Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath

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ACLARACIÓN

Será una adaptación, sin embargo haré algunos cambios, sobretodo con el personaje de Karin, en la historia original es un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, y cambiaré un poco el amor del protagonista por Karin, en esta versión sale un poco porque la sustituiré con otro personajes en ciertas ocasiones.

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Espero disfruten esta historia, la cuarta de esta serie de adaptaciones; así como yo lo hice.

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CAPÍTULO 20

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―La mayor parte de la joya estaba compuesta por un entramado de finas tiras que se ceñía perfectamente alrededor del cuello de una mujer ―dijo Tenten sentada a la mesa de la cocina y observando mientras Juugo dibujaba lo que ella le iba describiendo.

A ella le encantaba el aspecto que tenía cuando se concentraba. Tanto si se trataba del papel como de ella, él les prestaba toda su atención. Tenten sabía que lo que había hecho en Konoha lo había dejado en una extraña posición en cuanto a los sentimientos que albergase por ella y la responsabilidad con la que afrontaba sus obligaciones. Ese hombre se preocupaba por la justicia. Pero también se preocupaba por ella.

―Y de cada uno de los lados de la parte que descansaba sobre la garganta colgaban varias tiras de plata hacia abajo ―explicó Tamaki―. La longitud de esas tiras iba aumentando a medida que se acercaban hacia el centro hasta llegar a la tira central, que era lo suficientemente larga como para colgar por entre… ―Carraspeó y miró a Tenten.

―Creo que ya me imagino entre qué colgaba ―dijo Juugo en voz baja.

Tenten sonrió cuando vio que sus mejillas se teñían de un ligero rubor. Él no acostumbraba a demostrar incomodidad, por lo menos cuando estaba con ella. Resultaba interesante descubrir aquella faceta de su carácter, y saber que actuaba de un modo distinto con Tamaki que con ella. Ahora sabía que no se sentía cómodo estando con su hermana.

—¿Qué más?

―A mí me recordaba a los collares que se les ponen a las bestias ―dijo Tamaki―. Y costaba mucho manipular el cierre. Estoy segura de que cualquier mujer necesitaría ayuda para ponérselo y quitárselo.

―No nos lo probamos ―dijo Tenten―. Cuando nos dimos cuenta de lo que era, ya no queríamos ni tocarlo.

―Era una joya muy bonita ―susurró Tamaki― que escondía un terrible propósito. ¿Cómo pudo hacerle eso?

Juugo dejó de dibujar y miró a Tamaki. Tenten le observaba completamente fascinada; parecía que tuviera la capacidad de saber lo que él estaba pensando.

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―¿Te dijo algo cuando estuviste aquella noche en su biblioteca?

Tenten sintió ganas de darle un beso por las palabras que había elegido para dirigirse a ella, por no haberle recordado que le mató. Aquel día aún no había visto a su hermana frotándose las manos ni una sola vez. Quizá con un poco más de tiempo las heridas se le curarían del todo.

Las lágrimas asomaron a los ojos de Tamaki y resbalaron por sus mejillas.

―Se burló de mí. Me dijo que Tetsuya disfrutó de lo que ocurrió, que lo deseaba, que había suplicado. Nunca he odiado, despreciado y detestado tanto a nadie en toda mi vida. Yo quería que por lo menos se arrepintiera antes de morir. ―De repente parecía que se le había revuelto el estómago―. Pero él estaba orgulloso de lo que había hecho.

Empezó a frotarse las manos compulsivamente. Tenten se las cogió.

―No pasa nada, Tamaki. Ya no puede regodearse más en lo que hizo.

―Era un monstruo. ―Volvió a centrar su atención en el dibujo―. Se parece bastante al collar, ¿verdad, Tenten?

―Sí.

―En realidad no es un collar ―dijo Juugo―. Es más bien lo que has dicho tú misma, algo que se le pondría a un animal. Ya había visto uno exactamente igual en una ocasión. Lo llevaba puesto una mujer que encontramos muerta en las orillas de Konoha.

―¿Crees que participó en alguna de esas reuniones? ―preguntó Tenten.

Él asintió con brusquedad.

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―Basándome en las discretas investigaciones que hice cuando la encontramos, creo que existen sociedades secretas que realizan rituales de forma habitual como el que describió tu hermana. Siempre pensé que las personas implicadas participaban por propia voluntad, y por eso nunca tuve interés en perseguirlas. Pero la sociedad de la que habló tu hermana parece haberse empezado a deslizar hacia algo más oscuro.

―¿Crees que habrían acabado asesinando a Tetsuya?

―Si consideraban que constituía alguna amenaza para ellos, sí.

―Es posible ―Tenten no estaba segura de que quisiera pensar en lo que estaba pensando― ¿que vinieran aquí y la mataran?

Juugo se recostó en la silla.

―Es posible, pero poco probable. Por lo que escribió en su diario la noche que murió, sospecho ―a ella no le pasó desapercibido que se esforzaba por elegir muy bien sus palabras― que buscó paz de la única forma que pudo.

En aquel momento pensó que no podía quererle más por no haber verbalizado lo que su hermana había hecho realmente: quitarse la vida y pecar contra Dios. La familia había dicho al clero y a los habitantes del pueblo que Tetsuya se cayó. Que todo fue un accidente. Ni siquiera ellos habían sido capaces de afrontar y aceptar lo que había ocurrido realmente.

―¿Entonces, qué hacemos ahora, inspector no Tenpi? ―preguntó Tamaki. Era la primera vez que alguna de ellas se dirigía a él de aquella forma, reconociendo, por tanto, la autoridad que tenía sobre ellas. A Tenten se le hizo un nudo en el estómago al pensar en lo que aquello significaba. Le costaba respirar, pero no apartó la mirada y esperó a que les comunicara su decisión y lo que pensaba de todo aquello.

―Kamizuru le hizo daño a Tetsuya, pero no lo hizo solo.

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Tenten y Tamaki se miraron la una a la otra.

―Pero él fue el principal responsable ―dijo Tamaki.

―Los demás también están implicados.

―Pero no sabemos quiénes son ―dijo Tenten―. Tetsuya solo mencionó a Kamizuru. No creo que supiera quiénes eran las demás personas.

―No se me ocurrió pedirle nombres a Kamizuru ―dijo Tamaki, y Tenten percibió lo decepcionada que se sentía consigo misma.

―Tampoco te los hubiera dicho ―dijo Juugo descargándola de culpa.

―Entonces, ¿cómo vamos a averiguar quiénes son? ―preguntó Tenten.

―¿Recuerdas aquella primera noche en los jardines de Konoha y a aquella mujer con la que habló Kamizuru?

Tamaki asintió.

―Aquella mujer llevaba puesto algo que podría ser esto ―dijo él dando unos golpecitos sobre el papel―. Es posible que la joya sea el principio de todo. Si consigo que el nuevo lord Kamizuru me de el collar y encuentro una mujer que esté dispuesta a llevarlo puesto mientras pasea por los jardines, es posible que alguien se le acerque…

―Lo haré yo ―dijeron Tenten y Tamaki al unísono antes de que él pudiera acabar de explicarse.

―No seas ridícula ―dijo Tamaki―. Yo soy la mayor y la responsabilidad me atañe a mí.

―No, tú ya te arriesgaste al matarlo. Ahora me toca a mí.

―No pienso permitirlo.

―Pues yo no permitiré que no me lo permitas.

―Tenten…

―Tamaki…

―¡Chicas! ―gritó Juugo poniéndose de pie―. Necesito a alguien que tenga un poco más de experiencia con el lado más salvaje de Konoha; una mujer que pueda cuidar de sí misma.

―Ya conocerán a todas las mujeres que pertenezcan a su sociedad ―dijo Tenten―. Necesitas a alguien a quien puedan reconocer. Solo le dijimos a Kamizuru que Tetsuya estaba muerta. Es posible que no se lo contara a nadie más. E incluso aunque lo hiciera, si ven a una mujer que se parece a ella es probable que piensen que el marqués estaba mal informado o que les mintió. Tiene que hacerlo una de nosotras.

Él negó con la cabeza.

―Ha sido una mala idea. Deberíamos olvidarla.

―No podemos olvidarla. Tienes razón ―dijo Tenten―. Hay que hacer algo. Nosotras estábamos obsesionadas con Kamizuru. No pensamos en ir más lejos y deberíamos haberlo hecho. En recuerdo de nuestra querida hermana. Para darle paz a su alma. Tenemos que acabar lo que empezamos.

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Tenten se sentó en el tocador que había en la habitación de Tamaki con el camisón puesto y empezó a cepillarse el pelo. Habían dejado a medias la discusión sobre lo que debían hacer cuando volvieran a Konoha, pero Juugo les había dicho que analizaría la situación y encontraría la mejor forma de afrontarla. Ella le amaba por no querer ponerlas en peligro, pero había visto en sus ojos que sabía que lo que ella había dicho tenía sentido.

―No tienes por qué esperar a que me duerma para irte con él ―dijo Tamaki, que estaba sentada en la cama y había apoyado la espalda en una pila de almohadones―. Solo espero que sepas lo que estás haciendo. Si te quedas embarazada supongo que por lo menos podrás alegar el embarazo. Por lo que he oído, no ahorcan a mujeres embarazadas.

Tenten se levantó del tocador, corrió hacia Tamaki y la cogió de las manos.

―No nos van a colgar, Tamaki. Me lo ha prometido.

―¿Y se puede saber quién le ha nombrado rey?

―Creo que tiene influencias. Tenemos que confiar en él.

Tamaki le estrechó las manos.

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―Y tú tienes que confiar en mí. Si seguimos adelante con el plan, seré yo la que haga el papel de Tetsuya.

―Tamaki…

―Tenten…

Volvían a encontrarse en otro callejón sin salida igual que cuando estaban en la cocina. Pero Tenten sabía que Juugo estaba de su parte. Ella se encargaría de que Tamaki no se volviera a poner en peligro.

―Bueno, ya veremos qué ocurre cuando volvamos a Konoha, ¿de acuerdo?

Tamaki asintió.

―Muy bien ―dijo Tenten sucintamente. Ella encontraría la forma de proteger a Tamaki, tanto si ella quería que la protegieran como si no. Su hermana se había llevado la peor parte de la venganza, ahora era su turno. Soltó a Tamaki, se posó las manos sobre el regazo y las observó detenidamente, consciente de que se estaba ruborizando.

―¿Podrías por lo menos darte la vuelta y fingir que estás dormida?

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Por suerte, Tamaki hizo lo que le pidió su hermana. Tenten sabía que era un poco hipócrita por su parte, pero le daba vergüenza ir a la cama de Juugo sabiendo que su hermana estaba al corriente de la situación. Lo que estaban compartiendo ella y Juugo era algo que compartían los matrimonios. Y ellos no se podrían casar nunca. A pesar de las valientes palabras que le había dicho a Tamaki y de las promesas de Juugo, Tenten sabía que era muy probable que acabara en la horca. Aquel pensamiento era el responsable de que estuviera decidida a aprovechar al máximo el tiempo que les quedara juntos.

Salió de la habitación de Tamaki para entrar en la suya. Se preguntó si su corazón siempre latiría con aquella fuerza cada vez que volviera a posar los ojos sobre Juugo después de una breve separación. Él la esperaba de pie junto a la ventana. Pero en cuanto escuchó el cierre de la puerta, empezó a cruzar la habitación en su dirección. Ella se encontró con él junto a la cama y le ofreció los labios. Sin embargo, él no aceptó su regalo. En lugar de besarla, Juugo le pasó los dedos por el pelo y la abrazó mientras la observaba atentamente como si estuviera pensando en algo muy importante. Después de todo lo que habían descubierto y todo lo que habían planeado, ella no tendría que haberse sorprendido, pero esperaba que durante aquellas horas pudieran fingir que no existía nada detrás de aquella puerta. Que no había nada más en el mundo excepto ellos dos.

―Aquella noche en mi apartamento, cuando te pedí que te lo quitaras todo excepto el collar de perlas ―dijo él―, ¿te acordaste de lo que le pasó a tu hermana? ¿Mi petición impidió que disfrutaras del todo de aquella noche?

Tenten se sintió aliviada al darse cuenta de que se trataba de algo completamente inconsecuente. Frunció el ceño y suspiró.

―No. Claro que no. Aquel collar era un precioso regalo, no un símbolo de sumisión. Estoy convencida de que nada de lo que ocurrió aquella noche entre nosotros tuvo nada que ver con lo que experimentó mi hermana.

―Me alegro.

Entonces ella se dio cuenta de que él movía las manos, y de repente notó algo pesado, suave y frío sobre su piel. Con una pequeña exclamación tocó las perlas que descansaban sobre su cuello y sonrió.

―¿Cómo has conseguido…? No me he dado cuenta de que las tenías en la mano.

―Quizá no sea extremadamente hábil con las manos, pero sí que aprendí algunos trucos.

Tenten no se podía creer la réplica que se formó en su cabeza. Estuvo a punto de no compartirla con él, pero se trataba de Juugo, un hombre que conocía todos sus secretos, los del cuerpo y los del alma.

―Pues yo creo que tienes mucha habilidad con las manos.

Él esbozó una lenta y sensual sonrisa con los ojos ardientes de deseo.

―Vamos a poner a prueba tu teoría, ¿te parece?

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Antes de que ella pudiera siquiera volver a respirar, su camisón estaba aterrizando sobre el suelo y él se quitó los pantalones. Se quedaron piel contra piel y sus labios empezaron a explorar esas zonas que ya le resultaban familiares con la esperanza de descubrir nuevos tesoros.

Su encuentro sexual fue agridulce, como si los dos supieran que cuando partieran hacia Konoha por la mañana tendrían que dejar todo aquello atrás. Volverían al mundo del saber estar y el decoro. Y lo más importante, debían concentrarse en el plan que tenían entre manos en lugar de en ellos mismos.

Juugo se tomó su tiempo y la tocó con una lenta veneración, como si estuviera decidido a memorizar cada línea y cada curva para recordarlas las noches que ya no compartiese con ella. Tenten deslizó los dedos por el cuerpo de Juugo con una gran conciencia; así recordaría la firmeza de sus músculos, la tersa suavidad de su piel y el espesor de su pelo.

Cuando el placer empezó a resultar insoportable y la pasión se convirtió en dolorosa necesidad, se unieron en una conflagración de sensaciones que los llevó a mayores alturas. El nombre de la joven se convirtió en un rugido que brotó de los labios de Juugo, y el de él se convirtió en un gemido en los de ella.

Después, cuando yacían exhaustos y repletos el uno en brazos del otro, ella no pudo evitar las lágrimas. Y el tranquilizador murmullo de Juugo resonando en su oído tampoco pudo evitar que llegara el alba.

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