-¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?

Miss Fortune permanecía perfectamente quieta, sentada rectamente en el sofá, con las manos sobre las rodillas, observando la figura sobre la mesa, con dos líneas de energía verdes que parecían unir los ojos de la estatuilla a los de ella. Weichstark, por su parte, daba vueltas por la habitación con paso relajado, vaciando su botella de vino poco a poco.

-Umf... Probablemente no sea buena idea ser tan directo tan pronto.-se dijo para si mismo.-Mejor dejar que la estatuilla la atrape un poco más.

Dicho esto, se subió al sofá, y le susurró al oído.

-Ven aquí. Olvídate de eso.


Los ojos de Miss Fortune se abrieron como platos.

-¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?

¿Reanimert? ¿De que le sonaba ese nombre? De Piltover. Era el alias que utilizaba Victor cuando lo de Weichstark. Weichstark. ¿A donde había ido? Creía que estaba...

-Ven aquí. Olvídate de eso.-Victor la atrajo hasta sentarla sobre sus piernas.-Relajémonos un poco.

Victor. El siempre dulce Victor. El que a veces todavía se sonrojaba cuando la veía desnuda. Era tan mono. Puede que no fuera un maestro de las artes amatorias, pero cumplía su función, y además, sabía hacerla sentirse querida y apreciada como nadie.

-Creo que ahora me apetece disfrutarle solo a él.-le dijo a Malie y al bárbaro que acariciaban su espalda y hombros.-¿Porqué no me ofrecéis un poco de espectáculo visual mientras tanto, y de paso practicáis un poco?

Ambos asintieron. Se cogieron de la mano, y se dejaron caer sobre una de las montañas de monedas a los lados de la cama, antes de comenzar a besarse.

-Eso es...-dijo Miss Fortune disfrutando de la visión, antes de lanzarse a besar a Victor con pasión.

Todo era tal y como ella siempre había deseado.

¿Cómo había deseado?

La nave se sacudió, al mismo tiempo que se oyó algo pesado impactar contra el agua. Se apartó de Victor, y cogió su bata del suelo para ponérsela. Sabía reconocer un cañonazo enemigo cuando lo oía.

-Una emboscada, capitana.-le gritó Rafen desde el timón, mientras ella subía hasta su altura, y le arrancaba el catalejo de las manos.

Seis naves a proa, todas con viento a favor, más rápidas y más grandes que la suya. Todas ellas enarbolando la bandera pirata. Sonrió.

Esto iba a ser divertido.

-¡Contramaestre!

-¿Capitana?-preguntó Katarina, subida a lo alto del mastil.

-Diles que carguen los cañones, y afilen las espadas. Yo voy a ponerme algo más adecuado.


Mientras los demás barcos ardían, el humo tan espeso ocultaba el sol y dejaba la cubierta en tinieblas. Los pocos prisioneros, con las manos atadas a la espalda y de rodillas. Miss Fortune, con un uniforme propio más de la capitana de un barco militar que de unos cazarrecompensas, paseaba ejecutando a aquellos que no merecieran la pena. Había sido una caza gloriosa.

-No recuerdo una carnicería así desde Piltover.-decía Katarina limpiando una de sus espadas en la manga de un cádaver.

-¿Piltover?-le preguntó Miss Fortune.

-Ya sabes. Lo de los muelles, y los hombres de Weichstark.

-Ah, sí. Piltover. ... ¿Qué fue lo que ocurrió? No lo recuerdo...-se llevó una mano a la cabeza.

¿Qué estaba haciendo allí? ¿Desde cuando era su vida así? Tenía todo lo que quería, pero precisamente ese era el problema. ¿Cómo podía ser su vida así? ¿Cómo se podía tener tanta suerte?

-Ya sabes. Cuando matamos a Weichstark y toda su banda.-le indicó Victor.

-Ma... ¿Matamos? Pero si tú nunca has...

Su mente se aclaró por un momento. Desenfundó una de sus armas, y le descerrajó un tiro en la frente.

Antes de caer al suelo, lo único que Victor hizo fue dedicarle una mirada confusa y asustada. Miss Fortune sintió caersele el arma el suelo.

-Mierda.-dijeron todos los miembros de la tripulación colectivamente.

El viento comenzó a soplar fuertemente, y cuando lo hizo, las figuras que la rodeaban comenzaron a deshacerse como castillos de arena en una ventisca. Antes de que se diera cuenta, el barco en el que se encontraba era una carcasa maltrecha, y el mar que navegaba un desierto árido e inmisericorde.


-Bueno... Esto es un problema.

Miss Fortune permanecía tumbada de lado sobre el sofá. Sus ojos ya no miraban a la estatuilla, pero un halo verde parecía rodearlos. Weichstark chasqueaba los dedos frente a ella, pero no reaccionaba. Se quedó dudando un rato, y al final decidió llamar a Stahl a través de un comunicador con forma de gramófono junto a la chimenea.

-Stahl, sube. Vamos a tener que deshacernos de un inconveniente imprevisto.


-Vaaaale... Si voy a tener que cruzar un desierto andando, más me vale tener agua. Y que haya empezado a caminar en la dirección correcta.-dijo Miss Fortune apartándose de la baranda.

Aunque, ¿lo del agua importaba realmente? Todo esto tenía pinta de ser un sueño. Aunque mejor no correr riesgos. Bajó a la bodega a llenar su bota en un barril... y luego cogió otra para llenarla de ron.

-Incluso siendo tú la capitana, te las sigues apañando para tener la bodega echa un desastre. Y aún así encuentras todo.

Esa voz.

Desenfundó su arma y apuntó a las sombras. Podía ver las virutas del cigarro cayendo al suelo.

-Muéstrate.-le ordenó con autoridad.

-Mírate. Ya no te tiembla la voz al hablar.-salió un hombre con sombrero de capitán, y barba oscura y pesa.

-Capitán Salazar...-musitó ella bajando su arma.

-¿Capitán? ¿Donde ha quedado la confian...?

Dejó de hablar cuando la joven rodeó su torso con los brazos, y le abrazó con cariño.

-No me importa si ahora vas a convertirte en una montaña de arena. Nunca me dejaste hacerlo cuando estabas vivo.-le dijo Miss Fortune, apretándole con más fuerza.

-¡Ja, ja, ja, ja...! Mi pequeña fortuna. Veo que has sabido agarrar la vida por el cuello como te decía. ¿Cuantos corazones han roto esa pequeña boquita tuya?-le preguntó tomándole de la barbilla.

-Vamos. No es propio de una señorita llevar la cuenta.-le respondió ella rodando los ojos.

-¿No llevas la cuenta, o la has perdido ya?

-Solo recuerdo a los que me han dado noches realmente memorables.

-¿Ese yordle que llevas trajinándote los últimos días entra en esa categoría?

La sonrisa en los labios de Miss Fortune fue borrándose poco a poco mientras la realización comenzaba a llegar a su mente.

-No. No estás muerta.-le dijo Salazar.-Solo es que el yordle ha usado un artefacto shurimano que no comprende para intentar sacarte información, distrayéndote con una ilusión.

-¿Cómo puedes saber todo eso?

-¿Sabes lo que se dice de que tras la muerte, se te contestan todas las preguntas que te hiciste en vida? Resulta que te son contestadas incluso aquellas que no te haces.

-¿Entonces donde estoy?

-Hmf. Es difícil de decir. Tu mente. El mundo de los sueños. El mundo de los muertos. Lo cierto es que esas tres cosas no se diferencian tanto las unas de las otras como a los sabiondos pilties les gustaría.

-¿Entonces, que? ¿Estoy atrapada aquí?

-Oh, no. Rompiste la ilusión cuando le disparaste al cachas guapo que tienes de mascota. Él único motivo por el que no has despertado, es porque necesitas oír algo. Algo que podría evitar la destrucción de todo Bilgewater.

-¿Es algo del estilo "no intentes buscar al padre de tu niña, o vas a acabar pegándole un tiro a todo macho fértil en el archipiélago"?

-¡Ja, ja...! No. Se trata de algo más serio.-le dijo limpiándose las lágrimas de la risa.-Pero, supongo que ya imaginas como son estas cosas. Me está prohibido decírtelo, a menos que sea con palabras vagas, y acertijos crípticos.

-¡Venga ya! ¿Cuando te han importado a ti las normas?

-Oh, pero créeme. Estas más vale la pena seguirlas. Y más vale que dejes de interrumpirme, porque Weichstark ya le ha dicho a sus hombres que se deshagan de ti, y dentro de 10 minutos van a desobedecerle, y llevarte a un cuartucho para empezar a sobarte e intentar abusar de ti.

Miss Fortune gruñó entre dientes enfadada.

-¿Porqué no me sorprende?-dijo la pelirroja cruzada de brazos.

-Veo que algunas cosas nunca cambian. Muy bien, escucha. No te olvides de tu pasado, porque va a volver para morderte el culo.

-¿Realmente te dijeron "morder el culo"?

-Cállate. No des tus problemas por resueltos, porque el brazo de acero puede aplastar tus sueños. Aquel al que amas y aquellos a los que aprecias pagarán el precio de tu arrogancia. Así que no subestimes a tus enemigos, ni te sobrestimes a ti misma.

-Vale. Por eso de "aquel al que amas", me queda claro que te refieres a un futuro muuuuuy lejano.

-No puedo decirte cuando. Solo que será más temprano de lo que imaginas.

El capitán la cogió gentilmente por los brazos.

-Has hecho que este viejo lobo de mar se sienta orgulloso. Y siempre se sentirá así. Solo puedo pedirte, que no seas demasiado dura con mi chico.-dijo antes de besarle la frente.

-¿Tu chico? ¿Juan? Pero si él...


El brillo verde desapareció de los ojos de Fortune. No es tampoco como si los matones de Weichstark lo notasen. Uno estaba demasiado ocupado echándole un ojo a sus nuevas pistolas como un niño con un juguete nuevo, y el otro demasiado ocupado babeando mientras le sobaba las piernas.

Dicho sujeto sintió una pinza de acero alrededor de su muñeca. Muy fuerte para una mano tan femenina y una manicura tan cuidada.

-Yo que tú la sacaría de ahí si no quieres perderla.-le dijo la cazarrecompensas con tono lúgubre.


-Pero don, cuando no vuelva, sabrán que algo ha ido mal.-le insistía Stahl a su jefe.

-Lo sé. Pero fue un riesgo calculado.-le insistía Weichstark, sentado en el punto del sofá donde antes se encontraba Fortune.

Pensando en la mencionada, se encontró con que el elevador volvía a subir a esa planta. Las rejas manchadas de sangre se corrieron, y manchada de sangre también, salió Miss Fortune. Aunque estaba claro que no era suya, tal como les encañonaba con sus pistolas.

Hecho que apenas se notó debido a la indiferencia de los dos presentes.

-Ah, mi flor de fuego.-la saludó Weichstark.-Me alegra ver que te encuentras bien.

-Ahórrate los cumplidos, rata sobrealimentada. ¿A que demonios ha venido todo eso? ¿Qué me has hecho?-apretando las cachas de sus armas.

-Por favor, no te preocupes. Solo ha sido un desafortunado efecto secundario de la reliquia. Solo... quería asegurarme de que me estuvieses contando la verdad. Pero por suerte, ya no necesito esa confirmación.

-¿A que te refieres?

-Hace tan solo unas horas, una oficial de los guardianes de Piltover se presentó en una de las propiedades del señor Weichstark. Esto es habitual debido a su fama, pero la cosa es que dicha propiedad no estaba a su nombre, teóricamente hablando, y solo podían llegar hasta él con una investigación a profundidad. Investigación, que consume unos recursos importantes, y solo se lleva a cabo cuando hay la certeza de que se va a descubrir algo.

-Y el único negocio que tenía pensado en llevar a cabo en ese almacén, es con el jefe que en teoría debías traicionar. Bueno, si es acaso tu jefe.-la copa de vino estalló en su mano.-Me has roto el corazón, puta.

-No tengo ni idea de lo que hablas.-insistió Miss Fortune.

-La confirmación nos ha llegado apenas hace unos minutos.-señaló Stahl al pneumatubo.-Nos ha costado encontrar a alguien que pudiese asegurarnos que la sheriff Caitlyn había hablado con un tipo grande y dos mujeres. Solo nos confirmaron que había hablado con una pelirroja. Por desgracia para ti, vosotras sois muy pocas.

-No somos la autoridad, mi flor de fuego.-dijo Weichstark poniéndose de pie.-No necesitamos confirmación para deshacernos de alguien que ha intentando jugárnosla. Nos deshacemos de esa persona, y si nos equivocamos... Bueno. Mala suerte. Luego le daremos las explicaciones a tu jefe. Y si no le gustan, nos desharemos de él. Así que por favor, por lo que hemos compartido estas últimas noches, se sincera.

Miss Fortune bajó la cabeza y sonrió, sin dejar de apuntarles.

-¿Sois conscientes de que soy yo quien tiene las armas?

-Y se te echará toda la ley de Piltover y Zaun encima cuando dispares. Mientras que nosotros podemos deshacernos de ti sin levantar sospechas.

-Creo que me merece la pena el riesgo por el bien de mi supervivencia.

-¿Estás segura de ello?

Después de unos instantes, Miss Fortune enfundó sus armas.

-Está bien. Digamos que, hipotéticamente, a alguien no le hacían ninguna gracia los negocios que cierta persona intentaba expandir a su ciudad. Digamos, hipotéticamente, que llegó a un acuerdo con los guardianes solo para montar una charada y defender su territorio. ¿Qué tal te suena eso?

-... Justificable. Prudente. Y honesto.

Stahl fue esta vez quien encañonó a Miss Fortune. Aunque esta no dejó de sonreír. Ni siquiera cuando este se colocó tras ella para quitarle las armas. Ella mantenía su vista fija en Weichstark. Se le veía adorable enfurruñado.

-Me has decepcionado, mi flor de fuego.

Un fuerte cabezazo al estómago puso de rodillas a Miss Fortune, que tuvo que aguantar las arcadas.

-Tenía grandes planes para nosotros.-dijo tomándola de la barbilla, antes de dejar a Stahl ponerla de pie.

Todos se mantuvieron en silencio al entrar al elevador, y al cerrar la reja. Miss Fortune solo se puso a hablar una vez comenzaron a bajar.

-El plan era una emboscada en los muelles con los guardianes, claro está. Pero cuando mi compañera pilló a esa asesina espiándonos, caímos en la cuenta de que no podíamos estar seguros de si sabíais o no lo que planeamos. Aunque la evidencia parecía apuntar más al no.

Escuchó a Weichstark gruñir por lo bajo.

-Así que temiendo una trampa de tu propia parte, decidí acercarme a ti y fingir yo misma una traición. Y funcionó.

-Obviamente no.-intervino Stahl.

-Oh, sí que lo hizo. Primero, se nota que a tu jefe le pierden las pelirrojas. ¿Y como no? Somos asombrosas. Segundo, es un gran amante, pero no tan intenso como imagina. Tercero, cuando estoy preocupada por el trabajo, duermo muy poco. Cuarto, tu jefe bajaba mucho la guardia cerca mía. Quinto, no debería ocultar las cajas fuertes detrás de cuadros. Es muy evidente.

Un escalofrío recorrió la espalda de ambos gangsters cuando pararon en el despacho de Weichstark.

-Y sexto, no fui a por ti directamente después de matar a tus hombres.

Cuando la reja se abrió, la sheriff Caitlyn se mantenía apoyada en la mesa ojeando unos documentos por los que Weichstark sintió pánico al verlos, y la oficial Vi doblando un rifle hextech entre sus puños.

-Solo una pregunta.-le dijo Weichstark a Fortune.-Si por pura suerte conseguiste acceso a los detalles de mis otros negocios, ¿porqué seguir con el plan original?

-Porque era la única forma de que el chivato no se enterara.-respondió Caitlyn por ella.-Y sí. Ahora sabemos quien es.

Weichstark suspiró derrotado.

-Gracias por su trabajo, Miss Fortune.-le dijo Vi imitando cómicamente el tono cortés de Caitlyn.


Una pesada puerta metálica se abrió. Miss Fortune, vestida con su atuendo típico de Bilgewater, pasó al interior, y el guarda cerró la puerta tras ella.

-Tienes una hora.-le indicó este desde fuera.

-Guau.-dijo Miss Fortune.-Tienes suerte de que los delitos por los que te cogieron fueran en Piltover, y no en Zaun o Bilgewater. Quiero decir, aquí hasta las cárceles son lujosas.

La celda de Weichstark no se privaba de comodidad alguna, excepto por la de su libertad. Él permanecía vestido en un mono naranja, tumbado sobre su cama de sábanas de seda, leyendo un libro, sin dignarse a mirarla.

-Eventualmente, saldré de aquí. Ya he acumulado demasiada influencia como para que esto me detenga, Miss Fortune. La mayor cazarrecompensas de todo Bilgewater. Y cuando me reponga, lleven días, meses o años, iré a por usted. Pero ahora mismo, lo que me gustaría a mi saber.-dejó el libro aun lado.-Es que hace usted aquí. ¿Es un burdo intento de hacerme hablar? ¿Ha venido a despedirse y burlarse de mi?

-Despedirme.-dejó su sombrero en un perchero.-Pero, no burlarme. De hecho, me gustaría que nuestra despedida, fuera en los términos más placenteros posibles.

Se desabrochó el cinturón, y dejó caer los pantalones poco a poco. Weichstark se irguió, y se quedó sentando sobre la cama.

-Sabes que podría matarte, ¿no?-le dijo el yordle.

-No serías el primero que lo intenta.

-De placer. Podría matarte... de placer.-sonrió.


El guardia se acercaba a la puerta. Ya iba a ser la hora. Los ruidos extraños que provenían del interior le pusieron en alerta. Gritos y golpes. ¿Habrían empezado a matarse? Corrió hasta la puerta y se asomó al cristal, donde podía ver, y oír, mejor.

-... Venga, no me jodas.-se apartó del cristal frotándose los ojos, dispuesto a darles algo más de tiempo, pero todavía pudiendo oír bien lo que pasaba ahí dentro.

-¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍIIIIII...! ¡AAAAAAAAH...! ¡MÁS! ¡MÁS! ¡MÁTAME! ¡MÁTAME DE PLACEEEEEEERR...! ¡OOOOOOOOOH...!