CharlieRiddle: ¡Hola! Pues sí, es Caracas. Eres mi compatriota.
: He pasado por eso. Te entiendo. En mi caso dejo de trabajar un momento hasta que termino el capitulo xD
Guest: Es correcto, Voldemort tiene siete horrocruxes.
"Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti"
Friedrich Nietzsche
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Hacía frío. Demasiado frío, era insoportable. Todo su cuerpo temblaba sin control, tenía los dientes apretados para evitar que tiritaran. Estaba encerrada en una celda muy pequeña y oscura. No tenía ventanas, solo unos barrotes de metal ya oxidados la separaban de la libertad. Se movió un poco arrastrándose por el suelo y se acercó a ellos. Trató de mirar hacia los lados, pero la negrura era tal que no alcanza a distinguir nada.
Escuchó unos susurros hacer eco en las paredes de piedra y se puso de rodillas - ¿Hay alguien ahí?- preguntó en voz alta. Se imaginó que por obvias razones no debía estar sola en esa inmensa prisión, aún así no había visto a nadie.
No hubo respuesta a su pregunta. Se dejó caer sentada en el suelo y pasó su mano por la cara, la habían golpeado hasta que perdió el conocimiento y lo único que supo fue que había despertado en ese lugar. Sin embargo palpando varias partes de su cuerpo se dio cuenta que no tenía heridas visibles aunque el dolor siguiera ahí. No podía culparlos, ellos pensaban que ella había asesinado a dos de sus compañeros… y a ese niño… Era normal que estuvieran furiosos.
Siguió escuchando los susurros y se dio cuenta que eran las voces de personas, seguro otros presos que charlaban entre sí. No quiso preguntar nada más y se encogió abrazando sus rodillas. Había una llama de esperanza que le impedía que llorara y cayera en desesperación. Estaba seguro que Dumbledore la rescataría de ese horrible lugar, no podía faltar mucho tiempo, solo debía tener paciencia.
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-¡Hay que sacarla de allí! ¡¿Cómo es posible esto?! ¡Ella no hizo nada!- exclamó Ron mientras caminaba de un lado para otro agarrándose la cabeza.
-Saldrá pronto ¿cierto?- cuestionó Harry ignorando a su amigo. Notaba como su corazón palpitaba rápidamente, expectante.
-No está resultando fácil, Harry… ¿crees que el Ministerio no está al corriente de que Dumbledore intentará liberarla de allí? Y aún si pudiéramos, Hermione viviría escondida el resto de su vida, huyendo de volver a ser apresada… No es precisamente el mejor movimiento que podemos hacer ahora para detener a Voldemort. No podemos permitir que el Ministerio se interponga y nos interceda constantemente – respondió el señor Weasley sin despegar la vista de la ventana de la cocina. Estaba anocheciendo y La Madriguera se encontraba en total silencio.
-Entonces… entonces ¡¿la solución es dejarla ahí?!- gritó Harry empezando a alterarse.
-No- interrumpió Lupin- La solución es no precipitarse, tomarnos las cosas con calma y pensar bien nuestro próximo movimiento-
-Quizás Hermione no tenga tiempo- le espetó con la voz rota. Todos lo miraron y el ambiente del lugar se volvió aún más tenso.
-Es una bruja fuerte, podrá soportar-
-¡No es así! No después de lo que ha pasado… los dementores, ellos la obligaran a revivir todo de nuevo-
-Se escapa de nuestras manos, Harry. Por favor entiende que hacemos lo posible, pero está resultando tan difícil. Sin pruebas de que haya sido realmente Quien-Tu-Sabes el que haya hecho todo esto... – el señor Weasley tomó aire- Nadie piensa que él haya regresado, nadie creerá en Hermione porque es más fácil juzgarla por esos crímenes que asumir un problema mayor-
-¡SE SUPONE QUE PARA ESO ESTAMOS NOSOTROS, PARA NO PERMITIR QUE YA-SABES- QUIEN SE SALGA CON LA SUYA, DEBEMOS ENFRENTARLO!-
-Ronald…- dijo la señora Weasley en un tono de advertencia- No le hables así a tu padre-
-¡¿Cómo puedo calmarme?! ¿Cómo puedo estar tranquilo mientras Hermione está encerrada allí? ¿Cómo puedo vivir conmigo mismo cuando ella está sufriendo y no se cuanto tiempo pueda seguir resistiendo? ¿Cómo podemos estar aquí hablando tranquilamente cuando ella lucha para soportar a los dementores?- Ron estaba totalmente descontrolado y Harry se vio en la necesidad de ponerse en pie.
-No te atrevas a decir que no nos tomamos esto en serio…- ahora era Lupin quien hablaba, por primera vez parecía estar perdiendo su tranquilidad.
-Él no quiso insinuar nada de eso… solo estamos angustiados ¡deben entenderlo!- dijo Harry en voz más alta de lo que pretendía.
-Lo entendemos perfectamente- contestó su antiguo profesor con un tono helado.
Ron le dirigió una mirada asesina y se sentó en el suelo mientras sollozaba quedamente. Solo Harry se dio cuenta de esto. Se giró hacia los tres adultos – Solo… hagan lo posible… y lo más rápido que puedan, por favor…-
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Abrió los ojos asustada al escuchar gritos de terror, debían oírse en todo el lugar. Se puso en pie y se acercó hasta los barrotes, pero no vio nada. Los gritos aumentaron y se volvieron cada vez más escalofriantes. Aguzó el oído al notar como un sonido silbante se acercaba más por el oscuro corredor, era algo que caminaba y se dirigía hacia ella. Nuevos chillidos se hicieron notar y eran de personas que estaban muy cerca de ella.
Se alejó un paso y se quedó mirando hacia el frente sin distinguir nada. Y allí los sintió; un frío insoportable se hizo presente. Pudo escuchar la respiración de esos seres, estaban justo al frente de ella, la estaba mirando. Cayó hacia atrás y se arrastró hasta apoyar la espalda contra la pared intentado huir, pero los dementores traspasaron con inmensa facilidad las rejas y se le acercaron. Abrió la boca y gritó, no pudo ni oír su propia voz entremezclada con la de los demás prisioneros.
No pudo controlarlo, a su mente vinieron imágenes y recuerdos de forma repentina. Supo que Voldemort estaría presente rápidamente, pero en lo único que pudo pensar fueron en los mortífagos, sentía mucho dolor, mucho miedo ¿Qué iban a hacerle?
Ginny en la enfermería, muerta. Aquel chico de once años, muerto… ambos por su culpa. Por ser cobarde, por no haber detenido a Voldemort. Pudo ver la cara de decepción de Harry y la interrogación de Dumbledore. Sus padres, siendo torturados y asesinados, pero no, ¡ellos estaban vivos! ¡Lo sabía!... pero ¿Y si no era así?
No quería pensar en nada de eso, sabía que los dementores la estaban obligando, y eran más poderosos que ella, porque simplemente no podía evitar recordar todas esas cosas, no podía ofrecerles una pizca de resistencia. No se sentía capacitada para imaginarse algo bueno que le hubiese sucedido, no podía acordarse de nada agradable, ni era capaz de ver al frente y tener la esperanza de un mejor futuro, porque todo era caos, todo era muerte y destrucción.
Se acurrucó en el suelo y cerró los ojos mientras esperaba, sabía que ese sería su final. Pero de pronto todo pasó; y, aunque no se sentía mejor, ya no se escuchaban gritos y el frío helado de todo el lugar se había evaporado. No quería moverse de esa posición, estaba frustrada, estaba furiosa y por sobretodo una tristeza abominable le invadía el corazón. Apoyó una mano en suelo y se incorporó pesadamente, su cabello cayó hacia un lado tapándole los ojos, dejó caer unas lágrimas de impotencia y se sentó en el suelo secándose la cara.
-Te dije que Dumbledore no te sacaría de aquí-
El susto fue tal que su cuerpo brincó y se elevó unos centímetros del suelo. Miró hacia su izquierda y una momentánea tranquilidad se hizo presente, estuvo a punto de sonreír aliviada cuando vio a ese mago.
- Si vendrá- le respondió en voz muy baja.
-Quizás- Voldemort alargó sus manos y tomó los barrotes de la celda acercándose un poco. Hermione se le quedó viendo fijamente, era demasiado irónico que fuera ella la que estuviera encerrada por asesinato, cuando el culpable la observaba con pasividad desde afuera- Pero hasta ahora el único que ha venido a verte he sido yo-
-Porque sabes que éste es tu lugar, no el mío- le respondió con sagacidad. Por alguna razón ya no le temía, no como antes al menos. Llevaba dos días en ese lugar, y los recuerdos de Voldemort habían sido revividos tantas veces que la habían vuelto inmune.
El mago oscuro soltó una risa fría sin emoción alguna. Acarició con un largo dedo uno de los barrotes sin despegar sus rojos y despiadados ojos de la joven – Nunca, Granger… Y tú… tú estas aquí por tus tontas decisiones. A mi lado, jamás hubieses puesto un pie en este lugar-
-Si nunca te hubiese conocido tampoco lo estaría ¿no crees?- le espetó la bruja con desdén. Su respiración se paralizó a ver al hombre desaparecer de pronto para aparecer justo a su lado. Se puso en pie y lo encaró con las pocas fuerzas que tenía.
-No me gusta tu nueva actitud, Granger-
Hermione ni se inmutó por unos segundos. Voldemort le había dado la espalda y miraba el espacio con un ligero interés. Un nuevo grito de angustia se oyó en todo el lugar, a la bruja se le pusieron los pelos de punta, pero intentó que la aprensión no se reflejara en sus facciones. El hombre se giró nuevamente la observó con malicia.
-Ya no tengo miedo de ti y lo que puedas hacer- lo desafió con voz temblorosa. Respiró profundamente al ver a Voldemort levantar una ceja con divertida curiosidad.
-¿Qué crees que puedo hacerte, Granger?- le cuestionó cruzándose de brazos.
-No tengo miedo de que intentes matarme-
Voldemort rió una vez más, con más fuerza que antes. El sonido de sus carcajadas se entremezcló con los sollozos y suplicas de los prisioneros. Todo era macabro y la chica retrocedió hasta apoyarse en la pared para que sus piernas no temblaran. Cuando el hombre paró de reír llevó sus manos a sus bolsillos con expresión adusta.
-¿Matarte? ¿Piensas que es necesario que te quite la vida, Granger? ¿No crees que los dementores se encargaran de eso poco a poco?-
-Entonces ¿qué haces aquí?- le contestó con furia. Sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas de impotencia. El mago oscuro la miró fijamente sin dejar de sonreír- Solo quería asegurarme de las consecuencias de tus decisiones. Quería cerciorarme que esas sufriendo como te mereces-
-¡Basta con eso!- le gritó con rabia. El Señor Oscuro borró su sonrisa y en sus ojos aparecieron destellos rojizos, daba verdadero miedo, pero Hermione no se acobardó- ¡Jamás estaré a tu lado! ¡No voy a obedecerte nunca! ¡No vengas, no quiero verte! Y si tengo que morir aquí… lo haré, pero no me arrepentiré de nada.
Voldemort sacó su varita con una rapidez inmensurable y la apuntó- ¡Crucio!- Hermione cayó al suelo sintiendo ese dolor que creyó mas nunca experimentar. Sufría mucho, sus huesos ardían, no había lugar que resistiera esa terrible agonía. Gritó todo lo que su garganta pudo liberar, se revolcaba por el suelo, pero no se detenía ¿Voldemort no iba a parar? ¿Acabaría con ella a base de torturas? Un sonido de dolor especialmente escalofriante abandonó sus cuerdas vocales e inmediatamente notó como todo se interrumpía.
Gimió en el suelo mientras se agarraban el abdomen, todo le daba vueltas. Vio a través de los parpados inundados en lágrimas como Voldemort caminaba y se alejaba de ella - ¡Pues morirás aquí! ¡Dejaré que te pudras en este lugar, Granger! ¡Y acabaré con cada miembro de esa estúpida Orden! ¡Los mataré a todos!- gritó con furia, estaba descontrolado, frenético y Hermione no veía una oportunidad para responderle – ¡Y tus sucios padres pagarán la falta de respeto de su hija! ¡Quemaré tu maldita casa con ellos adentro! ¡Y cuando ya no aguantes más, cuando me pidas clemencia, dejaré que escuches sus gritos en tu mente, una y otra vez hasta que tú misma te quites la vida!-
Hermione levantó los hombres asustada, estuvo a punto de decirle que se detuviera, no podía aceptar que sus padres resultaran involucrados en su locura. Quiso incorporarse y si era necesario pedirle perdón a ese hombre, pero lo único que distinguió fue una mirada llena de odio hacia ella, la cólera se hacía presente en sus facciones y unos ojos que prácticamente brillaban de crueldad antes de que desapareciera sin hacer el menor ruido.
-¡Noooo!- gritó levantándose y corriendo hacia donde hacía unos escasos segundos el mago oscuro estaba de pie -¡Espera!- sus manos temblaban incontrolablemente, necesitaba ayuda, iba a matarlos, estaba segura ¿Dónde demonios estaba la Orden?
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No podía calmarse, esa maldita chica ¿Cómo se atrevía? Estaba tan encolerizado que su magia se descontrolaba, su varita actuaba sola y lanzaba hechizos por doquier destruyendo todo a su paso. Su despacho quedó arruinado, pero eso no importaba, luego lo arreglaría. Primero… primero debía matar a alguien, lo necesitaba. Caminó a grandes zancadas hacia la puerta y saliendo del castillo se desapareció.
Su túnica ondeaba truculentamente contra la ráfaga del viento que lo recibía. Sabía que algunos muggles en las ventanas lo miraban impresionados, pero por supuesto a él no le importo, necesitaba encontrarlos. Llegó hasta la casa que bien conocía y caminó despacio, controlando su euforia y su rabia. La varita en su mano estaba más que dispuesta, veríamos ahora si esa estúpida muchacha volvía hablarle de esa manera.
Llegó hasta la puerta, levantó el brazo dispuesto a forzar la cerradura cuando algo le hizo retroceder varios metros. Giró la cabeza y vio a dos miembros de la Orden dirigirse a él con las varitas apuntándolo. Un viejo decrepito y sin lugar a dudas, un auror. Su temperamento volvió a explotar como una bomba; se abalanzó contra los dos hombres y levantó la varita - ¡Crucio! Exclamó centrándose en el auror. Éste cayó al piso por unos instantes, pero la maldición no duró mucho pues Voldemort se vio obligado a levantar la varita y esquivar el haz de luz roja que se dirigió a él.
-¡Viejo insensato!- Hizo un complicado movimiento con su varita y de ésta salió un destello blanco que golpeó al hombre en el cuello. Inmediatamente el viejo cayó de rodillas al piso gritando aterrado, su garganta se había abierto dejando salir chorros de sangre a borbotones. Con las manos estremecidas llevó unos dedos a su cuello e intentó contener la espeluznante herida, pero su semblante se volvía cada vez más pálido.
El otro mago movió su varita y lanzó un hechizo que Voldemort bloqueó. Sonrió con desprecio y volvió a atacar con la maldición cruciatus, por supuesto que él era más rápido que un mísero auror. El mundo parecía que olvidaba que él era el más grande todos los magos, el más poderoso, era invencible. Lo vio caer al suelo retorciéndose, pero no podía permitir que sus gritos alertaran a los padres de la sangre sucia, después de todo, estaban prácticamente cerca de su jardín. Detuvo la maldición y le dio una patada en la cara al hombre acertándole en la nariz.
Oyó un golpe seco y vio al viejo caer al suelo, desplomándose en su propia sangre. Le daba un minuto de vida, ya no podía escapar. Sonrió con crueldad y se fijó de nuevo en el auror ¿Qué muerte podía ser lo suficientemente dolorosa para que él se sintiera satisfecho? Rió en voz baja, no tenía tiempo para eso. Elevó el brazo y apuntando transformó la varita de auror en una larga espada. La tomó por el puñal ignorando los quejidos de terror que éste hacía. Lo hizo levitar hasta que quedó flotando con la cabeza hacia abajo. Centró sus ojos en el cuello del hombre, quería verlo todo de cerca.
Levantó la mano y descargó con fuerza el arma contra la yugular del hombre, la filosa hoja cortó la piel y atravesó sin piedad la carne hasta acabar con todo a su paso. La cabeza cayó al suelo y el cuerpo quedó colgando en el aire sin moverse. Voldemort rió, eso había sido divertido. Lanzó la espada al suelo, esta volvió a su forma original y el cuerpo se derrumbó como un saco de basura.
Se alisó la túnica y limpió los rastros de sangre que habían manchado sus manos. Se giró y miró alrededor, nadie parecía haberse dado cuenta de lo que acaba de pasar, y bien por ellos, porque sino les depararía el mismo final. Se dio la vuelta y caminó despacio hacia la casa de los muggles. Sentía un inmenso placer al experimentar tanto poderío. Un ruido lo hizo detenerse y voltear la cabeza. Riddle había llegado.
El más joven miró todo el lugar con curiosidad- ¿Qué has hecho?-
- Se han metido en mi camino- dijo Voldemort de mal humor – Y no permitiré que tu también lo hagas-
Riddle lo miró fijamente- No conseguirás nada con matar a esos muggles-
-¡No voy a tolerar que esa estúpida sangre sucia me falte el respeto! He sido condescendiente, he sido compasivo y por eso he sido débil. Es hora de recordarle quien soy- le espetó Voldemort acercándose a él.
- ¡Pues hay que demostrárselo! Pero no hay necesidad de asesinar a sus padres, no todavía. Hay que mandarle mensajes, esto es uno muy bueno por cierto- añadió mientras se acercaba al decapitado y tomaba la cabeza por el cabello – Supongo que conoce a este hombre ¿cierto? Podemos enviársela-
Voldemort lo miró durante unos instantes antes de voltear la cabeza y centrarse en la puerta de la casa, tan cerca. Una mano se puso en su pecho y lo empujo levemente hacia atrás. Tom se había aproximado – Ya ha pasado todo, es mejor que nos vayamos-
Era verdad, el mago oscuro notaba como un atisbo de calma había enfriado toda su rabia. Caminó alejándose de la casa. Tom llevaba la cabeza del hombre en la mano izquierda como quien lleva un bolso.
- Se la llevarás ahora mismo- dijo con firmeza.
Voldemort lo miró de mala manera, pero no digo nada, como si su horrocrux pudiera darle ordenes y decirle que hacer. Levantó la varita e hizo levitar la cabeza, por supuesto que no iba a tocarla, no era nada importante que mereciera que él la llevara entre sus dedos.
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-Por favor…- suplicó desesperada al verlo aparecer de nuevo. Se congeló en el acto al darse cuenta de lo que flotaba a su lado. Retrocedió asustada y pegó la espalda contra la pared sin poderse creer lo que veía. El hombre movió su mano y una cabeza humana cayó a sus pies.
Gritó… gritó como nunca lo había hecho, ni la maldición cruciatus le arrancaba tales chillidos. No podía ser, parpadeó varias veces intentado calmar su corazón mientras iba arrastrándose hasta el otro extremo de habitación mientras lloraba sin control. Voldemort sonrió pero no dijo nada, estaba deleitándose con las reacciones de la chica. Ya no se le veía tan valiente.
-¡¿Qué… que has hecho?!... por favor…no…- gimoteó desesperadamente. Había reconocido el rostro de aquella persona, era Kingsley Shacklebolt. Ese hombre que le había dado su apoyo, ese mago que había visto hacía pocos días y ahora, reducido a eso. Llevó las manos a su cara y lloró amargamente.
- Quiero que lo veas muy bien, Granger. Es lo que pasará cada vez que oses desafiarme-
Hermione bajó sus manos y lo miró - ¿Que es lo que quieres de mi? Hay tantos mortífagos, tanta gente que desea servirte, yo solo… no te seré de utilidad, no quiero hacerlo-
Voldemort se irguió y la miró con frialdad- Ya no deseo nada de ti, Granger. Se ha acabado mi paciencia-
-Entonces… entonces déjame aquí, por favor…- Ya no sabía que decir. Estaba en total estado de shock.
Voldemort se le quedó viendo fijamente por unos instantes. Ninguno dijo nada durante minutos, Hermione solo lloraba y el Señor Oscuro estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para darse cuenta que la bruja se había levantado y se sentaba en la otra esquina de la celda, mucho más lejos de donde descansaba la cabeza del ex auror. La vio abrazar sus rodillas con los brazos y enterrar la cabeza en estas.
Caminó y se agachó a su lado. No dijo nada, solo la miró. La chica se dio cuenta de su presencia y levantó la cara. Voldemort entrecerró los ojos- ¿Quieres morir, Granger?-
Hermione limpió rápidamente una lagrima que caía y bajó la mirada, tragó con dificultad -¿Has… has asesinado a mis padres?-
Voldemort ladeó la cabeza – No todavía-
-Entonces… no. No quiero morir-
Voldemort se levantó de pronto, viendo hacia abajo, hacia la joven derrotada en el suelo incapaz de mirarlo. Con un movimiento de su mano hizo desaparecer la cabeza de Shacklebolt. Notó como la bruja se daba cuenta y se movía un poco en el suelo.
-Entonces gánatelo, Granger. No vuelvas a hacerme enfadar, estás advertida- y sin esperar respuesta desapareció.
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-¡Ya era hora!- Exclamó Riddle con fastidio. Voldemort se detuvo y miró hacia atrás. Estaba fuera de la prisión, entonces ¿Que hacía su horrocrux ahí? Vio a tres mortífagos a su lado y notó como el mal humor se hacía presente de nuevo.
-¿Qué demonios haces aquí?- preguntó empezando a perder la calma- Yaxley, Lucius, Bellatrix ¿acaso les ordené venir? ¿Debo recordarles a quien deben obedecer?-
-Mi señor… -Empezó Bellatrix
-Dumbledore viene para acá… seguido de medio Ministerio- dijo Riddle interrumpiendo a la bruja- Vine a avisarte, debemos irnos, no deben vernos-
-¿Y tienes que traer a mis mortífagos para eso, idiota?- le espetó Voldemort.
-Mi señor, disculpe... yo fui quien le aviso, nosotros…- dijo Malfoy con voz queda.
- ¡Silencio!- le ordenó Voldemort con crueldad.
Riddle dio un paso adelante- ¡No hay tiempo para esto! Ya vienen… Si nos descubren…-
Voldemort miró hacia donde Riddle señalaba y prácticamente pudo escuchar las voces. Si ellos lo veían, sabrían que había regresado, dañaría sus planes, dañaría todo, pero…
-Tu vete- le ordenó a Tom. Éste se quedó estático – Pero ustedes- señaló a los mortífagos – Se quedarán-
-¿Estás loco? ¿Has perdido la cabeza?- le susurró Riddle.
-¡Vete!- ordenó una vez más. Lo escuchó desaparecer y se colocó al frente de sus mortífagos, los tres dudosos, pero él saco su varita y apuntando a cielo, gritó – ¡Mosmordre!-
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Seguía escuchando gritos, gritos de júbilo, gritos de miedo y otros de asombro, pero ella los ignoró. Toda la prisión vibraba bajo sus pies. Oyó un ruido metálico y levantó la vista. Había cinco personas al otro lado de la reja. Se levantó con dificultad y miró con detenimiento. El corazón dio un brinco al ver como éstas se abrían y dejaban paso a una de las personas. Unos ojos azules, dulces y bondadosos la miraron y le dijeron muchas cosas que sobraban con palabras.
Se acercó a Dumbledore y entró en sus brazos. No le importaba quien fuera, no le importaba cuanto se hubiese tardado, los errores que cometió, nada le importó. Quería abrazar a ese hombre.
-Profesor- dijo con voz débil.
Vio entrar a alguien más y reconoció al señor Weasley, le sonrió abiertamente y lo abrazó igualmente. No sabía que hacía él allí, pero no le importó – Eres libre, Hermione, vamos a casa- fue lo que le dijo.
Salió de ese oscuro lugar siendo custodiada por todas esas personas. No vio hacia los lados, no escuchó nada, simplemente caminó sin detenerse. Vio como algunas personas la señalaban mientras iba hacia la salida, los vio hablar, pero los ignoró a todos.
-Profesor…- dijo una vez que hubiesen salido dejando a los otros tres magos atrás - ¿Cómo ha conseguido convencerlos?-
-¿Nosotros? – Dijo en señor Weasley con una sonrisa radiante- No hemos hecho nada, Hermione. Veníamos a verificar tu estado, para asegurarnos de que no sufrieras daños durante tu estancia en este horrendo lugar… ya sabes alguna clase de represalia…-
-Entiendo…- dijo la bruja mirando hacia Dumbledore, este permanecía muy serio y no había hablado durante todo el camino de regreso a La Madriguera.
-¡¿…Y cuál fue nuestra sorpresa…?! ¡Encontrarnos La Marca Tenebrosa en el cielo! Y cuando vamos corriendo a verificar quien ha sido, vemos al mismísimo Quien-Tu- Sabes invocándola… ¿Cuáles son las posibilidades de que eso ocurra?-
Hermione se le quedó viendo con los ojos abiertos como platos - ¿Por qué ha hecho él eso?-
-No lo sabemos… De hecho no hubo ningún asesinato dentro de la prisión. El hecho es que todos lo vimos. Y el Ministro mismo no tuvo más remedio que ordenar tu liberación, pues tu versión queda comprobada-
-¿Y él no ha cometido un error al dejarse ver de esa manera tan descuidada? Quiero decir ¿No buscaba él mantenerse escondido?-
-Ese era su objetivo, señorita Granger y lo ha abandonado de esa manera tan extraña...- repuso Dumbledore fijando en ella sus brillantes ojos azules- Lo que sí sabemos es que gracias a ese descuido tan extraño, usted ha quedado libre… ¿una buena noticia cierto?-
Hermione se quedó sin aire por unos momentos, asintió con la cabeza y siguió caminando mientras el señor Weasley hablaba sin parar. Si el hombre consideraba que todo había sido una mera casualidad, ella prefería creer lo mismo aunque discrepara con Dumbledore.
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Nota: Para los que se preguntan porque Riddle se preocupa por Hermione y otras veces se muestra indiferente y cruel, les recuerdo que él depende del estado de ánimo de Voldemort.
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