Una Nueva Vida Sin Ti
***Flash Back***
-Así que me voy, señor Taisho, no volveré hasta dentro de tres años más – le dijo finalmente luego de discutir todo respecto al CD o el Videoclip.
-Es una lastima por una parte – comentó el hombre – pero es una oportunidad que no puedes desperdiciar. Te mandaré mis saludos a través de Inuyasha. – Escuchar su nombre fue como un golpe en el pecho.
-Él no sabe nada, señor, y no quiero que sepa aún…
-OH, está bien, será todo a su tiempo.
***Fin Flash Back***
Bastante tiempo habían pasado ya desde eso. Luego de graduarse, Kagome decidió viajar de inmediato a Inglaterra, para confirmar su asistencia a Oxford los siguientes tres años; además para arreglar todo en su nueva residencia de la Universidad.
Desde el día en el parque con su EX novio, había puesto una gélida máscara en su rostro. Se había vuelto una chica sin expresión, no mostraba lo que sentía, a nadie, era tan fría como un témpano. Ya no confiaba en los hombres que quisieran seducir, y menos quienes lo intentaran con ella; no creía en el amor de pareja, su padre e Inuyasha le habían enseñado que eso no existía. Además se había prometido no cantar más, era algo que se le había metido a la cabeza y ahora ni su familia, ni amigos podían combatir.
Por su parte, Inuyasha había logrado su objetivo, había entrado a la Universidad de Tokio, a la carrera de arquitectura. Había comenzado a salir oficialmente con Yumi, sus padres no sabían, sólo sus amigos, pero el único que "aprobaba" la relación era Miroku. Los demás creían que era un cretino por cambiar a Kagome por su peor enemiga, inclusive su hermano.
Kagome se iría oficialmente a Oxford un mes antes del comienzo de clases, puesto que quería acostumbrarse bien al idioma y así no se le hicieran tan difíciles las clases. En ese momento, se encontraban en el aeropuerto, todos, a excepción de Inuyasha, a quien Kagome había pedido que no avisaran. Luego de graduarse, no lo había vuelto a ver, y por una parte eso la aliviaba, pero también la hacía extrañarlo de gran manera. Les había solicitado a sus amigos que no le contaran nada respecto a ella en Inglaterra, a menos que él lo preguntara, y ella ya estuviera fuera del país.
-Prométeme que te cuidaras y no harás locuras – le dijo su madre, con los ojos aguados. Kagome sonrió de medio lado, pero siguiendo con su mirada fría y distante. Sonomi se acercó a ella y la abrazó.
-Mamá, ya no soy una niña, sé cuidarme sola. – Después de separarse de ella, y abrazar a Souta y al abuelo, se acercó a sus amigos -, bueno chicos, debo despedirme…
A Rin y Sango también se les enrojecieron los ojos y la abrazaron fuertemente. Miroku la abrazó luego y Sesshomaru la besó en la frente.
-Hazle caso a tu madre, - le dijo él albino – y ven a visitarnos, te estaremos esperando.
Dentro de ella todo se quebraba, en pocos minutos dejaría todo su pasado, sus amigos, su familia, su país, para comenzar una vida nueva y totalmente desconocida.
Este es un último llamado para el vuelto 501, con destino Oxford, Inglaterra.
El anuncio de la mujer le indicó que ya era hora de partir. Los miró a todos de nuevo, tomó su maleta y fue hacia la puerta de embarque. Le entregó su boleto a la mujer a cargo, giró su cabeza hacia su familia y comenzó a caminar por el largo pasillo que llegaba al avión que la sacaría de ahí.
-¿Cuánto tiempo más seguirá siendo así? – preguntó Miroku cuando Kagome ya se había adentrado.
-Seguramente hasta que vuelva a encontrarse con Inuyasha y él haga algo para que su frío corazón se derriba – comentó Sonomi, mirando el pasillo por donde su hija se había ido. Todos la miraban interrogantes, dispuestos a seguir escuchando lo que la mujer les quería explicar -. Cuando su padre se fue, y Yumi apareció en su vida, Kagome se convirtió en una chica tal como lo es ahora, sin embargo solía expresarse un poco más… Al entrar a Shikon, el primer día en que volvió a casa, ella era una chica totalmente distinta a lo que había sido en mucho tiempo. Me habló de un muchacho, Inuyasha, que la había estado molestando esa semana por que ella era una Halcón y se expresaba con tal dinamismo que me dejó sorprendida. Estaba tan irritada con él que logró poner fin a la barrera que la mantenía distante del mundo para poder acercarse a los demás.
-Pero ¿nadie, antes de eso, la había hecho sentir así?
-No, cada vez que la regañaba, ella lo aceptaba sin decir nada, cuando Souta molestaba, no le prestaba atención, siempre estaba sumergida en sus pensamientos. Es por eso que me preocupa tanto esta vez, pasa el noventa por ciento del día en su mundo, sin prestarle atención a lo demás y me da miedo el momento en que explote por todo lo que ha reprimido en su interior… No la he visto, ni escuchado llorar por su ruptura, no se ha desahogado…
- O -
El taxi estacionó frente a la residencia, la cual sería su hogar durante los siguientes tres años. Lúgubre edificio, o al menos así lo veía ella. Luego de lo ocurrido en las semanas anteriores, no podía notar con facilidad la belleza de las cosas. El conductor del vehículo sacó sus maletas del maletero y se las entregó. Cuando se marchó, respiró profundamente y agarró los mangos de su equipaje para poder entrarlo. Aunque sin al menos tres viajes desde ahí a su habitación se le haría imposible llevarlos a su destino, eran demasiadas cosa… bueno, las suficientes para los siguientes tres años.
-¿Quieres ayuda, carina? – preguntó alguien con acento italiano detrás de ella. Kagome se volteó, encontrándose con unos misteriosos ojos pardos, que parecían esconder algo; el joven tenía el cabello castaño, corto en los laterales, pero con una estilosa chasquilla orientada hacia la derecha de su rostro, su nariz, respingada y perfecta, y labios carnosos, apetecibles a quien los viera. Vestía unos jeans oscuros y una camiseta blanca con escote V. Su imagen la hacía sentirse tranquila, era como un ángel caído por el brillo que emanaba, por un momento se relajó. Sin embargo su faceta de chica fría no cambió – Vaya, tu debes ser la chica japonesa que vendría a vivir aquí – continuó él, mientras se acercaba y le tomaba una de sus manos, para besarla – soy Leonardo Monticello, un gusto conocerte al fin – se presentó -, pero me temo que no conozco el nombre de tan bella señorita…
-Kagome Higurashi – contestó ella con tono parejo. La actitud que el chico había mostrado le había quitado la pequeña confianza que había depositado en ella. Un seductor, quién más, sino, haría eso.
Sin prestarle más atención se agachó cerca de sus maletas y forzosamente las levantó. Él rió por debajo, era obvio que ella no podría sola con todo eso. Al parecer la chica se había llevado todo su armario, o más bien, toda su habitación hasta Inglaterra. Kagome subió un peldaño y se desplomó junto con sus cosas.
-No seas terca, yo te ayudaré – aseguró él, levantándola del suelo y tomando las dos maletas más grandes que llevaba. – Vamos – le dijo – te guiaré hasta tu habitación.
¿Vive aquí?
Si la respuesta a ese pensamiento era un gran y gordo "si", entonces estaba perdida. Podía notar con tan sólo pasar la mirada por su figura, que el chico era un casanova total, es decir, trataría con todas sus fuerzas conquistarla y luego desecharla, sin embargo ya estaba preparada para eso, así que no lo permitiría. Cerró los ojos y respiró hondo, esto se tornaba cada vez más complicado y dramático.
-Hey casanova, deja que yo ayude a la señorita a instalarse – dijo una voz detrás de ellos. Kagome se volteó, encontrándose con un chico rubio, alto, de ojos verdes. Leonardo dejó las cosas en el suelo, y con un gesto despreocupado se alejó de ellos.
-Como quieras…
-Hola, soy Mark Shaw, encargado de la residencia. – Se presentó el chico – tu eres Kagome Higurashi ¿verdad?
Kagome asintió. Sería todo mucho más fácil si nadie se acercara a ella, así no se encariñaría y luego no se decepcionaría de ellos. Podía notar que ambos chicos que se había presentado frente a ella no eran malos, o eso veía. Ambos guapos y amables, sin duda si hubiese sido la chica de antes, se habría hecho su amiga, pero la nueva Kagome no se dejaba convencer con sólo una cara bonita y una buena primera impresión.
Mark tomó las maletas que Leonardo había dejado y la guió hasta su habitación. La 12, en el segundo piso del edificio.
-Aquí llegamos – anunció el rubio cuando abrió la puerta.
Ciertamente en el lugar podrían vivir unas seis personas. No era una habitación de una residencia de universidad normal, ese lugar era magnífico. Había una cama matrimonial en el centro del cuarto. Altas ventanas cubiertas por hermosas cortinas de seda. Estantes con libros de toda clase, una costosa radio, y una televisión de plasma. Además había un escritorio y un armario espacioso. Si querrían hacerla sentir cómoda, sin duda lo lograrían. Sólo se preguntaba si todas las habitaciones de lugar eran igual a esa. La impresión que había tenido del edificio al llegar, definitivamente había cambiado al ver su cuarto.
-¿Sorprendida? – preguntó el chico al verla observar todo con admiración. Al escuchar su voz ella volvió a tomar su fría actitud, y asintió con la cabeza. – Bueno, espero que estés cómoda. Aquí hay sólo un par de reglas que seguir, la primera es no hacer ruido después de media noche, pues podría molestar a los que duermen, bueno, no sacar, vender, ni regalar nada que sea de la residencia y si vas a hacer una fiesta debes invitarnos a todos. – Ella lo miró extrañada, por lo que Mark rió – sólo bromeo… Bueno ¿alguna duda? – Negó con la cabeza – bien, creo que eres un poco tímida, así que te dejaré. Si necesitas algo, tan sólo dímelo, puedes encontrarme en la habitación 3, abajo, o dile a mi novia que está el cuarto junto a ti, su nombre es Ella. – Mark se volteó y se dirigió a la puerta, pero antes de irse se giró a verla nuevamente – Cenamos a las ocho, no es obligación que comas aquí, pero me gustaría presentarte a todos.
- O -
Un mes luego del comienzo de clases…
Subió corriendo la escala, quería llegar rápido a su habitación para poder tomarse una larga ducha. El día había sido muy caluroso, además del deporte que había practicado lo había dejado exhausto. Necesitaba relajarse de alguna manera.
Cuando terminó fue al cuarto de Sesshomaru para ver que hacía ya que últimamente no había tenido tiempo ni de conversar con él. El chico estaba sentado en su escritorio revisando unas fotos antiguas en su notebook, cuando entró Inuyasha.
-¿Qué ves hermanote? – preguntó Inuyasha. Justo en ese momento Sesshomaru pasaba por una foto de Kagome con Inuyasha, abrazados, en la fiesta de cumpleaños de Miroku – OH, Kagome se veía hermosa ese día – dijo sinceramente -, no la he visto en mucho tiempo, creí que me la toparía en la universidad, pues dijo que estudiaría algo que no recuerdo… pero ni ahí me la he encontrado, tú debes hablar con ella de vez en cuando ¿cómo está? ¿Estudia algo?
-Inuyasha, ella… - bueno ya era tiempo de decirle donde estaba su ex novia ¿no? Pero justo en ese momento, el celular de Inuyasha comenzó a sonar.
-Vaya, es Yumi, adiós Sessh.
Y ahí se iba de nuevo, con su cínica y empalagosa novia, sin dejarle tiempo de contarle la verdad.
- O -
El tiempo pasaba rápido, sin embargo no había hecho ningún contacto profundo con nadie en la universidad o en la cuidad, simplemente estaba sola en el gran país, mas eso no le importaba. Leonardo había notado lo frío que estaba su corazón, así que siempre trataba de hacer algo para que este hielo que tenía en su interior se derritiera, pero por más que hacía algo, no funcionaba, ella seguía siendo igual.
-¡Hey Kagome! – la llamó un día luego de clases, corrió hacia ella - ¿Qué harás ahora? – le preguntó, pero ella ni siquiera giró el rostro para mirarlo.
-Cosas – respondió tajante. El chico suspiró, Kagome realmente le gustaba y quería llegar a su corazón de cualquier forma.
-¿Qué tipo de cosas? – volvió a preguntar, ignorando el tono con que había contestado la chica. En ese momento algo en el rostro de la azabache cambió. Pudo notar una pizca de tristeza en sus ojos, por lo que se preocupó.
-No he hablado con mi madre desde que viajé – comentó mirando el suelo – quisiera por un momento escuchar su voz…
-Vaya, eso si es mucho tiempo… Ven, - dijo tomándola de la mano, haciendo que el frágil corazón femenino comenzara a latir con rapidez. Hace mucho que no sentía la calidez de otro cuerpo tan cerca de ella y de cierta forma la volvía a la vida, mas no mostró expresión alguna – te llevaré a un lugar para que puedas hablar con ella y con quieras en Japón.
Leonardo la sacó de los territorios de la universidad y llamó a un taxi, el cual viajó unos diez minutos, hasta llegar a una mansión, muy grande, con hermosos jardines. El muchacho bajó del auto y luego la ayudó a ella. Entraron por la gran verja que había, para después atravesar un largo y hermoso camino de rosas amarillas.
-Leonardo ¿dónde estamos?
-Es la casa de mis padres aquí en Inglaterra, desde esta residencia puedes llamar al país que quieras – contestó sonriente.
Entraron a la casa, enorme edificación, con un estilo inglés muy marcado. Al verlos entrar, los sirvientes que iban de arriba para abajo, formaron filas y saludaron al joven italiano y a su acompañante.
-Buona sera – (buenas tardes) Dijo el chico cortésmente y tomó a Kagome de la muñeca, para llevarla escaleras arriba.
-¿Tiene tantos sirvientes?
No se dio cuenta cuando llegaron a una habitación llena de computadores, cámaras y teléfonos. Dos hombres estaban sentados viendo los monitores que mostraban cada lugar de la casa. Leonardo se aclaró la garganta, para que los guardias se dieran cuenta de que estaban ahí. De inmediato, ambos hombres se pusieron de pie e hicieron una pequeña reverencia hacia él, y luego hacia Kagome.
-Muchachos, la señorita aquí presente desea llamar a Japón, por favor permítanselo.
Uno de ellos cruzó la habitación para mostrarle uno de los teléfonos a Kagome.
-Sólo marque el número aquí, y de inmediato será comunicada – le dijo a la chica, mientras le pasaba el aparato.
-Gracias – contestó ella y marcó el número de su hogar.
-Démosle un poco de privacidad – comentó el dueño de la casa, llevándose a los guardias del lugar para que así ella pudiera hablar tranquila.
Kagome esperó un par de segundos con el teléfono en el oído, hasta que una voz tan familiar y amada contestó del otro lado. La emoción de escuchar finalmente a su madre, luego de unos dos meses hizo que sus ojos brillaran y una pequeña sonrisa se formara en su rostro. Pero a pesar de eso, su tono de voz fue el de siempre, frío y sombrío.
-Mamá, soy yo, Kagome, no había encontrado lugar de donde llamar, por eso tarde… - escuchó un sollozo del otro lado, por lo que se preocupó – hey ¿ocurre algo?
-¡Kagome! ¡Hijita! ¡Tenía tantas ganas de escuchar tu voz! – comentó la señora Higurashi entre llanto.
-Oye, no es necesario que te pongas así tampoco. – Dijo fríamente, sin embargo seguía contenta de hablar con ella - ¿cómo están todos por allá? ¿Souta y el abuelo?
-Ellos están muy bien y de seguro les encantará que hayas llamado, estaban preocupados por ti.
-No tienen que preocuparse. Hace un tiempo le mandé un correo a Sango, pero no ha contestado…
-OH, claro, ese correo, si me avisó, pero no contestó porque su madre está delicada de salud y ha estado ocupada cuidándola y estudiando, de hecho, ese día debió partir de inmediato al hospital porque no se sentía bien.
Ese fue un golpe bajo, la madre de Sango siempre la había tratado bien y la estimaba mucho por ello, había llegado a sentirla como una segunda mamá. Por una parte le gustaría ver cómo estaba su amiga con todo eso.
-¿Qué es lo que tiene?
-Problemas en un riñón…
-OH – expresó con lamento – ¿y los demás? ¿No has visto a esa persona?
-¿Aún piensas en Inuyasha, Kagome? – el escuchar su nombre le dolió, sintió como si el corazón se le quemara y sólo viviera de las cenizas que ahí habían quedado. No había oído aquel nombre en mucho tiempo, ni siquiera ella lo había nombrado… - Ya déjalo, no te hace bien. Y hablo en serio, te fuiste para poder iniciar una vida nueva, y no podrás hacerlo si él no sale de tu mente.
-Mamá, debo irme, te llamare en un tiempo más, pero me comunicaré por mail. Mándale saludos a Souta y al abuelo, y si ves a Sango dile que si algo ocurre que me avise. Adiós, te quiero.
Sin esperar que su madre se despidiera, colgó sin preámbulos. No le gustaba que le dijeran que hacer, a pesar de que sabía perfectamente que lo que la señora Higurashi decía era verdad. Suspiró para tomar fuerzas y salió de la habitación. Curiosamente no había nadie esperándola afuera, así que se devolvió por el pasillo por donde habían llegado, sin embargo, al parecer, al doblar en uno de ellos, tomó el equivocado, por lo que andaba perdida por la casa. Finalmente bajó una escala, que la llevó directamente a la cocina. Al abrir la puerta vio una señora regordeta, con un delantal blanco, decorando un pastel de frutilla.
-Hija ¿puedo ayudarte? – le preguntó la mujer, al verla desorientada.
-Es sólo que me perdí… - comentó Kagome mirando hacia todos lados. La cocinera rió un poco y dejó su quehacer para prestarle total atención a la recién llegada.
-¿Eres amiga del señor Leonardo?
-Vivimos en la misma residencia… Él me trajo aquí para poder llamar a mi madre, en Japón… pero salí de la habitación y no había nadie.
-Ah, ya veo, él debe haberse entretenido por ahí, no te preocupes, ya vendrá por aquí, nunca se pierde el pastel de frutilla. Por cierto, ¿quieres un poco, mi niña?
-Eh… yo…
-Vamos, no seas tímida – La mujer la agarró de la muñeca, haciendo que se sentara en un taburete pequeño que había junto a la mesa de cocina. Del pastel ya terminado, cortó un trozo y se lo dio a la chica, junto con una cuchara para que pudiera comerlo.
Kagome tomó un poco y se lo metió a la boca, abriendo de inmediato los ojos, sorprendida por el exquisito sabor. Por primera vez, en mucho tiempo, sonrió e hizo un gesto de aprobación. En ese momento la puerta se abrió, entrando Leonardo, con las manos en los bolsillos y un aire despreocupado.
-Ahí estas – dijo mostrando su perfecta dentadura – comiendo de mi pastel ¿eh? – comentó con picardía. El semblante de Kagome cambió de inmediato, dejando ver la fría máscara de su rostro – sólo porque eres tú te perdonaré. Clara, yo también quiero un pedazo.
El joven tomó asiento junto a ella y la cocinera le dio un trozo de pastel a él también. Leonardo conversaba de cosas triviales con la mujer mientras comía, cosas de la casa, noticias, etc., mientras Kagome comía plácidamente el postre.
-Bueno, ¿nos vamos? – Preguntó finalmente a Kagome, la que tan sólo asintió con la cabeza – me llevaré la moto – le informó a Clara.
Leonardo sacó a la chica de la cocina y la condujo al garaje, donde había estacionada, aparte de un mustang rojo y un jeep negro grande, una moto plateada. El joven tomó uno de los cascos, de color blanco y se lo pasó a Kagome, mientras que él se colocó un azul. Abrió la puerta del garaje y encendió el motor. Miró a Kagome, quien aún no se había puesto el casco aún. El chico rió y se bajó de la moto, le quitó el yermo a ella y se lo colocó. Luego la tomó de la mano y la acercó al vehículo.
-Vamos, nada malo ocurrirá, no permitiré que nada te pase – le dijo para darle confianza, sin embargo hizo que se molestara, por la actitud. Kagome suspiró y simplemente subió a la moto.
Cuando llegaron a la residencia, Leonardo guardó la moto en el garaje del lugar.
-¿Por qué, teniendo esa enorme casa, vives aquí? – preguntó Kagome.
-Allá no hay privacidad
-¿Y aquí si la hay? – cuestionó extrañada.
-Claro, no hay cámaras en todos lados. En esa casa no puedo salir por la ventana sin que lo sepan, ni entrar a la habitación de una chica sin que se enteren – ella lo miró con desprecio – sólo bromeo, pero es cierto. Lo saben todo.
-Pero, ¿por qué tanta seguridad? ¿Eres una especie de príncipe millonario?
-Bueno casi, mi abuelo pertenece al senado en Italia y mi padre es dueño de una prestigiosa empresa que tiene sedes en todo el mundo…
-Ah… - expresó simplemente.
-Oye Kagome – le dijo cuando estaban por entrar a la casa – usualmente voy los fines de semana a mi casa, así que si quieres llamar sólo dímelo.
-No es necesario, con eso fue suficiente – contestó ella cruelmente, sin mirarlo.
-¡Deja ya esa actitud de chica fría, porque no te queda! ¡No eres así!
-Qué sabes tú – dijo molesta girándose para verlo a los ojos.
-Kagome, lees a Shakespeare, Laura Esquivel, Jane Austen... – lo recordaba pues se la había encontrado varias veces en la biblioteca de la universidad buscando o leyendo libros de aquellos románticos autores - ¿Qué chica con tu mentalidad leería eso?
-Pues los leo porque redactan bien y sirve de expe…
-Cuentan historias de amor – la interrumpió él.
-¡¿Y qué hay con eso? ¡Déjame fantasear con que el amor existe y dura para siempre, ¿sí?
-Escucha, - Leonardo se acercó a ella y posó sus manos sobre los hombros femeninos – no sé quien y cómo te hirieron en el pasado, pero es sólo una caída, ahora debes levantarte y caminar. Un fin es un nuevo comienzo, debes dejar eso atrás, sino después te arrepentirás de no haber vivido la vida al máximo y como se debe.
-Tú no entiendes – Kagome quitó las manos de él de sus hombros y se alejó un paso atrás – las personas te decepcionan.
-¿Y crees que todos somos así? Dime ¿tu madre te ha decepcionado? ¿Tu padre? – Ouch, golpe bajo.
-Debo irme – dijo ella finalmente, dispuesta a entrar a la casa e irse directo a su habitación.
-No hemos terminado de hablar.
-Pues yo ya no quiero hablar.
Ella dio un gran portazo luego de entrar. Leonardo suspiró, derrotado, de nuevo ella se iba y su relación no mejoraba. Pero al menos algo había ganado, ella tenía sentimientos en ese frío corazón, tan sólo debía derretirlo.
Ho Ho Ho! Feliz Navidad para todas! , ojala lo hayan pasado bien anoche, y bueno, todavía queda todo este día :D como se portó el viejito? weno aqui les dejo un regalo de navidad, con cariño para todas mis queridas lectoras :)
Bueno, volviendo a la historia, el cap anterior causó total revolución! gracias por los tantos reviews que llegaron, en verdad muuuuuchas gracias. Y diganme ¿que opinan de Leonardo? personalmente yo lo amo, jeje, es muy guapo y además se interesa por ella, Kagome merece que alguien la cuide y se preocupe por ella, no creen? Sólo espero que deje de ser tan terca y le de una oportunidad. Aaah, para que tengan una idea, Leonardo es mayor que ella, tendrá unos 22 años, así que tiene mas experiencia 1313 jajajaja
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De antemano les deseo un Feliz Año nuevo, ojala lo pasen muy bien con todos sus seres queridos. Besos y hasta el proximo capitulo.
MRS Taisho-Potter
