Música: "Birden" BSO de Zankyou no Terror. "Ready to Start" de Arcade Fire.
- EPÍLOGO -
Muy pronto se ha dado cuenta de que no es más que un muchacho.
Se preocupa por suprimir o, en el peor de los casos, matizar sus fijas miradas, sus ceños fruncidos y el reproche que cosquillea la punta de su lengua cada vez que habla con el guarda gris que los guía. ¿No ha podido elegir a uno mayor? ¿Uno más curtido en las tragedias de la vida?
Camina, actualmente, a un costado de la única montura del grupo. Si tienen suerte y logran un trato que no los deje con los bolsillos vacíos, conseguirán un par de caballos adicionales en la próxima aldea.
Kallian no mira hacia atrás, le aterroriza la posibilidad de echar un vistazo por encima del hombro y flaquear. El primer paso dentro del bosque ha sido el más difícil, la arrojó al exilio, desmoronando lo poco que quedaba íntegro de su corazón luego de la prolongada despedida de su familia. Flynn se había aferrado a ella en medio de un berrinche. A Kallian se le llenan los ojos de un conocido líquido al recordar el llanto del pequeño rubio; con suerte, se consuela, habrá llorado tanto que no tendrá ninguna lágrima cuando la guardia de la ciudad le comunique que han hallado a su padre en un callejón. Él no las merece. Kylon, por su parte, apareció cuando estaban a punto de cruzar las puertas de la ciudad. Lo vio acercarse, no sin cierto asombro. Luego de un prolongado titubeo, el humano estiró un puño. Al abrirlo, reveló una vieja pulsera hecha de cascabeles.
—Olvidé que la tenía hasta que ocurrió todo esto —había dicho el sargento—. Unos días después de... ya sabes, volví. Nadie estaba haciendo nada por averiguar el asesinato y me pareció injusto. —Kylon se rascó la nuca y alzó un hombro—. Hacedor, era ingenuo, ¿verdad? —Kallian alzó un hombro, volviendo los ojos a la pulsera que descansaba en silencio sobre la palma de su mano, sonriendo con nostalgia al objeto—. Como sea, la descripción que dio tu padre a la guardia para encontrarlas fue la de una elfa de cabello rubio, con un una niña y la niña llevaba una pulsera de cascabeles —recordó—. Quise entregártela unos días después, pero no estabas en condiciones de recibir un recordatorio de tu mala experiencia.
Kallian, en el presente, se enfoca en la quietud del bosque por no sentir el peso de su vida en Denerim sobre un hombro, obligándola a no abandonar, tirando de ella, dispuesta a arrastrarla de vuelta. Afortunadamente, la magia de la espesura envuelve sus sentidos. Aún no amanece y el cielo es un oscuro mar de azul salpicado de estrellas. La madrugada fresca vigila el ascenso de los tres viajeros por el camino del este. La pendiente de la ladera es ligera pero constante. Tabris estira un brazo y sacude la muñeca; comprueba maravillada que el dulce sonido ahuyenta los temores con la misma efectividad de antaño, que este preciosa reliquia está intacta y no consigue asociarla con la tragedia.
—No luces tan amenazante ahora —desde el caballo, Amell le dedica un gesto socarrón—. Tal vez hasta te deje compartir la silla conmigo.
—A diferencia de ti, yo soy capaz de usar mis piernas —es su hosca respuesta.
—No pierdes el encanto, Niño. Ya veremos si opinas igual en un par de días.
Kallian bufa ante el mote, pero ha de emplear un esfuerzo titánico para no llevarse la mano a la cabeza. Largos viajes y una próxima batalla no son sitios a donde llevar una cabellera larga y desordenada, que tarde o temprano hallaría libertad y se cruzaría en el camino de su vista. Shianni fue la única persona capaz de domar el cabello rebelde con un prolijo trenzado cuya técnica Kallian lamenta no haber aprendido. El ingenio del mago ha decidido que con el pelo que le queda luce mucho con un chico y, aunque es ridículo que aquello le escosa del modo en que lo hace, Kallian alberga un profundo arrepentimiento por su decisión. Las ondas se han convertido en una nube ensortijada entorno a su cráneo, y los mechones, numerosas veces y de cualquier modo, continúan cayéndole sobre la frente.
Un chico ella, por supuesto. ¿En qué convierte eso al mago? No ha visto más de veinte satinalias. Aunque su edad no es el problema. La candidez preponderante, muy obvia cuando cree que nadie presta atención, cuando cree que lo ha escondido debajo de su desmedida chulería y su teatral indolencia... De eso es de lo que se alimenta la incipiente consternación de Kallian.
La inocencia es una víctima fácil de cuyos despojos se alimentan los buitres. Es frágil y los intentos de zurcirla son siempre infructuosos. Se convierte entonces en una cosa estorbosa, un objeto estropeado cuya forma y propósito originales no pueden siquiera sospecharse. Convertida en un amasijo irreconocible y relegada al olvido, tiende a ser suelo fértil para la iniquidad.
¿Por qué ha reclutado Duncan a este muchacho?
Kallian se traga su pregunta, porque no le apetece incordiar a la persona que le ha salvado y que parezca que pretende aleccionarlo. Kallian decide que no sabe nada, de modo que no juzgar las decisiones de otros es lo justo.
El pinar se abre poco a poco, sustituido en las partes altas con aglomeraciones de arbolillos ralos y pastos crecidos que el viento agita en dirección al mar. El amanecer es inminente. Kallian se detiene al borde de un peñasco, donde el sendero describe una curva y vuelve a descender flanqueado por colinas que se convertirán en escarpados montes. Frente a ella (siempre cuidadosa de no mirar hacia la ciudad) el terreno baja y se suaviza, los abetos y los pinos tocados por la primera luz colorean de verde el paisaje; distingue el brillo del río bajo la escasa luz, corre hasta adentrar en el bosque, la furia que acumuló durante su precipitado descenso desde la cordillera provoca un potente rugido; sin embargo, Kallian no está lo suficientemente cerca para que resulte molesto.
—Se siente bien, ¿no? —Amell ha desmontado y se para junto a ella quien, por única respuesta alza una ceja inquisitiva—. Pararse a mirar el mundo —explica—. Entré a la torre cuando era un niño y había olvidado como es el mundo... Pero él no me olvidó a mí.
Kallian no puede hacer nada por suprimir el gesto de extrañeza ni el repentino interés que se manifiesta en su cara al voltear. No comenta nada al respecto, mofarse de la circunspección repentina del mago para cobrarse cada acotación mordaz se antoja un acto demasiado indigno. No tiene, tampoco, la confianza suficiente.
—Supongo que no es nada nuevo para ti —dice él, sin retirar la vista del paisaje—. Y me estás mirando como Duncan —ríe en voz baja.
La elfa parpadea y sacude la cabeza.
—No es eso —se escucha hablar—. Nunca salí de Denerim.
El "mundo" es un sitio tan extraño para mí como lo es para ti.
—¿Qué diablos hará Duncan con nosotros? —Amell vuelve a reír.
El mago suspira y cierra los ojos. Cuando Kallian desvía la vista, allí está Denerim. La ciudad es, desde esta distancia, no más que algunos puntos de luz y el contorno oscuro del palacio y la torre de un fuerte. Un dominio delimitado por la oscuridad, difuminado bajo la niebla, perdido en la distancia. No siente un nuevo golpe de lágrimas o como si el dolor de contemplar su ciudad en la lejanía bastase para partirla en dos. No es nada más que un escalofrío propagándose a lo largo de su espina dorsal. Una voz pesarosa en el fondo de su consciencia le dice que esta partida no es lo que quiere, es lo que necesita. Y Kallian no lucha contra la emoción que se abre paso en su interior, lenta pero contundente. De ella adquiere serenidad y... fuerza. Aprieta un puño antes de alzar la vista.
El sol toca las nubes más cercanas al horizonte, da algunas pinceladas de rosado y lila, muy tenues y que se unen al azul intenso en lo alto. Por el rabillo del ojo, Kallian se da cuenta de que no es la única que continúa asimilando la abismal sensación de libertad. Amell encara el horizonte, en paz consigo mismo. Su sonrisa delata una extraña avidez por este nuevo mundo.
—¿Es Denerim bonita desde aquí?
—Abre los ojos —es su lacónica respuesta.
—No distingo formas después de cierta distancia —dice con impaciencia—, para mí es un borrón oscuro, rodeado de otros tonos de oscuridad.
"Para mí no es muy diferente", quiere decir.
—Sí, es bonita —habla en voz baja—. Mayormente siluetas oscuras o marrones, pero bonita.
—Vaya descripción, me hará llorar —Amell ha decidido que la profundidad del momento lo está poniendo incómodo y se burla. Se interrumpe enseguida y guarda silencio un instante—. ¿No te aterra regresar?
—¿Por qué debería?
—Las cosas que solían ser agradables, las cosas que amabas... Cuando regreses pueden parecer... Pálidas. Nos han dado una perspectiva más amplia y los dominios que construimos en pequeños rincones se vuelven... insuficientes.
Kallian lo mira sin parpadear. Es un futuro improbable, ahora que no puede ni imaginar no echar de menos a su familia o llorar en silencio durante la noche por lo que no ha podido concluir con Nelaros. La elfa alza un hombro, no dispuesta a renunciar a la paz que ha conseguido.
—Andando —dice, evadiendo la pregunta—. Duncan te está mirando raro de nuevo.
—¿Te estás burlando de mí? Sí, bueno, esto me lo tengo merecido por confiar en ti —Amell se finge ultrajado. Ella se limita a dedicarle un gesto en blanco.
Da media vuelta para volver al camino y le da la espalda a un reino que se desvanece. Kallian no puede saberlo. Con pequeños pasos, adentra en la oscuridad del mundo.
N/A: Se nos acabó este fic. Hubo un punto en el que no me creí capaz de llegar hasta aquí, y la verdad es que todavía queda demasiado por delante (vamos, BioWare, ayúdame y saca esa maldita cuarta entrega del videojuego prontooooo). También pensé que abarcaría hasta la primer parada de los guardas grises en el Círculo de Hechiceros. Algo en la trama me pidió que me detuviera aquí, quiero confiar en mi cerebro (?
Y nada, ¡mil gracias a cada personita que se pasó por acá! Especialmente a quienes comentaron, su apoyo es invaluable. Esta historia es de y por ustedes. Katz, Frida, C2, Ellis, Fran, mi más profundo agradecimiento.
