Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo XXI
–Rennervate.
Dorcas tomó una bocanada de aire que al entrar por sus pulmones quemaba. Tosió un poco aun con los ojos cerrados. Su cuerpo estaba adolorido, tocó la parte trasera de su cabeza y sangraba, herida provocada por la brusca caída que había sufrido segundos antes cuando Bellatrix Lestrange la soltó en la larga mesa sobre la cual la mantenía levitando.
Instantáneamente la chica llevó una de sus manos a su vientre con miedo, el cual se intensificó cuando una risa cruel a la que ya se estaba acostumbrando resonó en la sala.
Abrió lentamente los ojos y miró a ambos lados de la mesa donde se encontraba tendida. Estaba repleta de hombres y algunas mujeres con pulcras túnicas negras que la miraban con expresión de burla en sus ojos.
Mortífagos.
Algunos traían máscaras, pero si se esforzaba un poco, podía reconocer ciertas facciones que se le hacían familiares de algún lado. Y obviamente reconocía a la mayoría porque eran familias antiguas dentro del mundo mágico, así como los rostros que salían en El Profeta ofreciendo una recompensa si se les apresaba.
Miró el techo y las paredes que eran muy altas y estaban repletas de pinturas y objetos costosos. Estaba segura que eso era una mansión, pero no reconocía el lugar de alguna fiesta a la que hubiese ido con sus padres o la casa de alguno de sus compañeros en Hogwarts. Era sitio desconocido para ella.
–La joven ya despertó. –Susurró una voz suave y gentil que le erizó la piel.
Dorcas contra todo lo que su lógica le decía que no hiciera se incorporó sobre sus codos con gesto de dolor y se giró hacia donde venía la voz.
A sus espaldas y sentado en la cabeza de la mesa, con actitud indiferente pero mirada curiosa, estaba Lord Voldemort.
La chica no pudo ocultar el quejido de espanto. Nunca lo había visto personalmente. Era un hombre de mediana edad que podría considerarse guapo por los rasgos y postura, pero esa mirada infundía pánico.
–Voldemort…
Fue apenas un susurro que provocó la sonrisa del hombre y un profundo dolor en la chica.
–¿Cómo te atreves a llamarlo por su nombre, asquerosa traidora? –Preguntó Bellatrix subiendo a la mesa y tomándola por el cabello.
–Deja a la chica, Bellatrix… –Pidió Voldemort riendo –Solo se siente asustada y curiosa.
Con profundo odio la mujer la dejó y Dorcas volvió a caer en la mesa, aunque esta vez se giró para quedar sobre su estómago, porque si Voldemort la iba a matar, cosa que era segura, al menos quería estar frente a él cuando eso pasara. Ella no era ninguna cobarde.
–¿Señorita Dorcas Meadowes, verdad? –Preguntó el hombre con más amabilidad de la que se esperaba.
La chica asintió.
–¿Lord Voldemort, verdad? –Le devolvió la pregunta armándose de valor y con el máximo gesto desafiante que poseía y del que podía hacer uso en su condición que era deplorable.
El hombre asintió con una sonrisa.
–Señorita Meadowes, creo que por un horrible malentendido ha llegado hasta acá y ahora es nuestra invitada. Espero se sienta como en casa. –Se excusó Voldemort sin culpa alguna.
–La mía es más pequeña, pero gracias. –Le siguió el juego la chica y algunos ocultaron una risita tras una falsa tos.
–Porque… –siguió el mago más perverso de la historia –originalmente era su amiga Marlene McKinnon quien sería nuestra invitada de honor, pero según nos contó Bellatrix… eso no fue posible gracias a usted. –Ahora se giró y miró a Bellatrix que agachó la vista –Pero hay ciertas cosas que sigo sin comprender, como por ejemplo… –se inclinó sobre la mesa y miró a un Mortífago con máscara –¿por qué si superábamos en número a los Aurores de Moody, y contamos con poderosos magos, no pudimos llegar hasta McKinnon antes de entrar a Londres? ¿Podrías responderme, Evan? –Finalizó con un profundo sentimiento de rabia.
El chico a quien estaba mirando antes con un simple movimiento de varita sacó la máscara que cubría su rostro y reveló a Evan Rosier.
Dorcas acalló un gemido.
–Mi señor… –Comenzó el muchacho y fue interrumpido por Voldemort que se puso en pie y dio un golpe con sus palmas sobre la mesa.
–Me fallaste, Evan. –Dijo con tono calmado –Deposité mi confianza en ti porque veía iniciativa y valentía, pero me equivoqué. –Continuó con profundo sentimiento.
–No volverá a ocurrir, mi señor. –Se apresuró en decir Rosier.
Voldemort se volvió a sentar y sonrió.
La castaña cada vez se asustaba más, ese hombre cambiaba de estado de ánimo con la rapidez de un respiro.
–Por supuesto que no volverá a ocurrir, Evan. Ya no estás a cargo de nada, no puedo confiar en alguien que falla en algo tan básico como ser una conexión confiable y reaccionar a tiempo en los momentos precisos. –Le recriminó con enojo a Evan que miraba sus manos. Luego Voldemort volvió a hablar pero su tono era más amable –Aunque claro… logramos entrar al tren y estuvimos a punto de llegar a la chica, todo gracias a nuestro joven amigo.
Miró al asiento junto a Evan que estaba ocupado por otro Mortífago con el rostro cubierto y que no había quitado ni un segundo su mirada de Dorcas. Hizo lo mismo que Evan y reveló su rostro.
Dorcas dejó de respirar por un momento y sus ojos se llenaron de lágrimas de pánico. Recordó todo lo que había aprendido de Oclumancia y su cuerpo se volvió un atado de nervios.
Regulus la miró con indiferencia y se giró hacía Voldemort.
–Sabe que siempre podrá contar conmigo, mi señor. –Dijo haciendo una reverencia que fue bien acogida por el hombre.
–Y lo demostraste, mi joven Regulus. Si no fuese por ti, ni siquiera hubiesen podido penetrar el tren. Los errores los cometieron otros. –Dijo mirando a Evan, Lucius y Bellatrix –Luego tendremos una conversación ambos, –continuó en dirección a Regulus –sobre tu futuro.
Dorcas miró a Voldemort que miraba embelesado a Regulus, como si fuese su nuevo favorito. La chica vio que el hombre acariciaba un bonito colgante y pensaba, luego miró de vuelta a Reg.
–¿Tienes un elfo, no es verdad? –Preguntó aun en sus pensamientos. El chico asintió con una leve inclinación que fue de la satisfacción de Voldemort.
Dejó el tema en el aire y siguió unos segundos dentro de sus pensamientos.
Después de un breve silencio se giró nuevamente a Dorcas y suspiró.
–¿Veo reconocimiento? –Preguntó a la chica que no había sacado los ojos de encima de Regulus.
Dorcas no respondió, estaba en completo silencio tratando de no ahogarse con su propio aire.
–Ella… –señaló Regulus que fue quien respondió –es amiga de mi hermano, el traidor a la sangre Sirius Black, mi señor. Y también es de familia de sangre pura, nos hemos topado un par de veces. –Finalizó con tono calmado y girándose hacia Dorcas con el mismo gesto frío e indiferente.
Voldemort asintió.
–Meadowes… –Susurró más para sí e hizo un pequeño mohín de frustración –Detesto desperdiciar sangre tan valiosa… ¿Qué nos han hecho los Meadowes? –Preguntó mirando a Bellatrix que estaba de rodillas frente a Dorcas con su varita y puñal listos.
La mujer pensó rápidamente.
–Nada directamente, mi señor. –Dijo y se apresuró en añadir –Pero son traidores a la sangre, sus padres son fieles a Dumbledore y el Ministerio.
–¿Y por qué la trajiste entonces? –Preguntó Voldemort mirándola como si fuese estúpida –Es una sangre pura.
–Ella impidió que trajéramos a McKinnon. –Se defendió la mujer.
–Iniciativa y valentía, dos características que valoro mucho, Bellatrix. –Le comentó con paciencia y tono calmado –Y aún más cuando vienen de una familia pura y con historia como la de la chica. Podrían ser mis seguidores. –Suspiró frustrado y miró a Dorcas –Detesto desperdiciar así la sangre mágica, –le volvió a repetir a la chica –es una lástima.
Pensó un poco más acariciando su sien.
–¿Es verdad lo que dice Bellatrix, muchacha? –Preguntó interesado –Porque si ella miente, tienes un puesto en nuestras filas y te perdono por haber ayudado a que nuestro plan hoy fracasara.
Dorcas sacó la vista de Regulus y se giró para quedar frente a Voldemort.
–Aborrezco tu causa y soy amiga de los nacidos muggles, así como los mestizos. Detesto la pureza de la sangre y si vas a matarme, hazlo ahora. Prefiero eso a tomar un lugar en tus filas, Lord Voldemort. –Respondió desafiante.
Lo siguiente que sintió fue que estaba de espaldas contra la mesa y Bellatrix sobre ella dándole una bofetada.
–¡Basta, Bellatrix! –Pidió Voldemort y todos lo miraron sorprendidos –Te he dicho cientos de veces que detesto pelees como una muggle.
La mujer asintió y se retiró del cuerpo de la chica, no sin antes picotear un poco más su vientre con la varita.
–Carga un bastardo, mi señor. –Susurró en dirección a su amo que se puso en pie y comenzó a caminar hasta la chica rodeando la mesa.
–Ni siquiera debe saber quién es el padre. –Comentó alguien a quien Dorcas reconoció como Avery.
La muchacha rio con sorna.
–¿Qué tal tu cara, Avery? –Preguntó sacando fuerzas de donde ya no tenía.
El chico iba a responder pero se contuvo por el gesto de Voldemort que ya había llegado hasta el lado de Dorcas.
Se abrió espacio entre Evan y Regulus y gentilmente ayudó a la chica a quedar sentada.
–Señorita Meadowes, ¿es verdad que esperas un hijo? –Preguntó con tono amable.
La chica asintió.
–¿Y el padre? –Volvió a preguntar.
Dorcas sintió un fuerte pinchazo en su cabeza y se resistió con toda su fuerza.
–Sangre pura, más que la de muchos aquí. –Contestó con una sonrisa triunfal ante las quejas de espanto en algunos.
Voldemort le devolvió la sonrisa ante la mirada atónita de todos.
Esa chica lo desafiaba y él se reía.
–Bellatrix, –llamó a la mujer que se acercó enseguida –quiero que sea la última vez que capturas y torturas a una sangre pura, que carga un hijo de su misma procedencia, y que maneja la Oclumancia. Sin restar que posea determinación y valentía. ¿Entendido? –La mujer asintió y murmuró un sí, mi señor –Es una lástima desperdiciar todo esto. Ahora morirás Dorcas Meadowes, porque Lord Voldemort no da segundas oportunidades.
El hombre se alejó para volver a sentarse a la cabecera de mesa y Bellatrix se apresuró en montarse sobre Dorcas riendo.
–Nuevamente juntas, niña fea. –Le susurró.
–Debo tener un espejo en la cara y te estás viendo en él, cara de moco. –Le respondió la chica y le escupió en la cara.
Eso enfureció a Bellatrix que tomó fuerte su varita dispuesta a matarla.
–Bellatrix, –dijo con tono cansado Voldemort –¿quién te dijo que la matarías tú?
–Mi señor, yo pensé… –comenzó a excusarse la mujer que veía sus planes nuevamente interferidos.
Voldemort negó con la cabeza y miró a Regulus.
–Mi fiel Regulus, tienes el honor. –Le hizo un gesto al chico que se puso en pie enseguida.
Dorcas pensó que todo eso debía ser un juego o un sueño. Regulus seguía tan indiferente a la situación como al principio y hasta se había parado frente a ella con su varita lista para obedecer las órdenes de Voldemort con su mirada fría y gesto de asco. Ella sabía que Regulus era Mortífago, y si bien no se esperaba que estuviese allí, sabía que él era diferente. Regulus la amaba.
Ella estaba soñando.
Su respiración se comenzó a hacer cada vez más pesada y se sintió mareada, además le costaba ver porque sus ojos estaban llenos de lágrimas. Miró al chico frente a ella con súplica y pidiendo una explicación desesperada, pero los grises ojos de Regulus estaban congelados como el hielo.
–¡No!
Un grito desde el fondo de la sala rompió el ambiente y resonaron los tacones de una mujer acercándose. Dorcas sintió unos brazos rodeándola. Era Narcissa.
–Es una niña, no les ha hecho nada. – Rogó mirando a Voldemort.
–¡Narcissa es suficiente!
La orden provenía de Lucius que se acercó hasta su mujer y la comenzó a tirar hasta que la separó de la castaña.
Dorcas miró fijamente a su maestra y vio que tenía un feo rasguño en su mejilla que se estaba tornando morado, además de un corte en su labio.
–¿No fue suficiente mi lección, hermanita? –Le siseó malhumorada Bellatrix.
–Lucius, –esta vez fue Voldemort quien habló molesto –la única razón para que tu mujer siga con vida es porque eres junto a Bellatrix de mis más fieles seguidores, pero un error más y ya conoce su destino.
–Sí, mi señor. –Dijeron al mismo tiempo Bellatrix y Lucius.
–Contrólala. –Ordenó y Lucius la sacó de inmediato entre los gritos de la rubia que miraba a Dorcas con tristeza.
La castaña vio que la dejó encerrada en lo que debían ser las cocinas, se veían elfos ir y venir.
Voldemort hizo un gesto con la mano indicándole a Regulus que podía seguir.
El chico tomó a Dorcas por la cintura y la arrastró hasta dejarla muy cerca de su cuerpo. Acarició una de sus pálidas mejillas que estaban bañadas en lágrimas y teñidas de negro por el maquillaje corrido y le dio una imperceptible sonrisa.
Colocó su varita justo en el corazón de la chica que latía furioso mientras ella cerraba sus ojos y pasó su dedo por el labio tembloroso de Dorcas a la vez que suspiraba.
–Mi señor… –Dijo con voz pausada y de pregunta.
Dorcas abrió los ojos y sintió el ambiente tenso. Todos querían verla muerta.
–¿Regulus? –Preguntó Voldemort.
–¿Usted sabe quiénes son los padres de la chica? –Preguntó girando su rostro hacía Voldemort que lo miraba interesado, mientras sin que nadie se diera cuenta el chico rozaba sutilmente el vientre de Dorcas.
–¿A qué te refieres, Regulus? –Preguntó repentinamente interesado.
Regulus le dio una pequeña sonrisa.
–Dorcas Meadowes, hija única y niña consentida de sus padres. –Comenzó a hablar captando el interés de todos –Los Meadowes son prominentes políticos, aunque no les gusta verse envueltos en líos. En el último tiempo han salido mucho del país para negociar acuerdos con Ministros de otros países, tanto muggles como mágicos, por eso no se ha escuchado mucho de ellos. Y la semana anterior volvieron y tomaron puestos dentro del Wizengamot. –Hizo una pausa para continuar –Y además forman parte del Tribunal de la Comisión de Registro de Nacidos Muggles, mi señor.
Voldemort le señaló que siguiera.
–Así que como puede ver, mi prima atrapó un pez más gordo que McKinnon. –Señaló triunfante –La próxima semana se vota un decreto para regular el ingreso de muggles a Hogwarts por los recientes hechos que nos involucran, y los padres de Meadowes votan, además que tienen acceso a valiosa información… Nombres, ubicaciones, todo sobre los sangre sucia.
–¿Y qué propones? –Preguntó Voldemort con una sonrisa llena de felicidad y maldad porque ya había entendido hacia dónde iba.
–¿Qué pasará cuando los padres de Meadowes se enteren que su niña consentida está siendo torturada por los Mortífagos y encima embarazada? –Preguntó riendo Regulus –Propongo un cambio justo y una visita a sus padres. Aunque claro… el cambio solo será justo para nosotros, la chica sabe demasiado.
Voldemort soltó una enorme risotada ante el miedo de algunos.
Dorcas se sujetó a Regulus que por la cintura la bajó de la mesa y la presionó fuerte contra su propio cuerpo.
–Volvamos esto un tema político, mi señor. –Finalizó Regulus.
–Bellatrix y Lucius. –Los señaló uno a uno Voldemort –Es su oportunidad para redimirse… Le harán una visita a los padres de la chica, esta vez sin errores. –Miró a Regulus –Acompaña a nuestra invitada a los calabozos y tortúrala un poco por su insolencia, aunque no lo suficiente. Y lleva contigo a tu prima para que aprenda de lealtad. –Ordenó feliz ante la oportunidad que se ponía en su camino –De momento estás a cargo de la seguridad de la chica.
Regulus avanzó con Dorcas hasta la puerta donde habían dejado a Narcissa y le hizo un gesto a su prima para que los acompañara.
Como estaba a cargo, Bellatrix le entregó la varita de Dorcas al chico de malas ganas y se sentó en la mesa de vuelta para planear el siguiente golpe.
Regulus caminó en silencio por un largo pasillo con Narcissa tras ellos mirando desconfiada y sospechosamente a su primo.
Cuando finalmente llegaron a una puerta al final del pasillo, comenzaron a descender por unas escaleras oscuras alumbradas unicamente por antorchas a los costados.
Entraron en el sector de los calabozos que era muy parecido a las mazmorras de las clases de pociones.
Regulus cerró la puerta y lanzó hechizos para amortiguar los sonidos. Cuando por fin se sintió seguro dejó de avanzar y rodeó a Dorcas entre sus brazos.
La chica se quedó estática un segundo y luego le dio un fuerte golpe en el pecho.
–Eres un idiota, me asustaste. –Le recriminó mientras se largaba a llorar y dejaba salir el miedo que había estado ocultando.
Regulus solo la abrazó y le dio un beso en la frente mientras acariciaba su cabello y la calmaba.
–¿Es tuyo? –Susurró Narcissa acercándose.
Su primo asintió con una media sonrisa.
Dorcas se secó la cara y nariz con su túnica y lo miró dolida.
–Ese imbécil de Avery dijo que…
Regulus la interrumpió asintiendo.
–Le deformaré aún más la maldita cara, yo me las arreglo con él, tú debes estar tranquila mi amor. –Le dijo Regulus comenzando a avanzar hasta llegar a una de las celdas que para sorpresa de Dorcas estaba bastante limpia.
–Yo vigilo que nadie venga. –Anunció Narcissa quedando en el medio del pasillo.
El chico abrió la celda y dejó pasar primero a Dorcas, luego la siguió y ambos se sentaron en una banca alargada.
Dorcas soltó una risita.
–Se parece a las celdas donde encerraban a los prisioneros en la época de Merlín y Morgana, en esos enormes castillos que cuentan en los libros. –Comentó jalando su túnica y mirando todo.
Era una celda bastante espaciosa con barrotes de algún metal muy resistente y estaba muy oscuro dentro. También se sentía que había magia, hechizos alrededor.
Más allá de unas cuantas antorchas y la banca pegada a la pared, no había nada más en el lugar.
Regulus le dio una mirada tierna mientras con su varita encendía las antorchas para que se viera más luminoso.
–Tampoco hay ventana. –Siguió Dorcas hablando como era su costumbre.
El chico sabía lo que estaba haciendo, ella tenía muy claro que era prisionera en esa celda que si bien no estaba dentro de un castillo, sí lo estaba en una enorme mansión en la que estaba encerrada.
Volvió al lado de la chica y se sentó a su lado atrayéndola con uno de sus brazos hasta que la dejó recostada en su hombro.
–Me van a matar, ¿verdad? –Le preguntó mirándolo hacia arriba.
Regulus se encontró con su mirada tan azul como el cielo y asintió.
–Pero no lo permitiré. –Prometió viéndola con sus ojos grises dulces a los que estaba acostumbrada la castaña. Le sonrió feliz de vuelta –Los sacaré a salvo, algo se me ocurrirá.
La chica agachó sus ojos hasta su vientre y lo volvió a mirar después de unos segundos.
–¿No estás enojado? –Quiso saber temerosa –Cuando Bellatrix habló y estaban todos allí arriba, me mirabas tan indiferente… pensé que estabas molesto. Pero no caía en mi cabeza que fueses a matarme, solo estaba asustada y tan confundida. –Comentó hablando muy rápido.
–No estoy enojado, Dorcas. –Le aseguró sosteniendo las manos de la chica –Es la mejor noticia que me han dado en toda mi vida, siempre acostumbrado a tanta oscuridad, tú… ustedes son mi luz. –Dijo emocionado –Debes entender y te lo he dicho antes, no soy apegado a las expresiones afectivas y menos en esta situación que no es la mejor, enterarme en una sala llena de Mortífagos y encima a punto de matarte.
–Pero eres un excelente actor y nos salvaste, deberías entrar a la…
–No lo digas, por favor. –Pidió abochornado Regulus y soltó una pequeña risa –Granger ya mencionó que me aceptarían en la A.M.A.D.
Dorcas apretó sus labios para no reír.
Ambos suspiraron y se miraron, pero fue Dorcas quien hizo real la pregunta.
–¿Qué haremos ahora?
Regulus apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos con gesto agotado.
–Huir no es opción, los pondría en más peligro. –Comenzó a enumerar con tranquilidad –Por otro lado nadie fuera de nuestro círculo cercano puede saber que soy el padre, eso sería aún peor que la primera opción. –La chica asintió porque pensaba lo mismo, al menos no hasta que la guerra acabara –Y debemos acabar el Colegio, estoy seguro que Dumbledore no tendrá problemas.
–Rosier y compañía lo saben… para mañana saldrá en El Profeta. –Dramatizó Dorcas aunque no estaba tan alejada de la realidad.
–Veré cómo los silencio. –Dijo en tono serio Regulus y Dorcas palideció.
–¿No te refieres a matarlos, o si? –Preguntó en un susurro.
–No… –Respondió dudando el chico –Aunque tampoco es mala idea. Buscaré otros métodos.
Dorcas volvió a suspirar cansada y se llevó una mano a su vientre.
–¿Te duele? –Preguntó asustado Regulus.
La chica se levantó la blusa bastante suelta que llevaba puesta bajo su túnica raída por la lucha y ya se dejaban ver algunos cardenales entre su estómago y vientre, producto de las torturas de Bellatrix.
–Me las pagará. –Refunfuñó molesto Regulus y acercó temeroso una mano –¿Puedo?
–¡Qué pregunta tonta es esa, Reg! –Le contestó riendo –Claro que puedes tocar, eres su padre. Además… –divagó Dorcas –si estoy embarazada es porque ya me tocaste.
El chico rodó los ojos molesto y le hizo una mueca. Tocó su vientre despacio, no se sentía muy diferente a antes, solo un poco más duro en la parte baja y algo hinchado. Se alejó despacio y la chica se cubrió.
–Tres meses, ¿verdad? –Preguntó casi seguro de la respuesta.
Dorcas asintió y giró la mirada hacia el suelo.
–Te dije que yo la preparaba. –Comentó Regulus divertido.
–No me recrimines eso también, ya tengo suficiente con Sirius diciendo que soy un desastre para las pociones. –Respondió con tono afligido –Creo que solo trabaja conmigo por pena y porque es un Black y nada les sale mal, nadie quiere juntarse en la clase de Slughorn conmigo.
–Nadie quiere estar al lado de un caldero cuando explota. –Comentó más divertido aun Regulus imaginando a su hermano discutiendo con Dorcas. Recibió un golpe por parte de la chica en el estómago.
Le iba a responder cuando sintieron un chistido de Narcissa que los miraba entre los barrotes.
–Me carga interrumpir, –se disculpó –pero deberías gritar un poco o hacer ruido, se supone que Regulus te está torturando.
Dicho eso volvió a la mitad del pasillo.
–Cissy tiene razón, –le dijo Regulus poniéndose en pie frente a ella –tienen que escucharte un poco. Placer para sus oídos. –Dijo asqueado.
Dorcas se encogió de hombros.
–No soy buena fingiendo, lo haré lo mejor que pueda y…
Soltó un fuerte grito y en sus ojos se acumularon lágrimas por el dolor en su cabeza. Mientras hablaba Regulus había sacado una pequeña botellita que siempre cargaba para las heridas y que servía como desinfectante y se lo había vertido sobre el corte en la cabeza.
–Lo sé, por eso es hora de curarte, te va a doler y gritarás como si… te estuviese torturando por tu insolencia pero no lo suficiente. –Comentó imitando a Voldemort.
Dorcas que era una luchadora, debía admitir que odiaba todo lo referente a curaciones, así que sus gritos fueron lo suficientemente creíbles.
Narcissa se volvió a acercar preocupada.
–¿Qué demonios le estás haciendo? –Preguntó cruzándose de brazos –Grita como si la torturaras.
–Y lo hace. –Se quejó Dorcas que se estremecía cada vez que Regulus le limpiaba con la poción y curaba otras heridas con la varita.
–Puede decirle cara de moco a Bellatrix sin miedo, –le respondió a su prima el chico sonriendo –pero es una cobarde con una simple poción.
Narcissa sonrió y a ratos espiaba por si alguien bajaba.
–Listo, no se infectará y sanará. –Le dijo con un susurro el chico.
–¿Cómo te sientes? –Preguntó Narcissa desde la puerta.
–Tengo hambre y quiero vomitar. –Dijo con franqueza Dorcas –¿Qué hora es?
–Medianoche. –Regulus la miró y pensó.
–Debemos sacarla de aquí, Regulus. –Lo presionó Narcissa.
El chico la miró y la sentó al lado de Dorcas mientras le curaba la mejilla y el labio, pero la rubia a diferencia de la castaña ni siquiera se quejó.
–Acostumbrados a las torturas. –Trató de sonar divertida Narcissa, pero sabía que era cierto.
–Está hechizada contra apariciones. –Comentó Dorcas mientras inspeccionaba las paredes tocándolas con las palmas de sus manos.
–Es una fortaleza. –Dijo frustrado el chico.
Cuando terminó con Narcissa la dejó volver a vigilar y él tomó entre sus brazos a Dorcas para darle un beso y abrazarla.
–Narcissa te cuidará mientras no esté, –le dijo sosteniendo su cara entre sus manos –y hallaré la solución, te lo prometo, saldrán de acá a salvo.
Rebuscó en su túnica y se abrió paso a través de la ropa de Dorcas para meter entre sus vaqueros la varita de la chica.
–Por si la necesitas. –Ella asintió –Ahora te daré una poción que te hará dormir, podrás descansar y parecerás desmayada. –Otro asentimiento –Pero antes, necesito que hagas un vociferador para tus padres. –Le pidió enseñándole un pergamino y sacando su varita.
Dorcas lo miró asustada.
–Oh, por Morgana… ¿qué harás, Regulus? –Preguntó con voz temblorosa.
–Ya lo verás. –Contestó con una sonrisa.
Dorcas volvió a asentir y le hizo caso en todo lo que el chico le dijo.
Después de al menos media hora Regulus depositó un tierno beso en la frente de Dorcas que dormía tranquilamente sobre la banca.
La encerró y lanzó unos cuantos hechizos. A medio camino se reunió con Narcissa.
–Sirius, Narcissa y ahora Regulus, somos la vergüenza de los Black. –Comentó la rubia.
–Y recién te das cuenta. –Le contestó con un suspiro.
–¿Dónde irás, qué harás ahora? –Le preguntó preocupada su prima.
–Con Dumbledore y Granger, pero antes necesito que me ayudes, ¿lo harás, verdad?
Narcissa asintió con una sonrisa de esas que solo le daba a Regulus y lo abrazó mientras subían la escalera de vuelta al salón.
Sirius mientras tanto preparaba en la cocina de Hermione algo de té y Dobby lo ayudaba con la comida.
La castaña había subido hace media hora a darse una ducha y cambiar su ropa y todavía no bajaba. Sirius estaba seguro que se había encerrado a llorar.
Después que Bellatrix había desaparecido con Dorcas y Greyback, él había corrido a sostener a Hermione que cayó con fuerza de rodillas al piso sin dejar de mirar el cuerpo de Rabastan. Tan rápido como pudo la giró contra su pecho y no permitió que siguiera viendo la escena.
Euphemia y Fleamont ayudaron a los chicos a salir de los escombros y tuvieron que ponerlos al día, pero nadie decía nada. Dumbledore y Moody en cambio se acercaron hasta Hermione y le dieron instrucciones a Sirius a las cuales la chica no prestó atención. Parecía estar en su propio mundo, dentro de sus pensamientos y que nadie sabía cuáles eran.
Los Aurores llegaron y Moody inmediatamente comenzó a redactar una carta para el Ministro en donde explicaba los hechos y dejaba de manifiesto que Hermione Granger había actuado en legítima posición de defensa. Examinaron su varita y tanto Dumbledore como los Potter firmaron la carta como testigos de los hechos.
Gideon fue el encargado de ir hasta el Ministerio e informar a los Meadowes lo sucedido, para luego llevarlos con él hasta la mansión de los Potter, en donde el Director había convocado una reunión de emergencia de la Orden del Fénix.
Entre Alastor y Sirius sostuvieron a Hermione y la sacaron hasta los jardines en cuanto los Aurores comenzaron a mover el cuerpo de Rabastan Lestrange.
–¿Iremos caminando? –Preguntó Sirius mientras avanzaban.
–¿Tienes fuerza para aparecerte, chico? Creo que no, y a Granger no le hará mal tomar aire fresco. –Dijo calmado Moody.
Hermione susurraba algo entre dientes que el pelinegro no alcanzó a oír. Alastor negó fervientemente.
–No fue tu culpa lo de Dorcas, y la traeremos de vuelta, además es una chica fuerte y tenemos tiempo para planear algo. –Le dijo su Jefe.
La castaña frenó de golpe y su cuerpo pareció recuperar fuerzas.
Miró a todos lados, estaban solos.
–Está embarazada… no tenemos tiempo. –Dijo en un susurro.
Sirius tapó su rostro y Moody tragó pesado.
–¡Los matarán! –Gritó histérico Sirius –Los conozco, ellos simplemente…
–¡Cálmate! –Le pidió Alastor en un susurro.
–No es tu hermano el que está dentro, Alastor. Así que no me pidas que me calme. –Susurró molesto Sirius mirando desafiante al Jefe de Aurores –¿Crees que Bellatrix dejará el asunto así, sin siquiera torturarla hasta sacarle la última gota de información para llevarle el cuento a su amo? ¡Es una perra traidora, Moody! Hoy casi me mata, soy su sangre. No dudará en traicionar a Regulus, y todo se volverá más fascinante para sus mentes retorcidas cuando puedan torturar a una chica embarazada. La utilizarán como arma.
Hermione negó.
–Le enseñó Oclumancia, Dorcas me lo dijo. –Lo trató de calmar.
–Eso nos da tiempo, a Voldemort le llamará la atención ese atributo en la chica. Además tu hermano es inteligente, Sirius… buscará una forma. –Le dijo Alastor tomándolo por los hombros.
–¿Por eso se la llevó Bellatrix? –Preguntó Sirius mirando a Hermione –Tenemos que sacarla de ahí.
Hermione asintió.
–No sabe quién es el padre, al parecer solo sabe que está embarazada y por eso se la llevó. Además gracias a ella no pudieron llegar a Marlene. –Le explicó –Es lo único que alcancé a escuchar, por eso me lancé sobre Bellatrix. ¿Recuerdas el día que nos encontraste en la cabaña de Hagrid? –El chico asintió –Me lo iba a decir ese día, fui con ella porque Regulus me lo pidió, la notaba extraña.
–También te lo comenté, estaba muy rara. Era eso. –Dijo Sirius entendiendo todo y sintiendo más desesperación.
Moody miró en todas las direcciones.
–Vamos a tu casa, Granger. –Ordenó y tanto ella como Sirius lo siguieron abrazados por la fría noche.
Cuando entraron Dobby ya los esperaba y dio una tímida sonrisa a Hermione que le acarició la cabeza.
–Coman algo y descansen un poco. A las once de la noche los quiero en casa de los Potter porque habrá una reunión de la Orden. –Les dijo –Y decidiremos qué hacer.
–Regulus dijo que estarían en la mansión de los Lestrange, si van a atacar quiero ir. –Le dijo con tono decidido Sirius –Conozco ese lugar como la palma de mi mano, Alastor. Cuando éramos más pequeños casi vivíamos allí, Bellatrix nos enseñó Artes Oscuras a mí y a mi hermano y cuando cometíamos algún error nos torturaban en los calabozos. –Explicó con tono lúgubre –Es una fortaleza y no te puedes aparecer en cualquier lado.
Moody asintió.
–Decidido entonces. –Dijo asintiendo a la petición del chico y luego miró a Hermione –Quiero que me escuches, pequeña. –La castaña lo miró con sus ojos llorosos –Sacaremos a Dorcas de ese lugar y verás cómo tendrás un lindo sobrino, por cierto… felicitaciones tío. –Le dijo a Sirius tocando su hombro y eso le sacó una sonrisa a la chica –Y quiero que pienses en esto… si cualquiera de ellos tiene la oportunidad, habría hecho lo mismo que hiciste esta noche. Supéralo y sigue con la vista en alto.
Hermione asintió y los dejó solos.
Sirius fue el primero en tomar una ducha y ponerse ropa limpia. Luego fue Hermione y allí estaban con Dobby, esperándola.
–¿Deberíamos subir? –Preguntó el pequeño elfo.
–No, Dobby. –Respondió con un suspiro agotado y bostezando Sirius –Si a esa chica no le das su espacio se pone como una fiera. Además no es fácil, Hermione no es del tipo que mata Mortífagos, ella prefiere llevarlos a juicio.
Dobby asintió y recordó algo.
–Yo también conozco la mansión de la bruja de Bellatrix Lestrange. –Comentó como quien habla del tiempo.
–En serio eres una caja de sorpresas, ¿por qué la conoces? Eras elfo de Narcissa. –Preguntó Sirius mientras comía.
–¡Oh, porque yo llevaba a la señorita Narcissa! –Exclamó feliz –Esa mansión tiene la red flu bloqueada y yo me aparecía con ella.
Sirius se quedó con una galleta a medio camino.
–Eres un elfo, maldita sea… –Susurró para él mismo –Puedes aparecerte en cualquier sitio.
–No cualquier sitio, esa mansión es una fortaleza, hasta para los elfos. –Habló Dobby y el chico le puso más atención –Pero si no ha cambiado los hechizos en estos meses, recuerdo dónde se puede y dónde no se puede aparecer y desaparecer.
Sirius cerró la boca y lo miró atónito.
–¿Y recién lo dices? –Le preguntó con la voz estrangulada –O sea que… ¿podrías ir ahora y sacar a Dorcas?
El elfo negó.
–No solo, –explicó afligido –digamos que si la tienen en los calabozos tendríamos que pasar los pasillos y si está en alguna habitación tenemos que sí o sí atravesar el salón.
–¿Y dónde puedes aparecerte? –Preguntó más interesado Sirius –Hace tres años casi no voy allí.
–En las cocinas, en el medio del salón pero únicamente justo al medio en donde hay una grieta en el piso y luego en los jardines en la piedra con musgo al lado de las rosas. –Contestó feliz.
Sirius asintió más feliz aun.
–¡Eres un genio! Vienes con nosotros Dobby, prepárate. –Dijo Sirius mientras echaba a correr escaleras arriba.
–¿Qué pasó con el espacio personal de Hermione Granger? –Preguntó el elfo.
–Ya no tiene sentido. –Le respondió Sirius antes de entrar de golpe en la habitación de la castaña.
Hermione ya estaba vestida y se estaba colocando una túnica. Sus ojos estaban hinchados y rojos. Miró preocupada a Sirius que se veía feliz. El chico la sentó en el borde de la cama y le contó de su conversación con Dobby.
–¡Oh, Dobby! –Dijo feliz Hermione en cuanto Sirius terminó –Debemos decirle a Alastor.
Sirius asintió y la abrazó antes de volver con los Potter, tenían unos quince minutos todavía.
–Seré tío, Mione. –Le susurró el chico.
–Eso suena hermoso, déjalo así y no lo arruines. –Pidió la chica recuperando la diversión.
Pero Sirius Black nunca podía dejar algo a medias.
–Me pregunto dónde habrá sido concebida la criatura. –Agregó riendo y sintió el golpe de Hermione.
–Eso no es asunto tuyo, Sirius. Te prohíbo que los tortures con preguntas o los hagas sentir incómodos. –Le ordenó seria.
–Hermione, no seas pesada. Solo piénsalo un minuto, por favor. –Pidió como niño pequeño y continuó –¿Habrá sido en casa de Dorcas? Sus padres viajan mucho. Acá imposible porque tienes esta casa repleta de hechizos. ¿Y si fue en el Colegio?
–¿En Hogwarts? –Preguntó interesada la chica –Imposible.
–Eso es porque no tienes imaginación. –Le respondió Sirius –¿Qué me dices de esas salidas al bosque, o los corredores del séptimo piso?
–¿La Sala de Menesteres? –Dijo de pronto Hermione interesada.
–Estás entendiendo el punto…
–¡Sirius, basta! –La castaña le dio en todo el cuerpo con un almohadón mientras el chico reía.
De pronto dejó de reír y se puso más serio pero aun con la sonrisa bailando en sus labios.
–Estoy feliz por Regulus y Dorcas. –Dijo recostándose sobre la cama con Hermione mirándolo de forma tierna –Aunque no es justo porque soy el mayor y él es mi hermanito. –Y ahí estaba arruinando el comentario inicial.
–Si solo aprendieras a mantener la boca cerrada, Black. –Le dijo Hermione tirándose a su lado –Además es segunda vez que te lo digo, eres solo fama.
Sirius se quedó en silencio para comenzar a divagar a los segundos.
–Mione, ¿has pensado alguna vez en nuestros hijos? –Le preguntó sin gota de broma.
Hermione cerró los ojos y luego los abrió para girarse y quedar sobre su brazo mirándolo.
–Sabes que no podemos tener hijos, Sirius. –Le respondió con tristeza –Cuando me lo diste, –le señaló el anillo de compromiso –te pregunté si sabías lo que significaba.
–Lo sé, y estoy bien con eso, es solo que a veces me preguntó y sí las cosas fueran distintas. –Dijo ilusionado.
–También lo hago. –Le respondió Hermione acariciando su cabello negro –Y si encuentro una solución serás el primero en saberlo. –Prometió –Porque imagina que tenemos un hijo y llega el momento… –dejó la frase en el aire para no mencionar aquello en lo que menos le gustaba pensar –existe la posibilidad de que quedes solo con un bebé, y luego qué… ¿le dirás que su madre tuvo que volver en el tiempo y en un par de años quizá la conozca? –Sirius asintió entendiendo el punto –Y supongamos que funciona, de todas formas ese niño o niña jamás crecerá con su madre, no tendrá una vida normal y luego cuando pasen muchos años se la encontrará en el Colegio, de su edad o menor y sin saber qué hacer.
–Eso suena cruel para cualquier persona. –Reconoció Sirius girándose y quedando sobre ella –Y sigo firme en mi decisión, no necesitamos hijos por ahora, pero… podríamos intentar hacerlos.
Hermione rodó los ojos riendo y perdiendo el hilo de su comentario.
–Eres incorregible. –Aceptó la chica besándolo.
Sirius se separó y recuperó la chispa de broma en los ojos.
–¿Cuál de los dos se habrá equivocado en la poción? –Preguntó –¿Regulus o Dorcas? Creo que Dorcas, ya no le tengo fe luego de ver cómo hizo explotar un caldero.
Hermione negó riendo.
–Una vez más, te prohíbo que los molestes. –Dijo en lo que se paraban y se dirigían a buscar a Dobby.
Sirius dio dos suaves golpes en la puerta y el elfo abrió.
Ambos se sorprendieron al ver la hermosa decoración que tenía el elfo, su habitación parecía un bosque. Se había puesto una chaqueta militar sobre su ropa que acostumbraba usar y llevaba pequeñas botas.
–Esperen… –Aclaró mirando al pequeño elfo la chica –Sirius, ¿qué le dijiste exactamente?
–Que venía con nosotros. –Dijo riendo.
–Y Alastor Moody, el cazador más sanguinario seguro armará un plan de guerra. –Agregó Dobby.
–¡Oh no, Dobby! Sirius, no lo expondré de esa forma. Ya nos dio información y es suficiente. –Exclamó en tono histérico al ver que el elfo ordenaba sobre su cama por tamaño pequeñas dagas y puñales.
–Mira, son como las de Bellatrix, ¿dónde las conseguiste, amigo? –Susurró Sirius sin prestarle atención a su novia y acercándose a observar mejor las armas.
–Tengo contactos entre los duendes y si bien tengo magia por ser un elfo, no tengo varita y Bellatrix Lestrange es muy mala. –Explicó guardándolas en su chaqueta.
–¡Dobby, no irás a ningún sitio! –Ordenó Hermione.
El elfo la miró abriendo de par en par sus ojos.
–Dobby es un elfo libre y no sigue órdenes de Hermione Granger, además Dobby va a ayudar porque el joven Sirius Black lo invitó. Es mi deber ayudar en su escape a la señorita Dorcas. –Dijo con orgullo.
Sirius le chocó las palmas.
–Así se habla compañero.
Hermione salió hecha una furia escaleras abajo.
–¡Apresúrense entonces, compañeros de batalla! –Rugió desde la chimenea.
Ambos bajaron evitando reír mientras Hermione susurraba cosas como, ni siquiera nos hemos casado y ya le tiene más lealtad a él. O desvaríos del tipo, Sirius Black cree que puede mandar sobre mi vida y casa, ya verá que no.
–Relájate, –le dijo Sirius mientras le daba un beso en la frente –y no seas histérica.
Los tres cruzaron la chimenea y se unieron en la sala donde ya estaban todos los miembros de la Orden. Como Sirius aun no formaba parte, se fue en compañía de Dobby junto a sus amigos.
James y Remus miraban desde el descanso en la escalera que daba al segundo piso.
–¿Lily y Alice? –Preguntó Sirius.
–Acompañé a Lily hasta su casa, obviamente no le dijimos nada a sus padres para que no se preocupen. –Respondió James –Y Frank en cuanto tuvo un rato libre llevó a Alice a la suya, luego volvió para la reunión a la que convocó Dumbledore. –Dijo en tono más chismoso –¡Su Patronus es un fénix enorme! –Susurró.
Remus estaba menos entusiasmado y parecía más perdido en sus pensamientos.
–¿Qué pasa contigo, Mooney? –Preguntó el pelinegro chocando su hombro con el de su amigo.
–¿Viste lo que hizo Greyback? –Preguntó –Quisimos acompañar a Marlene y su familia, pero Dumbledore dice que no es seguro de momento. San Mungo está custodiado por completo y seguimos sin noticias.
–Estará bien, el hermanito de Marlene. –Dijo Sirius sin saber muy bien qué decir en ese momento. Sabía lo que significaba toda esa situación para Remus.
–Su hermano sí, su familia también, pero de Marlene no estoy tan seguro. –Comentó serio James ante la mirada de pregunta de sus amigos –¡Vamos, chicos! Estamos hablando de Marlene McKinnon, puede que sea su hermano, pero siente rechazo hacia los hombres lobo.
–Todos lo hacen. –Dijo Remus como si fuese lo más obvio.
–No sería tan cruel de rechazar a su sangre. –Agregó Dobby que se había mantenido al margen.
–Mi madre que es una persona muy especial y poco agradable me quemó del árbol genealógico, Dobby. –Explicó Sirius sonriendo irónicamente –Y estamos hablando de Marlene que también es una persona especial.
James chistó y todos le prestaron atención.
–Padfoot querido, Alice ya no puede proveernos valiosa información desde que se me escapó frente a Moody que Frank le contaba sobre las misiones. Pero ahora eres el novio de su Auror favorita. –Le dijo guiñando.
–¡Oh no! No meterás en líos a Hermione. –Fue tajante Sirius ante la insistencia de su amigo.
–¿Cómo saldrá Dorcas viva de todo esto? –Le preguntó Remus preocupado.
–Es cierto, la loca de tu prima no es muy normal. –Agregó James triste con la cara entre las separaciones del barandal de la escalera.
Sirius no alcanzó a contestar porque la Orden completa se movió hasta la biblioteca y allí se encerraron. Los padres de Dorcas y el Ministro pese a no pertenecer activamente a la organización, también estaban presentes.
Estuvieron cerca de una hora reunidos, hasta que salieron Gideon, Frank y Hermione en absoluto silencio y comenzaron a bloquear todas las chimeneas con encantamientos.
–¿Qué demonios pasa? –Preguntó asustado James y bajó corriendo con los chicos siguiendo sus pasos.
Ninguno de los tres abrió la boca. Hermione recorrió la segunda planta completa, Frank el jardín y Gideon la primera planta.
–¡Limpio, Alastor! –Informó Gideon tomando por el brazo a Remus y acercando a Dobby –La ubicación de la casa de los Potter es en el Cuartel General de la Orden del Fénix; si lo quieren ver deberán pertenecer, el resto permanece visible.
–¿Qué? –Dijo Remus confundido.
Frank hizo exactamente lo mismo con James y Hermione con Sirius.
Luego los dejaron en la sala y volvieron a la biblioteca en donde se encerraron y una fuerte luz se proyectó por debajo de la puerta.
–¿Qué fue todo eso? –Preguntó Sirius igual de confundido que el resto.
Dobby se acercó y dio un suspiro.
–Pasa que acaban de poner el Encantamiento Fidelio sobre la casa de los Potter. –Explicó el elfo –Y los Aurores les dieron la ubicación para que puedan entrar, aunque no completa porque no pertenecen a la Orden aún. ¡Brillante el que lo hizo!
–Pero…
Todos los miembros comenzaron a salir y desaparecer enseguida.
–Siempre fisgoneando. –Los regañó McGonagall de camino.
Dumbledore fue el último en salir y aprovechó que los chicos estaban distraídos para cerrar la puerta de la biblioteca a sus espaldas, que en una fracción de segundo había desaparecido y solo quedó la pared.
Euphemia se acercó a los tres chicos y les dio una dulce sonrisa.
–Será mejor así, por seguridad estaremos bajo el Encantamiento Fidelio, mis cielos. –Dijo pellizcándoles las mejillas – Ya no es suficiente con Aurores, en el momento en que Bellatrix entró a nuestra casa quedamos expuestos. Ellos saben que somos fieles a Dumbledore y el Ministerio.
–Lo siento. –Dijo Sirius sintiéndose culpable, ya que fue él quien eligió ese lugar para llevarlos a todos.
–¡Oh, no! No permito que te disculpes Sirius, hiciste lo correcto. –Lo contradijo con tranquilidad y cariño.
–¿Y ahora qué? –Preguntó Remus.
–Conocen lo necesario de la ubicación, ustedes pueden entrar y salir cuando quieran, estará todo frente a sus ojos. Solo les pido que se limiten a los más cercanos y en quienes confíen para darles la ubicación de la casa. –Pidió la mujer.
–No más fiestas entonces. –Se lamentó James y la mujer asintió.
Los chicos se fueron a reunir al salón donde estaban los Prewett, Moody y Dumbledore junto a los padres de Dorcas que se veían abatidos y desesperados.
Hermione acompañó a los padres de James hasta el jardín donde desaparecieron rumbo a San Mungo para hacerle compañía a los McKinnon. Dobby también desapareció para ir por algo de comida que ya tenía preparada y que les sentaría bien a los Meadowes.
Estaba por entrar cuando sintió a Dobby de regreso y que tenía una mueca en su rostro.
–¿Qué pasa Dobby? –Preguntó la chica preocupada.
El elfo miró a todos lados antes de responder.
–El joven Regulus Black está en casa, viene vestido de Mortífago y pide hablar con los padres de la señorita Dorcas. –Dijo ante la mirada incrédula de la castaña –Le dije que a Hermione Granger no le gustaría la idea.
La chica se tomó la cabeza con ambas manos y empezó a darse vueltas por el jardín.
–¿Ese chico está loco? ¿Tiene que elegir el día que hacemos el Fidelio? ¡Lo acabaré con mis propias manos! –Luego se tranquilizó y pensó mejor –¡Espera, Dobby! –Gritó feliz –Reg está en casa, eso quiere decir que Dorcas y él están bien.
Hermione se dio un par más de vueltas más y suspiró.
–Dobby, necesito un favor. –El elfo asintió –Esconde a Regulus en mi habitación, luego vuelve y lleva contigo con cualquier excusa a James y Remus, debes sacarlos de aquí y distraerlos hasta que te avise. Yo sacaré a Reg y lo traeré hasta acá. –Explicó la chica.
Dobby desapareció y tras diez segundos apareció frente a la chica de nuevo.
–Ya espera. –Anunció feliz entrando en la mansión.
Hermione apareció en su habitación en cuestión de segundos, y se encontró con el menor de los Black fisgoneando sus cosas con total curiosidad.
–¿Puedo quedarme con este? –Preguntó señalando su copia de Hamlet –Nunca lo he leído. –Le dijo en cuanto la sintió.
Hermione sonrió alegre y se lanzó a sus brazos.
–Estás bien, no imaginas lo preocupados que estábamos cuando se llevaron a Dorcas y los imaginamos juntos en la mansión Lestrange. –Susurró la castaña.
–No te imaginas lo que fue. –Respondió en un susurro devolviendo el abrazo a la chica.
–¿Ya lo sabes? –Preguntó preocupada mirándolo a los ojos a través de la máscara que llevaba. El chico asintió –Me enteré cuando Bellatrix ya la tenía, tratamos de arrebatársela. –Se disculpó y luego acarició su hombro con una pequeña sonrisa –Felicidades, por cierto.
Regulus sonrió y luego la llevó hasta el piso donde se sentaron y relató todo lo ocurrido lo más resumido que pudo.
–Ahora necesito que me lleves con sus padres, supuse que estarían con los Potter, dado que pasó todo en la casa de ellos, pero cuando busqué una mansión como la que me describió Dorcas no encontré nada. –Explicó susurrando aun –Entonces vine acá porque pensé que habrían puesto un Fidelio, sería lo más seguro.
Hermione asintió.
Regulus sacó diez galeones de su bolsillo y se los tendió sonriendo, pero sin dejarlos caer en la palma de la chica.
–Diez galeones a que la idea fue de Moody y él es el Guardián del Secreto. –Hermione abrió los ojos sorprendida y el chico soltó las monedas con satisfacción.
–¿Cómo lo supiste? –Preguntó preocupada –¿Por qué no pensaste primero en…?
El chico la interrumpió.
–¿En Dumbledore o los McKinnon? Porque a diferencia del resto he tratado con Moody y está trastornado, pero es un genio y nadie pensaría en él como primera opción. El sanguinario cazador Guardián de un Secreto… ¡Imposible! –Le explicó –Pero tranquila, todos irán tras el Director o los rubios si es que lo hacen. Ahora están más preocupados de los Meadowes.
Hermione suspiró abatida.
–La salvaste, pero tu idea es extrema, los involucrarás en algo peligroso. –Lo había comenzado a regañar cuando sintió ruido en la habitación de Dobby.
El elfo había llegado con Remus y James provocando mucho ruido.
–Te llevaré, pero estás realmente loco… esto es suicida. –Dijo negando con su cabeza y le tendió su mano que el chico aceptó.
Ambos aparecieron en el jardín de los Potter. Hermione comenzó a avanzar y vio que Regulus iba con paso más lento.
–¿En serio? ¿Le mientes en su cara a Voldemort y no eres capaz de enfrentar a sus padres? –Preguntó con sus manos en la cintura.
El chico exhaló todo el aire que tenía contenido y avanzó con paso decidido. Siguió a la castaña que entró primero. Dentro todos conversaban, el primero en mirar la puerta fue Sirius que se acercó a recibirla.
–Nos estábamos preguntando dónde estarías Mio…
Sirius quedó a medio camino y miró entre feliz y preocupado a Regulus cuando lo vio tras Hermione.
–¿Un Mortífago? –Preguntó la madre de Dorcas y tanto ella como su marido estaban con sus varitas listas apuntándolo.
Dumbledore y los Prewett los calmaron mientras Alastor se acercaba.
–Te ves ridículo con esa máscara y el gorrito. –Dijo Sirius riendo y fue a abrazar a su hermano que lo recibió feliz.
–No te verás mejor de Auror con el traje oficial que tienen. –Le recriminó el chico avergonzado –Además no tuve tiempo de ponerme algo para la ocasión.
–Felicidades, espero se parezca a su madre. –Dijo Sirius feliz de ver a su hermano a salvo –¿Cómo está ella?
Regulus asintió pero no respondió nada al ver a Moody acercándose.
–Es una alegría verte muchacho, pero espero tengas una buena excusa para venir, eres realmente un suicida. –Agregó Alastor con una sonrisa.
–¿Quién más sabe lo de Dorcas? –Preguntó.
–Sirius, Alastor y yo. –Se apresuró en responder Hermione.
Regulus hizo una mueca.
–Sus padres me matarán. –Dijo antes de acercarse a donde estaban.
Todos se acomodaron y vieron cada movimiento de Regulus. Tomó su varita y se retiró la máscara y la capucha que lo cubría. Quedó totalmente al descubierto y entregó su varita a Hermione.
Dumbledore fue el primero en sonreírle, seguido de los Prewett.
–Yo te conozco. –Dijo el padre de Dorcas.
–¿Regulus Black? –Preguntó la madre de Dorcas y luego asintió –Eres Regulus Black, hermano de Sirius, fuiste a nuestra casa una vez.
–¡Cierto! –Agregó su esposo –El chico que jugó con ella en su cumpleaños, todos la dejaron sola ese día. –Comentó sonriendo.
El chico con cada palabra se ponía más rojo y la situación se le hacía más difícil.
–Charlotte y Clark Meadowes. –Aclaró la madre de Dorcas –Dumbledore dice que no eres un Mortífago como Bellatrix que se llevó a nuestra niña, dice que estás de nuestro lado. ¿Tienes información de nuestra hija? –Preguntó esperanzada.
Regulus asintió a todo y sacó dos cosas de su bolsillo. La primera era una carta gruesa y sellada con la letra de Dorcas, se la tendió a sus padres. La segunda una botellita pequeña con líquido transparente que le pasó a Alastor.
El hombre no esperó y la destapó.
–Veritaserum. –Dijo seguro.
–Un vociferador, es de Dorcas, –explicó señalando el sobre que la mujer comenzaba a abrir nerviosa –el Veritaserum para mí, por si me quieren interrogar.
El sobre quedó flotando frente a la madre de Dorcas y comenzó a hablar.
–Mamá, papá estoy bien. Bellatrix me torturó un poco, pero Regulus me ayudó cuando Voldemort había ordenado mi ejecución, de hecho Reg tenía que matarme. –Su voz salió con una risa de por medio que a nadie le pareció divertido –¡Es brillante! Tiene un plan para sacarme de aquí que de seguro no les gustará, pero créanle. Estoy bien, Narcissa me está cuidando y tengo mi varita por las dudas. –Les explicó más calmada –Y por cierto, ¿saben cuánto los amo, verdad? –Dijo más nerviosa –Bueno, nos vemos luego, y por cierto… estoy embarazada. ¡Los amo!
El sobre se destruyó y todos quedaron en silencio. Charlotte Meadowes parecía que se iba a desmayar.
–Está con vida, el resto son detalles. –Dijo feliz Dumbledore mirando a los padres de la chica.
–Narcissa está bien. –Susurró Gideon y para nadie pasó desapercibida la mirada de reproche de Fabian.
Alastor le tendió el Veritaserum a Regulus que se lo tomó como si fuese agua. Iba a comenzar a preguntar, cuando Hermione se cruzó por delante de su jefe.
–Primero debo saber algo, Alastor. –Miró muy seria a Regulus que se esperaba un gesto infantil de Hermione –Regulus Black, ¿realmente piensas que soy una asquerosa sangre sucia que solo va a manchar tu árbol genealógico al casarme con tu hermano? –Preguntó expectante.
Regulus estaba rojo, el Veritaserum había hecho efecto pero se negaba a responder.
–Será más difícil y doloroso si no hablas, chico. –Le recomendó Alastor.
–No, pienso que eres lo mejor que le pudo pasar a Sirius. –Dijo soltando todo de golpe.
–Listo. –Dijo feliz Hermione volviendo con Sirius.
Alastor negó y por fin pudo comenzar.
–¿Quién eres, tu edad y lealtad? –Pidió apuntándolo con la varita.
–Regulus Arcturus Black, heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Black. Segundo hijo de Walburga y Orion Black pero primero por dimisión de mi hermano Sirius Orion Black, renegado. –Habló con total normalidad –Tengo diecisiete años y mi lealtad está con Albus Dumbledore quien dirige la Orden del Fénix y con el Alastor Moody y sus Aurores.
–¿En qué condiciones está Dorcas Meadowes? –Continuó el hombre.
–Débil pero totalmente sana. –Contestó.
–¿Por qué viniste esta noche con nosotros?
–Porque mi lealtad es hacia ustedes, hubiese venido en cualquier otra situación, como vengo haciendo desde que me uní a las filas de Lord Voldemort. –Dijo enfático –Y además necesito con urgencia poner a salvo a Dorcas.
–¿Voldemort confía en ti? –Preguntó Moody.
–Más que eso, degradó a Rosier y estoy en su lugar. Sé fingir, de hecho he pensado en ingresar a la A.M.A.D. –Las risitas fueron generalizadas por todos, excepto Alastor y los padres de Dorcas que seguían serios –¡Maldita sea, Alastor! Dame algo, ya es suficiente. –Pidió totalmente humillado Regulus.
El Jefe de Aurores le tendió la poción que hacía el contra efecto y el chico se sintió más aliviado.
Charlotte Meadowes no le quitaba los ojos de encima a Regulus que no se atrevía a verla directamente. Se armó de valor y miró a la mujer, Dorcas se parecía mucho a su madre, sobre todo en sus ojos.
–¿Eres el padre del bebé, verdad? –Preguntó.
Regulus asintió.
–Sé que no soy lo que esperaba para su hija, señora Meadowes y que quizá no tengo mucho qué ofrecerle y también que a pesar de todo lo que pueda decir al final de día sigo siendo un Mortífago, pero la amo y le juro que no permitiré que le pase nada. –Dijo muy seguro.
La mujer parecía no ceder.
–Es un Black, querida. –Susurró su marido dándole una pequeña sonrisa a Regulus –Y la ama.
La mujer le dio una mirada de advertencia y volvió con Regulus.
–Explícanos cómo sacaremos a mi hija y cuando todo esto acabe, te quiero en mi casa para la cena. Será mejor momento para hablar. –Ordenó.
Regulus les contó todo lo que había pasado y cuál era el plan. Era muy arriesgado, pero los padres de Dorcas aceptaron sin quejas. Dumbledore los acompañó hasta su casa junto a los Prewett, estarían con ellos en todo momento hasta la madrugada, hora en que los Mortífagos irían a negociar. Y si algo salía mal, estarían equiparados en número.
Alastor, Hermione y Sirius volvieron a casa de la castaña para hacer modificaciones en el plan de ataque original, mientras Regulus volvía a la mansión Lestrange.
Atacarían a la medianoche siguiente.
Dobby en cuanto los sintió regresó con los chicos a casa de los Potter.
La madrugada llegó muy rápido y Lucius con Bellatrix obsesionados en no cometer ningún error no repararon en la presencia del Director ni los Prewett. Los padres de Dorcas rogaron en todo momento tal como estaba planeado y cedieron en todo. Solo querían a su hija de vuelta.
A la mañana siguiente todo el mundo mágico sabía lo que había ocurrido en Kings Cross y el Ministro no pudo salir de su oficina en todo el día por el acoso de los periodistas de El Profeta. También se especulaba sobre la situación de los Meadowes con su hija prisionera y los McKinnon con su hijo atacado por Greyback.
Charlotte Meadowes a primera hora sacó los archivos y registros de nacidos muggles del Ministerio, no sin antes dejar una copia hecha. Volvió a su casa donde su esposo estaba prisionero y se las entregó a Bellatrix.
Debían esperar, verificarían que los registros fuesen verdaderos y esperarían a que en la votación del Wizengamot se negaran a hacerlo a favor de la ley y tendrían de vuelta a su hija. Un paso en falso y no la volverían a ver.
Lucius y Bellatrix se fueron felices de saber que habían hecho algo a la perfección, sin sospechar que todo era una trampa.
–Todo perfecto. –Dijo sonriente Dumbledore –Iré a informarle al Ministro. –Les dijo antes de desaparecer.
Los Prewett se quedaron acompañándolos. La madre de Dorcas finalmente había cedido a la tristeza y era un atado de nervios y llanto que no estaba mucho mejor que su marido.
Dumbledore cuando terminó con todo en el Ministerio volvió a su despacho y de una caja extrajo un objeto alargado completamente cubierto. Lo guardó en su túnica y descansó hasta la media noche.
Faltaban pocos minutos para la media noche y Narcissa que había sido degradada a nivel de elfo prácticamente estaba en la cocina robando algo más de comida para ir con Dorcas. Mientras tanto Voldemort revisaba minuciosamente todos los archivos junto a su círculo más cercano de Mortífagos.
–Debemos planear muy bien este ataque, esperaremos hasta después de la votación en el Wizengamot y…
Voldemort que hablaba muy tranquilamente se vio interrumpido por un pequeño chasquido en medio de la sala. Seguido unicamente por Bellatrix y ceñudo, ya que no esperaban a nadie, se acercó al lugar.
Se giró al escuchar el grito ahogado de su mejor Mortífaga que estaba en los brazos de Sirius Black quien acaba de desarmarla y clavar un puñal en su costado. La mujer lo miraba furiosa y con lágrimas en los ojos.
–Te dije que me las pagarías, primita. –Habló el chico muy cerca del rostro de Bellatrix.
Voldemort que no entendía nada y estaba dispuesto a atacar a Sirius por lo hecho a Bellatrix, se detuvo a medio camino con su varita en el aire al sentir una molesta presencia.
–¿No nos darás la bienvenida, Tom?
Frente a él con total tranquilidad lo observaba Albus Dumbledore.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¡Y he aquí un nuevo capítulo! ¿Cómo están chicas? Espero hayan tenido un súper fin de semana y que comiencen con todo el ánimo la semana.
¿Se dan cuenta que no soy tan malvada como Bellatrix y que no las dejé esperando una semana para la continuación? Realmente espero que les guste este capítulo y que me dejen sus impresiones.
¿Qué creen que pasará en la pelea? ¿Escapará Dorcas? ¿Habrá algún herido? ¿Qué lleva Dumbledore y Sirius? ¡Oh, oh, espero sus comentarios que siempre me hacen el día! Y sé que soy una maldita nuevamente por dejarlo aquí… pero ya saben, actualizo en la semana. Así juntamos ansiedad. *se revuelca en el piso*.
Y como siempre, muchas gracias a todas por leer, por el apoyo y aceptación que tiene la historia. También a las chicas que comentan y a las que se suman cada día.
Leiref29 (Regulus siempre la va a liar, igual que Sirius jajajaja. Eres excelente, dijiste que los planetas se alineaban y mira, capi a los dos días. Mil gracias por leer y espero a ver qué te pareció este. ¡Besos a ti y Sirius y excelente semana!).
Estefana E. Vieyra (De hecho sí, el capítulo anterior y lo siguientes diría que son trascendentales, así que mucho ojo en cada uno porque de los detalles se produce el desarrollo luego. Y hubieron represalias y habrán más, pero al menos Sirius ya le cobró una parte a la loca. Espero que te hayas subido a la silla de vuelta y no te haya tirado otra vez, no quiero lesionadas por mi culpa. ¡Mil gracias y besos! Espero a ver lo que me dices).
Centinela de la noche (¡Bienvenida! Es primera vez que te leo, y la verdad no fui tan malvada y les traje antes la continuación. Sé lo que es quedarse con ese "ay". La verdad he pensado en el spin off, pero aún no es algo que te pueda decir al cien por cien que va, pero me gustan esos personajes y sería entretenido al menos desarrollarlo como viñeta. ¡Mil gracias y besos! Te leo en los comentarios).
Cora (Jajajajajaja Sí, bueno… Sirius se comportó como Sirius al enterarse. También está de por medio su orgullo de "soy el mayor de los Black". Puede que haya renegado de su familia, pero sigue siendo parte, creo que eso es lo importante. Ahora dime qué te pareció, soy una malvada que las dejo con más dudas, pero se van a resolver una a una. ¡Besos y linda semana!).
Florfleur (*se sonroja* gracias por ese halago. Jajajaja la gente también debe pensar que estoy loca cuando en la calle o en el trabajo me sonrío por los comentarios que me dejan o las preguntas que me ponen en aprietos. Bueno, si te quieren internar o algo… solo me echas la culpa. Jajajaja y me hiciste el día con eso de "…a todas las imagino embarazadas", pasa cuando estudias x carrera y todo lo relacionas. ¡Besotes y nos leemos!).
Chicas, un honor para mí también compartir mis locuras con ustedes y leer sus comentarios. Que tengan hermosa semana y nos leemos.
¡Besos!
