Capítulo 20. Ambiente enrarecido

"¿Por qué no me dijiste nada, Lady Urano? ¿Desde cuándo sabes que Haruka y Michiru son amantes?" preguntó la Reina Serenity con el ceño fruncido. Caminaba de forma nerviosa de un lado a otro de la Sala de Reuniones. Lady Urano se encontraba sentada en la silla que solía ocupar con normalidad, con la vista baja y el rostro serio. Suspiró. Sabía que la Reina Serenity iba a condenar una relación así. Las Guerreros tenían prohibido enamorarse entre sí, bajo la excusa de que no podían mezclar su vida personal con sus obligaciones como guerrero. Hacía muchos años, Guerrero Venus se enamoró de Guerrero Marte y su historia acabó de forma dramática. En los libros de Historia se dice que Venus murió en una batalla, intentando salvar la vida de Marte y ésta, presa del dolor por la pérdida del ser amado, se suicidó, dejando el Reino de la Luna en manos del enemigo. Por suerte, aquella vez Júpiter y Mercurio salvaron la situación y arreplegaron las tropas con la ayuda del Cristal de Plata. La Reina Serenity que gobernaba el Milenio de Plata por entonces dictó una ley en la que prohibía las relaciones románticas entre la Guardia Imperial.

"Hablé con mi hija hace un tiempo", murmuró Lady Urano, evocando aquel lejano día en Neptuno, cuando vio con sus propios ojos el amor que profesaba Haruka a Michiru. "Pero las dos parecen decididas a seguir adelante, caiga quien caiga."

"¿Se enfrentarían a una Corte Marcial?" cuestionó Serenity acariciando las cortinas de la ventana de forma distraida.

"Están dispuestas a todo, majestad", contestó Lady Urano, poniéndose en pie y mirándola a los ojos.

"Y yo las apoyo."

"¿Te estás rebelando, Lady Urano?" preguntó la soberana de la Luna, con mirada escéptica. Urano suspiró y se acercó a la ventana. Puso una mano en el hombro de Serenity y levantó la vista, para mirarla a los ojos.

"No... por supuesto que no. Si no lo hice en el pasado, y creédme, me arrepiento por ello... ¿cómo voy a hacerlo ahora?" su vista se perdió en el horizonte de la Luna. "yo sólo digo que puedo comprenderlas. Hablad con ellas, majestad. Aunque no creo que vaya a servir de mucho", concluyó la dama de Urano, caminando hasta la puerta de forma ausente.

"Lady Urano, no os he dado permiso para salir", le recordó la Reina Serenity. Urano no se detuvo y, absorta en sus pensamientos, salió, cerrando la puerta delicadamente, tras ella.

Rei abrió los ojos, después de cuatro días de inconsciencia y sueños de todo tipo. Volvió a ver al hombre y a la mujer, en un palacio, rodeados de llamas, humo, ruinas. Vio un arma, una lanza, una guadaña quizás, bajando peligrosamente hacia el suelo. Se pasó la mano por la sien y se acarició la cabeza, que hacía horas que le dolía. Sintió un agudo dolor en el pecho cuando intentó levantarse, así que se quedó quieta. Miró a su derecha y vio un jarrón con flores lunares que parecían frescas y una tarjeta rosa con corazoncitos, firmada por Usagi. Sonrió.

"Veo que ya estás despierta", exclamó Ami al entrar en la habitación. Rei intentó incorporarse pero le dolía todo el cuerpo, se sentía muy cansada, así que se movió ligeramente, intentando sonreir a Ami.

"¿Cuánto llevo aquí?" preguntó en voz baja.

"Un par de semanas, pero mi madre dice que ya estás totalmente recuperada. Sólo necesitas algo de descanso. Tenías una buena herida, ¿sabes?" respondió Ami dejando una caja de galletas sobre la mesita en la que estaban las flores.

"¿Pero qué fue lo que pasó? No me enteré de nada". se quejó Rei. Ami pasó la mano por su frente y le echó el pelo hacia atrás.

"No acabamos con todos los enemigos de Astrea. Uno sobrevivió y te lanzó un ataque que te habría matado si no hubiera sido por Usagi." Rei parpadeó, confundida.

"¿Usagi?" Ami sonrió y se sentó al borde de su cama, mirando fijamente el jarrón de flores de la mesita.

"No sé cómo lo hizo pero Usagi se teleportó y te curó con sus poderes. No sabía que tuviera energía curativa." comentó la joven princesa de Mercurio. Rei desvió la mirada hacia el jarrón de flores. Ella no recordaba casi nada de aquel día. Sólo un dolor intenso en el pecho y un calor... y una dulce sensación en los labios, tan efímera como el comento de paz que sintió tras la oleada de dolor.

"Yo creo que deberías darle las gracias a Usagi por salvarte la vida, Rei" le dijo Ami levantándose de la cama.

"Ha venido a visitarte cada día y siempre te ha traído flores frescas, recogidas del jardín de la Luna." Ami abrió la puerta y se detuvo en el umbral para mirar una vez más a Rei, que parecía absorta en sus pensamientos. Hacía muchos años que conocía a aquella joven y rebelde princesa de Marte y nunca la vio tan ensimismada y débil como ahora. Sintió deseos de ayudarla pero... sabía muy bien que había terrenos en los que la sencilla amistad, no tiene nada que hacer.

"¡Espero que estés arrepentida de tu comportamiento, señorita!" tronó la voz de la Reina Serenity en el Salón del Trono. Usagi miraba al suelo con la cabeza agachada y el rostro serio. ¿Cómo decirle a su madre que estaba orgullosa de lo que había hecho? ¿De que lo habría hecho todas las veces que hubiera sido necesarias?

"¡Eres la princesa heredera, por Selene!" el rostro de su madre aparecía contrariado, enfadado como nunca lo había visto. Usagi recordó lo que había pasado en Astrea, cómo se dejó llevar por el miedo, por los sentimientos... pero Rei había estado en peligro, ¡podría haber muerto! No soportó el miedo a perderla, a no poder disfrutar de su risa, de aquella arrebatadora sonrisa salvaje y de las chispas de sus ojos cuando entrenaba, el mismo destello apasionado que emitían sus profundos ojos oscuros cuando dominaba el fuego. Si no hubiera conocido a la princesa de Marte, ella... ¿qué habría sido de ella, una niña mimada, una princesita solitaria en un enorme palacio de mármol y cristal, en una jaula de oro...? Levantó la cabeza y retó a su madre con la mirada. No, no se arrepentía de haber actuado sin pensar, de haberse dejado llevar por el corazón.

"Rei corría peligro. Actué de forma correcta", dijo con aplomo. Serenity la miró duramente por un momento, luego sus rasgos se suavizaron, negando con la cabeza mientras se sentaba en el trono.

"¿No te das cuenta de que eres mi única hija? Ni puedes ni debes actuar a la ligera... aún te queda mucho por aprender" suspiró, cediendo ante la vida que desprendían los azules ojos de su hija.

Qué juventud, qué valor, qué corazón tan vivo. Envidiaba el valor de su hija porque ella nunca lo tuvo. Se levantó lentamente del trono y se acercó a su hija. Le acarició el pelo y sonrió, no podía evitar malcriarla. Quizás era ése el problema que tenía Usagi, que era una princesa mimada. Quizás no se equivocó cuando permitió que se entrenara con las princesas de los planetas cálidos. Puede que fuera lo correcto dejar que se hiciera amiga de ellas... aunque seguramente lo pasaría mal cuando tuviera que dejarlas marchar a sus puestos, cuando fueran nombradas Guerreros.

"¿Se puede?" preguntó Usagi asomando la cabeza por la puerta de la enfermería. Rei se encontraba meditando, con la cabeza agachada sobre las manos, los dedos entrelazados. No se dio cuenta de que Usagi había aparecido. La princesa de la Luna entró silenciosamente y se sentó en la silla que había junto a la cama, en la que había pasado tantos ratos velando por la salud de su amiga. Observó pacientemente cómo la princesa de Marte invocaba el poder de los espíritus, cómo fruncía el ceño ligeramente. Sonrió.
Rei, eventualmente, abrió los ojos y se quedó sorprendida al ver a Usagi sonriendo, mirándola fijamente. Se disculpó por no haberse percatado de su presencia y Usagi se echó a reir.

"¿Cómo estás, Rei?" preguntó acercándose a la cama de su amiga.

"Mucho mejor, gracias. Creo que mañana o pasado saldré de la enfermería." Rei se estiró sobre la cama, dando algo de libertad a los músculos que hacía días que no movía. Se quedó quieta y dirigió la vista a Usagi, que estaba oliendo las flores que había puesto aquella mañana en el jarrón de la mesita que había al lado de la cama.

"Me salvaste la vida, Usagi" murmuró. La princesa de la Luna giró la cabeza para mirarla y asintió, sonriendo.

"No debiste hacerlo" susurró Rei, mirando hacia la ventana, por la que se filtraban los últimos rayos del sol de la tarde, anaranjados, dorados y escarlatas. La rubia princesa de la Luna se sentó en la cama, con rostro preocupado, y le cogió la mano.

"¿Por qué, Rei? Os vi en peligro... aquel ataque iba a matarte." contestó, acariciándole la mano de forma ausente. La princesa de Marte la miró a los ojos, furiosa.

"¡Pero ésa era NUESTRA misión!" exclamó. "No tenías derecho a meterte enmedio. Y si te hubiera pasado algo, ¿eh?" preguntó levantando la vista. "No me lo habría perdonado jamás" murmuró. Usagi la obligó a mirarla, rodeando su cara con las manos. La intensidad de aquella mirada azul estaba minando la resistencia de Rei.

"Mira, no estaba dispuesta a perderte, ¿me oyes? Tanto si te gusta como si no, me preocupo por ti y cuando vi que corrías peligro no pude evitar teleportarme para ir a buscarte." estaba temblando.

"¿Es que no entiendes que me importas mucho?" susurró. Rei le dio un beso en la frente y la abrazó con fuerza.

"A mi también me importas tú, Usagi" murmuró en el oído de la rubia princesa de la Luna. Se separó de ella momentáneamente.

"Pero tú eres la princesa heredera del Milenio de Plata, no lo olvides. Tu vida es más importante que la mía." Usagi rompió a llorar en brazos de Rei susurrando que eso era mentira, que su vida no era tan importante, desconsolada, mientras la morena princesa se limitaba a estrecharla y a acariciarle el pelo, pensando, entristecida, que no estaba bien lo que su corazón sentía por aquella joven.