Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y Zagtoon Animation. La trama de esta historia sí es mía.
Días Lluviosos
Marinette era un amuleto de la buena suerte ¿cierto? Era una de las ventajas de ser Ladybug. Adrien tenía mala suerte ¿cierto? Bueno, en realidad no tanta si lo mirabas en retrospectiva.
Pero la suerte es relativa y a veces se voltea. En especial en esos días en los que la lluvia cae y te hace querer hundirte en tus propios problemas, cuando hace frió y te dan ganas de llorar. Es entonces cuando te das cuenta que solo queda levantarte y pelear.
Solo queda esperar que esos días lluviosos no nublen tu vista.
Capítulo 21
Las lágrimas se fueron acabando poco a poco. Un cansancio intenso se instaló en el cuerpo de Marinette es un segundo. Sentía que todo le era ajeno y que su mente comenzaba a nublarse. No estaba segura si era el cansancio de llorar o los medicamentos lo que la aletargaron con lentitud.
— ¿Te siente mejor? —preguntó Adrien sin soltarla.
Marinette asintió aun pegada a su pecho. El modelo la alejo lentamente, creyendo que en cualquier momento podría desmoronarse y volver a llorar. ¿Cuánto tiempo había estado llorando? Su noción del tiempo no estaba muy buena. Marinette no opuso resistencia a la separación del chico. Alzó la mirada para verlo y sonrió con lo que parecía melancolía.
—Gracias—susurró Marinette al chico.
Adrien se puso rojo hasta las orejas y llevo su mano a detrás de su cabeza, comenzando a jugar con su cabello. Marinette lo ponía nervioso, más nervioso de lo que alguna vez se había sentido en su vida. Ni siquiera su padre podía ponerlo así de nervioso. Se sentó en la orilla de la cama, lo que hizo que Marinette se acomodara bien en la misma.
—Lamento que te hayas lastimado así y no haberte encontrado antes —comentó Adrien.
En verdad se sentía así. Unos segundos después de cuando llego y Marinette podría estar de camino a una fosa en alguno de los cementerios de la ciudad. Ok, no era cierto, estaba exagerando. Los doctores habían dicho que la herida que tenía no era muy grave y que la tratarían ahí, pero su cansancio tanto psicológico como físico la dejaban mal. Fue entonces cuando una enfermera sugirió una entrevista con una psicóloga y le encargo a Adrien llamarla en cuanto despertara.
El chico no tenía intenciones de hacerlo. Se estaba muy bien en compañía de la chica, aun si esta no sabía que decir. Le sonrió, esperando que el sonrojo de sus mejillas no se notara. Marinette se estaba volviendo una parte importante de su vida, y aunque no entendía porque, le gustaba. Además, su presencia lo distraía del hecho de que su vida como súper héroes se había vuelto más complicada que su vida como civil. Si es que eso era posible.
—No te preocupes —dijo Marinette son una sonrisa gigantesca—. Me trajiste al hospital. Eso es suficiente.
Marinette suspiro con alivio, aunque en su interior no podía estar más nerviosa e incómoda. Sobre todo incomoda. Solo traía puesta una bata de hospital. ¡Qué vergüenza! La parte buena era que podía pasar un buen momento con el chico del que estaba tan perdidamente enamorada.
—Dicen que necesitaras unas vendas en la pierna—comento Adrien tratando de romper el hielo—. Aun siento que es mi culpa que te quemaras.
—No te sientas así—se apresuró a contestar Marinette—. Yo debí tener más cuidado.
Adrien le sonrió en respuesta. No importaba cuantas veces Marinette se lo dijera, aun se sentiría culpable. Por ella, y por todos los que habían terminado en el hospital después del ataque de Akuma del día anterior. Tal vez era cierto que no era del todo su culpa, pero lo que él había hecho para evitarlo era casi nulo.
Se acercó a la chica lo más que pudo y poniendo su corazón al descubierto, decidió que haría todo lo que estuviera en su poder para mantener siempre a salvo a la linda Marinette Dupain Cheng.
—Recupérate pronto, por favor —susurró Adrien tomando la mano de Marinette que descansaba en la cama entre las suyas—. Tengo muchas ganas de bailar contigo en la subasta de mi padre.
Marinette se puso roja hasta las orejas. Su calor corporal subió repentinamente y un nudo se atoro en su garganta.
—Gra-gracias, Adrien —contestó con tartamudeos—. Aunque no creo que pueda bailar con una venda. Sin contar que quedara una fea cicatriz.
—No importa —comentó Adrien restándole importancia—. A ti se te vería bien hasta la cicatriz.
Marinette no pudo evitar reír risueña. Aunque estaba segura que eso no era cierto, le hacía sentir bien que alguien pensara así de ella. Sin embargo, el martes tendría una venda en la pierna, la autoestima por los suelos y, probablemente, no tendría vestido que ponerse.
—No tengo nada que llevar puesto —contestó Marinette.
Adrien se sintió un poco herido. Parecía que Marinette estaba buscando excusas para no acompañarlo. Luego la observo mejor, en verdad se veía muy preocupada por no haber terminado su vestido. Bueno, si ese era el problema, el seguro que encontraría la solución. No había nada que un Agreste no pudiera solucionar, siempre y cuando se tratara de temas relacionados con moda.
—Yo me encargo de eso —prometió Adrien con una sonrisa confiada. Se parecía a su contraparte superhéroe mucho en ese mismo momento.
La puerta de la habitación se abrió de un golpe solo para que apareciera una muy preocupada Alya. Detrás de ella, Sabine y Tom trataban de detenerla. Apenas entraron, Marinette se sintió aún más avergonzada y Adrien supo que era momento de irse a su casa.
— ¡Marinette!—grito Alya abalanzándose a su amiga —creí que algo muy malo te había pasado.
Marinette recibió el abrazo un tanto incomoda. Estaba en medio de un momento íntimo con el amor de su vida y Alya llegaba a interrumpir. Usualmente su amiga era un gran catalizador para su acercamiento con Adrien, pero hoy no había brillado para nada en ese aspecto.
Mientras Alya no dejaba de preguntar si estaba bien, Adrien soltó despacio la mano de Marinette que no se dio cuenta aun sostenía, se bajó de la cama aunque técnicamente ya había sido desplazado bastante por el abrazo de Alya y dio dos pasos para atrás hasta llegar a la puerta de la habitación. Se paró a un costado de Sabine donde trato de tomar suficiente valor para decir lo que tenía que decir.
—Señora Cheng —llamó Adrien. La mujer china volteo a verlo con una sonrisa.
— ¿Qué sucede?—preguntó Sabine muy interesada en lo que el chico tenía que decirle.
Adrien simplemente sonrió. Un pequeño plan se estaba maquinando en su cabeza. Y necesitaría de la ayuda de la señora Sabine Cheng para salir completo de esa hazaña.
Con un suspiro, Nathaniel dejo el pincel en el recipiente. Observo su obra con detenimiento, sin saber muy bien si le convencía del todo. El tono anaranjado del cielo parisino le parecía hermoso y las sombras que los edificios tenían lo ponían un tanto sentimental.
No sabía con exactitud de donde había salido aquel paisaje. Era París a todas luces. Pero el eje de la imagen, una mujer que no lograba reconocer y que miraba el piso con tristeza, lo ponían un poco incómodo. Y aun así no pensaba en cambiarlo ni un segundo. ¿De donde había salido la inspiración para dibujar una escena tan interesante?
—No te quedo nada mala —comentó Chloe a su costado, sobresaltando al chico.
Volteo el rostro para ver a la chica rubia revisar el trabajo. El dibujo era un hermoso paisaje del Trocadéro de París visto desde la base de la torre Eiffel al atardecer. Pero a pesar del paisaje hermoso que tenía por segundo plano, el primer plano lo llenaba una mujer de cabello platinado que parecía desmayarse y estar en plena caída. Sus ojos estaban tapados por su antebrazo y su cuerpo hacia un giro extraño hacia la cintura.
Se veía tan sufrida que el sentimiento parecía transmitírsele sin ningún problema. O tal vez era ella la que se estaba identificando con aquellos sentimientos. O tal vez era ver a una persona dibujar con tanto ahínco lo que la había regresado a un tiempo de mejores pero dolorosos recuerdos.
Sonrió mientras cruzaba los brazos y se erguía detrás del chico. Nataniel la siguió con la mirada mientras la chica se dirigía al mismo sillón donde había pasado toda la tarde fingiendo leer una revista mientras veía al chico pintar apasionadamente. Tomo su bolsa y saco un sobre bastante gordo del mismo.
Volteo con la mirada hasta la ventana y en ese momento ambos se dieron cuenta que la noche ya había caído sobre París. Una delicada brisa entro moviendo el vestido blanco de Chloe. Nathaniel no pudo despejar su mirada de la chica. El ambiente se volvió extraño, aún más bajo el hecho de que la habitación estaba a media luz.
Chloe se acercó al chico y extendió el pesado sobre a Nataniel quién lo tomo tembloroso. El rostro expectante de Chloe lo hizo abrirlo en ese mismo momento. Y sus ojos se desorbitaron. Eran 20 000 euros en efectivo ¿esa era su paga por el dibujo? Si le iban a pagar así cualquier día venia de nuevo. Detrás del dinero había dos boletitos negros con letras blancas.
— ¿Qué es esto?—pregunto curioso el chico pelirrojo.
Chloe se llevó un mechón de cabello rebelde atrás de su oreja antes de contestar.
—Son dos entradas para la subasta silenciosa de Gabriel Agreste—empezó a explicar la chica—. Usualmente entregar la pintura no requiere mayor ceremonia, pero esta vez va a estar el director de Bellas Artes y seguro que va a querer hablar con los artistas. Vas a tener que estar ahí. No hace falta que te recuerde que es una fiesta formal y que debes de llevar un traje para ir presentable, no tus usuales playeras sin gracia. Y apréndete de memoria tu curriculum, seguro que te lo pregunta. Aunque si intervengo es probable que no te pregunten, aun así apréndetelo. También estudia un poco de la vida del director, se siente muy ofendido si no saben quién es, de paso estudio algo de Rococó. No sé por qué, pero le encanta esa etapa y si le agradas tendrán una larga plática.
Nathaniel se sintió de repente muy abrumado por la extrema cantidad de información que Chloe le estaba dando. Eran muchas cosas que saber en dos días. Además, para qué demonios quería ella que estuviera ahí cuando donara la pintura. Bien podría hacerla pasar por suya y ahorrarle esa vergüenza.
— ¿Por qué?—se atrevió a preguntar.
—Porque no es fácil entrar a bellas artes. Si vas a ser un artista toda tu vida deberías empezar a sacar provecho de las oportunidades que tienes—era obvio que Chloe tenía un punto con eso, aunque su pregunta no iba encaminada a ese tema.
— ¿Por qué no simplemente entregas la pintura como tuya?—Chloe alzo la ceja bastante ofendida por la pregunta del pelirrojo.
—Puedo ser caprichosa, manipuladora y, si quieres, grosera. Pero nunca seré una ladrona—. Chloe en verdad que odiaba que la llamaran ladrona.
Nada de lo que tenía había sido robado. Se lo habían regalado o lo había comprado. Y si algo de todos los malos calificativos del mundo ella no era, ese era ladrona. Nathaniel observo la obvia incomodidad de la chica y aunque no lograba entenderlo del todo, bueno, supuso que había algo que él no sabía de todo eso.
— ¿Por qué son dos boletos?—pregunto Nathaniel esperando desviar la furia de la hija del alcalde quien ahora parecía pensar en las mil y una formas de descuartizarlo por osar llamarla ladrona.
—Es para que lleves a alguien más si quieres—contesto Chloe sin dejar su mueca de enojo.
El rugido del estómago de Nathaniel devolvió a ambos al tiempo y al espacio en que se encontraban. Chloe suspiro.
—Te daré más detalles en la escuela—comento la chica con una sensación muy extraña recorriéndole el pecho—. Di en el restaurante que yo te envié y te darán de comer.
Chloe movió la mano despachando al chico, quién sin saber muy bien que hacer o que decir. Salió de la habitación no sin antes dar un vistazo a la chica quién parecía perdida en sus pensamientos. Cuando Nathaniel cerró la puerta, Chloe se permitió respirar.
Después de casi ocho años, esa noche, Chloe volvió a tocar un pincel. Y como si una triste canción se esparciera por los corazones de los parisinos esa noche, dejo todas sus frustraciones en una pintura que probablemente nunca vería la luz. Las notas melancólicas de la melodía de su corazón, alcanzaron incluso a una chica de coletas que recibía en el hospital a su mejor amiga, a su familia y a la pesadumbre de sentirse derrotada.
