El inicio del torneo

Salazar evitó la sala común de Gryffindor y se refugió en la sala de los menesteres. Conocía bastante bien a sus compañeros de casa como para saber que insensatamente le habrían montado una fiesta por quedar como campeón. Así que prefería ahorrarse el mal trago y descansar, de paso pensaría en si había tomado o no la decisión correcta. Estaba claro que había un propósito oculto tras que saliese su nombre "Harry Potter", del cáliz; y que para descubrirlo había que seguir el juego. Pero a lo mejor hubiese sido más sencillo hacer el juramento que se supone no conocía y dejar a todos boquiabiertos, además que el que puso su nombre se vería en un serio aprieto mágico. Pero eso no podía hacerlo, hubiese levantado la liebre; así que al final no había podido hacer otra cosa.

Al día siguiente, cuando estaba seguro que no habría mucha gente en la sala común se dirigió a ella. Nada más entrar se encontró con Ron, Hermione y Godric aguardándolo. Sabía que Godric quería saber cómo había ido y lo que harían de ahora en adelante. En cuanto a Ron y Hermione no sabía cómo reaccionarían, que estuviesen allí era ya un indicador de que al menos era probable que quisieran escuchar.

—Yo no puse mi nombre. —Fue lo primero que les dijo. — Pese a que lo dije ayer me obligan a participar.

—Pero no pueden hacer eso —dijo Hermione alarmada. — Tu no te postulaste, no pueden hacer que compitas solo porque salga tu nombre.

—Al parecer ese objeto establece un contrato vinculante —susurró Salazar.

—¿Se sabe quien puso tu nombre en el cáliz y porqué? —preguntó Ron.

—No, se supone que lo están averiguando. Moddy está a cargo de la investigación —respondió Salazar intercambiando una fugaz mirada con Godric. Si Moody se encargaba de la investigación, estaba todo dicho. —El propio Moddy sugirió que quien me haya metido quizá espere que muera durante el torneo.

—¡Eso es cruel!. No entiendo cómo puedes estar tan tranquilo, Harry.

—Hermione… el curso pasado fue el único curso medianamente tranquilo si dejas a un lado los dementores. Un basilisco, un poderoso objeto alquímico oculto en la escuela… creo que ya me he habituado a caminar con la soga al cuello.

—Muchos de nuestros compañeros piensan que te las ingeniaste para entrar en el torneo —advirtió Godric. — No todos están contentos con eso, sobretodo de las otras casas.

—Ya me imagino. Supongo que me tocará vivir una versión 2.0 de lo de la cámara cuando pensaban que era el heredero.

—Nosotros te apoyamos Harry —dijo Hermione, los otros dos asintieron.

—Mis hermanos están contigo —afirmó Ron.

—Luna seguro que tambíen te apoya —mencionó Godric.

—Bueno, los que me importan entonces. —La opinión que pudiese tener de él los demás, a Salazar le importaba una mierda, solo le valía la que sus amigos tuviesen. No era tonto, sabía que le esperaban por delante unas cuantas semanas difíciles. —Iré a la biblioteca. Es el momento que consulte las normas del circo romano en el que estoy metido.

—Deberías desayunar primero —observó Hermione. Es la comida más importante del dia.


—Profesora McGonagall, debo llevar a Cedric a una reunión por lo del torneo —dijo un chico de tercero que iba siempre con una cámara fotográfica muggle por el castillo. Cedric lo había visto, siempre por ahí, sacando fotos con entusiasmo de todo lo que veía.

—Ah, la ceremonia de comprobación de varitas —dijo la profesora. —Señor Diggory, puede marchar. Y veinte puntos para Hufflepuff por su transformación.

Cedric se levantó con cuidado y guardó las cosas en su mochila nueva, lo que su padre le había regalado después de ser elegido campeón del torneo. Aquella noche no había sido del todo gloriosa, aunque le había parecido que Potter era sincero al afirmar que él no había hecho nada para entrar al torneo. Los de su casa no pensaban lo mismo, habían empezado a sacar a circulación unas chapas que lo señalaban a él como el verdadero campeón de Hogwarts; y, a Potter lo señalaban como un tramposo al que señalaban con el apelativo de "Potter Apesta". No había podido evitar que lo hiciesen, tampoco es que hubiese puesto muchos esfuerzos en ello. No se sentía bien consigo mismo por ello, pero una parte de él no dejaba de ver a Potter como un competidor y quería verlo desmoralizado. La escuela, desde luego ya había juzgado y condenado a Potter. De la selección de campeones había pasado una semana y, habiendo leído sobre el torneo de antemano, sabía que esa ceremonia iba a darse; por lo que se había preocupado de tener la varita en condiciones. Un mal veredicto podría hacer que fuese descalificado del torneo antes de comenzarlo. El chico de la cámara, lo dejó en la puerta del aula donde tendría lugar y se marchó según dijo a por Potter.

Al entrar en el aula pudo ver a Rita Skeeter, junto al fotógrafo que siempre iba con ella, a los directores de Durmstrang y Beauxbattons,los otros campeones y los otros jueces del torneo. Faltaban Potter, Dumbledore y, quien quiera que fuese a examinar sus varitas.

Se quedó algo apartado, sin hablar con los otros campeones ni con nadie en general, no había tenido oportunidad de tratar con los otros campeones y no le parecía que los directores de las otras escuelas estuviesen dispuestos a dejar que se les acercarse. Notaba por parte de ellos una mayor rivalidad hacia él que por parte de los campeones, sinceramente le daba la impresión que serían capaces de pisar a cualquiera; los directores, no los fin llegó Potter, escoltado también por el muchacho de la cámara. Skeeter enseguida se lanzó hacia Potter como un ave de presa tratando de sacar algo de carroña. Una parte de él quería disfrutarlo; la otra, mayoritaria por fortuna deseaba ayudarlo a escapar de las garras de la periodista. Pero no había falta, Potter parecía manejarse de forma decente al menos.

—Oh, señorita Skeeter, me preguntaba cuál sería la elección del profeta para cubrir el evento. —Escuchó decir a Potter. —Por lo que veo ha sido la más acertada.

—Gracias joven Potter, eres muy amable. ¿Me concederías una entrevista?, seguro que muchos quieren saber los motivos por los que entraste al torneo.

—Yo no me presenté, no soy un campeón legítimo, pero comprendo la necesidad de nuestros lectores de saber la verdad. Quizá en otro momento… —Cedric dejó de escuchar lo que estaban hablando, ya veía que Potter se manejaba en política sin problemas, además que habían bajado algo la voz.

Segundos después entró el director Dumbledore acompañado del señor Ollivander y la ceremonia de comprobación de varitas dio comienzo. Él fue el primero en pasar a mostrar su varita y así dar ejemplo como campeón. Su varita estaba en perfectas condiciones, la trataba con mucho cuidado, en cuanto el señor Ollivander terminó con ella la guardó en el bolsillo interno de su túnica, un bolsillo específico para varitas.

Luego le tocó a la campeona de Bauxbattons, Fleur Delacour quien llevaba una varita personalizada, al parecer la chica era un cuarto de veela, así que el cabello de veela de su varita la hacía más afín a ella que otras opciones. Eso a Cedric le decía que ella debía venir de una familia con un importante poder adquisitivo, no era sencillo el acceso a varitas personalizadas.

Después de la campeona de Francia, le tocó a Vicktor Krum. Ollivander se demoró un tiempo con este que no había empleado con los demás, parecía algo crítico con el hecho que fuese de otro fabricante que no fuese él. Quizá era que Ollivanders y Gregorovich fueron rivales en algún momento antes que este último se jubilase. Por algo eran los dos más conocidos.

El último fue Potter, le sorprendió ver que no tenía la varita preparada, que no lo había sacado todavía. Al menos hasta que la desenfundó delante del propio Ollivander y se la tendió con la punta hacia sí mismo. Cedric pudo ver entonces que Potter llevaba una funda porta varitas en el antebrazo. Hizo nota mental de conseguir otra para él. Ollivander, como con el resto de varitas, examinó la de Potter con detenimiento hasta darle el visto bueno. Después de eso ya vinieron las fotos de todos los campeones, tanto en grupo como en individual y la entrevista a todos sobre el torneo. Luego ya fueron libres.

Un par de días, en el desayuno se encontró con la noticia en portada del torneo de los tres magos. Se llevó una sorpresa al ver que Skeeter no los había usado a ninguno de carnaza y había sido leal a lo que habían respondido. No sabía que le había dicho Potter pero parecía que no iba a meter mierda por ese lado, porque eso era lo único que esa periodista sabía hacer. Meter mierda. No fue hasta que llegó al final del artículo que vio un pie de página inquietante. "La verdad sobre la entrada de Harry Potter en el torneo de los tres magos en la página 6". Cedric se saltó el artículo que seguía al que había leído y que iba sobre la historia del torneo de los tres magos y pasó directo al que se mencionaba a Potter.

Todos conocemos la leyenda del chico que vivió, ¿pero qué hay bajo esa leyenda?. Harry Potter, un chico de catorce años, amable, maduro y sobretodo muy modesto. No solo tuvo la deferencia de tratar a vuestra más audaz periodista con cortesía durante la ceremonia de comprobación de varitas, sino que tuvo la amabilidad de conversar con ella tras la finalización de la misma. En esa breve conversación mis queridos lectores, me contó lo sucedido después de que saliera su nombre del cáliz de fuego. "Yo no quería participar en el torneo. Me parece una tontería exponerse a algo con fama de ser brutal solo por conseguir un saco de galeones. Cuando salió mi nombre del cáliz casi me desmayo, pensé que me daba algo ahí mismo. Luego en la sala donde nos reunieron a todos los campeones me dicen que tengo que participar, si o si; cuando todo en realidad se podría haber solucionado sin forzarme a ser partícipe de esta majadería". Como podéis imaginar, mis queridos lectores, le pregunté a qué se refería. "En las normas del torneo, hay un apartado para incidentes como este, si sale el nombre de alguien que no se presentó solo debe jurar en la media hora siguiente que él no se postuló y quedaría libre de tener que participar. Lamentablemente no se me ocurrió leer las normas de antemano, por que claro, ¿Quién se lee las normas de un juego al que no va a jugar?. Me enteré de esto un par de días después en la biblioteca". Como periodista que soy, debo contrastar la información y fui a consultar lo de las normas. En efecto, no sólo las normas existen sino que todos los jueces del torneo debían conocerlas y aplicarla en este caso. ¿Por qué no se aplicó?¿Acaso los jueces no se sabían las normas de la competición que deben evaluar?¿A caso les dio igual y prefirieron exponer a un joven mago sin importarles los probables resultados?. Esto, mis lectores, son las preguntas que me hago al respecto. Porque lo quiera o no, el joven Potter debe competir junto a magos casi adultos, que han desarrollado todo su potencial. Cuando cuestionó al joven Potter al respecto me responde con la determinación del que ha aceptado ya lo que le depara el futuro próximo. "No me queda otra que competir. No creo estar preparado, pero haré todo lo que esté en mi mano para hacerlo lo mejor que pueda".


A falta de una semana para la primera prueba, Salazar estaba bastante tranquilo. La mayoría de las estúpidas e infantiles insignias de "Potter Apesta" habían ido desapareciendo, aunque no por parte de algunos Hufflepuff demasiado orgullosos de su casa y de la mayoría de los Slytherin. Lo de los Hufflepuff hasta cierto punto lo podía entender, habían sido ninguneados durante siglos por preferir servir a competir, así que se tomaban como de todos la gloria que consiguiera uno de sus miembros. Los únicos de Slytherin que no llevaban esas insignias eran los de Tercer año hacia abajo, además de Nott, Malfoy, Zabinni, Grengrass y Davies. Las chicas lo podía esperar, pues siempre se habían mantenido al margen; un poco igual pasaba con Zabini. Respecto a Draco y Theodore, imaginaba que era una señal de respeto y agradecimiento por haberles señalado las armas para salir ellos mismos del problema que tenían. Salazar sabía que, si la mayoría de esas insignias habían desaparecido era gracias al artículo de Rita Skeeter, está quería en un principio manipular la información en torno al torneo para vender más ejemplares, pero Salazar la había convencido para hacer un artículo fiel a la realidad y a cambio darle información sobre una posible conspiración o negligencia de los adultos que debían garantizar la seguridad del torneo. Además de comprometerse a darle otras dos entrevistas más en el futuro.

Salazar, se había abstenido de acudir a la excursión a Hogsmeade, no le apetecía la verdad; prefirió quedarse en el castillo y dar una vuelta por los terrenos. Allí, cerca del lago, se encontró con Moody y con Hagrid; este último, le solicitó que fuese por la noche a la cabaña y que llevase la capa de invisibilidad. La petición le pareció extraña, pero aún así acudiría. No tenía problema alguno con ello. Simplemente le diría a sus amigos para no preocuparlos y asistiría a la reunión. Aunque no podía imaginar que tenía que decirle Hagrid que no pudiese decirle en ese momento. A menos que, tuviese que ver con el torneo o con alguna otra criatura ilegal que hubiese conseguido últimamente.

Pasadas las diez de la noche, salió de la sala común. Se dirigió con cuidado a la cabaña de Hagrid, no deseaba meterse en problemas por salir del castillo pasado el toque de queda. Llevaba la capa pero mientras no la necesitaba prefería no usarla, pues suponía andar bastante más lento. Solo se la puso para atravesar grandes espacios como el vestíbulo o los terrenos hasta que el castillo se perdiera de vista. Se la quitó antes de tocar a la puerta de la cabaña de Hagrid.

— Harry, estás aquí. Bien, ponte la capa tengo algo que mostrarte y no quiero que nadie te vea.

Salazar obedeció, cuando estuvo bien cubierto se dirigieron al carruaje de Bauxbattons. Salazar no quería ver nada que estuviese allí adentro, nada de lo que pudiese haber ahí suscitaba su interé madame Maxime a quien Hagrid buscaba. A Salazar no se le había escapado las miradas que Hagrid echaba a la directora de Bauxbattons. Salazar no podía creer que Hagrid lo hubiese llevado para que hiciese de carabina; sin duda tenía cosas más interesantes que hacer que eso. Aún así los siguió, sobretodo al ver que se metían en el bosque. Los seguiría durante unos minutos y si no encontraba nada interesante regresaría a la sala común. Minutos más tarde agradeció su decisión, pues se encontraron en un prado en el que había cuatro dragones, cuatro montones de huevos de dragón y cuatro huevos dorados.

—Los tengo contados, Hagrid —advirtió uno de los criadores, era Charlie Weasley. —No sabía que la ibas a traer —agregó reparando en la presencia de madame Maxime.

—Pensé que le gustaría.

—Vaya cita romántica —dijo Charlie en tono irónico.

—Entonces, ¿tendrán que luchar contra ellos? —preguntó Hagrid mirando a los dragones.

—Solo burlarlos, por lo que sé.

En ese punto, Salazar había tenido suficiente, le bastaba con saber lo poco que había visto, no deseaba quedarse más rato. Los dragones eran especies protegidas, así que ni por un momento hubiese pensado que tenían que luchar contra ellos, sin mencionar que era prácticamente imposible enfrentarse a uno en solitario. Ya casi en la salida del bosque, se encontró con alguien que iba en su dirección. Era Igor Karkarov. Salazar se apartó a un lado y permaneció quieto observando la dirección que este tomaba. Iba hacia el claro de los dragones. Ahora estaba claro lo que había que hacer. Regresaría a la sala común, dormiría un poco y al día siguiente buscaría a Cedric para avisarle. Era el momento de igualar las tornas y no iba a permitir que nadie derrotase a Hogwarts haciendo trampas.


Antes que terminase el desayuno, McGonagall se había llevado a Salazar, pues al parecer los campeones debían estar en el recinto habilitado para la primera prueba antes que todos fuesen allí. Su amigo le había hablado del dragón, pero no que iba a hacer con él, así que estaba tan intrigado como los demás. Acudió junto al resto a las gradas que habían colocado por la noche, y tomó asiento entre Hermione y Rowena, cogiendo a la primera de la mano que se veía pálida y nerviosa. Godric recordaba que el año anterior Hermione le había dicho que Salazar había sido el primer amigo que había tenido nunca, y por lo que había podido observar por cómo se trataban, parecían hermanos. Ron estaba al lado de ellos. A lo lejos escuchaba a los gemelos Weasley dirigiendo las apuestas. Algo que en esos momentos le parecía desagradable, aunque en otras ocasiones hubiese encontrado divertido.

—Bienvenidos a la primera prueba del torneo de los tres magos. Dará comienzo en breves minutos. Los campeones ya han sido informados de la tarea que deben realizar y del turno asignado para la misma. —Bagman, uno de los jueces era el que hacía la función de comentarista. —Los campeones deberán obtener un huevo dorado que será colocado en un nido de huevos de dragón. El nido será custodiado por una hembra de dragón en época de cría.

Muchos ovacionaron ante aquello, Godric no entendía si era porque tenían ganas de ver sangre, porque la prueba requería arriesgarse o simplemente porque no sabían las implicaciones de la prueba. Los dranones hembra eran muy violentos, mucho más que los macho y muchísimo más cuando está estaba en época de cría. Robar algo de un nido de dragón en esas circunstancias era algo que pocos se atreverían a hacer. Sobretodo cuando los cuidadores no se acercaban en esas circunstancias a menos que fuese necesario. Cuando Bagman anunció el tipo de dragón al que se enfrentaba cada uno se sintió descontento. Había especies de dragón más pacíficos que otros.

—Mierda, Harry tiene siempre la peor de las suertes —murmuró Ron. —El colacuerno es uno de los dragones más peligrosos.

—Deberían haber traído el mismo tipo de dragón para todos —observo Rowena. —Empiezo a pensar que hay más cabezas llenas de torposoplos en el ministerio de lo que piensa mi padre.

—Los del ministerio son idiotas, todos lo sabemos —dijo una voz tras ellos, era Draco Malfoy. —Y si los rumores sobre Potter son ciertos, ha salido de peores.

—Malfoy, ¿qué pretendes? —preguntó Ron mirándolo suspicaz con el ceño fruncido.

—Disfrutar de la prueba.

—Tranquilo Weasley, acabamos de apostar por tu amigo —dijo Nott, quien estaba junto a Draco. Con ellos estaba también Blaise Zabini quien asintió.

—Si Potter pierde no perdemos mucho, pero si Potter gana o queda en los dos primeros puestos… —mencionó Blaise. —Solo hay que ver cómo se mueven las apuestas. Una apuesta pequeña en un cupo donde apuestan muchos no da beneficio si ganas, pero en este caso.

—Iros a molestar a otra parte.

—Tranquilo, Ron —dijo Neville. —No han dicho nada malo en realidad.

—Casi que es mejor tenerlos a ellos aquí que a los de las chapitas —agregó Rowena.

La prueba comenzó. Cedric Diggoy fue el primero en entrar en el escenario. Pareció detenerse unos instantes, hasta transformar una loca en un perro labrador y comenzar a distraer al dragón, lo consiguió y logró obtener su huevo de oro, aunque llevándose una buena quemadura en la cara.

En segundo lugar, salió Fleur Delacour, nada más salir hizo muestra de esa herencia especial que ella tenía y que Salazar les había comentado. Con su habilidad heredada a través de su linaje Veela hizo entrar en trance al dragón. Pareció funcionar, al principio. Desde luego el dragón se quedó dormido, pero a mitad sueño, de un ronquido le prendió fuego a la falda que llevaba Delacour. Así que tuvo que apagar su falda antes de seguir en su avance hacia el huevo.

El tercero, fue Vicktor Krum. Nada más comenzó su prueba, lanzó un encantamiento al dragón, un encantamiento directo a sus ojos. Godric lo reconoció como un encantamiento de conjuntivitis. Algo ingenioso y muy útil si no fuese porque eso alteró al dragon y acabó por romper la mitad de los huevos buenos, lo que suponía en realidad el asesinato de algunas futuras crías. Al final se hizo con el huevo, pero estaba claro que debía ser penalizado por eso.

Por fin llegó el turno de Salazar. Salió a la palestra relajado y resolutivo, empuñando su varita. Godric se preguntaba qué haría. Lo vio alzar la varita al cielo y aguardar. Muchos empezaban a reirse porque no veían que sucediese nada, pero Godric sabía que Salazar estaba aguardando su momento. Pocos minutos después llegó una escoba, la escoba de Salazar, la saeta de fuego. Se montó raudo en la misma y comenzó a volar captando la atención del dragon. Su táctica era bien simple, distraer al dragon y lanzarse hacia el huevo dorado. Salazar fue el que más rápido lo consiguió, y sin tener ningún rasguño.