Capítulo 21.- "Amigo"
Shikamaru y Sai mantenían una conversación a puerta cerrada dentro de la oficina del Hokage. Revisaban un pergamino y debatían acerca de qué era lo que estaba ocurriendo que tenía a Sasuke tan inquieto.
Para ellos, Sasuke no era el tipo de persona que se preocupara por los asuntos personales de Kakashi, mas en aquellos días, el Hokage se había estado comportando de un modo extraño a los ojos del Uchiha y cuando tuvo la oportunidad perfecta, fue a hablar con Shikamaru para avisarle que iría a investigar un asunto.
—¿Entonces qué es esto? —Preguntó Sai al observar cuidadosamente el pergamino viejo y amarillento.
—Parece un mapa. Sasuke lo ha encontrado enterrado dentro del bosque, pero no logro entender lo que puede indicar. Me pidió que lo tenga escondido mientras esperamos a que el Hokage regrese.
Sai dejó de ver al pergamino para hacer memoria y tratar de construir una hipótesis.
—¿Por qué esto tiene a Sasuke tan preocupado? El mapa ni siquiera parece real, podría tratarse de una broma... Y a todo esto ¿en dónde está Sasuke?
Shikamaru resopló y recostó la cabeza en el respaldo de la silla.
—Fue a investigar a Nashira.
Sai abrió los ojos.
—¿Hay algo malo con ella?
—Bueno, no podemos decir que lo haya pero tampoco se debería descartar.
Sai apoyó sus brazos sobre el papel extendido en la mesa.
—Tengo un mal presentimiento con el tema del matrimonio del Hokage —dijo Sai—. ¿No crees que ha sido demasiado repentino todo?
Shikamaru bostezó y luego se limpió una lágrima.
—Sí, todo es muy extraño. Pero ¿sabes? —Bajó el volumen de su voz y Sai se acercó— ¿Te has dado cuenta que Kakashi sensei no se ve muy entusiasmado por sus candidatas? Todas son mujeres de buen aspecto y con rangos importantes; sin embargo...
Sai captó la idea y sonrió.
—Parece que el alumno se está enamorando de la maestra —expresó y Shikamaru asintió dándole la razón.
—Lo que me pregunto es... Si será bueno o malo. Y sobretodo... ¿Por qué sigue entonces con el plan del matrimonio?
Sai se sobó el mentón.
—Tal vez ni siquiera se ha dado cuenta.
(...)
Nashira estaba sentada a la mesa con su cara pegada sobre la superficie de ésta. Se despertó porque Kakashi había usado su pecho de almohada y estaba haciendo movimientos con su cara que terminaron incomodándola.
—Nashira, Nashira —musitó—... Esto no es correcto. Deja de hacerte ilusiones, no va a pasar.
Oyó un bostezo y unos pasos pesados, alzó la cara y vio que Kakashi entraba a la sala rascándose la cabeza. Sus ojos estaban adormilados y no la enfocaban en totalidad; se acercó a su dirección y estiró una silla para ponerse frente a ella.
Nashira se enderezó y miró hacia otra parte, todavía podía sentir en su pecho las cosquillas que el Hokage le provocó mientras se abandonaba en sus sueños.
—Parece que la lluvia cesó anoche.
Kakashi giró la cabeza hacia la ventana luego de oír esas palabras. Todavía estaba con sus ojos medio cerrados.
—Tendré que ir a revisar los sembradíos y a hablar con el terrateniente.
Estiró los brazos y volvió a bostezar. Nashira comenzó a preguntarse si su jefe no recordaba nada de lo sucedido y la petición que le hizo cuando ardía en fiebre.
«Te lo dije, idiota. Estaba delirando»
Miró cómo la luz matutina brillaba sobre Kakashi y el color plateado de sus cabellos resplandecía ante sus ojos haciéndola temblar. El hombre por su parte ni siquiera se había dado cuenta de que su asistente estaba observándolo como una tonta enamorada.
—Kakashi... Creo que volveré a Konoha.
—¿Qué?
Finalmente atrapó su atención.
—Sé que te pedí quedarnos para visitar la tumba de mi padre, pero... No puedo entorpecer el trabajo del Hokage. Yo iré después por mi propia cuenta.
Kakashi se cruzó de brazos y se recostó en la silla.
—Es eso o... ¿Me estás ocultando algo y por ese motivo ya quieres irte?
Ella levantó una ceja.
—¿Disculpa?
—Bueno, seguí pensando en que eso de que te llame Nanako no es muy lógico. Tu pueblo natal está muy cerca de aquí por lo que es posible que las personas de la región te conozcan.
—¡Ya te dije que es por mi seguridad! ¿Por qué tienes que buscarle tres patas al gato?
Kakashi se encogió de hombros.
—Te di una orden como Hokage y no te irás de aquí, Nanako.
Nashira bufó.
—Tu clon es más amable que tú, él debería dominar tu ser —se levantó de la silla—. Y por cierto... Si vas a enfermarte, procura que sea en tu casa con tus propias almohadas.
Nashira fue hacia la habitación y cerró la puerta para cambiarse de ropa; Kakashi apoyó un codo sobre la mesa y después recostó la mitad de la cara encima de su mano.
—Sí... Creo que me excedí al pedirle que me abrazara —sus ojos medio cerrados vieron hacia el horizonte trayendo los recuerdos hacia su mente—. Bueno... No me arrepiento de nada.
(...)
Un sirviente del señor terrateniente hablaba con Kakashi en la entrada del portón de la casa. Nashira no quiso acompañar a su superior y lo único que pudo decir para convencerlo era que iría a enseñar a los agricultores otros métodos de cultivo.
Kakashi se aventuró en solitario a visitar al hombre que había comprado la tierra donde estaba el manantial que proveía el recurso líquido a las siembras del campo.
El sirviente lo guió hasta el interior de la vivienda y fue entonces que Kakashi pudo ver con asombro la elegancia de la construcción. El piso de tatami y las puertas corredizas estaban pulcras y se respiraba un suave olor a incienso.
El hombre frente a él se detuvo y deslizó una puerta para luego hacer una reverencia a su amo. Kakashi imitó aquel acto por cortesía e ingresó a la habitación donde vio al terrateniente que estaba sentado sobre un cojín mientras fumaba de su pipa; lo que más le llamó la atención fue el largo de su barba color grisácea y sus pobladas cejas.
—Señor Hokage, qué honor que usted me visite. Por favor, tome asiento.
Kakashi miró al suelo, lo único en lo que podría sentarse era otro cojín. Aquel hombre no podía ocultar su amor por lo tradicional. Kakashi se sentó sobre sus talones. No era la postura más cómoda pero si mal no recordaba, su padre le enseñó a mostrar respeto por sus mayores de esa forma.
—¿Puede usted decirme a qué le debo esta sorpresiva visita?
—Antes que otra cosa, me disculpo por la imprudencia de pisar su territorio sin previo aviso. Usted sabe que mi deber como Hokage es cuidar y asegurar el bienestar de las personas en Konoha, pero no puedo ignorar a quienes me buscan por ayuda.
El terrateniente expulsó una bola de humo de su boca y apartó la pipa hacia un platillo de plata que descansaba sobre una mesita.
—Es usted un hombre respetable ¿no es así?
Kakashi no contestó.
—Entonces los campesinos le han llamado porque tienen problemas con sus cultivos y usted quiere que yo permita que el agua del manantial corra libremente hacia esos terrenos ¿o me equivoco?
—De modo que usted está enterado de la situación con las cosechas —Kakashi le miró fijamente percibiendo la tranquilidad del rostro de aquel hombre—. No estoy en posición de juzgar ninguna decisión que usted haya tomado, como dueño absoluto de este lugar tiene el derecho de hacer con él lo que le plazca.
—¿Sin embargo? —El terrateniente lo incitó a decirle la objeción a aquella decisión.
—Sin embargo, vine aquí con la intención de llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes. Es cierto, los campesinos necesitan el agua para sus cultivos y la única manera de que esto suceda es con su autorización.
—¿Cómo podría beneficiarme? Si he prohibido que utilicen el agua de mi manantial ha sido por una buena razón, señor Hokage.
—Si no le molesta, me gustaría escucharla.
El terrateniente se removió sobre el cojín y aclaró su garganta.
—Decidí comprar este terreno porque amo la naturaleza, aunque no lo parezca —se cruzó de brazos—. Por un tiempo permití que los agricultores locales usaran el agua del manantial para el riego de los sembradíos pero entonces tanto ellos como más gente del pueblo comenzaron a hacer cosas imperdonables. Tiraban sus desperdicios sobre los pequeños arroyos y acequias que tiene esta aldea. Sus vergonzosas acciones consiguieron lo que se buscaron, que el agua dejara de fluir por aquellos espacios, en algunas ocasiones pude ver cómo la basura llegaba hasta mi manantial, eso de verdad me hizo enfurecer.
Kakashi inconscientemente apretó los puños sobre su regazo, escuchar la otra versión de la historia lo hacía comprender el buen motivo que tuvo aquel terrateniente para prohibir el uso del agua.
—Por eso señor Hokage, por eso lo hice. Gente así de irreflexiva me enferma, la única forma que tengo de cuidar este manantial es evitando que la gente del pueblo ponga sus manos sobre él.
—Es ese el motivo que lo orilló a cobrar altas cuotas. Usted sabía que ellos no podrían costear el pago ¿verdad?
El hombre afirmó y Kakashi se sintió decepcionado de los aldeanos. No sabía cómo podría ayudarles si ellos mismos habían cavado el hoyo en que estaban metidos. Prometer al terrateniente que el manantial estaría seguro no era una opción si después los campesinos cometían los mismos errores.
—Sus ojos me revelan lo que hay en su mente, señor Hokage. Se siente triste ¿no? Está decepcionado por creer que el malo era yo.
—Yo... No sé qué es lo que debería hacer —dijo con total sinceridad.
—Usted es quien anoche hizo llover —el comentario hizo que Kakashi le mirara de nueva cuenta—. Fue bonito, mis árboles lo necesitaban, por eso... Gracias.
—Fue una solución inmediata y temporal para sanar los cultivos.
—Los cultivos pueden sanarse, lo que deben trabajar esos campesinos es en sanar sus propias almas de sus actos inoportunos.
Kakashi seguía escuchando aquellas palabras tan llenas de razón, antes de que pudiera seguir exponiendo sus ideas, el sirviente del terrateniente apareció por aquella habitación.
—Disculpe la interrupción.
—¿Qué pasa?
—Hay algunos campesinos afuera que desean hablar con usted, se miran realmente desesperados.
El terrateniente miró a Kakashi y ambos se pusieron de pie. Salieron de la casa y llegaron hasta la puerta donde en efecto, había unos seis hombres con rostros llenos de preocupación. Kakashi no entendía qué motivos podrían tener para presentarse si se suponía que estaban con Nashira. Luego sus ojos captaron a su asistente quien caminaba a paso lento acercándose a la multitud.
—¿Qué es todo esto? —Habló el hombre mayor.
—Queremos disculparnos —dijo un campesino y apretó el sombrero en sus manos—. No volveremos a cometer esta clase de actos.
—Por favor señor terrateniente, permítanos seguir utilizando el agua de su manantial.
—Señor Hokage, no nos castigue de esta forma. Haremos un pacto, lo que sea que haya que hacer.
Kakashi frunció el ceño, Nashira finalmente llegó y se puso a un lado de los hombres, ella les echó una mirada rápida y después volteó con su jefe y el hombre de larga barba.
—Lo siento señor Hokage, sé que usted quería que dejáramos esto en secreto pero no pude evitarlo y se los conté.
Kakashi miró al terrateniente de reojo y carraspeó queriendo entender de qué estaba hablando la mujer.
—De modo que ya no es un secreto —instigó a su asistente.
—Así es. Me contaron por qué el honorable señor terrateniente les prohibió usar el agua del manantial, entonces tuve que decirles que si el Hokage se enteraba de esto se enojaría muchísimo.
—No nos cobre multas, no tenemos suficiente dinero.
Kakashi se tambaleó ante la repentina frase y miró a su asistente quien quería sonreír.
—Tampoco nos quite los terrenos donde cultivamos, no tenemos otra manera para mantener a nuestras familias.
El terrateniente se cruzó de brazos y miró a Kakashi con una sonrisa burlona entendiendo lo que estaba pasando y cómo Nashira se había adelantado para quitarle un problema a su jefe.
—Bueno, Nanako está en lo cierto —Kakashi se acomodó el chaleco—. Yo le dije que si me enteraba de que era cosa de ustedes que este buen hombre les prohibiera usar el agua, los castigaría quitándoles los terrenos y multándolos por hacer daño al medio ambiente. Tengo asuntos importantes que atender para la seguridad del país, y he venido personalmente a este pueblo para ayudarlos. Lo mínimo que deberían hacer es comportarse y poner de su parte, si ustedes no cuidan sus recursos entonces pasan estas cosas ¿comprenden?
Todos los campesinos movieron su cabeza con desesperación. Nashira se llevó una mano a la boca y se puso de espaldas para reírse en silencio.
—Entonces firmarán un acuerdo donde se estipule que si alguien desobedece a mis órdenes sobre el cuidado del medio ambiente, todos serán castigados. Así sea una sola persona quien haya violado lo pactado. ¿De acuerdo?
—Sí señor Hokage.
Kakashi sintió palmaditas en su hombro derecho y miró por encima de éste al terrateniente.
—Un buen hombre siempre se rodea de buenas personas —le dijo en voz baja—, será usted un sabio Hokage.
(...)
El resto del día avanzó con calma y luego de llegar a un acuerdo con el terrateniente, Kakashi y Nashira regresaron a la cabaña de noche para empacar sus cosas pues a la mañana siguiente irían hacia el cementerio de la aldea del Valle Rocoso.
Nashira estaba muy concentrada sentada en el piso recargando su espalda en la cama mientras esmaltaba sus uñas con un color morado. Kakashi por su parte, estaba doblando su ropa para guardarla en su mochila sin dejar de ver de soslayo la actividad de su asistente.
Ella extendió la mano izquierda frente a su rostro para observar el color y ver si había quedado perfecto, luego curvaba los labios aprobando su obra maestra.
—Ahora sigue mi pesadilla.
Comenzó a pintarse la uña del dedo meñique de su mano derecha pero terminó tiñéndose el dedo casi completo por el temblor de su mano izquierda.
—¡Argh! Si pudiera hacer clones de sombra como tú, podría pedirle que se encargara de esta mano.
Kakashi se rió y cerró su mochila.
—Bueno, supongo que podrías haber tenido el potencial para ser kunoichi.
—Oye Kakashi, ya que me debes varias...
—¿Disculpa? ¿Deberte qué?
—La vida, la reputación, todo. Sólo necesito un favor.
Kakashi exhaló y dejó su mochila sobre el armario.
—¿Qué deseas?
Ella levantó el frasquito con esmalte y sonrió.
—Píntame las uñas de esta mano.
Pensando que su jefe iba a protestar, ya estaba ideando cómo contraatacarlo mas Kakashi no se negó y tomó el frasco para luego sentarse a su lado.
—¿De verdad lo vas a hacer? —Se sorprendió y en ese momento Kakashi con aparente tranquilidad le agarró la mano para empezar a pintar sus uñas.
—Supongo que es parte de mi entrenamiento. Si alguna vez mi esposa me pide esto, se vería mal si me niego.
La frase fue tan imprevista que logró dejar a Nashira sin palabras sólo imaginando que Kakashi hiciera ese gesto con Kazumi. Sentía como si los momentos que vivía con él fueran el ensayo para que triunfara la relación entre el Hokage y su futura esposa. Kakashi ni siquiera se daba cuenta que esas pequeñas cosas no eran práctica precisamente, sino las acciones naturales de dos personas al convivir.
Los ojos violetas de Nashira miraban el rostro cubierto del peliplata quien por su parte se dedicaba con plena concentración a barnizar las uñas.
—Sabes Kakashi... Tu futura esposa querrá saber tus secretos.
—Hmm... Ya lo sé.
—¿Se los dirás?
Kakashi bañó de nuevo el pincel para llenarlo de esmalte.
—Los matrimonios no deben guardar secretos.
Ella apretó los labios sintiéndose celosa.
—¿Me los dirías a mí?
—Mi vida no es tan fantástica como muchos piensan. Mis secretos no son extraordinarios.
—No importa, yo te he contado cosas sobre mí y mi pasado. Es justo que yo también sepa de ti algunas cosas.
Kakashi le echó una mirada rápida a su cara y luego volvió la vista a sus uñas.
—De acuerdo. ¿Qué quieres saber de mí?
—Tu cicatriz, esa marca en tu cara... ¿Cómo sucedió? Debiste haber perdido el ojo y sin embargo tú...
—Perdí mi ojo —reveló—, en una misión. Yo era un adolescente lleno de ímpetu y quería hacer las cosas por mí mismo...
La forma en que relataba aquella historia parecía estar llena de un profundo sentimentalismo, pero Nashira se dio cuenta que aunque le estaba revelando el origen de la marca en su cara, Kakashi contaba a grandes rasgos sin entrar en detalles.
—Un ninja nos quiso atacar por la espalda a mi compañero y a mí, yo recibí el impacto de su kunai en mi rostro y fue entonces que lo perdí.
Nashira tragó saliva al imaginar la escena.
—¿Cómo es que... ahora tienes un ojo?
Kakashi terminó de pintarle las uñas y cerró el frasco.
—Mi compañero de equipo supuestamente perdió la vida al ser aplastado por una gran roca, pero antes de esa muerte, le pidió a nuestra compañera Rin que me transplantara su ojo. Ella sabía de jutsu médico, por eso por un tiempo llevé el sharingan en mi ojo izquierdo.
La mujer parpadeó y Kakashi suspiró, luego comenzó a explicar.
—El sharingan es...
—Sé lo que es —interrumpió mintiendo—. Eso sí lo sé.
Kakashi asintió.
—Durante la Cuarta Guerra, mi ex alumno Naruto pudo crearme un ojo normal. Explicarte eso sería demasiado complicado ya que ni yo lo comprendo completamente. Pero en sí, esa es mi historia.
Nashira sonrió forzando el gesto y se miró las uñas. Odiaba los términos del mundo ninja porque era demasiado ignorante en el tema y lo único que aprendió de Keito no era del todo verdad, por ese motivo ver y oír las expresiones de su jefe cada vez que intentaba esclarecerle algo, la hacían sentirse incómoda y triste.
—¿Algo más? —Preguntó él.
—Creo que me quedó muy claro.
—Perfecto. Ahora como ves, soy bueno esmaltando uñas. Toma —le devolvió el barniz—. Si me disculpas, iré a bañarme.
—Espera, espera —se levantó también—. Sabes... Tus citas ya deben estar muy cerca así que pensé que no estás lo suficientemente preparado. Mira, voy a enseñarte algo pero sólo debes hacer esto cuando estés en tu cita con Kazumi.
Kakashi alzó una ceja.
—¿Qué es?
—Como todos sabemos, ella es una niña que ha crecido rodeada de comodidades pero en su entrevista te dijo que era una mujer independiente y por su forma de hablar demuestra que quiere ser vista por ti como alguien capaz de lograr cosas por sí misma.
Kakashi se llevó una mano a su barbilla.
—¿Tú crees que es el tipo de impresión que quiere darme?
—Sí. Ay Kakashi, se le nota... Así que en su cita pídele que te abra la puerta, te estire la silla y si te llegara a preguntar el motivo dile que porque eres el Hokage.
Kakashi apretó más los ojos.
—¿Cómo? ¿Eso no me haría ver arrogante?
Nashira suspiró y se puso las manos en las caderas.
—Kakashi, ella es del tipo que le gusta un hombre con arrogancia y maldad. Alguien que le ordene cosas y la haga obedecer, ese tipo de actitudes en una mujer como ella provocan emoción ya que lo relaciona con sensualidad y madurez.
—Nashira no entiendo, tú te enojas si te ordeno cosas.
—Obvio, idiota. Yo no soy ese tipo de mujer, a mí por el contrario me causa placer que me obedezcan.
Luego de decir esa frase tuvo un abrupto silencio arrepintiéndose por confesar aquello, pero Kakashi parecía enfocado en meditar el tema relacionado con Kazumi antes que poner atención a lo que dijo de sí misma.
—Ya veo... Creo que he leído algo referente a la sumisión. Pero me sorprende que Kazumi sea ese tipo de persona.
—Créeme que lo es.
—Entonces voy a practicar mucho antes de nuestra cita. Gracias Nashira, voy a hacerte caso. Ahora si me disculpas, voy a bañarme y a dejarte espacio para que sientas ese placer del que me hablaste.
—¡¿EH?!
(...)
El sol aún no salía en total plenitud, sin embargo, Kakashi y Nashira estaban listos para abandonar la aldea del Manantial hacia el Valle Rocoso. La anciana y su esposo se despidieron de ambos agradeciéndoles por el apoyo y dándoles unos cuantos bocadillos para el camino.
La mañana estaba fresca pero agradable, Nashira guiaba al Hokage por la vereda mientras atravesaban el bosque. Todo estaba muy tranquilo y silencioso y sólo podían escucharse las pisadas de ambos.
—Veo que has comprado las flores —dijo Kakashi.
—Sí, espero que aguanten el camino.
—¿En dónde está exactamente el cementerio? No recuerdo haber venido antes por este lugar.
—No necesitamos entrar de lleno a la aldea, el cementerio está casi en las orillas del pueblo y el famoso templo del Santo Monje de la Montaña del Valle Rocoso está a cinco minutos de allí... Por cierto ¿por qué quieres ir al templo?
—De tanto oír a tu tía, a ti y a la anciana que nos dio de comer, me dieron ganas de visitarlo para saludarlo.
—Uhm... Pues te diré que no tiene absolutamente nada de especial.
—No deberías insultar a los santos —Kakashi se metió las manos en los bolsillos del pantalón—, podrían castigarte.
—Los santos no castigan. Ni siquiera sé por qué mi tía cree en esas cosas, verás, yo utilizo la expresión de vez en cuando pero no significa que sea creyente.
Kakashi se quedó mirando las copas de los árboles mientras seguían avanzando.
—Bueno, uno como mortal no puede estar seguro de en qué cosas debería creer... Pero considero que la fe es un motor importante para las personas, así sean sólo mentiras.
—En eso te doy la razón.
Continuaron el trayecto hablando de trivialidades, en algún punto del camino descansaron para comer y beber agua; después simplemente siguieron el viaje hasta que el paisaje daba claras muestras de que estaban por llegar a su destino.
La entrada al cementerio estaba libre pero Kakashi no pudo evitar darse cuenta que estaba demasiado solitario y abandonado. Ni siquiera parecía que los aldeanos visitaran aquel lugar para dejar flores a sus difuntos.
Nashira lo guió hasta el lugar correcto donde descansaban tanto el cuerpo de su padre como de su hermano menor. Colocó las flores blancas en el recipiente de concreto junto a la lápida y se puso de cuclillas para encender un incienso.
Kakashi se mantuvo de pie observándola y sintiendo cierta melancolía por la escena, parecía una reunión familiar nostálgica y entristecida.
—No sé si pueden oír lo que digo pero papá, tú siempre dijiste que nunca estaba de más intentar algo ¿no? —Sonrió con pena— He venido como lo prometí y esta vez no lo hice sola, ¿han oído de Kakashi el genio? Pues ahora es Hokage y vino conmigo.
Kakashi sintió un nudo en la garganta y se puso de cuclillas junto a su asistente. Nashira acarició la lápida pasando sus dedos en los huecos que grababan el nombre de sus familiares.
—Quisiera por lo menos oír de nuevo sus voces —le dijo a Kakashi—. Es doloroso existir en este mundo y no poder llenar el vacío de tu alma.
—Sé exactamente cómo te sientes, la diferencia es que yo nunca he sabido explicarlo con palabras.
Kakashi también sentía ese vacío mas él tenía una paz en su interior cuando pudo ver a su padre en el otro mundo, en cambio comprendía que su asistente no había tenido esa suerte y para él resultaba mejor que ella no tuviera que morir para ver a sus seres amados.
—Pero estoy seguro que donde quiera que estén, tu padre y tu hermano te siguen amando.
Nashira dejó de tocar el concreto y se abrazó las rodillas.
—Te he dicho antes que no soy creyente de nada... Pero ¿te importaría si rezo un poco por ellos?
—Haz lo que tengas que hacer. Yo también quisiera mostrarles mi respeto a tus familiares.
Luego de un par de minutos, abandonaron el cementerio. Nashira respiraba profundo una y otra vez queriendo tranquilizarse y controlar sus emociones; visitar ese sitio no era muy agradable después de todo, aunque anteriormente terminaba llorando esa vez la compañía de Kakashi le sirvió de consuelo.
—Si lo deseas, podemos irnos ahora. No es necesario que me lleves al templo.
—Está bien, no te preocupes. Te he dicho que no está muy lejos de aquí así que deberíamos aprovechar la vuelta.
El camino hacia el famoso templo era una escalera larga de piedra con algunos muros a sus lados y decoraciones rústicas. Los escalones estaban llenos de hojas haciendo lucir el camino todavía más olvidado.
—Esta escalera está demasiado inclinada —dijo Kakashi.
—Sí, es debido a la montaña por eso se llama Santo Monje de la Montaña del Valle Rocoso.
—¿Podrías contarme acerca de esta religión? Si no fuera por ti, jamás habría escuchado de este monje.
—Bueno... Según mi tía, el Santo Monje fue un buen hombre que mantenía una fuerte conexión con los espíritus, ya que él nació con el don de ver las almas. Constantemente oraba en la montaña y meditaba; también hacía labores altruistas y era muy sabio, por lo que las personas acudían a él para pedirle consejos.
—Eh... Ya veo.
—Mira —señaló—, ahí se puede ver el templo.
Avanzaron el resto de los escalones y llegaron al santuario, estaba construido en su totalidad con concreto, pero algunas decoraciones eran de metal aunque estaban oxidadas y la madera de las puertas, era vieja.
—Cuando era una niña, este lugar era más concurrido. Ahora míralo, está todo viejo y sucio.
Kakashi se acercó para abrir las puertitas de la capilla y observó una figura de barro de un hombre calvo, de bigote, con túnica y sus manos juntas frente a su pecho.
—Con que es usted el Santo Monje.
Nashira se posicionó a su lado para ver la estatuilla.
—Vaya... Lo recordaba más grande.
—Quizás es porque creciste un par de centímetros.
—Sí, tienes razón. Bien, ya lo viste, ya podemos irnos.
—Un momento señorita, ahora voy a rezar.
—Kakashi, tú no crees en esto.
—Oh Santísimo Monje de la Montaña del Valle Rocoso de la aldea del Valle Rocoso que colinda con la aldea del Manantial que está a kilómetros de Konoha —Nashira rodó los ojos—, este humilde hombre se presenta ante usted para implorarle que le guíe en su camino y le ayude a elegir a la mejor esposa. Tenga usted piedad de este mortal que sólo desea una vida feliz y también le solicito que mi asistente no sea tan tosca y mala conmigo, purifique su alma y quítela del camino del pecado y la perdición y llévela por senderos de paz.
—Kakashi ya basta —Nashira frunció el ceño y Kakashi sonrió burlonamente—, ahora suenas como mi tía.
—Oh Monje, oh Santísimo y amado Monje —Nashira resopló ante los rezos exagerados de Kakashi—. Escuche mis plegarias y atienda a mi llamado.
—Santo Monje que habita en el viento y en los bosques —habló Nashira con voz alta—, estoy ante su presencia para rogar por su asistencia, esta alma pecadora le suplica que tenga piedad. Sé que no soy merecedora de su misericordia pero mi voz clama por un poco de su sabiduría; tengo un jefe con pensamientos inmorales y pasatiempos vergonzosos, me ha querido inducir por el camino de la perdición con sus acciones y he tratado fervientemente de no caer en el pecado de la perversión. Oh Monje, oh Santo Monje, ayúdelo a no entorpecer el sendero de su sierva y quite de su vida aquello que podría hacerle daño. Él podría parecer un idiota, y lo es, pero tiene un buen corazón y yo aún creo en su redención por el camino correcto.
Kakashi carraspeó y habló más fuerte.
—¡Oh Santo Monje! Su excelentísima divinidad nos ayude a persistir sin cometer los más sucios pecados del mundo. Mire a su sierva Nashira y dirija sus pasos hacia una vida saludable lejos de la manipulación y el exhibicionismo. Dele más gusto por la moda y evite que siga usando bragas con frutas y estrellas.
Nashira casi se atragantó con su saliva.
—¡Oh Monje! ¡Oh Santo Monje!
—Nashira —Interrumpió Kakashi— Esos ya suenan como gemidos, no seas irrespetuosa.
—¡¿QUÉ?!
A punto de ir a darle unos buenos golpes, una voz masculina evitó que Nashira usara la violencia contra su jefe. Ambos miraron hacia atrás y vieron a un hombre alto de cabello cobrizo y ojos verdes que usaba anteojos y vestía formalmente.
—Escuché rezos muy poderosos —dijo con una sonrisa—, veo que son fervientes creyentes del Santo Monje.
Kakashi se avergonzó y se rascó la cabeza.
—Ah.. Lo lamento, no ha sido mi intención.
—¡Ah!
Nashira jadeó sorprendida y su dedo índice señaló hacia el hombre, Kakashi se quedó confundido.
—¡Señor Renji!
—¿Eh? —Se acomodó los lentes— ¿Nashira?
La expresión de sorpresa en el rostro de la mujer cambió a una de alegría y fue emocionada a saludar al hombre, Kakashi continuaba sin entender qué pasaba.
—¡No puedo creer que sea usted! Hace tanto tiempo que no lo veía pero sigue igual que antes.
—Gracias por tus halagos —sonrió amablemente—. A decir verdad, tú también te mantienes como hace años. Me da gusto poder verte otra vez ¿has venido a dejar flores?
—Sí. Veo que usted sigue visitando este viejo templo.
—Sabes que no puedo evitarlo, es la costumbre de los viejos.
Ambos rieron ante el comentario y Kakashi alzó una ceja no comprendiendo lo gracioso de aquella frase. Nashira recordó que Kakashi estaba detrás y lo presentó.
—Señor Renji, él es el Hokage Kakashi Hatake. Kakashi, él es el señor Renji, un viejo amigo.
Kakashi se acercó y saludó apropiadamente, le echó una mirada al hombre calculándole una edad aproximada a la suya. Evidentemente era un hombre bien parecido y los lentes le daban un aura más madura y masculina; ante esos ojos verduscos se sintió como un adolescente inmaduro.
—No puedo creer que tengo el privilegio de conocer al líder de Konoha. Es un placer señor Hokage.
—Lo mismo digo. Nashira no me había contado que tenía un amigo... ¿Es usted de esta aldea?
—Lo soy. Aunque actualmente estoy mudándome a Konoha debido a mi trabajo.
—¡Oh! —Nashira vociferó— ¡Yo también vivo allí!
—¿De verdad? Haha qué bueno ¿no? Podremos vernos más seguido.
—Por supuesto, alguna vez tendrá que ir a visitarnos a mi tía Madoka y a mí.
—Lo haré con gusto.
Renji dejó de ver a Nashira para enfocar su vista en Kakashi quien lucía muy fuera de lugar en aquella conversación.
—Me gustaría saber cómo es que ustedes dos se conocieron —dijo Renji y Nashira pensó un poco antes de contestar, mas fue Kakashi quien habló primero.
—Nashira es mi asistente.
Renji se maravilló y vio a su amiga rápidamente, ella sólo movió su cabeza.
—Felicidades Nashira, por fin has encontrado un buen empleo.
—Haha sí... Algo así —movía su mano de arriba a abajo.
—Bueno, me ha dado gusto poder verte otra vez Nashira, y saludarlo a usted señor Hokage.
Kakashi despertó de su inconsciencia y deshizo el amarre de sus brazos.
—También me dio gusto verlo, señor Renji —dijo Nashira.
Los verdes ojos de Renji hicieron conexión con Kakashi, luego hizo una reverencia muy formal.
—Por favor cuide bien de Nashira, ella es una buena persona.
Nashira entreabrió los labios queriendo decir algo para romper esa sorpresiva incomodidad en el ambiente, pero no pudo manifestar nada. Renji alzó la vista y se enderezó de nueva cuenta, Kakashi se rascó la sien y pensó en qué sería apropiado para responder.
—Yo... Sí.
Simplemente afirmó con su cabeza. Renji miró a Nashira y sonrió dulcemente.
—Nos vemos luego, cuídate Shirita.
Ella amplió una sonrisa y se apenó.
—Sí. Hasta pronto.
Renji alzó su mano en señal de despedida y se dio la media vuelta para marcharse bajando los escalones. Kakashi miró la espalda del sujeto y después vio de reojo a su asistente, se quedó pensando en qué tipo de relación tenían ellos dos porque parecían muy íntimos y jamás había visto a Nashira actuar de aquella forma que parecía una mezcla entre dulzura, amabilidad y alegría, con un toque infantil.
—¿Shirita? —Preguntó y ella volteó.
—Es un apodo. Como él es seis años mayor y nos conocimos cuando yo tenía veintiuno, comenzó a decirme Nashirita, después simplemente lo dejó en Shirita.
Kakashi se metió las manos en los bolsillos.
—Ehh... Entonces es mayor que yo —expresó Kakashi.
Nashira lo miró extrañada.
—Dijiste que no tenías amigos.
—Bueno, nunca tuve una amiga. Y él más que un amigo, se volvió una persona confiable y amable por lo que no sabía si debía considerarlo simplemente amigo.
Kakashi se giró para ver la estatuilla del Santo Monje y se acercó a cerrar las puertas de madera. Antes de que éstas se unieran por completo, miró la sonrisa apacible en la figura y sintió que estaba burlándose de él.
—Bien, es hora de irnos.
