Disclaimer: No me pertenecen ni los personajes, ni los lugares, ni ciertas partes de la trama. El saldo de mi cuenta bancaria sigue siendo igual de miserable después de publicar y no creo que mi imagen se revalorice con esto.
TILL DEATH DO US PART
Previously, en Till Death Do Us Part: Lily resurgió de entre los muertos para darse cuenta de que merecía la pena ser una persona normal y sana por sus amigos. Decidió quedarse en el castillo durante las vacaciones, pero James tenía otros planes y no dudó en practicar el chantaje. Sirius y Marlenne se reconciliaron en una charla íntima, y un tanto devastadora para el chico, que se enteró que su beso había sido el primero que había recibido Marlenne. Remus recibió una bufanda de la Ravenclaw. En el aire se respiraba que esas iban a ser unas vacaciones especiales.
And that's what you missed on "Till Death Do Us Part".
21. Navidad, ¿dulce?, Navidad
Soundtrack: Crossfire- Brandon Flowers (*aish*)
Eran las ocho de la tarde y el sol ya se había puesto hacía horas en Londres, dejando expuesta a la ciudad al implacable frío. Sin embargo, Charing Cross Road desafiaba a los termómetros con despreocupación; los espectadores que acababan de salir de los teatros del West End llenaban las aceras, acompañados de los compradores en busca de regalos originales de última hora y de todos los turistas que visitaban la ciudad en aquellas fechas.
Lily caminaba con pasos rápidos, esquivando a los despistados, y mirando su reloj de esferas con el ceño fruncido. En seguida llegó al Caldero Chorreante, y sonrió sin darse cuenta, el aspecto mediocre y desfasado de la taberna era encantador. Por supuesto, no parecía que nadie más en la calle reparase en el inusual establecimiento.
Al entrar una oleada de calor y olores diversos le dio la bienvenida. Se quitó los guantes mientras repasaba la sala con la mirada. Mary, Sarah y Max estaban sentados en una de las mesas altas cerca de las ventanas. Sarah saludaba enérgicamente con la mano para llamar su atención.
- Lo siento- dijo Lily sentándose entre Sarah y Max- Inexplicablemente me he entretenido en casa de Petunia.
Mary alzó las cejas sorprendida.
- ¿Os habéis peleado?
La pelirroja negó con la cabeza.
- La hermana de Vernon, Marge, llegó tarde a cenar porque uno de sus perros tiene gripe. Encima se lo trajo porque no podía dejarle solo… y lo sentó en una silla. A la mesa.
Sarah y Max se echaron a reír y Mary la miró con incredulidad.
- ¿De verdad sentó al perro a la mesa? Supongo que pasar la Navidad con James no está tan mal después de eso.
- No creas- Lily sonrió de manera culpable—La cara de pasa arrugada que puso mi hermana mientras el perro babeaba su mejor mantel ha compensado lo tenso, tedioso y… antihigiénico de la velada.
Sus amigos volvieron a reírse y Max se ofreció para ir a por otra ronde de cervezas de mantequilla.
- ¿Qué tal van de momento las vacaciones?- preguntó Lily desabrochándose el abrigo.
- Genial, son vacaciones- dijo Sarah encogiéndose de hombros- No hago nada en todo el día.
- Y eso es diferente a lo que haces en Hogwarts porque…- Mary sonrió de forma maliciosa.
- Estoy entregada al deporte- contestó la buscadora con un gesto altanero- Y que tú no distingas entre vacaciones y no vacaciones es tu problema.
Lily se echó a reír.
- Claro que distingue, Sarah. Cambia biblioteca de Hogwarts por la biblioteca municipal de Sydmonsbury… Seguro que la abren sólo cuando Mary vuelve a casa.
- La bibliotecaria le hace una pancarta de bienvenida. Si no fuese por Mary no tendría trabajo.
- Algún día grabarán su nombre en una de las mesas: "La marca de desgaste de esta mesa la hizo Mary McDonald cuando estudiaba aquí, persiguiendo su sueño de ser medimaga"- añadió Lily con voz solemne.
- ¡Qué dices! ¡Le pondrán su nombre a la biblioteca entera!- exclamó Sarah sin poder aguantar una carcajada.
Mary observó con frialdad como sus amigas se sujetaban el estómago de tanto reír. Mientras Max llegó con las cervezas.
- ¿De qué os reís?- preguntó el chico.
- De que son imbéciles- Mary suspiró y le dio un trago a su cerveza. Las chicas siguieron riéndose sin molestarse en hacer caso de la indignación de su amiga.
- ¿Qué tal en casa de Potter?- preguntó Max para cambiar de tema, vigilando con cautela como la vena de la sien de su novia empezaba a latir.
Lily tomó airé e intentó recomponerse, evitando mirar a Sarah para no empezar a reírse de nuevo.
- Bien- dijo intentando sonar indiferente- Estoy a gusto. Lo único desagradable que me ha pasado ha sido encontrar las antiguas revistas "recreativas" de Sirius en un armario.
Mary bufó y Sarah sonrió de forma torcida.
- ¿Y se lo has dicho a Black?
La pelirroja asintió con la cabeza.
- Sí, ayer mismo. Él y Remus están por allí prácticamente todo el día. El muy caradura me pidió que se las devolviera- dijo entornando los ojos y haciendo reír de nuevo a todos.
- ¿Y cómo está la madre de James?- preguntó Mary.
Lily se mordió el labio y tomó aire.
- Débil. Casi no sale de sus habitaciones del primer piso. James está preocupado. No dice nada pero… se le nota.
- Seguro que está encantada de que estés allí- dijo Sarah tras unos segundos de silencio denso.
La pelirroja se encogió de hombros.
- Está encantada de que esté James, supongo que yo soy un daño colateral- sonrió y le dio un sorbo a la cerveza- Aunque la verdad es que es genial conmigo… A Sirius, a Peter y a James les está echando la bronca todo el rato. Remus es su ojito derecho, claro.
- Claro- Mary puso los ojos en blanco- Tiene que ver algo con la pinta de perpetuo cansancio, que hace que cualquier criatura con útero quiera alimentarle.
Max miró a la chica con suspicacia y Mary le quitó importancia con un gesto de la mano.
- Max, es una explicación médica, no te pongas nervioso.
- ¿Bajas a desayunar en pijama?- preguntó Sarah de repente.
Lily levantó las cejas sorprendida.
- ¿Cómo?
- Que si bajas a desayunar en pijama- Sarah encogió los hombros- Yo creo que es el indicador de si estás a gusto en un sitio.
Max y Mary se echaron a reír viendo la mueca pensativa de la chica.
- Me parece que no baja a desayunar en pijama- dijo Mary guiñándole un ojo a su amiga.
- ¡Pero no es porque no e esté a gusto!- se defendió Lily- Es porque sería raro, desayuno en la cocina y luego voy a saludar a Dorea, por no hablar de que nunca sabes cuando un merodeador puede materializarse en cualquier esquina. Y no confío demasiado en la dignidad de mis pijamas.
Las chicas rieron de nuevo y Max sonrió un poco sonrojado.
- Creo que entiendo lo que quiere decir Lily, un pijama puede ser muy personal.
Mary miró al chico de reojo.
- No voy a intentar descifrar eso.
Lily se alegró de que la conversación tomase otra direcciónn. Desde luego, un pijama era algo muy personal. De hecho, estar veinticuatro horas en una casa con James, prácticamente solos, empezaba a ser en sí demasiado personal. En los últimos días no podía dejar de pensar en él de cientos de maneras, de imaginar situaciones y de ponerse nerviosísima cada vez que se quedaban solos. Era raro, incómodo; una tensión eléctrica cargaba el ambiente y se sentía torpe, con el cerebro embotado y dominada por una ansiedad extraña.
Y James estaba allí. Tan tranquilo, haciendo sus bromitas estúpidas, despeinándose y sonriendo de aquella manera que hacía que la piel de los brazos se le erizase. Recreándose sin darse cuenta en sus nervios, en sus dudas de si tendrían su momento o no, o si bien ya había pasado; imperturbable mientras ella se deshacía en nervios.
Se esforzó por dejar de pensar en todo aquello de una vez, al menos mientras estuviese con sus amigas, no quería una nueva sesión de acoso a dos bandas sobre lo tonta que se ponía cada vez que aparecía James en escena. Era consciente de ello, no necesitaba que nadie más se lo hiciese ver. Así que hizo lo mejor que pudo para reengancharse a la conversación, que había derivado en una discusión sobre quién ganaría la copa de las casas aquel año.
Un buen rato después y tras otra ronda de cervezas, Sarah sacó un sobre grueso del bolso y se lo dio a Lily.
- Es la última carta de Violet. Todo son buenas noticias, excepto lo de que no parece pillarle el truco al pastel de zanahoria, el favorito de Paul- dijo con una sonrisa traviesa- Y aunque me encantaría seguir hablando de tcomo le vamos a patar el culo a Ravenclaw, Max, mañana se come en mi casa y quiero ir a ayudar a mi madre y a mi abuela con "el despliegue antes de la batalla".
- Deséale feliz Navidad a tus padres- dijo Lily dándole u beso de despedida a su amiga.
Sarah se despidió también de Max y no se olvidó de hacerle una amenaza nada sutil a Mary, si volvía a regalare un libro ese año para Navidad le escondería todas las fichas de botánica que tan cuidadosamente había preparado durante el año.
- ¿Y tú qué tal en el Ministerio, Max? Supongo que hasta arriba de trabajo- preguntó Lily cuando Mary hubo acabado de refunfuñar sobre cuánto le costaba seleccionar los libros personalmente para cada uno de sus amigos.
El chico hizo un gesto elocuente.
- Mucho trabajo. Me gusta, y aprendo muchísimo con mi jefe, Fudge. Pero hay días en los que me gustaría meterme en casa y no salir más; las catástrofes mágicas son eso precisamente, catástrofes.
Mary le dio la mano a Max y se la apretó cariñosamente. Lily asintió.
- La cosa se está poniendo especialmente fea con los gigantes, ¿no?
- Sí. Es una situación difícil. Acaban pudiendo controlarlos, pero hacen unos destrozos terribles y ya hemos tenido alguna baja y accidentes muy feos. Y ningún detenido útil- Max dejó caer los hombros con desasosiego.
- He oído lo de Alastor Moody- dijo Lily con un suspiro- Lo de su pierna.
Max frunció el ceño y la chica se dio cuenta de que había hablado más de la cuenta.
- ¿Cómo sabes eso? Fue en una intervención secreta y se ha intentado mantener fuera de "El Profeta".
Lily sentía la mirada de Mary clavada en su cara, pero se esforzó por parecer lo más tranquila posible.
- Me lo dijo Marlenne. Moody es un amigo de la familia.
Max asintió, convencido con la explicación. Mary sin embargo seguía mirándola con recelo.
- Fue un golpe duro. Moody es un tipo hosco y tan amigable como un panal de abejas enfurecidas, pero todo el mundo confía en él, es un icono. El día después del accidente de su pierna todo el mundo en el Ministerio parecía un poco más triste.
Lily le dio un sorbo a la cerveza y afirmó con la cabeza.
- ¿Soy yo o todo está cada vez peor? –dijo casi para sí misma.
Max inspiró.
- Supongo que sí. Eso y que sabes que dentro de poco te tocará estar fuera- dijo Mary encogiendo los hombros con expresión indiferente. Sin embargo, Lily sólo tuvo que cruzar la mirada con ella un par de segundos para darse cuenta de que su amiga había cazado su desliz de hacía unos minutos.
No tardaron mucho en acabar sus bebidas y despedirse hasta la vuelta de las vacaciones. Lily tuvo que prometer a Mary que haría una buena lista de todos los "crímenes" de Sirius y James durante aquellos días para distraerla en el Hogwarts Express.
- Nada me hace más feliz que prejuzgar desproporcionadamente a ese par- dijo como si estuviese confesando su mayor debilidad.
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Mientras, en la casa de los Potter, James y Remus colgaban adornos en el salón principalde la casa mientras Sirius los miraba con gesto indolente tumbado sobre uno de los sofás de la sala. Un abeto de más de dos metros presidía orgullosamente la habitación al lado de la chimenea, sin embargo algunas ramas rotas y unos cuantos adornos que parecían haberse puesto deprisa y corriendo delataban que había sufrido algún percance.
- Jugar con la quaffle dentro del salón no ha sido muy buena idea- murmuró James mirando con cara acongojada el abeto- Mi madre y Lily lo van a saber tan rápido como pongan un pie en la sala.
- Tranquilo, Prongs- Remus apoyó una mano comprensiva sobre su hombro- No se nota. Al menos no se nota tanto- rectificó intentando sonreír con confianza y fallando por completo.
Sirius se echó a reír de forma escandalosa. Cogió una bola de adorno dorada del suelo y se la lanzó a Remus, que la atrapó con facilidad.
- Sois unas nenas. Si tuvieseis un poquito de valor en ese cuerpecito de colegialas os daría igual que Lily y tu madre se diesen cuenta. Un poco de orgullo, señores.
James frunció el ceño y miró a su amigo con ojos acusadores.
- Si tu tuvieses un poco de consideración en ese montón de carne picada que llamas cerebro, te darías cuenta de que Lily se ha pasado aquí la mañana entera con Tinx y con mi madre… ¡Además, la puta idea de jugar con la quaffle fue tuya!-exclamó quitándole la bola a Remus y tirándosela al moreno.
Sirius volvió a echarse a reír. Remus suspiró con paciencia infinita y recogió una cinta plateada del suelo. Tras pensarlo unos segundo decidió colocarla sobre la repisa de la chimenea.
- ¿Lily pensaba volver muy tarde?- preguntó mientras observaba con ojo crítico el resultado de su pequeña contribución a los adornos.
- Había quedado con sus amigas después de cenar, pero no creo que tarde- murmuró James sentándose en un sillón y sin dejar de mirar de reojo el árbol- Mañana quiere ayudar a Tinx en la cocina.
- Qué pesada… ¿no puede parar de hacer cosas?- murmuró Sirius con fastidio- Me hace sentir como un parásito. Todo el día haciendo deberes, o leyendo con su naricita arrugada, portándose como si estuviera en un puto museo. O criticándonos con tu madre.
Remus sonrió y se sentó al lado de Sirius.
- ¿Qué quieres que haga? ¿Destrozar los rosales de la madre de James con tu moto?
- Por cierto- replicó James alzando las cejas- me cayó tu bronca y la mía por aterrizar en medio del jardín con tu puto trasto.
Sirius chasqueó la lengua.
- Sólo digo que nos hace quedar mal delante de Dorea.
- No necesitas demasiada ayuda con eso- murmuró Remus a su lado ganándose una mirada afilada.
James reclinó la cabeza en el sillón y exhaló un suspiro.
- Nunca pensé que diría esto, pero me alegro de que Lily se haya marchado un rato. Necesitaba unas horitas de tranquilidad.
Remus le miró con cara de no entender. Sirius volvió a soltar una carcajada estridente.
- Estás más tenso que Snape el día que toca baño ¿no?.
James miró a su amigo con fastidio.
- Me alegro de que mi sufrimiento te cause tanta diversión. Gilipollas.
Sirius siguió riéndose sin hacerle caso, y Remus, entendiendo por fin a lo que se refería James, sonrió disimuladamente.
- Tú le dijiste que viniera- le recordó Sirius- La obligaste casi. Te faltó poco para cargarla al hombro y meterla en el tren berreando.
- Bonita explicación- apuntó Remus negando con la cabeza. El moreno se encogió de hombros con despreocupación.
James inspiró y se levantó del sillón.
- Creo que no sería tan malo si por lo menos ella tuviese la decencia de inmutarse un poco- murmuró contrariado- Esta misma mañana, me la encuentro saliendo del baño. Con el pelo mojado y desordenado, descalza y con unos de esos pantalones apretados que no se pone en la escuela... ¡Y no me extraña que no les dejen ponerse esos pantalones en la escuela! ¡Nos tendrían dominados en horas! - exclamó enfadado- ¿Os imagináis qué ha hecho?
- ¿Darte los buenos días?- contestó Remus alzando las cejas.
James frunció el ceño.
- ¡Exacto!- alzó las manos con exasperación- ¡"Buenos días, James"! ¿Buenos días? ¿Con esos pantalones y recién salida de la ducha?- exclamó enfadado negando con la cabeza- ¡Un poco de consideración, por favor! Me ha costado horrores contestar y dejar de mirarla como si me la quisiese comer, que era lo único en lo que podía pensar. No puede hacerme eso y luego irse como si nada, dejando el baño lleno del olor de su champú y a mí con una tonelada de energía preparada para ser usada… ¿Qué hago yo para tranquilizarme? ¿Salir a pegarme con un oso?
Sirius volvió a reírse y Remus intentó disimular lo mucho que le divertía la desgracia de su amigo.
- No creo que ella haga nada de eso conscientemente- dijo de forma tentativa.
James, de nuevo sentado en el sillón, le fulminó con la mirada.
- Pues que lo piense mejor. Acabo agotado. Por no mencionar la parte de sentirme como un salido crónico.
Sirius cruzó los brazos y miró a James seriamente.
- Creo que sé a qué pantalones te refieres. Son esos azules, con bolsillos en el culo ¿verdad?
- Sí…- contestó el chico distraído. En menos de dos segundos procesó el significado completo de la frase de Sirius y le miró como si quisiese matarle- ¿Cómo sabes que tienen bolsillos?
El moreno entornó los ojos con aburrimiento.
- Todas las personas con un cromosoma Y que han visto a Lily con esos pantalones lo saben. Incluido Remus, aunque se quede callado como un santito.
- A mí no me metas- protestó el licántropo, un poco rojo y evitando la mirada inquisitiva de James. Carraspeó y cambió de postura en el sofá- En serio Prongs, no creo que Lily sepa nada de lo que está pasando… A lo mejor deberías invitarla a salir.
- Porque eso ha funcionado muy bien en el pasado- dijo Sirius con fingido convencimiento.
James suspiró y se recostó en el respaldo del sillón.
- El subnormal de Pad tiene razón. Después de todo lo que ha pasado Lily, si vuelvo a ponerme… insistente, quizás pierdo todo el terreno ganado. Y créeme, cada centímetro de ese terreno me ha costado sangre, sudor y lágrimas.
- Las cosas han cambiado mucho en un año, James. Yo creo que Lily está… receptiva- Remus se encogió de hombros- Las chicas son criaturas extrañas y no me atrevería a decir que entiendo algo de lo que pasa por sus cabezas, pero creo que le gustas.
- Ya sé que le gusto- dijo James encogiéndose de hombros, contrariado- Desde hace tiempo. El problema es que ella no lo sabe, o no lo quiere saber.
- Una de las cosas que me enamoró de ti Prongs, fue tu modestia- bromeó Sirius.
- Que te den- murmuró el aludido, con expresión amarga.
La puerta del salón se abrió entonces y Lily entró en la habitación con gesto de curiosidad. Los tres la miraron con distintos grados de culpabilidad.
- No sabía si estabais aquí- dijo con una sonrisa- No se oía nada. ¿Y esas caras?
- Aunque no lo creas, a parte de ser bestias ruidosas, nuestro pequeño cerebro nos da para comportarnos de vez en cuando- dijo Sirius con suficiencia.
Pero Lily no le estaba haciendo mucho caso. Algo más en la habitación había captado su atención.
- ¿Qué le ha pasado al árbol?- preguntó acercándose al abeto y examinando una de las ramas partidas.
- Sirius- dijeron Remus y James a la vez, usando su mejor cara de inocencia.
- Sí, claro. He sido yo- dijo el moreno con una sonrisa- Me he liado a hostias con el árbol hasta que Remus y James, que son muy formales, me han detenido y me han hecho ver que portarse mal no te lleva a ningún sitio.
Lily les observó de forma calculadora unos segundos y luego se encogió de hombros. Sacó la varita del bolsillo y murmuró un par de encantamientos que arreglaron los destrozos más visibles del árbol.
- Sirius, a veces un ataque no es la mejor defensa- dijo la pelirroja con una sonrisa traviesa- O mejor dicho, si sigues siendo tan insoportable y haciendo tantas asunciones, a lo mejor te pego un bozal a la cara. No me importa qué le ha pasado al árbol ni quién se lo ha hecho.
El moreno se echó a reír. Lily se sentó entre él y Remus en el sofá, delante del sillón de James.
- Eres una repelente- murmuró Remus.
Ella le dio un golpe suave en el brazo y sonrió.
- ¿Qué tal Mary y Sarah? ¿Y en casa de tu hermana?- preguntó James contento de cambiar de tema.
- Bien- Lily encogió los hombros- Con las chicas genial. Y mi hermana tan seca como siempre, su marido igual de gordo e insoportable… Por desgracia, me tocará volver en semana santa para arreglar papeles, cuando ya tenga dieciocho años y Petunia deje de ser mi tutora legal.
Los chicos se callaron y la miraron sin saber muy bien qué decir. Lily se puso un poco roja y negó con la cabeza.
- Estoy bien, no me miréis con esa cara de cachorros tristes… Sirius, di algo inadecuado para cambiar de tema.
- Me gustan tus pantalones- obedeció rápidamente el moreno.
- Eso no es inadecuado- dijo la chica desconcertada, viendo como James y Remus intercambiaban miradas de alerta.
- Créeme, si lo es- le contestó el chico en tono de confidencia.
Lily, perpleja, miró a los otros dos que disimularon lo mejor que pudieron las ganas de estrangular a su amigo. Se levantó, sin dejar de observarles con suspicacia.
- Está bien, si vais a empezar a hablar en clave, creo que me iré…Tengo que buscar un par de cosas en las cajas del desván. ¿Me puedes acompañar luego?- dijo mirando a James.
- Te puede acompañar ahora- Remus se levantó- Nosotros nos vamos ya.
Sirius, sonriendo con descaro y pasando olímpicamente de la mirada de advertencia de Remus, asintió.
- Sí, deberíamos irnos. Me gusta que Remus me cuente qué tal le ha ido el día antes de meternos juntitos en la cama.
Remus bufó y puso los ojos en blanco.
- Por supuesto, no dormimos juntos- aclaró mirando a Lily, mientras James y Sirius se reían a carcajadas.
- Me alegro- contestó Lily sin ocultar una sonrisa- Aunque sólo Merlín sabe lo que pasa en vuestros cuartos, tantos chicos juntos durante tanto tiempo.
- ¿Sabes, pelirroja? A mí me encanta pensar eso mismo de vuestras habitaciones- le contestó Sirius alzando las cejas de forma sugerente y haciendo que la chica se pusiese roja.
- Eres un cerdo.
- No juegues con los mayores si no estás dispuesta a hacerte daño- contestó Sirius con tono aleccionador.
Lily puso los ojos en blanco mientras los demás se reían. Se despidieron hasta el día siguiente, ya que Dorea había invitado a Sirius y Remus a comer el día de Navidad. Peter y Marlenne habían prometido pasarse después también para ir a tomar algo al pub del pueblo.
Una vez se hubieron ido los chicos, James y Lily subieron al desván de la casa.
- Siento lo de Sirius. Y lo del árbol- dijo James metiéndose las manos en los bolsillos.
Ella se encogió de hombros mientras abría la caja donde había guardado las cosas que había conservado de casa de sus padres.
- Da igual. Además no es culpa tuya ¿no?- le lanzó una mirada afilada, que no dejaba lugar a dudas de que no pensaba lo que acababa de decir.
James ladeó la cabeza sonriendo.
- Puede que lo del abeto fuese un poco mi culpa- confesó el chico.
Lily se echó a reír.
- Ya lo sabía.
- Claro. Me conoces demasiado bien- se lamentó el chico de forma exagerada. Se agachó a su lado para ayudarla a sacar un paquete especialmente pesado.
Ella frunció el ceño y le miró a los ojos.
- No creo que te conozca tanto- murmuró pensativa.
James tragó saliva, de repente consciente de lo cerca que estaban, de la respiración de ella cerca de su mejilla. Si movía ligeramente el brazo, podría tocar su pierna.
- No sería divertido si no tuviésemos algún secretillo- fue capaz de articular.
Lily volvió a reírse, intentando no sonar tan nerviosa como se sentía.
- Supongo que tienes razón- contestó dejando de mirarle y volviendo al trabajo de sacar paquetes de la caja, intentando centrarse en algo que no fuese la sonrisa de James- Esto me va a llevar más de lo que pensaba.
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La comida de Navidad en casa de los Potter fue algo alegre y mucho menos formal de lo que había sido la fiesta de cumpleaños de los chicos. Sólo estaban James y su madre, Sirius, Remus y la misma Lily. Dorea tuvo que convencer a Tinx para que no preparase el comedor de gala, la vieja elfina no parecía estar muy de acuerdo con poner una mesa pequeña en el salón, pero el argumento de que estarían más cómodos si no tenían que gritarse los unos a los otros para oírse pareció persuadirla por fin.
La comida estaba deliciosa; todos los aperitivos, el pavo rustido con castañas y patatas, la salsa de arándanos, el relleno de nueces y sobre todo la deliciosa tarta de frambuesas de Tinx y los dulces caseros de navidad. Todos estaban llenos para cuando llegó el ponche de huevo y tuvieron que hacer un esfuerzo para probarlo.
- Estaba todo tan bueno que me da un poco de vergüenza darte mi regalo- le dijo Lily a Dorea, tendiéndole una caja de cartón rojo, decorada con cintas- Ayer preparé con Tinx galletas de canela, con la receta de mi madre… No son nada al lado de los pastelillos de Tinx.
La señora Potter sonrió y posó una de sus manos temblorosas sobre las de la chica.
- No digas bobadas, Lily. Me encantan las galletas de canela- abrió la caja para probar una y sonrió- Están deliciosas. Muchas gracias, querida. Aunque por tu culpa voy a descuidar mi figura…
Lily se echó a reír.
- Tú siempre estás guapa, Dorea- dijo Sirius con una de sus sonrisas peligrosas, a la que la mujer demostró ser más que inmune.
- Ni se te ocurra usar tus frases trilladas conmigo, jovencito- dijo con tono de advertencia, haciendo reír a todos, incluso a Sirius- Yo también tengo algo par ti, Lily, dijo sacando una cajita de terciopelo del bolsillo de su chaqueta y tendiéndosela a Lily, que la abrió con gesto desconcertado. Dentro había unos pendientes de esmeraldas en forma de lágrima, rodeados por pequeños brillantes- Tendrás que perdonarme porque no he podido comprarte nada. Fueron un regalo del señor Potter cuando me quedé embarazada de James.
- ¡No puedo aceptarlos!- exclamó Lily cerrando la cajita y devolviéndosela a la señora Potter- Son demasiado. Mucho más que demasiado.
- Tonterías- Dorea le puso la caja en la mano, obligándola a cogerla- Yo ya no me los pongo, y es una tontería que críen polvo en el joyero con lo bonitos que son.
- Pero debería dárselos a alguien… a otra persona…- protestó Lily, roja hasta el cuello. Notó como los chicos la miraban con expresiones divertidas.
- ¿Alguien? ¿A quién?- preguntó la mujer con dulzura.
- No sé… a la mujer que se case con James- contestó ella arrepintiéndose casi antes de acabar la frase.
Una risotada de Sirius reforzó la noción de que había metido la pata. James se empezó a despeinar, incómodo.
- Sí, adivina quién quiere James que sea esa mujer…
-Sirius. Cállate- dijo la señora Potter sin levantar ni un poco la voz- Está bien, Lily. Lo haremos así. Algún día, si mi hijo consigue engañar a alguien para que se case con él, tú le regalarás estos pendientes ¿De acuerdo?
Lily pareció pensárselo un momento, pero decidió que era mejor aceptar y cambiar de tema dado el cariz que estaba adquiriendo la situación. Asintió con una sonrisa y se levantó de la mesa.
- Tengo más regalos, por cierto. No he tenido mucho tiempo para comprar nada, dado lo precipitado del viaje- dijo lanzándole una mirada de resentimiento fingido a James mientras abría uno de los armarios del comedor- Pero quería regalarlos algo a vosotros también… No es nada especial. Para daros las gracias por aguantarme todos estos meses- cogió dos paquetes de dentro, dejando otros dos dentro. Señaló uno de de ellos caon la cabeza- El pequeño es una cámara de fotos para Peter. El grande es para ti, Sirius. Son las herramientas de mi padre, pensé que pueden servirte de algo para arreglar tu monstruo.
- Mejor haría dejando ese cacharro en un chatarrero, ¡bendito cabeza loca! – murmuró la señora Potter intentando evitar sonreír mientras observaban como Sirius empezaba a examinar las herramientas.
Mientras, Lily le había dado a Remus el viejo tocadiscos de su padre y su colección de discos.
- No puedo aceptarlo- dijo el chico con seriedad.
- Yo no lo voy a usar- dijo Lily aparentando más indiferencia de la que sentía- ¿Sabes? Han inventado algo llamado casettes- bromeó obligándole a coger el tocadiscos- No seas aguafiestas.
Remus lo tomó como si en vez de tratarse de un tocadiscos fuera un bebé recién nacido.
- Muchas gracias, Lily… estás invitada a usarlo siempre que quieras, por supuesto.
- Lo haré. Pero recoged vuestro cuarto antes, por favor.
Remus se rió y empezó a juguetear con su nuevo tocadiscos, mientras Sirius empezaba a gritar algo sobre qué podía hacer Lily si pensaba que su cuarto estaba desordenado. Por supuesto Dorea no tardó mucho en echarle una bronca y hacerle callar, para disfrute de los demás.
- Nosotros tenemos algo especial para ti, Lily- James le dio un paquete envuelto con mejores intenciones que habilidad.
- Yo no sabía qué regalarte…- se disculpó ella dándole una bolsa- así que te he comprado un libro sobre la historia del Quidditch. Está sin envolver y… bueno, prometo pensar en algo mejor para tu cumpleaños.
James sonrió hojeando el libro con interés.
- Muchas gracias, está más que bien. Abre el tuyo venga.
La chica obedeció y abrió el paquete. Dentro había una camiseta negra, con una garra de fénix dorada en el pecho y unas letras en la espalda, del mismo color, en las que se leía "LILY". Era idéntica, salvo por su nombre, a las que Sirius y James habían llevado el día que se cruzaron con los mortífagos mientras escapaban de los policías.
- Vuestra camiseta de cadetes- dijo poniéndosela por encima con una sonrisa.
- Tuya también. Todos tenemos una- dijo Sirius poniéndose al lado de James y sujetando una llave inglesa en la mano - Y por cierto, que sepas que los dos policías están perfectamente. James se encargó de protegerlos con un hechizo antes de escaparnos de los mortífagos, un dato que nunca pudimos darte porque te pusiste en plan "acromántula hambrienta".
Sirius se dio la vuelta después de soltar esa bomba de información, volviendo a sus herramientas y dejando a Lily y a James mirándose sin saber qué decir.
- ¿Te gusta la camiseta?- preguntó el chico intentando romper el silencio incómodo.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
James chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
- Daba igual, lo que hicimos era una gilipollez igualmente- contestó sin mirarla a los ojos.
- Te dije cosas muy duras. Y no te las merecías.
- Da igual.
- A mí no me da igual- insistió Lily- Me lo tendrías que haber dicho.
James asintió y la miró a los ojos sonriendo.
- ¿Eso significa que te pondrás la camiseta?
Lily puso los ojos en blanco y se puso la camiseta encima del jersey que llevaba. Le devolvió la sonrisa, aunque se sentía decepcionada consigo misma. Suspiró y le dio un beso de agradecimiento en la mejilla.
- No me dejes ser una idiota contigo, ¿vale?- le dijo antes de ir a recibir a Marlenne y Peter, que acaban de llegar.
James la miró mientras abrazaba a la Ravenclaw y le daba su regalo a un Peter de repente muy rojo. Suspiró y se acercó a Remus, que seguía ocupado con su tocadiscos.
- ¿Sabes Moony? Creo que voy a matar a Pad hoy. O a cortarle la lengua, no sé.
El licántropo le miró de reojo.
- ¿Ahora que misteriosamente ha conseguido que Marlenne vuelva a hablarle?- dijo mirando como su amigo le daba un paquete envuelto a la chica- Mira, hasta le ha regalado algo.
Marlenne rasgó el papel de regalo, aún sorprendida, y sacó un cepillo para el pelo entre las carcajadas de Sirius.
- Vale- dijo Remus con un suspiro- Tienes mi bendición para matarle.
Dorea se retiró a descansar poco después, sin olvidarse de advertir a Sirius que tanto Marlenne como Lily tenían su permiso para pegarle con el atizador de la estufa si lo consideraban oportuno. Remus eligió algo de música para estrenar su viejo tocadiscos mientras los demás hablan y daban cuenta de los dulces.
No tuvieron mucho tiempo para celebrar lo que quedaba de tarde. Poco después de que se hiciera de noche, oyeron la campanilla de la puerta y pasos precipitados en el pasillo.
Tinx apareció en el salón con un suave "plop".
- ¡Amo James, lo siento!- se excusó la elfina retorciendo el limpio delantal que llevaba-El señor Prewett no ha querido esperar a que viniera a buscarle, dice que es urgente…
La puerta del salón se abrió rápidamente y uno de los gemelos Prewett entró en la habitación. Su semblante cambió de decidido a perplejo al verles todos allí.
- Siento la interrupción y haberos asustado- dijo tras un par de segundos. James se dio cuenta de que Sirius, Remus, Marlenne y él habían sacado sus varitas- Es una suerte que estéis todos aquí. Avisaré a Dorcas y a Fabian de que no tienen que ir a buscaros.
Gideon formó un Patronus en forma de pájaro exótico sin esfuerzo; el animal de humo salió a toda velocidad de la habitación atravesando la pared.
- ¿Qué pasa Gideon?- preguntó Marlenne acercándose a él.
- Gigantes. Muchos. Están atacando Porthmadog, un pueblo de Gales.
- ¿Y podemos ir?- preguntó rápidamente Remus- ¿Lo permitirá el Ministerio?
- El Ministerio no está en una situación en la que pueda permitir muchas cosas. Hay muchos aurores heridos, y muchos otros difíciles de localizar. Darán la bienvenida a cualquiera que vaya. El mismo Dumbledore ha dicho que os avisáramos, aunque ha insistido en que fueseis prudentes, sobre todo vosotros dos, dijo Mirando a James y Sirius, que ya estaban preparándose para salir.
- ¿Ha dicho nuestros nombres específicamente?- preguntó Sirius desafiante.
- Claro que sí- contestó Gideon en el mismo tono- Black, no estamos para bromas ahora mismo.
Se miraron, cada uno de los poros de su cuerpo rezumando apatía. James le dio un codazo a Sirius para llamarle al orden.
- Tardo un minuto en ponerme la capa- dijo Lily con gesto de decisión pero temblando un poco. Salió de la habitación seguida por Marlenne.
Los chicos fueron a buscar sus abrigos en silencio. Peter no era capaz de abrocharse los botones, las manos le temblaban.
- Estamos juntos, tranquilo- murmuró James mientras se ajustaba su propia capa, intentando sonar lo más neutro posible. Su amigo asintió sin convencimiento.
Cuando Lily y Marlenne aparecieron instantes después, Gideon les dio las instrucciones para aparecerse. Sirius intercambió una mirada con James y él supo lo que quería decirle.
La guerra había empezado para ellos también.
- Tinx, si mi madre pregunta por nosotros, dile que hemos salido y que llegaremos tarde, por favor.
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Cuando aparecieron justo al pie de la ladera de una colina, durante un segundo, Lily no vio nada fuera de lo normal. Un pueblo pequeño con algunos edificios altos, al lado de un bosque que albergaba aún algunos restos de nieve debajo de los árboles, pocas luces y el cielo lleno de estrellas, como cuando va a helar. Entonces fue cuando el sonido llegó a sus oídos.
Un rugido sonoro, de bestia, y un golpe contundente contra algo macizo, gritos y rayos de luz que le revelaron a la chica que algunos de aquellos edificios no eran si no gigantes. Criaturas de más de cuatro metros, con unos brazos largos y robustos como troncos de roble y cabezas demasiado planas; un destello iluminó el semblante feroz de uno de ellos antes de que embistiese con fuerza el campanario de la iglesia.
- Merlín…- se oyó decir en voz alta.
- ¡Gideon! ¡Has tardado!- Edgar Bones, con un corte muy feo en la frente, se acercó corriendo hasta ellos- Chicos, siento haberos sacado de casa en Navidad, pero sin Moody y…
- No hay problema- le cortó James dándole la mano al hombre- ¿Qué podemos hacer?
- No os quedéis solos, cada uno de vosotros vendrá con uno de nosotros- contestó el hombre- Atacadles apuntando a los ojos y las orejas, si no tenéis ángulo a los tobillos. ¡Y hacednos caso! ¡Si alguien os ordena que os retiréis, os retiráis!- grito el hombre por encima del sonido de una explosión que les hizo encogerse a todos- ¿Entendido?
Todos asintieron y Edgar les distribuyó rápidamente. Lily, medio en shock, sólo supo que le habían asignado a Gideon, así que cuando todos sus amigos siguieron al hombre hacia la iglesia y Gideon empezó a correr hacia el extremo contrario, donde se veían los restos de un puente recién destruido, se sintió extrañamente mal por no haberle dicho nada a ninguno de ellos.
- Tranquila Lily- le dijo Gideon mientras corrían por una calle empedrada, hacia un grupo de magos que llevaban las túnicas del Ministerio- Te he visto en los entrenamientos, sabes defenderte.
La chica asintió y se dio cuenta de que estaba más preocupada por no haberse despedido de los chicos y Marlenne que por su propia seguridad. Pero eso cambió cuando vio al gigante rubio, desdentado y maloliente que arremetía contra el grupo de magos y a su compañero, moreno, que estaba usando el tronco de un árbol arrancado de cuajo para derribar a cualquiera que se pusiese en su camino.
- ¡Acuérdate Lily, a los ojos!- chilló Gideon antes de lanzar un hechizo con la varita hacia el gigante moreno.
La chica le imitó, y juntos consiguieron cegar al gigante. Derribarle les costó un tiempo más, y la ayuda de Frank y Benjy, que llegaron corriendo desde el centro del pueblo, donde habían conseguido derribar a otros tres gigantes.
- ¿Estaban allí los chicos?- le preguntó Lily a Frank, mientras corrían hacia el puente, donde el gigante rubio estaba causando estragos con un nuevo compañero calvo.
- He visto a Marlenne, Peter y a Remus, están con Fabian y Emmeliene. A Caradoc se lo han tenido que llevar, una pedrada le ha dejado inconsciente.
Lily ahogó una exclamación y Benjy le dio un empujón para apartarla de la trayectoria de un adoquín que venía desde el puente. El hombre, apretó la mandíbula antes de lanzarle un rayo rojo al gigante calvo.
- ¡No te despistes, Lily!- le dijo sin mirarla- Si necesitan ayuda por allí, nos enteraremos.
La chica asintió y volvió al lado de Gideon, que pese a estar cubierto de polvo le dedicó una sonrisa deslumbrante.
- ¿Cómo lo llevas?
- No lo sé…- contestó ella insegura, viendo como el gigante calvo se deshacía de un hechizo atrapador e intentaba atacar a los magos del ministerio lanzándoles piedras..
Gideon le dio un apretón cariñoso en el hombro antes de guiarla hasta una casa medio destruida desde la que tendrían mejor ángulo para atacar a los gigantes del puente. Uno de los aurores gritó y la chica vio como caía al suelo. Uno de sus compañeros desapareció con él para reaparecer a los segundos.
Lily se preguntó si el hombre estaría bien, aunque rápidamente tuvo que preocuparse de esquivar las piedras que el gigante había empezado a tirarles al descubrirles.
Les llevó un cuarto de hora más, un brazo dislocado de otro auror y casi una pierna rota para Lily si Gideon no llega a agarrarla cuando se derrumbó parte del tejado de la casa donde se habían parapetado; pero consiguieron acabar con los dos gigantes.
Frank les chilló desde el puente para que subieran al centro del pueblo por si necesitaban ayudo. él y Benjy entrarían en el bosque con los aurores para perseguir a algunos gigantes que habían decidido refugiarse en las montañas al ver que se encontraban más oposición de la esperada.
Mientras corrían hacia la iglesia, Lily se dio cuenta de que el ruido había disminuido, pero eso sólo hacía más notable todos los destrozos que había a su alrededor. En algunas calles las casas estaban casi intactas, pero había otras que habían quedado pulverizadas por los gigantes. La mayoría tenían desperfectos, pero no tenía tiempo para fijarse y además en algún momento alguno de los gigantes había dejado al pueblo sin más luz que la de las estrellas.
- ¿Y la gente del pueblo?- preguntó Lily al darse cuenta de que todo estaba demasiado silencioso. Hasta ese momento no se había preguntado dónde podían estar los habitantes de Porthmadog
- Pudieron evacuar a muchos a un lugar seguro río abajo. Otros…
Gideon no acabó la frase, y Lily no le pidió que lo hiciera. Prefería no pensar en ello hasta que no hubiesen acabado.
Al acercarse a la plaza vieron los destellos de los hechizos y un gigante acorralado, pero protegido por los muros de la iglesia a la que le faltaba el campanario y todo el techo.
Edgar les llamó desde un cobertizo resguardado, cubierto de polvo, la sangre seca del corte de su frente le daba un aspecto grotesco, pero parecía que ya no sangraba.
- ¿Cómo está todo abajo?- preguntó
- Controlado- dijo Gideon- Benjy y Frank están empezando una batida en el bosque con los aurores ¿Vosotros?
- No somos capaces de sacar a ese hijo de puta de la iglesia- dijo Edgar con un suspiro, mirando al grupo de magos que a unos metros de ellos lanzaban hechizos y esquivaban los bloques de piedra que lanzaba el gigante- La mitad de la gente ya está en el bosque buscando a los que se han escapado o ayudando a desmemorizar a la gente del pueblo.
- ¿Dónde están Marlenne y los chicos?- preguntó Lily sin poder aguantar más.
- Están por…
- ¡Lily!- Remus interrumpió al hombre, que empezó a discutir rápidamente con Fabian sobre qué hacer con el último gigante. El chico venía corriendo hacia ellos desde la iglesia, Marlenne y Peter venían detrás de él. Cubiertos de tierra y polvo, con cara de susto, pero intactos- No nos hemos dado cuenta de que no venías con nosotros hasta que ya era imposible encontrarte.
- He estado bien- contestó la pelirroja- Mejor que vosotros aquí, por lo que parece- añadió mirando los destrozos alrededor de la catedral.
- Volved a la plaza con los demás. Tú también, Lily- les ordenó Edgar- Fabian y yo intentaremos hacerle salir colándonos desde el altar.
Los cuatro obedecieron rápidamente y caminaron hacia el grupo de la plaza.
- ¿Y Sirius y James?- le preguntó Lily a Remus- ¿Con quién están?
Remus frunció el ceño.
- Estaban con Caradoc en la parte de arriba, pero se lo llevaron y volvieron con nosotros… Hace un rato que no los veo y bueno…
- ¿Bueno?- le preguntó Lily ansiosa.
- Pensaba que habían ido a buscarte- contestó Remus.
- ¿Hace cuanto que no los ves?
- Unos veinte minutos- contestó el chico empezando a preocuparse.
- En la parte de abajo no hay nada, Remus. Si hubieran ido a buscarme ya habrían vuelto…- una idea disparatada y loca se materializó en su cabeza. Era tan estúpida, que tratándose de aquellos dos, tenía que ser cierta-¡Mierda!
- ¿Qué?
- Se han metido en la iglesia. Seguro ¡Es típico de ellos!
Remus no tuvo que pensárselo mucho para darle la razón.
- ¡Tengo que avisar a Edgar y a Fabian! ¡Díselo a Emmeliene o a quien quiera que estemos asignados!- exclamó Lily asustada y echando a correr en la dirección que los dos hombres habían tomado. No se quería imaginar qué pensaban hacer para obligar al gigante a salir, con James y Sirius dentro de la iglesia.
Llegó corriendo a la parte de atrás del edificio, a tiempo de ver a Edgar, Fabian, James y Sirius salir corriendo por los ventanales del altar, alejándose de ella y del edificio
- ¡James!- chilló.
El chico se giró a mitad de la carrera, el horror congelado en su cara.
- ¡Lily, corre!- gritó el chico, y Lily no se lo pensó dos veces, un sentimiento de que algo horrible estaba a punto de pasar le recorrió la columna.
Para entonces Sirius también se había dado cuenta de que estaba allí y había vuelto al lado de James, que la estaba esperando. Cuando les alcanzo cada uno la cogió de una mano y empezaron a tirar de ella sin contemplaciones, alejándola de la catedral
- ¡Corre! ¡ El altar de la catedral está a punto de estallar!
Ni un segundo después de que Sirius le diera las noticias, Lily oyó una fuerte explosión que la dejo sorda y sin equilibrio. Se soltó de un estirón de las manos de los chicos al notar que se caía al suelo, pero James y Siruis la levantaron rápidamente y la empujaron con ellos contra un portal, mientras una lluvia de piedras tierra y cemento caía con brutalidad sobre las casas y la acera.
- ¿Estás bien?- preguntó James.
- Mierda puta…- murmuró Sirius, mirándola enfadado- ¿En qué mierdas estabas pensando?
- ¡En avisar a Edgar y Gideon que estabais allí dentro!- exclamó Lily, también enfadada- ¿Qué hay con lo de hacer caso a quien te asignan?- intentó darle un puñetazo al chico, pero al intentar doblar el brazo se dio cuenta de que algo no marchaba bien y en vez de golpear a Sirius se retorció con una punzada de dolor.
- ¡Lily! ¿Qué haces aquí?- Edgar llego hasta ellos corriendo, seguido de Gideon, a lo lejos se oía como el gigante chillaba de dolor y rabia bajo las decenas de los hechizos de los magos de la plaza- ¡Estáis sangrando!
Lily se miró el brazo, la manga del jersey azul que llevaba puesto estaba empapada en sangre. Sin embargo lo de Sirius era peor, un corte en la ceja le estaba llenando la cara de regueros de sangre.
- Venía a avisaros de que estábamos dentro- contestó James a la vez que pasaba un brazo por los hombros de Lily- Apriétate el corte, si sigues sangrando te marearás.
Edgar asintió y le dio una palmada a Sirius en el hombro. El chico chilló de dolor.
- Creo que una piedra me ha partido el brazo derecho- dijo serio, mordiéndose el labio para no perder la compostura- Mejor dejamos las palmaditas para otro día.
Accidentados y más sucios que hacía pocos minutos, volvieron a la plaza, donde el gigante yacía ya muerto y Dorcas y otro hombre empezaban a atender a los heridos.
La medimaga miró el corte de Lily rápidamente y sonrió. Remus y Peter se acercaron corriendo hasta ellos.
- Es mucho menos de lo que parece- le dijo poniéndole un apósito- Límpiatelo en casa, que te ayude James, y ponte cicatrizante. Mañana estarás como nueva. A ti en cambio te voy a llevar a tu casa- dijo examinando el brazo de Sirius- que volvió a chillar dolorido- Este brazo necesita más trabajo y será mejor que evitemos ir a San Mungo para no tener problemas.
- Puedes llevarlo a mi casa- dijo James.
- No, Prongs. Será mejor que no alteremos a tu madre- dijo Remus- Peter y yo nos quedaremos con Sirius, tranquilo.
- Ve con ellos si quieres- Lily se retorció la manga del jersey sobre la herida- Yo puedo volver sola luego.
- No sé si eso será buena idea, pelirroja- Sirius sonrió, sus dientes blancos resaltaban en su cara sucia- No vaya a ser que te equivoques de camino y acabes en otra explosión.
- Muy gracioso- murmuró la chica.
- Me quedo contigo- James se encogió de hombros y miró a la pelirroja con una sonrisa cálida- Si tiene ganas de hacer el subnormal es que no se encuentra tan mal.
Un minuto después sus amigos y Dorcas desaparecieron. Marlenne, Gideon y Fabian, que habían estado hablando con Edgar, se acercaron a ellos.
- Marchaos a casa, chicos- dijo Fabian con una sonrisa cansada- deberías curarte eso antes de que se te infecte.
- Preferiría quedarme y ayudar a lo que sea- contestó Lily frunciendo el ceño- es sólo un rasguño.
- Ya habéis hecho mucho, al menos muchísimo más de lo que esperábamos- Gideon le dio un apretón en el hombro a Marlenne- Tú también deberías irte a casa, Marlenne. Tus padres estarán preocupados, Fabian fue a buscarte a tu casa y están enterados. Tuvo que convencer a tu padre para que no viniera.
- Muchas gracias- dijo la chica con un suspiro cansado, frotándose los ojos- Creo que voy a tener una noche larga de explicaciones- añadió con una sonrisa cansada.
Edgar también se unió al grupo, sucio y con la ropa hecha trizas, pero sonriendo.
- Habéis hecho un buen trabajo hoy- dijo estrechando las manos de las dos chicas y James- Estoy muy orgulloso. Incluso Moody si hubiese podido estar aquí tendría que admitir que sois más útiles ce sacos de alfalfa con varitas. Marchaos a casa y dejad que los chicos del Ministerio se encarguen de hacer la limpieza, por desgracia no será la última vez que podréis echar un cable.
- Los Merodeadores han ganado algunos enteros esta noche ¿no?- preguntó Fabian mirando a su hermano con una sonrisa traviesa una vez Edgar se hubo marchado para hablar con los aurores que volvían del bosque.
Gideon levantó las cejas con el semblante serio, como si tuviese que considerarlo, pero enseguida sonrió de nuevo.
- Realmente tienes huevos, Potter- dijo estrechándole la mano al chico.
- Gracias. Tú también.
- Dile a Black que se cure de sus rasguños- añadió Gideon- Resulta bastante útil cuando usa su mala leche contra los gigantes.
- ¿Y nosotras?- preguntó Marlenne en tono ofendido- ¿No tenemos huevos o qué?
- Espero por el bien de mi salud mental que no- contestó Fabian con una risotada alegre, acompañado por su hermano y James.
- Habéis estado sensacionales- dijo Gideon medio en broma- Pero no nos sorprende, ya sabíamos que sois estupendas.
La Ravenclaw frunció el ceño y cruzó los brazos.
- Está bien. Estoy demasiado cansada para escuchar más bobadas- murmuró con altanería- Me voy a casa.
Gideon y Fabian insistieron en acompañarla y tras despedirse, Lily y James decidieron marcharse también. Se aparecieron al pie del camino que llevaba a la casa de James y caminaron en silencio hasta la puerta principal, que se abrió justo antes de que pusieran el pie en el último peldaño.
- Me lo limpiaré en la cocina- dijo Lily con un hilo de voz, siendo consciente de lo cansada que se sentía e intentando ordenar todas las emociones de las últimas horas- No quiero despertar a tu madre. Vete a darte una ducha y a dormir tranquilo
- Voy contigo.
- No hace falta que…
- No me apetece estar solo ahora- contestó el chico rápidamente, con una sonrisa- Y supongo que a ti tampoco, así que voy a ir a la cocina contigo y mientras te limpias la herida prepararé té ¿de acuerdo?
Lily asintió. Un té caliente era música celestial para sus oídos. Y no tenía fuerzas para discutir.
Entraron en la cocina, de nuevo en silencio. Tinx apareció enseguida, frotándose los ojos pero con su uniforme impecable y sin una arruga. Su expresión adormilada cambió rápidamente al verles cubiertos de polvo y con restos de sangre.
- Amo James…- empezó a decir la elfina.
- Vete a dormir tranquila, Tinx. Nos encontramos bien- le dijo con voz calmada- Sólo.. ¿Dónde está el botiquín?
- Ahora mismo se lo traigo- desapareció con un suave chasquido para reaparecer con una caja de lata roja- ¿Necesitan algo?- preguntó con cara ansiosa, entregándole con reticencia el botiquín y mirando a Lily preocupada.
Estaba lavándose el brazo en el fregadero de la cocina e intentó sonreír de forma tranquilizadora.
- Tranquila Tinx. Estamos bien.
- Si insisten…- contestó la elfina poco convencida
- Y por favor, no le comentes nada a mi madre. No quiero preocuparla.
Tinx asintió y tras una última mirada preocupada, desapareció. James le acercó un frasco de vidrio y una venda a Lily y miró por encima de su hombro.
- Tienes un buen corte.
- No es nada- Lily sacó el brazo de debajo grifo y se presionó la herida con una gasa- Esta vez no se ha puesto verde.
James se echó a reír viendo la mueca de asco de la pelirroja.
- Es verdad, tu pierna mutante.
- Deja de reírte y ayúdame con la pomada cicatrizante, anda.
James desenroscó el frasco y olió el contenido haciendo un gesto de asco. Lily puso los ojos en blanco.
- Huele fatal- protestó el chico mientras vertía una pequeña cantidad en el brazo de la chica- Nunca me acostumbro. Y mira que Pomfrey tiene que comprar galones de esto por culpa nuestra.
Lily se extendió la pomada mientras James retiraba la tetera del fuego y sacaba dos tazas de la alacena. Realmente, la pomada cicatrizante no olía demasiado bien.
- Siento lo de esta noche - dijo Lily sentándose en la mesa de la cocina, inmediatamente todo le empezó a doler. Incluso partes de su cuerpo- Casi os hago volar por los aires.
James se sentó a su lado, en otro taburete de madera, y le paso una taza llena de un té perfumado y humeante. Tenía las cejas alzadas, sorprendido.
- Ha sido bastante dramático, la verdad- sonrió como un niño- Tú corriendo y gritando… "¡Uaaaa James, no te mueras!"… Luego todos escapando de los trozos de muro reventado, Sirius chillando…
- Sí...- Lily sorbió el té y miró con curiosidad como la herida de su brazo se cerraba rápidamente- creo que no había pasado tanto miedo en toda mi vida. Más que el día de los mortífagos en Hogsmeade.
James asintió.
- ¿Por los gigantes?
- Por los gigantes… por vosotros. No sabía dónde estabais y… Sé que me tengo que acostumbrar- dijo atropellándose con las palabras y poniéndose un poco roja por lo que acababa de decir- Pero no sé…- suspiró con exasperación- cuando pensé que estabais dentro de la iglesia, me dieron ganas de matarte por no haber avisado a nadie…
James frunció las cejas en un gesto de incomprensión exagerada.
- No te he entendido nada de nada. Pero gracias por no matarme.
Lily inspiró y miró al chico a los ojos, muy seria.
- No me vuelvas a dar un susto así- le dijo dándole toquecitos en el pecho con un dedo- Nunca.
James tomó aire y asintió, sin poder evitar una sonrisa traviesa. Ella no dejó de mirarle a los ojos, sin parpadear, consciente demasiado tarde de lo que ya no podía parar de ninguna manera.
Llevó una mano a su jersey, y le atrajo con una seguridad delicada hacia ella, cerrando los ojos antes de que sus labios resecos y llenos del polvo de la noche se juntaran. Suavemente, en una caricia tosca, se reconocieron con entusiasmo. Impacientes, trémulos, se buscaron y encontraron, rápidamente una y otra vez, pidiendo más del otro. Lily rodeó la nuca del chico con sus manos y él acarició su espalda con intimidad.
El cuerpo de Lily se estremeció y James sintió una descarga paralela, tan intensa que era casi insoportable.
- No- James se separó de ella. En su cara se leía el esfuerzo, pero también la decisión.
Lily perdió el equilibrio, sorprendida y tuvo que apoyarse en la mesa, casi volcando la taza de té. Él la miraba con ojos arrepentidos.
- Perdona- murmuró poniéndose roja y bajando la mirada rápidamente- Yo no he… no pretendía…- hizo el ademán de levantarse, tan nerviosa que no estaba segura de si sus piernas iban a responder. James se lo impidió, sujetándola por el brazo.
- No, Lily. No lo entiendes- dijo él inspirando aire con fuerza, como si le costase tranquilizarse- Así otra vez, no. No quiero que nos besemos y que mañana sea algo de lo que hablar, o algo de lo que no hablar, mejor dicho. Quiero besarte, ¡daría mi mano derecha por besarte!- exclamó, obligándola a mirarle a los ojos sujetando su mentón, necesitando que creyera todas sus palabras- Pero ya no quiero más juegos. Quiero que esto sea algo bonito, y fácil, que nos entendamos. Y si me acerco a ti, no me voy a separar nunca. Va a ser para siempre, así que te lo tienes que pensar. Porque te lo prometo, ¡ni con agua hirviendo me vas a poder echar si me dejas que me acerque!
Lily, con las mejillas aún encendidas, asintió con seriedad sin dejar de mirarle a los ojos. Su corazón golpeaba fuerte contra su pecho, cada célula gritando lo que tenía que hacer, aunque su cabeza resonase con todas las alarmas que siempre se disparaban cuando James estaba cerca. Pero aquella noche había cazado gigantes, había sobrevivido a una explosión, y ciertamente no iba a acobardarse delante de James. De todo lo que le asustaba y le había asustado de él.
Porque esa noche había entendido que el miedo a perderle era mucho más grande que el miedo a estar con él.
- Cualquiera diría que tenías el discurso ensayado- dijo unos segundos después sonriendo e inclinándose un poco hacia él.
- ¿Eso es todo lo que tienes que decir?- preguntó James imitando su sonrisa.
- Por ahora, sí- Lily volvió a agarrarle del cuello del jersey- Y ahora… acércate.
Y James no se hizo de rogar.
Hola chicas y chicos, ¿Cómo habéis estado estas semanas en las que nos hemos leído? Yo entre el calor y la cantidad de cosas que tengo que hacer y no me apetece, no estoy teniendo el mejor principio de mes, pero bueno. ¡No me puedo quejar! ¡Porque gracias a todos vosotros el fic ha pasado de los 1000 reviews! ¡1000! ¡Increíble!¡ Muchas, muchas gracias por ser tan geniales y haberme hecho tan feliz; entre todos hemos llegado aquí. Sois geniales, no, lo siguiente.
Pediros perdón por ser un poco pesada con mi tardanza… No voy a hacer promesas que no sé si podré cumplir, lo único que diré es que intentaré ser lo más rápida posible y aseguraros que no tengo ninguna intención de abandonar el fic. De verdad. Adoro esta historia y adoro todo lo que me reporta, en gran parte todo el cariño, inspiración y felicidad que vosotros me transmitís.
Y bueno… ¿Qué os ha parecido el capítulo? Creo que la longitud y la cantidad de cosas que pasan pueden compensar un poquito la espera. Mucho J/L es verdad, pero… ¡me encantan! NO puedo evitarlo… Y en fin, son los protas indiscutibles. ¿Qué os ha parecido la convivencia en casa de los Potter? ¿Y la batalla? ¿Y las cosas que pasan entre los pucheros de la cocina? ¡Contádmelo todo!
Dedicarle este capítulo en especial a Shar0n EspiPPirifLautik CulleN, por dejar un review en cada caopítulo a medida que iba leyendo, unos reviews encantadores y llenos de ánimo que me han hecho sonreír estos días.
Y si me dejáis un review entraréis en el sorteo de un viaje a la casa de los Potter, donde James os llevará en tour privado a esa maravillosa cocina…
