Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a chels926, yo solo la traduzco.


BACK ACROSS THE POND

Capítulo veintiunoMundos aparte

El sábado, el día después de la boda, las parejas nos separamos. Alice y Jasper querían quedarse en la villa todo el día por razones obvias, pero Rosalie y Emmett querían visitar un castillo que estaba a solo unos kilómetros fuera de Anguillara Sabazia.

Tras una corta discusión, Edward y yo decidimos que iríamos a Roma. El viaje en tren a la capital italiana solo tomaba una hora y ni Edward ni yo habíamos estado en Roma. Habría sido un crimen estar tan cerca y no visitarlo.

Pasamos un día maravilloso. No estuvimos el tiempo suficiente para visitar algunos museos o el Vaticano, pero vimos la Plaza de España, la Fontana di Trevi, el Foro Romano, el Panteón y el exterior de Coliseo. Comimos y cenamos en unos lindos restaurantes italianos, cenamos al fresco, y por la tarde comimos gelato.

Un día en Roma era muy poco tiempo, pero era mejor que nada.

Volvimos a Anguillara Sabazia tarde esa noche, solo para volver a Roma la tarde siguiente para coger nuestro vuelo a Londres. El vuelo fue tan agitado como había sido al ir, pero Edward sostuvo mi mano todo el tiempo, igual que antes.

Nos separamos en el aeropuerto. Alice y Jasper iban a visitar a Esme y Carlisle en Islington antes de contarles a Lord y Lady Hale lo del matrimonio. Nos invitaron a ir con ellos, pero nos negamos, dando una u otra excusa. Ninguno de nosotros quería estar presente en ese anuncio, temiendo las peores respuestas.

Sin embargo, no teníamos de qué preocuparnos. Llamé a Alice el lunes por la noche de camino a casa de la oficina para ver cómo había ido y me contó lo que había pasado. Carlisle y Esme, por supuesto, se quedaron en shock y se molestaron al saber que no habían podido presenciar la boda de su única hija. Pero su decepción se convirtió en felicitaciones y felicidad. Lo mismo pasó con los padres de Jasper, aunque fue un poco más dramático cuando Lady Hale empezó a llorar. Pero eran lágrimas de felicidad, les aseguró a los recién casados.

En los días siguientes, Esme y Lady Hale decidieron darles a sus hijos una recepción de boda adecuada, donde podrían invitar a sus amigos y aceptar sus regalos y felicitaciones. Tal recepción era lo que Alice y Jasper querían evitar en primer lugar, pero cedieron a los deseos de sus madres.

"He oído que Alice no ha hecho ninguna aportación a esta fiesta," le dije a Edward mientras tomábamos un taxi al Hotel Dorchester, en cuyo salón de banquetes se hizo la recepción el último sábado por la noche de Septiembre.

"Esta es la razón por la que nosotros planeamos nuestra propia boda," comentó Edward, poniendo su mano sobre la mía. "No tenemos que preocuparnos por lo excesiva que va a ser."

"Tu madre tiene buen gusto. Con suerte no será tan malo," defendí a Esme.

"Bella, ¿has estado dentro del Dorchester?" preguntó intencionadamente. "Ya es algo excesivo. Ya verás."

El salón de banquetes no era excesivo, en mi opinión, pero me hizo sentir que debía haber estado en la era de la Regencia, llevando un vestido largo de fiesta, guantes y zapatillas – muy lejano del corto vestido negro y stilettos que llevaba actualmente. Las paredes estaban cubiertas de papel de tela azul claro y me pregunté brevemente si las mesas y las sillas no eran realmente del siglo diecinueve. Tal vez hubiera sido excesivo en América pero, en Gran Bretaña, se sentía bastante auténtico a un estilo Jane Austen.

Colocamos nuestro regalo de boda – les habíamos cogido un bonito set de marcos de fotos – en una mesa cerca del fondo de la habitación, cogimos dos copas de champán y luego encontramos a los recién casados. Iban incluso más arreglados de lo que habían estado en su boda real. Jasper llevaba un caro traje negro y Alice llevaba un vestido de cóctel blanco con joyas brillantes. Se veían muy felices.

"Enhorabuena... de nuevo," deseé mientras besaba a Alice en la mejilla.

"En realidad no hacía falta que vinierais a esto," dijo Jasper, dándole a Edward un abrazo de hombres (ya sabes, cuando sacuden sus manos y se abrazan asegurándose de que sus manos hacen que sus pechos no se toquen). "Ya habéis estado en la cosa real."

"Por supuesto que teníamos que venir," discrepé. "Somos familia."

Me eché a un lado para que otros pudieran acercarse a Alice y Jasper si lo deseaban. Edward se puso a mi lado y envolvió su brazo alrededor de mi cintura. "Hay mucha gente aquí," les comentó a su hermana y cuñado. "¿A cuántos conocéis realmente?"

Alice rió. "Tal vez al cuarenta por ciento. Esta es la razón por la que nos fugamos para casarnos."

"Pero si lo miras por el lado bueno," dijo Jasper, "tenemos muchos regalos de boda."

Su esposa sacudió la cabeza. "Eso solo significa que hay más tarjetas de agradecimiento que escribir."

Edward se giró hacia mí. "¿A cuánta gente vamos a invitar a la nuestra?"

"No a tantos," respondí inmediatamente. En realidad no habíamos hecho un recuento de invitados aún – todavía no sabíamos dónde sería la ceremonia – pero ninguno de los dos quería una boda grande. Además, dudaba que yo pudiera traer a la mayoría de mis amigos y familia en un caro viaje al otro lado del mundo y no quería que los familiares y amigos de Edward sobrepasaran demasiado los míos.

"Enhorabuena," escuché a una voz familiar, pero aún así fuera de lugar, y rápidamente encontré la fuente. Riley Burgin, mi amigo y compañero de trabajo, acababa de acerarse a Jasper. Se veía más arreglado que con el look casual de trabajo que llevaba en la oficina. Llevaba un bonito traje negro y una corbata azul, pero tenía un poco de barba en su barbilla que durante la semana estaba afeitada.

"No puedo creerlo," comentó Jasper sorprendido. "Sabía que estabas de vuelta en el país, pero no creí que fueras a aparecer por aquí." También le dio a Riley un abrazo de hombres, cosa que me sorprendió muchísimo.

"¿Cómo os conocéis?" pregunté incrédula.

Riley pareció notarme por primera vez. "Yo podría hacerte la misma pregunta. Es maravilloso verte a ti también, Bella." Miró a Edward y extendió la mano. "Edward, ¿verdad? Es agradable verte de nuevo. Y, aunque es un poco tarde, enhorabuena. Eres un hombre afortunado."

Mi prometido sacudió su mano, aunque tenía una mirada de sospecha en la cara, lo que me hizo sentir incómoda. "También es agradable verte de nuevo. Y gracias. Lo soy." Su brazo se apretó ligeramente alrededor de mi cintura.

"¿Cómo os conocéis?" fue el turno de Jasper para preguntar.

Alice rió y sacudió la cabeza, claramente perpleja por la situación. "¿Y si nos presentamos todos?" Estiró el brazo hacia Riley y él tomó su mano. "Hola, mi nombre es Alice. Creo que no nos hemos conocido."

"Cariño, este es Riley Burgin. El padre de Riley es amigo de mis padres y éramos amigos de pequeños cuando él no estaba en América con su madre," explicó Jasper. "Riley, acabas de conocer a mi esposa, Alice."

"Es un placer conocerte, Alice. Bella y yo trabajamos juntos," explicó. "Su cubículo está a solo unos pies del mío. Puedo oírla cuando teclea furiosa en su ordenador y cuando maldice en voz alta porque algo va mal. Nunca imaginarías que tiene la boca de un marinero en lo que se refiere a tecnología desobediente."

"Eso pasa demasiado a menudo," comenté, "pero no estaba al tanto de que podías oírme maldecir desde tan lejos. Tendré que ser más silenciosa la semana que viene, cuando vaya a pasar de nuevo. Alice, por cierto, es la hermana de Edward."

"Y la mejor amiga de Bella," intervino Alice.

"Oh, ya veo," dijo Riley. "Ciertamente es un mundo pequeño después de todo."

Todos rieron antes de que Jasper hablara. "¿Has traído una cita o estás aquí solo?"

Riley se encogió de hombros. "Estoy soltero esta noche. Técnicamente, se podría decir que mi padre es mi pareja. Él me invitó a venir y pensé que sería una buena oportunidad de reconectar con un viejo amigo."

"Te habría invitado personalmente," contestó Jasper, "pero no tengo ninguna forma de contactar contigo. Tendrás que darme tu número antes de irte. Podemos tomar algo en algún momento y ponernos al día."

"Eso sería genial," aceptó. "Bueno, no monopolizaré vuestro tiempo." Le dio una palmada a Jasper en la espalda. "Me pondré en contacto. Alice, ha sido un placer y enhorabuena. Edward, encantado de verte y, Bella, te veré el lunes por la mañana temprano."

"No puedo esperar," dije con mucho sarcasmo. Los lunes por la mañana siempre eran horrorosos y estaban llenos de reuniones. Eran definitivamente el peor día de la semana. Pero el lunes siguiente sería incluso peor por la corta presentación que tenía que hacer durante la reunión de personal de las ocho de la mañana.

Riley se fue para circular y conocer gente y Edward y yo nos quedamos con Alice y Jasper unos minutos más hasta que el champán empezó a llenar mi vejiga. "Voy a visitar el baño de señoras," anuncié en voz baja. Le di mi copa a Edward y luego me fui para encontrar las instalaciones.

"¡Bella!" escuché la voz de Rosalie cuando entré en el cuarto de baño. Estaba frente al espejo, arreglándose los labios. Llevaba un hermoso vestido granate. Era solo lo suficientemente colorido como para resaltar, pero no demasiado brillante como para alejar la atención de Alice.

"Hey," saludé mientras me ponía a su lado. "¿Cómo estás? Me encanta tu vestido."

"Gracias. ¿No es fabuloso?" Puso una mano en su cadera y posó un momento. "Estoy bien. ¿Tú?"

"Estoy bien," le dije mientras me arreglaba el pelo en el espejo. "¿Conoces a un Riley Burgin?" Rosalie era la única amiga que sabía sobre Riley. Ella era la que me dijo que mantuviera unos límites en nuestra amistad.

Lo pensó un momento. "Sí. Es un amigo de la familia. Americano."

"Es el mismo Riley del que te hablé aquella vez," le informé. "Mi compañero de trabajo."

Sus ojos se ensancharon. "¿Del que Edward está celoso?"

Sacudí la cabeza. "No está celoso," discrepé, "pero sí, la misma persona."

"Eso es incómodo." Se estremeció. "Oh Dios mío, ¿está aquí?"

Asentí. "Sip."

"Probablemente debería saludar," murmuró Rosalie tras pensar un momento. "No es un problema que sea amigo, ¿no? Quiero decir, no es como si hubiera algo entre vosotros."

"No, por supuesto que no," le aseguré. "Solo creí que debía dejártelo saber."

"Bien. Bueno, Emmett me está esperando, así que debería volver ahí fuera," dijo, volviendo a meter su barra de labios en su pequeño bolso. "¿Vienes?"

"En un minuto," contesté. "Te veré ahí fuera."

Rosalie dejó el baño y yo terminé mis asuntos, me lavé las manos y volví a la fiesta solo un minuto después de ella. Encontré a Edward sentado en una mesa, hablando con un hombre que estaba a su lado. Cuando me senté a su lado, giró su atención hacia mí. "¿Estás bien? Te ves un poco ansiosa."

Sacudí la cabeza y le di una sonrisa. "Estoy bien."

Cogí la copa llena de champán que tenía delante y tomé un sorbo. Edward tenía razón, por supuesto. Estaba ansiosa y, tras unos minutos de pensarlo, determiné la causa.

Tenía un límite estricto entre mi trabajo y mi vida personal. Edward, Alice, Jasper, Rosalie, Emmett y mis otros amigos estaban en la sección personal. Riley estaba en la sección del trabajo... o al menos lo estaba antes de que me enterara de que era amigo de mis amigos. Mantener esos dos mundos aparte ya no parecía tan sencillo.

- . - . - . - . -

El lunes por la mañana temprano escuché un golpe en la parte de metal de la pared de mi cubículo y alejé la mirada de la pantalla del ordenador para ver quién era.

Era Riely. Tenía una taza de café recién hecho que olía de forma deliciosa.

"¿Estás lista para tu presentación?"

Gemí. "No me lo recuerdes. Estoy intentando no pensar en ello. Mis manos ya se sacuden de forma increíble. No puedo hacer que paren."

"Estarás bien," me tranquilizó. "Lo tienes hecho."

"Qué fácil para ti decirlo," contesté. "Tú no tienes que hacer un análisis en forma de presentación de diez minutos."

"Será genial y, si no lo es, te invitaré a una copa después del trabajo."

Fruncí el ceño. "Tal vez necesite una copa igualmente."

"Entonces, ¿es una cita?" preguntó Riley. Debido a mi expresión dudosa, dio marcha atrás inmediatamente. "No una cita, ya sabes, sino un plan. Podemos, um, reunir un grupo."

"No creo," decliné. "Sé que no te refieres a una cita, obviamente, pero creo que volveré al piso, abriré una botella de vino y me relajaré."

Riley asintió. "Vale. La oferta sigue en pie si cambias de opinión. Dejaré que termines de prepararte. ¡Buena suerte!"

"Gracias," contesté mientras él volvía a su cubículo y yo volvía a mirar mi presentación de PowerPoint una última vez.

Un par de horas más tarde, mi nivel de estrés había bajado drásticamente. La presentación fue sin problemas y conseguí no sonar muy nerviosa mientras hablaba en voz alta. Mi jefe había movido la cabeza con aprobación todo el tiempo y yo tomé eso como un gran incentivo, aunque él no había dicho nada.

Después de la comida, tuve que ir a mi reunión mensual con mi mentor, Victoria West. No era una reunión que disfrutara particularmente. No era que no me gustara Victoria; simplemente no sabía de qué hablar. No llevaba ahí el tiempo suficiente para empezar a planear ascensos o a buscar oportunidades en otra parte. Realmente no necesitaba consejo en mi carrera en este momento.

Hice el camino hasta su oficina – estábamos en diferentes departamentos y, por lo tanto, a lados opuestos del edificio – y llamé en el marco de su puerta abierta. Estaba al teléfono, pero me hizo entrar.

"Lo entiendo," decía, "pero lo que no entiendo es porqué está programado para el jueves. Es para hoy. Lo dice en el contrato. Lo tengo justo enfrente de mí."

Tomé asiento al otro lado de su escritorio y miré las pertenencias personales, o la falta de ellas, que llenaban el espacio. La mayoría de las personas tenían fotos. Mi jefe, James, tenía toneladas de cosas personales en su oficina. Había numerosas fotos de su esposa e hijos, dibujos que sus hijos le habían hecho y parafernalia de su equipo de fútbol favorito, el Chelsea.

Pero la oficina de Victoria estaba vacía. En su estantería había libros con títulos como Tener Éxito, Cómo Mantenerse Positivo, Lidiar con el Conflicto y Los Secretos de Steve para el Éxito en el Trabajo. Había una planta en la esquina, pero parecía que necesitaba ser regada. Incluso su calendario era uno genérico que daba la compañía. Nada en la oficina daba una pista de la personalidad de Victoria West, excepto que era una mujer ambiciosa y trabajadora.

"Bien. El jueves será. Pero no se sorprenda cuando renegociemos nuestros términos de crédito con ustedes," dijo, claramente infeliz con el resultado de la llamada. "George, tengo una reunión a la una, así que tengo que irme. Si tienes más retrasos, por favor, notifícamelo. Gracias."

Colgó el teléfono y luego rodó los ojos. "No es de extrañar que estemos considerando emitir acciones cuando nuestros deudores no pueden pagar a tiempo," se quejó. "Siento eso."

"Lo entiendo," le aseguré. No era poco común que una reunión fuera interrumpida por una llamada muy importante. Me había acostumbrado a ello.

"Así que, Isabella, no me he reunido contigo en varias semanas y solo quería ver cómo te va," dijo, enfocando toda su atención en mí. "Llevas aquí casi cuatro meses, ¿correcto?"

"Sí," dije con un asentimiento.

"¿Qué tal hasta el momento?" preguntó Victoria.

"Estoy disfrutando," respondí. "Me gustan mis compañeros de trabajo y me gusta el trabajo que estoy haciendo. Realmente no tengo quejas."

Ella asintió. "Eso está bien. ¿Hay algo en concreto de lo que quieras hablarme?"

Lo pensé un momento pero no se me ocurrió nada. "Nada en particular."

Victoria sonrió. "Lo entiendo. Tenemos reuniones de treinta minutos una vez al mes, pero no tiene que ocurrirsete nada de qué hablar. Ni siquiera tienes que quedarte todo el tiempo," me aseguró. "¿Y fuera del trabajo? ¿Algo nuevo?"

Eso sí era algo de lo que podía hablar. "Me prometí el mes pasado. El trece de Agosto. Estamos planeando la boda para Marzo." Levanté la mano izquierda y mostré el anillo de compromiso de diamantes.

Sonrió, pero no fue una sonrisa genuina. "Enhorabuena. Es un gran compromiso."

"Lo es," acordé, "¿has estado casada?" Sabía que actualmente no estaba casada, pero tal vez estuviera divorciada.

Sacudió la cabeza. "No. No veo la necesidad. Todo lo que hace es atarte."

Aunque no estaba de acuerdo, asentí igualmente. Era su opinión y no iba a discutir con mi mentor por una diferencia de opiniones.

Tras varios segundos de silencio, Victoria habló. "Bueno, si eso es todo, eres libre de irte," me dijo. "Si alguna vez tienes alguna pregunta o preocupación, por favor pasa por aquí. Tengo una política de puertas abiertas."

Me levanté de la silla y sacudí su mano. "Lo haré. Gracias. Que tengas una buena tarde."

Me sentí mal por Victoria. Tal vez si hubiera conocido al hombre correcto y se sintiera como yo me siento por Edward, pensaría de forma diferente.

Esta era una de esas veces en que recordé lo afortunada que era por haber encontrado a un hombre como mi prometido.

Había sido bendecida.

A las cuatro, mi teléfono móvil vibró. Normalmente intentaba no tomar llamadas personales mientras trabajaba, pero ahora estaba sola en mi cubículo y no iba contra las reglas, así que contesté. Vi que era Edward y sonreí.

"Hola," respondí.

"Buenas tardes," dijo Edward animadamente por el teléfono. "¿Qué tal tu día hasta el momento? ¿Cómo ha ido tu presentación?"

"Mi día ha estado bien y mi presentación también, creo. Todo está bien," le aseguré. "¿Y el tuyo?"

"Ha sido fantástico, que es la razón por la que estoy llamando. Tengo algunas noticias que compartir y me estaba preguntando si querías reunirte conmigo para cenar después del trabajo," dijo.

"¿Quieres cambiarte primero y luego ir a alguna parte?"

"No, vayamos directamente después del trabajo. Tu oficina no está muy lejos de la mía. Podemos encontrarnos en algún lugar a mitad de camino. ¿Tal vez ese restaurante francés de Poultry?" sugirió Edward. "Puedo hacer una reserva."

"Ooh, elegante. ¡Deben ser muy buenas noticias! Suena genial," acepté. "¿A qué hora puedes salir del trabajo?"

"Probablemente no hasta las seis," contestó. "¿Es un problema? Sé que normalmente dejas la oficina antes."

Sacudí la cabeza. "No, está bien. Simplemente haré trabajo extra esta noche."

"Entonces haré la reserva para las seis y cuarto y me encontraré contigo allí," confirmó Edward. "Te amo, Bella."

"Yo también te amo, Edward," le dije antes de que termináramos la llamada y yo volviera a mi trabajo.

A las seis dejé la oficina y empecé a caminar la corta distancia hasta el restaurante. Hacía un día hermoso afuera, más frío de lo normal, pero parcialmente nublado, con el sol apareciendo de vez en cuando. Realmente amaba esta ciudad. No había arrepentimientos, ni una vez en la que deseara haberme quedado en Seattle o en algún otro lugar de los Estados Unidos. Aquí era dónde debía estar.

Edward me estaba esperando en la acera a la entrada del restaurante. Me incliné para darle un rápido beso en los labios, pero él no me permitió alejarme tan rápido como había planeado. Sus labios se movieron lentamente y los míos correspondieron por voluntad propia. Tras varios segundos, me permitió respirar.

Solté unas risitas. "Wow, estás de muy buen humor," noté. "La anticipación de esta buena noticia me está matando."

"Te lo diré pronto," susurró en mi oído. "Vamos, reclamemos nuestra reserva."

El restaurante estaba en una terraza en el tejado, así que tuvimos que coger un elevador hasta el último piso del edificio. Edward le dio su nombre a la anfitriona y ella nos llevó a una mesa para dos que estaba a un costado de la terraza y daba a Market Square.

"He leído sobre este lugar en una revista," le comenté a Edward cuando nos hubimos sentado, "pero es incluso más bonito de lo que las fotos lo hacían parecer. ¿Has estado antes aquí?"

Mi prometido sacudió la cabeza. "No, pero he pasado varias veces. Además, no vamos a cenas elegantes muy a menudo. Ya era hora."

"Y también porque tienes buenas noticias," insté, intentando hacer que finalmente me lo dijera.

Casi pareció que iba a soltarlo, pero entonces se acercó nuestro camarero. "Bon soir," nos saludó en francés. "Mi nombre es Jean y seré su camarero esta noche. ¿Puedo empezar por traerles algo para beber?"

Edward miró brevemente el menú de bebidas y luego me miró a mí. "¿Qué te parece champán?"

"¿Qué tipo de pregunta es esa? Ya sabes lo que me parece el champán. Me encanta," declaré. "Pero depende de ti."

"Dos copas de Veuve Cliquot," le dijo al camarero "y una botella de agua."

"Maravilloso," dijo Jean con su cerrado acento antes de marcharse.

"¿Champán? Cariño, si no me dices estas buenas noticias, voy a tener que sacártelas a palos," dije con una risa. "Venga. Dímelo, dímelo, dímelo."

Edward sonrió ampliamente por mi entusiasmo infantil. "Vale. Mi jefe me llamó a su oficina esta tarde, me sentó y empezó a hablar de lo innovador, creativo, y trabajador que soy. Hizo un recuento de mis éxitos y luego finalmente dijo que obtenía un ascenso."

"¡Oh Dios mío, eso es fantástico! Te subió bastante el ego, ¿verdad?"

Rió. "Sí, se podría decir."

Estiré el brazo a través de la mesa y él tomó mi mano. "Lo mereces. ¿Qué posición es?"

"Director," anunció victorioso, "lo que significa que ahora tengo gente respondiendo ante mí. Tengo mi propio equipo. Será en el mismo departamento, pero hay muchos otros asesores que podrían haber elegido. Nunca habría pensado que sería yo."

"Yo lo habría pensado," discrepé. "Eres el mejor y parece que ellos también lo han visto."

"Y la mejor parte es que viene con un aumento del veinte por ciento," siguió Edward, "y es el momento perfecto con todo esto de la boda. Puedo planear la luna de miel perfecta para nosotros."

"Cariño, eso es genial," dije entusiasmada. "Estoy muy entusiasmada por ti."

Nuestro camarero volvió con dos copas de champán, dos copas vacías y una gran botella de Evian. Lo puso todo en la mesa y luego nos dijo que nos daría unos minutos más para mirar el menú.

Cogí la copa de champán y la mantuve en alto. "¿Por tu ascenso?"

Edward sacudió la cabeza mientras copiaba mis acciones. "Por nuestro ascenso y por nosotros."

Sonreí de acuerdo mientras nuestras copas chocaban.


Hola!

Aquí tenéis el nuevo capítulo.

Esta semana no ha habido adelanto porque he tenido demasiadas cosas que hacer y no me ha dado tiempo, pero el miércoles tendréis un adelanto del cap 22.

Es muy tarde aquí, así que me voy ya, solo deciros que acabo de subir a mi blog el adelanto del cap 2 de Aprender a Vivir.

Me voy a subir el cap 2 de Faking It. Muchas gracias por vuestros reviews, alertas y favoritos y también a los que solo leeis.

Nos vemos el sábado.

-Bells, :)