Mr. Misterious.
Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XX.
Eres mía.
Previamente en Mr. Misterious: Edward vuelve de Europa con un aire renovado, juguetón con los sentimientos de Bella que parecen exasperarla más de lo normal. En su interior reconoce que le gusta Edward, a pesar de todo, ese hombre alteraba su mundo, pero aún así había cartas que parecían no encajar en el juego.
Al día siguiente hice como si nada pasara. Tenía que concentrarme en saber por qué Edward y Jacob querían tanto la protección de Christine, estaba segura que Emma lo sabía, que Richard también, incluso no me extrañaría que Derek me dijese algo, pero era complejo. ¿Cómo preguntarlo así como así? Necesitaba un plan, pero últimamente mi plan había sido arruinar la sonrisa tonta que Edward llevaba en su boca cada vez que me miraba, el problema es que mi plan había sido fallido por provocar el efecto contrario: Edward se reía aún más de mí.
Tocaron la puerta de mi habitación.
—Adelante —respondí.
Era Caroline, tan hermosa como siempre, casi ya la había olvidado. Su despampanante aspecto parecía haber mejorado con el viaje a Europa. Estuvimos hablando de Christine, de lo hermosa que era, de lo maravilloso del viaje y de que la pequeña me había extrañado mucho.
—¿Fue por eso que regresaron? —pregunté con real curiosidad.
—No —sonrió Caroline —. Bueno, sí y no. Edward recibió una llamada telefónica importante de mi mamá, por lo que nos tuvimos que regresar.
—¿Si? —fruncí el ceño —. Qué raro, Emma no nos mencionó nada de necesitar a Edward acá.
—Creo que son asuntos administrativos del orfanato —sonrió.
¿Asuntos administrativos del orfanato o que estaba averiguando de Mr. Smith? Con lo cuidadosa que es Emma, de seguro había notado que estaba buscando desesperadamente saber quién era.
—Vaya —me limité a responder con falso asombro.
—Sí, así que nos vinimos cuanto antes, además mañana es el cumpleaños de Christine, queríamos estar acá —sonrió nuevamente.
Seguimos conversando de todo, hablamos de lo hermoso que era la casa de los Black, de que había conocido a su hermano, Richard que era muy agradable, aunque no podía decir lo mismo de Jacob, ella asintió comprendiendo que me refería a lo que Jacob había hecho en el tribunal y todo lo acontecido con Christine.
—No has conocido a Jacob en su mejor estado —sonrió débilmente —. Es la persona más dulce que podrías conocer, es atento y caballero, un verdadero hombre, siempre quise casarme con él desde que tenía uso de razón —ambas reímos ante el comentario.
—Aún así me pareció tan agresivo al querer la custodia de Christine, quizá si me hubiese dicho la verdadera razón de su interés habría accedido a declarar a su favor —mentí.
Quizá si lo hacía podría conseguir sacarle algo de información con respecto a Jacob.
—Es complicado, me costó mucho averiguar por qué Jacob y Edward estaban peleados, siendo que han sido muy unidos, durante todo este tiempo que ha pasado, Christine ha sido su punto máximo de rivalidad y por mucho tiempo no comprendí el por qué, hasta antes de ayer —sonrió y se silenció.
Claramente Caroline no tenía idea que no debía explicarme demasiadas cosas con respecto a Christine, pero ella era una chica sincera, sin tapujos familiares, quizá también le daba cierta confianza a que se confesara conmigo. Así que no le interrumpí, pero al ver que mantenía su silencio, le invité a continuar.
—No comprendo qué pasa entre Edward y Jacob, hace poco me enteré que eran primos, la verdad no lo sabía hasta llegar acá, así como tampoco sabía que ustedes eran la familia fundadora del orfanato al cual pertenecí toda mi vida, pero aún no comprendo que ocurre con Christine, ella no encaja en todo esto —dije en un susurro.
Ella me miró con dulzura y posó su mano sobre mi hombro.
—Edward y Jacob estuvieron enamorados mucho tiempo de la misma chica… —aquí comenzaba la historia y no podía evitar sentir una ansiedad terrible por saber más —, tendrían más o menos doce años y a pesar de esto, en vez pelearse por ella, se unieron para conquistarla. Era algo gracioso de ver, cada vez que Edward venía de visita, Jacob no se molestaba, todo lo contrario, era una relación extraña, ella recibía todas las atenciones de ellos y ellos no peleaban por ella —rió —. Lo más gracioso es que esta chica se dejaba querer por ambos, sobre todo cuando quedó huérfana, pero con el tiempo ya no estaban en edad de jueguecitos infantiles. Ella comenzó a tener interés en uno más que en otro y el elegido fue Jacob. Edward, quién sólo venía una o dos veces al año no se sintió molesto. Con el tiempo la relación de Jacob y esta chica terminó. Ambos ya tenían veinte años y eran lo suficientemente maduros, aunque en el interior de mi hermano, sabía que jamás olvidaría del todo a esa chica. Con el paso del tiempo siguieron siendo grandes amigos, los tres salían para todas partes, compartían y disfrutaban de todo el tiempo que podían juntos. Era increíble verlos, tenía una complicidad única, de hecho las veces que estuve con ellos me sentía fuera de lugar.
Estuve atenta escuchando todo los detalles que Caroline me entregaba y estaba ya casi segura a qué punto llegaría esta conversación. ¿Sería que esta chica era la madre de Christine? ¿Sería uno de los dos el padre? Todas esas curiosidades corrían en mi interior como si fueran flamas de fuego, pero debía ser cautelosa, por lo menos lo intentaba, esta vez no con un mantra.
—Creo que te estoy aburriendo —sonrió.
—Para nada —devolví la sonrisa —. Estoy muy curiosa de saber cómo une todo esto a Christine.
—Bueno, los años pasaron, Edward jamás trajo una novia a Beauty Ville, por el contrario de Jacob quién traía una diferente cada año. Cuando ambos se titularon, venir era mucho más complicado, pero Jacob, a pesar de su quehacer, siempre venía a verla, estaba con ella y conversaban, hasta que todos volvimos a creer que la relación volvería a ser la misma, se veían tan unidos que era imposible no creerlo. Un día mi madre nos dijo que la chica estaba embarazada, todo el mundo creía que era de Jacob, así que teníamos claro que debíamos cuidar de ella y su bebé, pero a los nueve meses, casi al término de su embarazo, ella, sin decirle nada a nadie se marchó. Jacob creyó que la perdería para siempre, parecía loco, la buscó por todas partes, hasta que un día ella volvió sin el bebé. Luego los acontecimientos no fueron muy felices, ella pasado dos meses se colgó de una viga, sin decirle a nadie que había ocurrido con su hijo o hija. Jacob y Edward estaban destrozados, comenzaron a buscar por todos lados, tenían que saber que había sido del bebé, discutían mucho al respecto, se culpaban uno al otro. Cuando Edward adoptó a Christine, lo hizo porque sintió algo especial con la pequeña, Jacob creyó de inmediato que se trataba de la hija de esta joven muerta, pero no tenía como comprobarlo. Las cosas se pusieron terriblemente mal entre ellos, Edward le dijo una y otra vez que no era ella y Jacob insistía en buscar la manera médica de comprobarlo, quería someter a Christine a un examen de ADN con su tía que estaba viva, pero Edward no lo permitió. Aún tenemos la duda de si es Christine o no la hija perdida de Sussan y si es Jacob el padre, aunque no entendemos cómo encaja Edward en esta situación.
Creo que mi rostro era lo suficientemente claro para que ella lo interpretase. Estaba asombrada, aterrada y al mismo tiempo paralizada. ¿Sería Jacob el padre de Christine?, fue entonces cuando recordé lo que Caroline dijo, ella había dicho "la hija perdida de Sussan", la hermana de Lisa, ¿o sea que Lisa era la tía de Christine? ¿Por qué Edward no querría hacer una prueba de ADN? ¿Qué tenía que ver en el asunto? ¿Sería él el padre de Christine? Mi cabeza parecía dar vueltas al punto de que si me hubiese mantenido en pie, es la hora que estoy en el suelo.
—Bella —dijo Caroline tocándome el antebrazo —. ¿Estás bien? —asentí en silencio —. Está demás decirte que nada de esto debe salir de estas cuatro paredes. Son suposiciones muchas de las cosas que te he dicho y si mi madre se enterase que he dicho todo esto y más encima a ti, probablemente me quiera colgar de una viga.
—No te preocupes, no lo diré a nadie —sonreí aún en estado de shock.
Intenté procesar todo en un par de segundos, pero era difícil, tenía tantas preguntas que hacerle que la cabeza parecía que estallaría en cualquier momento. Mantuve la calma lo suficiente como para poder seguir hablando del tema.
—Sé que no debería preguntarte más, pero ¿Sabes por qué Edward está tan extraño conmigo? —susurré —. Últimamente parece estar más extraño de lo usual, antes nuestra relación se limitaba a tutor-pupila, luego fue la relación de Christine y ahora, prometo que no entiendo nada de nada.
—Lo dices por el beso —sonrió.
Ella sabía que Edward me había besado, yo no quería referirme particularmente a eso, aunque sabía que era una excusa porque quería saber exactamente eso, pero no sabía cómo decirlo sin que fuese tan notorio, después de todo Caroline es una Black.
—Bueno, eso también —susurré.
—Edward estaba molesto porque Mr. Smith le había reprendido por tu actitud, sobre todo por como guiaste a las niñas hasta la casa de una amiga tuya en vez de venir acá. Mr. Smith quiere que conozcas el ambiente de la casa Black, creo que fomentará tu carrera de escritora ¿No es así? —asentí —. Bueno él quiere que narres la historia de un orfanato y que mejor que tú historia, es por esto que quiere que estés familiarizada con todo lo que ocurre allí y acá.
—Ya, ¿y todo eso se lo dice Mr. Smith a Edward? —alcé una ceja.
—No, es Seth, el secretario de Mr. Smith que lo informa a Edward —sonrió.
—¿Tu sabes quién es Mr. Smith? —dije de frentón. Si Caroline me ha dicho tanta cosa, quizá tuviese suerte y me dijese quién es.
—No, no lo sé, pero tengo mis sospechas, al igual que tú —sonrió.
—¿Por qué querrías saber tú quién es Mr. Smith? —dije con real curiosidad.
—Porque no soporto las intrigas y desde años ya, se viene escuchando el nombre en esta casa. John Smith donó esto, hizo esto otro y bla bla bla. Quiero saberlo porque él salvó el orfanato cuando este se quemó, porque nuestra familia pasaba por un momento económico difícil como para restaurar el Orfanato y él hizo todo lo posible por hacerlo. Ese tipo de gente me intriga y sólo conozco dos personas con un corazón así —sonrió.
—¿Quiénes?
—Eso debes averiguarlo tú misma, no es muy difícil de pensar, creo que hace tiempo crees que Edward es Mr. Smith, quizá eso se deba a que has pasado más tiempo con él que con el resto de la casa, pronto sabrás quién es mi otro candidato —sonrió.
—Edward es demasiado cambiante para ser Mr. Smith —afirmé —. De hecho, creo que descartaría toda sospecha sobre él, es incapaz de hacer algo bueno, excepto con Christine.
Caroline rió a carcajadas, de hecho secó una lágrima que se escapaba de tanto reír.
—Edward es cara dura —rió —. Cuando estabas en casa de tu amiga y él se enteró, lanzó un par de improperios al cielo y envió a uno de sus empleados a saber qué demonios hacías allá.
—¿Que hizo qué? —dije con asombro.
—Cuando se enteró que ese tal Pet estaba pretendiéndote, armó las maletas y se devolvió. No reconoció hasta llegar al aeropuerto que tú le gustas, Bella. De hecho aún le cuesta asumirlo, quizá por la diferencia de edad o quizá por el hecho que eres una de las pocas mujeres que no le busca y le encara sus defectos —sonrió.
¿Qué? ¿Edward? En esos momentos mi cerebro era capaz de hacer un cortocircuito en cualquier segundo. ¡Era Edward quién insistió más que Mr. Smith que me fuera de la casa de Pet! Y él muy cretino llegaba como si nada aquí, repartiéndole besos al mundo y escuchando detrás de las paredes.
—Sí, Bella —sonrió al ver mi rostro —. Edward me reconoció que le gustas, pero eso es algo que él debe decirte, no yo. Además creo que hoy he dicho mucho más de la cuenta, pero tú me agradas y tenía que decírtelo.
Intenté procesar todo una vez que Caroline se marchó, a pesar que llegó Alice y Rose, no pude pensar en otra cosa que no fuese todo lo que me dijo Caroline, pero no tardó mucho en llegar Edward a interrumpir mis pensamientos.
—¿Estás preparada? —sonrió.
—Un poco —mentí.
—Tienes una cara asombrosamente aburrida —frunció el ceño —. Y un vestido que no te sienta nada bien. Deberías usar menos maquillaje, quítate la sombra sobre los ojos y ponte esto.
Me tendió uno de mis vestidos que estaban en mi armario.
—No puedes venirme a decir que debo o no debo hacer, Edward —le recriminé.
—Póntelo —insistió y se cruzó de brazos.
—No me desvestiré si estás aquí —chillé.
—Pues entonces, vete al baño —sonrió de medio lado. Tan burlón que quise quitarle esa sonrisa de un solo golpe, pero me aguanté.
Me miré al espejo, mi cara demostraba que había pasado un camión sobre mí, un camión lleno de información que aún debía procesar y llegaba Edward a cambiarme todos los planes. Con los ojos todos manchados por las manos de Edward que habían quitado la poca sombra que me eché en los parpados, parecía una niña que no sabía maquillarse.
Cuando salí del baño, Edward sonreía ampliamente y en ese instante odié a Alice y Rosalie por no estar aquí.
—Ahora pareces algo —dijo seriamente —. Será mejor que te apresures si quieres sostener el pastel de Christine.
Se iba a marchar, cuando le tomé de la mano, no quería que se fuera, tenía tantas preguntas que hacerle, sólo me faltaba el valor suficiente. Inspiré como si esa cualidad estuviese en el aire y solté todo de una vez.
—Edward yo…
Fui incapaz de terminar la frase, Edward estampó sus labios sobre los míos, sin más, con una fuerza que parecía querer silenciarme adrede. No pude negarme a responder aquel beso, por lo que me dejé guiar por él hasta que me faltó el aire. Luego de eso no sabía si pedirle otro o abofetearlo.
—¡Quién demonios te crees que eres, que vienes aquí y…!
—Que vengo aquí a decirte que te cambies de ropa, que te calles y como no me haces caso cuando te lo digo, mejor te beso —sonrió —. ¿Cuál es el problema, Isabella?
—¿Qué cuál es mi problema? —chillé —. Mi problema eres tú, pedazo de idiota.
—Soy el problema tuyo y de unas cuantas más, preciosa —sonrió de medio lado sosteniéndome de la cintura a pesar que intenté separarme —. Dime, ¿Qué te diferencia del resto?
—Que odio que me beses como si fuese tuya, que mi primer beso lo tenía guardado para alguien importante y tú llegaste y lo robaste, sin preguntarle a nadie me quitaste lo poco de magia que podría llegar a tener mi vida —le grité.
—No seas dramática, Bella —presionó su mano en mi cintura —. Tarde o temprano seré importante para ti, quizá hasta tengas más magia de la que ya posees.
—Suéltame —le golpeé el pecho.
Edward me miró fijamente a los ojos, parecían querer hechizarme, como si fuese capaz de leer mis pensamientos, mis intimidades, bajé la mirada, no quería encontrarme con esos ojos que eran mi perdición, que parecían dejarme débil y desprotegida.
—Bella —susurró acercando sus labios —. ¿Por qué tienes que ser tan niña?
Quedé perpleja ante su comentario, él llegaba y me besaba como si tuviésemos cinco años cada uno y él viniese a robarme un beso. Se comportaba como un real niño y me decía esto a mí. ¿Qué demonios pasaba por su cabeza?
—El niño aquí no soy yo, Edward —afirmé seriamente.
—Es Christine —susurró Edward sobre mis labios —. Ambas son mis niñas, mías.
¿Ser de él? Yo no era de él, no quería serlo, bueno eso creo. Ser de él es como si estuviese estampado en mí que debía pertenecerle y eso no era así, no sería así.
—Ninguna de las dos somos tuyas, Edward. No seré tuya jamás y claramente Christine no es tuya, a menos que… seas el padre de Christine. Dime, Edward ¿Christine es tú hija o de Jacob?
Hola Mis niñas!
¿Cómo están?
Lamento la tardanza, tenía el capítulo el domingo listo pero no tuve internet porque viajé al campo.
Espero que les haya gustado y se animen a dejar su mensajito.
Cariños
ManneVanNecker
