Autor: Meh18
Título: Banme Kirai – Entrega.
Advertencias: Ninguna.
20
Entrega
Tsunade me dio de alta temprano por la mañana. Sabía que Sasuke no se había separado de mí en toda la noche, solo lo hizo cuando comenzó el amanecer, estando sentado en el sillón, observo cada movimiento que hacían las enfermeras al revisarme. No vi a nadie en el hospital, tal vez era por qué tan rápido como me cambie nos fuimos directo hacia la cabaña. Me sentía muy emocionada por el paseo que daría con Sasuke por la aldea. Mis energías estaban completamente restauradas y me sentía de maravilla, esperaba ver a Itachi, solo recordaba un cuerpo pálido y sin vida, aunque no sabría qué decir, tal vez no le había agradado despertar repentinamente.
Caminamos tranquilos, disfrutando de la calidez de la mañana, recorriendo las calles de Konoha. Casi no hablábamos, pero si íbamos tomados de la mano… bueno yo tomaba su mano, el solo se enfocó en llegar. Estando cerca de la cabaña, solté su mano y corrí directo hacia la puerta. Una vez dentro observe toda la estancia buscando alguna clase de vida, quería verlos.
—Deben seguir durmiendo…. –
—No hay nadie. – Dijo Sasuke con seriedad – habitual en él – enarque una ceja confundida. —No lo sé, Itachi tampoco está.
—Oh…. ¿adónde habrán ido?... – pregunte mirando hacia la cocina.
—Arregla tus cosas, nos iremos pronto. – decía mientras subía hacia las escaleras.
Ordenando como todo un capitán desapareció, fruncí los labios. Subí hacia las habitaciones, con mis oídos agudos, tratando de escuchar algo, tenía razón no había nadie. Prendiendo la luz de mi habitación inhale el aroma, sinceramente extrañe este lugar, me sentía como si hubiera desaparecido por un largo tiempo… lance una risita… que tonta soy. Me quite las sandalias, deje caer mi cuerpo sobre la cama, tenía una extraña sensación instalada en mi estómago desde… me senté deslizando las yemas de mis dedos por mis labios… desde anoche… por los dioses… tape mi cara con mis palmas, riendo entre dientes «¿Qué pasa conmigo?»
Respirando hondo y disipando cualquier rastro de pensamiento impuro, me fui hacia el baño, despoje las ropas que Karin me había llevado ayer y me metí en la ducha. Disfrutando de la sensación del agua caliente deje salir una exclamación de satisfacción… lave mi cabello con lentitud, tomándome el tiempo suficiente, asegurándome de lavar cada parte de mi cuerpo con el aceite, sintiéndome mucho más relajada.
Quería estar completamente limpia y radiante, ¿Ya les había dicho que hoy daría un paseo con Sasuke?... rayos, de verdad me sentía muy feliz, era el primer día desde hace semanas que pasaría un día completo con él… a solas… me sonroje. Permanecí un rato más bajo el agua, riendo como una loca. Enrollé una toalla por mi cuerpo y otra por mi cabello, dando saltitos en el piso salí a toda prisa del baño. Secando mi cuerpo me puse las bragas y el top, me dirigí hacia el ropero sacando la remera negra. La puerta se abrió.
Me paralice como una estatua, el oxígeno se extinguió en mis pulmones; miro directamente mis ojos, deteniéndose a unos pasos de la puerta. Inmediatamente se subió el color a mi cara e hice una expresión de completa sorpresa, vergüenza y pena de mí misma. Deje caer la remera. Su mirada se oscureció, con una expresión irrefutable, me dio un repaso lento, bajando desde mi cabeza – deteniéndose en ciertas partes de mi cuerpo, cabe decir – hasta llegar a mis pies. Todo indicio de cordura se perdió en lo más profundo de mi cerebro, las palabras y el grito de pánico que probablemente debería estar dando en este momento, se ahogaron en mi garganta. Como si el aire fuera vapor estremeció nuestra piel, nuestras miradas se cruzaron, mirándonos detenidamente. La vergüenza me abandono. Tragando lento dio un paso hacia mí, un fugaz brillo empapo sus orbes, la conocida electricidad nos rodeó… cerré los ojos… esperando su cercanía…, lance un jadeo.
Parpadeó repetidas veces, abruptamente dio media vuelta dándome la espalda.
—Iré… por el desayuno…. – susurro con su voz totalmente ronca. Di un paso hacia él, completamente perdida en el molesto calor de mi piel. —No tardo.
Antes de acercarme, se fue, cerrando la puerta sus pasos se perdieron en el pasillo. Solté el aire que comprimía mis pulmones, mire detenidamente el lugar por donde desapareció
Respire hondo, abrace mi vientre, sentía como si unas grandes alas revoletearan inquietas dentro de mí. Recuperando la cordura, me cambie con lentitud. No había mucho que pensar sobre el tema pues sabía perfectamente lo que sentía, debería darme vergüenza… ¿cierto? Dándome un repaso en el espejo, cepille mi cabello.
Asome mi cabeza por el marco de la puerta, mirando con sigilo el pasillo… tenía un poco de vergüenza y estaba segura que mi cara estaba roja. Como un espía salí de mi habitación, mi estómago brincaba como si estuviera en un maratón, arrugue las cejas calmando los nervios, no tenía por qué estar nerviosa s-solo me vio c-casi desnuda…, me detuve a mitad del pasillo, tenía que controlarme no podía estar con esa actitud si pensaba estar con él, por resto del día. Respirando repetidas veces, apreté los puños «No seas cobarde Sakura» puse mi mejor expresión de "aquí no ha pasado nada" y baje directo hacia la cocina. Era muy fácil decir, que hacer. Apenas vi su cabeza mis piernas se aflojaron como gelatinas.
Caminando lo mejor posible y tratando de no parecer una idiota llegue a la mesa. Había dos porciones de ramen en esta, una de ellas estaba completamente vacía, hice un puchero.
— ¿Por qué nunca me esperas? – pregunte girando a su dirección, recargaba su cuerpo con los brazos cruzados y sus ojos cerrados, en la repisa. Inconscientemente lo mire de pies a cabeza… me sonroje… pensándolo bien, nunca me había fijado en su atractivo… oh dios… ¡Es muy sexi! mire fijamente su pecho, subía y bajaba con lentitud…
—Eres lenta cuando comes. – recordé cuando llego a mi habitación sin camisa, los músculos de su regazo se tensaban cuando caminaba o hacia el más mínimo esfuerzo, su cuerpo era muy cálido…, subí sosegadamente mi vista, recorriendo su fuerte mentón, el roce de sus labios con los míos, provocaba que algo en mí se encendiera como una antorcha, su nariz era perfecta, esos ojos tan oscuros… ¡Qué ahora mismo me miraban! con un espasmo gire hacia la mesa, sintiendo hasta el tope mi orejas calientes, ¡mierda! —Desayuna.
Totalmente tensa me senté en una silla, con las manos temblorosas tome el ramen y los palillos, comí apresuradamente. Bien hecho Sakura, te pillo mirándolo como una pervertida, sentí el peso de sus orbes sobre mi cabeza, tragando lento sorbí el jugo del ramen. «Soy una enferma». Terminando de "desayunar" y reprochándome mentalmente por mi estupidez, decidí mirarlo.
—Listo. – dije lanzando risitas, haciendo como si nunca lo hubiera visto como un animal hambriento. Con seriedad se despegó de la repisa dando dos pasos hacia mí, pasos que hicieron saltar a mi corazón con violencia.
— ¿No llevaras nada contigo?, tardaremos. – dijo mirando mis ojos.
—Eh… si, si…, bueno emm quería comprar bocadillos. – asintió, dirigiéndonos hacia la sala, tomo dos capas negras. — ¿Para qué, las capas?
—Lloverá. – dijo con simpleza.
Una vez afuera, mire el cielo, tenía razón comenzaba a ponerse nublado, cerré los ojos pidiendo a los dioses que no lloviera, no quería que nuestro día se viera afectado por la lluvia, la amaba y no me molestaría mojarme, pero dudaba que a él le agradaría. El fresco viento, ventilo mi bochorno, haciéndome sentir más cómoda. Me llevo a una tienda, donde compramos papitas, unas bebidas y deliciosos chocolates – agrios – gracias a mi súper intuición femenina llevaba conmigo una mochila de lado, donde guardamos las capas y los bocadillos, no me dejo llevarla, su imagen de "peligroso guerrero" se vio seriamente afectada con esa mochila.
— ¿A dónde iremos? – pregunte a su lado, caminábamos entre un pequeño bosque, la vista era maravillosa.
—No te lo diré. – respondió, sin siquiera mirarme.
La felicidad adormeció mi cerebro… ¡Era una sorpresa!, sin hacer más preguntas lo seguí como niña buena. A pesar de conocernos de hace mucho, nunca habíamos salido, si pasábamos tiempo a solas, cuando todos dormían o lo seguía, pero una cita nunca, esperaba con ansias ver el lugar donde me llevaría.
Caminamos por un rato sin prisas, miraba con atención el lugar, traspasamos el pequeño bosque y ahora caminábamos entre unas casas destruidas, me tomaba la barbilla, preguntándome ¿Qué les había sucedido?, no me atreví a preguntar pues era probable que él tampoco supiera, si desde hace 5 años él se había ido. Detuvo sus pasos mirando fijamente al frente, mire hacia donde él lo hacía.
«Baya…» un gran camino de concreto nos daba la bienvenida, a los lados se encontraban los restos de lo que pareció ser alguna vez una muralla. Mirando un poco más alejado se veían muchos escombros, el lugar estaba desierto, parecía como si una bomba hubiera explotado y arrasado con todo a su paso. Algo llamo mi atención, entre los escombros de la muralla habían un pedazo de… ¿pared? bueno no importa, un símbolo estaba intacto, camine hacia el inclinándome lo mire mejor, yo lo había visto en algún lado… acaricie el lado rojo de este, ¿Dónde?...
—Mi clan…, este es mi clan. – hablo Sasuke desde su lugar, abrí los ojos sorprendida ¡cierto! el símbolo era el mismo que tenía Sasuke y mi camiseta. Levantándome mire mejor el lugar, solo eran escombros… arrugue las cejas, oh… no…, se oprimió mi pecho. —Vamos.
Me quede de pie, mirando su rostro, si en este momento algo lo molestaba, nunca lo habría sabido con su expresión. Cerré los ojos, buscando algún indicio de tristeza… nada… solo un poco de melancolía. Solté un suspiro, no debía poner ninguna expresión de tristeza o sufrimiento, él me trajo hasta su hogar y no lo arruinaría con preguntas incomodas ni con lloriqueos, tenía que ser fuerte.
Llegando a su lado, le lance una sonrisa, asintiendo tome su mano y entrelace nuestros dedos. Me dio un apretón, juntos comenzamos a recorrer el magnífico lugar. Seré sincera daba miedo, entre más nos adentrábamos, mas calles, casas y edificios estaban en completa destrucción, era un pueblo fantasma… está bien, estoy exagerando. Prácticamente hasta lo más profundo del clan, habían casas – pocas a decir verdad – intactas, me sentí muy feliz al ver los majestuosos hogares, se veían un poco mallugados y llenos de polvo, pero realmente muy grandes.
— ¡Mira Sasuke! – dije con emoción, jalando de su brazo, nos acercamos a la entrada de la primer casa. — ¡Exploremos!
Me miro con una sonrisa, muy bien disimulada, negó con la cabeza.
—Después, ahora quiero mostrarte otro sitio. – dijo con seriedad, mire sus bonitos ojos, se encontraba tranquilo y eso me lleno el pecho de calidez.
—Está bien… pero vendremos a explorar. – dije derrotada, asintió ante mi petición.
Conté las casas intactas, cinco, cinco eran. Muy pocas, pero eso sí, demasiado grandes, parecían mini mansiones, a simple vista podía juzgar su lujo. Eran un clan lleno de riquezas y poder. Solo basto pasar la última casa; frente nosotros unos escalones se dirigían hacia un edificio, subimos, una gran puerta tori tenía el símbolo del clan, mire pasmada el lugar, el edificio también tenía el símbolo, su techo era de tejas verdes, los detalles y molduras eran de color rojo y sus paredes de color beige. Sasuke jalo de mi mano, al ver que me detuve a apreciar la vista.
Nos encaminamos hacia la entrada, no cabía en mi cabeza que un lugar como este estuviera abandonado, debería ser algún patrimonio de la aldea o que se yo, simplemente la palabra perfecto le quedaba muy por encima. Sasuke soltó mi mano, con fuerza abrió una de las enormes puertas de madera, asomando su cabeza se introdujo al lugar. Tomando mi mano me adentre con él, cerró la puerta. Penumbras, con eso decía todo, había poca iluminación, el salón tenía un piso de tatami, dos puertas estaban al mismo nivel en las diferentes paredes.
—Es… esto es… hermoso. – susurre maravillada.
— Santuario Nakano. – dijo con tono serio, gire mi cabeza poniendo atención a lo que decía. —Aquí se reunían los miembros de mi clan.
—Asombroso…. – lanzando una imperceptible carcajada comenzó a caminar, llegamos al séptimo tatami, soltó mi mano, dando un paso, levanto el tatami, me acerque curiosa, había una habitación secreta. —Muy ingenioso…. – dije mirando hacia el oscuro lugar.
—Espérame aquí. – dijo con un salto. Me asome mucho más, inclinándome levemente, escuche ruidos y casi enseguida el lugar fue iluminado por una posible vela. Sasuke me miro alzando la cabeza, extendió sus brazos.
—Ven. – dijo haciendo señas con sus manos, me mordí el labio.
—No me dejes caer. – dije con temor.
—No lo hare. – dijo con confianza, asentí, sentándome salte hacia él, sus fuertes brazos me cacharon antes de que mi pies tocaran el piso. Manteniéndome entre sus brazos me miro fijo. —Nunca lo haría…. – susurro, mi corazón dio un salto.
Bajándome, volvió a tomar mi mano, curiosa mire el lugar, hasta el fondo había una mesa de concreto, con un mantel rojo vivo, en medio una tabla de piedra era alumbrada por dos velas a los lados.
— ¿Qué es? – pregunte intrigada, señale hacia la mesa.
— Es un monumento de piedra en forma de tabla. – explico. — Ha sido transmitido de generación en generación dentro del Clan Uchiha, nunca antes se había mostrado a otra persona ajena a este.
— ¿No será un crimen que yo lo vea? – pregunte, me causaba temor que se metiera en problemas por traerme a un lugar tan especial.
—Sí y nos iremos al infierno. – lo mire atónita, ¡por todos los cielos! —Por supuesto que no, tu eres parte de mí, así que no hay problema.
No sabía si enojarme por su intento de broma o lanzarme a sus brazos por lo que había dicho.
—Este no es el lugar que quiero mostrarte. – dijo mientras caminaba hacia la mesa, hice una expresión de completa incredulidad, es que acaso su clan escondía un imperio.
— ¿¡Aún hay más!? – grite. Asintió e ignoro las exclamaciones de sorpresa.
En la pared del lado izquierdo de la mesa, Sasuke hizo unos sellos, sus ojos se colorearon de rojo, un dibujo del Sharingan apareció en dicha pared, con ruidos, se fue abriendo una puerta. Tomo una antorcha y con un suspiro de fuego la prendió.
—Exploremos. – decía mientras tomaba mi mano y nos introducíamos a un tenebroso pasillo.
Ahora sí, esto era demasiado abrumador, abrase su brazo, pegándome lo más que pude a su cuerpo, todo lo que podía ver por delante era completa oscuridad. Era muy curioso todo este lugar, con sus habitaciones secretas y pasillos oscuros. Caminamos entre la oscuridad solo siendo alumbrados por la antorcha, pensé que nunca acabaríamos el pasillo. Finalmente llegamos a otra puerta, de igual forma que anteriormente, fue solo abierta por el Sharingan de Sasuke. Más oscuridad.
—Toma. – me entrego la antorcha y se separó de mí, antes de dejar que se fuera tome su camisa. —Prenderé las demás.
Cediendo lentamente deje que se fuera. Escuche pasos y cosas moviéndose… ¿Cómo podía ver en este lugar?... yo me habría partido el cuello al dar unos cuantos pasos. No podía evitar sentirme muy especial, sentía el amor llenarme cada célula de mi cuerpo, era importante para él, lance una risita. El lugar fue alumbrado, como era costumbre, mire todo, era una especie de sala de reuniones, cuatro puertas habían seguidamente al fondo en la pared. La mesa y las sillas eran de madera.
—Es un refugio. – escuche su voz, estaba de pie frente la mesa, había dejado la mochila en esta.
Me acerque a él, tomo la antorcha y la puso en la pared más cercana. Sonreí con complicidad.
—Esa puerta da a las habitaciones. – dijo señalando la primera. —Esa a los baños, la de a lado es cocina y despensa, y en la última hay cobertores y ropa.
—Estaban preparados para cualquier cosa ¿verdad? – dije sentándome en una silla frente a él.
—Te enseñare un atajo, si en algún momento pasa algo ven aquí. – dijo tomando asiento a lado mío.
—No tendría las agallas para venir a tan tenebroso lugar. – dije con sinceridad.
—Claro que sí, este será nuestro lugar de encuentro.
—Que romántico. – susurre con burla. Me levante observando el lugar. —Y bien ¿quieres seguir explorando?
Se quedó callado, mirando fijamente mi cara. —No, tenemos que hablar. – dijo con tono serio, su expresión cambio totalmente. No me dio buena espina.
— ¿Qué… sucede? – pregunte con un temblor en la voz. Retome mi lugar, jugueteando con mis dedos pensé en posibles temas, acaso me dejaría o le pasaba algo malo. Cerró los ojos, tomado fuerzas, respiro muy lento. Oh dios…
—Dejaras que hable hasta el final. – tomo mis manos con las suyas, sus ojos me miraban con cautela. —Podrás irte si así lo quieres.
—… me estas asustando. Dime lo que sea, podemos arreglarlo. – dije apretando sus manos. ¿Por qué, querría irme?
—…. – silencio, miro un momento la pared, regresando su vista, parpadeo, la intriga carcomía mis entrañas. —Mentí.
Hice una mueca de confusión, abrí mi boca. —Sssh… déjame hablar. – dijo callándome.
—Te he mentido…. – susurro con ronques, el alma abandonó mi cuerpo. —No desapareciste en aquella misión… porque… moriste…
~…Moriste…~ ¿eso que significaba?... morí… ¡Morí!, lo mire con mis ojos muy abiertos.
—Los responsables… somos Naruto y yo. – el frio penetro mi cuerpo. —Nosotros te asesinamos.
Me paralice físicamente… ¿¡Que!?... me sentía a punto de desfallecer, un nudo se creó en mi garganta, respire hondo, sentí algo deslizarse por mi cara, separe nuestras manos, con mis yemas sentí humedad, estaba llorando. «Tranquilízate y escucha.»
— Habíamos terminado la misión de aquel entonces, yo estaba en el hospital y cuidabas de mi…. – decía mientras miraba con culpa mi rostro. Me limpie las lágrimas y volví a tomar sus manos. —Estaba muy afectado por el antiguo enfrentamiento, no medí las consecuencias. Rete a Naruto, te dejamos en el hospital e ignoramos tus llamados…, peleamos… cuando… estaba a punto de acabar la batalla… tu…
Solloce, apreté más fuerte nuestras manos. Sonreí, —Tranquilo. – susurre, sabía que ellos no me habrían hecho daño intencionalmente.
—Te entrometiste en la pelea, el poder que usamos fue brutal, no tuve tiempo para desviarme… solo… apareciste en medio, todo tu cuerpo recibió el choque…, fueron instantes para que tu… fallecieras.
~No pude llegar a tiempo… cuando desapareciste en medio del ataque~, recordé todo hasta este momento, las preguntas que alguna vez tuve comenzaron a responderse por sí solas. ~Te buscamos por mucho tiempo. Los que te hicieron daño eran unos malditos estúpidos. ~
—Perdón…. – susurro contrariado, miraba fijamente mi cara. ~Nunca te pedí perdón…. Perdón… Sakura. ~, No culpaba el que me haya mentido, no era fácil cargar con esa culpa por tanto tiempo, solté un jadeo, alejando cualquier dolor de mi cuerpo, no había necesidad de hacerlo, fue un accidente. ~Perdóname… Sakura…. ~ por eso Naruto lloro tan descontroladamente el día que nos vimos, su extraño comportamiento conmigo era debido a esto.
— ¿Como… como, es que estoy viva…? – pregunte en un susurro, mi cerebro procesaba la información, aclarando toda duda en mí.
—Por una casualidad, encontré información sobre un… experimento…. – apretaba la mandíbula. ~Estabas en el laboratorio de un loco..., yo no tenía idea de quien eras cuando te vimos ahí, pero Sasuke- kun se puso… umm… como decirlo…, un poco violento. ~ Karin me lo había dicho. —Cuando llegue y te vi ahí, te traje conmigo, no recordabas nada y eso…
~No te preocupes, nosotros lo solucionaremos…~ por eso cuando Tsunade dijo que podía ayudarme ellos estaban muy tensos y malhumorados. Oh… entiendo…
— ¿S-sabias lo que podía hacer…? – pregunte con temor, asintió una sola vez, agache mi miraba observando nuestras manos. — ¿Por qué no me lo dijiste?
—Te quería alejar de todo, pensé que si no te lo decía nunca lo sabrías… pero… comenzaste a hacer cosas y curar…
— ¿Cómo llegue al laboratorio? – mire de nuevo su cara. Silencio. —Dime… quiero saberlo. – pedí.
Apretó mis manos. —No sé por qué ni como, fue que te encontró, Óbito, él fue quien te llevo, experimentaron con tu cuerpo y extrañamente regresaste.
«…Óbito…»
— ¿Lo he visto…? – negó. — ¿Dónde puedo encontrarlo? – súbitamente se puso de pie, frunciendo el ceño soltó mis manos, lo mire extrañada.
—Es un bastardo, él no te salvo. – dijo con dureza. —Te quiere usar, si hubiera sido por él nunca te habría llevado. – mire detenidamente sus ojos…, pero… sin él, yo no habría… parecía molestar a Sasuke que yo preguntara al respecto, me guarde mis preguntas.
~ ¡No digas tonterías Sakura!~… mire mis dedos, pensando, el silencio nos reinó, ~ ¡No eres culpable de absolutamente nada!~ ¿por eso me cuidaban? era solo culpa… se estrujo mi estómago… ~ ¡Fuimos nosotros quien te dañamos!~
—Dijo… Ino que… siempre te he amado…. – solté un jadeo, temía su respuesta, no quería oír que todo lo que habíamos vivido había sido una mentira…. — L-lo que tenemos… es… es…. – sentí húmedos mis ojos. — ¿mentira…?... solo… ¿es culpa?... No… me… quieres… - solté sin atreverme ver su cara. Estaba segura que no lo soportaría.
Silencio… oh… no… mis órganos se apretujaron, me falto el aire, no pude evitarlo, sollocé, tape mi boca con mi mano reprimiendo un gemido. «No puede ser…» con temblor me levante, dando vuelta suspire, me dolía el pecho hasta niveles insospechables. —Entiendo…
Di un paso hacia la salida, sorbiendo mi nariz. Repentinamente llego, interceptando el camino, nos miramos. Tomando mi brazo me acerco a él.
—No llores. – pidió limpiando mis lágrimas. —Examina tu corazón… dime… ¿ha sido mentira?...
~Sasuke… Uchiha Sasuke…. ~ tome sus antebrazos, soltando más lágrimas, sus profundos ojos envolvieron mi ser… ~No quiero que vuelvas a huir así… pensé que…. ~ no…, no podía… ~No me arrepiento…. Por qué pude encontrarte. ~ Siempre me ha protegido y nunca me ha negado nada… ~Tienes completamente prohibido separarte de mí. Entiendes. ~ cerré los ojos, concentrando toda mi atención al contacto de nuestra piel… ~ ¿Qué me has hecho… Sakura?~ limpie mis lágrimas y lance una risita. No podía ser mentira todas las caricias, eran verdaderos sus besos, aunque no lo expresara con palabras lo hacía con sus gestos, todas esas noches durmiendo juntos, disfrutando de la cercanía del uno con el otro. ¡No eran falsas!, pase mis brazos por su cuello, alzándome de puntitas me acerque a él.
—Eres un tonto…. – reclame, me apretó contra su pecho y olisqueo mi cabello. Sentí a flor de piel todos mis sentimientos hacia él, luchaban por salir, por hacerse ver. —Te amo, te amo tanto Sasuke.
—…Yo también…. – susurro escondiendo su rostro en mi cuello. Mi yo interna chillo, me separe, tomando su cara entre mis manos, me deleite con su expresión. Mis labios hacían cosquillas, acorto la distancia en un cálido beso.
Mi piel se estremeció, la temperatura del lugar subió, mi corazón comenzaba a latir apresurado. Nos separamos, tomando bocanas de aire, miró fijamente mis ojos, en ese momento todo lo que importaba era sentirnos cerca. Mi cuerpo daba leves convulsiones pedía a gritos sentir sus manos. Apretuje su cuello una vez más, sus brazos abrazaron posesivos mi cintura, reclamo mis labios con hambre, besándonos con lujuria y deseo. Solté un gemido al sentir el cálido contacto de su lengua con la mía… oh si…, la electricidad volvió espeso el aire, acaricio nuestra piel… nos llamaba…
Mi ser pedía más… exigía sentir el calor de su cuerpo. Deslizando mis manos de su cuello, pase las yemas de mis dedos por su cuello…, su piel era caliente, se estremeció. Separándome un poco, deje espacio para poder tomar el cierre de su camiseta… con tortuosa lentitud, lo baje… dejando al descubierto su tonificado pecho…. Un gruñido fuerte se escapó de sus labios, deslice mis manos hacia su piel, rozando con mis dedos los músculos tensados, su respiración se volvió erradica, sus brazos apretaban con fuerza mi cuerpo al suyo. Separándonos tomamos aire, su mirada estaba completamente empapada por el deseo, sentí humedad entre mis piernas… por todos los cielos… mordí mi labio.
Dejándome guiar por la sensación, sin despegar la mirada de la suya, arrastre mis dedos, desde su clavícula hasta su abdomen, con un dedo roce la V, prueba de su arduo entrenamiento, detuve mis caricias en el inicio de sus pantalones… cerro los ojos, respirando apresuradamente, despoje su cinturón y hakama. Solo la punta deslice bajo estos. Tomo mis manos, aclarándose la garganta dijo con profundidad:
—No…. – sus barreras comenzaban a desplomarse lo sabía, no quería detenerme, lo deseaba cada centímetro de mi piel, los músculos de mi más oscuro ser, se contraían, con dolor exquisito. —No… podré controlarme…
—No lo hagas…. – susurre con deseo contenido. Abrió sus ojos sorprendido, solté mis manos y volví a acercarme a él, besando su tensa mandíbula. —No quiero que te contengas…
Como si algo hubiera hecho click dentro de su cabeza, tomo mis labios, disgustando con exigencia, nuestras bocas se unieron en una danza lenta, sacudidas revolvían mis entrañas, como si hierro caliente recorriera mis venas, el infinito placer recorría cada musculo, hasta instalarse en mi vientre. El dolor era agudo… molesto… lo disfrutaba. Sus agiles manos desabrocharon el cinturón de mi cintura, dejándolo caer al piso, mi blusa blanca se abrió dejando al descubierto mi vientre y mi pecho cubierto por la remera negra. Sn dejar de besarme, recorrió sosegado, cada parte, mi piel respondía ardiente, pulsando donde dejaba la marca de sus rasposos dedos. Quitando mi blusa, beso mi quijada y la comisura de mi boca, deslizando sus labios, dejo un camino de humedad hasta mi hombro. Sentí un exquisito mordisco, en el hueco del hombro, su respiración era lenta y pesada, expulsaba leves jadeos que chocaban contra mi cuello. Sin darme cuenta, desgarro la remera, sentí el viento caliente envolver mi pecho, la piel se me puso chinita, se separó, observando mi cuerpo, me ruborice.
—Eres tan hermosa…. – susurra con un brillo de excitación en la mirada. —Esta mañana, casi provocas que pierda el control…
No dije nada, deslice su camiseta, los músculos de sus brazos estaban totalmente tensos. Bese su clavícula, succionando la piel, gruño, con brusquedad tomo mi cintura y me sentó en la mesa, acercando todo su cuerpo se posiciono entre mis piernas, nuestras caderas chocaron… oh dios mío… la prueba de su deseo hacia mí, choco contra mi pelvis, era caliente y muy abultado… trague con dificulta. Acaricie su ancha espalda, sintiendo bajo mis dedos, los nervios tensarse, mientras el deslizaba por mi cabeza mi top, tuve el reflejo de cubrirme, no me dejo, mirando embelesado como mis pezones se ponían duros ante el contacto del aire. Estaban hinchados y palpitaban. Rozo con la yema de su dedo mi pezón izquierdo, di un respingo, mi respiración se volvió más rápida. Apreté los labios. Sorpresivamente me tomo en brazos, con una patada abrió la primer puerta, no veía ni un carajo, con rapidez abrió otra… ¿puerta? que estaba a un lado en el pasillo, mas oscuridad, solo se oían nuestras respiraciones desbocadas. Me llevo unos cuantos pasos y me deposito sobre algo suave… tantee la superficie, era una cama. Los nervios se apoderaron de todo mi cuerpo. La habitación se alumbro.
Sasuke caminaba con sensualidad, despacio se acercó a mí, retrocediendo me recosté sobre la cama, quedando nivelado sobre mí, puso ambos brazos a los lados de mi cabeza, miro detenidamente mis ojos, me sorprendí al ver el Sharingan activado.
—Pídeme que pare…. – susurro con dificultad. ¿Era correcto hacerlo?... sí, no podía soportarlo más, yo era suya así como él era mío, nos pertenecíamos, no quería dejar pasar más tiempo. Seriamos uno solo. —Si no lo pides, no me detendré. . – con esa expresión y el Sharingan mirándote fijamente, cualquier persona moriría de miedo.
— ¿Es una amenaza? – pregunte sacándome las sandalias.
—Sí. – respondió con ronques. —No habrá vuelta atrás… Sakura…
—Lo sé.
Pasando mis manos por su abdomen, acaricie la tela fruncida de sus pantalones. Temblorosa deslice mis dedos… cerro los ojos, su garganta comprimía feroces gruñidos, introduje mi mano, palpito, respire hondo, «Tranquila, puedes hacerlo.» acaricie su fuerte y grande virilidad, estaba caliente, arrugo las cejas y mordió sus labios. Roce mis dedos por toda su extensión, con un gruñido se recostó sobre mi cuerpo, escondiendo la cara en mi cuello, inconscientemente dio una fuerte estocada contra mi mano. Solté un jadeo de placer, cerré mis ojos, disfrutando del contacto de la tierna piel, se veía tan venerable…, sus pequeños gemidos revolvían mis entrañas… lo amaba… todo mi cuerpo se empeñaba en mostrárselo. Respirando hondo, tomo mi mano, quitándola. Lance una expresión de protesta, reintegrándose, beso mis labios.
—Molesta…. – susurro acariciando mi abdomen. Desabrochó mis shorts, pasando sus dedos por mis caderas, me di cuenta lo que quería, levantando mi cuerpo, deje que deslizara mis shorts, quedando solo en bragas. Sentándose, se quitó los pantalones quedando de igual forma en bóxer. Se recostó a lado de mí, apoyándose con el codo de su fuerte brazo. Me quede quieta, esperando, nos miramos fijamente, el Sharingan se veía tierno por la forma en la que me miraba, podía ver un imperceptible sonrojo…
— ¡Oh! – tape mi boca respirando erráticamente, sus dedos viajaron desde mi vientre hasta el único lugar donde todos los músculos se contraían y sentía humedad. Lanzo una pequeña carcajada mientras se inclinaba para besarme. Dos yemas rozaron… mordí mis labios. Con tortuosa lentitud, recorrió cada parte de mi parte baja… sentí un tirón en mi estómago, me aferre a las sabanas negras – si la cama tenia sabanas negras. – respire repetidas veces, lance un chillido cuando introdujo uno de sus dedos, inconscientemente moví mis caderas al compás del movimiento de su mano. Otro dedo. Se levantó, sin dejar de moverlos, sin poder evitarlo gemí fuerte, mire el oscuro techo, desde los dedos de mis pies, algo se deslizaba, provocaba temblor, entumecía cada fibra de mi ser, alce mi cabeza gimiendo hacia atrás, con un estadillo de espasmos ultrasensibles, me deje ir…
... Eso ha sido… ha sido… maravilloso. Tome bocanadas de aire, recupere la estabilidad después de estar segundos en el paraíso, busco su mirada, sus habilidosos ojos no perdían detalle de cada movimiento de mi tembloroso cuerpo. Retirando su mano, lame la prueba de mi orgasmo, me ruborizo hasta las orejas. Se coloca sobre mí, bajando con una mano su bóxer, apartándolo de una patada como si no soportara que estuviera entre nosotros. Se acomoda entre mis piernas, lo siento entre los muslos, fuerte y grueso, busco con desesperación su mano, entrelazando nuestros dedos. Cierro los ojos.
—Mírame. – pide en un jadeo. Levanto mi mirada hacia la suya, aprieta nuestras manos y se acerca. Con una lenta estocada, se introduce. Muerdo mis labios, reprimiendo el dolor por el ardor. Se detiene. —…Mírame…. Sakura…. – sus rojizos ojos me miran con ternura y confianza, besando mis labios me penetra por completo, grito por el dolor, con mi mano libre me aferro a su espalda, enterrando las uñas en su carne. Gime despacio, sale de mí, aprieto los ojos, de nuevo me penetra, esta vez chillo ante el exquisito placer. Con un vaivén lento, viene y va.
—Mía…. – susurra contra mis labios.
Gemidos y gruñidos se ahogan en su garganta, los músculos de su abdomen se contraen con cada estocada, cierra los ojos disfrutando del placer de nuestros cuerpos. Con fuerza aprieta nuestras manos, penetrando más rápido…. paso mis piernas alrededor de sus caderas, acunando su miembro. Muevo con lentitud mi pelvis, siguiendo su ritmo. Se apega a mi todo lo que puede, mordisqueando con fuerza mi hombro… oh dios… mis órganos se apretujan… estoy muy cerca…. rasguño su espalda, arqueando todo lo que puedo mi espalda, rozo mis pezones contra su torso.
—Mía… eres mía…. – jadeante besa mis labios.
Tensa la mandíbula… adentro, afuera, más rápido, más profundo…, aprieto sus caderas, los músculos de mi vientre se tensan con exquisito dolor…, sube nuestras manos por encima de mi cabeza y empuja. Perdiendo el control, recarga todo su cuerpo sobre el mío, toma mi muslo, alzándome para tener más contacto… para llegar más dentro. Toca mi alma, estamos cerca, su cuerpo se tensa. Con la única luz de dos antorchas, la habitación se llena de gemidos y gruñidos, el sonido de nuestros cuerpos al restregarse uno contra el otro, provoca que todo razonamiento desaparezca. Un placer incontrolable. Estallo en miles de pedazos, grito fuerte, cerrando con fuerza los ojos. Su cuerpo se estremece, con un gemido de placer… se viene… sus músculos convulsionan… se deja llevar… la sensación es caliente, cubre cada parte de mi estómago…
Exhausto deja salir un jadeo, tratando de recuperar la compostura. Saliendo de mí, me besa. Lanzo una risita, soltando nuestras manos jala de la cabecera un cobertor – negro – nos cubrimos, sin quitarse de encima de mí, se acomoda, quedando con la cabeza sobre mi pecho, abrazándome. «No puedo creerlo. » me sonrojo, por todos los cielos… ha sido tan, tan… perfecto, no puedo recordar cómo es que llegamos hasta este punto. ¡Bah!... no importa, deslizo la yema de mi dedo por la línea de su espalda y con la otra acaricio su húmedo cabello – el sudor -, agacho un poco mi cabeza buscando su mirada. Se quedó dormido, ¿Cómo puede quedarse dormido?... estaba completamente segura que mi cuerpo dolería para cuando el señor decidiera comprender que no soy una cama… no la verdad… me gustaba tenerlo así…
—Te amo, Sasuke. – susurro en la oscuridad.
¡Saludos Terrícolas!
u/u Sin comentarios. ¿Les gusto?
Besos y bendiciones a todos ustedes por leerme Gracias por todo.
