~Capítulo 21~

Dio un pequeño respingo en el sillón cuando escuchó el móvil de Lavi vibrar en el suelo, y dejando los trabajos que estaba corrigiendo sobre la mesa y agachándose junto a la ropa del muchacho, que se revolvía bajo la manta que le tapaba, rebuscó entre los pantalones hasta dar con el aparato, en el que brillaba un número sin nombre.

Dudó un poco al principio y se sentó en el suelo, observándolo unos segundos antes de responder a la llamada.

-¿Diga?

Se hizo un pequeño silencio y escuchó un gruñido que le hizo dar un salto.

-Tú…

-Oh- dijo sin mucho entusiasmo-, Yu…-miró de reojo a Lavi, que se acomodó en el cojín con una sonrisa en el rostro.

-Sí- respondió secamente-. No me gusta…

-Ni a mí.

Le pareció curioso lo rápido que podía entender al muchacho, sin apenas decir nada.

-Ya- dijo escéptico.

Ella se rió, y él bufó, incómodo.

-¿Está ahí?

-Sí, durmiendo como un lirón- le acarició cariñosamente el pelo.

-Ten cuidado, no sea que te dé patadas.

-No estamos en una cama, tranquilo. Y yo ya estaba despierta. Gracias por tu preocupación.

Lo escuchó gruñir, e intuyó que seguramente estaba sonrojándose.

-Vale, no me interesa saber dónde estáis- murmuró-. Dile que le he llamado.

-Recibido, caballero- se rió al escucharlo gruñir de nuevo-. Gruñes mucho, pareces un perro.

-Tsk.

-Oye, Yu, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Mientras tengas boca, sí.

Irene sonrió, divertida. Empezaba a entender por qué Lavi era amigo de un chico así.

-¿Por qué Lavi no tiene apuntados los nombres con los teléfonos?

Le pareció escuchar una voz infantil de fondo, cosa que le sorprendió mucho, y se colocó recta de pronto al escuchar de nuevo la voz ronca del muchacho.

-Se los sabe de memoria, así que no lo necesita.

-¿De memoria?

-Sí. Muy estúpido para algunas cosas, para otras no tanto.

-Veo que pensamos lo mismo.

Le escuchó murmurar algo que sonaba como "pues qué gusto" y se rió.

-¿Tienes algún hermano pequeño?

-No- su voz sonó algo asustada- Es la cría de unos socios de mis padres.

-Qué bien sabes a qué me refería.

-Es obvio. No venía a cuento.

-Eres un crío interesante, Yu- dijo, riéndose.

-Tsk.

-¿Te da vergüenza que te lo diga?

-No- mintió-. Pero el baka usagi se pondrá celoso si te escucha.

-¿Baka usagi?

-Conejo idiota.

-¿Y eso a qué vino?- tuvo que contener la risa.

-No lo sé.

-Vaya por Dios. ¿Les pones motes a todos tus amigos?

-Sólo a los idiotas.

-¡Ah! ¿Tienes más amigos idiotas?

-Tsk. Sí. Uno.

-¿Y cómo le llamas?

Kanda se estaba sorprendiendo por la facilidad con la que ella le preguntaba y lo poco incómodo que se sentía respondiéndole, y no podía evitar molestarse consigo mismo, porque quería que Irene le cayese mal, porque sabía que le traería problemas a su amigo; pero en el fondo no le desagradaba tanto, ya que era una mujer avispada e inteligente y estaba seguro de que con ella sí se podría mantener una conversación, en el hipotético caso de que algún día le apeteciese tener alguna.

-Moyashi- respondió-. Significa brote de habas.

-¡Qué ingenioso! ¿Qué pasa, que es bajito?

-Sí, y con el pelo blanco.

-¿Con el pelo blanco? Venga ya- sabía muy bien de quién estaba hablándole, porque era difícil olvidar a un chico de quince años con una melena blanca, pero quería ver cómo reaccionaba. Además, no se había imaginado que fuesen amigos. Eran tan diferentes… La mirada se le desvió hacia Lavi y suspiró.

-Es verdad- replicó, molesto-. Tiene el pelo blanco.

-Qué curioso- respondió, aguantándose la risa.

-Tsk. Si tú lo dices.

-Bueno, Yu, adoro hablar contigo, pero tengo otras cosas que hacer y tampoco quiero despertarlo con nuestra parla, así que lo dejamos para otro día, ¿vale?

-Tsk.

-Nos vemos en clase- colgó antes que él y dejó el móvil en el suelo.

Le habría gustado reírse a gusto, pero ciertamente no quería molestar todavía al bello durmiente. Fue a levantarse, pero Lavi se había aferrado a su mano sin que ella se hubiese dado cuenta y lo hacía con bastante fuerza.

-Vaya por Dios, qué niño este.

Lo miró unos segundos y acabó tumbándose a su lado, acariciándole el pelo para distraerse un poco y mirándolo con detenimiento. Su rostro estaba muy relajado, su boca entreabierta, respirando con placidez. Llevó sus dedos al rostro de él y lo acarició.

-Qué niño este- repitió, dándole un pequeño beso en los labios y acomodándose a su lado-, que me tendrá aquí sujeta para rato.

Se estremeció algo intimidada por el recuerdo de lo que habían hecho. Cuando había decidido probar suerte en el mundo de la docencia, nunca se le habría ocurrido que acabaría liada con un alumno, pero se había sentido arrastrada, como capturada por una ola de fuerza y vitalidad. Ella misma era tan vital que le extrañaba haberse visto tan superada, pero no podía negarlo: la atracción sexual se había disparado en cuanto habían cruzado los ojos por primera vez en aquel pasillo, mientras ella consideraba si aceptar o no los flirteos de Tyki Mikk.

Trazó los labios del pelirrojo con los dedos, divertida al ver que ni siquiera se movía. Aparentemente, dormía como una piedra.

"Tiene sentido, ya me parecía a mí raro que Yu fuera tan considerado como para no pedirme que lo despertara" razonó para sus adentros.

Le presionó el labio inferior un poco. Era suave, y tenía una pequeña herida en el lado derecho del que se sabía única culpable.

Suspiró y se puso de lado, poniéndole por encima el brazo que tenía la mano libre.

Siempre había pensado que las mujeres que estaban con hombres mucho más jóvenes debían sentirse, en cierta forma, sucias, o quizás poderosas. Pero ella no se sentía así en absoluto. Vale, no eran tantos años en el sentido literal, pero eran unos que se notaban especialmente. Y estaba la barrera profesora-alumno que con tanta gracilidad se habían saltado.

Miró el rostro tranquilo y despreocupado, envidiándolo.

Estaba preocupada.

Entendía la hostilidad forzada de Yu. Con su habitual sentido práctico, el chico debía ser perfectamente consciente de las dificultades de la relación que mantenía su amigo. Lavi sin duda las conocía también, pero era más optimista por naturaleza y confiaba en que todo saldría siempre como él quería.

Lo sintió moverse un poco bajo su brazo y lo retiró para no molestarlo, pero todo lo que hizo él fue girarse y apresarla por la cintura, aferrándose como una sanguijuela.

-Qué cariñoso así de pronto- susurró sorprendida.

-Hmmmm- articuló sin despertarse, pasándose la lengua por los labios fugazmente y moviéndose un poco más antes de acomodarse definitivamente.

Se dio cuenta de que estaba pensando en ellos como una pareja sin consultarle ni consultarse a sí misma. Su subconsciente simplemente lo daba por hecho. Dedicó unos minutos de reflexión al particular, preguntándose qué la había llevado a esa conclusión cuando él no había dicho nada ni ella había deseado eso en ningún momento; un encuentro como el que acababan de tener, para matar lo que había aparecido, sí, pero algo más duradero no había pasado nunca por su mente. Y sin embargo ahora se daba cuenta de que una vez no era suficiente.

Y probablemente, dos tampoco lo serían.

-Estoy loca- exclamó un poco más alto de lo que había pretendido.

Esta vez el sonido de su voz unido al respingo que había pegado todo su cuerpo al liberar toda la tensión en esas dos palabras fueron suficientes para despertar a Lavi, que comenzó a estirarse lentamente, gimoteando y casi ronroneando al principio, bostezando un par de veces después, y todo sin soltarla hasta que al fin se hizo a un lado, pasándose las manos por la cara.

Ella contempló el ritual con una sonrisa burlona. Era francamente gracioso, con el pelo rojo todo despeinado, su boca enorme y sus ojos caídos y aturdidos.

-Buenas tardes- saludó señalando el reloj, que señalaba las nueve menos cuarto.

Él intentó responder, pero otro bostezo se lo impidió.

-Tómatelo con calma, campeón- se burló levantándose de un salto.

-Estoy en ello- replicó en voz baja, esforzándose por al menos sentarse, cosa que consiguió al fin con bastante esfuerzo. Estiró los brazos-. Qué bien he dormido, y eso que no tienes alfombra. Deberías poner una.

-Oh, no, me gusta más que sufras.

-Buf, conversaciones inteligentes ahora no- rogó rascándose la cabeza mientras miraba a su alrededor, buscando la ropa.

Irene se la lanzó a la cara, yendo hacia la cocina, donde le sirvió un vaso de agua que tuvo la delicadeza de dejar en la mesa de cristal en lugar de en su cabeza.

-Vaya, pensé que me lo ibas a tirar también- ironizó haciendo equilibrios para ponerse los vaqueros.

-Me lo planteé, tengo curiosidad por ver si eso te despierta.

-Hazme un favor, no le des esa idea a Yu. La última vez que quiso despertarme pensó en lanzarme una lámpara si la almohada no funcionaba.

-Siempre he pensado que es un chico listo- se dejó caer en el sofá y cogió el móvil, que agitó delante de él-. Por cierto, te ha llamado.

-¿Eh?

-Sí, hace un rato. Media hora o así.

-Ah... ¿Qué te dijo?

-Que lo llamaras.

-Ya. ¿Nada más?- preguntó sentándose junto a ella.

-Sí, pero nada importante.

-Perdónalo si te insinuó algo que no debiera. En el fondo es un poco protector- disculpó con una sonrisa cariñosa.

-No lo sobreestimes, estaba preocupado por mí.

-¿Eh?

-Sí, tenía miedo de que me dieras patadas mientras dormías- se rió ante la cara sorprendida del pelirrojo-. No es tan borde como lo pintas. Vale, sí, pero me cae bien.

-Y yo que pensaba que ya no podía sorprenderme- volvió a rascarse la cabeza, despeinándose todavía más-. En fin... ¿No te dijo qué quería? Es raro que llame así sin más.

-Me parece que pedir auxilio. Oí a una niña pequeña por detrás, y o mucho me equivoco o no se maneja muy bien con los críos.

Lavi soltó una carcajada.

-Me parece que hoy no voy a dormir a casa.

-Deberías llamar.

-Ya llamaré desde allí. Probablemente Baa-chan llame por mí- Irene parpadeó-. Es la nanny de Yu. Sus padres viajan mucho porque...

-Sí, ya sé quiénes son sus padres.

-Pues eso. Ella es la única criada que vive en la casa, aunque cuando está toda la familia tienen un par de chicas que se quedan todo el día. Pero cuando Yu está solo, no las quiere rondando por allí, así que sólo se queda la vieja Baa-chan. Es un encanto.

-Vamos, que te da todos los caprichos.

-Sí- admitió.

-Eres un niñato mimado- le espetó dándole un codazo en las costillas.

-¡Eh! ¿Eso a qué vino?

-Me apetecía- se levantó y le dio una palmada en el pelo-. Voy a traerte un peine, llama a Yu antes de que mate a la niña.

-Se nota que no la conoces. Es más fácil que ella lo mate a él- se levantó para coger la camiseta que había en el suelo y se la puso. Cogió el móvil, y como no tenía muchas ganas de hablar así, se tiró otra vez en el sofá y le envió un sms diciendo que ya iba. Confiaba en que Irene habría acertado.

La vio llegar e instalarse a su lado. Empezó a peinarle el pelo a tirones.

-Joder, no seas bestia.

-No lo soy, es que eres muy delicado.

-Vaya, te pone de mal humor, ¿eh?

-¿Qué?

-El sexo.

-No.

-Pues parece- masculló al sentir otro tirón.

-Sólo contigo.

-Vaya, ¿tan mal lo hago?

-No.

-Viniendo de ti, lo consideraré un cumplido.

Se quedaron en silencio mientras ella terminaba de acomodarle el pelo a su gusto.

-Oye, ¿y ahora qué?

Lavi no contestó. Se giró abandonando su habitual expresión indolente. Sus ojos estaban algo desenfocados.

Estaba pensando.

-No lo sé- dijo al fin. Suspiró-. Voy a ser sincero contigo, y como te rías vas a ver lo que es el mal humor- amenazó con una suave sonrisa.

-Adelante.

-Me gustas mucho, me atraes mucho y esto no me ha llegado ni para empezar contigo- largó de una, quedándose tan ancho-. No me suele pasar, de hecho no recuerdo que me haya pasado antes, pero volvería aquí todos los días. Al menos eso es lo que me parece ahora.

-Vaya. Ha sido una declaración original.

-No me estaba declarando- objetó-. Sólo te explico lo que pienso porque esta es una situación complicada, y tenemos que dejar las cosas claras.

Irene sonrió y continuó peinándolo, esta vez con algo más de delicadeza. Lavi se dejó hacer, sabiendo perfectamente que la mujer pensaba qué responderle. No la presionó. No quería hacerlo. Quería que pensase muy bien lo que le iba a decir a continuación, porque sin duda sería el momento más importante de lo que fuera que iban a tener a continuación.

-Tú también me gustas mucho, Lavi- continuó peinándolo, a pesar de que no hacía falta ya- Demasiado, me atrevería decir. Y me atraes de una forma que no deberías, porque aún eres un niño- le dio un golpecito con el cepillo cuando él fue a reprenderle- Lo eres, Lavi. Eres muy maduro para este tipo de cosas, se nota. Pero en el fondo, sigues siendo un crío para mí. Con todo y con eso- suspiró- Me gustas muchísimo... Nunca me había pasado nada semejante a mí tampoco, porque tengo muy claro eso, al igual que tengo muy claro que esto no es suficiente esta vez, ni lo será la siguiente, ni la siguiente. Y si esto no te ha servido ni para empezar, créeme que para mí no ha sido ni el aperitivo- le acarició el cuello con las uñas y lo notó estremecerse. Sonrió. Sólo un niño... ¡Pero qué niño!

-¿Entonces?

-¿Entonces qué?

-¿Qué de qué?

-¿Qué va a pasar a partir de ahora?

-¿Qué quieres que pase?- le preguntó él.

-Quiero que pase esto- lo tomó del rostro y lo besó- No todos los días, no todas las noches, porque sé que no podremos. Pero no quiero que deje de pasar, Lavi.

El chico soltó un pequeño gemido al notar como ella comenzaba a mordisquearle el cuello y la oreja.

-Sólo un crío- pensó- Joder... Pues menuda mierda...

-¿No dices nada?

-A veces no hacen falta las palabras, ¿no crees?- le sonrió.

-Tienes razón. Pero ahora creo que sí- lo besó de nuevo- ¿Y tú? ¿Qué quieres tú, Lavi?

Le sonrió con picardía.

-¿Quieres saberlo?

-Sí.

-¿De verdad?

-Si sigues así voy a preferir que no me lo digas- espetó ella, algo molesta.

Lavi soltó una carcajada y la cogió de los hombros, tumbándola sobre sus piernas y colocando su cabeza contra su hombro.

-Pregúntamelo otra vez.

Suspiró.

-¿Tú que quieres, Lavi?- intentó que no sonase desesperado.

-A ti- respondió simplemente.

La miró con tal ternura que Irene se sonrojó muchísimo. Mucho más- estaba segura- de lo que alguna vez se había sonrojado a lo largo de toda su adolescencia. Sintió que algo dentro de su pecho estallaba, y los ojos se le comenzaban a calentar.

"¡Mierda, no!" pensó.

Intentó levantarse de golpe, pero Lavi no la dejó. Bufó, fastidiada porque él fuese más fuerte que ella y giró el rostro. No quería que lo viese.

-¿Qué pasa?- preguntó divertido.

-Nada.

-Irene.

-¡Que no pasa nada!

La obligó a mirarlo con suavidad y se sorprendió al verle los ojos llorosos.

-Irene...

-No has dicho nada- dijo- Pero lo has dicho todo- su voz comenzó a quebrarse- Dios, ¿por qué eres tan idiota, Lavi?- sollozó y lo abrazó por el cuello- ¿Por qué tienes que ser sólo un niño?

-Porque si no fuese un niño no nos habríamos conocido- le susurró mientras le acariciaba la espalda- Si yo soy un idiota tú eres la reina de las tontas- rió- Mira que ponerte a llorar por decirte eso.

-Cállate. Déjame.

-No te pienso dejar. No ahora que me has dejado pasar. Así que aguántate, profe, porque te ha tocado un alumno pesado al que tienes muuuuuuuchas cosas que enseñar- la besó de nuevo, lentamente y con suavidad, intentando calmarla.

Al cabo de un par de minutos que se le antojaron segundos al verla derrumbada en sus brazos, Irene dejó de temblar y se separó con gesto impenetrable.

-Yu te está esperando- dijo con voz neutra, esbozando una leve sonrisa.

Lavi la observó pensativo, como evaluando su estado de ánimo.

-Si me necesitas, sólo dilo y le llamaré. No va a enfadarse- mintió descaradamente.

-No, no importa. Estoy bien, en serio- le dio un suave golpe en el hombro-. Es que te has puesto tan cursi de repente que he llorado de la risa.

-Muy graciosa- él también sonrió-. Ya te dije que sé qué es lo que os gusta escuchar a las chicas. Año arriba, año abajo... En el fondo es lo mismo.

-Quién te diera. Venga, fuera.

Los dos se rieron y Lavi le dio un suave beso en los labios antes de despedirse con un gesto de su mano.

Irene se tumbó en el sofá, acariciándose distraídamente una pierna con la mirada perdida en el techo blanco del salón.

Se había dejado llevar. Las sencillas palabras de Lavi, probablemente mucho menos espontáneas de lo que realmente habían sido, le habían sonado horriblemente familiares, terriblemente conmovedoras. Lo había dicho con convencimiento, seguro de la respuesta, con la sencillez de la simple verdad.

Como ella lo había dicho una vez. Como había creído escucharlo.

Suspiró y cerró los ojos, masajeándose las sienes con las dos manos para intentar detener el dolor de cabeza que empezaba a darle.

-La madre que la parió, puta cría de los cojones, no es capaz de dejarme un puto momento de paz...- masculló apoyado contra la puerta de su habitación, completamente agotado, desquiciado, histérico y demás cosas que ya no sabía ni definir. Empezaba a olvidar lo que era hablar como un humano desde que lo habían nombrado niñera real- Juro que la voy a partir al medio la próxima vez que...- se oyeron dos golpes en la puerta y la abrió escondiendo el brillo asesino de sus ojos detrás del flequillo- ¡¿QUÉ COJONES QUIERES AHORA, EH?

Lavi parpadeó un par de veces antes de sonreír ampliamente.

-Bueno, la verdad era que no tenía nada en mente, pero si me das un segundo para pensarlo... Se me ocurren varias cosas que...

Kanda lo cogió por el cuello de la camiseta y lo arrastró hacia adentro, cuidándose de cerrar la puerta antes de lanzarlo contra la pared.

-Vete a la mierda.

-Je, me llamas para decirme que me vaya... Qué listo, Yu- se burló el pelirrojo, acomodándose la ropa mientras su amigo se dejaba caer en la cama-. Y bien, ¿qué te ha llevado a reconocer que me necesitas?

-La niña esa de los cojones.

-¿Te han nombrado niñera oficial del reino?- preguntó sentándose en la cama.

-Tsk. Eso parece.

-Vaya, ¿y qué pasa? Si es una niña adorable- se semiincorporó en la cama para lanzarle una mirada llena de escepticismo-. ¡Eh, no me mires así! Lo es.

-Toda tuya. En treinta segundos vendrá a llamar a la puerta con esas manitos enanas y si no le abro empezará a chillar como una histérica hasta que tenga que hacerlo para evitar que me castiguen o que mi madre ande por ahí con cara de lástima.

-Podríamos entretenerla con algo o mandarla a la cama. Ya habéis cenado, ¿no? Puede irse a dormir. Así te explico por qué tardé tanto además de que me pasé por casa para hablar con el viejo, que últimamente parece que no vivo con él.

-¿Yu?- preguntó una vocecita acompañada de unos suaves golpecitos.

-Haz lo que quieras, pero haz que se calle- ordenó Kanda, mirándolo con un atisbo de súplica en los ojos que lo hizo reír.

-Ok. Dame quince minutos y la tendrás dormida como una piedra.

-Lo dudo, pero te dejo intentarlo- se levantó para ir a dejarla pasar.

-¿Qué te apuestas?

-No apuesto.

-¿Ves? Eso es porque sabes que lo conseguiré.

-Tsk- abrió la puerta y entró Sofía, que en seguida se le abrazó a las piernas.

-¡Así que estabas escondido aquí otra vez! No juegas nada bien al escondite, Yu, siempre te escondes en el mismo sitio.

Lavi lo miró con gesto interrogante y su amigo tuvo el acierto de sonrojarse y gruñir un poco.

-Como si me gustara jugar a estupideces con una niñata como tú...- masculló de mal humor.

-¡Hola, Sofía!- saludó Lavi jovialmente, acercándose por detrás de Kanda.

La niña se separó de las piernas de Kanda para mirarlo.

-¡Lavi!- fue corriendo a abrazarlo, pero el pelirrojo la cogió en brazos para darle un beso enorme que la hizo reír- ¿Has venido a dormir con Yu y conmigo?

-Vaya, ¿así que duermes con Yu?- le guiñó un ojo al japonés, que tenía cara de desear que se lo tragara la tierra y tardara años en escupirlo.

-A veces. Cuando tengo miedo- sonrió-. Es que Yu es muy fuerte, entonces si está conmigo no me da miedo. Y hace ruiditos cuando está durmiendo, así que no me siento sola. Además, como tiene cara de chica guapa como Clarita, me acuerdo de ella, aunque es distinto, porque la cara de Clarita es más dulce.

-Clarita era tu hermana, ¿no?

-Sí, y mamá dijo que a lo mejor venía, porque el señor ese dice que está menos enfermita.

-Vaya, qué buena noticia, ¿no, Yu?

-Tsk. Supongo- replicó meneando la cabeza dubitativo mientras se instalaba en la silla de su escritorio. A lo mejor, si venía la otra Jefferson, lograba librarse de esa cría repelente.

La niña le puso mala cara y le echó la lengua, escondiéndose en el hombro de Lavi.

-Venga, no le hagas caso, Sofía, ya sabes que Yu no puede evitar ser un poco borde. ¿Lo perdonas?

-No.

-Porfi- le hizo cosquillas en la barriga, arrancándole una carcajada.

-¡No, no!- exclamó entre risas, y el pelirrojo la tiró en la cama para jugar mejor con ella. Kanda los miraba muy serio, incapaz de comprender qué era lo divertido para su amigo, que se reía tanto como la niña.

-¡Venga, Yu, pídele perdón o la mataré a cosquillas!

-¡Ayyy, porfi, Yu, pide perdón!

-No quiero.

-¡Ayy!- Sofía se reía como una loca, intentando escapar inútilmente de las cosquillas persistentes de Lavi.

-No.

-¡Mataré a la princesa Sofía de risa!

-Da igual.

-¡Ayy, Lavi, para, para!

-¡No quierooo! ¡No si Yu no pide perdón!

-¡Yu!- suplicó entre risas, retorciéndose en la cama.

Kanda suspiró y gruñó, molesto. No quería participar en su estúpido juego, pero si no lo hacía no cesarían sus grititos y sus risitas, y eso lo molestaba todavía más.

-Perdón- fue más un bufido que una respuesta.

-No te he oído bien- canturreó el pelirrojo.

-¡Perdón!

-¡Oh!- dejó a la niña, que consiguió sentarse tras suspirar- Yu te pidió perdón, ¿le disculpas ahora?

Pareció pensárselo, mirándolo alzando una ceja y con los brazos cruzados.

-Bueeeeeeno... Está bien, lo perdono- dijo, muy satisfecha de sí misma.

Se echó sobre los brazos de Lavi, que la recibió sonriente y jugueteó con su pelo, mientras ella murmuraba palabas inconexas y canturreaba riendo, ensañada con la ropa del muchacho. Kanda miraba, ocultando muy bien la estupefacción que sentía en ese momento. En cierto modo se sentía algo inútil y frustrado. ¿Por qué demonios Lavi conseguía que la niña lo dejase y él no era capaz ni de hacerla callar?

-Bueno, Sofía, cuéntame, ¿qué has hecho hoy?

-Pues nada mucho- dijo, sin apartar la vista de la camiseta del chico.

-Se dice no mucho.

-Como sea- alzó los hombros- Fui con mis papás a ver un cole nuevo en el que me van a meter el tiempo que estemos aquí.

-¿Vais a estar mucho?

-No lo sé. Pero creo que sí porque a Clarita si que creo que la van a meter en un colegio de por aquí solo para chicas, entonces papá y mamá quieren quedarse un tiempo por aquí para que Clarita no esté sola al principio. Así que no sepo.

-Sabes.

-Eso- frunció la nariz, algo molesta por las continuas correcciones de Lavi, pero en seguida se le pasaba- Y es un sitio muy grande y muy bonito. Y hay muchos muchos niños- explicó, algo más entusiasmada- Y también hay niños pobres. Pero copié a Yu y me acerqué para hacer amigos pobres, y todos fueron muy simpáticos conmigo y ¡algunos hasta me regalaron algunas de sus golosinas!

Lavi rió.

-Se dice compartir, Sofía.

-¿Compartir?- parpadeó, confusa por el nuevo término.

-Sí. Quiere decir que les dejas o les das algo que tú tienes y ellos no. Por ejemplo, la comida se da, pero si alguien comparte sus lápices de colores contigo, tienes que devolvérselos luego.

-¡Ah! Entonces, compartieron sus chuches conmigo...- murmuró para sí misma.

-Así es. ¿Les diste las gracias?

-¡Sí! Eso siempre. Mamá y Clarita siempre me lo dicen, que hay que dar las gracias siempre que te den algo, aunque no sea compartido- asintió con la cabeza, muy orgullosa.

-Buena chica- le hizo cosquillas tras las orejas y le sonrió- ¿Y qué más?

-Pues... Vi a los profes... ¡Había uno que era graaaaaaaaaaaaaaaaaaaande! Así, mucho más que tú y que Yu, con los brazos gordos y la cara así- gesticuló- Daba miedo, pero era divertido. Como Yu, que también da miedo a veces pero también es divertido.

Ambos se rieron ante el gruñido del japonés.

-Y luego... Vuelvimos a casa y me puse a jugar con Yu- concluyó, sonriente.

-Volvísteis.

-¿Siempre haces eso?

-¿Qué cosa?

-Decir cómo es.

-Es que quiero que mi pequeñita favorita sea una chica culta y lista y hable bien- acercó su rostro al de ella y le hizo cosquillas en la nariz con la suya propia, haciéndola reír.

-¡Te quiero mucho, Lavi!- se abrazó al rostro del muchacho.

Kanda puso los ojos en blanco y miró en otra dirección.

-Dios- pensó- Esto no hay quien lo aguante...

-¡Mira, Yu parece celosito! ¡Dale un abrazo a él también!

Lavi se levantó con la niña en brazos y la colocó de pie en el regazo de su amigo, que fue efusivamente abrazado por la niña, que le deshizo la coleta riendo.

-¡Eh! ¡Quieta!

-¡Es que estás más guapo así! Tu pelo es taaaan suave- de pronto, la niña se sentó en las piernas del japonés y bostezó, frotándose los ojos- Tengo sueño.

-¡Ay! Sofi tiene sueño, qué mona. Es que has estado haciendo muchas cosas hoy. Ven, que te llevo a tu cuarto. Dale un besito a Yu de buenas noches.

Ella asintió, se puso de pie de nuevo y le dio un pequeño beso en la mejilla, abrazándose a su cuello de nuevo.

-Yo también te quiero mucho a ti, Yu.

-Lo que sea. Vete a la cama- respondió de mala manera.

-Venga... ¡A dormir!- Lavi la cogió en brazos y desapareció tras la puerta, dándole a Kanda unos minutos de tranquilidad.

El japonés suspiró, bastante aliviado y se volvió a recoger el pelo, pero esta vez en una cola baja. Mientras su amigo volvía, se dedicó a ordenar los papeles que tenía en la mesa- apuntes, mayoritariamente- y los guardó en sus respectivas carpetas y archivadores según iba terminando. Al rato, Lavi apareció tras la puerta, todavía con una sonrisa idiota en el rostro. Se sentó en la cama sin invitación y respiró pesadamente. Kanda se giró en su silla y se colocó frente a él, cruzado de brazos y piernas, esperando que se decidiese a empezar a hablar.

-Estoy muerto yo también- admitió el pelirrojo, despeinándose al echarse el pelo hacia atrás.

-Ya.

-¡Eh, no me lo digas en ese tono!

-Te has tirado a la de historia- dijo casi en tono de reproche.

-No me la he tirado- objetó frunciendo los labios-. Fue un poco distinto de eso.

Kanda se quedó callado, mirándolo en espera de una explicación. Lavi rodó por la cama hasta ponerse de lado, de cara a él.

-No me gusta cómo van las cosas con ella. Se está poniendo todo muy serio. No se parece a ninguna de las chicas con las que he estado hasta ahora, y han sido muchas- el japonés bufó-. Joder, han sido muchas.

-Ninguna tenía más de dieciocho.

-Bueno, pero fueron muchas igual.

-Chicas. No mujeres.

-Es lo mismo, y no pasa por ahí.

-Estaba buena, te la querías llevar a la cama y ya lo has hecho. Si no tienes ningún problema, haz como con todas las otras y déjalo.

Lavi le dirigió una de esas sonrisas serias tan suyas.

-¿Y si tengo un problema?

-Resuélvelo- espetó Kanda gruñendo.

-Si fuera tan fácil, Yu...- se levantó de la cama y fue a sentarse en el suelo, delante de él- No me pegues por la cursilada que voy a decir ahora, pero... No fue como si me la estuviera "tirando". Fue como si le estuviera haciendo el amor.

Kanda bufó, girándole la cara, y Lavi adivinó que se estaba sonrojando un poco como siempre que le hablaba de sentimientos y sexo y chicas y demás cosas del campo.

-Eso es una tontería- replicó al fin-. No la conoces en absoluto.

-Lo sé. Y por eso no me gusta cómo están yendo las cosas.

Se quedaron en silencio un rato, cada uno pensando el asunto a su manera.

-¿Qué piensa ella?- preguntó Kanda de repente.

El pelirrojo lo miró, sorprendido de que le hiciese una pregunta. Realmente se estaba preocupando por el tema, tomándoselo en serio.

-Quedamos en encontrarnos cada tanto como hoy. Pero después... Le dije una de esas cosas bonitas que se suelen decir y empezó a llorar. No sé qué le pasó, fue todo muy extraño- adoptó un gesto concentrado-. Como si saliera a flote un trauma o algo por el estilo, no sé si has visto algo similar alguna vez. Vi algo parecido en un viaje a un pueblo de África que acababa de superar un bombardeo... Hubo un portazo y una mujer que había perdido a su hijo en el ataque empezó a llorar, gritando que su niño moría, ajena a todo. Me recordó a eso- se estremeció- Es bastante impactante en cierta forma.

-Hm- volvió a hacerse un silencio pensativo-. Quédate a dormir aquí hoy. No quiero tener que aguantar a esa niñata cuando entre de madrugada. Que se pelee un rato intentando despertarte.

-Je, ¿me estás invitando a dormir en tu cama?

-No. Mandaré que pongan una de las pequeñas al lado. Tiene que entrar- replicó pasando del tono cachondeo mientras medía la habitación con la mirada, calculando-. Una de las de las habitaciones pequeñas, creo que hay dos.

-Vaya, me había hecho ilusiones...

-Ya te has ido a la cama con gente suficiente por hoy- replicó mordazmente, dándole un golpe en la cabeza al pasar junto a él de camino a la puerta-. Voy a avisarle a la vieja idiota para que mande poner la cama aquí. Pídele un pijama a la criada nueva, debe estar perdiendo el tiempo en la cocina, como de costumbre.

-¡Eh!- ya salía cuando Lavi lo llamó desde el suelo, y se volvió para mirarlo con el ceño fruncido- Gracias, Yu.

-Tsk. Lo hago para que la niña no me toque las narices, no por ti. Me da igual lo que te pase con la zorra esa.

Salió con la risa de Lavi resonándole en los oídos.