Después de su peor noche en años, Hermione necesitaba hablar con alguien. De lo que fuese. Necesitaba distraerse. Pero no podía hablar con Harry, con Ginny, con Draco… tendría que contarles la razón de que estuviera así, o ellos mismos la averiguarían. Y no quería reconocer que todo había terminado con Snape. No todavía. No podía soportar la idea de tener que asumir que no estaban juntos, y que probablemente ya no lo estuviesen nunca más. Entonces decidió que, ya que era fin de semana, podría llamar a Lucas e ir a Londres, a hacer una excursión sobre los monumentos turísticos muggles. Él no sabía que tenía novio y no tendría que darle explicaciones. Si le preguntaba bastaría con decir que se sentía mal por la muerte de sus padres. Así que se vistió, y fue al comedor a buscarle antes de que llegase Snape, a quien no tenía ganas de ver. Allí le encontró.
-¡Buenos días, Hermione! Vaya cara que traes… ¿has dormido bien?
-No mucho la verdad. Oye, quería proponerte un plan. – La sonrisa de Lucas se hizo más grande y sus ojos se abrieron. – Me preguntaba si te apetecería venir conmigo a Londres hoy y hacer turismo.
-¿En serio? Me encantaría. ¡Vamos! –Dijo cogiendo a Hermione de la mano y tirando de ella para salir del comedor.
-Pero no hemos comido nada…
-Ya lo comeremos en Londres. ¡Qué ganas! Vamos.
Hermione sonrió y salió por las puertas de Hogwarts pisando la suave nieve hasta el patio, seguida de Lucas Higgins. Allí se cogieron de la mano y se teleportaron hasta Londres, con una sonrisa en los labios.
Unos metros más arriba Severus Snape miraba la escena desde una de las ventanas del pasillo con su habitual mirada gélida. Estaba feliz de que ella rehiciese su vida. Estaba orgulloso de que su plan estuviese dando tan buenos resultados. Pero le dolía como si estuviesen clavando una daga en el corazón el hecho de que, tan solo había transcurrido una noche y ella ya le hubiese olvidado y se fuese de excursión con otro. Quizás había hecho bien, quizás ella no le había querido nunca… Apartó la mirada del cristal un segundo antes de que los otros dos desaparecieran del patio. Él también tenía algo que hacer ese día.
Al cabo de un minuto se hallaba tocando el timbre de la mansión Malfoy. Apenas eran las nueve de la mañana, pero sabía que estarían despiertos, Lucius apenas dormía más de tres horas seguidas y Narcissa dormía a intervalos, siempre pendiente de su marido. Draco siempre madrugaba. Ya había pensado en eso. También había pensado en que decirles y cómo hacerlo. Y en lo que le iban a contestar. Pero necesitaba contárselo a alguien, necesitaba que alguien supiese que había sido lo suficientemente estúpido para hacer lo que hizo. Así que llamó.
Draco abrió la puerta. Se sorprendió de verle ahí, pero le dejó pasar y no dijo nada. Sabía que se lo contaría cuando creyese oportuno, a Snape no había que obligarle. Curiosamente, quizás intuyendo las malas noticias, el joven Malfoy iba totalmente vestido de negro, con un traje bastante caro y una camisa sin corbata del mismo color.
-Buenos días, Draco. ¿Hoy no trabajas?
-Me he traído el trabajo a casa.
-¿Están tus padres despiertos? ¿O es demasiado pronto?
-Mi madre ha salido. Mi padre está en el comedor.
Severus asintió y Draco le guió hasta las puertas del comedor, abriendo una para que pasara.
-Quédate. Tú también quieres escuchar esto.
Sentado a la mesa que una vez presidió Lord Voldemort se hallaba Lucius Malfoy, curiosamente también vestido totalmente de negro, con una edición del diario El Profeta en las manos y un vaso de whisky delante. Miraba el periódico, pero no parecía leerlo, estaba ausente.
-Buenos días, Lucius. ¿Cómo estás hoy? –Dijo mirando el vaso de "desayuno" de su amigo.
-No necesitas preguntarlo Snape. ¿Qué necesitas de mí? –Dijo sin levantar la vista del periódico.
Draco se situó detrás de Snape, y este no contestó. Lucius levantó la vista por fin y le miró.
-Lo siento. No he dormido bien. Más bien, no he dormido nada. Llevo varios días sin hacerlo. Esto, –dijo señalando el vaso de whisky – es lo único que me templa los nervios. Siéntate y cuéntame.
-Hermione y yo hemos roto. Necesitaba decírselo a alguien.
Todos se quedaron en silencio, nadie dijo nada. Lucius, presidiendo la mesa, había doblado cuidadosamente el periódico, lo había dejado sobre la mesa y había dado un trago a su vaso. Ahora miraba lo miraba con cara de circunstancias. Snape, sentado a su izquierda, cruzaba los brazos y miraba al suelo. Enfrente de él, a la derecha de Lucius, se había sentado Draco, de lado, con un brazo apoyado en la mesa. Se había encendido un cigarrillo y lo fumaba, con actitud chulesca, mientras miraba a algún punto lejano del techo del salón. Tras varias caladas fue él quien rompió el silencio.
-Ya lo sabíamos.
-Rompimos anoche. ¿Cómo sabíais…?
-Sabíamos que serías lo suficientemente imbécil para dejarla – Cortó Draco. Entónces se giró bruscamente, le miró y dio un golpe en la mesa. - ¡Joder Snape! Ella te quiere, tú la quieres… no es tan difícil. ¿Cómo has podido cagarla? –Draco estaba realmente enfadada.
-En realidad cortó ella. –Respondió Snape muy tranquilo.
-Claro. Y tú no hiciste nada por evitarlo. Seguro que sólo la enfadaste hasta que reventó y lo hizo. Le pondrías tu cara de asco, un par de palabras bordes, un par de insultos moderados y… ¡hala! A tomar viento todo. Eres un gilipollas, y espero que no la hayas hecho realmente daño, porque sino… -Draco se levantó y se fue de la sala dando un portazo y Snape agradeció que no tuviese allí la varita, porque el joven le hubiese fulminado.
Cuando Draco se fue, Lucius, que había pasado toda la rabieta de Draco mirando a su vaso de whisky, levantó la mirada y dijo con voz suave y calmada:
-¿Por qué, Severus?
-Tenías razón. Yo era demasiado mayor y aburrido para ella. Encontró otro mejor.
-¿Y ella lo sabe? ¿O lo has juzgado por ti mismo? – Lucius se levantó y se sirvió otra copa. Le ofreció a Snape, pero este declinó con la mano. No gustaba de beber a las nueve de la mañana.
-Es lo mejor para ella.
-Eso no lo sabes. Ella te quiere y estará destrozada. Le has hecho daño.
-Hoy la he visto irse con el otro. Sonreían. Hacen tan buena pareja Lucius…
-Creo que mi hijo tiene razón, Severus, has actuado como un idiota. En el amor no puedes actuar de manera altruista. ¿O acaso crees que ahora él va a pensar: "Oh vaya, Hermione siente algo por él y él la quiere. Voy a cedérsela para que sea feliz, se lo merece"? Pues claro que no. Va a aprovechar la oportunidad que le has dado. Y tú vas a tener que estar luchando contracorriente para recuperarla, buscando y esperando el más mínimo fallo del otro para atacar. –Tras el monólogo, se tomó de un trago casi todo el nuevo vaso que se había echado. Pero parecía no afectarle.
-No sé si quiero recuperarla.
-Oh sí, Severus, sí que quieres. Solo que aún no lo sabes… pero ya te darás cuenta. – Y apuró su copa con otro trago, mientras su amigo le miraba con agradecimiento en los ojos. Por alguna extraña razón, las palabras de Lucius, en vez de angustiarle le reconfortaban.
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En este capítulo parece que no pasa nada, pero es el principio de lo que queda por venir, es una "introducción". A ver que les parece :)
