Skip Beat no me pertenece.
Summary: "What if..." La fama la ha sumergido en un mundo de soledad en la que esta completamente sola, vive de las apariencias, con un novio de mentiras y lo único que quiso en la vida fue una mamá pero nunca la tuvo.
El precio de la fama.
Kyoko durmió bastante, el resto estaba conversando sobre su estado de salud y así fue como fueron transcurriendo las horas.
Ella se despertó adolorida, un dolor constante en su vientre no la dejaba seguir durmiendo, dolor que identificó como pataditas de lo que suponía llevaba dentro de si. Se escaneó el cuerpo con su mirada, no podía creer que tenía un ser creciendo en su interior. Tuvo que contener las ganas de llorar y de hacer una escena inadecuada de acuerdo a lo que era ella, ya con lo anterior tuvo suficiente.
Se encontró cubierta con una manta y rodeada por algo que ella reconocía como el perfume de Zero. Buscó algo para cubrirse,su fino camisón fue cubierto por una bata, decidió bajar lentamente por las escaleras, escuchando como las personas reunidas allí conversaban de ella y de su estado de salud, le molesto que hablaran acerca de que se creía una niña.
Entró a la sala hecha una furia y no se detuvo a mirar a nadie y paso de largo, ahora mismo se sentía ridícula con esa ropa, ignoró deliberadamente todo intento de entablar conversación, evito toda pregunta que se pudiese o no responder y hacer.
Llegó a la cocina en donde se encontraba Range preparando la cena. Tomo un vaso y busco en la heladera algún refresco después de haber saludado a la mujer con amabilidad.
Encontrando finalmente un sumo de naranja, que por cierto, decidió agregarle una que otra cosa más. Cuando volvió a la sala, en donde estaba el resto de las personas, se sentó junto al que ahora era su esposo, era un silencio insoportable y todas las miradas estaban puestas en ella.
—Se que creo tener la edad de una estúpida adolescente pero no lo soy, así que dejen de mirarme de una jodida vez...—Dijo entre dientes—Podrían dedicarse a sus propias vidas, se perfectamente que me encuentro como un elefante marino, que ya no puedo ni ver mis propios pies, mis uñas se encuentran horribles y que seguramente tengo las piernas como la cara de un hipster...
—Kyoko, tranquila... Se que la estas pasando mal pero...
—¿Qué la estoy pasando mal? ¿Es en serio, Zero?—Estaba colérica.— Soy yo la que tengo que tener un enorme vientre de embarazada, situación a la que llegue que ni recuerdo nada de nada, cosa peor. También soy un ser malditamente hormonal cuando jamás he sido así y lo sabes. Tengo ganas de comer cosas horribles, me siento incómoda, la bebé me patea como si se tratara de su propio saco de boxeo emocional personal. Y no me digas que me tranquilice, tampoco quiero oír que sabes que la estoy pasando mal porque no tienes ni idea de lo mal que me siento.
—Kyoko, por favor. Prometo contarte un cuento sobre lo que pasó los años que no recuerdas, ¿Aceptas?—Kyoko lo miró.
—¿Un cuento?—Su esposo asintió—Pero primero quiero la sopa de espárragos, con pasta... La misma que no quise agregar en el menú...
—Tu detesta esa sopa...—Ella le miró mal.
—Pero eso quiero comer, Zero. Quiero que la prepares tu mismo.—Le dijo sonriente—Ahora...
—Bien... La haré.—Le dijo sonriendo.—Pero debes de quedarte aquí.
Ella asintió lentamente y se enfrascó en un monólogo interno que excluía las miradas curiosas del resto. Allí esperó hasta que empezó a molestarse, detestaba saber que le estaban observando y ese era el motivo del silencioso alrededor.
—No se detengan por mi presencia, pueden seguir hablando de lo que les apetezca.—Giada saltó por el susto, la ácida voz de su nuera le hizo dar escalofríos...
—¿Cómo te has sentido?—Le preguntó Mamoru.
—No sé que responderte a eso.—Miró al hombre de forma impasible.—Zero se esta demorando mucho... Quiero comer...
Giada le sonrió cariñosa-mente.
—Cuando se trata de ti, querida, él es capaz de hacer hasta lo imposible.—Kyoko pareció recobrar el buen humor, sonriendo-le a Giada por su comentario.
—Es que al parecer me conseguí un esposo de brillante armadura—Escucho varias risas.—Zero siempre fue así conmigo. ¿Quién es la niña de la foto?
Todos mantuvieron silencio.
—Eso, solo Zero puedo responderte, querida—Mamoru se apresuró a decirle.
—Es hermosa.—Sonriendo con la vista aún en aquel cuadro, sentía que había algo importante que debía recordar. Pero ¿Qué? No lo sabía.
—Claro que lo es.—Sonrió Giada.—Bueno, Zero si que se está tardando.
—Lo sé... Muero de hambre. Haré que sus restaurantes se conviertan en el mismo Hades si no llega ahora mismo con mi sopa. Setsu también quiere. Ambas mataremos a tu hijo, Giada.—La mujer rió divertida.
—Yo me comporté igual que tú cuando esperaba a Rick...—Sonrió—La diferencia es que mi marido es horrible en la cocina...
Todos rieron. Pero se hizo un silencio bastante incómodo de nuevo. Kyoko comenzó a golpear con sus uñas el sillón donde se encontraba.
—Dakishimeru tabi mukizu de wa irarenai, sono yubi saki wa maru de mizu no you ni ah tsumetakute, tsura wo tsutau nukai shizuku BOKU kara jiyuu wo ubau, tenkou ya jigou ima sara iru basho nanka, motomenai yo na—Kyoko dejó de cantar de pronto... No sabía de donde había salido esa letra. Observó que ante ella tenía diversas miradas y prefirió no pensar en ninguna de ellas—¿Qué sucede?
—¿Recuerdas a Fuwa Sho?—Mamoru la miró con demasiada intensidad.
—No, ¿Por qué?—Le miró sin entender.
—Esa es su canción.—Kyoko le miró sin poder creerle.
—Bueno, puede que haya cosas o personas tolerables que pueda y quiera recordar—Murmuró recuperando su mal humor. — Iré a ver a Zero.
Se levantó rápidamente para alejar las arrugas inexistentes de su ropa para caminar con paso de modelo y con la frente en alto, más con mal humor que con dignidad, entrando a la cocina hecha una furia.
—Ya me falta solo servirla...—Le dijo Zero pero al ver el rostro de la chica le miró preocupado—¿Qué sucedió?
—¿Quién es Fuwa Sho? Y ¿Por qué tengo en mi mente una estúpida canción que dicen que es de él?—Él lo comprendió de inmediato.
—Primero debes comer, luego te contaré un cuento... Como quedamos.—Ella asintió y se maravilló al ver como Zero le servía en su plato una porción de fideos con otras verduras salteadas y ponía una espesa espuma para servirle su plato acercándose con lo que parecía ser una pequeña tetera de donde le servía su tan anhelada sopa de espárragos.
—¡Muero de hambre!—Kyoko le agradeció besando su mejilla para lanzarse literalmente a su plato.—Hummm, esta riquísimo...
Zero sonrió, ella detestaba aquel plato, aunque sea un plato de restaurante de estrellas Michelín. Negó, quizás Setsu si sabría apreciar la buena comida, negó de nuevo. Las cosas que aquella chica le hacía pensar, le observó sonriente. Para su sorpresa ya había terminado.
—¿Qué tal estuvo?
—Riquísima. No se que tenía aquella vez que la probé y no me gustó.
—Es que esta vez cociné yo, admítelo, prefieres mis comidas...—Kyoko negó divertida.
—Nada de eso, es solo que tenía demasiada hambre.
Ambos sonrieron y volvieron a la sala con el resto de personas.
Kyoko miró a Zero, este le sonrió asintiendo, Esa dinámica que antes tenían parecía que se estaba recuperando poco a poco.
—Ubawareta no wa kono hitomi dake ja nai, keiken na junsui sa BOKU de sae mote amashiteita, jikan to kokoro dake ni natte itsushika mayoi komu MAZE, KIMI wo yonbu koe wa itoshisa afureru hodo, kanashiku hibiku yo—Cantó sin prisa.
Todas las miradas se pusieron sobre ella. Zero se rió.
—Kyoko puede cantar lo que ella quiera, no importa que sea de Fuwa Sho...—Aclaró.—Si no me molesta a mi...
—Ya sé... ¿Qué tal esta...?—Kyoko sonrió aclarándose la grarganta...—Dare ni mo mirenai yume o mite, Iranai mono wa subete suteta, Yuzurenai omoi Kono mune ni yadoshite.
—Bueno, querida, es una linda canción...—Murmuró repentinamente la otra mujer rubia.
—Si que lo es.—Miró a su ahora esposo.—Tu y yo tenemos una platica pendiente, quiero que me digas lo que puedas ahora mismo. Te espero en mi antigua habitación.
Kyoko salió apresurada y Zero miró a sus padres.
—¿Qué le sucede?
—Esta molesta porque algunos cuestionan que cante una canción que le vino a la mente y que ella no sabe ni quien es el cantante. Creo que desde este momento les pido que midan sus reacciones desmedidas y que piensen un poco antes de hablar o hacer un comentario fuera de lugar, es mi esposa la que esta en un estado del que debo preocuparme y no vosotros, os sugiero de comiencen a medirse desde ahora en delante. Es para los cinco presente, Kyoko lo menos que necesita en estos momentos es gente estúpida haciendo más pesada su vida. Vida que conozco perfectamente más que ustedes y les pido que no le atosiguen y preocupen más.—Los amonestó seriamente para seguir por donde la joven mujer había desaparecido.
Al llegar al cuarto de ella, la encontró sentada en su cama, cuarto que hizo preparar de último momento según lo que ella prefiriera y pensando en su comodidad.
—¿Vas a contarme lo que quiero saber?—Zero sonrió.
—Todo no podré contarte, pero he pensado en un cuento. Un cuento como esos cuentos de hadas y la protagonista eres tu...
Kyoko asintió y escuchando atentamente la historia que él quería contarle, Kyoko había pasado a ser una joven hermosa y que quería triunfar en la vida teniendo por nombre Gorgona y Zero le contó a medias toda su historia, no omitió la paternidad de cada una de las niñas y haciéndole una breve historia para que ella no se alterara.
—¿Tengo una hija?—Zero asintió—Y es la niña hermosa de la foto. Pero no nació de mi y es hija biológica de tu hermano.
Kyoko era un lio, saber cosas tipo su desengaño amoroso, lo que le hizo la persona que creía que le amaba, no quiso saber ni él nombre de aquel hombre. Lo de Saena no se lo esperaba, pero resultaba un gran alivio que no suegra su madre, después de todo, nada le debía que no haya sido cobrado con intereses incalculables, no vida presa era algo que nadie le podía devolver esos años perdidos al lado de aquel ser.
Los hechos por si mismo eran algo fantásticos, pero era como si le contaran la historia de alguien más y no la suya.
—Kyoko, he pensado que esas personas que esperan en la sala deben saber lo que tuve con Saena.—Ella asintió apoyándolo.
—Siempre estaré contigo, después de todo, eres él único que no me ha mentido...—Quizás relatar-le su historia como si se tratara de una tal Gogona y no de Kyoko había sido un gran acierto y que ella poco a poco sabría o recordaría por si misma las cosas que habían sucedido en su vida cuando las recordara.
Al bajar tomados de la mano, cosa que solamente sorprendió a tres, ellos miraron a los presentes.
—Zero y yo queremos decirles algo.—Zero sonrió nervioso.
—En realidad son yo el que debe hablar.
Ya con todo el mundo prestando-le atención, Zero se acomodó al lado de Kyoko y miró con algo de temor a su padre.
—En realidad, nunca he sido pareja de Kyoko antes de casarme con ella. Mi relación era con Saena y no con Kyoko.—Más de uno se sorprendió.
—¿Cómo pudiste caer tan bajo?—Le preguntó su padre molesto levantándose para irse en contra de su hijo.
Kyoko sabía del carácter explosivo que poseía el padre de su esposo y supo que algo así haría. Se interpuso ágil-mente ante el hombre furioso para el desconcierto de todo.
—No te acercarás a él así, Mamoru...—Dijo de forma calmada.
—Te utilizó, Kyoko.
—Eso es algo entre él y yo. Estuve de acuerdo con él. Los hechos solo nos pertenecen a nosotros, no les estamos pidiendo permiso ni nada, solo queremos que lo sepan... Desde este momento y relación con Zero es oficial, es mi esposo y como tal le quiero a mi lado.—Kyoko cruzó los brazos.—Zero me ayudó después de un momento traumatico. No voy a permitir que le reclames algo que ya paso y esta en el pasado, los momentos no son los adecuados, podrías enfadarte conmigo por la misma razón.
—Es distinto...—Mamoru habló entre dientes, sin creer que ella le estuviese defendiendo.
—Si, pero Zero no fue quien jugó conmigo y me dejo embarazada...—Comentó mordaz...—Mamoru, quiero que traigan pronto a mi hija, quiero conocerle de nuevo. Y no te molestes con tu hijo, te harás viejo.
Él sonrió, esa chica sabía como tratarlo.
—No mataré a mi hijo pero él y yo tendremos una seria conversación luego...
—¡Genial! ¡Muero otra vez literalmente de hambre!—Miró a Zero sonriendo.—Quiero más sopa.
—Eso es suficiente castigo...—Murmuró Mamoru ganándose una mirada furiosa de la futura madre.
—Aún no veo a mi hija aquí, Mamoru. Comienzo a irritarme. Eso me ocurre con facilidad últimamente...—Tomó a Zero de la mano para arrastrarlo literalmente vacía la cocina...
Continuará.
Las primeras dos partes de donde canta Kyoko es la letra de Prisiorer de Fuwa Sho. Y "Dare ni mo mirenai yume o mite, Iranai mono wa subete suteta, Yuzurenai omoi Kono mune ni yadoshite" que se puede traducir como "Yo tuve un sueño que nadie más pudo tener y arrojé lejos todo lo que no necesitaba .Pensamientos a los que no puedo renunciar moran en mi pecho" es la canción o parte de ella, de "Alumia" del ending #1 del anime Death Note.
Gracias por vuestros comentarios.
IMPORTANTE: Estoy pasando un difícil momento, una perdida familiar que me ha causado un gran dolor. ¿Recuerdan que les hablé de mi hermanita y de su operación? Pues, el pasado 28 de agosto falleció. Fue algo inesperado, ella estaba bien pero ese domingo se hizo una completa pesadilla, todos los análisis salieron bien, sus controles, todo estaba perfecto. Ella apenas tenía ocho años de vida, años en los que luchó contra su enfermedad y que al fin había salido triunfante cuando la segunda operación estaba dando sus frutos, mi hermanita ya estaba de nuevo en el colegio, con ganas de vivir... De un día de juegos con amigos, todo pasó en apenas una hora, ver como perdió el conocimiento para Después enterarme por un mensaje de texto lo que había sucedido, ella nunca volvió a recuperar el conocimiento. Fui la que tuvo que hablar con tres chicos y decirles lo sucedido, mis otros hermanos de 15, 11 y 5 años. Tuve que ser fuerte por ellos, por mis hermanitos, aunque por dentro sentía que me moría de rabia y dolor, maldije hasta a quien muchos suelen venerar, yo ya no. Cuando la vi en ese ataúd me desmoroné, solo quería tenerla de nuevo pero no allí, no así. En el entierro fue igual, tuve un ataque de nervios durante y después. Es difícil tener que mostrarte fuerte para ayudar al resto, mis padres y hermanos, cuando por dentro estas y te sientes vacía. Jadi, mi hermanita, aún en el ataúd tenía una hermosa sonrisa.
Pero se los pido y espero que no se ofendan, no me nombren a Dios en este momento... Ya me he candado de escuchar de él y eso simplemente no me consuela.
Gracias por todo.
