Capítulo 21.

Una parte de ella le gritaba que fuese más despacio, que tenía que asegurarse de que Raven salía bien de la cámara, pero sus gritos llamándola le hacían saber que estaba cerca y bien. Jamás se había sentido tan furiosa, tan decepcionada, tan asqueada por un ser humano. Y ya era decir porque era lo que sentía normalmente.

Un juramento inquebrantable para mantener a su maldita Gryffindor a salvo y que se llevase a dos por el camino. ¿En qué mierda pensaba Clarke Griffin al hacerlo? Lexa Woods necesitaba cincuenta guardaespaldas para ser protegida, y Raven Reyes era otra parecida. Joder, que estuvieron más de tres meses con las narices metidas en libros en vez de moverse para salvar a la gilipollas de su amiga. Qué inteligente de su parte.

Vio que los primeros rayos de sol ya asomaban por los ventanales del castillo, así que se dirigió automáticamente hacia las escaleras con un destino claro: las mazmorras.

—¡Octavia, por favor! —Raven parecía que se acercaba peligrosamente hacia donde estaba. Y una vez en el vestíbulo, paró en seco, notándola chocarse con su espalda, y se giró para encararla.

—Ni se te ocurra frenarme —dejó claro y vio que Raven se ponía algo nerviosa bajo su mirada.

—¿Q-qué vas a hacer? —preguntó con miedo.

—Decirle a Clarke que es una hija de puta.

No dijo nada más y terminó de caminar lo que le quedaba para llegar a la puerta que la llevaría a las mazmorras, esperando que Clarke estuviese aún allí, pero una vez entró en la sala común no la encontró por ningún lado, ni siquiera en los dormitorios.

Volvió a salir y se encontró a Raven esperándola.

—Seguro que está con Woods, ¿dónde pueden estar?

—Octavia, por favor… —suplicó Raven, sujetando su mano, y ella miró hacia abajo para ver cómo sus dedos se entrelazaban.

Apretó la mandíbula y soltó su mano, sintiéndose más furiosa que antes. Caminó por los pasillos de la mazmorra para volver a subir por el castillo, dirigiéndose a la maldita sala de los menesteres con Raven pisándole los talones.

"Te quiero". Es que se lo había dicho. Raven se había confesado hacía unas horas, pero ¿ella la quería también? "Esta es la vida que siempre has deseado, no lo fastidies por sentimientos que ni siquiera entiendes". Sacudió la cabeza. ¿Qué era lo que realmente quería una persona como ella?

Comenzó a correr cuando llegó al pasillo indicado y abrió la puerta nada más apareció, sacando la varita y apuntando hacia la chica de pelo rubio que se había levantado asustada por el ruido junto a Lexa, que observaba desorientada a lo que sucedía.

—Levanta el puto culo de esa cama, Griffin —avanzó hacia ella con la varita en alto y la rubia le hizo caso inmediatamente, mirándola fijamente.

—¿Qué pasa, Octavia?

Qué inocencia, qué pureza… Qué puta mierda.

Tiró la varita al suelo antes de terminar con el espacio que las separaba y estrellar su puño contra su mandíbula. Clarke dobló su cuerpo tras recibir el impacto, por el dolor suponía y esperaba, y empujó a Lexa a la cama de nuevo cuando intentó frenarla. Escuchaba su nombre por todos lados, pero ella solo podía ver a Clarke acariciándose la mejilla mientras se incorporaba para mirarla confundida de nuevo.

—Eres una puta egoísta de mierda —utilizó esa vez su otra mano, porque la derecha le ardía tras el golpe, y la hizo aterrizar en el otro lado de su rostro.

—¡Octavia, para! —exclamó Lexa con horror, pero ella agarró la camisa de Clarke para encararla a ella y golpeó de forma brusca su espalda contra la pared.

—¿Por qué? Explícamelo.

—Por qué ¿qué? —habló entre dientes.

—¿Por qué pones la vida de Raven en peligro para salvarle el culo a Woods? —la zarandeó, haciéndola golpear contra la pared de nuevo.

—Octavia, por favor —escuchó la voz suave de la Ravenclaw y sintió su mano sobre su hombro.

—¿A quién se lo iba a pedir si no? ¿Tú lo habrías hecho? —lo preguntó con la ironía remarcada en cada una de sus palabras y no sabía qué mierda le pasaba aquel curso en Hogwarts, pero eso de que palabras de mierda le hiciesen daño no le estaba gustando nada—. Sabía que iban a hacerme algo. ¡Mírame! Ni siquiera me reconozco yo misma —gritó la rubia.

—¿Qué te crees que hice cuando me metí en este grupo más que hacer todo por poder ayudarte, Clarke? ¿Te crees que no habría aceptado si me lo hubieses pedido tú? —intentó que su voz no se rompiese, porque realmente le dolía.

—Nunca pedí tu ayuda, Blake. Si estás aquí es porque te querías follar a Reyes —pudo notar que el ambiente se tensaba mucho más de lo que estaba.

—Ah, ¿sí? ¿Solo por eso?

—Sí, solo por comprobar si te gustaba comer coños. ¿O no recuerdas nuestra charla en la sala común?

Que Raven estuviese escuchando eso no le estaba gustando nada, porque todo aquello era mentira. Era muy mentira y Clarke sabía que lo era, más que nada porque podía leerle la mente y sabía mejor que ella misma lo que estaba sintiendo, pero lo estaba usando para hacerle quedar mal, porque se le daba mejor fingir ser mala que aceptar que no quería seguir los pasos de su tío. Y eso le sonaba demasiado.

—No sabes cuánto te odio, Clarke Griffin.

Alzó el puño, dispuesta a estrellarlo contra su nariz, quizás partírsela y que la recordarse varios días, pero no esperó que alguien le diese un intento de puñetazo en la suya. Y a pesar de haber sido el golpe más estúpido y peor realizado del mundo de los golpes, sintió que salía sangre de sus fosas nasales.

Miró a su izquierda y vio a Lexa mirándola seria, y bajó la vista a su mano viéndola temblar, seguramente le dolía horrores.

—¿Me has pegado tú? —quiso asegurarse, comprobando la sangre que salía de su nariz con sus dedos.

—Suéltala —dijo Lexa con firmeza y ella sonrió sarcásticamente.

—Woods, no me das ningún miedo.

—No me hagas repetir el golpe. Suéltala, joder —la Gryffindor le dio un empujón y ella fue a agarrar su túnica, nada más agresivo que una amenaza, pero Clarke actuó más rápido y le devolvió un puñetazo en la mandíbula.

—¡Joder! —protestó y fue a por su amiga, pero alguien la sujetó de la cintura, tirando de ella hacia atrás hasta caer en el suelo sobre ella—. Raven, suéltame —intentó zafarse, pero la chica le agarraba con fuerza.

—Estás pasando demasiado tiempo con Bellatrix —escuchó la voz de Clarke y ella la miró frunciendo el ceño y apretando la mandíbula—. Te está comiendo la cabeza y es justo lo que necesitamos ahora. Tenemos reunión. Vámonos.

—No voy a ir a ningún lado, tenemos que ayudarlas a defenderse.

Clarke bufó antes de girarse y darles la espalda a las tres.

—Clarke… —la llamó Lexa, y ella miró extrañada cómo la Slytherin se iba de la sala de los menesteres—. ¿Qué te pasa? —la Gryffindor la miró directamente, con el ceño fruncido.

—¿Qué me pasa? —preguntó enfadada, incorporándose para encarar a la chica, pero sin tocarla—. Me pasa que Clarke hizo que Raven jurase protegerte, poniendo para ello su vida en peligro —señaló a la Ravenclaw, que también se incorporó.

—Raven… —susurró Lexa.

—Clarke no me obligó a nada —se defendió—. Yo acepté por mí misma esto.

—Raven, no me importa, fue un acto egoísta —miró fijamente aquellos ojos marrones—. ¡Imagina que atacan a Lexa también la noche que pasó lo de Luna! —admitía que estaba algo nerviosa, que quizás elevó el tono de voz, pero es que no habría podido imaginar lo que se sentiría si a Raven le sucediese algo. Incluso en ese momento—. Imagina que te hubiese pasado algo justo en ese momento. Mientras yo te curaba —murmuró sintiéndose inútil sin saber expresarse, y esperando a que leyese entre líneas: que no podía perderla.

Raven no contestó, apartó la mirada y pudo ver que le temblaba el labio, entonces recordó lo que había dicho Clarke y cómo podría malinterpretarse. Le había dicho hacía unos minutos "te quiero" por primera vez y lo siguiente que había oído era que tan solo se acercó para tener sexo con ella. La obsesión con ella fue tras la decisión de ayudar a Clarke, y eso Raven tenía que saberlo.

Se acercó a donde estaba la chica, tan solo a dos pasos de distancia, y acarició con suavidad su mandíbula con la yema de sus dedos antes de apoyarlos en su barbilla e instarla a que la mirase. Aunque su objetivo no era ese, porque nada más estuvo su boca a su altura, la besó con suavidad. Ella funcionaba mejor con cosas prácticas, y no estaba segura de si algún día palabras más intensas saldrían de su boca.

—Sabes que no es cierto, ¿verdad? —lo susurró, porque no quería que la escuchase Lexa. Raven asintió suavemente, y no pudo evitar pasar el pulgar por su labio inferior antes de atraparlos de nuevo.

No tardó demasiado en separarse de ella, sujetando su mano y entrelazando sus dedos, y miró a Lexa que estaba tras ellas observando la escena.

—Escuchadme las dos con atención. Los mortífagos van a entrar en el castillo y es hora de que os sepáis defender y de que estéis preparadas por si ocurre algo fatal —miró a Raven, dando un apretón en su mano—. Os voy a enseñar el contrahechizo del Sectusempra para que no volvamos a perder a una amiga.

X X X

Apenas faltaban unas semanas para acabar el curso, pero no tenía muy claro si lo iban a terminar con vida. Nadie hablaba de ello, pero se podía palpar en cualquier rincón del castillo. Si caminaba por el pasillo, las caras de los demás alumnos, da igual cuál fuese su casa, reflejaban el miedo conjunto que nadie se atrevía a vocalizar. En el gran comedor, lo que antes eran murmullos alegres en cada comida o ceno, ahora solo era un tenso silencio mientras se alimentaban para coger fuerzas, porque estaba claro que los estómagos no invitaban a ello. Los rumores eran cada vez más fuertes: que un ataque por parte de los mortífagos era inminente ya se sabía, y todos se preparaban para lo peor, internamente, porque, en apariencia, Hogwarts seguía siendo el lugar más seguro.

Los profesores estaban tomando medidas, cada vez más claras. La noche anterior, la profesora McGonagall había acudido a la sala común de Gryffindor con una lista de todos los alumnos de su casa y había pasado lista, uno por uno. Cuando un chico de quinto había tardado medio minuto de más en aparecer y contestar, la directora de la casa se había puesto claramente nerviosa, por mucho que hubiese intentado disimularlo.

¿Tenía miedo? Sí, porque, aunque sabían que iba a pasar, no sabían ni cuándo ni cómo, ni de qué magnitud sería aquel ataque. Lo que más inquieta le tenía aquellos días era no saber dónde se encontraba Clarke en ningún momento. No la había vuelto a ver desde su discusión con Octavia, donde creyó por unos segundos que la morena iba a cargarse de verdad a la chica. Se quedó completamente sorprendida al escuchar aquello del juramento inquebrantable que Clarke y Raven habían hecho para que su amiga la protegiera. Entendía por qué lo había hecho, pero, por otro lado, odiaba ese sentimiento de que Raven estuviera en peligro si ella lo estaba. Sabía que su amiga la habría protegido sin necesidad de aquel conjuro por el medio.

De todas formas, quería creer que podían enfrentarse a lo que se les pusiera por delante. Octavia les había enseñado unos cuantos conjuros y contrahechizos para que estuvieran preparadas, y también habían trazado un plan, el cual repasaba cada noche antes de dormir para memorizarlo a la perfección. Esa era su ventaja, tener a Octavia y Clarke ahí dentro.

En ese momento se encontraban en clase de Historia de la Magia. Les tocaba clase con los Slytherin, y Octavia estaba allí, de hecho, se había girado varias veces hacia ella, y aquella mirada con el ceño ligeramente fruncido no le daba nada de tranquilidad. Además, Clarke no estaba allí, ¿significaba eso que…?

Antes de que pudiera completar su propio pensamiento, un gran estruendo se escuchó desde algún punto del castillo, y el profesor Binns dejó a medias la lección que estaba dando en aquel momento. Todo el mundo en la clase se quedó paralizado, mirando lentamente a un lado y otro, y ella enfocó, completamente asustada, a Octavia, que le dedicó una mirada que, si tuviera que traducirla, diría que intentaba decirle algo así como 'tranquila, van a estar bien'.

—Alumnos, no os mováis —habló el profesor Binns, tras unos segundos iniciales de incertidumbre—. Quedaos aquí, iré con cuidado a averiguar qué está pasando y cómo debemos proceder —el hombre extrajo su varita del interior de su túnica y se dirigió al exterior de la clase—. Si se oyen más explosiones, escondeos debajo de las mesas, o donde podáis. Pero no os mováis.

No había terminado de salir el profesor de la clase cuando Octavia la llamó para que la acompañara hasta el final del aula. Eran pocos pasos, pero intentó rememorar el plan trazado en su mente, aunque en aquellos momentos no estaba muy segura de recordarlo.

—Lexa, tengo que irme con los mortífagos —le susurró la morena para que nadie más pudiese oírla—. Ya sabes lo que hablamos, busca a Raven, e id donde dijimos.

Respiró hondo antes de asentir con firmeza mientras miraba a su amiga a los ojos.

—Ten cuidado, Octavia —le pidió, y la chica puso su mano sobre su hombro, dándole un pequeño apretón.

—Escúchame bien, Lexa, podemos hacer esto —sonaba muy convencida, y estaba segura de que le decía aquello porque podía notar su nerviosismo—. Vas a encontrar a Raven y vais a hacerlo genial. Nos vemos en un rato.

Asintió nuevamente y, antes de que la Slytherin pudiera irse, la acercó a su cuerpo para darle un pequeño abrazo, al que la chica correspondió. Oyó a algunos de sus compañeros gritándole, diciéndole a Octavia que no podía irse, y aprovechó ese momento para salir del aula ella también. No tenía claro hacia dónde dirigirse primero, pero fue lo suficientemente lista y rápida para sacar la varita e ir armada por si tenía que atacar en cualquier momento. No quería hacerle daño a nadie, pero de ahí iba a salir viva. Ella, Raven, Clarke y Octavia.

Escuchó una explosión, algo más fuerte que la anterior mientras comenzaba a moverse en dirección a donde estaba el aula de Runas Antiguas: sabía que aquella era la clase que Raven tenía en esos momentos y seguramente se encontrase allí. El pasillo estaba desierto en esos momentos, pero podía escuchar murmullos desde el interior de las aulas, seguramente todos estarían muy asustados sin saber qué estaba ocurriendo.

Siguió avanzando con cautela, y aminoró la marcha por unos segundos cuando escuchó pasos dirigiéndose hacia ella, y, justo cuando giró una esquina, se encontró frente a ella al profesor Snape, que mostraba su rostro serio como siempre.

—Woods, ¿qué haces aquí? —quiso saber el hombre.

—Tengo que buscar a Raven Reyes, señor —explicó, esperando que aquello sobrase y le dejara seguir con su camino.

—Estoy seguro de que la señorita Reyes se encuentra segura en el aula donde estaba recibiendo su clase de runas antiguas. Vuelva inmediatamente a su aula, podrá verla más tarde, señorita Woods.

—Lo siento, profesor Snape, pero eso no va a pasar —nunca había desobedecido a un profesor, pero había una primera vez para todo, ¿no?

Esquivó rápidamente al hombre, y salió corriendo hacia la clase de runas antiguas.

—¡Woods! ¡Vuelva aquí en el acto! —hizo caso omiso a sus palabras y siguió corriendo hacia delante, aunque se giró para verlo estático, mirando en su dirección.

No dejó de correr, aún con la varita en la mano y apuntándola hacia delante. Otro estruendo y algunos chillidos se metieron debajo de su piel en forma de escalofrío, pero no era momento de detenerse. Estaba llegando ya al pasillo que estaba buscando cuando, tras un golpe inesperado, se vio en el suelo de un momento a otro. En cuanto levantó la vista, algo aturdida, se encontró con la mirada también confusa de Raven.

—¡Lexa! —la chica se incorporó levemente y fue hacia ella, abrazándola—. Dios, estaba buscándote, me he escabullido de mi clase.

—Yo también, Rave —ambas se levantaron completamente con ayuda de la otra y se miraron de cerca. Era obvia la preocupación en el rostro de ambas.

—Vamos, tenemos un plan que seguir.

Se pusieron camino hacia el lugar que tenían ya grabado a fuego en sus mentes, varita en mano y con la incertidumbre rodeando cada uno de sus movimientos. Pero podían hacerlo, podía salir bien.

X X X

Miró a Lexa mientras permanecían escondidas de forma estratégica donde Octavia mandó al trazar el plan hacía unos días. ¿Podía salir mal? Sí. Porque no sabían si vendrían otro grupo de mortífagos que no estuviese liderado por Octavia, o que hubiesen descubierto sus verdaderos planes. Aún tenía el sabor de sus labios cuando se despidieron, y se quedó con un sabor agridulce, porque ¿y si no volvía a verla? No podía volver a pasar por lo mismo. Y estaba aterrada, sabía que Lexa también, pero estaban decididas a combatir contra la magia oscura.

—Escucho voces, Rave —susurró Lexa a su lado, y las dos se asomaron por el cubículo, enfocando la salida de aquella cámara de los secretos, donde iba a aparecer Octavia con otro grupo de mortífagos. Los demás habían salido ya y se encontraban por todo el castillo.

—Lexa, quiero que sepas que eres la persona más apasionada y valiente que he conocido nunca —lo dijo casi sin pensar, pero queriendo que lo supiese.

—Eres mi mejor amiga, Raven, no habría podido conocer en el colegio a nadie mejor que tú —la chica la abrazó y ella se lo devolvió.

—Somos unas pardillas —rio suavemente, no queriendo vencerse por la emoción, porque tenían que atacar en breve.

—Unas pardillas que van a ganar esto, recuérdalo.

—Tres —dijo cuando escuchó algunas risas y voces.

—Dos —siguió Lexa, y se asomaron para ver que ya habían salido tres.

—Uno —fue a la vez, y justo cuando Octavia salió y lideró el grupo para salir de los baños.

—¡Alto! —lo gritó Lexa cuando salieron al pasillo de entre los cubículos con las varitas alzadas.

Cuatro de ellos se giraron y les dio un poco de miedo, pero recordaron las palabras de Octavia: aparentar no tenerlo. Se mantuvieron serias, apuntándoles totalmente coordinadas de uno a otro, y Octavia se giró justo en ese momento, con una sonrisa en el rostro. Estaba detrás de ellos y sacó la varita sin que la viesen mientras los cuatros se reían con diversión al verlas apuntándoles.

Octavia señaló con el rostro a dos de la izquierda y entonces cuando Lexa y ella acabaron con la varita apuntándoles a ellos, lanzaron un hechizo aturdidor sin que se esperasen tan rápido el ataque. Octavia atacó directamente a los dos que quedaban de pie, sin pensárselo demasiado, dejándolas boquiabiertas con lo rápido que lo hizo, sin darles tiempo ni a reaccionar ante el ataque a sus dos compañeros mortífagos.

La Slytherin lanzó un Avada Kedavra a uno de ellos y, mientras con esa mano apuntaba con la varita, con la otra sacó una especie de daga que clavó en el cuello del otro hombre. Lexa y ella se dieron la vuelta a la vez, llevándose las manos a la boca al ver la sangre salpicando en todas direcciones mientras el hombre forcejeaba con la chica.

—Vamos —la escucharon y se giraron lentamente mirando los cadáveres del suelo, una vez estuvieron al lado de Octavia, la chica las miró preocupada—. ¿Estáis bien? —las dos asintieron y le gustó que acariciase su mejilla con la mano que había sujetado la varita. La otra estaba manchada de sangre.

—¿Y Clarke? —preguntó Lexa asustada mientras Octavia se acercaba a los lavabos y se limpiaba la mano antes de mojar aquella túnica negra y darse en el rostro. Después la tiró al suelo y quedó completamente de negro, con ropa muy ceñida. Y no era momento de recorrerla con la mirada. Gracias.

—Clarke ha ido con otro grupo, ya está dentro. ¿Salimos o esperamos al siguiente grupo?

—¿Y los que están aturdidos? —preguntó observándolos.

—Tengo una nueva mascota, Reyes, ¿recuerdas? —sonrió con chulería, y entonces entendió a qué se refería.

—¿Vas a sacarlo?

—¿El qué? —quiso saber Lexa.

—La Veneno —respondió tranquilamente, y a pesar de la situación tuvo que reírse. Lexa la miró como si estuviese loca y después miró a Octavia, que sonreía con diversión mientras se limpiaba la daga con la túnica que estaba en el suelo.

—Es un basilisco —le explicó a la Gryffindor.

—Tú solo ocúpate de no mirarlo directamente a los ojos —añadió Octavia.

—Ya sabes la leyenda de Salazar Slytherin, odiaba a los hijos de muggles.

—Si no estuviese tan asustada ahora mismo, me pareceríais muy monas.

Octavia y ella se miraron y le gustó la sonrisa que le dedicó mientras se levantaba y se colocaba la daga en una especie de cinturón que llevaba. Iba totalmente preparada.

—Si no ha llegado nuevo grupo ya, es que han decidido utilizar la entrada por la casa de los gritos. Salgamos para atacar. ¿Los profesores han empezado con la defensa del castillo? —ambas asintieron, esa vez estaban mejor preparados que la primera vez—. Tenemos que encontrar a Clarke lo primero.

Antes de salir, Octavia siseó algo, pársel, y escucharon una especie de rugido desde dentro de la cámara. Las mandó salir con cuidado mientras se ocupaba de que la bestia seguía sus órdenes y antes de que ella saliese tras Lexa, agarró su mano y estrelló sus labios con los suyos, murmurando "es la adrenalina" contra su boca. Lamió sus labios, observando aquel verde que le encantaba antes de salir con Lexa.

—Está completamente enamorada de ti —le dijo la Gryffindor mientras se colocaban espalda con espalda en el pasillo, por si venía alguien por cualquier extremo. Sintió que sus mejillas se caldeaban y se mordió el labio, sabía que lo decía por lo que dijo Clarke en la sala de los menesteres.

La parte de que lo hablaron en la sala común le hizo un poco de daño, pero solo tenía que pensar en los momentos vividos, en cómo había cambiado su actitud con ella, en las caricias que le regalaba cada vez más a menudo… Los besos. Octavia podría haber querido en un principio lo que quisiera, pero ella no iba a juzgarla porque sabía que en el presente quería otra cosa.

Octavia salió del baño y pudieron ver cómo el basilisco estaba entretenido devorando a aquellos mortífagos. La Slytherin sacó su varita y comprobó ambas direcciones del pasillo antes de dar la siguiente indicación: debían ir al Gran Comedor. Corrieron por los pasillos y les extrañó no encontrarse con nadie allí, Octavia anunció que debían estar allí, que ese era el plan inicial, pero una vez llegaron al lugar, se lo encontraron desierto cuando entraron con cuidado por si había peligro en el interior.

—Esto es raro —se guardó la varita de nuevo y se levantó la manga de la chaqueta que llevaba para mirar la marca tenebrosa—. No se mueve, no llaman, ¿dónde están?

En ese momento escucharon una explosión bastante grande, aunque el sonido estaba amortiguado por los muros del castillo.

—Ha debido ser fuera, Octavia —le dijo a la chica, que miró hacia la puerta directamente con la mandíbula apretada.

—¿Es este uno de tus planes improvisados, Blake? —escuchó una voz aguda tras ella, y cuando se giró vio a una mujer de pelo negro largo y rizado, tez pálida y quizás unos treinta y pocos.

—¿Dónde están todos?

—Unos en una de las torres, otros en las mazmorras, otros tantos en los jardines, y yo aquí —sacó su varita y comenzó a jugar con ella entre las manos, Lexa y ella la apuntaron directamente, y la mujer sonrió—. Con guardaespaldas y todo, Blake. ¿Ahora es cuando las matas como has hecho con nosotros? —la mujer sonrió ampliamente—. Muestras valor cuando matas a dos de los nuestros, pero si empiezas a matarnos a todos, pierde la gracia, Blake. Algo debe estar fallando.

—Tened cuidado las dos. Refugiaos y nada más tengáis la oportunidad, salid de aquí y buscad a algún profesor que os ponga a salvo —dijo Octavia entre dientes mientras pasaba entre Lexa y ella, pudo notar su mano acariciando su espalda antes de que comenzase a caminar hacia la mujer.

La mortífago le apuntó con su varita y la Slytherin la sacó también antes de lanzar un hechizo a la vez, haciendo que un estallido retumbase por todo el gran comedor cuando impactaron los dos halos de luz.

Cogió a Lexa de la mano y tiró de ella, apartándose de allí. Después se agacharon y fueron a rastas por el suelo para pasar a otro pasillo de mesas y no quedarse donde las dos mortífagos luchaban. Confiaba en que Octavia sabría defenderse, a pesar de que estaba claro que lo hacía mejor cuerpo a cuerpo. Eso sí, cada vez que escuchaba un nuevo Avada Kedavra su cuerpo temblaba por el miedo.

—Necesitamos encontrar a Clarke, en uno de los lugares que ha dicho Bellatrix.

—¿Ella es Bellatrix? —Lexa asintió, y se asomaron para ver cómo cada vez se acercaban más, Octavia acababa de desarmarla y, como si hiciese el mejor de los duelos, dejó caer su varita, alzando las manos con burla, diciendo sin palabras que estaban en igualdad de condiciones.

—Todos sabemos que te gusta la sangre, Blake. Estoy loca por comprobar lo bien que usas las manos.

—Te estoy esperando —la retó. Lo que decía, la Slytherin no sabía lo que era el miedo.

Comenzaron a atacarse mano a mano, Bellatrix era rápida y parecía que usaba los mismos golpes de Octavia. Llegaron a la puerta para salir de allí y una risa horrible hizo que se girasen hacia las mortífagos. A pesar del gesto risueño, la realidad era que Bellatrix tenía clavada en la parte inferior del abdomen la daga de Octavia y quedó sentada sobre un taburete, mirándose mientras brotaba la sangre.

La Slytherin conectó sus miradas, y se agachó para recuperar su varita y coger también la de Bellatrix, pero sucedió muy rápido. Demasiado, tanto que Lexa y ella, por mucho que gritaron, no les dio tiempo a advertirle que se girase. Y corrieron hacia ella, de verdad que sí, intentando evitarlo y lanzando varios hechizos que logró esquivar.

Bellatrix se había sacado la daga y agarró a Octavia desde atrás para rajarle el cuello mientras mantenía su cabeza hacia atrás. La mortífago esquivó los hechizos cuando empujó a Octavia al suelo, que cayó bocabajo, y se agachó.

No podía borrar la mirada de Octavia cuando la hoja afilada del arma cortó su piel y corrió más rápido mientras notaba que los ojos se le llenaban de lágrimas cuando vio que Octavia no podía girarse y le temblaban las manos que mantenía contra el suelo. Salía demasiada sangre de ella y se arrodilló a su lado mientras Bellatrix se marchaba de allí desapareciéndose.

—¡Octavia!

Se notaba que estaba asustada, pero no dejaba que se notase. Abría la boca en busca de aire y ella apartó su pelo de su cara para que pudiese mirarla.

—Octavia —rogó que pudiese conectar su mirada con la suya—. Octavia, por favor, dime qué hago.

Lexa se mantenía de pie, mirando hacia los lados con la varita en alto. La Slytherin movió los brazos y se llevó una mano al cuello, manchándose la mano y vio que intentaba apoyarla en la herida, pero estaba débil. Mucho. Llevó la mano a su cuello y escuchó que decía "aprieta" casi sin voz, un susurro ahogado. Presionó la herida y llamó a Lexa para que se arrodillase a su lado.

—Desabróchale la chaqueta, tiene que tener pociones escondidas en su interior —mandó y luego miró directamente a Octavia, que tenía los ojos entrecerrados mientras intentaba respirar dando bocanadas, pero sin poder introducir aire bien—. Octavia, mi amor, mírame —en ese momento sus ojos conectaron—. Quédate conmigo, por favor —susurró y vio que se acumulaban algunas lágrimas en aquel verde.

—Están todos rotos, Raven —dijo Lexa y ella comprobó los frascos rotos antes de pedirle que los retirara para que no se cortase más.

—Cocina —dijo Octavia sin voz a penas, y miraron hacia atrás del todo para ver la puerta que daban a las cocinas—. Refugio.

—Ayúdame, Lex.

No retiró la mano de su cuello y Lexa hizo que Octavia levitase del suelo levemente, hasta quedar a su altura e ir hacia las cocinas tal y como la Slytherin pidió que hicieran. No había ningún elfo en las cocinas, supusieron que estarían escondidos, y colocaron a Octavia tumbada en el suelo de nuevo, bocarriba. Ya notaba las lágrimas saliendo sin parar, incluso Lexa tenía lágrimas en las mejillas mientras observaba hacia la puerta para que nadie entrase.

Octavia comenzaba a tener los labios pálidos y secos de tanto intentar respirar, y ella apretó un poco más fuerte para que no se desangrase más rápido, que pudiese aguantar hasta que llegasen a ayudarlas. Si es que llegaban.

—Toma, Rave —Lexa logró alcanzar unos paños y los colocó bajo sus manos para presionar mejor, inclinándose sobre su cuerpo para comprobar que la miraba.

—Clark… —dijo Octavia de la misma forma que antes y alzó la vista a Lexa, que las miraba fijamente.

—Ve a buscar a Clarke, dile lo que ha pasado y que la necesitamos de nuestro bando.

—No te voy a dejar sola con Oc…

—Ve, Lexa, por favor. Eres una persona valiente e inteligente, puedes con todo lo que pase. Y estoy segura de que encontrarás a Clarke.

—La bolsa que… —la voz en un hilo de Octavia le llamó la atención y la miraron—. Capa.

—¿Has traído la capa de invisibilidad? —preguntó y la Slytherin cerró los ojos momentáneamente, estaba muy pálida—. Lexa, ve a por la capa y busca a Clarke. No te verán.

—Raven —sollozó la Gryffindor—, si me pasa algo, tú…

—Confío plenamente en ti. Sé que no te va a pasar nada.

—Clarke —repitió Octavia.

Miró unos segundos a la chica que mantenía los ojos cerrados y luego miró a Lexa, que asintió suavemente antes de arrodillarse al lado de Octavia y tocar su mejilla.

—Gracias, O —murmuró, intentando ahogar un sollozo, y la Slytherin la miró unos segundos, intentó decir algo, pero no salió nada.

—Vete —murmuró, y Lexa asintió y se fue tras darle un apretón en el hombro.

Nada más vio que salía de la cocina, miró de nuevo a Octavia, que comenzaba a hacer unos ruidos estrangulados mientras buscaba aire.

—Rave —dijo, como si fuese una despedida, a eso sonó, y ella negó con la cabeza, intentando controlar las emociones que se agrupaban en su pecho—. No… Yo… Ven, por favor.

Se inclinó sobre ella y la miró de cerca, escuchando que le susurraba "frío" y "cerca". Continuó con las manos en su cuello, pero apoyó su mejilla contra la suya, intentando que la notase cerca. Se le escaparon más lágrimas cuando notó que intentaba respirar por la nariz, moviendo su cabeza hacia su cuello.

—Te vas a poner bien —le aseguró, a pesar de que comenzaba a dudarlo mucho.

—Tu camino —la miró extrañada, no sabía a qué se refería con eso, y vio que intentaba tomar aire de nuevo, y abrió los ojos mirándola fijamente con ese verde acuoso—. Tu camino es…

No pudo terminar la frase y vio que le daba una especie de espasmo antes de caer hacia atrás.

—O… —la llamó asustada y dejó de tener una mano apoyada en su cuello para darle unos suaves golpes en el rostro, intentando que reaccionase, pero no lo hacía.

La miró mientras deslizaba una de sus manos por la mejilla de la Slytherin y no pudo evitar ponerse a llorar.


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