El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte cuando el ejército del reino Zelenyy llegó finalmente a sus tierras. El trayecto desde Rouge era arduo y pesado pero finalmente habían llegado a su hogar. Durante todo el camino, todos los sucesos ocurridos en el reino rojo habían empezado a rondar por sus cabezas. Tino no podía dejar de preguntarse por la supuesta daga con la que habían atacado al rey Alfred. ¿Acaso alguien había robado una de sus dagas especiales? La reina de Zelenyy las tenía bajo llave en la sala de armaduras reales del palacio, era imposible que alguien hubiera podido violar la seguridad para tomar una ¿o no? Quizás no estaba de más ir a comprobarlo…

Berwald no pudo evitar soltar un suspiro de alivio cuando divisó su reino a lo lejos, el estar en territorio rojo lo ponía muy tenso, sobre todo después del ataque que habían recibido por parte de su "reino aliado". Ahora comenzaba a pensar que tal vez debieron llevar al espía con ellos hasta Rouge para mostrárselo a los reyes rojos. Quizás ellos podrían hacer que el maldito hablara pues Berwald y Lukas habían pasado sesiones exhaustivas de tortura con el sujeto pero éste no había soltado nada. En cuanto llegaran al palacio se aseguraría de ponerlo en el potro hasta que confesara.

El sonido de varias trompetas anunció la llegada del ejército real al reino. Todos los súbditos los estaban esperando y vitorearon el hecho de que todos hubieran regresado sanos y salvos. La reina sonreía débilmente a su pueblo mientras Mathias disfrutaba enormemente de tan cálida bienvenida. Finalmente la comitiva se empezó a dispersar cuando llegaron al palacio. Todos bajaron de sus caballos y varios sirvientes guiaron a los animales de regreso a las caballerizas para que descansaran del largo viaje.

-Estoy hecho pedazos-gruñó Mathias mientras subían las escaleras del palacio. La verdad es que todos estaban muy cansados y bastante tensos por la situación entre los reinos que lo que más deseaban era descansar hasta el día siguiente. Todos se separaron rumbo a sus alas para ir a sus dormitorios excepto los reyes.

-Iré a revisar la sala de las armaduras-anunció la reina Tino firmemente y dos sirvientes se ofrecieron a acompañarlo mientras el rey se dirigió a los calabozos para revisar al prisionero y para implementarle un nuevo método de tortura en caso de que no hubiera confesado ya.

Tino caminaba en silencio rumbo a la sala de armaduras reales que se encontraba en el ala central del palacio, justo por debajo de las habitaciones reales donde dormía con Berwald. El clima era especialmente frío en esa sección del palacio pues se encontraba bajo tierra y el fuego de las antorchas no lograba calentar demasiado. El pequeño monarca sacó una llave dorada de sus ropas reales y abrió el candado de la puerta. La cadena que protegía la entrada tintineó levemente al ser retirada antes de caer al suelo. Las puertas se abrieron con un suave chirrido. Los sirvientes que acompañaban a la reina se apresuraron a encender todas las antorchas de la sala mientras su señor caminaba hasta el fondo de la misma para abrir un elegante armario.

-Bien, es momento de develar el misterio- murmuró Tino y grande fue su sorpresa al darse cuenta que, efectivamente, faltaba una de sus 10 dagas especiales, las más filosas y ligeras de todo el reino- No es posible… - justo en ese momento se escuchó el sonido de la campana de alerta en todo el palacio- ¿Qué ocurre?- un joven mensajero llegó corriendo ante el rubio de ojos violetas y le dio la noticia- ¡¿El prisionero escapó?! ¡¿Cuándo pasó eso?!

El espía del reino rojo había logrado escapar del calabozo donde lo tenían encerrado y se había escabullido para huir de sus captores. El rey había mandado tocar la campana de alarma y todos los sirvientes así como el resto del ejército corrían de un lado al otro, tratando de hallar al fugitivo pero éste se había desvanecido en el aire. Primero la daga y ahora el prisionero, algo muy extraño estaba pasando y eso no le gustaba nada a Berwald. Alguien les había tendido una trampa… ¿pero quién?


Habían pasado tres días desde que se había llevado a cabo la reunión en el reino Rouge, los miembros del ejército Lorem habían reanudado sus entrenamientos con mayor frecuencia que antes ante la perspectiva de que se desatara una guerra en el futuro cercano. Feliciano tenía pesadillas cada noche que le impedían dormir bien y se despertaba sudando frío a la mitad de la madrugada. Su mente le recordaba una y otra vez sus miedos, los cuales se veían reflejados en esas pesadillas que tenía.

Podía ver a Elizaveta en el suelo, sin vida, completamente fría por haberlo defendido y a su lado estaba Roderich, sus cuerpos inertes no volverían a abrazarlo jamás. Kiku también estaba ahí, en el suelo, cubierto de sangre, incapaz de darle la más mínima muestra de cariño que él desesperadamente necesitaba. Pero lo peor era ver a Ludwig a sus pies, inmóvil, con sus fríos ojos azules clavados en él, ojos que no podían verlo nunca más.

Despertó gritando mientras las lágrimas recorrían sus mejillas, varios escalofríos bajaban por su espalda obligándolo a abrazarse a sí mismo. Elizaveta se despertó de golpe y encendió rápidamente una de las velas que tenía en la mesa de noche al tiempo en que agarraba una daga que se encontraba debajo de su almohada. Asustada y alerta, la chica miró a su alrededor esperando ver a algún intruso pero sólo pudo ver al supremo monarca de Lorem llorando desconsoladamente. El menor se lanzó a los brazos de su reina buscando consuelo. La castaña bajó su arma y abrazó al chico con cariño mientras acariciaba su cabello.

Esta escena se había repetido durante tres noches seguidas y el monarca no podía dejar de tener esos horribles sueños por más que la mayor le asegurara que todo estaba bien. Al final, el monarca sólo podía volver a dormir en los brazos de su pareja cuando el sueño finalmente era demasiado para soportarlo. Elizaveta estaba muy preocupada por el castaño pero no podía hacer nada más que seguir entrenando para que fueran los mejores de todo el mundo.

-Muy bien, por hoy terminamos con el entrenamiento- anunció la reina y todos soltaron un suspiro de alivio y de cansancio, el sol los hacía sudar y las duras rutinas de la monarca los dejaban completamente apaleados. Todos los miembros del ejército se dirigieron a sus habitaciones para bañarse antes de la comida. Elizaveta se metió a bañar mientras Feliciano se desplomaba de cansancio sobre la cama. Sentía el cuerpo pesado y adolorido pues además del entrenamiento general, él tenía un entrenamiento particular con Elizaveta, con Kiku y con Ludwig.

Sus entrenamientos con Ludwig habían comenzado el mismo día que habían regresado del reino Rouge. La Torre le había solicitado que comenzaran a entrenar cuanto antes y él había aceptado sin dudar. Se sentía sumamente extraño el estar recibiendo órdenes del rubio pero sabía que eran por su bien. Ludwig lo había puesto a correr alrededor del tablero de entrenamientos antes de comenzar con las luchas de cuerpo a cuerpo.

El rubio de ojos azules era bastante fuerte pero definitivamente no era tan rápido como el monarca que pudo nivelar las peleas gracias a su velocidad. Feliciano estaba aprendiendo nuevas técnicas que sólo conocían las torres y las empezó a adaptar a su propio estilo de batalla, sin embargo seguía teniendo problemas a la hora de lanzar sus dagas, que eran su arma de ataque primaria.

-¡No puedes seguir dudando al lanzarlas!-lo regañó el más alto. El rey se sentía triste por decepcionar al mayor pero realmente no podía evitar cerrar los ojos al lanzar las dagas, por más que lo intentaba, simplemente no podía- Vas a causar que alguien muera o peor, podrías morir tú…

-Ya te he dicho mil veces que no temo morir, temo por ustedes-gruñó el castaño tomando un nuevo juego de dagas para seguir practicando. Ambos jóvenes se pusieron en sus posiciones de combate para empezar con un nuevo round.

-Y yo te he dicho mil veces que eres demasiado importante como para perderte- le reclamó el más alto con cierta molestia. ¿Por qué el gobernante de Lorem no podía entender lo importante que era para el reino? ¿Por qué no podía entender lo importante que era para él?- Ponte en guardia y esta vez no cierres los ojos- dicho esto, el rubio se lanzó sobre el menor con su espada en alto. Feliciano esquivó el ataque antes de lanzar una de sus dagas contra el hombro del más alto pero volvió a cerrar los ojos y el arma sólo lo rozó- ¡Feliciano! ¡Te dije que no lo hicieras!- el joven de ojos azules soltó su arma antes de tomar al monarca por los hombros para mirarlo fijamente- ¡¿Cómo te puedo hacer entender algo tan sencillo?! ¡No cierres los ojos! ¡No dudes en el último instante!

-¡No puedo hacerlo! –le gritó el más bajo mientras su mirada color chocolate chocaba contra la mirada azul cielo del mayor. Un par de lágrimas se arremolinaron en sus ojos castaños por lo que desvió la mirada, no permitiría que la torre lo viera llorar- ¡ya suéltame!- le espetó bruscamente.

Para su sorpresa, el más alto lo soltó antes de tomar su mentón suavemente, obligándolo a verlo de nuevo a los ojos. El rey no pudo evitar sonrojarse al sentir cómo su sirviente limpiaba sus lágrimas delicadamente con sus dedos. Ambos se miraron a los ojos sin saber qué decir hasta que uno de los mayordomos los interrumpió para anunciar que ya estaba lista la cena y que los estaban esperando.

Feliciano salió de sus recuerdos cuando Elizaveta terminó de bañarse. Una vez que los dos monarcas terminaron de bañarse y arreglarse, bajaron al comedor principal para comer cuando de pronto sonaron unas trompetas anunciando la llegada de alguien. ¿Quién podrá ser?

-Con ustedes el rey Lars y la reina Emma-anunció el mayordomo y el ejército real del reino Giallo entró al palacio con paso firme. Tanto Feliciano como Elizaveta se quedaron helados pues no recordaban haberlos invitado, sin embargo, no podían ser descorteses con su reino aliado. Rápidamente, la reina de Lorem mandó preparar comida para los recién llegados mientras éstos se acomodaban en el comedor.

-¡Qué agradable sorpresa!-mintió la reina castaña con una sonrisa pues su pareja parecía incapaz de decir nada. Emma agradeció las palabras ajenas con una sonrisa mientras su hermano daba una pequeña reverencia- ¿Qué los trae por aquí?

-Creo que es obvio lo que nos trajo hasta acá- dijo Lars fríamente haciendo que la reina torciera la boca sin embargo los fríos ojos del monarca amarillo se encontraban puestos en Feliciano- La guerra de Zelenyy y Rouge es inminente y es menester que nuestros reinos afiancen su alianza en estos tiempos de guerra- el menor retorció sus manos incómodo pues acababa de proponerle una alianza a Lorem y al rey Alfred. ¡Oh no, si Lars se enteraba estaría en serios problemas!


Hola? Sé que me he tardado mucho en actualizar pero es que realmente no he tenido tiempo por el trabajo.

Sinceramente creí que ya nadie seguía este fic y me puso muy triste porque realmente me está gustando mucho escribirlo.

Gracias a Cuervi por su comentario, esta actualización es para ti por seguir fiel a este fic. Muchas gracias

Espero que les haya gustado y no olviden comentar, realmente me alegran mucho sus comentarios y me inspiran a seguir escribiendo.