Hola! Sé que os he hecho esperar mucho y de verdad lo siento, pero aquí tenéis por fin un capítulo nuevo. Estamos ya en la recta final, no sé exactamente cuántos capítulos quedan pero calculo que entre dos o tres, quizás 4. De nuevo gracias por leer, por vuestros favs, follows y sobre todo por vuestras reviews a sjl82, farren n m, kykyo-chan, wajibruja y por supuesto a mi fan. Espero que os guste! :)
La isla
21
Regina suspiró en cuanto escuchó la voz de David al otro lado de la línea. Debería haber supuesto que no sería Emma. Sin embargo, quizás él tendría alguna noticia nueva. La morena rogó para que así fuera.
- ¿David? Hola… - saludó. - ¿Alguna novedad? – se apresuró a preguntar.
Los segundos nunca habían pasado tan lentamente para la morena.
- De hecho, sí. – contestó él. – Emma ha vuelto a casa. – confesó después de un largo suspiro. Algo no iba bien.
- Eso es…una noticia genial. – dijo Regina, con un mal presentimiento. – Pero, ¿qué ocurre?
- Emma, ella…me tiene preocupado. Parece estar encerrada en sí misma.
No podía evitar preocuparse, se sentía impotente al saber que no podía hacer nada, ni haber hecho nada. Si tan solo pudiera hablar con ella…
- Es una mala idea pasar a verla, ¿verdad?
- Me temo que sí. – dijo David. – Con Mary Margaret aquí, además…
- Entiendo. – suspiró – ¿Podrías…podrías hacerme un último favor?
- Claro.
- ¿Podrías convencer a Emma para que venga a verme? A mi casa, a mi oficina, no importa dónde. Necesito hablar con ella.
Hubo un silencio al otro lado. Regina estuvo a punto de comprobar si David seguía aún al teléfono, pero antes de poder hablar, él la interrumpió.
- Sí, solo hay un problema.
- ¿Cuál?
- Emma. Va a ser complicado, me ha dicho que no quería que te avisara a ti. Te he llamado porque sé que te necesita. Espero que entre en razón.
-x-
Aquellos días no habían sido fáciles para Emma. No solo por el tema de Regina, sino por todo en lo que se vio envuelta. Había sido como regresar al pasado, y eso era lo último que quería. ¿Cuánto mal debía haber hecho en otra vida para que le pasaran ese tipo de cosas? Era surrealista.
Tal vez todo era un castigo por haber huido. Sabía que no era la mejor opción, se lo repetía constantemente, pero las imágenes de Regina junto a Daniel nublaban su mente y no la dejaban pensar con claridad. Sabía que tendría que enfrentarse a la realidad tarde o temprano, pero no podía.
Se había marchado a Boston para poner algo de distancia, pero nunca se imaginó a quién se encontraría ahí. Neal. Ojalá lo hubiera dejado pudriéndose en aquel piso, abandonado. Pero no, tenía que sentir pena por él y pedirle a James que lo cuidara. ¿Por qué? ¿Por qué había decidido ayudarlo una última vez? ¿Y qué hacía él allí?
Por extraño que pareciera, ahora, la casa de sus padres se había convertido en su refugio. A pesar de que el encuentro con su ex no había sido tan catastrófico como imaginó en un principio, aún había algo que no terminaba de encajar, y eso la dejaba intranquila.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos ligeros toques a su puerta, como era de costumbre.
- Adelante.
Tras escuchar la voz de la rubia, David entró y se sentó junto a ella.
- ¿Cómo estás?
- Me habéis hecho la misma pregunta un millón de veces desde que llegué. – se quejó Emma.
- Lo sé, y todas las veces nos has mentido.
- Ya… - suspiró. – ¿Cómo quieres que esté?
- ¿Sabes? Creo que deberías ir a hablar con Regina. – sugirió él, con cautela, pues no sabía cómo su hija iba a reaccionar.
- Lo sé…
- No deberías pensártelo tanto. Acabo de hablar con ella. Está preocupada por ti.
Que Regina estuviera preocupada podía significar muchas cosas. Que la apreciaba, eso estaba claro. Pero por lo demás…Emma sacudió la cabeza, intentando eliminar aquellos pensamientos de su mente.
-x-
Días después…
La rutina había vuelto a su vida después de mucho tiempo, pero era feliz. O medianamente feliz. Volvía a tener su trabajo y todo parecía ir sobre ruedas, era libre, y había recuperado a su hijo. No obstante, aún quería arreglar algunas cosas. No podía seguir viviendo de su hermana eternamente, y por mucho que le gustara y agradeciera su compañía, deseaba tener su propia casa, pues ambas se merecían tener su propio espacio.
Por otra parte, estaba el asunto de Daniel. Todavía no sabía qué hacer, y no había querido hablar sobre ello. Había un tema que le parecía más urgente: Emma. La rubia no había dado señales de querer hablar con ella, y aunque Regina confiaba en que David la convenciera, no estaba muy segura de cuánto tardaría en hacerlo. Emma era, de lejos, la persona más testaruda que había conocido en la vida.
Estaba distraída cuando su secretaria interrumpió sus pensamientos, anunciándole que tenía visita. No tenía concertada ninguna cita para ese día, por lo tanto, la única opción era… ¿sería ella? ¿Tendría tanta suerte?
- Hazla pasar. – dijo, con voz temblorosa. Tenía tantas ganas de volver a verla…y, aun así no sabía si estaba preparada para lo que fuera a ocurrir.
Su mirada se iluminó cuando la vio de nuevo. A decir verdad, la mirada de ambas. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez. Ahora, por fin, Emma estaba frente a Regina y Regina frente a Emma.
La rubia se quedó de pie en medio de la oficina, inmóvil, sin saber qué hacer.
- Siéntate, por favor.
Le hizo caso y se sentó, en silencio, no sabía cómo empezar.
- Has venido. – dijo Regina, con un amago de sonrisa. La cara de la otra mujer tenía una expresión complicada de describir.
- Sí. – respondió Emma, acompañando su respuesta de un movimiento de cabeza. – Querías hablar conmigo, ¿no? – continuó, nerviosa – ...es necesario que hablemos. – se corrigió. – Me alegro de que…todo haya ido bien, por cierto. Eh…¿Henry?
- Gracias. Henry está muy contento de tener a su mamá de vuelta. Y yo también.
La situación era extraña. Tensa. Tenían tantas cosas que decirse, que no sabían cómo hacerlo. Fue Emma la que rompió el hielo.
- Estuve en Boston. Necesitaba alejarme de todo por unos días. Imagino que ya sabrás el motivo por el que me fui, o al menos tendrás una idea…y sé que fui una cobarde, quería quedarme, quería ver cómo te declaraban inocente y cómo tu madre perdía…quería celebrar contigo, pero no pude. No pude Regina, porque tenía miedo. Y todavía tengo miedo.
- Emma… - susurró la morena, sin saber bien cómo reconfortarla. Algunas lágrimas rebeldes se habían escapado de sus ojos y ahora descendían por sus mejillas.
- Solo…solo me ha tomado un poco más de tiempo para ser valiente y atreverme a venir a hablar contigo. He necesitado más días, pero ahora estoy aquí y estoy preparada para escuchar lo que sea. Así que, adelante.
Regina suspiró. Sentía mucha tristeza al pensar en cómo lo había pasado Emma, y no podía evitar culparse. Si le hubiera aclarado antes lo profundos que eran sus sentimientos hacia ella, que ya había superado lo de Daniel y estaba dispuesta a seguir adelante...
- ¿Lo que sea? – preguntó cuidadosamente.
- Sí, pero si vas a romperme el corazón, hazlo rápido.
La respuesta de Regina fue levantarse y dirigirse hacia la rubia, sentándose en una silla frente a ella y tomándola de las manos.
- Te amo, Emma. Y siento no habértelo dicho antes. Sé que tienes miedo porque siempre hablaba muy bien de Daniel y siempre te hacía sentir que lo echaba de menos, pero créeme, no hay nadie con quien quiera estar que no seas tú. Ya he hablado con él, le he dejado las cosas claras, aunque él ya sabía que yo estaba contigo.
- ¿De verdad? – preguntó Emma, envuelta en lágrimas. – Repítelo Regina, por favor.
- Te amo, Emma.
- Y yo a ti. – respondió ella, lanzándose a sus brazos. – Te amo, Regina.
Se quedaron abrazadas durante unos minutos, mientras lloraban, esperando a que sus cuerpos terminaran de desahogarse y se calmaran por fin. Después, Emma la besó. La había echado tanto de menos...
-x-
Con más besos que palabras, Emma había convencido a Regina para salir de allí, a donde fuera. Tenía que comentarle lo de Neal y necesitaba que estuvieran en otro ambiente. Así acabaron en una cafetería en la que no había demasiada gente, lo que les permitía un mínimo de privacidad.
- Hay algo que te preocupa, ¿qué es? – preguntó Regina, pues la rubia había estado nerviosa todo el camino, y había insistido en que estaba bien.
- He querido contarte esto desde que volvimos a vernos, pero no quería, porque me sentía culpable, y mal, y…
- Emma. Por favor, déjate de rodeos y cuéntame.
- En Londres, yo aún vivía con Neal. – confesó. – Él tuvo un accidente cuando le eché de casa y se quedó en silla de ruedas. Sentí que era culpa mía, así que lo volví a acoger, pero cada día era una pesadilla. Cuando volví a mi casa me encargué de recoger lo importante y le dejé ahí, pero le pedí a uno de mis compañeros que lo ayudara a salir adelante. Siento no habértelo contado en otro momento, pero no quería pensar en él.
Emma se quedó en silencio un momento, esperando a que la morena dijese algo, pero no dijo nada. Al contrario, se quedó en silencio, sin mostrar expresión alguna, esperando a que continuara.
- Bueno, resulta que me lo encontré en Boston. No sé qué hacía ahí, se ve que se recuperó, pero no sé por qué ha venido hasta los Estados Unidos. Me confesó que intentó buscarme, pero se enteró de nuestra relación. Le expliqué que estaba contigo y pareció entenderlo, pero hay algo en toda esta historia que no me cuadra.
El silencio reinó de nuevo mientras Regina terminaba de beberse el café que había pedido, pensativa. Esperar una reacción, la que fuese, fue una tortura para Emma.
- Emma, ese hombre forma parte de tu pasado. – dijo la morena, tomando sus manos sobre la mesa. – Y aunque me hubiera gustado que me lo dijeras antes, está bien. No es algo que afecte a nuestra relación. Y creo… ¿crees que después de todo lo que ha pasado, quizás tienes miedo de que pase algo más?
- Ya…puede ser…a lo mejor son cosas mías, pero no me fío de él. Por favor, Regina, ten cuidado.
- Está bien. Te lo prometo. Pero tendremos cuidado las dos.
-x-
- Henry, ¡mira quién ha venido! – gritó Zelena, llamando la atención de su sobrino, al ver aparecer a Emma tras la puerta.
- ¡EMMAAAAAAAAAAAAAAA! – chilló él, corriendo hasta la rubia y abrazándose a sus piernas. Emma se agachó para quedar a su altura y también lo abrazó.
- Te he echado de menos, chico.
- Y yo, Emma, y yo. Ven.
Henry la llevó a donde había estado jugando para que jugase con él. Zelena se les unió enseguida y Regina un poco más tarde, pues salió de la cocina con una tarta de manzana recién hecha.
Emma y Regina habían quedado en que la rubia les visitaría esa misma tarde, pero la morena debía volver al trabajo y la rubia quería contarle a sus padres – sí, a Mary Margaret también – que finalmente había arreglado las cosas y su relación volvía a estar a flote.
- ¡Tarta de manzana! ¡Mi favorita! – exclamó Emma emocionada, levantándose para darle un beso a Regina.
Henry y Zelena hicieron una mueca de asco a la vez al verlas, para luego acabar los cuatro riéndose y disfrutando del pastel.
-x-
La felicidad parecía haber vuelto a sus vidas, los días seguían pasando y las dos mujeres eran felices, la relación de Emma con su madre iba mejorando, pues Mary Margaret había ido cambiando, y ahora empezaban a formar una pequeña familia.
Emma no podía sentirse de otra manera sino feliz. Casi había olvidado la preocupación que sintió tras su conversación con Neal. Casi, porque cuando recibió la notificación de que el edificio donde Regina trabajaba estaba en llamas, no tuvo que pensarlo dos veces para saber quién había sido el culpable.
