Mis débiles mortales, sé que Damian no se merece todo lo que le voy a hacer, pero si no él no sufre ¿Quién más sufriría? Aja, soy la persona más cruel del universo entero, línchenme de una buena vez. Como voy a tratar de aprovechar mi tiempo al máximo, dejare de entretenerlos con mi auto juicio y pasaremos al capitulo vigesimoprimero.
(Narrado en primera persona. Estos acontecimientos ocurrieron antes del encuentro con Batman)
Jack
Cuando aún era muy joven, luego de escaparme de la garra de mi tutor Terrence Troy (ok, no tan joven), con solo ocho años recién cumplidos conocí a un engendro satánico, literalmente hablando, y lo peor de aquel demonio es que era, es y ,muy a mi pesar, seguirá siendo mi primo.
La bahía de Ghost Town siempre se ha caracterizado por su agradable clima y aquella tarde no era la excepción. Una suave brisa marina rozaba las pieles de sus habitantes, el sol caía lentamente perdiendo la batalla con la noche, los niños del pueblo jugaban en la cálida arena de la playa, los adultos disfrutaban la fresca tarde vigilando a los chamacos, otros trabajaban y familias enteras paseaban por las calles de mi tierra.
Ajeno al ambiente fiestero de mi pueblo natal, me encontraba sentado en la cima de un peculiar acantilado, sinceramente mi pose hacía que pareciera Spiderman vigilando la ciudad. Una leve sonrisa pintaba mi rostro bronceado por mi arduo trabajo bajo el sol del mediodía, si lo sé, robar no es algo de lo que me sintiera muy orgulloso pero debía sobrevivir, aunque eso me convirtiera en un criminal.
Dejando de lado lo sexy que era en esos tiempos (¿A quien engañas, Damian? Sigues siendo una chulada), concentrémonos en el por que de esta historia.
Mis ojos se entretenían en el constante movimiento del balón con que aquellos niños jugaban. Un grupo de chavales, aproximadamente unos diez, consumían el resto de la tarde jugando un partido de futbol, se veían tan felices y despreocupados que llegue a sentir envidia de esos chavos absolutamente desconocidos. Por más que quisiera bajar de mi "casa" y unirme a los chicos no podía hacerlo, de seguro se espantarían con mi presencia, así que tan solo me limite a envidiarlos en la lejanía.
Las agujas del reloj volaron y en muy poco tiempo la tarde anaranjada había cedido ante la intensa negrura de la noche. Había llegado mi hora, debía salir a "trabajar", pues mi estomago crujía del hambre. A penas si había comido en todo el día un sándwich que conseguí quitarle a un crío de preescolar, y si, ese fue un acto inhumano e injusto, más tenía que comer y en esos tiempos mi egoísmo alcanzaba sus limites.
Los músculos de mi estomago temblaban bruscamente, exigiendo aunque sea un miserable pedazo de pan duro para calmarse. La ira de mi organismo aumentaba mientras recorría las calles en busca de mi cena. Una variedad de olores intensos llegaban a mis fosas nasales, provocando que la boca se me hiciera agua. Suspire al pensar en toda esa deliciosa comida emanando su fragancia hasta mi nariz y al mismo tiempo apreté los puños, envidiando a toda la gente que vivía a plenitud.
Me daba rabia tener que mendigar mis vivires día tras día. No quería tener que levantarme al salir el sol por un poco de comida, ocultarme en las sombras de mi amado pueblo por temor de volver a la correccional y acostarme a altas horas de la noche luego de un extenuante día.
Mi malagradecido estomago volvió a rugir, proclamando su miserable existencia, como si no me acordara de él. Bufé al percatarme de los violentos rugidos del desgraciado y seguí caminando, sentía las piedrecillas del asfalto bajo mis pies descalzos. La planta de mis pies estaba magullada, con unos pequeños cortes y un ligerísimo callo comenzaba a cubrirles, producto de tantos días con los pies desnudos al albedrío de la naturaleza.
Entonces lo vi, un puesto de churros en la esquina. Oh, olían tan bien, el azúcar mezclada con la manteca y la harina, friéndose en aceite caliente provocaron que un hilillo de saliva surcara la comisura de mis labios. Me relamí los labios con auto suficiencia, recostado en la pared de una casa cualquiera, pensando en un plan criminal perfecto para robarme una buena cantidad de churros y salir limpio de mi delito.
Debo admitirlo, mis habilidades como delincuente son espectacularmente asombrosas. No había pasado un minuto siquiera pero ya tenía armado un plan y como todas actividades, mi plan era sencillamente, con toda la humildad del mundo (Damian, eso no te lo crees ni tú) maravilloso, oh si tío, tendría un futuro genial como criminal. Como sea, me quite mi pesada chaquete beige que una amable ancianita había tenido el gusto de regalarme, y a decir verdad, era bastante útil. Me camuflaba, me abrigaba en los escasos inviernos y me protegía de las balas perdidas, o intencionales que se dirigían hacia mí.
Luego me despoje de mi camisa azul, esa me la había encontrado revolcando en los basureros, sigo sin entender como la gente desperdicia ropa en tan buen estado, bestias incivilizadas (o miren quien lo dijo, el crío más honesto del planeta Tierra) y solo me deje la camiseta del Flash, mi posesión más preciada. Se le había cogido prestada, sin permiso, a un niño unos años menor que yo, si, eso se llama robar pero ¿Y que? Adoraba esa camiseta, no solo me hacía lucir genial sino que también tenía el personaje favorito de mi hermana en ella.
Parecerá imposible, pero el súper héroe favorito de Kimberly, por sobre todos los otros héroes, era el Flash, especialmente Barry Allen, Flash II. Por ese cursi y desgraciado motivo me pasaba horas enteras frente a mis cómics, por ella era que acababa mis lápices en menos de una semana, dibujando al velocista sobre humano, hora tras hora. A Kim le fascinaban mis dibujos a lápiz, aún más si el protagonista de la hoja era el inigualable Flash, ella simplemente los adoraba, lo adoraba, me adoraba y yo la adoraba como a nada en este mundo.
Sonara demasiado cursi, lo sé, más la imagen de Barry Allen en aquella camiseta, que alguna vez fue blanca, me hacía sentir que todavía la tenía a mi lado. Que aún podía escuchar su voz, suplicándome que espantara los monstruos bajo su cama, sus inmensos ojos avellana en donde se reflejaba el único mundo que me gustaba ver, su sonrisa de oreja a oreja cada que me superaba en alguna actividad.
El aparentemente insignificante Flash estampado en la camiseta, me hace sentir que Kimberly aún vive.
Lentamente me fui acercando al puesto ambulante, admito que tenía un poco de miedo latente, pero más intenso que mi miedo era mi hambre. Si, el hambre, la exagerada necesidad de sobrevivir era lo que me obligaba a robar.
-Disculpe, señor- llame su atención con la voz más infantil que todavía tengo- Pero me parece que le están buscando por allá-mentí mientras señalaba el lugar más lejano del puesto de churros.
-¿De verdad, pequeño? ¿No será que tal vez yo te busque a ti, Damian?- el sujeto me respondió enigmático y por alguna razón su voz me heló la sangre.
De forma súbita el miedo me invadió. Había algo en los penetrantes ojos ámbares de ese tipo que me intimidaba, la manera en la que pronuncio mi nombre a pesar de que no recordaba haberlo visto nunca en mi corta vida. Pero una cosa es no acordarse de alguien y otra muy distinta es no haberle visto. El sujeto de cabello castaño fue acercándose a mí, con cierta satisfacción en su pálido rostro, no sé por que se me hacía familiar, juro que se parecía a mi padre, más no sabía si tenía más familiares en este país.
Repentinamente el hombre sujeto mi rostro, acariciándolo levemente y este gesto provoco que me estremeciera. Aunque aparentemente yo no le conocía, él si parecía conocerme, es más yo parecía importarle. Paso de acariciar mi rostro a revolver mi cabello oscuro, con tanta confianza y aún si enserio me molestaba la manera en como me trataba aquel extraño, no tenía el valor suficiente para impedírselo. Me sonrió de manera un tanto sádica, causando que mi terror se incrementara (Oh, por Dios ¡Van a violarlo!), por un momento llegue a creer que me violaría (¿Qué les dije? Anótenme un punto, débiles mortales). Trague saliva al ver que el maldito se arrodillaba hasta quedar a mi altura y sujetó mi hombro con fuerza.
-Has crecido, Damian… Ya sabía yo que te harías fuerte, no tanto como esperaba pero voy a divertirme contigo. Creo que gane la apuesta, eh Joseph- la sola mención del nombre de mi papá por parte de ese tipo congelo mi sangre.
-…- se me atoraban las palabras, se enredaban en mi garganta y me impedían hablar. Me sentía como el ser más estúpido en el universo, joder, quería gritar, huir pero no podía, por una indescriptible razón algo me unía al hombre, y me asustaba saber que era.
-Oh, perdón ¿Te he asustado, querido Damian?- cuestionó el castaño, como si le interesara el miedo que lentamente me consumía. No me agarraba, ni me sujetaba con violencia, solo me revolvía el cabello como si fuera su hijo, sin embargo no conseguía correr.
Comencé a sentirme mareado, un poco desorientado, no sabía que me sucedía pero sabía que no presagiaba nada bueno.
El hombre bajo de mi cráneo hasta llegar a la nuca, yo solo me limite a tragarme toda la saliva que había acumulado en mi boca, producto del insaciable miedo que consumía mis entrañas. Lo que paso después, no lo recuerdo, tan solo sé que presiono mi nuca con suavidad, repentinamente me dobló el cuello, oí el traqueo de mis huesos y caí al piso sin más.
Abrí mis parpados con lentitud, con miedo de ver donde me encontraba ahora, más los abrí. Mis pupilas recorrieron todo el recinto, no estaba en la esquina de Ghost Town, no, este era un lugar distinto, una especie de mansión.
Y a decir verdad, era un lugar bastante lujoso. El vestíbulo, supongo que ese era el vestíbulo, era amplio, podría jugarse un partido de futbol con espectadores y todo allí, el suelo era de marfil blanco, brillante y de seguro muy caro, unas grandes y anchas columnas de mármol azul grisáceo, unos que otros sillones vino tinto, en fin una sala de gente rica común (Como la mía, nah… a veces miento tanto).
Retrocedí asustado, sin siquiera levantarme, por que aunque quisiese ponerme de pie algo me impedía hacerlo. Las desgraciadas piernas no me respondían, como si se hubiesen revelado a las ordenes de mi cerebro, lo intente por todos los medios pero el resultado fue el mismo, caía al suelo bruscamente, cada vez con menos fuerzas. Luego de darme contra el piso varias veces, decidí rendirme, después de todo no tenía mucho que defender.
Un brusco escalofrió recorrió mis vertebras al encontrarme el retrato del maldito señor que me había puesto en esta situación. Ahí, pintado en oleo, su cabello castaño, abundante, peinado hacia el lado derecho y con las patillas largas, tan inevitablemente parecido a mi padre que acrecentaba mi terror segundo a segundo y sus ojos ámbares, oh, esos malditos ojos me escrutaban con tanta atención, podía sentir como el oleo recorría mi cuerpo de arriba a abajo, encontrándose con los míos mientras mi respiración se agitaba, mientras el terror abrasaba mi cordura.
-Mira, Jack, nuestro visitante ha decidido despertar- escuche la voz del hombre proviniendo de alguna oscura esquina y su voz solo provoco que se me erizara la piel.
-¿Q… q… quien eres tú? ¿Qué… que quieres de… mi?- fue lo que alcance a balbucear antes de que la cobardía atajara mis palabras.
-¿Qué pasa? ¿Acaso doy tanto miedo, Damian?- inquirió el hombre mientras se acercaba a mi, pensé que me machacaría a golpes pero se detuvo a unos escasos metros y cruzo los brazos- Te comprendo, debe de ser muy difícil actuar valientemente cuando alguien sabe tanto sobre ti y tú no sabes ni su nombre, ¿verdad, sobrino?
Bum bum bum… Sobrino, esa palabra tan familiar, tan común, causo que mi corazón se detuviera por completo, provoco que abriera mis ojos con asombro de crío en navidad e hizo que la respiración se me congelara.
Sobrino, sobrino… repetí la palabra mentalmente, tratando de familiarizarme con la situación que vivía, ¿Yo era su sobrino? Ese hombre tan peculiarmente maligno ¿Era mi tío? Las cosas iban perdiendo el sentido con cada palabra que el tipo pronunciaba, él contradecía las fuertes creencias que la mismísima experiencia mi había inculcado, hasta el punto de creer que yo no sabía nada sobre mi mismo.
-¿Sobri… no? ¿U…usted es mi tío?- tartamudee con esfuerzo, mientras tragaba saliva, aún no podía creerme lo que me decía.
-¿Ah, no lo sabías? Pero que mal padre fue Joseph, no puedo creerme que mi propio hermano no le haya dicho a mi sobrino de mi existencia- jactó el castaño, incrementando mi sorpresa.
-¿Co… como sabe el nombre de mi padre? Yo no… yo no puedo ser su sobrino, usted… usted no puede ser mi tío- dije sin más, mientras un sudor frio descendía por mi rostro.
-¿Eres un poco lento de entendimiento, cierto? Claro que soy tu tío, idiota, oh si no… ¿Cómo crees que sé tanto sobre ti, Damian? ¿Busque tu biografía en internet?- me contesto sarcástico, y yo, como el estúpido niño que era (O que sigues siendo) quede estupefacto- Permíteme presentarme, Henry Jr. BlackTodd-dijo mientras me ofrecía la mano.
Decidí callarme, durante ese breve y confuso periodo de tiempo me di cuenta de que era mejor permanecer mudo, no quería que me siguieran contradiciendo, el miedo y el orgullo me lo prohibían, así que solo me limite a sostenerle la mirada.
A pesar de que mis pupilas chocaran largamente con esos orbes color ámbar, fui completamente incapaz de seguir con su misterioso juego. Desvié la mirada rápidamente, pasando de ver al hombre al los ojos a enfocar toda mi atención en la unión del marfil. Joder, sentía que el pecho iba a estallarme, mi corazón latía endemoniadamente, causándome dolor. Cerré los parpados con la poca fuerza que aún me quedaba, mientras palpaba el helado sudor descendiendo por mi rostro, empapando mis labios antes de caer al suelo.
-¿Te comió la lengua el gato, Damian?- alguien se burlo de mi, más esa voz no le pertenecía a mi supuesto tío. Esa aterradora voz la había escuchado, aquella vez… Oh mierda, fue mi único pensamiento.
Él, ese desgraciado emergió de las sombras, doblando sus labios en algo que parecía ser una sonrisa, pero no la sonrisa de "me alegra que hayas venido, mírate ya eres todo un hombre", no, esta sonrisa era más macabra, esta sonrisa sentenciaba mi vida.
Un joven alto, probablemente unos tres años mayor que yo (en otras palabras, estaba viejo), el imbécil había crecido, demostrando su superioridad sobre mi. El verdugo de mi familia, el responsable de mi asquerosa vida, se encontraba frente a mí, sonriendo, provocando en mí ser unos extraños pero fervientes deseos de matarle. Su cabello castaño oscuro, con unos cuantos reflejos en purpura, su peinado tenía un toque clásico, antiguo, un espeso capul sobre su frente, abundante pelo rodeando sus orejas para terminar más arriba de la nuca ligeramente ondulado. Ojos grises como el acero, penetrantes, neutros, absolutamente inescrutables y la piel bronceada, en definitiva era él.
-Veo que me recordaste, adorado primo… Considerando que la última vez que nos vimos tenías siete…- terció arrogante, mientras yo fruncía el ceño, producto del odio que ardía en mi alma.
-¡Pero mira, hijo! Damian resulto tener una memoria a largo plazo maravillosa- Henry intervino, aparentemente feliz por haberme acordado de el maldito asesino que tenía por hijo.
-¿Oye, padre? ¿Puedo divertirme con él?
Trague saliva al oír ese interrogante, ¿Qué demonios quería significar aquello? Esa desgraciada cuestión hizo que el pecho me doliera todavía más, descontrolo mi respiración hasta el punto de parecer que recién terminaba de intimar y provoco que el poco coraje que había conseguido al verle, fuera ahogado por el terror invasivo que se alimentaba de mi frustración, de mis fracasos.
-¿No te parece que es muy pronto, Jack? Creo que te divertirías más si jugamos un poco con él…- le sugirió Henry, traqueando los dedos. Aunque al parecer al chico no le agrado la idea y le dirigió una mirada tajante al padre- Como quieras, sabandija, al menos hazlo justo… No sería nada divertido acabar con él de un golpe.
-En eso tienes razón, querido padre. Si voy a matarle por lo menos debería ser un combate justo, ¿O tu que opinas, Damian?- el chico me miro como si le importara lo que yo pudiera pensar, y por más que quise evitarlo, temblé con brusquedad.
Y simplemente le mire a los ojos grisáceos, en un patético intento de hacerme el héroe. Quise levantarme, golpearlo hasta saciar la furia que inundaba mi alma. Aunque jamás me había inclinado por la violencia, justo ahora deseaba la muerte de alguien, ansiaba rasgarle la carne y romperle las venas… Ese pensamiento me asusto un poco, pero no debía negarlo, me agradaba el hecho de matarle.
Pero ni siquiera mis ganas de matarlo fueron suficientes para cumplir con mi objetivo. A pesar de odiarlo con vehemencia, en ese entonces no era más que un débil chaval de diez años, obligado a desconfiar para vivir un día más, por que nadie tiene la certeza de respirar el mañana.
-Tomare eso como un sí, pero te advierto que tendrás que dar lo mejor de ti, Damian, no me conformare con tu permisividad- me amenazo Jack, mi primo, mientras su padre le daba un objeto enfundado- Ten, lo necesitaras más que yo, era de tu padre, Damian- dijo al lanzármelo.
Agarré el objeto con torpeza, pues no había previsto que me lo arrojaría, por poco se me resbala de las manos, más logre sujetarlo para no quedar como un imbécil frente a esos sujetos que decían ser mi familia.
Lo palpe, la funda estaba hecha de cuero de vaca, rustico, pero bien cuidado, lo que indicaba que seguramente también tendría cierto valor sentimental para el hombre. Me concentre en la textura del estuche para desgastar el tiempo, para que se aburrieran de mí y me aniquilaran rápido y sin dolor, en el mejor de los casos. Los dos me analizaron atentamente, de forma imperiosa, esperando con impaciencia el momento en el que abriera la funda. Pero no iba a darles el gusto, oh no, si esta era mi única forma de hacerles sufrir, la disfrutaría con un placer que ustedes no van a entender.
Me entretuve severamente con el estuche de cuero, lo observe a fondo a pesar de que no tenía mucho que observarle. Esbocé una sonrisa al percibir como la impaciencia de los sujetos aumentaba con mi demora, por algún tímido motivo que no quería dar la cara, me fascinaba incrementar sus ansias a propósito. Cuando vi que ya los había estresado lo bastante para saciar mi deseo de sufrimiento, desenvolví el objeto lentamente, con drama.
Ciertamente yo también estaba ansioso, quería ver que era lo que tanto atesoraba mi tío, y si podía quedármelo, después de todo era de mi padre, yo era su heredero. Ahí inmóvil, intacto y todas las palabras que comiencen con in, el arco de mi padre, el desgraciado arco que solo había visto una vez en toda mi vida, hasta ahora.
Un arco de bambú laminado, según lo que alguna vez leí un arco "yumi", el arco de los samuráis. Medía unos dos metros con veintitrés centímetros de largo, bastante alto para ser verdad, superaba mi altura por unos sesenta centímetros ya que en esos tiempos medía un metro con cincuentaicinco. Sus puntas estaban reforzadas con una madera dura, aunque no podía identificarla. Tensé la cuerda para escrutarla, no era más que un largo y tensado hilo de cáñamo, y sin embargo la cuerda era virgen como el resto del arma.
Continúe desenvolviendo la funda, causando que las flechas pertenecientes al arma, a mi padre, rodaran y terminaran sobre le suelo de marfil. Recogí una con sumo respeto, con admiración, con una profunda e hiriente nostalgia. Las flechas estaban talladas en roble, algo delgadas pero considerablemente resistentes, fuertes, la punta era de carbono y el emplumado era de plumas reales, plumas de pavo. Sujete la flecha con firmeza, sintiendo como algo se quebraba en mi interior, como un tenso hilo de nostalgia se cosía en mis recuerdos.
Apreté la quijada de manera brusca al sentir como las brasas de la ira más pura ardían en mi alma con velocidad. Forcé la mano con la que agarraba el arco, tensando los pocos músculos que poseía, me levante determinadamente y mire al desgraciado de mi primo a los ojos. Pero ni siquiera la determinación de matarle que se reflejaba en mi rostro consiguió intimidarlo. Al contrario, le alegró, el maldito sonrío con sorna mientras sacaba su espada. Oh… ese imbécil de mierda…
-Ja, con que has tomado coraje, Damian. Uff, pensé que no opondrías resistencia y tendría que romperte la cara con facilidad…- miserable canalla, yo ahí deseando matarle y él feliz al percatarse de mis no muy puras intenciones- Venga querido primo, comencemos el juego.
Jack desapareció y en menos de un maldito segundo ya había golpeado mi quijada, mandándome a volar por el recinto. Me arrastre por todo el suelo raspándome la cara, pero al parecer a mi oponente no le importo, hundió la empuñadura de su espada en mis costillas, para luego encajarme una brutal patada en la mandíbula, provocando que saliera disparado por los aires (Si lo sé, mis batallas serán muy estilo Dragon Ball).
Pero no tenía tiempo de creerme Superman, puesto que mientras yo descubría lo que era volar, Jack se elevo rápidamente, volviendo a desaparecer, me concentre en buscarlo con la vista, más cuando lo encontré el joven me ataco por la espalda, golpeándome la cabeza con sus dos manos y salí disparado como un proyectil hacia el piso. El impacto en el marfil no fue menos brutal que el ataque, literalmente hablando atravesé el suelo con mi cabeza, quebrándolo y causándome una severa contusión.
Tenía miedo, nunca había presenciado un combate tan excepcional como el que me daba mi primo. Sobé mi cabeza, afectada ligeramente por el golpe, no debí hacerlo, dicen que el que piensa pierde, y en este caso podría aplicarme el adagio.
A duras penas logre levantarme, el castaño se abalanzo sobre mi, encajando su rodilla en mi estomago para sacarme el aire. Solté un gemido seco cuando mis pulmones se vaciaron casi por completo, luego un codazo me impacto en la mejilla derecha, por poco me desnuca y para completar la tanda de golpes me agarro una pierna, levantándome a unos cinco metros y después me dejo caer a mi suerte contra el piso.
-Puf, creí que esto sería más divertido, Damian. Al parecer me equivoque, eres un niñato, un chaval enclenque…- jactó Jack toscamente mientras me levantaba por la camisa- Vamos, Damian Todd, levántate y lucha por algo, venga la muerte de tus padres, de tu hermana- dijo esto ultimo tratando de animarme, y después romperme el tabique de un golpe.
No respondí, solo me limite a ponerme de pie con patético esfuerzo, pensé que me había quebrado todos los huesos del cuerpo, puesto que el más mínimo movimiento implicaba una gran cantidad de indescriptible dolor. Cuando conseguí un poco del tan ansiado equilibrio, me fije en la mano izquierda, aún sujetaba el arco de mi padre con todas mis fuerzas (o sea muy pocas), asombrándome. Mi mente no lograba concebir la idea de que luego de semejante paliza que me habían dado, que apenas comenzaba, yo continuara agarrando esa arma como si fuera sagrada. Peor, había tenido el arco y las flechas en la mano todo este desgraciado tiempo y yo ahí dejándome golpear como un infeliz perro callejero, oh, en esa época era tan imbécil.
Tallé el hilo de sangre proveniente de mi nariz, fruncí el ceño y me incline un poco hacia adelante, ya que todavía no había recuperado el oxigeno suficiente. Me erguí con determinación, empuñe el arco causando que la sonrisa de Jack se ensanchara aún más, pero no me importo, apreté el arma con fuerza, sintiendo como los músculos me temblaban de esfuerzo y me dispuse a atacarlo. Después de todo, él había dicho que lo atacara con todo mi poder y uno debe tener mucho cuidado con lo que desea ¿no?
-Tú… tú…- balbucee al empuñar mi arco, mientras sentía como algo ardía en mi interior, algo desconocido pero extrañamente placentero-… Tú, ¡Eres un desalmado miserable!- bramé cuando me abalancé sobre Jack.
Intente encajar un gancho izquierdo directo a su quijada, más este logró atajarlo, protegiéndose con su antebrazo derecho, creando una pequeña onda expansiva que partió levemente el suelo bajo los dos. Me quede incrédulo, jamás había llegado siquiera a suponer la fuerza que tenía, siempre me había considerado un humano promedio, normal y sin embargo la batalla que sostenía con mi primo, me demostraba lo contrario.
Dejé de concentrarme en mis pensamientos para propinarle un rodillazo en el pecho, dejándole aturdido por un breve instante. Jack me regalo un golpe justo en el esternón, causándome un gemido, ni siquiera conseguí recuperarme del puño, ya que el oji gris me tumbo al suelo con la hoja de la espada, haciéndome caer y también cortarme las piernas con ligereza. Estaba a punto de recibir un brutal golpe en el rostro por parte de mi primo, más por fortuna conseguí detenerlo en seco con el arco, admito que me dolió un poco, ya que la fuerza del impacto logró traspasar el bambú, pero logré atajar el voraz puño. Luego de recuperar mi autoestima, (¿Qué dijiste ahí? ¿El superhero?) Alcé mis piernas, encajándole una violenta patada en las costillas y luego de empuñar mi arma, le lancé una flecha a quema ropa que solo consiguió cortarle un poco la oreja izquierda.
-¿Con que así quieres jugar, no Damian? Bueno, no te preocupes por mí, tengo algo mucho más peligroso que una patética espada- terció el desgraciado, arrojando su espada al suelo de un modo simbólico. Yo me asuste, es que por Dios, por Kami-sama, Jack debía ser muy poderoso si desechaba la espada de esa manera.
Más no me deje intimidar, pues cada uno de los golpes que le había dado, sin importar si fueron certeros o fallidos, habían creado una onda expansiva bastante fuerte, lo cual me hacía tener confianza, tal vez me mandara al hospital, pero por lo menos entraría a urgencias con la satisfacción de no haber sucumbido tan fácilmente. Tensé el cáñamo del arco ya cargado, esperando el momento de atacar, no sé por que, pero una sonrisa adorno mi rostro con la sola idea de hacerle daño.
Libere la flecha con cierta imperiosidad, ansiando herirle, pero mis deseos de herirle no le impidieron a Jack ser más rápido que mi arma, ya que consiguió esquivarlo sin hacer mucho esfuerzo, aunque igualmente le corto un poco la mejilla.
Como ya era de esperarse, el desgraciado se esfumo en el aire como el polvo, volviendo a aparecer en frente mío y regalándome un voraz golpe en la quijada, después me enterró un codo en el cuello que podría haberme matado, para terminar mandándome como una bala gracias a un poderoso golpe con una esfera de energía rosada que no había previsto. Acabe en el otro lado del vestíbulo, que probablemente tendría unos dos o cuatro metros de ancho, sobándome la nuca luego del brutal choque contra la columna de marfil, que había destrozado por completo.
Jack saltó unos buenos metros y se mantuvo suspendido en el vacío, luego se dirigió hacia mí con una velocidad tan abrumante, que me impidió reaccionar. Extendió la palma de su mano mientras me miraba arrogante, en contra de mi deteriorada lógica, comenzó a formar una esfera violeta, no identificaba que era, pero no podía estar hecha de algo que yo hubiera visto antes. Una esfera de algo que asemejaba el ki, ¿Sería posible que el ki existiera?, y si así era ¿También existían los saiyajins?, rasque mi barbilla pensando en la respuesta, hecho que le dio tiempo a Jack de atacar.
Me lanzó la ráfaga de energía a quema ropa. Pude sentir el calor a medida que la esfera se acercaba a mi vulnerable cuerpo. Tal vez por instinto, un instinto latente que se libero en mí, conseguí contraatacar. Sin saberlo, como si alguien más hubiera tomado control de mis acciones, expulse una esfera de la misma energía, color celeste que emano de mis manos e impacto con la de mi primo. Los dos ataques tenían tanta potencia que crearon una onda expansiva más grande que las anteriores, provocando que el delicado y costoso marfil se fragmentara y salieran volando. Jack lo esquivo por poco, observándome con algo de temor.
Miré mi mano, asombrado, no tenía la más desgraciada idea de que había hecho. La palma humeaba, como si me hubiese quemado, balbucee incoherentemente al notar que mi ataque con el de Jack habían atravesado la pared, y de seguro había atravesado otras habitaciones. Tragué saliva, no concebía la idea de que tanto poder hubiera emanado de mí, ni siquiera creía que algo parecido al ki, o al cosmos (Lo sé, soy tan otaku) existiera en la realidad, aunque podría estar muerto. No importaba si esta era la realidad o un sueño, el punto era que mi primo aprovecho mi momento de reflexión para romperme la cara con otra esfera, esta vez de color rosado, fui capaz de sentir como la piel se desgarraba, las venas se rompían y el liquido escarlata se liberaba.
Choqué contra una de las paredes, fragmentándola en varias partes, me deslice por ella hasta terminar en el piso, con el rostro bañado en mi sangre. Ahora veía borroso, apenas podía distinguir la ficción de la realidad, sentía como el rojo se deslizaba por mi rostro, a duras penas conseguía atrapar un poco de oxigeno para luego desecharlo y tener que conseguir más. Pero aunque ya experimentara el velo de la muerte cubriéndome, no debía rendirme, no, mientras me quedara un suspiro con el cual luchar esta batalla no se daría por terminada.
Volví a levantarme con patetismo, perdón, quise decir, heroísmo (cof…cof…cof) Divise el arco en el suelo, enterrado entre los escombros del combate, incluso alcance a escuchar un coro de ángeles al encontrarlo, más no lo recogí. No, el arco era genial y todo, te hacía sentir como un verdadero samurái, pero había descubierto algo aún mejor, no tenía idea de como se le llamaba a eso, de lo único que estaba seguro es que era absolutamente genial. Me sentía como Goku, más poderoso que el mismísimo Gohan, me sentía al nivel de Ikki de Fénix, oh, era sensacional sentirse así, más todo poder conlleva responsabilidades y yo no sería la excepción.
Jack, literalmente hablando, voló hacia mí, con su puño derecho extendido envuelto en unas llamas rojas como la sangre, dispuesto a terminar con mi miserable existencia. Logré saltar antes de que impactara en mi abdomen, después de caer me puse enfrente de Jack y le lancé una patada justo en la quijada que lo desconcentro por un instante, luego, el castaño trato de encajarme una patada en las costillas, pero conseguí frenarle en seco. De nuevo mi mano izquierda se encendió, con la misma desconocida energía, ahora la energía asemejaba una corona dorada que poco a poco parecía ir incrementando su poder, sonríe con cierto maquiavelismo y segundos después le encaje el golpe en la clavícula.
Lo mande a volar, así como él había hecho tantas veces conmigo. Observe su cuerpo cruzando los aires, con la aparente corona presionándole la clavícula antes de que se impactara en el retrato de su padre. Me sentí sádicamente satisfecho al verle herido, así que pinte una sonrisa en mis labios, una sonrisa maliciosa. A penas vi que Jack alzaba el rostro me precipite hacia él, le hundí la planta de mi pie izquierdo en el pecho, haciéndolo gemir del dolor, luego le impacté la sien con mi puño derecho para terminar reventándole la ceja de un golpe crudo con los nudillos.
Enderece la espalda al terminar de molerlo a golpes, no sé por que, pero se sentía tan bien llevar la ventaja. Cuando eras tú el que propinaba los feroces ataques comenzaba a encantarte el hecho de pelear, cosa muy rara en mí, puesto que nunca me había gustado lastimar a alguien físicamente. Más no importaba, era la primera vez en todo el combate en la que no me molían a voraces puños, y estaba dispuesto a disfrutarla.
Pero lo sonrisa me duraría bien poco.
Tan embelesado estaba en el dulce sabor de mi efímera victoria que no me percate de la complicidad que reflejo el rostro de Jack, quien junto las manos sobre su pecho, una encima de la otra y empezó a formar una espada abstracta de energía negra como la noche, recitando unas palabras en otro idioma con una voz terriblemente inaudible. Solo me entere de la existencia de aquel poder cuando Jack bramó algo que no entendí y la espada se precipito a atravesarme.
-¡Shi no ken!- rugió el castaño al liberar la poderosa espada negra.
Y yo no pude hacer nada, tuve que aceptar aquella filosa hoja que invadía mi cuerpo, que rompía mi carne y atravesaba mis huesos. Escuche el sonido de mis costillas quebrándose a medida que el cortante filo de la espada penetraba en mi pecho, arrebatándome la inconmensurable fuerza que había reunido en tan poco tiempo de un golpe certero y absoluto.
Caía con fiereza al marfil, quebrándole por completo, el pecho me ardía como si me incineraran y una mueca de intolerable dolor reinaba en mi sangrante rostro.
Respiraba agitadamente, buscando el aire que poco a poco se escapaba de mis pulmones, la vista se me acabo de empeorar y el corazón me latía a mil, chocándose bruscamente contra las pocas costillas que aun permanecían intactas, luchando desesperadamente por recuperar la sangre que iba perdiendo con lentitud. Experimente como el fluido escarlata huía de mi organismo con cierta parsimonia que alargaba mi martirio, podía sentirla escurriéndose por los pliegues de mi camiseta para luego humedecer la arena descubierta por las baldosas de marfil. Trate de pelear por respirar, pero la vida se me agotaba rápidamente, segundo tras segundo, sin compasión.
Poco a poco, sin medir el tiempo que tarde en hacerlo, cerré los ojos, entregándome a los brazos de la tan anhelada inconsciencia.
-Y así sin más, han descubierto quien es Jack Stephan BlackTodd- Wayne concluyo el relato con cierto sadismo- El desgraciado de mi primo.
Damian sonrío con el placer con el que había sonreído hace tantos años, y se limito a escrutar las caras de los espectadores, cuyas expresiones ensancharon más la sonrisa. En definitiva, le alegraba la cara de espanto que habían puesto todos los titanes, todos a excepción de Raven, quien solo enarco las cejas mirando desafiante al joven.
-¿Algún comentario?
Bueno mortales alfeñiques, me siento tan mal por haberme tardado tanto en actualizar, pero es que las tareas están apunto de desnucarme, como sea me alegra que les haya gustado el capitulo (Ya les dije que soy psíquica ¿verdad? Aja, por eso sé que les encanto este capitulo, nah mentiras, responderé sus reviews por que… la verdad no tengo nada más importante que hacer.
Sarita San: No te preocupes, pronto muy pronto (o sea en el próximo capitulo) será única y exclusivamente BBxRae y habrá mucha acción, pero no de la que están pensando, pervertidos. Como sea, gracias por leer y comentar.
Beatlesrockfan1999: Lo sé, es imposible no amar mi fic, después de todo es escrito por mí, puedo darte mi nombre de face por un PM ¿Te parece?
Luna No Taisho: ¡Si! ¡Damian es tuyo, TUYO! Ja, ahí te lo envío, de seguro estará ansioso por conocerte.
-¿Verdad, Damian?
-¡¿Qué?! ¡¿Pero de que estas hablando, maldita trastornada?! ¡Yo no quiero!
-¡Cállate, Damian! ¡Vas a ir y punto!
Cof… como decía, él esta ansioso por conocerte. Bueno, sé que amas mi fic, todo el mundo lo ama, y me alegra. Te agradezco por leer.
Esme Mebe cx: ¿Escenas hot? Mmm… no sé lo estoy pensando. Y lo sé, no se merece nada de esto, pero si crees que esto fue malo, lo que le pasara será peor, oh ese amado desgraciado arrogante arquero va a sufrir, bua jajaja. No he podido encontrarte ¿No eres Esme Mebe? Yo soy Nati Ulloa Escobar.
Y ahora mis adorados mortales, ha llegado el inevitable y fastidioso momento de las preguntas:
¿Por qué Raven no se asusto? ¿Jack de verdad es tan guapo, digo, maquiavélico como lo describe su primo? ¿O estará exagerando? ¿Los Titanes enfrentaran la nueva amenaza? ¿Beast boy y Raven se atreverán a hablarse? ¿Habrá más escenas BBxRae?
¿Saben? He tomado una decisión, me retiro de este negocio, o sea a la mierda con todos ustedes, empleados inútiles. Pero para celebrar que por fin salgo de esta pocilga, voy a regalarles el próximo capitulo de Dragon Ball Z Kai, digo Dragon Ball Z… perdón quise decir, Hulk y los agentes S.M.A.S.H, ¿Qué?... es el siguiente capitulo de… ¡Blue Exorcism! Ah, ustedes ya saben de que es, ¿cierto?
