flippy y él se las habían mostrado en caso de que alguien lograra entrar por las barreras espirituales que rodeaban la mansión, era un ruta que gracias al poder de la mansión, mantenían sus presencias ocultas tras metros bajo tierra.

Los últimos en partir fueron los gemelos, que partieron ante una orden seca de Lammy, que se mantuvo parada junto a él, con la mirada puesta sobre la peli roja que sollozaba en un pecho sin contestación alguna.

―¡Lárgate!― le exigió, ella sin dedicarle siquiera una mirada acoto.

―No eres mi jefe― Frustrado, y sabiendo que discutir con esa mujer era como discutir como una mula, Splendid poso su mirada al frente buscando algún método para sacar a Flaky del lado del demonio demente sin que saliera herida ante un ataque sorpresa por parte de él. Con Flippy, en ese estado, era imposible estar seguros de lo que sucedería.

Sus ojos se abrieron levemente al ver como el cuerpo del demonio dejaba de retorcerse, para quedarse quieto por leves segundos. Inmóvil.

Los brazos musculosos y venosos de Flippy rodearon a esa pequeña mujer temblorosos. Ella elevo sus carmesí, a riesgos de que la pizca, pequeña, de valor se fuera. Unos ojos verdes la miraron con una calidez infinita. Ella sintió como su pecho se desangraba, al ver su corazón reflejado en esa mirada cargada de sentimiento.

―Flippy…―no pudo evitar llorar viendo borrosa esa sonrisa cargada de resignación y tristeza.

Pero ante la atenta mirada de ella y los otros dos, el demonio bajo su rodilla al suelo para posar su mirada sobre su vientre oculto tras esas vestimentas oscuras. Flaky lo vio depositar un suave beso en él, tras apartar las ropas. No lo pudo soportar más lo abrazo con fuerza atrayendo su rostro hacia ella. Sentía como su garganta liberaba infinitos de sollozos y jadeos de tristeza. Acaricio ese cabello verdoso con toda la delicadeza que podía, mientras una desesperación insoportable la rodeaba al verlo soltar una risita despreocupada.

―Cuida bien a mamá…Mi pequeño demonio…―susurro contra su vientre plano, frente a la atenta mirada de los otros dos. Cerro sus ojos por un momentos sintiendo como el corazón de su humana y la presencia de su futuro hijo se escuchaban atreves de su alma. Por su mente pasaron rápidamente las imágenes claras, y desconectadas de un futuro incierto, en donde él cuidaba por siempre a esa mujer que le había robado el corazón, y donde su única preocupación seria vivir feliz al lado de su hijo y su hermosa mujer. Y pensó, para sí mismo, que él no estaba derrotado, él aun podía hacer realidad esa imagen del futuro, en donde no habría marcha atrás. El pasado quedaría para segundo plano, y el presente era lo único que podían disfrutar.

Sus ojos se abrieron dejando ver un profundo color oro, vivo, atento, carente de compasión, pero con una sabiduría y seguridad infinita― Cuando todo esto termine…Yo también quiero comer esas tal "Hamburguesas"―soltó con una sonrisa divertida que no llego a sus ojos, poniéndose rectamente para mirar esos ojos que lloraban sin censar ni un segundo. Una sonrisa leve apareció en los labios de Flaky, al recordar la primer comida, que compartió con Flippy― Pero sobre tu cuerpo…― ronroneo contra su rostro picaramente, dando una leve caricia sobre su vientre sin que los demás lo notaran. Esa era una leve señal, y la humana, lo interpreto claramente. Él también lo quería, quería al bebe. Muy lo contrario a lo que habían discutido en la habitación antes de ir a cenar. Sonrió más feliz que nunca, deposito un suave beso sobre sus labios, dedicado tanto para Flippy como para Fliqpy.

―Prométeme que volverás a mi lado― rogó clemente por una pisca de seguridad en ello.

―Sí, mi ama. Lo prometo― sentencio antes de besar sus labios con gusto dulce. Tomo sus pequeñas manos entre las suyas, para besar sus nudillos con cariño― Te amo…―susurro en ellas, sinceramente. Haciendo que ella dejara que las lagrimas libremente recorrieran por sus mejillas hasta caer hasta su pecho. –Vete ya― ordeno, pero antes de apartarla de su lado hablo con voz cargada de sentimiento― Prométeme que pase lo que pase…volverás a mi lado …― hasta que no la vio asentir no muy convencida, no la soltó.

Una carcajada ronca se escuchaba atreves de las paredes mientras el ruido de las botas al chillar contra el suelo, le estaban dando la despedida cuando ella junto con Splendid y Lammy abandonaban la habitación. Miro por última vez esa espalda ancha que imponía una autoridad, respeto y temor infinito. No pudo evitar que sus lágrimas se llenaran nuevamente de lágrimas entorpeciendo su visión al correr. Splendid, la cargo entre sus brazos, mientras era seguido por cerca por la peli morada que miraba al frente. Atenta. Con la sabiduría de un combatiente que ha estado años en guerra, experto en detectar enemigos en la oscuridad que los rodaban.

―¡Detente!¡Detente!― exigió Lammy con rudeza tomándolo del ante brazo con brusquedad. Miro al pasillo que era su destino con atención. Se giro hacia la peli roja, poniendo un pañuelo sobre su nariz levemente, al instante la humana desfalleció entre los brazos del demonio peli azul.

―¡Mierda!¡Cloroformo!¿Enserio?― la miro incrédulo al sentir el olor asqueroso y soñoliento que libera ese leve pañuelo―¿Qué mierda eres, mujer?― pregunto incrédulo. A lo largo de su estadía y convivencia mutua, se daba cuenta de que Lammy era una caja de sorpresas. Jamás podías saber con exactitud qué era lo que cargaba consigo.

―La verdad, no tengo idea. Me han llamado humana, Senka, alíen, hija de puta, bastarda, prostituta francesa, ante mis modales refinados― Splendid no pudo evitar soltar una risotada, al recordar cómo habían quedado los huesos de Lifty al nombrarla de esa manera, ante la negación de un capricho de por si aniñado, y estúpido―Demonio….¿Y sabes qué? Hasta ahora, creo que formo más parte de una estirpe demoniaca que humana…―murmuro bajo, sin apartar su mirada de la oscuridad latente.

Splendid simplemente se quedo en silencio, no tenia palabras que decir. Por primera vez en su vida, no tenia discurso "hippi"― como los solía llamar Flippy― para decir.

―Hay un demonio girando a la izquierda. Se encuentra parado, como si nos estuviera esperando. Es muy, muy poderoso…― soltó bajo, con temor a ser escuchada, aunque para la voz baja que podía incrementar su garganta, ni los más sorprendentes oídos pudieran escucharla.

―¿Por eso la desmayaste, para que no note nuestra presencia?― Al verla asentir, se resistió a soltar un leve "¡Astuta!"― Esta ruta no fue la que tomaron los chicos. Estoy seguro, que Cuddles los guío hacia el túnel que encontramos con Handy hace unos días. Si Tigre dejo esa clase de demonios en cada lado de las entradas, estoy seguro de que ellos no fueron sorprendidos― hablo algo aliviado. Pero frustrado ante la incertidumbre de saber que Tigre tenía acceso a información de la cual estaban consientes únicamente los de su grupo.

La imagen de un joven con gafas, le vino a la mente como un Flash. Frustrado apretó más contra si el cuerpo inconsciente de la Senka entre sus brazos.

¿Sniffles?¿Él había sido que le habría brindado esa información a Tigre?

―Carajo…―apretó sus dientes hasta sentirlos crujir.

Lammy guardo silencio, la imagen borrosa de un hombre con traje, le vino a su mente levemente. Le sonreía, le sonreía, mientras se sacaba el sombrero de copa con elegancia y caballerosidad. Invitándola a probar su poder, a prestarle su cuerpo. Se negó de inmediato.

―Toca mi espalda…

―¿Qué dices?

―Saldremos de aquí tal como la primera vez salí. ¿Recuerdas?― Se refería a cuando secuestro a Petunia, por lo que Splendid, entendió esa vacilación en su voz. Tocando con cautela su espalda, la observo con atención. Una gran luz los cubrió por unos segundos haciendo que él cierra su ojos por un momento cegado.

Aferro a Flaky contra su cuerpo, cuando sintió como unas suaves cosquillas se posaban en su estomago. Abriendo sus ojos se encontró con un paisaje que no le era desconocido. A su lado mirando hacia los lados se encontraba Lammy, buscando algo silenciosamente. La vio rebuscar entre las secas hojas con la punta de su bota puntiaguda, absorta en su acción.

―Demonios…¿Dónde está?― se preguntaba en voz baja a sí misma, mientras que con un poco de brillo en su mano hacia volar un montón de hojas secas del suelo, una ventisca de aire las llevo hacia un lejano lugar en el cielo. Estuvo varios minutos buscando, ignorando olímpicamente las preguntas de Splendid, hasta que por fin alzo una pequeña caja con detalles delicadamente puestos.

Cansada, ella se encamino hacia él observándolo con su ceño fruncido.― Tardara unos minutos en despertarse. Esperemos a ello, para bajar al pueblo― Apunto hacia los arboles que chocaban sus ramas entre ellos ante el viento caliente que lamia el suelo ceniciento.

―¿No crees que será peligroso?― ella lo miro de reojo antes de sentarse con brusquedad sobre el suelo justo a la par de él.

―No…Para ello, usaremos estos― haciendo girar sobre su dedo índice un pequeño colgante rojizo, le sonrió con confianza― Pasaremos inadvertidas por los demonios si usamos estos―apunto a su cuello, observo con delicadeza la fina decoración que se centraba en su centro, una sonrisa tan cariñosa como nostálgica apareció en sus labios rojizos, mientras la yema de sus dedos acariciaba esa perfecta flor purpura cubierta por electrizantes ramas negras que se entrelazaban entre sí de forma enredada. – Solo existieron siete colgantes de estos, capaz de esconder las presencias de las personas como nosotras. Siete, en honor a los siete pecados que Dios sentencio en su mandamiento. Pero solamente en la actualidad quedan cinco, los otros han desaparecido entre las llamas del infierno. Yo tengo tres, los otros dos, no sé donde se encuentran…

―¿Por qué tienes tantos?

― Shifty y Lifty, se enteraron de su existencia y los robaron para mí.― Una sonrisa divertida rodeo sus fracciones contraídas ante el leve viento cálido que golpeaba su cara. Splendid también sonrió, ante lo nostálgico que sonaba ello.

―Te protegen mucho.

―Ni que lo digas. Dudo mucho, que se queden quietos si saben que yo no estoy con ellos.

―¿Crees que volverán a buscarte a la mansión?

―No lo creo, me conocen demasiado bien como para creer que yo no me pude escapar con ayuda de mis portales…―Atónito Splendid la miro sorprendido en su totalidad.

―¿Dónde aprendiste a hacer todo eso?. Según tengo entendido, esa técnicas son imposible para los humanos― Lammy poso su mirada de él, para luego bajarla sobre la pequeña mujer que descansaba inconsciente entre los brazos del falso cantante.

― Si, tienes razón, las técnicas que utilizo son imposibles de realizar para un humano― afirmo asintiendo varias veces con la cabeza, una sonrisa de lado rodearon sus labios― Pero yo no soy una humana normal. Soy una Senka― con orgullo en sus palabras ella enfatizo en decir aquella última palabra.

―Pero que egocéntrica eres, niña― bromeo el demonio haciendo brillar sus ojos azul cobalto con la chispa de la curiosidad. Lammy lo miro sin borrar su sonrisa, hasta que sus ojos perlados se posaron sobre el abdomen de la humana con una atención concentrada.

―Es increíble. Nunca se había dado el caso, de que un demonio deje encinta a una Senka― Posando su mano sobre la tela oscura del suéter negro, rio bajito― ¿Cómo crees que será?― le pregunto alzando la mirada hacia él, con sus largas y firmes piernas contra su pecho.

―Seguramente si sale como Flaky, una monada de niño o niña― dándose unos minutos para reflexionar sus palabras, prosiguió― Y si sale igual a Flippy, naturalmente será un infierno andante…― bromeo, para intentar calmar la preocupación que rasgaba su pecho.

Nadie había visto salir a Flippy de esa habitación, en donde el olor a sangre y el sonido chillante de dos metales golpearse, fueron lo único que los despidió a ambos antes de que Lammy abriera ese portal para sacarlos de allí. Flippy podría estar en peligro, aunque era fuerte ese demonio claramente le había dado una muestra de su habilidad al colocar sobre la mesa las cabezas sangrientas y frescas de los Cuatro demonios más poderosos del inframundo. Aquellos últimos ángeles caídos, que quedaban, que habían acompañado a Lucifer ante su despojo del paraíso. Esos cuatro demonios que con sus poderes habían fundado el lugar que ahora era conocido como: El infierno, el lugar donde van las almas asquerosas.

Absorto en sus pensamientos, no se había dado cuenta el momento en el que Flaky despertó y era ayudada por Lammy, para que se levantara del suelo.

―¿Estás bien?. ¿No sientes nauseas?― Al verla negar Lammy suspiro algo calmada, sacando de su bolsillo, aquel colgante rojizo que simulaba ser una flor con sus pétalos encendidos en su totalidad. Atraída hacia el objeto puesto en su cuello, Flaky alzo una ceja sin entender.

―Eso te mantendrá lejos de los demonios, podrás pasar desapercibida por ellos. Como uno más―Lammy se coloco el de ella, haciendo a un lado su cabellera ondulada. Metiendo el medallón faltante en el bolsillo de su pantalón sucio de cenizas, miro hacia el demonio y la humana con una seguridad infinita. Mirando hacia el cielo, observando con atención esos finos rasgos rojizos que se escapaban de las nubes negras, suspiro levemente.

― Estamos en el territorio de Mole, casi en la frontera del territorio del Sur. Mis demonios, seguramente han llevado a los demás al lado norte, donde se encuentran las montañas de huesos. Es ahí donde esos dos tiene un escondite que no puede ser detectado por cualquiera ― rascando levemente su cuero cabelludo, pensativa. Miro hacia Splendid dudosa― Sera mejor que vallamos caminando hacia allí. Un solo levantamiento de energía y tendremos a Tigre tocándonos los talones.― Viendo la mirada de Flaky, víctima de los recuerdos vividos. La preocupación, puesta en sus ojos lagrimosos, no pudo evitar acercarse hacia ella entendiendo aquel sentimiento de culpabilidad y preocupación― Cálmate…―pidió atrayendo su delicada figura hacia su delgado cuerpo, para que sollozara en su pecho― Él estará bien. Me ha ganado a mí, eso debió darte una idea de cuál es la magnitud de su poder…

―¡Cof Creída cof cof!― tosió Splendid con exagerada actuación.

―¿Quieres que te saque la tos a patadas, demonio de cuarta?― gruño, fulminándolo con la mirada a ese cara de pendejo.

―Él otro demonio….tam…también era fuerte…―la desesperación estaba pintada en su tono quebrado.

―Sí, lo sé― apretando sus labios con fuerza, ante la impotencia, ella miro hacia la cara de Splendid, buscando por un leve momento las palabras adecuadas.― Pero Flippy también lo es. Estoy completamente segura, de que no se dejara vencer con tanta facilidad…Además, aquí…―apunto su vientre con cariño― Hay un pequeño niño o niña, que espera conocer a su padre…¿No?― al verla sonreír entre lagrimas, y llevarse las manos hacia su vientre, la hizo sentir un nudo en su estomago ante la inseguridad que rodeaba su pecho.

¿Qué pasaría si ese demonio fue o sería asesinado?. ¿Qué pasaría con el niño que reposaba sobre esa humana?.Flaky no sería capaz de cuidarlo, sería muy poderoso como para siquiera los otros demonios que las rodeaban pudieran retenerlo.

¿Quién podía superar los poderes de un demonio normal?. La respuesta llego a su mente, como un balde de agua fría. Una Senka… una Senka, era capaz de brindarle poder a un demonio, sin la necesidad de quedarse sin él. Decidida ella inconscientemente acaricio el vientre plano, donde podía sentir los latidos de un alma durmiente.

Ella podría detener al niño, ella ayudaría a Flaky para criarlo, de eso no le quedaba duda.

―Ahora, vamos debemos encontrarnos con los demás. Pero antes debemos cambiarnos estas ropas― Splendid, que se mantuvo en silencio observando la escena, la miro alzando una ceja sin entender.

―Esas ropas que usan, son las que suelen usar los demonios de clase alta, aquellos que tienen contacto con el mundo humano. Aquellos que viven entre este mundo y el otro. ¿Crees que alguien no sospeche de ti, si te ve usar eso?― Splendid, miro aquel traje uniformar color celeste chillón, idéntico al cielo azul que tanto le gustaba sobre volar en el mundo humano. Luego de unos minutos observándose analíticamente, se dedico a mirar a la humana a su lado. Con un suéter inmenso oscuro y un jean que le llegaba a la pantorrilla, combinado con unas converse negras. Los dos se veían completamente humanos, a comparación con la vestimenta casi desalineadas que Lammy tenía puesta.

La analizo con la mirada de arriba hacia abajo, botar largas y ajustadas sobre pasaban un poco sus rodillas, mientras unos pantalones verde oscuro se ajustaba a sus notorias caderas con una hebilla de cuero negro, una musculosa blanca era escondida entre las telas de un saco de lana gruesa. Su cabello suelto, le daba el toque perfecto a su apariencia de dictadora revolucionaria.

―Si sigues mirándome de esa manera tan pervertida. Te pateare – Lammy fue clara y severa en su amenaza. Sin embargo, a Splendid aquello no le asusto, alzando la punta de sus labios en una sonrisa tan tentadora como picara, se acerco un poco más a la Senka.

―¿A la cama, me patearas a la cama, Lammy?― ronroneo gatunamente haciendo que Flaky se sonrojara nerviosa ante el tono cargado de perversión. Lammy sin embargo, se mantuvo en su lugar, sin inmutarse.

―¿Quieres que te patee los huevos, Splendid?― El ceño fruncido de la mujer, mostraba que estaba molesta, muy molesta.

―Donde sea, total que después los beses― rio divertido atrapando su cintura contra si, ignorando olímpicamente la mirada nerviosa y avergonzada de Flaky a su espalda. Sacudiéndose entre sus brazos, Lammy se detuvo en seco, para mirarlo con una sonrisa maliciosa.

Alzando una de sus manos en alto, con el puño cerrado la acerco a su cara. Siendo rápidamente detenida por las manos del demonio, una sonrisa de arrogancia apareció en el rostro de Splendid, antes de que un pie extendido en su totalidad lo hiciera rodar sobre su cuerpo varios metros a lo lejos, mientras el dolor intenso resonaba en su cintura. Alzando su rostro confundido, observo como Lammy bajaba su pierna extendida para darse vuelta con rudeza.

―¡Bastardo, hijo de puta!― gruño pisando con fuerza en el suelo. A su espalda Flaky la seguía de cerca sin decir nada. Y varios metros atrás podían escuchar los gritos pervertidos y ofendidos de Splendid.

Una sonrisa divertida rodeo sus labios, al escucharlo gritar a los lejos. Pero no se detuvo a obsérvalo, simplemente sonrió divertida.


Muchas gracias a aquellos que comentaron el capitulo anterior, en verdad aprecio que me sigan leyendo, por más que no he publicado tan seguido como antes. Muchas gracias en verdad! :D